¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras en, voz y alta aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 3 palabras.
Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.
- Por el contrario, Santa Cruz y Villalonga se ponían siempre en la grada más alta, envueltos en sus capas y más parecidos a conspiradores que a estudiantes.
- Pensó no ver nada y vio algo que de pronto le impresionó, una mujer bonita, joven, alta.
- Sólo una media docena de voces elegantes, de las que usa la alta sociedad.
- Los de Santa Cruz, como familia respetabilísima y rica, estaban muy bien relacionados y tenían amigos en todas las esferas, desde la más alta a la más baja.
- Señores, no seamos impresionables indicó el marqués de Casa Muñoz, que gustaba de dominar las situaciones con mirada alta.
- Sin hacer mucho caso de su amigo, Don Baldomero leyó en voz alta la noticia o estribillo de todos los días.
- No, más alta.
- Para usted dijo luego en voz alta, lo mejor sería una cantidad.
- Era guapetona, alta y garbosa, mujer de un papelista, y la inquilina más ordenada, o si se quiere, más pudiente de aquella colmena.
- Y luego en voz alta.
- Don Baldomero II se sonrió con aquella bondad patriarcal tan suya, y sacando otra vez lista y lápiz, dijo en alta voz.
- Por otro lado nos encontramos con Samaniego, que era casi un hortera, muy cerca de Ruiz Ochoa, o sea la alta banca.
- Jacinta tenía idea tan alta de los talentos y de las sabias lecturas del Delfín, que rara vez dejaba de doblegarse ante ellas, aunque en su fuero interno guardase algunos juicios independientes que la modestia y la subordinación no le permitían manifestar.
- Mas para conseguirlo, necesitaba apelar a su misma imaginación dañada, revestir a su mujer de formas que no tenía, y suponérsela más ancha de hombros, más alta, más mujer, más pálida.
- Esta la hacía a veces tan espléndida y tal alta, que cuando caía de ella a la del pan, estaba todo molido y maltrecho.
- En cuanto a su hermano Juan Pablo, ya se sabía a ciencia cierta que estaba con los carlistas, y si estos triunfaban, ocuparía una posición muy alta.
- Su estatura era alta, mas no arrogante.
- Cuidaba mucho de ponerse siempre muy alta, para lo cual tenía que exagerar y embellecer cuanto la rodeaba.
- La religión que él sentía en aquella crisis de su alma era demasiado alta y no podía inspirarle verdadero interés por ningún culto.
- Tenía Belén vara alta con las señoras, por su humildad y devoción y por la diligencia con que iba a contarles cuanto hacían y decían sus compañeras.
- Tal era Sor Facunda, dama ilustre de la más alta aristocracia, que dejó riquezas y posición por meterse en aquella vida, mujer pequeñita, no bien parecida, afable y cariñosa, muy aficionada a hacerse querer de las jóvenes.
- Oíanse en la parte alta los pasos de toda la comunidad que iba hacia el templo a oír la primera misa.
- De modo exclamó Feijoo en voz alta, abriendo los brazos y tomando un tono que no se podría decir si era de indignación o de burla, de modo que ya no hay patriotismo.
- Abur, hombre dijo en alta voz con despecho.
- Y en alta voz y de mal modo, preguntó a Fortunata.
- Y en alta voz.
- Ii En el resto de aquel aciago día, dicho se está que la pobre señora de Rubín se entregó a las mayores extravagancias, pues tal nombre merecen sin duda actos como no querer comer, estar llorando a moco y baba tres horas seguidas, encender la luz cuando aún era día claro, apagarla después que fue noche por gusto de la oscuridad, y decir mil disparates en alta voz, lo mismo que si delirara.
- Que me lleven el café a la oficina dijo en voz alta, mirando el reloj y haciendo un gesto, por el cual los circunstantes podrían comprender, sin necesidad de más explicaciones, el cataclismo que iba a ocurrir en la Hacienda si Don Basilio se retrasaba un minuto más.
