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Frases que tengan las palabras: mal y estado

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Frases con: mal y estado

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Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • Mal conocido es en España el nombre de este peregrino artista, aunque sus obras han estado y están a la vista de todo el mundo, y nos son familiares como si fueran obra nuestra.
  • Toda la máquina política y administrativa, la deuda pública y los ferrocarriles, el presupuesto y las rentas, el Estado tutelar y el parlamentarismo socialista.
  • Los que la trataban no podían imaginársela en estado distinto del que se llama interesante, porque el barrigón parecía en ella cosa normal, como el color de la tez o la forma de la nariz.
  • Era hombre que antes de guardar un ochavo que no fuese suyo, se habría estado callado un mes.
  • En medio del desconcierto de sus sentidos, tuvo conciencia del estado en que le habían puesto, y el decoro le sugirió la idea de la fuga.
  • Efectivamente, parecía la subida a un castillo o prisión de Estado.
  • Tenía conciencia vaga de los disparates que había hecho la noche anterior, y su amor propio padecía horriblemente con la idea de haber estado ridículo.
  • El entusiasmo es un estado infantil impropio de personas normales.
  • Había estado todo el día y la noche anterior en casa de Candelaria que tenía enferma a la niña pequeña.
  • Miró estas cosas Ido con estupor famélico, no bien disimulado por la cortesía, y le entró una risa nerviosa, señal de hallarse próximo a la plenitud de aquel estado que llamaba eléctrico.
  • ¡Con paciencia, con paciencia! exclamó Ido, que en su estado eléctrico repetía siempre la última frase que se le decía, como si la mascase, a pesar de no tener muelas.
  • IX Una visita al Cuarto Estado i Al día siguiente, el Delfín estaba poco más o menos lo mismo.
  • Porque mirosté, maestro, lo que les atufa es el aquel de haber estado mi endivido en Cartagena.
  • De una manera y otra, casado y soltero, trabajando por su cuenta y por la ajena, siempre mal, siempre mal, ¡hostia! La vida inquieta, las súbitas apariciones y desapariciones que hacía, y el haber estado en gurapas algunas temporadillas rodearon de misterio su vida, dándole una reputación deplorable.
  • Para completar su retrato, sépase que no había estado en Cartagena.
  • De tanto pensar en el dichoso cantón, llegó sin duda a figurarse que había estado en él, hablando por los codos de aquellas tremendas yeciones y dando detalles que engañaban a muchos bobos.
  • No podía ir en tal estado a la Fábrica de Tabacos, por lo cual estaba pasando la familia una crujida buena.
  • Además de bruto es usted un embustero, porque ni ha estado en Cartagena ni ese es el camino, y todo lo que cuenta de las revoluciones es gana de hablar.
  • Siempre picando alto y queriendo servir al Estado.
  • Díjole Severiana que Guillermina había estado antes y echado un largo parlamento con el endivido, quien tenía al chico montado en el hombro, ensayándose sin duda para hacer el San Cristóbal.
  • Juanín tenía el delantal como si hubiera estado fregando los suelos con él.
  • ¡El golpe de Estado de Pavía! No se hablaba de otra cosa, ni había nada mejor de qué hablar.
  • Había estado admirablemente hecho, según Don Baldomero, y el ejército había salvado una vez más a la desgraciada nación española.
  • De fijo que ha estado en París, porque sin pasar por allí no se hacen ciertas transformaciones.
  • No encontrando lo que buscaba en lo que parece más alto, descendió de escalón en escalón, visitó lugares donde había estado algunas veces y otros donde no había estado nunca.
  • Una noche que hacía mucho frío, entró el Delfín en su casa no muy tarde, en un estado lamentable.
  • A los que de esta manera se conducen, se les mira en los cafés con un poquillo de respeto y aun con cierta envidia, suponiéndoles conocedores de secretos de Estado o de alguna intriga muy gorda.
  • Maximiliano veía desde la ventana de su tercer piso a los alumnos de Estado Mayor, cuando la Escuela estaba en el 40 antiguo de la calle de Serrano.
  • Por aquel tiempo se mudó doña Lupe a Chamberí, buscando siempre casas baratas, y Maximiliano fue perdiendo poco a poco la ilusión de los alumnos de Estado Mayor.
  • Todo el mundo y toda la existencia anteriores a aquel estado novísimo se hundían o se disipaban como las tinieblas al salir el sol.
  • Nunca he estado mejor dijo Rubín, sintiendo que la timidez le ganaba otra vez.
  • Sin embargo, no las tenía todas consigo, porque como se dan casos de que salga fallido lo que el corazón anuncia, pasaba el pobre chico horas de verdadera angustia, y a solas en su casa, se metía en unos cálculos muy hondos para averiguar el estado de los sentimientos de su querida.
  • Ella por ser ordinaria y de sentimientos innobles, incapaz de apetecer la honradez como estado permanente.
  • Considerábase como si hubiera estado durmiendo hasta el momento en que su destino le puso delante la mujer aquella y el problema de la redención.
  • Hoy has estado un poco salida de madre, pero ya eso pasó.
  • Más adelante, cuando supo que en Febrero y Marzo había estado Juanito Santa Cruz enfermo de pulmonía, acordose de que aquella noche lo había soñado ella.
  • Tras de la cólera y la confusión vino el abatimiento, y se sentía tan rendida físicamente como si hubiera estado toda la mañana ocupada en alguna faena penosa.
  • Parecía lela o quizás tenía semejanza con esos penitentes del Hindostán que se están tantísimos días seguidos mirando al cielo sin pestañear, en un estado medio entre la modorra y el éxtasis.
  • Mucho le daba qué pensar el singular estado en que su amiga se había puesto, y esperaba que le pasaría pronto, como otros toques semejantes aunque de diverso carácter.
  • Mas en aquel estado indeciso entre el dormir y el velar, creyó ver a su compañera entrar otra vez en el dormitorio sin que se le sintieran los pasos.
  • ¿No conoces ya que has estado trastornada?
  • Hace media hora que he estado hablando con él en casa de una amiga.
  • Inspirábale el próximo estado tanto temor y repugnancia, que le pasó por el pensamiento la idea de escaparse de la casa, y se dijo.
  • Anoche has estado muy malito, y necesitas unos días para reponerte.
  • En miserable bodegón, en un sótano lleno de telarañas, en cualquier lugar subterráneo y fétido habría estado contenta con tal de tener al lado a quien entonces tenía.
