¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras barco, y y mar aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 3 palabras.
Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.
- Pues debiendo salvarme, no había más remedio que lanzarme fuera del barco que se sumergía.
- Iv Desde el corredor alto se veía parte del Campo de Guardias, el Depósito de aguas del Lozoya, el cementerio de San Martín y el caserío de Cuatro Caminos, y detrás de esto los tonos severos del paisaje de la Moncloa y el admirable horizonte que parece el mar, líneas ligeramente onduladas, en cuya aparente inquietud parece balancearse, como la vela de un barco, la torre de Aravaca o de Húmera.
- ¡Y cómo se parecía a esta tonta de Aurora Fenelón! Todo pasó, todo va cayendo atrás revolviéndose en la estela que deja el barco.
- Quedaban sobre las pilas de platos en forma de mitra, barco, bonete o flor, y en el centro, como toque maestro, colocaba un pequeño bouquet.
- Y yo fui tan tonto, que perdí el tiempo y hasta algún dinero para poner a flote tu fortuna, que hacía agua por todas partes como un barco viejo.
- Pero allí estaba el amo para remediarlo todo, y por mucho que se despilfarrase, los cobros de diferencias a fin de mes eran tan exorbitantes, que empujaban vertiginosamente aquel barco falto de dirección y haciendo agua por todas partes.
- He oído decir que los marinos viejos sienten una pasión loca por el barco en que han pasado su vida.
- Ha naufragado el barco, y el capitán debe morir.
- El egoísmo ha hecho el sendero, el camino, la calle, el ferrocarril, el barco, todo.
- Todavía el barco de vela dominaba el mundo.
- El marino, en su barco de hierro, sabe cuánto anda, cuándo va a parar.
- Hoy, el mar ha cambiado, y ha cambiado el barco, y ha cambiado también el marino.
- Antes, el barco de vela era una creación divina, como una religión o como un poema.
- Hoy, el barco de vapor es algo continuamente cambiante como la ciencia.
- Hoy, es la máquina la impulsadora del barco, algo exacto, matemático, medido.
- Mi padre, Damián de Andía, fué también capitán de barco.
- Era de estos vascos que dejan todo su lastre de intolerancia y de fanatismo al pisar el primer barco.
- El bazar, con sus aros y sus pelotas de goma, ha perturbado la marcha del severo barco con sus velas y sus anclas.
- Los días de temporal, más que una casa, parecía aquello un barco.
- Representaba un barco luchando con las olas en medio de un temporal.
- El barco éste era La Constancia, fragata que mandó, durante mucho tiempo, el padre de mi abuela.
- El capitán de barco, Martín Pérez de Irizar, hijo de Rentería, cuando volvía de Cádiz de cargar un galeón de mercaderías, se encontró en alta mar con el corsario francés Juan Florín, cuyo nombre espantaba a cuantos salían al mar.
- Al divisar el galeón del capitán guipuzcoano, como el francés le atacara con brío, Irizar se defendió en su barco, valientemente.
- Arriba del crucero de la iglesia, colgaba el barco de vela y se balanceaba suavemente, como si fuera navegando hacia los esplendores de oro que brillaban en el altar mayor.
- Durante mucho tiempo, el misterio de Juan de Aguirre inquietó mi espíritu, y con este misterio relacionaba aquel funeral en la iglesia, con las nubes de incienso en el aire y el barco de vela colgado del crucero, como si fuera navegando hacia los fuegos de oro del altar mayor.
- Ya dominaba uno sus nervios como un piloto domina su barco.
- Yurrumendi había formado parte de la tripulación de un barco negrero.
- Si el maldito holandés se acerca al barco de uno, el vino se agria.
- Esta canción solía decir la cantaba Gastibeltza, un piloto paisano nuestro, de un barco negrero en donde yo estuve de grumete.
- Al oírla, yo me figuraba una tripulación de piratas al abordaje, trepando por las escalas de un barco, con el cuchillo entre los dientes.
