Palabras

Frases que tengan las palabras: nombre, con y ti

Si necesitas ejemplos de frases donde aparezcan los términos nombre, con y ti aquí tienes una lista de oraciones.

Frases con: nombre, con y ti

¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras nombre, con y ti aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 3 palabras.

Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • Las noticias más remotas que tengo de la persona que lleva este nombre me las ha dado Jacinto María Villalonga, y alcanzan al tiempo en que este amigo mío y el otro y el de más allá, Zalamero, Joaquinito Pez, Alejandro Miquis, iban a las aulas de la Universidad.
  • Hay en Madrid muchos casos de esta aplicación del diminutivo o de la fórmula familiar del nombre, aun tratándose de personas que han entrado en la madurez de la vida.
  • Mal conocido es en España el nombre de este peregrino artista, aunque sus obras han estado y están a la vista de todo el mundo, y nos son familiares como si fueran obra nuestra.
  • Adivinaba el fenómeno comercial, sin acertar a darle nombre, y en vez de echar maldiciones contra los ingleses, como hacía su marido, se dio a discurrir el mejor remedio.
  • Porque Madrid no tenía de metrópoli más que el nombre y la vanidad ridícula.
  • A esta fatiga ruda del espionaje materno uníase el trabajo de exhibir y airear el muestrario, por ver si caía algún parroquiano o por otro nombre, marido.
  • Por otro nombre la Melaera, ¡qué basilisco!
  • Algo había oído sin duda, por lo menos el nombre de la calle.
  • Tú sabías el nombre de la calle.
  • El nombre.
  • ¿Qué me meto yo en el bolsillo con saber un nombre más?
  • Es un nombre muy feo.
  • ¡Sagunto! ¡Ay, qué nombre!, cuando se le ve escrito con las letras nuevas y acaso torcidas de una estación, parece broma.
  • Un nombre.
  • Pero el nombre, nene, el nombre nada más.
  • En tu vida más me has de mentar ese nombre, ni has de hacer la menor alusión.
  • Pero Segunda había traspasado la huevería y tenía en la misma Cava un poco más abajo, cerca ya de la escalerilla, una covacha a que daba el nombre de establecimiento.
  • Asimismo lleva en su árbol el nombre de Trujillo, la mujer de Zalamero, subsecretario de Gobernación.
  • Por ejemplo, cuando Pepito Trastamara, que lleva el nombre de los bastardos de Don Alfonso XI, va a pedir dinero a Cándido Samaniego, prestamista usurero, individuo de la Sociedad protectora de señoritos necesitados.
  • Iii Los de Santa Cruz vivían en su casa propia de la calle de Pontejos, dando frente a la plazuela del mismo nombre.
  • El ex subsecretario de Gobernación, Zalamero, leía clarito en el porvenir el nombre del Rey Alfonso, y el concejal decía que el alfonsismo estaba aún en la nebulosa de lo desconocido.
  • En el nombre del Padre.
  • Iii ¡El Dulce Nombre!
  • Pepe Samaniego apareció en la puerta a punto que Don Baldomero pregonaba su nombre y su premio, y el favorecido no pudo contener su alegría y empezó a dar abrazos a todos los presentes, incluso a los criados.
  • Entonces sentía las cosquillas, pues no merecen otro nombre, las cosquillas de aquella infantil rabia que solía acometerla, sintiendo además en sus brazos cierto prurito de apretar y apretar fuerte para hacerle sentir al infiel el furor de la paloma que la dominaba.
  • Se había acostumbrado de tal modo Jacinta a la idea de hacer suyo a Juanín, de criarle y educarle como hijo, que le lastimaba al sentirlo arrancado de sí por una prueba, por un argumento en que intervenía la aborrecida mujer aquella cuyo nombre quería olvidar.
  • Cuando el error se ve amenazado de esa ridiculez a que el lenguaje corriente da el nombre de plancha, hace desesperados esfuerzos, azuzado por el amor propio, para prolongar su existencia.
  • Fortunata no se acordaba del nombre, pero era una que estaba bañándose.
  • Pues con el deseo de serlo y un nombre, ya está hecha la honradez.
  • ¡Tener un nombre, no tratar más con gentuza, sino con caballeros y señoras! Maximiliano era un bienaventurado, y seguramente la haría feliz.
  • Calcula que los que me conozcan te van a llamar el marido de la Fortunata, en vez de llamarte por tu nombre de pila.
  • Yo no puedo consentir que una pindonga de esas te coja y te engañé para timarte tu nombre honrado, como otros timan el reloj.
  • Más pronto se le iban los ojos detrás de un jamón que de una cadera, por suculenta que esta fuese, y la mejor falda para él era la que da nombre al guisado.
  • Vivirá feliz y considerada, tendrá un nombre respetable, y habrá quien la adore, no por sus gracias personales, que maldito lo que significan, sino por las espirituales, que es lo que importa.
  • Llamábase Don León Pintado, y en nada correspondía la persona al nombre.
  • La puse por nombre Adoración.
  • Si él no se acuerda ya ni del santo de mi nombre.
  • ¡En el nombre del.
  • Con ayuda de la razón, estimulaba en su propia voluntad la dirección aquella, y se alegraba de tener casa, nombre y decoro.