- El coche corría por la Cava Alta, y Feijoo se sentía cada vez peor.
- Esto último lo dijo en alta voz, saliendo ya al pasillo, de modo que lo oyeron muy bien, Papitos en un extremo de la casa, y Fortunata en otro.
- Ahora está bien preparada le dijo el clérigo que, por su alta estatura, tenía que encorvarse para hablar con ella.
- Después todos empezaron a hablar en alta voz.
- Esta idea, a pesar de ser tan alta, fue muy inteligible para Fortunata, a quien se acercó Guillermina, y echándole el brazo por los hombros, la apretó suavemente contra sí.
- Si persiste usted agregó en voz alta, en tener esas ideas estrambóticas, es difícil que yo la consuele.
- El coche penetraba en el silencio y en la soledad, como un buque que avanza en alta mar.
- Si en la conversación, o en aquellas polémicas que con su familia tenía a las horas de comer, se le escapaba una palabra más alta que otra, luego sentía remordimientos de haberla pronunciado, y si no la recogía, pidiendo perdón de ella, era porque la timidez le ponía un freno.
- Indicó Fortunata, no recatándose de decirlo en alta voz.
- Las tres damas estaban con los moños al aire, hablando a un tiempo en alta voz, con ese desparpajo y esa independencia de modales que caracterizan a los vendedores ambulantes que viven siempre al aire libre, y tienen la voz hecha a la gritería de los pregones.
- Debe de ser alta la escalera.
- Agregó en alta voz, volviendo hacia Maxi su cara de caimán, en la cual la sonrisa venía a ser como una expresión de ferocidad.
- El Ministro me da vara alta.
- ¡Qué diría la alta sociedad, y la pequeña sociedad también, y la burguesía!
- Algo quiso decir en alta voz.
- Y en alta voz, viendo al desgraciado Ido llegar otra vez hasta la puerta de la alcoba y mirar hacia dentro con los ojos de estúpido.
- Y en alta voz.
- El sacerdote la miró más de cerca, y en alta voz dijo.
- La maestra y el cura se pusieron a rezar en voz alta.
- Pero al llegar, decía en alta voz como si hablara con un ser invisible.
- A pie y detrás del carro, como vigilando por si caía algo de éste, marchaban una mujer y una muchacha, alta, delgada, esbelta, que parecía hija de aquélla.
- Y aquella montera de paja, tan alta, tan esbelta, con las dos crucecitas en sus extremos, la había levantado él de nuevo, en sustitución de la antigua, que hacía agua por todas partes.
- Chillaba la garrucha del pozo, saltaba ladrando de alegría junto á sus faldas el feo perrucho que pasaba la noche fuera de la barraca, y Roseta, á la luz de las últimas estrellas, echábase en cara y manos todo un cubo de agua fría sacada de aquel agujero redondo y lóbrego, coronado en su parte alta por espesos manojos de hiedra.
- Y mientras se amaestraban infiriendo cortes ó poblando las cabezas da trasquilones y peladuras, el amo daba conversación á los parroquianos sentados en el banco del paseo, ó leía en alta voz un periódico á este auditorio, que, con la quijada en ambas manos, escuchaba impasible.
- La pasó en vela, revolviéndose inquieto en su cama, y declarando en voz alta que era el más cobarde de los hombres.
- Si los Silos son el balcón de España, ¿qué será Villa Conchita, que está más alta que ellos?
- Tampoco levantó la desalentada cabeza para contemplar las torres de Cuarte, cuyos rojizos muros adquirían en su parte alta un tinte de incendio reflejando la puesta del sol.
- Por tan alta Señora, y lo ordinario de la hora menguada y aire corrupto.
- Esa es la dificultad, que a no haber esa, ¿había cosa más alta?
- Por cierto, alta cosa es esa.