  • De tal estado pasó a la observación, desarrollándosele esta facultad de un modo pasmoso.
  • Ya cerca de la iglesia aparecieron dos individuos de Orden Público, que viendo a Maxi en aquel estado, le recibieron muy mal.
  • Lo mismo fue verle Patricia en aquel lastimoso estado, que correr a dar aviso a doña Lupe, la cual no tardó en presentarse alborotada y afligida.
  • Si el estado del enfermo permitiera alzar la voz, ¡ay!, doña Lupe haría retemblar la casa con el estruendo de su palabra autoritaria y fiscalizadora.
  • La catástrofe tuvo lugar a la noche siguiente, pues habiéndose permitido Rubín algunas reticencias desfavorables a la reputación de la Virgen María, saltó Pedernero de su asiento, trémulo y descompuesto, en estado de horrible agitación, y lanzó a su contrario anatema tan furibundo que los amigos tuvieron que sujetarles.
  • Pues hoy no me he puesto la bata de seda, porque he estado toda la mañana en la cocina.
  • Mas la realidad érale odiosa y trataba de mantenerse en aquel estado delirante.
  • Feijoo la siguió, afligidísimo de verla en tan lastimoso estado.
  • Luego venía la contraria, o sea el sentimiento de su inculpabilidad, como una reversión mecánica del estado anterior, y todas las somnolencias y aprensiones místicas huían de su mente.
  • Había estado en Cuba en tiempo de la expedición de Narciso López, y trabajó mucho en la persecución y captura del famoso insurgente.
  • También había estado en la expedición a Roma el 48.
  • En esto era la de no acabar, y de la cuenta total salían a siete aventuras por año, con la particularidad de que eran en las cinco partes del mundo, porque Feijoo, que también había estado en Filipinas, tuvo algo que ver con chinas, javanesas y hasta con joloanas.
  • Eso si no me quedo el mejor día hecho un monigote y en tal estado que tengas tú que sonarme y ponerme la cuchara en la boca.
  • ¿En dónde has estado hoy?
  • Y viéndote ahora, me decía yo, en ese estado de torpeza que divide el dormir del velar.
  • Juan Pablo no era de estos, y se ponía gustoso, con respecto a su generoso inglés, en ese estado de subordinación moral, propio del insolvente a quien se le dan todas las largas que él quiere tomarse.
  • Se llega a este estado padeciendo, después de pasar por todas las angustias de la cólera, por los pinchazos que le da a uno el amor propio y por mil amarguras.
  • Hay que guardar en todo caso las santas apariencias, y tributar a la sociedad ese culto externo sin el cual volveríamos al estado salvaje.
  • La verdad es que el pobre señor ha dado un bajón tremendo y no debe de haber estado para morisquetas de algunos meses acá.
  • ¡Qué infamia! Si yo no hubiera estado un mes seguido trasteando a este chico para quitarle de la cabeza la idea de la venganza.
  • ¿No ha estado Mauricia?
  • Miren que ponerse en ese estado.
  • ¡Ay, señorita, lo que se perdió usted! Ha estado todo tan bien, que daba gusto.
  • Encontró a su tía en el cuarto de la comandanta en un estado verdaderamente aflictivo, ojerosa, con la cabeza pesada y un humor poco dispuesto a las bromas.
  • ¡Ay! Me parece que he estado un año fuera de mi casa.
  • Después del sahumerio, Fortunata entró a ver a Mauricia, a quien encontró muy mal, en un estado de decaimiento y postración muy visibles.
  • La segunda, Olimpia, había estado asistiendo al Conservatorio siete años seguidos, y obtenido muchos premios de piano.
  • Creeríase que la fuerte inervación de la mañana se iba gastando con los actos y movimientos de la persona en el curso del día, y que esta llegaba a la noche en el estado contrario, exhausta como el que ha trabajado mucho.
  • Pero, hija, ¿en qué ha estado pensando que no se le ha ocurrido esto?
  • Has estado muy hábil.
  • Con esas ideas, pronto volveríamos al estado salvaje.
  • Con sonrisa sarcástica y un expresivo alzar de hombros, dio a entender Fortunata que por ella no había inconveniente en que la sociedad volviera al estado salvaje.
  • Esto o cosa parecida le habría dicho Guillermina si su espíritu hubiera estado en otra disposición.
  • ¿En dónde has estado hoy?
  • Todo el día me he estado acordando de lo que hablamos anoche.
  • Hoy han estado probando el gas en la nueva tienda.
  • ¿Qué mejor ocasión quieres para emprender la reforma de tu estado interior, que está como una casa en ruinas?
  • La encarnación es un estado penitenciario o de prueba.
  • Hoy ha estado Candelaria limpiando toda la casa.
  • En mi estado, sea bueno, sea malo, en mi estado presente, fíjate bien, tal como ahora estoy, ¿podría yo tener hijos?
  • Mira, hijo, si quieres que yo crea en ese estado de tu espíritu, es preciso que me lo pruebes.
  • Pasé un rato muy agradable, en un estado de tranquilidad que me ha hecho mucho bien.
  • Había resuelto hacer muy pocas visitas de despedida, pretextando el mal estado de su salud.
  • ¡Te he estado metiendo la indulgencia por los ojos, sin que tú la quisieras ver, y ahora que te ahogas, vienes a mí.
  • Después de comer, estaba él animadísimo, cual no lo había estado en mucho tiempo, pero sus conceptos eran de lo más estrafalario que imaginarse puede.
  • No era sólo el estado lastimosísimo del más querido de sus sobrinos.
  • Anoche ha estado muy inquieto, porque hemos tenido convite y recepción en el principal y los coches no cesaron de alborotar en la calle hasta la madrugada.
  • Don Evaristo se hallaba ya en lastimoso estado.
  • En el estado incierto del crepúsculo cerebral, imaginaba Fortunata que el viento venía a la plaza a jugar con la hora.
  • Fortunata estaba algo cohibida, pues a pesar de la convicción de que hacía gala con respecto a ciertas legitimidades, le daba vergüenza de no poder disimular ya su estado ante un amigo de la familia de Rubín.
  • La inspiración poética es un estado insano.
  • ¡Misterios del cerebro, desórdenes de la ideación! Es que la inspiración poética precede siempre a la verdad, y antes de que la verdad aparezca, traída por la sana lógica, es revelada por la poesía, estado morboso.
  • Dígamelo usted a mí, que durante una temporada he estado como usted.
