¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras Con, la, palabra y quince aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 4 palabras.
Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.
- De travieso y alborotado volviose tan juiciosillo, que al mismo Zalamero daba quince y raya.
- En esto, como en todo lo malo, hemos progresado de tal modo, que las barrabasadas de aquel niño bonito hace quince años, nos parecerían hoy timideces y aun actos de ejemplaridad relativa.
- Don Baldomero II, que así es forzoso llamarle para distinguirle del fundador de la dinastía, heredó en 1848 el copioso almacén, el sólido crédito y la respetabilísima firma de Don Baldomero I, y continuando las tradiciones de la casa por espacio de veinte años más, retirose de los negocios con un capital sano y limpio de quince millones de reales, después de traspasar la casa a dos muchachos que servían en ella, el uno pariente suyo y el otro de su mujer.
- Cumplidos los quince años, era Barbarita una chica bonitísima, torneadita, fresca y sonrosada, de carácter jovial, inquieto y un tanto burlón.
- Conservaba una dentadura ideal y un cuerpo que, aun sin corsé, daba quince y raya a muchas fantasmonas exprimidas que andan por ahí.
- Juana, nuestra insigne cocinera, veinte, el carnicero quince.
- Pero ya, por efecto del súbito amor, creíase capaz de dar quince y raya a más de cuatro.
- Lo que es en monedas de a cinco, puede que pasen de quince.
- Era un espectáculo imponente y aun divertido el que de tiempo en tiempo, comúnmente cada quince o veinte días, daba Mauricia a todo el personal del convento.
- Pero ya pasó, y ahora lo menos en quince días no me volverá a dar.
- Seguramente no iba a las islas Marianas, pero quizás le tendrían en el Saladero quince o veinte días.
- Ya van quince y raya.
- Quedose solo en el comedor mi hombre, y después de quince minutos de espera, Dorotea le mandó pasar.
- ¿Sabes que de quince días a esta parte me parece que he envejecido de golpe y porrazo veinte años?
- ¡Si me está faltando ese perro! Si en quince días no le he visto más que dos veces.
- A los quince días de este enérgico tratamiento, mejoró visiblemente, y su hermano y médico estaba muy satisfecho.
- Y vea usted cómo le pruebo que mi cabeza da quince y raya hoy a las cabezas mejor organizadas, incluso la de usted.
- Le faltaba el riego, la tanda que le había robado Pimentó con sus astucias de mal hombre, y no volvería á corresponderle hasta pasados quince días, porque el agua escaseaba.
- En resumen, una enfermedad que iba á costarle doce ó quince duros.
- Seis mil reales al quince por ciento.
- ¡Quia, hija mía! En este siglo no hay milagros, y con quince mil duros de capital no se sostiene un carruaje ni el boato que tú gastas.
- El honor de la familia no podía quedar a voluntad de cuatro usureros, que, merced a ciertos papelotes firmados por doña Manuela con tanta irreflexión como frescura, exigían quince mil pesetas por un préstamo de once mil.
- Y rápidamente, sin tomar aliento, como si arrojara lejos de sí un peso asfixiante, disparó las pretensiones de doña Manuela, aquella demanda de quince mil pesetas, cantidad necesaria para salvar la honra de la familia.
- Firmaré, pero sólo por quince mil pesetas.
- Mira, hijo mío, quince mil pesetas justas no han de ser.
- Veía a la siñá Antonia, la madre de la costurera, tal como era quince años antes, cuando Micaela iba de visita a su portería para charlar como antiguas amigas.
- Dijo que no y que por falta de harapos se estaba, quince días había, en la cama, de mal de zaragüelles, don Lorenzo Iñíguez del Pedroso.
- Entre los practicantes había algunos curiosísimos, verdaderas ratas de hospital, que llevaban quince o veinte años allí, sin concluir la carrera, y que visitaban clandestinamente en los barrios bajos más que muchos médicos.
- Pero a los quince días ya tenía otro amante.
- Al principio de conocerle, Andrés no le trató a su tío hasta los catorce o quince años.
- También en las cuevas vivían otros dos merodeadores, de unos catorce a quince años, amigos de Luisito.
- Pero si en esta azotea hay veinte grados y en la cueva quince, esa relación es una cosa exacta.
- Un día le chocó ver que el librero tenía quince o veinte tomos con una cubierta en donde aparecía una mujer desnuda.
- Mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña, que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años.
- Porque ya, desde que viví con el ciego, la tenía tan hecha bolsa que me acaeció tener en ella doce o quince maravedís, todo en medias blancas, sin que me estorbasen el comer.
- Y ansí, de poco en poco, a los quince días me levanté y estuve sin peligro, mas no sin hambre, y medio sano.
- Tratado Tercero Cómo Lázaro se asentó con un escudero, y de lo que le acaeció con él Desta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza y, poco a poco, con ayuda de las buenas gentes di comigo en esta insigne ciudad de Toledo, adonde con la merced de Dios dende a quince días se me cerró la herida.
- Y así le tuvieron un gran rato, porque más de quince hombres estaban sobre él, y a todos daba las manos llenas, y si se descuidaban, en los hocicos.
- Un polinesio va como turista a la Meca, en un magnífico paquebot de quince mil toneladas.
- Ilustración Ilustración XI EL NAUFRAGIO DEL STELLA MARIS Una mañana de otoño, tendría yo entonces catorce o quince años, vino Recalde, antes de entrar en clase en la Escuela de Náutica, y nos llamó a Zelayeta y a mí.
- Quince días después, el cabo de miqueletes del puerto de la carretera de Elguea participó al comandante de Lúzaro que en la peña llamada Leizazpicua encontraron el cadáver de un hombre de unos cuarenta años de edad, arrojado por las olas.
- Estábamos hablando cuando entró, acompañada de una criada vieja, la hija de doña Hortensia, Dolorcitas, una muchachita de catorce o quince años, preciosa.
- Hace unos catorce o quince años, Juan de Aguirre vivía, y estaba, según me dijeron, en Ilo Ilo.
- Varios nos confirmaron que, efectivamente, habían oído hablar hacía unos quince años de un Juan de Aguirre, propietario en Ilo Ilo y antiguo marino.
- Me dirigí hacia el pueblo, formado por quince o veinte casas agrupadas en derredor de la iglesia, y me detuve en una venta del camino, con el objeto de almorzar, y de paso a enterarme de la clase de gente que vivía en Bisusalde.
- El hombre de Bisusalde a quien llamaban el capitán era un marino inglés, que vivía con su hija, muchacha de catorce o quince años, y un criado, llamado Allen.
- La muchacha tendría quince o diez y seis años.
- A quince millas de la costa, en el río Nun, Norte 7 grados Oeste.
- Después de aguardar cerca de un mes, no pudimos embarcar más que quince o veinte negros, otras tantas negras y unos cuantos chiquillos.
- Nos metimos en la despensa y llevamos a nuestra cámara provisiones para quince días, dos barriles de vino y de ron, embutidos, carne seca, galletas.
- A los quince días hubo que confesar y dar la Unción a la Shele.
- A unas quince millas de la costa encontramos unas ruinas.
- Tomé una poción de quina, y a los quince días había recobrado la salud.
- Desde allá nos faltaban unos quince o diez y seis pies para llegar al agua.
- Fuimos al Nun con una tropa de quince hombres armados.
- Dió después Martín la vuelta al prado de Santa Ana, hasta detenerse prudentemente a quince o veinte metros de la entrada del circo.
- CAPÍTULO III DE ALGUNOS HOMBRES DECIDIDOS QUE FORMABAN LA PARTIDA DEL CURA Concluída la paliza, Luschía dió la orden de marcha, y los quince o veinte hombres tomaron hacia Oyarzun, por el camino que pasa por la Cuesta de la Agonía.
- Hecho esto, fué atando las tiras una a otra hasta formar una cuerda de quince brazas.
- ¡Oh, San José bendito! Si en mis quince hubiera sabido yo lo que era la gente de mar.
- Tenemos quince navíos, y los francesitos veinticinco barcos.
- Esta hija se llamaba Rosita, de edad poco mayor que la mía, pues apenas pasaba de los quince años, y ya estaba concertado su matrimonio con un joven oficial de Artillería llamado Malespina, de una familia de Medinasidonia, lejanamente emparentada con la de mi ama.
- Pero estas dolorosas alternativas cesaron por la tarde, y a la hora en que fue unánime la idea de que si no trasbordábamos pereceríamos todos en el buque, que ya tenía quince pies de agua en la bodega.