- Blanca, rubia, colorada, boca pequeña, dientes menudos y espesos, buena nariz, ojos rasgados y verdes, alta de cuerpo, lindas manazas y zazosita.
- ¡Fieles cristianos y devotos del Señor! ¡Por tan alta princesa como la Reina de los Ángeles, Madre de Dios, dalde una limosna al pobre tullido y lastimado de la mano del Señor! Y paraba un poco, que es de grande importancia, y luego añadía.
- Y últimamente me declaró, con intento que nos fuésemos juntos, el mayor secreto y la más alta industria que cupo en mendigo, y la hicimos entrambos.
- Su melena blanca, su bigote engomado, su perilla puntiaguda, que le temblaba al hablar, su voz hueca y solemne le daban el aspecto de un padre severo de drama, y alguno de los estudiantes que encontró este parecido, recitó en voz alta y cavernosa los versos de Don Diego Tenorio, cuando entra en la Hostería del Laurel en el drama de Zorrilla.
- El enfermo tuvo días de fiebre muy alta.
- Doña Virginia era una mujer alta, rubia, gorda, con una cara de angelito de Rubens que llevara cuarenta y cinco años revoloteando por el mundo.
- Separados por una tapia alta había enfrente dos jardines.
- Al anochecer, de esta terraza Andrés iba a una azotea pequeña, muy alta, construída sobre la linterna de la escalera.
- Había tenido una meningitis tuberculosa, con dos o tres días de un período prodrómico, y luego una fiebre alta que hizo perder al niño el conocimiento.
- En alguna de aquellas casas de prostitución distinguidas encontraba señoritos de la alta sociedad, y era un contraste interesante ver estas mujeres de cara cansada, llena de polvos de arroz, pintadas, dando muestras de una alegría ficticia, al lado de gomosos fuertes, de vida higiénica, rojos, membrudos por el sport.
- Estando en lo mejor del sermón, entra por la puerta de la iglesia el alguacil y, desque hizo oración, levantóse y con voz alta y pausada cuerdamente comenzó a decir.
- Como el caminante en el desierto sigue las huellas de otro, el marino en alta mar sigue la derrota de los antiguos nautas.
- El capitán de barco, Martín Pérez de Irizar, hijo de Rentería, cuando volvía de Cádiz de cargar un galeón de mercaderías, se encontró en alta mar con el corsario francés Juan Florín, cuyo nombre espantaba a cuantos salían al mar.
- Resistió en alta mar, cerca del Ecuador, dos terribles temporales en sus ligeras embarcaciones, y fué bordeando con ellas las costas del Brasil, de las Guayanas y de Venezuela.
- La alta nave se encontraba obscura y desierta.
- De cuando en cuando sonaba el órgano, y su voz armoniosa se levantaba hasta la alta bóveda.
- Estos esquistos de la montaña se apartan como las hojas de un libro abierto, y avanzan en el mar dejando arrecifes, rocas negras azotadas por un inquieto oleaje, y terminan en una peña alta, negra, de aire misterioso, que se llama Frayburu.
- La parte alta del Izarra era imponente.
- Con la marea alta saldremos más fácilmente dijo Recalde.
- Sobre ella, dominándola en toda la extensión y limitando el arenal, hay como una cornisa de dunas de treinta o cuarenta metros en la parte más alta, formadas por masas de arena y de arcilla, amarillentas y blancas, cortadas en unas partes a pico, en otras constituídas por mamelones terrosos llenos de grietas, de anfractuosidades y de torrenteras.
- En cambio, educaba a nuestro perro y a la mona Mari Zancos, a la alta escuela.
- Cuando no teníamos mucho tiempo ni gran seguridad, avanzábamos sobre un banco de arena, en la marea alta, y en la baja, cuando se retiraba el agua, limpiábamos con una escoba de brezo lo que se podía.