  • Pues repito que eso del estado interesante es una papa dijo la viuda llena de confusión.
  • Pero siendo lo que refirió el sobrino un prodigio de capacidad intelectual, la señora no las tenía todas consigo respecto al estado de aquella cabeza.
  • Dichos cadáveres, horriblemente destrozados, eran la propiedad, todas las clases de propiedad posibles, el Estado, la Iglesia y cuantas instituciones se derivan de estos dos principios, Matrimonio, Ejército, Crédito público, etc.
  • Luego echaron un cigarro, y hablaron algo del estado de la provincia, desflorando el asunto.
  • Piden en el Congreso una nota del estado en que se halla la codificación de Hacienda.
  • ¡Bonita andaría la sociedad, si el representante del Estado predicara prácticamente el concubinato! Ni que estuviéramos entre salvajes.
  • Esta lección terrible puede llevarte hasta la santidad, que es el estado en que yo me encuentro.
  • ¿Y quién me ha traído a mí a este bendito estado?
  • ¿Por qué no habías de aspirar al estado en que yo me encuentro?
  • Habló de si la joven madre tenía o no mucha leche, y de si sentía esta o la otra molestia, con otras cosas pertinentes al estado en que se hallaba.
  • Temió que aquel estado de ánimo influyese desfavorablemente en su salud, y para prevenirlo metiole miedo.
  • Fortunata había estado allí en los días que precedieron a la inauguración de la tienda, y recordaba perfectamente todo.
  • ¡Qué cara te vendes! ¿Has estado mala?
  • ¡Qué barbaridad! ¿Acometería el estado real de las cosas?
  • Porque aquí donde usted me ve, he estado loco, loco perdido.
  • Segismundo observaba a su amiga, y a la verdad, no le parecía su estado muy católico.
  • Lo que dices (con glacial estoicismo) es propio de una criatura llena de debilidades y de impurezas, en quien la razón se halla en estado embrionario, y que habla y obra siempre al impulso de las pasiones y del vicio.
  • Ballester mandó a la criada que quitara la luz, que acaloraba mucho la alcoba, y se sentó donde antes había estado Maxi.
  • No ha estado aquí desde anoche.
  • Pero, chica, si ha estado aquí esta noche, y se fue a las diez.
  • Salieron, y Plácido se fue con ellas a la iglesia, pues aunque ya había estado en ella, érale muy grato acompañar a las señoras a misa.
  • Hállase hoy en un estado de apatía y tristeza que no me hace maldita gracia.
  • Lo mismo me parece a mí, y por eso he estado con miedo toda la noche.
  • Cuando la fundadora entró, la enferma continuaba en el mismo estado.
  • ¡Ah!, si yo hubiera estado aquí.
  • Y apenas me queda un recuerdo vago de aquel estado de virtud en que me hallaba.
  • Como ha de influir mucho en el estado mental de este pobre chico el convencerse de que su mujer no vive, le pienso llevar.
  • Y para que no quede a nadie ni el menor escrúpulo respecto a mi estado de perfecta cordura, declaro que quiero a mi mujer lo mismo que el día en que la conocí.
  • Al anochecer, Barret, que estaba como anonadado, y tras la crisis furiosa parecía caído en un estado de sonambulismo, vió á sus pies unos cuantos líos de ropa y oyó el sonido metálico de un saco que contenía sus herramientas de labranza.
  • Hasta que, molestado por la dura mirada de los dueños, que adivinaban su estado, sintió una vaga impresión de vergüenza y salió sin saludar, andando con paso inseguro.
  • Pero nadie olvidó los campos y la barraca, permaneciendo unos y otra en el mismo estado que el día en que la justicia expulsó al infortunado colono.
  • Llovió poco, las cosechas fueron malas durante cuatro años, y Batiste no sabía ya qué hacer ni adónde dirigirse, cuando en un viaje á Valencia conoció á los hijos de don Salvador, unos excelentes señores (Dios les bendiga), que le dieron aquella hermosura de campos, libres de arrendamiento por dos años, hasta que recobrasen por completo su estado de otros tiempos.
  • Hasta se tenían noticias de que el señor Batiste había estado en presidio por cosas feas.
  • Hasta se decía que había estado en Cuba como guardia civil.
  • Una tarde, la pobre mujer de Batiste apeló á gritos á Dios y á los santos viendo el estado en que llegaban sus pequeños.
  • Se extrañaban de que un hombre como él, religioso, honrado y sin otro defecto que robar algo en el peso, permitiera que su criado acompañase á la hija del enemigo de la huerta, de un hombre malo, del cual se afirmaba que había estado en presidio.
  • Por allí andaba Pimentó, que acababa de llegar de la taberna con cinco músicos, tranquila la conciencia después de haber estado durante algunas horas junto al mostrador de Copa.
  • Habían estado bajo su techo, borrando con sus pasos la maldición que pesaba sobre las tierras del tío Barret.
  • ¡Fuera de allí! La señora deseaba salir del Clòt, donde la gente se codeaba con la mayor grosería y por dos veces había estado su velo próximo a rasgarse.
  • Siete años duró el matrimonio, y su único fruto fue Juanito, a quien pusieron tal nombre por apadrinarle el hermano de Manolita, o más bien, doña Manuela, pues el estado de maternidad, ensanchando sus macizas carnes de matrona, habíanla dado un aspecto respetable y majestuoso.
  • Setenta mil duros aproximadamente heredaron en dinero, géneros e inmuebles cada uno de los hijos del Fraile, y mientras el primogénito se quedó con la casa solariega, contento con su posición y dispuesto a aumentar lo heredado, doña Manuela, al verse rica, sólo pensó en salir de su estado de tendera.
  • Y don Juan, con gran abundancia de detalles, como hombre versado en los negocios, fue describiendo a su hermana el estado de su fortuna.
  • Sólo una vez consiguió que Andresito se esperase hasta las dos, pero al día siguiente sospechó con fundamento que en Las Tres Rosas habían estado a la espera, tras la puerta, unos ásperos bigotes y una vara de medir, para dar las ¡buenas noches! en las costillas al bailarín rezagado.
  • Y Juanito experimentaba un verdadero disgusto cuando se ausentaba de la tienda y al volver le decían que había estado la beatita.
  • Nunca había estado tan próximo a Tónica.
  • ¿Desde cuándo no has estado aquí.
  • Dos veces había estado en la tienda buscando al principal, y se dignó hablar con Juanito afectuosamente, como si fuese uno de la clase, enterándose con benevolencia paternal de sus proyectos para el porvenir.