  • Figurábase ser una muñeca viva, con la cual jugaba una entidad invisible, desconocida, y a la cual no sabía dar nombre.
  • Porque así eres más libre y tienes un nombre.
  • Lo que acababa de hacer era de lo que apenas tiene nombre, por lo muy extraordinario y anormal, en el registro de las maldades humanas.
  • ¡Haber comprado aquellos ojos con su mano, su honra y su nombre para que se empleasen en mirar a una silla antes que en mirarle a él! Esto era tremendo, pero tremendo, y cierto día agitó su alma un furor insano.
  • Yo te di mi nombre, y haces de él una caricatura.
  • Pero Ramsés II, cuyo verdadero nombre era Villaamil, no tenía más consuelo que aplicar su oreja seca y amarilla a la conversación, por si escuchaba algo de crisis o de trifulca próxima que diese patas arriba con todo.
  • Ese nombre me hace el efecto de la picadura de una víbora.
  • Señora, no me la nombre.
  • Ii En el resto de aquel aciago día, dicho se está que la pobre señora de Rubín se entregó a las mayores extravagancias, pues tal nombre merecen sin duda actos como no querer comer, estar llorando a moco y baba tres horas seguidas, encender la luz cuando aún era día claro, apagarla después que fue noche por gusto de la oscuridad, y decir mil disparates en alta voz, lo mismo que si delirara.
  • Un individuo de los que la siguieron se aventuró a detenerla en toda regla, llamándola por su nombre.
  • En nombre de la humanidad y de la especie te miraré con benevolencia.
  • Al ponerse las botas, la rodilla derecha le dolía como si le metieran por la choquezuela una aguja caliente, y siempre que se inclinaba, un músculo de la espalda, cuyo nombre no sabía él, producíale molestia lacerante, que fuera terrible si no pasara pronto.
  • Fortunata se asustó sólo de oír el nombre de su tía política.
  • Llamole por su nombre verdadero Feijoo, y acercose el otro a la mesa, inclinando, para ver quién le llamaba, su cara amarilla, requemada por el sol de Cuba y Filipinas.
  • Estos señores materialistas creen que con variar el nombre a las cosas han vuelto el mundo patas arriba.
  • De tener un marido, un nombre, una casa decente, a andar con la alquila levantada, como los simones, a éste tomo, a éste dejo, va mucha diferencia para que no te pares a pensar bien lo que haces.
  • Decíale doña Lupe que inventase algún específico, alguna papa cualquiera o antigualla que con nombre peregrino y nuevo pasase por prodigioso hallazgo.
  • ¡Como si fuera un crimen idear cualquier clase de píldoras, cápsulas o grajeas, y allá te va un nombre!
  • No le dé usted otro nombre, porque ese es el que le cae bien.
  • ¡Ah! Lo que usted quería, digamos las cosas claras, lo que usted quería era casarse para tener un nombre, independencia y poder corretear libremente.
  • Allí estuvo la banca de este nombre desde tiempos remotos, y allí está todavía con la razón social de Ruiz Ochoa y Compañía.
  • Primero me olvidaré de mi nombre.
  • No recuerdo bien el nombre.
  • También ella desea que entre tú y Ballester le inventéis algo, y deis nombre a la casa, y llenéis bien el cajón del dinero.
  • No es mal nombre si usted se lo quiere dar dijo el pobre chico, exaltándose más a cada palabra.
  • Los periódicos, que hablan constantemente de él, anteponen siempre a su nombre algún mote muy salado.
  • Empezó a mostrar aquellas papeletas tan bien hechas y bien dobladas, sobre las cuales había escrito con clarísima letra el nombre de cada droga.
  • Pues a esta monstruosidad la llamaba Ballester doña Desdémona, por ser o haber sido Quevedo muy celoso, y con este mote la designaré, aunque su verdadero nombre era doña Petra.
  • En tanto Rossini llenaba la casa de abanicos y panderetas, y Moreno escogía y pagaba, entreteniéndose luego en envolverlos en papeles y en ponerles rótulos con el nombre del destinatario.
  • Las cosas que me pasan a mí no tienen nombre.
  • Tiempo hacía que Juan Pablo tenía un proyecto de conversión de su deuda flotante, proyecto vasto, para cuyo éxito necesitaba el concurso de la casa Rostchild, por otro nombre, su tía.
  • Y cuando, al despedirse, Ido le dio su nombre, agregando que era profesor de primeras letras en las escuelas católicas, Maximiliano discurrió que no estaba en armonía la humildad del empleo con el saber y la destreza dialéctica que aquel individuo mostraba.
  • No vuelvas a acordarte más del santo de su nombre.
  • Y después del primer nombre, que usted designará (poniéndose muy inflado), llevará el mío, Segismundo.
  • Mas al ir a pronunciar su nombre se le borró de la memoria.
  • ¿Quieres el nombre de la que te ha robado lo que tú robaste?
  • ¡Amiga mía! Sí, y su nombre empieza con A.
  • Propongo que se nombre una comisión, que vaya a hacer un reconocimiento a la calle y averigüe dónde puede estar.
  • Ahora, veremos si puedo echar mi nombre.
  • Una lápida preciosa, con el nombre de la difunta y una corona de rosas.