- Cruzamos por delante de la costa alta y escarpada de Orio, pasamos el arenal de Zarauz y dejamos atrás el monte de San Antón, que se dibujaba sobre el mar como una ballena de color gris.
- La parte más alta del coronamiento de popa estaría lo menos a treinta pies sobre el agua, y de ella colgaba un gran farol, que brillaba en el ambiente gris del anochecer.
- Si atábamos la cuerda en la galería alta, podríamos bajar a la otra.
- Una muralla de piedra, negruzca y alta rodea a Urbia.
- Este camino, en la parte alta, tiene a los lados varias cruces de piedra, que terminan en una ermita y por la parte baja, después de entrar en la ciudad, se convierte en calle.
- Enfrente se erguía un monte de dos mil pies, según el mapa de la provincia, con algunos caseríos en la parte baja, y en la alta, desnudo de vegetación, y sólo cubierto a trechos por encinas y carrascas.
- A Martín no le agradó el espectáculo y dijo en voz alta, y algunos fueron de su opinión, que el oso atado no podía defenderse.
- ¡Arrayua! ¡El Cura! exclamó el cochero en voz alta.
- Cuando despertó, vió que entraba un rayo de sol por una alta ventana iluminando el destartalado zaquizamí.
- La reja, era alta, pequeña, con tres barrotes sin travesaño.
- En fin, vamos a ver a mi amiga dijo en voz alta.
- A la entrada de Zaro, como en otros pueblos vasco franceses, hay una gran cruz de madera, muy alta, pintada de rojo, con diversos atributos de la pasión.
- Yo estaba tan orgulloso de encontrarme a bordo del Santísima Trinidad, que me llegué a figurar que iba a desempeñar algún papel importante en tan alta ocasión, y por eso no dejaba de gallardearme con los marineros, haciéndoles ver que yo estaba allí para alguna cosa útil.
- Volvía al alcázar de popa, cuando una bala de cañón le alcanzó en la pierna derecha, con tal acierto, que casi se la desprendió del modo más doloroso por la parte alta del muslo.
- En las grandes tempestades el barco necesita achicarse, de alta encina quiere convertirse en humilde hierba, y como sus mástiles no pueden plegarse cual las ramas de un árbol, se ve en la dolorosa precisión de amputarlos, quedándose sin miembros por salvar la vida.
- En todos los países que había visitado había subido a la montaña más alta, y si no las había, a la más soberbia torre.
- Algunos fatuos estimaban en mucho la propiedad de una casa, por miserable que fuera, en la parte alta de la ciudad, a la sombra de la catedral, o de Santa María la Mayor o de San Pedro, las dos antiquísimas iglesias vecinas de la Basílica y parroquias que se dividían el noble territorio de la Encimada.
- El Magistral hablaba en voz alta de modo que sus palabras resonaban en las bóvedas y los demás con el ejemplo se arrimaron también a gritar.
- La cual siempre había sido hija de confesión de don Cayetano, pero este, que de algunos años a esta parte sólo confesaba a algunas pocas personas, señoras casi todas, de alta categoría, escogidísimos amigos y amigas, al cabo se había cansado también de esta leve carga, pesada para sus años.
- Si estuviéramos en un barco, no sería tan inoportuno pensaba ¡pero en una catedral! El Infanzón estaba en rigor como en alta mar, y cada vez que oía decir la nave del Norte, la nave del Sur, la nave principal, se creía al frente de una escuadra y se figuraba que don Saturno apestaba a brea.
- Al salir del bosque había visto un prado de yerba muy verde y muy alta.
- ¡Ta, ta, ta, ta! dijo en voz alta sin pensar que estaba en la iglesia.
- En un cuarto de hora, empleado en recorrer calles y plazuelas, don Álvaro hizo sentir al otro aquellos algos indefinidos del amor dosimétrico, que era la más alta idealidad a que llegaba el espíritu del Marquesito.
- No había una casa más alta que otra.
- ¿Para qué poner tan alta la lámpara?