  • No era menos cierto que hasta entonces había estado sordo.
  • Porque las dos, aunque su mamá, por no entristecerlas, las ocultaba el estado de la casa, tenían pleno conocimiento de los apuros de la familia y estaban seguras de la imposibilidad de reemplazar el viejo pero brioso caballo por otro que valiese tanto como él.
  • Una parte de su capital lo invirtió su eminente protector en papel del Estado, y con la otra, que era la más exigua, comenzó sus jugadas de Bolsa, siempre a la zaga de Cuadros y sin atreverse a imitar sus golpes de audacia.
  • En cuanto a él, daba por perdida una gran parte de su fortuna, y únicamente confiaba en los valores del Estado que por encargo suyo había adquirido el señor Morte.
  • ¡Sí, hijo mío! Yo también he estado allí.
  • Don Ramón tenía en su poder más de tres mil duros míos en títulos del Estado.
  • Pero al saber el estado de su sobrino se apresuró a visitarlo.
  • Y doña Manuela lloraba, efectivamente, sin saber con certeza si sus lágrimas las arrancaba el estado de su hijo, los insultos de su hermano o aquella última noticia de la desaparición de Cuadros.
  • Divulgóse por el pueblo el caso atroz, llegó a oídos de don Alonso Coronel y como no tenía otro hijo, desengañóse de los embustes de Cabra y comenzó a dar más crédito a las razones de dos sombras, que ya estábamos reducidos a tan miserable estado.
  • Hombre soy yo que he estado en un aposento con Liñán, y he comido más de dos veces con Espinel.
  • Y que había estado en Madrid tan cerca de Lope de Vega como lo estaba de mí, y que había visto a don Alonso de Ercilla mil veces, y que tenía en su casa un retrato del divino Figueroa, y que había comprado los gregüescos que dejó Padilla cuando se metió fraile, y que hoy día los traía, y malos.
  • Dije que de paso había estado en ella.
  • Y en llegando a ese lugarcito del diablo nos remiten a la sopa y al coche de los pobres en San Felipe donde cada día en corrillos se hace consejo de estado, y guerra en pie y desabrigada.
  • ¿Qué estiman dijo muy enojado si he estado yo ahí seis meses pretendiendo una bandera, tras veinte años de servicios y haber perdido mi sangre en servicio del Rey, como lo dicen estas heridas?
  • A los de Flandes decía que había estado en la China, y a los de la China en Flandes.
  • Prometílas regalos y preguntélas del estado de aquellas señoras, y respondieron que doncellas, y se les echaba de ver en la plática.
  • Yo quedé algo aliviado de ver a mi buena huéspeda en el estado que tenía sus negocios.
  • Díjome que jurado a Dios, que no era suyo nada de la comedia, sino que de un paso tomado de uno y otro de otro, había hecho aquella capa de pobre, de remiendo, y que el daño no había estado sino en lo mal zurcido.
  • Y de estas cosas me sucedieron muchas mientras perseveré en el oficio de poeta y no salí del mal estado.
  • No se podrá creer el contento de la buena monja sabiendo mi nuevo estado.
  • Verá en la segunda parte, pues nunca mejora su estado quien muda solamente de lugar y no de vida y costumbres.
  • Más inútil y egoísta aún, nunca quiso hacer nada, ni estudiar ni trabajar, y le habían colocado en una oficina del Estado, adonde iba solamente a cobrar el sueldo.
  • La vida era una corriente tumultuosa e inconsciente donde los actores representaban una tragedia que no comprendían, y los hombres, llegados a un estado de intelectualidad, contemplaban la escena con una mirada compasiva y piadosa.
  • Todavía si Andrés no hubiera estado en el secreto de las intenciones de Julio, hubiese ido a casa de doña Leonarda sin molestia.
  • Sí, he estado de media guardia en el hospital.
  • De joven había estado de doncella en varias casas, hasta que murió su última señora y dejó de servir.
  • Andrés afirmaba que tal estado de injusticia podía cambiar.
  • La familia no comprendía la gravedad, y Andrés tuvo que insistir para convencerles de que el estado del niño era peligroso.
  • Así había estado una semana gritando, delirando, hasta morir en un sueño.
  • ¡Cómo olfatearon esos buenos judíos, con sus narices corvas, que el estado de conciencia podía comprometer la vida! ¡Claro, eran optimistas.
  • Realmente aquel joven había estado bien.
  • Muchas veces a Hurtado le parecía Alcolea una ciudad en estado de sitio.
  • La política de Alcolea respondía perfectamente al estado de inercia y de desconfianza del pueblo.
  • ¿no estaba también determinado, no era fatal el que su cerebro tuviera una irritación que le hiciera protestar contra aquel estado de cosas violentamente?
  • Ella no podía comprender que Hurtado afirmase que era mayor delito robar a la comunidad, al Ayuntamiento, al Estado, que robar a un particular.
  • Su estado artrítico se exarcerbaba.
  • Comenzaba a vislumbrar ese estado de ataraxia, cantado por los epicúreos y los pirronianos.
  • Supongo que esta mujer se encuentra en un estado de afasia.
  • Con estos datos, Hurtado aseguraba que la mujer, en un estado alcohólico, evidenciado por el aguardiente encontrado en su estómago, y presa de manía suicida, había comenzado a herirse ella misma con la badila en la cabeza, lo que explicaba la superficialidad de las heridas, que apenas interesaban el cuero cabelludo, y después, en vista del resultado negativo para producirse la muerte, había abierto la ventana y se había tirado de cabeza a la calle.
  • Respecto a las palabras pronunciadas por ella, estaba claramente demostrado que al decirlas se encontraba en un estado afásico.
  • Se encontraba en un estado de irresolución completa.
  • En el tren su estado nervioso empeoró.
  • En todas partes, el hombre, en su estado natural, es un canalla, idiota y egoísta.
  • He estado en un pueblo.
  • Yo entonces fuí a Salamanca, y he estado hasta concluir la carrera.
  • He estado con Julio Aracil.
  • Yo he estado ayudándole.
  • Estas visitas, que he hecho a Don Fulano o a Doña Zutana, no las he querido cobrar porque, la verdad, no he estado acertado.
  • Los dos polos de su alma eran un estado de amargura, de sequedad, de acritud, y un sentimiento de depresión y de tristeza.
  • Ni nombre, ni estado civil, ni nada.