  • Y luego un nombre y la fecha del fallecimiento ¿Qué dice ahí?
  • ¡Bien claro lo rezaba el letrero! Y al nombre y apellido de su mujer se añadía de Rubín.
  • Era exigencia del oficio cambiar el nombre, así como hablar con acento andaluz.
  • Y los habitantes de la extensa vega cortada por el río nutridor, como una espina erizada de púas que eran sus canales, designaban á los jueces por el nombre de las acequias que representaban.
  • Pero unas generaciones picando la piedra para marcar mejor las figuras borradas por los años, y otras blanqueándola con escrúpulos de bárbara curiosidad, habían dejado la losa de tal modo que sólo se distinguía un bulto informe de mujer, la reina, que daba su nombre á la fuente.
  • El nombre de éste sonaba sin cesar en el silencio del crepúsculo, acompañado de toda clase de insultos.
  • ¡el niño en la cama y todo desarreglado! Había que acicalar al albat para su último viaje, vestirle de blanco, puro y resplandeciente como el alba, de la que llevaba el nombre.
  • Estaban lejos, y no obstante adivinaba su nombre sonando en todas las bocas.
  • Ir a Valencia era seguir el camino de la riqueza, y el nombre de la ciudad figuraba en todas las conversaciones de los pobres matrimonios aragoneses durante las noches de nieve, junto a los humeantes leños, sonando en sus oídos como el de un paraíso donde las onzas y los duros rodaban por las calles, bastando agacharse para cogerlos.
  • Siete años duró el matrimonio, y su único fruto fue Juanito, a quien pusieron tal nombre por apadrinarle el hermano de Manolita, o más bien, doña Manuela, pues el estado de maternidad, ensanchando sus macizas carnes de matrona, habíanla dado un aspecto respetable y majestuoso.
  • Un año después un muchacho, al que pusieron por nombre Rafael, y por fin, la menor, Amparito, último fruto de unos amores que se extinguieron tras rápidas e intensas llamaradas.
  • Tortas que parecían de cartón, pegadas a un papel grasiento, y confites agridulces, que se deshacían en la boca y llevaban en la huerta el extraño nombre de suspiros.
  • Eso sólo lo hacen las locas como tú, que has firmado más papel que un escribano, y miras con la mayor tranquilidad cómo tu nombre anda por el mundo en pagarés siempre renovados, con condiciones que sólo admiten las personas tramposas y sin crédito.
  • Todos muy señores míos, pero que los oía mentar por vez primera, a excepción de Ausias March, por ser su nombre el de la calle donde ella tenía su modista.
  • Los estudiantes, con el manteo terciado, tricornio en mano y ondeante en la manga el lazo de la Facultad, corrían las calles como un rebaño loco, asediando a los transeúntes para sacarles el dinero en nombre de la caridad.
  • Y partiendo del descubrimiento del famoso tupé, fue señalando a su hermana cada bebé por su nombre, riéndose como una loca al ver que el ministro de Hacienda tocaba el violón.
  • Para tales comisiones se valía de doña Clara, que tenía amigos entre los prestamistas, y hacía las operaciones diciendo que los objetos eran de una señora distinguida cuyo nombre no podía revelar.
  • El decoro de la familia, la necesidad de sostener el buen nombre, la conveniencia de colocar bien a las niñas.
  • A pesar de su aspecto de decoración de ópera, que tanto entusiasmaba a doña Manuela, el tal chalet no pasaba de ser una casa de vecindad, enclavado como estaba entre otras construcciones de la misma clase, todas frágiles y pretenciosas, con sus jardincillos como sábanas, y sobre la verja, en letras doradas, los campanudos títulos de Villa Teresa, Villa María, etcétera, según fuese el nombre de la propietaria.
  • Por fin, un nombre surgió en su memoria.
  • Don Eugenio parecía una sibila, que, en nombre de la honradez y la mesura comercial, profetizaba las mayores desgracias.
  • Don Eugenio escuchaba con frialdad el nombre del célebre banquero, que todos los días repetían los periódicos, pero Juanito se estremeció.
  • Y mientras Tónica le llamaba por su nombre, ella, con sus costumbres de criada antigua, nombrábale siempre señor de Peña, ceremoniosamente, a estilo de comedia.
  • ¡Afortunado mortal! Desde entonces, su nombre pareció llenar la habitación, y las dos mujeres le aposentaron en su memoria, imaginándolo como un ser poderoso, todo bondad, que peloteaba los millones y se divertía haciendo ricos a los pobres.
  • Eran curas en su mayoría, pues don Ramón, persona piadosa y amiga de hacer limosnas por mano de la Iglesia, figuraba como el banquero del clero, y en las sacristías su nombre alcanzaba gran prestigio.
  • Los Pecados capitales, con estrambóticos trajes de puntas y colorines, como bufones de la Edad Media, y al frente de ellos la Virtud, bautizada con el estrambótico nombre de la Moma.
  • ¡Ay, Señor, qué vergüenza! ¡Y ese hombre tan satisfecho y tan tranquilo, sin acordarse de que tiene mujer y un hijo y que su nombre es muy respetado en la plaza.
  • Brillante se moría de una enfermedad extraña, de un nombre raro que Nelet no podía recordar.
