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Frases que tengan las palabras: con y todo

Si necesitas ejemplos de frases donde aparezcan los términos con y todo aquí tienes una lista de oraciones.

Frases con: con y todo

¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras con y todo aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 2 palabras.

Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • Zalamero, juicioso y circunspecto como pocos, era de los que se ponen en la primera fila de bancos, mirando con faz complacida al profesor mientras explica, y haciendo con la cabeza discretas señales de asentimiento a todo lo que dice.
  • ¿Y por qué le llamaba todo el mundo y le llama todavía casi unánimemente Juanito Santa Cruz?
  • En esto, como en todo lo malo, hemos progresado de tal modo, que las barrabasadas de aquel niño bonito hace quince años, nos parecerían hoy timideces y aun actos de ejemplaridad relativa.
  • Primero se le ocurrió encargar muchas misas al cura de San Ginés, y no pareciéndole esto bastante, discurrió mandar poner de Manifiesto la Divina Majestad todo el tiempo que el niño estuviese en París.
  • Así, a boca de jarro, de que me iba a casar contigo, ¡me corrió un frío por todo el espinazo.
  • Tanto hablar de París, y cuando Barbarita creía ver entrar a su hijo hecho una lástima, todo rechupado y anémico, se le ve más gordo y lucio que antes, con mejor color y los ojos más vivos, muchísimo más alegre, más hombre en fin, y con una amplitud de ideas y una puntería de juicio que a todos dejaba pasmados.
  • Demasiado sabían todos el camino de la casa, y las metódicas y honradas costumbres de esta, la fijeza de los precios, los descuentos que se hacían por pronto pago, los plazos que se daban, y todo lo demás concerniente a la buena inteligencia entre vendedor y parroquiano.
  • Trinaba contra todo arancel que no significara un simple recurso fiscal, mientras que Don Baldomero, que en todo era templado, pretendía que se conciliasen los intereses del comercio con los de la industria española.
  • Mal conocido es en España el nombre de este peregrino artista, aunque sus obras han estado y están a la vista de todo el mundo, y nos son familiares como si fueran obra nuestra.
  • Como que todo Madrid iba allí a comprar agujas, y su papá se carteaba con el fabricante.
  • Como que venían de Inglaterra, donde todo es de hierro, hasta los caminos.
  • Por último, las dos amiguitas y otras que se acercaron movidas de la curiosidad, y hasta la propia doña Calixta, que solía descender a la familiaridad con las alumnas ricas, reconocían, por encima de todo sentimiento envidioso, que ninguna niña tenía cosas tan bonitas como la de la tienda de Filipinas.
  • No había más remedio que cargar con todo aquel exceso de género, lo que realmente era una contrariedad comercial en tiempos en que parecía iniciarse la generalización de los abrigos confeccionados, notándose además en la clase popular tendencias a vestirse como la clase media.
  • Ver Don Bonifacio las primeras muestras del estilo de Senquá y chiflarse por completo, fue todo uno.
  • Todo esto era muy bonito para dicho en la tertulia de una tienda.
  • Ya tenían canas las cabezas de uno y otro, y Don Baldomero decía a todo el que quisiera oírle que amaba a su mujer como el primer día.
  • Él era un señor de muy buena presencia, el pelo entrecano, todo afeitado, colorado, fresco, más joven que muchos hombres de cuarenta, con toda la dentadura completa y sana, ágil y bien dispuesto, sereno y festivo, la mirada dulce, siempre la mirada aquella de perrazo de Terranova.
  • , a no ser lo que era, una matrona respetabilísima con toda la sal de Dios en su corazón, habría visto acudir los hombres como acuden las moscas a una de esas frutas que, por lo muy maduras, principian a arrugarse, y les chorrea por la corteza todo el azúcar.
  • Si su mujer lo permitiera, habría llevado Santa Cruz su indulgencia hasta consentir que el niño hiciera en todo su real gana.
  • ¿En qué consistía que habiendo sido él educado tan rígidamente por Don Baldomero I, era todo blanduras con su hijo?