  • Aquellos desdichados no comprendían todavía que la solidaridad del pobre podía acabar con el rico, y no sabían más que lamentarse estérilmente de su estado.
  • Realmente la suegra, Niní, su marido, los vecinos, la portera, miraban el estado feliz del matrimonio, como algo ofensivo para ellos.
  • Un estado de tranquilidad como el nuestro es una injuria para toda esa gente que vive en una perpetua tragedia de celos, de envidias, de tonterías.
  • Su bienestar físico le preparaba para ese estado de perfección y de equilibrio intelectual, que los epicúreos y los estoicos griegos llamaron ataraxia, el paraíso del que no cree.
  • Aquel estado de serenidad le daba una gran lucidez y mucho método en sus trabajos.
  • Pero llegó un momento en que le fué imposible fingir que no se daba cuenta del estado de su mujer.
  • Lulú quedó en un estado de debilidad grande.
  • Durante dos días estuvo en este estado de depresión.
  • Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer de mi estado, no tanto de hambre como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa.
  • Pues, estando yo en tal estado, pasando la vida que digo, quiso mi mala fortuna, que de perseguirme no era satisfecha, que en aquella trabajada y vergonzosa vivienda no durase.
  • Apenas había acabado su oración el devoto señor mío, cuando el negro alguacil cae de su estado y da tan gran golpe en el suelo que la iglesia toda hizo resonar, y comenzó a bramar y echar espumajos por la boca y torcella, y hacer visajes con el gesto, dando de pie y de mano, revolviéndose por aquel suelo a una parte y a otra.
  • Pregonero, hablando en buen romance, en el cual oficio un día que ahorcábamos un apañador en Toledo y llevaba una buena soga de esparto, conocí y caí en la cuenta de la sentencia que aquel mi ciego amo había dicho en Escalona, y me arrepentí del mal pago que le di por lo mucho que me enseñó, que, después de Dios, él me dio industria para llegar al estado que ahora estó.
  • El recuerdo de la patria, y sobre todo de Lúzaro, de este rincón de la costa vasca donde he nacido y donde vivo, ha estado siempre presente en mi espíritu.
  • Recalde tiene talento, ha estado en Alemania y sabe mucho.
  • Estos libros debían de haber estado en alguna cueva, porque echaban olor a humedad y tenían las pastas carcomidas por las puntas.
  • Otro de los motivos favoritos de Yurrumendi era la descripción de la isla del Fuego, en donde él había estado alguna vez.
  • Había entre los marineros de la Bella Vizcaína un chico de Cádiz, a quien llamaban el Morito, porque había estado en Tánger y solía llevar con frecuencia un fez rojo en la cabeza.
  • Iriberri me aseguró que Juan de Aguirre había estado, como él, haciendo el comercio de negros y de chinos hasta que fué apresada su urca por un crucero inglés.
  • En el jardín del convento próximo, dos monjas de toca blanca han estado mirándome y hablando entre ellas.
  • La señora de Tal ha estado enferma.
  • Mi estado civil no está claro, no podría fácilmente identificar mi personalidad.
  • El otro estaba sirviendo en un navío del Estado.
  • Han estado ustedes admirables.
  • Ellos vivían, después de haber estado cerca de la muerte, y celebraban su fortuna.
  • Yo, en el estado de pesadez que me encontraba entre los vapores del alcohol y el humo del tabaco, perseguía estas melodías atropelladas, monstruosas, que salían de la filarmónica y que iban cambiando a cada instante.
  • ¿Sabe en qué estado te encuentras?
  • Aquí el único que sabe tu estado soy yo.
  • Vale más que te resuelvas pronto, antes de que noten tu estado.
  • Decía Machín padre, rascándose la cabeza como la chica ha quedado en ese estado, yo no sé si estará bien.
  • La muchacha está en ese estado.
  • Tiene un estado de excitación continua, y creo que padece una lesión cardíaca, que el embarazo y los disgustos han exacerbado.
  • Yo no sospechaba el estado de la Shele.
  • Vamos a cambiar de destino y de estado civil.
  • De noche no podía dormir y caía en un estado de abatimiento profundo.
  • Por la noche, y esquivando las miradas de la gente, llegamos a la finca en donde había estado Allen.
  • Le dije que, efectivamente, habíamos estado en un pontón presos por cuestiones políticas.
  • Sabía pescar al martillo, procedimiento que se reduce a golpear algunas losas del fondo del río y luego a levantarlas, con lo que quedan las truchas que han estado debajo inmóviles y aletargadas.
  • ¡Basta! ¡Basta! gritó un indiano que había estado en California.
  • Dos mujeres fueron recogidas con contusiones de importancia, una de ellas, una vieja de un caserío lejano que hacía diez años que no había estado en Urbia, la otra, la madre de Martín, que además de las magulladuras y golpes, presentaba una herida en el cuello, ocasionada, según dijo el médico, por un trozo del barrote de la jaula, desprendido al choque de la bala disparada por una persona desconocida.
  • Martín y Capistun, además de mulas y de caballos, habían llevado a diferentes puntos de Guipúzcoa y de Navarra, armas y materias necesarias para la fabricación de pólvora, cartuchos y proyectiles, y hasta llegaron a pasar por la frontera un cañón, de desecho de la guerra franco prusiana, vendido por el Estado francés.
  • En aquel mismo momento, don Carlos de Borbón, el pretendiente, llegaba rodeado de un Estado Mayor de generales carlistas y de algunos vendeanos franceses.
  • Cuatro días ha estado usted con una fiebre altísima.
  • También ha estado enferma, pero ya se levanta.
  • Hablaron con él y el hombre les confesó que había estado dispuesto a dispararles al ver que le perseguían.
  • He estado ya una vez.
  • Ha estado muy amable.
  • Había venido desde Caspe llevando prisionero a un brigadier valenciano carlista a que conpareciera ante el Estado Mayor de don Carlos, y contaba su expedición de tal manera que hacía morirse de risa a todos.
  • Había estado al principio en la guerra, luego se fué a una república americana, tomó parte en una revolución y después, expulsado de allí por rebelde, volvía al ejército carlista, en donde estaba ya violento y deseando marcharse.
  • Asensio había estado en Cuba algún tiempo, de soldado, y contó anécdotas de aquella tierra.
  • Esperó Martín a que despachara el Señor con los Reverendos, hasta que el rozagante Borbón, con su aire de hombre bien cebado, salió de la ermita, rodeado de su Estado Mayor.