  • Pero a pesar de ser tan numerosas las amistades, no encontraba, repasando su memoria, un solo nombre.
  • El nombre de don Antonio Cuadros estaba en todas las bocas.
  • Cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de carnes y por mal nombre alcahueta.
  • Díjome a mí si quería ir, y yo, que no deseaba otra cosa sino salir de tierra donde se oyese el nombre de aquel malvado perseguidor de estómagos, ofrecí de servir a su hijo como vería.
  • Preguntáronme su nombre, y no bien lo dije, cuando el uno de los estudiantes se llegó a él medio llorando y dándole un abrazo apretadísimo, dijo.
  • Don Diego se le ofreció mucho, y preguntándole su nombre, salió el ventero y puso los manteles, y oliendo la estafa, dijo.
  • Preguntóle su nombre al estudiante, y él dijo que se llamaba tal Coronel.
  • Decían los compañeros que yo solo podía sustentar la casa con lo que corría, que es lo mismo que hurtar, en nombre revesado.
  • Y mandándoles que, para decir la presente obra, no digan zozobra, y a los de sacristanes, que no hagan los villancicos con Gil ni Pascual, que no jueguen del vocablo, ni hagan los pensamientos de tornillo, que mudándoles el nombre, se vuelvan a cada fiesta.
  • Comenzó a sacar cañones de hoja de lata y a enseñarme papeles, que debían de ser de otro a quien había tomado el nombre.
  • No pregunte por mí ni me nombre, porque me importa negar la sangre que tenemos.
  • No se vio jamás nombre tan campanudo, porque acababa en dan y empezaba en don, como son de badajo.
  • Recibí el recado y con él doce pañizuelos, y respondí a su madre, que los inviaba a algún hombre de aquel nombre.
  • Y como él no sabía nada de mar, porque no tenía de naval más del comer nabos, dijo, contando la batalla que había vencido el señor don Juan en Lepanto, que aquel Lepanto fue un moro muy bravo, como no sabía el pobrete que era nombre del mar.
  • Porque él era jugador y lo otro (ciertos los llaman, y por mal nombre fulleros).
  • Juraba el nombre de Dios unas veces en vano y otras en vacío.
  • Este hacía amistad con otro que llamaban Robledo y por otro nombre el Trepado.
  • Entró uno, el primero, preguntando por el señor don Ramiro de Guzmán, que así dije que era mi nombre (porque los amigos me habían dicho que no era de costa mudarse los nombres, y que era útil).
  • Aquí vive repondió la niña un caballero de ese nombre, pequeño de cuerpo.
  • Yo, triste, que me había visto moler a palos delante de mi dama, y me vi llevar preso sin razón y con mal nombre, no sabía qué hacerme.
  • Preguntóles, según se echó de ver después, mi nombre, y ellos dijeron.
  • Me perdone, que por Dios que le tenía, hasta que supe su nombre, por bien diferente de lo que es.
  • Vínome a desengañar y a decir que era otra de su nombre.
  • Que pasado un mes que había que estábamos en Toledo, haciendo comedias buenas y enmendando el yerro pasado, ya yo tenía nombre, y habían llegado a llamarme Alonsete, que yo había dicho llamarme Alonso, y por otro nombre me llamaban el Cruel, por serlo una figura que había hecho con gran aceptación de los mosqueteros y chusma vulgar.
  • Caíale muy en gracia al lugar el nombre de Satán en las copias y el tratar luego de si cayó del cielo y tal.
  • Escribí para un ciego, que las sacó en su nombre, las famosas que empiezan.
  • Fuime luego a apear al mesón del Moro, donde me topó un condiscípulo mío de Alcalá, que se llamaba Mata, y agora se decía, por parecerle nombre de poco ruido, Matorral.
  • Una de las gracias de estos estudiantes era la de dar un nombre falso cuando se lo preguntaban.
  • El muchacho se marchaba, y a los pocos días volvía a repetir la gracia, dando como suyo el nombre de algún político célebre o de algún torero.
  • En muchos libros, en las primeras páginas en blanco, escribió el nombre de su héroe, y lo rodeó como a un sol de rayos.
  • Hombres universales a quienes no se les conocía ni de nombre pasados los Pirineos.
  • En la primera página tenía un nombre.
  • Toda esta gente de la casa pagaba su contribución en dinero o en especie al tío de Victorio, el prestamista de la calle de Atocha, llamado don Martín, y a quien por mal nombre se le conocía por el tío Miserias.
  • Esta mujer que se le pregunta quién la ha tirado, y dice el nombre de su marido.
  • La misma mujer, en la agonía, había repetido el nombre del marido indicando quién era su matador.
  • Ni nombre, ni estado civil, ni nada.
  • ¡O mala cosa, peor que tienes la hechura! ¡De cuántos eres deseado poner tu nombre sobre cabeza ajena y de cuán pocos tenerte ni aun oír tu nombre, por ninguna vía! Como le oí lo que decía, dije.
  • Con baja y enferma voz e inclinadas mis manos en los senos, puesto Dios ante mis ojos y la lengua en su nombre, comienzo a pedir pan por las puertas y casas más grandes que me parecía.
  • Mi abuela tuvo siempre grandes ambiciones escondidas, el orgullo del nombre, y un amor extraordinario por su abolengo.