- Cuando se trataba de un barco, siempre tenía que explicar con detalles la clase de su aparejo, su tonelaje y sus condiciones marineras.
- Como tenía tantas dificultades para andar en lancha, decidimos Zelayeta y yo comprar un barco de juguete para ver cómo se hacían las maniobras, y fuimos los dos a casa de Caracas, que era el maestro constructor de aquella clase de barquitos.
- Adornaba el fondo de esta covacha un gran mascarón de proa, pintado y dorado, de algún barco antiguo.
- De tarde en tarde tenía que hacer algún modelo de barco de vela, para colgarlo en la iglesia de un pueblo próximo, y, cuando estaba concluído y pintado, los pescadores amigos desfilaban por el rincón aquel, para ver la obra maestra.
- Zelayeta y yo intimamos con aquellos y otros avinados personajes, al ir a ver cuándo concluía Caracas nuestro barco.
- Cuando Caracas concluyó nuestro barco, fuimos, Zelayeta y yo, a la rampa del muelle, lo pusimos en el agua, y el barco, como si estuviera cansado, se tendió suavemente y se le mojaron las velas.
- Por más arreglos que intentamos hacer, no llegamos a poner a flote el barco construído por Caracas.
- En la cubierta del barco encallado, dos hombres y una mujer accionaban y gritaban.
- Sin duda la tripulación del barco, dándose cuenta del peligro antes que el capitán, se apoderó del bote, que chocó con algún arrecife y se fué a pique.
- La quilla estaba hincada entre los peñascos de Frayburu, y no hubo manera de arrancarla de allí y de poner el barco a flote.
- Cuando mejoró el tiempo unos cuantos hombres descargaron el barco y lo desmantelaron.
- El mar chocaba contra las peñas y sobre el costado del barco, produciendo un ruido violento como el de un trueno, las gaviotas comenzaban a revolotear en derredor nuestro, lanzando gritos salvajes.
- Estábamos a veinte pasos del barco.
- Les eché una cuerda, que ataron al Cachalote, y luego, saltando como yo, de una piedra en otra, subieron al barco.
- Luego nos dispusimos a reconocer el barco.
- A veces, un golpe de mar violento hacía estremecerse a todo el barco, y, entonces, los hierros y argollas, la rueda del timón y la obra muerta, rechinaban como con una protesta de malhumor.
- Pero no teníamos fuerza para subirla hasta la cubierta del Stella Maris, y fuimos llevándola hasta el lado donde no azotaban las olas, entre el barco y Frayburu.
- Don Ciriaco, como su barco, era también muy atildado y muy pulcro.
- Vente a dormir al barco.
- Fuimos al barco, dormí yo en mi camarote y por la mañana me despertaron dos golpes en la puerta.
- En esto, un amigo mío, Fermín Menchaca, capitán de barco metido a comerciante en Cádiz, fué al pueblo, donde acababa de morir su padre, que era patrón de una lancha.
- Pues cuando le entregaron el pliego de historia del barco y leyó el nombre, Menchaca estuvo a punto de tener una congestión.
- ¡Demonio! ¿Cómo se llamaba el barco?
- No era posible que a Cepeda se le hubiese ocurrido aquella idea de bautizar así el barco, con el fin de mortificar a su socio.
- Yo quise acompañarle hasta el barco.
- En el barco supe que se había casado.
- Un barco es un pequeño mundo aparte, donde las simpatías y las antipatías se establecen rápidamente, y el Morito era joven y había simpatizado conmigo.
- A veces se me ocurría la idea de marcharme al barco y encerrarme allí.
- ¿Del mismo nombre, del mismo pueblo y que hubiera navegado de piloto en el mismo barco?
- Su final lo desconocía, pero era indudable que mi tío, después de andar en algún barco negrero o pirata, había sido preso.
- Tenía tanto deseo de ver tierra, que rechacé la proposición de un compañero que quería llevarme en su barco hasta Bilbao, y tomé la diligencia para Madrid.