- Calló por discreción, pero ordenó a los criados que colocaran más alta la lámpara.
- Era alta, delgada, rubia, graciosa, pero no tanto como pensaba ella.
- A los lados se extendían prados de yerba alta y espesa y campos de hortaliza.
- Mire usted, señora, ¡cosa más rara! a ninguna de esas ramas le queda más hoja que la más alta, la de la punta.
- Lo ven todo, lo revuelven todo, y les queda tiempo para marear a los horteras y tomar varas al sesgo (frase de Orgaz) de los señoritos que pasean por la acera disputando en voz alta para anunciar su presencia.
- En seguida entró en el despacho una joven de veinte años, alta, delgada, pálida, pero de formas suficientemente rellenas para los contornos que necesita la hermosura femenina.
- Cuando Petra iba a atravesar el umbral, ocupó la puerta por completo una mujer tan alta casi como el Magistral y que parecía más ancha de hombros.
- Leyó en alta voz.
- Nada, nada, señores, ya lo oyen ustedes dijo el Provisor en voz alta, para que se enterasen todos los presentes y no le aburrieran más en las oficinas del gobierno civil dicen que se resolverán los expedientes uno a uno, porque no hay criterio general aplicable, es decir, que no se resolverán nunca los expedientes dichosos.
- Olvido era una joven delgada, pálida, alta, de ojos pardos y orgullosos.
- Todas las señoras menos una, alta, gruesa y vestida con hábito del Carmen (una señora que parecía un fraile) sostenían que tiene más mérito la buena casada del siglo que la esposa de Jesús.
- XIV Era el Espolón un paseo estrecho, sin árboles, abrigado de los vientos del Nordeste, que son los más fríos en Vetusta, por una muralla no muy alta, pero gruesa y bien conservada, a cuyos extremos ostentaban su arquitectura achaparrada sendas fuentes monumentales de piedra obscura, revelando su origen en el ablativo absoluto Rege Carolo III, grabado en medio de cada mole como por obra del agua resbalando por la caliza años y más años.
- Sobre la sierra, cuyo perfil señalaba una faja de vapor tenue y luminoso, brillaban las estrellas del carro, la Osa mayor, y Aldebarán, por la parte del Corfín, casi rozando la cresta más alta de la cordillera obscura, lucía solitario en una región desierta del cielo.
- Los ruidos de la ciudad alta llegaban apagados y con intermitencias de silencio profundo.
- ¡Deben de ser ellos! ¡qué tarde! dijo en voz alta, acercándose a la cuneta de la carretera, a la sombra de un farol de los del paseo.
- Parecía alta, bien formada.
- Paula era entonces una joven alta, blanca, fresca, de carne dura y piel fina, pero mal hecha.
- Mente, dijo en voz alta.
- Capas negras y pardas, sombreros de copa alta absurdos, horrorosos.
- Salió de la glorieta hablando en voz alta, pero no muy alta, aparentando no temer al ruido, pero temiéndolo.
- Era alta, ancha de hombros, y su larga viudez casta parecía haber echado sobre su cuerpo algo como matorral de pureza que le daba cierto aspecto de virgen vetusta.
- Y, como en desagravio, para engañarse a sí propio, suspiró con fuerza y exclamó en voz alta.
- Y luego, sacudiendo la cabeza, y extendiendo los brazos hacia el techo, había añadido en voz alta, para dar más solemnidad a su protesta.
- Y corrió aturdido a ponerse la levita y el sombrero de copa alta.
- Ya tengo el don de lágrimas, leyó el Magistral en voz alta como diciéndoselo a jilgueros y gorriones, petirrojos y demás vecinos de la enramada, ya lloro, amigo mío por algo más que mis penas.
- Estos últimos párrafos ya no los leía el Magistral en voz alta, sino que había vuelto a sentarse y leía sin ruido y para dentro.