  • Si he estado otras veces solo, ¿qué me va a pasar, yendo en compañía de tanta gente?
  • Mi buena estrella me llevó a cierta casa, cuyos dueños se apiadaron de mí, mostrándome gran interés, sin duda por el relato que de rodillas, bañado en lágrimas y con ademán suplicante, hice de mi triste estado, de mi vida, y sobre todo de mis desgracias.
  • ¡Qué faltos estamos, amigo Don José María dijo mi amo, de un buen hombre de Estado a la altura de las circunstancias, un hombre que no nos entrometa en guerras inútiles y mantenga incólume la dignidad de la Corona! Pues cuando yo estuve en Madrid el año último prosiguió el embustero, me hicieron proposiciones para desempeñar la Secretaría de Estado.
  • La fiebre amarilla por un lado y los malos tiempos por otro han puesto a Andalucía en tal estado, que toda ella no vale una aljofifa.
  • Pero no sé cómo, sin salir de aquel estado de somnolencia, me hice cargo de que se creía todo perdido, y de que los oficiales se hallaban reunidos en la cámara para acordar la rendición.
  • Los vaivenes eran tan fuertes que se hacía difícil el trabajo, lo cual, unido al cansancio de la tripulación, empeoraba nuestro estado de hora en hora.
  • Trabajosamente se enmendaron algunas averías con auxilio de los ingleses, que vigilaban todo, y según después comprendí, no perdían de vista a algunos de nuestros marineros, porque temían que se sublevasen, represando el navío, en lo cual los enemigos demostraban más suspicacia que buen sentido, pues menester era haber perdido el juicio para intentar represar un buque en tal estado.
  • Apresado por los ingleses, era casi imposible manejarlo a causa del mal estado y del furioso vendaval que se desencadenó en la noche del 21.
  • En tan lamentable estado, aún se quiso hacer un esfuerzo para seguir al Príncipe de Asturias, que había izado la señal de retirada.
  • El plazo no podía menos de ser desgraciadamente muy corto, porque Churruca se moría a toda prisa, y cuantos le asistíamos nos asombrábamos de que alentara todavía un cuerpo en tal estado.
  • Antes bien, todo su empeño consistía sobre todo en que la oficialidad no conociera la gravedad de su estado, y en que ninguno faltase a su deber.
  • Pero en el punto en que concluyó aquella hazaña, comenzó a verse claro el peligro en que nos encontrábamos, pues el Santa Ana debía ser remolcado hasta Cádiz, a causa del mal estado de su casco.
  • Malespina, poseído de profunda tristeza al verse en tal estado, y creyendo que no había remedio para él, ni siquiera dio cuenta de su herida y se retiró a aquel sitio, donde le detuvieron sus pensamientos y sus recuerdos.
  • Pero a pesar de esto y de su avanzada edad, que frisaba en los cincuenta y seis años, como se hallaba en buen estado, no parecía correr peligro alguno, pues si el vendaval era cada vez mayor, también el puerto estaba cerca.
  • ¡Oh!, si cuando la guerra del Rosellón hubieras estado en edad de ir allá conmigo, habrías visto lo bueno.
  • Encontré al oficial de artillería en bastante mal estado, y decía a los que le rodeaban.
  • Sus amigos le descubrieron, aunque él trataba de disimular su miseria, y, por último, lograron sacarle de tan vil estado.
  • Verdad es que todos los tesoros del Rey se emplean en pagar sus sueldos a los señores de la Corte, y entre éstos el que más come es el Príncipe de la Paz, que reúne 40.000 durazos como Consejero de Estado, como Secretario de Estado, como Capitán General y como Sargento mayor de guardias.
  • Alcalá Galiano mandaba la maniobra y la artillería como si hubiéramos estado haciendo el saludo frente a una plaza.
  • Pensaba en tales momentos que acaso él no sería jamás nada de aquello a que había aspirado, que tal vez el límite de su carrera sería el estado actual o un mal obispado en la vejez, todo un sarcasmo.
  • Del convento ampuloso y plateresco de las Clarisas había hecho el Estado un edificio para toda clase de oficinas, y en cuanto a San Benito era lóbrega prisión de mal seguros delincuentes.
  • Y si Obdulia y Bermúdez hubieran estado menos preocupados con el Renacimiento, hubiesen notado el ceño y la sequedad de la antes amable y cortés señora de pueblo.
  • Había estado, mientras pasaba hojas y hojas, pensando, sin saber cómo, en don Álvaro Mesía, presidente del casino de Vetusta y jefe del partido liberal dinástico.
  • Toda la noche se hubiera estado el animalejo mira que te mirarás, con aire de desafío, sin bajar la mirada.
  • Las tías veían con impaciencia que se prolongaba aquel estado.
  • El estado de su ánimo no contradecía estos propósitos.
  • Un bijou, decía la baronesa tronada que había estado ocho días en la Exposición de París.
  • De Vetusta y sólo de Vetusta salieron aquellos insignes tresillistas que, una vez en esferas más altas, tendieron el vuelo y llegaron a ocupar puestos eminentes en la administración del Estado, debiéndolo todo a la ciencia de los estuches.
  • Los colores vivos de la fruta mejor sazonada y de mayor tamaño animaban el cuadro, algo melancólico si hubiesen estado solos aquellos tonos apagados de la naturaleza muerta, ya embutida, ya salada.
  • Poco a poco pasó del estado de tolerancia al de protección.
  • También parecía haber estado al lado de un fogón como Visita y Obdulia.
  • Se le figuró que aquel sapo había estado oyéndola pensar y se burlaba de sus ilusiones.
  • ¿No había estado en la fuente de Mari Pepa entregada a la esperanza de la virtud?
  • Como en él lo principal era el político, transigía con la religión de los mayores de Paco y se reía de la separación de la Iglesia y el Estado.
  • Mientras había escrito, casi por máquina, una defensa, calamo currente, de la Infalibilidad, con destino a cierta Revista Católica que leían católicos convencidos nada más, había estado madurando su plan de ataque.
  • El regente opinó, y con él toda la Territorial, que el señor Mourelo, arcediano, había estado a mayor altura que el señor Obispo.
  • El Estado se burla de la Iglesia, sí señor, eso es evidente, no hay concordato que valga.
  • Llegaba tarde al paseo, daba tres o cuatro vueltas, y cuando ya se sentía bastante envidiada, a casa, sin dignarse jamás pasar los ojos sobre ningún individuo del sexo fuerte en estado de merecer.