  • Ilustración Como casi todos los miembros de la familia de este nombre y los emparentados con ella habían sido marinos y viajeros, para explicar sus correrías, intercaladas en las amarillentas páginas, se veían cartas de navegar antiguas, bastante raras.
  • El capitán de barco, Martín Pérez de Irizar, hijo de Rentería, cuando volvía de Cádiz de cargar un galeón de mercaderías, se encontró en alta mar con el corsario francés Juan Florín, cuyo nombre espantaba a cuantos salían al mar.
  • Pues cuando le entregaron el pliego de historia del barco y leyó el nombre, Menchaca estuvo a punto de tener una congestión.
  • Nombré de padrinos a un condiscípulo de San Fernando y a un oficial inglés de Marina que comía en el hotel y que estaba en un navío surto en la bahía de Cádiz.
  • Podría ser una persona del mismo nombre.
  • ¿Del mismo nombre, del mismo pueblo y que hubiera navegado de piloto en el mismo barco?
  • Pero todo el mundo la decía Quenoveva, y ella estaba convencida de que así se pronunciaba su nombre.
  • Me sorprendió bastante ver al médico de Elguea, que allí mismo sobre la mesa extendió la partida de defunción del muerto, a nombre de Tristán Ugarte, de profesión marino.
  • Mi madre sabía que el médico de Elguea había certificado la muerte de su presunto hermano a nombre de Tristán de Ugarte, y quería creer que el parentesco con el capitán de Bisusalde era un engaño.
  • La cuestión del nombre de mi tío Juan de Aguirre, que a veces me preocupaba, se aclaró en Burdeos.
  • En el cristal del almacén, escrito con letras negras, se leía un nombre medio borrado.
  • Tristán de Ugarte era el nombre con que el médico de Elguea había extendido la partida de defunción de mi tío, y El Dragón el nombre del barco en donde había navegado Juan de Aguirre, según me contó Francisco Iriberri.
  • Se llamaba El Dragón, nombre que trascendía a barco pirata.
  • Hay que reconocer, en honor de la bella Francia, que los negreros franceses debieron dejar atrás a los demás en el arte de desollar negros, porque incrustaron en el lenguaje de las colonias el nombre del látigo francés, lo impusieron, y a todas partes donde había negros llevaron triunfante el fouet.
  • Nosotros los vascos, en un período largo seguimos siendo los mismos, hasta que en uno de los viajes se fué Ugarte, el piloto, y lo sustituyó otro, con el mismo nombre y apellido.
  • Yo mismo cambié de nombre.
  • Tristán, el de la cicatriz, fué a ver al capitán, y le propuso que se modificaran los libros de a bordo, se cambiara el nombre del barco y nos quedáramos con él.
  • El otro, sin duda, no quiso dar su nombre.
  • Lo que no comprendía era por qué Ugarte le había cedido su nombre.
  • La misma mañana envió una carta a Mary, citándola a la salida del pueblo, firmada con mi nombre.
  • Debías enterarte del nombre del barco.
  • En el barco en donde yo estoy no te van a tomar con mis papeles y con mi nombre.
  • Voy a comprar unas tierras en Filipinas, y me gustaría usar tu nombre mejor que el mío.
  • Y si tú quieres entrar en El Dragón como piloto y con mi nombre, ahora mismo le escribo al capitán, que es un paisano.
  • Me dijo, recriminándome, que mi nombre le había dado muy poca suerte.
  • Quería que cambiásemos de nombre a El Dragón y nos dedicáramos a la piratería por el Pacífico.
  • El marsellés, que se llamaba, no sé si de nombre o de apodo, Tiboulen, era, por otro estilo, un hombre molesto.
  • Por la mañana, raspamos el nombre del barco, que se llamaba Betty, y le bautizamos con el de Rosa, de la matrícula de Bangor, el pueblo de Allen.
  • El muerto aparecía con el nombre de Juan de Aguirre, y yo, de quien se ignoraba el paradero, como Tristán de Ugarte.
  • Algunas de las casas de las dos calles principales muestran su escudo, otras, sentencias escritas en latín, y la generalidad, un número, la fecha en que se hicieron y el nombre del matrimonio que las mandó construir.
  • Tellagorri era de la familia de los Galchagorris, la familia de los pantalones colorados, y este consonante, entre el mote de su familia y su nombre había servido al padre de la sacristana, viejo chusco que odiaba a Tellagorri, de motivo a una canción que hasta los chicos la sabían y que mortificaba profundamente a Tellagorri.
  • Él lo sabía y, probablemente, estaba orgulloso del terror que causaba su nombre.
  • De esta blancura de las rocas precedía el nombre del monte Arrizuri (piedra blanca) en vasco y Peñaplata en castellano.
  • ¿Y quiere decir algo en vascuence, ese nombre?
  • Y siguiendo un sistema lingüístico enteramente opuesto, designaba a Villeneuve, jefe de la escuadra combinada, con el apodo de Monsieur Corneta, nombre tomado de un sainete a cuya representación asistió Marcial en Cádiz.
  • En el próximo combate alcanzará usted mucha gloria e ilustrará su nombre con alguna hazaña que quede en la historia para ejemplo de las generaciones futuras.
  • Bien haiga quien te puso Rayo decía irónicamente mirando al navío de este nombre, que era el más pesado de toda la escuadra.