- Ahora me espanta la idea de volver a mi barco, de hundirme en el ajetreo contínuo del acontecimiento.
- Saca sus compases y allí se está, dibujando las piezas de un barco, sin levantar cabeza.
- El esqueleto del barco se va cubriendo, la obra marcha.
- Los calafates van clavando gruesos clavos en el costado del barco, a golpes de martillo.
- Luego, todos van cogiendo alquitrán con los candiles de calafatear, y rellenan las hendiduras del barco, hundidos en el fango como patos.
- Y cuando el barco queda a flote, y todo el mundo dice que es un gran barco, hay que verle a Shempelar haciendo esfuerzos maravillosos para demostrarse a sí mismo que tiene motivos, motivos graves, motivos serios para estar profundamente incomodado.
- Decidido, audaz, acostumbrado a mandar como se manda en un barco, no podía soportar que nadie le contrariase.
- Recalde creía que el verdadero orden en una casa consistía en ponerla a la altura de un barco.
- Recalde, el terrible Recalde, comprendió que allí no estaba en su barco, y se fué a navegar.
- Algún barco de vela se presenta en el horizonte, y pasa una gaviota despacio, casi sin mover las alas.
- En las paredes del cuartucho había unos mapas, un barómetro, un reloj de barco y una brújula.
- Un tal Iriberri, capitán de barco, me dijo dónde debía usted de estar.
- Iriberri, Francisco Iriberri, que mandaba el Fénix, un barco negrero.
- Creía deber suyo no perjudicar a nadie, y el director de la casa lo sacó del barco y lo llevó al almacén, donde le ocurrió el percance de la pierna.
- Le dije que la derrota de mi barco era tan larga, que tendría que estar dos o tres años sin venir a Lúzaro y sin ver a Mary.
- Iba a tener barco que mandar.
- Si no, me quedaba en el barco, escribiendo a Mary.
- El capitán deseaba buscar aparejos para su barco.
- En el escaparate, ancho y de poca altura, se veían fanales de barco, rodeados de alambres gruesos y dorados.
- Tristán de Ugarte era el nombre con que el médico de Elguea había extendido la partida de defunción de mi tío, y El Dragón el nombre del barco en donde había navegado Juan de Aguirre, según me contó Francisco Iriberri.
- Me despedí del capitán y de Itchaso, fuí a mi barco, y a las cinco en punto estaba en el muelle de Borgoña, en la tienda de objetos navales.
- Le dije a mi nuevo conocido que no tenía plaza en ningún barco, que deseaba ir a América, y le enseñé mis certificados de buena conducta.
- El barco en donde estaba era un barco negrero.
- Ya en el barco me pintaron el porvenir de color de rosa.
- El barco en donde acababa yo de entrar involuntariamente era un barco moderno para la época.
- Un barco de carga con gran bodega, una verdadera urca holandesa, de aquellas que llamaban urcas mayores.
- Como barco de carga destinado al transporte de mercancías, era un tanto pesado.
- Se llamaba El Dragón, nombre que trascendía a barco pirata.
- Comparado con los de hoy, aquel barco daría rísa.
- No era este barco como aquellos viejos bombos holandeses que en mi tiempo se veían arrinconados en los puertos.
- Su color era negro, con una faja blanca, y tenía portas fingidas para darse aires de barco de guerra.
- El Dragón era un buen barco, un barco seguro, en el que uno se podía confiar, con una arboladura gallarda y muchas velas de cuchillo.
- Subía al alcázar de proa, inspeccionaba el sollado, recorría el barco mirándolo todo, riñendo porque no encontraba las cosas bastante limpias, y al final de su paseo escalaba la toldilla de popa y se apoyaba en unos de los cañones.
- Zaldumbide hacía la estima calculando el punto de situación en que se hallaba el barco, la dirección que se debía seguir según las indicaciones de la aguja náutica, y las distancias medidas con la corredera.
- Usted sabe muy bien, mi oficial, que el hombre que manda durante mucho tiempo un barco de vela, llega a mirarle como una cosa viva.