- Tú vencerás, Dios mío, tú vencerás exclamó en voz alta, hablando con las nubecillas rosadas que imitaban en el cielo las olas del mar en calma.
- Algunas buenas mozas, mal pergeñadas, alababan la idea en voz alta.
- La capilla desde la que oía misa la Regenta estaba separada sólo por una verja alta de la en que se habían escondido los trasnochadores del Casino.
- Ana vio y oyó que en aquel traje grotesco Quintanar leía en voz alta, a la luz de un candelabro elástico clavado en la pared.
- En la mesa de petitorio, colocada frente al altar mayor a espaldas del cancel de la puerta principal, pedían limosna y vendían libros devotos, medallas y escapularios las damas de más alta alcurnia, las más guapas y las más entrometidas.
- Alta, escuálida, de negro, pálida como el hijo, con cara de muerta como él.
- La pareja se escondió bajo la bóveda no muy alta de una galería de perales franceses en espaldar.
- Don Víctor entró detrás diciéndose a sí mismo en voz alta.
- Era grande, alta, confortable, construida por modelo de París.
- Lo más del tiempo semejante inquietud dejaba libre al Tenorio vetustense gozando de aquellos amores que reputaba la gloria más alta de su vida.
- Después de almorzar en Roca Tajada, en la taberna de Matiella, estanquero y albañil, grande amigo de Frígilis, los dos amigos cazadores dejaron el camino real, y por prados fangosos de hierba alta, de un verde obscuro, llegaron otra vez a las orillas del Abroño, allí más ancho, rodeado de juncos y arena, rizado por las ondas verdes que le mandaba el mar ya vecino.
- Esta fornida guisandera, un tanto bigotuda, alta de pecho y de ademán brioso, había vuelto la casa de arriba abajo en pocas horas, barriéndola desde la víspera a grandes y furibundos escobazos, retirando al desván los trastos viejos, empezando a poner en marcha el formidable ejército de guisos, echando a remojo los lacones y garbanzos, y revistando, con rápida ojeada de general en jefe, la hidrópica despensa, atestada de dádivas de feligreses.
- Y en voz alta.
- La menor no hay duda que era muy linda, blanca con cabos negros, alta y esbelta, pero la mal disimulada pasión de ánimo, las cárdenas ojeras, amenguaban su atractivo para don Pedro, que no estaba por romanticismos.
- No era alta, ni sus facciones se pasaban de correctas, a excepción de la boca, que era una miniatura.
- ¡Vaya unos santos más mal hechos y unas santas más flacuchas y sin forma humana!, ¡unas columnas más toscamente esculpidas! Sería de ver a alguno de estos sabios que escudriñan el sentido de un monumento religioso, consagrándose a la tarea de demostrar a don Pedro que el pórtico de la Gloria encierra alta poesía y profundo simbolismo.
- Pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don Vicente el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la más alta dignidad que cabe en la tierra, ¿quién le vedaba el gustazo de juzgar a su modo la conducta del amo y las señoritas, de alardear de discreción, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que ella si fuese señora no realizaría jamás, y de oír que personas de respeto alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su dictamen?
- Iba éste a montar, cuando reparó en la cabalgadura que estaba dispuesta para Nucha, y era una mula alta, maligna y tozuda, arreada con aparejo redondo, de esos que por formar en el centro una especie de comba, más parecen hechos para despedir al jinete que para sustentarlo.
- El capellán leía el Año cristiano en alta voz, y poblábase el ambiente de historias con sabor novelesco y poético.
- Una de las cruces, más alta que las demás, tenía escrito en letras blancas un nombre.
- Era una palmera muy alta.
- Sí, era una palmera muy alta.
- Una era alta y morena.
- He aquí lo que dice una de ellas, que Azorín ha leído en voz alta.
- ¡era tan sencillo! Fué nuestro padre le dijo a su hermana y jamás le oímos una palabra más alta que otra.