  • En nombre de Dios, prometo la bienaventuranza al que muera cumpliendo con sus deberes! Si alguno faltase a ellos, le haré fusilar inmediatamente, y si escapase a mis miradas o a las de los valientes oficiales que tengo el honor de mandar, sus remordimientos le seguirán mientras arrastre el resto de sus días miserable y desgraciado.
  • Dirigió algunas palabras a su cuñado Ruiz de Apodaca, y después de consagrar un recuerdo a su joven esposa, y de elevar el pensamiento a Dios, cuyo nombre oímos pronunciado varias veces tenuemente por sus secos labios, expiró con la tranquilidad de los justos y la entereza de los héroes, sin la satisfacción de la victoria, pero también sin el resentimiento del vencido.
  • Sensible es que hecho tan heroico no haya ocupado en nuestra historia más que una breve página, si bien es verdad que junto al gran suceso que hoy se conoce con el nombre de Combate de Trafalgar, estos episodios se achican, y casi desaparecen como débiles resplandores en una horrenda noche.
  • A este condenado le pusieron Rayo por mal nombre.
  • Estoy seguro de que me conocerá de nombre.
  • Murió mucho después de que su hija se casara con Don Rafael Malespina, acontecimiento que hubo de efectuarse dos meses después de la gran función naval que los españoles llamaron la del 21 y los ingleses Combate de Trafalgar, por haber ocurrido cerca del cabo de este nombre.
  • Cerca de la ciudad, en los ruedos, el cultivo más intenso, de mejor abono, de mucha variedad y esmerado, producía en la tierra tonos de colores, sin nombre, exacto, dibujándose sobre el fondo pardo obscuro de la tierra constantemente removida y bien regada.
  • Esto ya lo había notado el Palomo, empleado laico de la Catedral, perrero, según mal nombre de su oficio.
  • Ya empezaba a usarse el nombre de Presidente y pronto habría nombre distinto para cada cual.
  • En nombre del arte, de la santa idea de sobriedad y la no menos inmortal e inmaculada de armonía, yo os condeno a la maldición de la historia! Pues oiga usted se atrevió a decir la Infanzón sin mirar a su esposo.
  • Algunas veces le propuso, hablándole al oído, viajes muy arriesgados a países remotos que él ni de nombre conocía.
  • ¡Era el último porrazo! ¡El nombre de los Ozores deshonrado! porque al fin Ozores era la niña, aunque indigna.
  • Era una cañada entre dos lomas bajas coronadas de arbustos y con algunos ejemplares muy lucidos del árbol que le daba nombre.
  • Quince días había vivido sola en poder de criados aquella pobre niña, huérfana y enferma, pues doña Anuncia no se decidió a emprender el viaje de las veinte horas hasta que se le pidió esta obra de caridad en nombre de su sobrina moribunda.
  • En cuanto llegaron a Vetusta, la huérfana tuvo un retraso en su convalecencia, según el médico de la casa, que era comedido y no llamaba las cosas por su nombre.
  • Pero les daba su nombre propio unas veces, y cuando no lo tenían, o ella lo ignoraba, usaba caprichosos diminutivos inventados en otro tiempo por Álvaro en el entusiasmo de las más dulces confianzas.
  • La luz amarillenta del gas brillaba de trecho en trecho, cerca de las ramas polvorientas de las raquíticas acacias que adornaban el boulevard, nombre popular de la calle por donde entraban en el pueblo.
  • Delante del escaparate de una confitería nueva, la más lujosa de Vetusta, un grupo de pillos de ocho a doce años discutían la calidad y el nombre de aquellas golosinas que no eran para ellos, y cuyas excelencias sólo podían apreciar por conjeturas.
  • Pero, además, ahora aquellos granujas discutiendo el nombre de lo que no habían de comer, se le antojaban compañeros de desgracia, hermanitos suyos, sin saber por qué.
  • Uno de sus secretos era, que el Magistral merecía el nombre de sabio, pero no precisamente el de arqueólogo.
  • Ni al mismo Provisor le hubiera consentido media palabra de protesta, ni una leve objeción en nombre del qué dirán.
  • No citó el nombre de Mesía.
  • No era pedante, pero cuando le apuraban un poco, cuando le contradecían, invocaba el sacrosanto nombre de la ciencia, como si llamase al comisario de policía.
  • Ahora es Sor Teresa, que no tiene rosas ni en el nombre, ni en las mejillas.
  • Es decir, distingo, distingo en nombre de la ciencia.
  • El Magistral les sacrificaba el nombre y hasta la conveniencia de un amigo, de un gran amigo, de un defensor, de un partidario suyo, de todo un Ronzal el diputado.
  • Porque el nombre de cristiano obliga a eso y a mucho más.
  • El círculo se llamaba La Libre Hermandad, nombre feo, poco español y con olor nada santo.
  • Pero aún no había lavado su pecado original que llevaba en el nombre.
  • Pepa y Rosa vestidas de colorines, pero con trajes de buen corte ceñido, airosas, limpias como armiños, sinuosas al andar de faldas sonoras, risueñas, rubia la una, morena como mulata la que tenía nombre de flor, servían con gracia, rapidez, buen humor y acierto, enseñando a los hombres dientes de perlas, inclinándose con las fuentes con coquetona humildad, de modo que, según Ripamilán, aquella buena comida presentada así era miel sobre hojuelas.