- Yo, al principio, no andaba apenas por el barco.
- Ilustración IV DE OTRAS PERSONAS DISTINGUIDAS QUE FORMABAN LA TRIPULACIÓN DE EL DRAGÓN Como barco cuya tripulación la formaban gentes perseguidas y fuera de la ley, había allá mucho tipo extraño.
- Un chino rubio que se dedicaba a cazar todas las ratas del barco y a comérselas.
- La tripulación, borracha, no hacía caso de los silbidos del contramaestre, y marchábamos expuestos a chocar con otro barco o con algún bajo cualquiera.
- Don José había trabajado en casi todos los puntos de España y de sus Indias después, encontrando pequeña su patria para su gloria, había ido a otros países, hasta que, viéndose perseguido, tuvo que meterse en el barco negrero, cosa que le repugnaba profundamente por sus sentimientos de humanidad.
- Otros dos tipos curiosos teníamos en el barco.
- El doctor Cornelius tenía un sistema extraño de espionaje en el barco.
- Así como el doctor Cornelius era la bestia negra del barco, un jettator, como dicen los italianos, o un Jonas, como dicen los ingleses, Tommy, el grumete, era la mascota.
- Como Tommy no hacía nada, todos los trabajos del barco iban a dos pobres muchachos, el uno portugués y el otro bretón, a quienes aquellos bárbaros de marineros trataban a golpes.
- Otro de los personajes importantes del barco era Poll.
- Después, Zaldumbide, al tenerlos en el barco, les hablaba, porque sabía algo del bantú y del mandigo, y les decía, en aquella infame algarabía negra, que les iba a llevar o un país en donde no harían más que tomar el sol y comer habichuelas con tocino.
- Al revés, había negro que, salido de la prisión, al verse en el barco con cierta libertad y sin ser golpeado, consideraba al capitán como a un bienhechor.
- El negro es un inocente, e iba así en el barco entretenido, sin ganas de sublevarse.
- Por dentro y por fuera teníamos que limpiar el barco casi continuamente.
- Después, al mismo tiempo, con los cabrestantes empezábamos a estirar las amarras atadas al palo mayor y a las dos anclas, hasta conseguir que el barco se tumbase por una banda y descubriera la quilla.
- Old Sam daba un martillazo a la palomilla de hierro que sujetaba el ancla de proa, y poco después se echaban las otras tres y quedaba el barco inmóvil.
- Según algunos marineros, el doctor Cornelius había echado la maldición al barco.
- Se acercaban al barco e iban subiendo por la escala, entrando por el portalón y desapareciendo por la escotilla de la bodega.
- Por la noche entraban los trescientos chinos en el barco.
- Pero tened en cuenta que podemos hacer saltar el barco.
- Todo el mundo dormía, y el barco navegaba a la ventura.
- A la luz pálida del alba se veía el cadáver de Zaldumbide, colgado de una verga, balanceándose con los movimientos del barco.
- Desde la sobrecámara pudimos presenciar el alboroto del barco.
- Por la noche del segundo día debió cambiar el tiempo, porque el barco empezó a navegar, dando tumbos, y comenzó a llover.
- Van a conseguir que el barco se hunda.
- Era el momento oportuno de apoderarse de nuevo del barco.
- Tristán hizo que se trajeran tres rifles más para Old Sam, Allen y el joven grumete, y, a la luz de una literna que llevaba Tommy, nos lanzamos los nueve a pacificar el barco.
- El barco estaba sucio, lleno de basura, de manchas de sangre.
- Los días siguientes a la pacificación del barco estuvo lloviendo en abundancia, y llenamos los aljibes.
- En esto se nos acercó un barco que iba a la deriva de una manera desesperada.
- El barco aquél se hallaba apestado.
- Tristán, el de la cicatriz, fué a ver al capitán, y le propuso que se modificaran los libros de a bordo, se cambiara el nombre del barco y nos quedáramos con él.
