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Frases que tengan las palabras: la, mona y come

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Frases con: la, mona y come

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Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • Jacinta era de estatura mediana, con más gracia que belleza, lo que se llama en lenguaje corriente una mujer mona.
  • ¿Qué puedo yo ocultar a esta mona golosa?
  • En épocas periódicas y casi fijas se hastiaba de sus correrías, y entonces su mujer, tan mona y cariñosa, le ilusionaba como si fuera la mujer de otro.
  • Dormía la mona de carne.
  • ¡Qué mona eres.
  • Tiene usted una casa muy mona.
  • ¡y qué mona estaba con su vergüenza! ¿Te acuerdas de aquel palmito descolorido con cabos negros?
  • Porque la mona aquella tenía días.
  • La boca, un poco grande, pero fresca y tan mona en la risa como en el enojo.
  • Pareces la mona del Retiro.
  • La mona se dio por enterada, y volvió a la cocina dando brincos.
  • Quitose con pausa los trapitos domingueros que se había empezado a poner, y volvió a llamar a la mona para decirle.
  • Por el contrario, era quizás la única pincelada feliz de aquel rostro semejante a las pinturas de la Edad Media, y hacía la gracia el tal bozo de ir a terminarse sobre el pico derecho de la boca con una verruguita muy mona, de la cual salían dos o tres pelos bermejos que a la luz brillaban retorcidos como hilillos de cobre.
  • Es tan novelera esta mona decía, que cuando tenemos mucho que hacer parece que se multiplica.
  • Por la tarde, cuando la señora salió, encargando que le limpiara la ropa, ocurriole a la mona tomar de su ama una venganza terrible.
  • ¡Es más mona.
  • ¡Ah! Jacinta era una mujer muy mona.
  • Pero muy mona, ¿verdad?
  • Fortunata tenía sus pensamientos tan en lo hondo, que no paró mientes en la increíble tontería de llamar mona a una custodia.
  • Pero a pesar de estas profanaciones artísticas, la iglesita estaba muy mona, como diría Manolita, apacible, misteriosa y relativamente fresca, inundada de la fragancia de las flores naturales.
  • Corrió a abrir la mona, y Fortunata no supo lo que le pasaba cuando vio entrar en la sala a Mauricia la Dura.
  • Pero la mona se le rebeló, chillando así.
  • Es probable que a la segunda acometida de Papitos, el clérigo se desperezara, y que ahuyentase a la mona con otro fuerte berrido, agasajando en su empañado cerebro la idea de que su tía debía esperar hasta la mañana siguiente.
  • Cuando le daban tales pruebas de confianza, delegando en ella la autoridad, la mona se crecía, y aguzado su entendimiento por la vanidad, desempeñaba sus obligaciones de un modo intachable.
  • Dijo la mona.
  • Dijo la mona, bailando el zapateado en el limpia barros del cuarto de la izquierda.
  • Y si no, venga usted a mi puesto, al puesto que tuve desde que me engañó aquel, y entonces veríamos las perfecciones que nos sacaba la mona esta.
  • Si el hombre mío me lo quita una mona golosa, y se me pone delante, ¡ay!, por algo me llaman Mauricia la Dura.
  • Me ocurría que no sabríais desenvolveros y que la mona se declararía en cantón, haciendo lo que le daba la gana.
  • ¡Jesús, esa mona otra vez.
  • Se le vinieron a la boca palabras duras para increpar a aquella mona del Cielo, que le había quitado lo suyo.
  • En esto la mona del Cielo, impaciente porque no venía Guillermina, salió un instante al corredor.
  • En esto vio que la mona volvía.
  • ¡Vaya con la mona del Cielo ! Ea.
  • La verdad es que tiene la mona un aire de señorío y de.
  • Sobre esto le diría algo sustancioso aquel sagaz conocedor del corazón humano y del mundo, porque ella se devanaba los sesos y no podía dar con la razón de que la mona le trastornase su espíritu.
  • Pues esa víbora de Papitos, con su cara de mona.
  • El modelito, el ángel, la mona de Dios.
  • Barbarita I había concebido el loco proyecto de casar a Moreno con esta sobrina suya, que era muy mona, y comunicado el pensamiento a Jacinta, esta lo encontró de lo más insensato que se le podría ocurrir a nadie.
  • Y dime otra cosa, idiota, ¿qué tiene esa mona para que de este modo te hayas embrutecido por ella?
  • Créete, como Dios es mi padre, que la mona del Cielo le quería también, y tenían sus citas.
  • En Junio, sí, bien me acuerdo, todo era te quiero y te adoro, y bastante que nos reíamos de la mona del Cielo, aunque siempre la teníamos por virtuosa.
  • ¿Quién demonios sabe lo que pasa en el interior de la mona ?
  • Entonces tenemos a la mona del Cielo de enhorabuena.
  • Yo vengaré a la mona del Cielo, y me vengaré a mí.
  • La mona se refugió entre las faldas de su ama, gritando.
  • Ya afirmaba la culpabilidad de la mona del Padre Eterno, ya la negaba.
  • ¡ay!, la dichosa mona me tiene debajo de su pie como tiene San Miguel al diablo.
  • La verdadera ley es la de la sangre, o como dice Juan Pablo, la Naturaleza, y yo por la Naturaleza le he quitado a la mona del Cielo el puesto que ella me había quitado a mí.
  • Francamente, estoy admirada del cariño que le tengo ahora a la mona del Cielo, cuando en otro tiempo, sólo de pensar en ella me ponía mala.
  • Los alaridos que la madre y el hijo daban, cada uno en su registro, no despertaron a José Izquierdo, pues este era hombre que en cogiendo la mona, no le enderezaba un cañón.
  • Mona del Cielo.
  • ¡Calle, siñora! ¡Cuan apurada está la pobre! Su marido nos ha salido un borrachín, un bufao, que todos los domingos vuelve de la taberna de Copa a cuatro patas, como un burro, y lo han de meter en la cama para que duerma la mona un par de días.
  • ¡Si al menos, en vez de orangután, me hubiera usted llamado mona! Otra vez será.
  • En aquella época, un marino volvía a su rincón con un anillo en la oreja, una pulsera en la muñeca y una cacatúa o una mona en el hombro.
  • La única distracción de Zaldumbide era jugar con Marí Zancos, una mona que le había regalado un capitán español.
  • Cuando se metía en el camarote, pasaba el tiempo jugando con sus monedas de oro, en compañía de la mona Mari Zancos.
  • En cambio, educaba a nuestro perro y a la mona Mari Zancos, a la alta escuela.
  • Era la mona Mari Zancos, acurrucada en los hombros del ahorcado.
  • Pronto la llamaron el comino orgulloso, la mona sabia.
  • ¡Estaría tan mona! Resolvió bajar.
  • ¡Anda, tinaja, cuba, mosquito! ¡Toma, toma, para que vuelvas otra vez, pellejo, odre! ¡Ve a dormir la mona, cuero! ¡A la taberna con tus huesos, larpán, tonel de mosto! ¡A la cárcel, borrachos, a vomitar lo que tenéis en esas tripas! Limpia estaba la calle.
  • Reiniña, mona, ruliña, calla, calla, que te he de dar cosas bunitas, bunitas, bunitiñas.