  • Teníanle trabajando en el escritorio o en el almacén desde las nueve de la mañana a las ocho de la noche, y había de servir para todo, lo mismo para mover un fardo que para escribir cartas.
  • Todo fue rigor, trabajo, sordidez.
  • Las fuerzas reparatrices lo hacen todo, ayudadas del aire.
  • Para la Historia Natural, solía la maestra llamar en su auxilio al león del Retiro, y únicamente en la Química se quedaban los dos parados, mirándose el uno al otro, concluyendo ella por meterle en la memoria las fórmulas, después de observar que estas cosas no las entienden más que los boticarios, y que todo se reduce a si se pone más o menos cantidad de agua del pozo.
  • Para que el progreso pusiera su mano en la obra de aquel hombre extraordinario, cuyo retrato, debido al pincel de Don Vicente López, hemos contemplado con satisfacción en la sala de sus ilustres descendientes, fue preciso que todo Madrid se transformase.
  • Que las reformas arancelarias del 49 y del 68, pusieran patas arriba todo el comercio madrileño.
  • Pensad un poco en lo que representan, en lo que valen, en la riqueza y el ingenio que consagra a producirlos la ciudad más industriosa del mundo, y sin querer, vuestra mente os presentará entre los pliegues de las telas de moda todo nuestro organismo mesocrático, ingente pirámide en cuya cima hay un sombrero de copa.
  • Gumersindo, siempre que de esto se le hablaba, echábalo a broma, confiando en la buena mano que tenía su mujer para todo.
  • La madre, peinada con la mayor sencillez, sin ningún adorno, flácida, pecosa y desprovista ya de todo atractivo personal que no fuera la respetabilidad, pastoreaba aquel rebaño, llevándolo por delante como los paveros en Navidad.
  • Hay que tomar todo lo que se presente, porque son siete a colocar.
  • El llamado Estupiñá debía de ser indispensable en todas las tertulias de tiendas, porque cuando no iba a la de Arnaiz, todo se volvía preguntar.
  • Había visto a O Donnell y Espartero abrazándose, a Espartero solo saludando al pueblo, a O Donnell solo, todo esto en un balcón, y por fin, en un balcón había visto también en fecha cercana a otro personaje diciendo a gritos que se habían acabado los Reyes.
  • Era muy joven cuando entró de hortera en casa de Arnaiz, y allí sirvió muchos años, siempre bien quisto del principal por su honradez acrisolada y el grandísimo interés con que miraba todo lo concerniente al establecimiento.
  • Pero su tertulia fue la más animada y dicharachera de todo el barrio.
  • Si no la has de comprar, si todo es gana de moler, ¿para qué quieres verla?
  • Lances de Iglesia y de milicia y de mujeres y de la corte, con todo lo demás que cae bajo el dominio de la bachillería humana.
  • Un día le embargaron todo, y Estupiñá salió de la tienda con tanta pena como dignidad.
  • Plácido había salvado el honor, que era lo importante, pagando religiosamente a todo el mundo con las existencias.
  • ¡María Santísima, qué vida más deliciosa y qué bien hizo en adoptarla, porque cosa más adecuada a su temperamento no se podía imaginar! Aquel correr continuo, aquel entrar por diversas puertas, aquel saludar en la calle a cincuenta personas y preguntarles por la familia era su vida, y todo lo demás era muerte.
  • La forma de la cabeza, la sonrisa, el perfil sobre todo, la nariz corva, la boca hundida, los ojos picarescos, eran trasunto fiel de aquella hermosura un tanto burlona, que con la acentuación de las líneas en la vejez se aproximaba algo a la imagen de Polichinela.
  • El domicilio del hablador era un misterio para todo el mundo, pues nadie había ido nunca a verle, por la sencilla razón de que Don Plácido no estaba en su casa sino cuando dormía.
  • Si ahora me toca a mí sacar todo el pescuezo.
  • Todo quedó al fin en silencio, y de nuevo emprendió el joven su ascensión penosa.
  • Y se lo atizó todo, de cabo a rabo, sin omitir letra, articulando correctamente las sílabas en voz baja a estilo de rezo.