  • Pero su madre codiciosa, la fortuna propia insuficiente para tanto esplendor, el estado eclesiástico, la necesidad de aparentar modestia y casi estrechez, le tenían alejado del ambiente natural.
  • Trabuco, o sea Pepe Ronzal, de la comisión provincial, creía con la mayoría de los presentes, el jefe económico inclusive, que la razón de Estado aconsejaba preferir la pretensión del alcalde, aunque este, según malas lenguas, quería el estanco para una su ex concubina.
  • Sí, este cura quiere hacer lo mismo que yo, sólo que por otro sistema y con los recursos que le facilita su estado y su oficio de confesor.
  • El Magistral recordaba haber estado allí, de rodillas, con un hacha de cera en la mano, mientras le daban a la pobre joven el Señor.
  • El Magistral, desde su balcón, escondido en la obscuridad, los siguió con la mirada, sin alentar, olvidado del mundo entero menos de aquel don Santos Barinaga que le había estado arrojando lodo al rostro, desde el charco de su embriaguez lastimosa.
  • Sequedades del ánimo repentinas, agrias y espinosas, y todo ello la volvía loca, tenía miedo no sabía a qué, y buscaba el amparo de la religión para luchar con los peligros de aquel estado.
  • Pero ¡pensar que no se había acordado del Magistral ni una vez en toda la noche anterior, a pesar de haber estado pensando y sintiendo tantas cosas sublimes! Y por contera, le engañaba, le decía que estaba enferma para excusar el verle.
  • Había estado en el teatro la noche anterior y había visto a la Regenta.
  • Ayer ha estado usted en el teatro.
  • ¿Quién ha estado aquí de noche?
  • Ocho días había estado sin conseguir hablar a solas un momento con Ana, y cuando logró tal intento fue para convencerse de que aquella exaltación de la tarde dichosa había pasado acaso para siempre.
  • Don Fermín bajaba del campanario, donde, según solía de vez en cuando, había estado registrando con su catalejo los rincones de las casas y de las huertas.
  • Ya se sabía, él no podía asistir a las personas muy queridas cuando llegaban a cierto estado.
  • Una noche, después de oír un sermón soporífero, entró en su tocador casi avergonzada de haber estado dos horas en la iglesia como una piedra.
  • ¡Este era el estado del libre examen en Vetusta! pensaba Guimarán con tristeza mezclada de orgullo.
  • Y si no fuera porque los partidos avanzados nunca son poder o lo son poco tiempo, se hubiera declarado demagogo y enemigo de la religión del Estado.
  • Hablaría primero don Álvaro, haría un elogio de la constancia con que él, don Pompeyo, había sostenido la idea santa de la libertad de pensamiento, y prometería en nombre de la Junta que el Casino jamás tendría religión, como no debía tenerla el Estado.
  • ¿Ha estado usted malo?
  • ¿Quién ha estado ahí?
  • Porque fray Luis de León me enseñó en su Perfecta casada que en cada estado la obligación es diferente.
  • En su estado y en el tiempo en que vivía la pura contemplación tenía que dejar mucho espacio a las buenas obras.
  • Prolongaba cuanto podía aquel estado.
  • Quintanar le consultaba acerca del estado de Ana.
  • Otras veces había estado días y días sin verle, y le parecía muy tolerable la ausencia y corta.
  • Oh el hombre que había reducido a tal estado al señor Barinaga era bien miserable, merecía la pública execración.
  • Nadie sospechaba su estado.
  • El círculo de la nobleza se abrió para acoger en su seno a la Hija pródiga de la Sociedad, como acertó a decir el barón de la Barcaza, que in illo tempore había estado muy enamorado de Anita, a pesar de la señora baronesa e hijas.
  • ¿No habían estado mil veces solos, muy cerca uno de otro, no se habían tocado, no había ella, tal vez con imprudencia, aventurado caricias inocentes, someros halagos que hubieran hecho brotar el fuego si lo hubiera habido allí escondido?
  • Él era cura, cura, una cosa ridícula, puestas las cosas en el estado a que habían llegado.
  • He estado ciego.
  • Petra ha estado aquí.
  • Encontró el Magistral al Marqués que no quería dejarle marchar en aquel estado.
  • El cual, aquella misma mañana en el pozo lleno de yerba, antes en el patio de la iglesia, por las callejas, cuando venían detrás del tambor y de la gaita, en el bosque, después en el carro de Pepe, donde venían juntos, casi sentada ella encima de él, sin poder remediarlo, más tarde en el salón, en todas partes y en todo el día le había estado dejando ver que la adoraba, pero no se lo había dicho, por respeto.
  • Y mientras abajo sonaba el ruido confuso y gárrulo de las despedidas y preparativos de marcha, y detrás el estrépito de los que corrían en la galería, y allá en el cielo, de tarde en tarde, el bramido del trueno, la Regenta, sin notar las gotas de agua en el rostro, o encontrando deliciosa aquella frescura, oía por la primera vez de su vida una declaración de amor apasionada pero respetuosa, discreta, toda idealismo, llena de salvedades y eufemismos que las circunstancias y el estado de Ana exigían, con lo cual crecía su encanto, irresistible para aquella mujer que sentía las emociones de los quince años al frisar con los treinta.
  • ¡Cuántos años había estado sin querer oírle! ¡Y lo que él había padecido!
  • Para lo que servía Petra era para vigilar, para evitar que don Álvaro pudiera ser sorprendido al entrar o al salir, y para darse tales trazas que doña Ana creyese que ella, la doncella, no había estado durante toda la noche en circunstancias de poder notar la presencia del amante.
  • Y ¡cosa extraña! cuando allá en el parque había estado apuntando a la cabeza de Mesía, no recordaba que el cartucho mortífero tenía carga de perdigón.
  • Don Víctor, yo necesito antes de hablar que usted me declare el estado de su ánimo.
  • Sí, he estado ciego, me he portado indignamente, he debido matar a Mesía de una perdigonada, sobre la tapia, o si no correr en seguida a su casa y obligarle a batirse a muerte acto continuo.
  • Ocho días había estado Ana entre la vida y la muerte, un mes entero en el lecho sin salir del peligro, dos meses convaleciente, padeciendo ataques nerviosos de formas extrañas, que a ella misma le parecían enfermedades nuevas cada vez.