  • Estaban en la entrada del Espolón, el paseo de los curas, según antiguo nombre.
  • No tenía nombre.
  • Él, aunque viviera con su madre querida, no tenía hogar, hogar suyo, y eso debía ser la dicha suprema de las almas serias, de las almas que pretendían merecer el nombre de grandes.
  • ¡Ábrase a la justicia! ¡En nombre de la ley, abajo esa puerta! ¡Señor don Santos, a la cama! dijo el sereno, ya de vuelta.
  • Ana vio aparecer debajo del arco de la calle del Pan, que une la plaza de este nombre con la Nueva, la arrogante figura de don Álvaro Mesía, jinete en soberbio caballo blanco, de reluciente piel, crin abundante y ondeada, cuello grueso, poderosa cerviz, cola larga y espesa.
  • Y citaba a Flammarión, y las cartas de Feijóo y la opinión de un obispo inglés, cuyo nombre no recordaba Mister no sé cuántos, porque para él todos los ingleses eran Mister.
  • Allí oía el nombre de Dios a cada momento, pero en términos que no le parecían nada filosóficos.
  • Hablaría primero don Álvaro, haría un elogio de la constancia con que él, don Pompeyo, había sostenido la idea santa de la libertad de pensamiento, y prometería en nombre de la Junta que el Casino jamás tendría religión, como no debía tenerla el Estado.
  • Entre la ceniza de los cigarros, las migas de pan, las manchas de salsa y vino, rodaron el nombre y el honor de muchas señoras.
  • ¿qué falta hacía darle un nombre?
  • Lo que importaba era la cosa, no el nombre.
  • Aunque la pasión que él sentía nada tenía que ver con la lascivia vulgar (estaba seguro de ello) ni era amor a lo profano, ni tenía nombre ni le hacía falta, podía ir a dar no se sabía dónde.
  • Aquella felicidad que saboreaba De Pas como un gastrónomo los bocados, aquella libertad, aquella pereza moral que el verano hacía más voluptuosa para su cuerpo robusto, los sueños vagos de amor sin nombre, la deliciosa realidad de ver a la Regenta a todas horas y mirarse en sus ojos y oírla dulcísimas palabras de una amistad misteriosa, casi mística, hacían desear a don Fermín que el sol se detuviera otra vez, que el tiempo no pasara.
  • Ha fallecido en su celda del convento de las Salesas la señorita doña Rosa Carraspique y Somoza, hija del conocido capitalista ultramontano don Francisco de Asís, monja profesa con el nombre de sor Teresa.
  • Creyó al principio que su pasión noble, sublime, le levantaría cien codos sobre todas aquellas miserias, pero el oleaje de la falsa indignación pública salpicaba su alma, llegaba tan arriba como su deliquio sin nombre.
  • El Magistral que vivía ya nada más de esta refinada pasión que según él no tenía nombre, luchaba con tentaciones formidables, y sólo conseguía contrarrestar las rebeliones súbitas y furiosas de la carne con armisticios vergonzosos que le parecían una especie de infidelidad.
  • Oh, en este siglo, gritaba Foja en el Casino, en este siglo calumniado por los enemigos de todo progreso, en este siglo materialista y corrompido, no se puede ya impunemente insultar los sentimientos filantrópicos del pueblo, sin que una voz unánime se levante a protestar en nombre de la humanidad ultrajada.
  • Don Santos había dado plenos poderes a su amigo don Pompeyo para rechazar en su nombre toda sugestión del fanatismo.
  • Don Santos ha delegado en mí todos los poderes de su autonomía religiosa, y en su nombre, y con los mejores modos les intimo la retirada.
  • Lo que podría turbarle en el deliquio sin nombre que gozaba en presencia de Ana, eso aborrecía.
  • En el nombre del Padre.
  • ¡Lo juro por mi nombre honrado! ¡Antes que esto, prefiero verla en brazos de un amante! Sí, mil veces, sí añadió ¡búsquenle un amante, sedúzcanmela.
  • No daba nombre a su pasión, pero reconocía todos sus derechos y estaba muy lejos de sentir remordimientos.
  • ¡Don Fermín! ¡don Fermín! ¡espere usted en nombre de la humanidad! De Pas se detuvo, se volvió, le miró desde arriba con lástima y disimulando la ira, y le dijo lo menos malo de cuanto se le ocurría.
  • Esto no tiene nombre, ¡oh!
  • Y ¡zas! el nombre que tenía aquello, según Quintanar, estallaba como un cohete de dinamita en el cerebro del pobre viejo.
  • En nombre del Crucificado, don Víctor, ¿qué ha sucedido aquí?
  • Exijo a usted, como padre espiritual que he sido y creo que soy todavía, de usted, le exijo en nombre de Dios.
  • ¡nada de sangre, don Víctor, nada de sangre en nombre de la que vertió por todos el Crucificado!
  • El mes de Mayo fue digno de su nombre aquel año en Vetusta.
  • Hoy no hay nombre adecuado para el empleo.
  • Pero los aldeanos, que no entienden de agnaciones, hechos a que los Pazos de Ulloa diesen nombre al título, siguieron llamando marqueses a los dueños de la gran huronera.