- Entre el segundo contramaestre, el cocinero y Tristán, el de la cicatriz, hicieron un pacto para apoderarse del barco y formar una asociación de piratas.
- Los vascos nos libramos del vómito negro y del escorbuto, que comenzó también a presentarse en el barco.
- Pasamos días muy angustiosos, ateridos de frío, y estuvimos a punto de chocar con un enorme banco de hielo que venía flotando, al que tomamos al principio, entre la niebla, por un barco con las velas desplegadas.
- Después de la conferencia, el capitán mandó poner el barco al pairo.
- Si el barco era sospechoso de piratería, se quedaban con la presa.
- El barco de guerra lanzó una de las chalupas, para que viniera a visitarnos a bordo.
- El barco de guerra se dió cuenta de la estratagema y comenzó a dispararnos cañonazos.
- Tristán, el de la cicatriz, dijo al teniente que, si no le parecía mal, iba a abrir un boquete al barco.
- Íbamos remolcados por El Dragón y protegidos por él, cuando el capitán cortó la amarra y comenzamos a alejarnos del barco a fuerza de remos.
- Los del crucero temían, sin duda, alguna estratagema, porque iban acercándose despacio al barco abandonado.
- Si el barco se había dedicado a este negocio, era antes de que entráramos en él.
- Estábamos ayudando a la maniobra del Argonauta, así se llamaba el navío inglés en que íbamos prisioneros, cuando pasó un barco francés a poca distancia.
- Me despedí de Itchaso y me fuí a mi barco.
- Firme en mi decisión, escribí a la Compañía, pregunté en el puerto si algún barco zarpaba hacia la costa de España y me metí en un vapor que iba a Bayona.
- Venía en el barco un indiano vascongado que embarcó en Buenos Aires en mi barco.
- El barco se inclinó de costado y comenzó a deslizarse volando.
- El mar se cortaba bajo la proa del barco y cuchicheaba dulcemente, íbamos dejando una estela blanca, brillante, a la luz del amanecer.
- El barco marchaba jugueteando entre las olas negruzcas, llenas de reflejos, de blancos meandros de espuma.
- A los lados del barco el agua producía un murmullo, interrumpido por el estruendo de algún golpe de mar.
- Los dos hombres rápidamente me bajaron por la rampa del muelle y me tumbaron a proa en la cubierta de un barco.
- Los dos hombres, dejándome a mí atado y con la boca tapada, cogieron cada uno un remo y, apalancando en las paredes y remando, llevaron el barco hasta las puntas.
- Luego saltaron los dos al barco y oí el ruido que hacian al alejarse.
- ¡Qué bien han hecho la maniobra! Sí, el barco es bueno dijo el criado.
- Alguno llegó a manifestar la sospecha de si Machín no habría salido con su barco con la idea de hacernos naufragar.
- Va de Cádiz a Filipinas en un barco.
- Debías enterarte del nombre del barco.
- Sabía que Juan de Aguirre navegaba en la derrota de Cádiz a Filipinas, pero ni la Shele ni yo pudimos averiguar en qué barco.
- Muy joven comencé a navegar, y en el barco tuve que ir olvidando cuantas enseñanzas me dio mi madre.
- No es fácil que un barco de comercio pueda luchar en velocidad con estas lanchas, que tienen grandes condiciones marineras.
- Como todos los capitanes que llevan muchos años en un barco, él había navegado casi siempre en aquél, sabía lo que daba de sí su Asia, y no le pedía más.
- Intenté marcharme del barco.
- Ugarte estaba de piloto en un barco negrero.
- Se hallaba cansado del mar, de la vida agitada del barco negrero, y quería recalar en un rincón y pasar unos años carenándose.
- Batirme todos los días, pasar a cuchillo al que se me pusiera por delante, y morir cualquier día de un balazo en la borda de un barco.
- En el barco en donde yo estoy no te van a tomar con mis papeles y con mi nombre.
- Yo no pienso ir a tu barco.
- ¿Dónde está el barco?
- Mi mejor amigo en el barco era Allen.