  • Ana, que no había podido terminar la lectura de la carta, que había caído sobre la almohada como muerta en cuanto vio en aquellos renglones fangosos la confirmación terminante de sus sospechas, no pudo por entonces pensar en la pequeñez de aquel espíritu miserable que albergaba el cuerpo gallardo que ella había creído amar de veras, del que sus sentidos habían estado realmente enamorados a su modo.
  • A Julián le ayudaba en su triunfo, amén de la gracia de Dios que él solicitaba muy de veras, la endeblez de su temperamento linfático nervioso, puramente femenino, sin ardores ni rebeldías, propenso a la ternura, dulce y benigno como las propias malvas, pero no exento, en ocasiones, de esas energías súbitas que también se observan en la mujer, el ser que posee menos fuerza en estado normal, y más cantidad de ella desarrolla en las crisis convulsivas.
  • él bien quisiera despabilarse, aplicar prácticamente las nociones adquiridas acerca del estado de la casa, para empezar a ejercer con inteligencia sus funciones de administrador, mas no acertaba, no podía.
  • Conocido ya el estado de las provisiones, ordenó las maniobras del ejército.
  • A pesar de conocer a Orense y haber estado en Santiago cuando niño, discurría y fantaseaba a su modo lo que debe ser una ciudad moderna.
  • Haberse resuelto a salir de los Pazos, y hallarse tan decidido a tomar estado, idea que antes le parecía irrealizable.
  • Guardada la distancia que separaba de un labriego al señor de Ulloa, éste era su estado moral en Santiago.
  • Informábase de particularidades que le importaban, por ejemplo, el verdadero estado de fortuna de su tío.
  • La satisfacción que le rebosaba en el semblante era tal, que se avergonzó de mostrarla ante Primitivo, y empezó a charlar aprisa, por disimulo, felicitando al cazador y augurando a Sabel un porvenir de ventura en el nuevo estado.
  • No se habituaba a contarse como número par en un pueblo, habiendo estado siempre de nones en su residencia feudal.
  • Pero usted es capaz de no haber reparado tampoco el estado de mi mujer, si no le entero yo ahora.
  • Por muy perfecta casada que hiciese Nucha, su condición y virtudes la llamaban a otro estado más meritorio todavía, más parecido al de los ángeles, en que la mujer conserva como preciado tesoro su virginal limpieza.
  • Le pesó a Nucha, porque las señoritas, que habían estado en los Pazos a verla, le agradaban, y eran los únicos rostros juveniles, las únicas personas en quienes encontraba reminiscencias de la cháchara alegre y del fresco pico de sus hermanas, a las cuales no podía olvidar.
  • Perucho ya no se ocultaba, antes se le encontraba por todas partes enredado en los pies, y, en suma, las cosas iban tornando al ser y estado que tuvieron antes.
  • Mas, por extraña anomalía propia del estado, cuyo fundamento son siempre nociones de lo real, pero barajadas, desquiciadas y revueltas merced al anárquico influjo de la imaginación, no veía la huronera tal cual la había visto siempre, con su vasta mole cuadrilonga, sus espaciosos salones, su ancho portalón inofensivo, su aspecto amazacotado, conventual, de construcción del siglo XVIII.
  • El capellán bajó la escalera de caracol con ánimo de decir su misa, que a causa del mal estado de la capilla señorial acostumbraba celebrar en la parroquia.
  • XXI Notóse días después alguna mejoría en el estado general de la señora de Ulloa, con lo cual el capellán revivió y se le animó también el marchito semblante.
  • Julián ya se encontraba cansado de soltar indirectas al marqués sobre el estado lastimoso de la capilla, sin obtener resultado alguno.
  • ¡Cuándo llegaré yo a este estado de bienaventuranza, Señor! murmuraba Julián poniendo una señal en el libro.
  • Allí se detuvo el insecto, y allí también Julián, con el corazón palpitante, con la vista nublada, y el espíritu, por vez primera después de largos años, trastornado y enteramente fuera de quicio, al choque de una conmoción tan honda y extraordinaria, que él mismo no hubiera podido explicarse cómo le invadía, avasallándole y sacándole de su natural ser y estado, rompiendo diques, saltando vallas, venciendo obstáculos, atropellando por todo, imponiéndose con la sobrehumana potencia de los sentimientos largo tiempo comprimidos y al fin dueños absolutos del alma porque rebosan de ella, porque la inundan y sumergen.
  • Toda la tarde ha estado Pic sin tocarlas.
  • Sin embargo, en Lágrimas hice un esfuerzo, y acudí a Dios, demandándole que no permita acabe en tal estado.
  • Entonces tomé todos los años la costumbre, el día 8 de Diciembre, de corregir o adicionar la dicha oda a la Inmaculada, y en tal estado la dejé, que más que oda es un canto épico.
  • Cuando hablaba en el Tribunal Supremo y en el Consejo de Estado, a las primeras palabras quedaban como en suspenso los magistrados, y don Carlos Bonet, fiscal del Supremo, me decía.
  • Quince años había estado allí en aquel zaguán, y me entristecía el tener que marcharme a otro lado.
  • No hubiera estado bien no proporcionarle tabaco después de haberle dado de comer.
  • Ha estado un momento pensándolo, y como Pepita continuaba mirándole ansiosa, ha dicho al fin.
  • Pero esto es triste, monótono, y en la soledad de los pueblos esta tristeza y esta monotonía llegan a estado doloroso.
  • Y cuando, después de haber estado todo el día hablando y escribiendo, me retiro a casa a estas horas, yo trato de buscarme a mí mismo, y no me encuentro.
  • Don Juan me ha estado hablando de lo que por ahí ocurre, que es lo mismo de siempre.
  • Todo el día he estado con él.
  • Esta tarde hemos estado paseando por la Castellana.
  • ¡Ay, hijo, todo tiene sus riesgos y todo estado sus contrariedades! Ramiro se sobrecojía al oirse llamar hijo por su cuñada, que rehuía darle su nombre, mientras él en cambio se complacía en llamarla por el familiar Tula.
  • ¡Manuela! ¡Señora! se oyó como un gemido, y la pobre muchacha, que acurrucada junto al fogón, en la cocina, había estado oyéndolo todo, no se movió de su sitio.
  • Y Gertrudis, por su parte, le recomendaba que ocultase a los niños lo anormal de su estado.
  • Los he estado mirando muchas veces y desde cerca.
  • Un chico y una chica que han estado abrazaditos cuando no sabían nada del mundo, cuando no sabían ni que existían.
  • Que han estado abrazaditos al calorcito del vientre materno.
  • No he estado nunca ni viva ni muerta.