  • Cuando partieron los dos hidalgos, ya se había calmado la efervescencia de la discusión sobre la gracia, y el médico, en voz baja, le recitaba al notario ciertos sonetos satírico políticos que entonces corrían bajo el nombre de belenes.
  • ¿Piensa usted que no sueño todas las noches con un chiquillo que se me parezca, que no sea hijo de una bribona, que continúe el nombre de la casa.
  • ¡Soberbio vaso en verdad para encerrar un Moscoso legítimo, magnífico patrón donde injertar el heredero, el continuador del nombre! El marqués presentía en tan arrogante hembra, no el placer de los sentidos, sino la numerosa y masculina prole que debía rendir.
  • Jamás se atrevía a llamarla por el diminutivo, pareciéndole Nucha nombre de perro más bien que de persona.
  • La hembra destinada a llevar el nombre esclarecido de Moscoso y a perpetuarlo legítimamente había de ser limpia como un espejo.
  • ¡El nombre de mi marido! exclamó la señorita con viveza.
  • No se conocía en todo el contorno, ni acaso en toda la provincia, casa infanzona más linajuda ni más vieja, y a cuyo nombre añadiesen los labriegos con acento más respetuoso el calificativo de Pazo, palacio, reservado a las moradas hidalgas.
  • En nombre de las dos estatuas que eran las tías paternas del señorito de Limioso había visitado éste a Nucha.
  • Fue una penitencia enseñarle el nombre y uso de cada objeto, aún de los más sencillos y corrientes.
  • ¡El dulce Nombre! No, señorita es que hace frío aquí, es que truena, es que es una locura andar ahora revolviendo en los sótanos.
  • La política, si tal nombre merece el enredijo de intrigas y miserias que en las aldeas lo recibe.
  • El candidato de la Junta se retiraba de buen grado, y en su lugar Barbacana apoyaba, con el nombre de independiente, a don Pedro Moscoso, conocido por marqués de Ulloa.
  • Que, a pesar de la gran influencia de la casa y de ejercer su nombre bastante prestigio entre los paisanos, la aristocracia montañesa y los curas, la tentativa importaría un comino si no la hubiese tomado de su cuenta Barbacana y no le ayudase un poderoso cacique subalterno, que antes fluctuaba entre el partido de Barbacana y el de Trampeta, pero en esta ocasión se había decidido, y era el mismo mayordomo de los Pazos, hombre resuelto y sutil como un zorro, que disponía de numerosos votos seguros, pues muchísima gente le debía cuartos que tenía esquilmada la casa de Ulloa a cuyas expensas se enriquecía con disimulo y que este solemne bribón, al arrimo del gran encausador Barbacana, se alzaría con el distrito, si no se llevaba el asunto a rajatabla y sin contemplaciones.
  • Aguárdate un poco, Naya le dijo familiarmente, dándole, según costumbre entre curas, el nombre de su parroquia.
  • Pues mientras el cura de Boán y aun el de Naya atendían sobre todo al triunfo político, el arcipreste miraba principalmente al esplendor del hidalgo solar, al buen nombre de los Moscosos.
  • Míranse los curas atónitos, al ver que el nombre de su candidato no aparece ¿Tú te moviste de ahí?
  • Una de las cruces, más alta que las demás, tenía escrito en letras blancas un nombre.
  • Ya el nombre lo dice.
  • Pero si no estuviera ya honrada suficientemente por su mismo nombre, habría que declarar a la hierbabuena emblema del patriotismo.
  • Y con tal motivo, en nombre de mis compañeros igualmente premiados (don Víctor Balaguer, don Teodoro Llorente, don Wenceslao Querol y don Fernando León y de Vera), y en nombre propio, pronuncié un discurso que me valió calurosos plácemes.
  • Pero mejor será que digamos que es el del propio Sarrió, toda vez que la tarjeta pone en el centro, con letras doradas, su nombre y apellidos.
  • En algunas casas no le dan nada y se quedan con la tarjeta, que ya a él no le puede servir, puesto que ha estampado en ella el nombre del agraciado.
  • Azorín ha querido saber su nombre.
  • Pero ese pedazo de conversación que oímos al paso y en que suena nuestro nombre, esa carta anónima que nos felicita, ese lector entusiasta como este Bellver que estrecha rápidamente nuestra mano con efusión, con sinceridad, y luego se marcha.
  • Y lo que es el colmo de la tranquilidad, hasta no tenía nombre.
  • Además, el gobernador tiene, de los maravedís que en nombre de Su Majestad se ejecutan, ciento y cincuenta maravedís cuando la cantidad llega a cinco mil maravedís, y no más aunque pase, y de allí abajo, a real de plata.
  • ¡Ay, hijo, todo tiene sus riesgos y todo estado sus contrariedades! Ramiro se sobrecojía al oirse llamar hijo por su cuñada, que rehuía darle su nombre, mientras él en cambio se complacía en llamarla por el familiar Tula.
  • No, ni cariño siquiera, sino algo sin nombre y que no se dice por confundirse ello con la vida misma.
  • Fué este nombre de invocación, de verdadera invocación religiosa, como el canonizamiento doméstico de una santidad de hogar.