- Por lo que me decían todos, antes de llegar yo al barco se llevaban partidas grandes de ébano, y la tripulación se mostraba dócil.
- Mi plan era llegar a Europa, entregar el barco a los armadores y volver a España.
- Marchando por el Pacífico, hacia el sur, nos encontramos con un barco desmantelado que nos hizo señales y nos preguntó si llevábamos médico.
- Al día siguiente teníamos el vómito negro en el barco.
- Ugarte tuvo la humorada de sublevar algunos marineros estando el barco atacado de fiebres.
- A la altura de San Vicente, un barco de guerra inglés nos dió caza dos veces, y a la última nos destrozó la arboladura de El Dragón a cañonazos.
- El médico de este barco era una excelente persona.
- El barco, desmantelado y sin palos, se destacaba como una mancha, obscura entre el cielo gris y el mar del mismo color.
- Alrededor del barco corría una galería baja, a flor de agua, con las ventanas tan próximas una a otra, que era imposible que pasara nadie ni nada por delante sin que lo vieran los centinelas.
- Un marinero holandés de la tripulación de El Especulador, un barco pirata que dió mucho que hablar en su tiempo, entabló negociaciones con él, y se comprometió a cederle una mina después de terminada.
- De aquí había que subir a la toldilla, que ocupaba casi la mitad posterior del barco, descolgarnos por las galerías de la cámara del comandante con una cuerda, y echarnos al mar.
- Agachados, corriendo por cerca de la borda, nos fuimos acercando hasta saltar a la toldilla de popa, que cogía casi toda la mitad del barco.
- Fuimos dejando atrás el barco fanal.
- ¿Qué importa robar un bote o un barco de vela?
- Por la mañana, raspamos el nombre del barco, que se llamaba Betty, y le bautizamos con el de Rosa, de la matrícula de Bangor, el pueblo de Allen.
- El barco cabeceaba de proa.
- Teníamos el recelo de que si entrábamos en cualquier puerto pudieran conocer el barco, y por primera providencia nos prendiesen.
- Ilustración Volví al barco y esperé a que llegara Allen.
- Izamos los foques y la cangreja, atamos la caña del timón y empujamos el barco metiéndonos en el agua.
- Nuestro barco seguía navegando.
- Pensábamos ir al sur, por la costa, a ganar Wexford, en donde podríamos tomar un barco que nos dejara en el continente.
- Es un antiguo capitán de barco.
- El capitán, sin duda, no tenía por costumbre ocuparse del barco, y se metió en su camarote a intoxicarse con whisky.
- Después vimos a la luz de la luna que el barco se acercaba a nosotros con las velas desplegadas.
- Parece que llega el barco, luego hablaremos.
- Volvieron a meterse en la taberna los cuatro hombres, y poco después se unieron a ellos Manisch, el patrón del barco la Fleche, que al entrar se quitó el sudeste, y dos marineros más.
- Al amanecer, el piloto vió hacia el cabo de Machichaco un barco que le pareció de guerra, y forzando la marcha entró en Zumaya.
- Varias compañías carlistas salieron al puerto dispuestas a comenzar el fuego, pero cuando reconocieron el barco francés se tranquilizaron.
- He ido de San Juan de Luz a Zumaya en barco, de Zumaya aquí a caballo.
- Me pareció que un barco pasaba entre nosotros y el San Hermenegildo.
- O yo estoy viendo pantasmas, o tenemos un barco inglés por estribor.
- Que el palo mayor se caiga por la fogonadura y me parta, si hay por estribor más barco que el San Hermenegildo.
- El barco enemigo se nos venía encima, lo cual me encabrilló (me alegró) el alma, porque así nos enredaríamos más pronto.
- Entonces nos quedamos todos tiesos de espanto, porque vimos que el barco con que nos batíamos era el mismo San Hermenegildo.
- Dos mil hombres apagaron fuegos aquel día, entre ellos nuestro comandante Ezguerra, y Emparán el del otro barco.
- ¿Qué es de un barco sin artillería?