- La tripulación sana constaba de unos quinientos hombres, cifra a que quedaron reducidos los mil ciento quince individuos de que se componía antes del combate.
- A Germán, que no pareció por Loreto, se le atribuían quince años.
- Sus quince años eran ingratos.
- A los diez tenía las apariencias de los trece, y a los quince representaba dos menos.
- Quince días había vivido sola en poder de criados aquella pobre niña, huérfana y enferma, pues doña Anuncia no se decidió a emprender el viaje de las veinte horas hasta que se le pidió esta obra de caridad en nombre de su sobrina moribunda.
- Se le había alabado su aturdimiento gracioso a los quince años, y ya cerca de los treinta y cinco aún era un torbellino, una cascada de alegría, según le decía en el álbum Cármenes el poeta.
- Hasta que tienen quince o dieciséis años las hijas de mis primos no ven el mundo.
- A los quince años vuelven a casa.
- Para dar una satisfacción al mundo, a la opinión pública, desde los quince a los dieciocho o diecinueve, se representa la farsa piadosa de hacerles ver el siglo.
- Mientras en el salón y en el gabinete se discutía así y de otras muchas maneras, por las habitaciones interiores del primer piso, por el comedor, por los pasillos, por la escalera que conducía al patio y a la huerta, corrían alegres, revoltosos, Paco Vegallana, que celebraba sus días, Visitación, Edelmira, sobrina de la Marquesa (una niña de quince años que parecía de veinte), don Saturnino Bermúdez y el señor de Quintanar.
- Es mi macho, se lo he prestado quince días para que lo viese vencer.
- La señora no recibe, y estuvo sin verla quince días.
- Quince días después, a mediados de Julio, entraba una tarde el Presidente del Casino en el caserón de los Ozores.
- Vetusta antes de quince días se quedará sola.
- Y detrás de estas las señoritas que frisaban con los quince, flor y nata de la hermosura vetustense algunas de ellas, casi todas iniciadas en los misterios legendarios del amor de devaneo, muchas próximas a la transformación natural que revela el sexo, y dos o tres, pequeñas, pálidas y recias, mujeres ya, disfrazadas de niñas, con ojos pensadores cargados de malicia disimulada.
- Una joven de quince años, catorce oficialmente, se adelantó, y colocada cerca de la mesa recitó con desparpajo una filípica un tanto moderada por los eufemismos de la retórica jesuítica, contra los materialistas modernos, que negaban la inmortalidad del alma.
- Y mientras abajo sonaba el ruido confuso y gárrulo de las despedidas y preparativos de marcha, y detrás el estrépito de los que corrían en la galería, y allá en el cielo, de tarde en tarde, el bramido del trueno, la Regenta, sin notar las gotas de agua en el rostro, o encontrando deliciosa aquella frescura, oía por la primera vez de su vida una declaración de amor apasionada pero respetuosa, discreta, toda idealismo, llena de salvedades y eufemismos que las circunstancias y el estado de Ana exigían, con lo cual crecía su encanto, irresistible para aquella mujer que sentía las emociones de los quince años al frisar con los treinta.
- Quince minutos después aparecieron entre los árboles desnudos don Álvaro y sus padrinos, más el señor don Robustiano Somoza.
- La rodeaban unos quince curas y sobre ocho seglares, entre ellos el médico, notario y juez de Cebre, el señorito de Limioso, el sobrino del cura de Boán, y el famosísimo cacique conocido por el apodo de Barbacana, que apoyándose en el partido moderado a la sazón en el poder, imperaba en el distrito y llevaba casi anulada la influencia de su rival el cacique Trampeta, protegido por los unionistas y mal visto por el clero.
- Y cada quince días o cada mes, se agitaban, se debatían, se querían resolver definitivamente cuestiones hondas, problemas que el legislador, el estadista y el sociólogo necesitan madurar lentamente, meditar quizás años enteros antes de descifrarlos, y que una multitud en revolución decide en pocas horas, mediante una acalorada discusión parlamentaria, o una manifestación clamorosa y callejera.
- Quince años había estado allí en aquel zaguán, y me entristecía el tener que marcharme a otro lado.
- Cuando tenía quince años me enamoré de un hombre que pasaba de los treinta, y él, como es natural, me consideraba una chiquilla.
- Hacía quince años que no había venido a Madrid.