- Habló luego de su barco, el San Juan Nepomuceno, al que mostró igual cariño que a su joven esposa, pues según dijo, él lo había compuesto y arreglado a su gusto, por privilegio especial, haciendo de él uno de los primeros barcos de la armada española.
- Figúrense ustedes cuál sería mi estupor, ¡qué digo estupor!, mi entusiasmo, mi enajenación, cuando me vi cerca del Santísima Trinidad, el mayor barco del mundo, aquel alcázar de madera, que visto de lejos se representaba en mi imaginación como una fábrica portentosa, sobrenatural, único monstruo digno de la majestad de los mares.
- La escuadra debía salir al día siguiente, ¡qué placer! Navegar en aquel gigantesco barco, el mayor del mundo.
- Las maniobras habían sido abandonadas, porque el barco no se movía ni podía moverse.
- El fuego cesó y los ingleses penetraron en el barco vencido.
- Cuando advertí el gozo y la satisfacción que les causaba haber apresado el más grande y glorioso barco que hasta entonces surcó los mares, pensé que también ellos tendrían su patria querida, que ésta les habría confiado la defensa de su honor.
- Los oficiales ingleses que habían entrado allí trataban a los nuestros con delicada cortesía, y según entendí, querían trasbordar los heridos a algún barco enemigo.
- Barco sin lastre no navega.
- También los vimos españoles y franceses, unos desarbolados, otros remolcados por algún barco enemigo.
- ¡Señor, que el barco se va a pique! exclamé de nuevo, no ya pintando el peligro, sino suplicando con gestos y voces.
- Lo peor del caso es que no divisábamos ningún barco.
- Obligaron a rendirse a los ingleses que custodiaban el barco.
- Pero ¿qué fuerza podía tener aquel barco para remolcar otro tan pesado como el Santa Ana, y que sólo podía ayudarse con las velas desgarradas que quedaban en el palo del trinquete?
- El Rayo, según opinión general, era un barco de malísimas condiciones marineras.
- Con arreglo a ella, yo construiría un barco de hierro de 7.000 toneladas.
- Para evitar el efecto de la artillería enemiga, yo forraría mi barco con gruesas planchas de acero.
- En las grandes tempestades el barco necesita achicarse, de alta encina quiere convertirse en humilde hierba, y como sus mástiles no pueden plegarse cual las ramas de un árbol, se ve en la dolorosa precisión de amputarlos, quedándose sin miembros por salvar la vida.
- Casi toda la popa estaba hundida, y los estallidos de los baos y de las cuadernas medio podridas anunciaban que bien pronto aquella mole iba a dejar de ser un barco.
- Volví los ojos a todos lados, y no vi más que las olas que sacudían los restos del barco.
- También supe que en la travesía del barco naufragado a la costa habían perecido algunos infelices.
- Lo cierto es que nos envolvió y nos dividió y nos fue rematando barco a barco de tal modo, que no podíamos ayudarnos unos a otros, y cada navío se veía obligado a combatir con tres o cuatro.
- Si estuviéramos en un barco, no sería tan inoportuno pensaba ¡pero en una catedral! El Infanzón estaba en rigor como en alta mar, y cada vez que oía decir la nave del Norte, la nave del Sur, la nave principal, se creía al frente de una escuadra y se figuraba que don Saturno apestaba a brea.
- Quería meterse en un barco y navegar hasta la tierra de los moros y buscar a su papá.
- Por allí hacía agua el barco.
- Los talleres cursis y embarazosos cargados con aceite y vinagre y con más especias que un barco de Oriente.
- Adiós, María Dolores, marcho mañana en un barco de flores para la Habana.
- Día hubo en que viajaba con Baco, Anita, recorriendo la India, o bien navegando en el barco prodigioso de cuyo mástil floreciente pendían racimos y retorcidos tallos, y tuvo que saltar de repente a la prosaica orilla del Soto, llamada por la voz del ex regente que gritaba.
- El barco es un puntito imperceptible.