  • Una de estas platerías de puntapié, que todo lo que tienen no vale seis duros.
  • A Barbarita todo se le volvía preguntar y más preguntar, y el dichoso hablador no sabía nada.
  • Y aunque todo ello era inexplicable llegó un momento en que Barbarita dejó de ser curiosa, y no le importaba nada ignorar los desvaríos de su hijo con tal que se reformase.
  • Pero todo lo perdonaba, todo, todito, con tal que aquel trastorno pasase, como pasan las indispensables crisis de las edades.
  • Eres un chiquillo, y a ti hay que dártelo todo hecho.
  • Es la verdad, yo tengo que cuidar de todo, lo mismo de pegarte el botón que se te ha caído, que de elegirte la que ha de ser compañera de toda tu vida, la que te ha de mimar cuando yo me muera.
  • Todo esto era comedia, y querer echárselas de hombre reflexivo.
  • Y todo porque Jacinta le había cortado la cola al camello del rey negro.
  • Mas para todo hay remedio menos para la muerte, y Juanito vio con asombro, a poco de intentar la metamorfosis, que las dificultades se desleían como la sal en el agua.
  • Creeríase que no habían hecho en su vida otra cosa más que estar picoteando todo el santo día.
  • Barbarita, que la había criado, conocía bien sus notables prendas morales, los tesoros de su corazón amante, que pagaba siempre con creces el cariño que se le tenía, y por todo esto se enorgullecía de su elección.
  • La primera etapa de su viaje fue Burgos, a donde llegaron a las tres de la mañana, felices y locuaces, riéndose de todo, del frío y de la oscuridad.
  • Pero las consentía y toleraba, poniendo su pensamiento en Dios y confiando en que Este, al verlas, volvería la cabeza con aquella indulgencia propia del que es fuente de todo amor.
  • Todo era para ellos motivo de felicidad.
  • Y a más de esto, todo cuanto Jacinta decía, aunque fuera la cosa más seria del mundo, le hacía a Juanito una gracia extraordinaria.
  • Pero aunque no sepa apreciar bien la sucesión de los días, el amor aspira a dominar en el tiempo como en todo, y cuando se siente victorioso en lo presente, anhela hacerse dueño de lo pasado, indagando los sucesos para ver si le son favorables, ya que no puede destruirlos y hacerlos mentira.
  • ¿Apostamos a que sin decirme tú una palabra, lo averiguo todo?
  • La chica era confianzuda, inocentona, de estas que dicen todo lo que sienten, así lo bueno como lo malo.
  • Y una tarde salió el picador de entre un montón de banastas donde estaba durmiendo la siesta, todo lleno de plumas, y llegándose a mí me echó la zarpa, quiero decir, que me dio la manaza y yo se la tomé, y me convidó a unas copas, y acepté y bebimos.
  • Esto sería todo lo razonable y discreto que se quiera suponer.
  • Sobre todo si en su casa había.
  • Formaban la rinconada aquella vetustos caserones de ladrillo modelado a estilo mudéjar, en las puertas gigantones o salvajes de piedra con la maza al hombro, en las cornisas aleros de tallada madera, todo de un color de polvo uniforme y tristísimo.
  • Murmuró Jacinta ruborizada, porque en verdad, aquel rincón de Zaragoza podía ser todo lo solitario que se quisiese, pero no era una alcoba.
  • Además, todo lo que me puedas contar me lo figuro.
  • Un hombre que lo ha sido todo, presidiario y revolucionario de barricadas, torero de invierno y tratante en ganado.
  • Todo el santo día estaban riñendo, de pico se entiende.
  • El tiempo se les puso muy malo, y en todo el trayecto hasta Barcelona no cesó de llover.
  • Pero lo más raro de todo es que cuando vemos un burro, lo que menos pensamos es que de él salen los tambores.
  • Revolvió en su mente todo lo que sabía y no hallaba ninguna fórmula que sentase bien en su boca.
  • Todo para que nosotros nos regaláramos hoy.
  • A ratos charlaban, haciendo ella observaciones cándidas sobre todo lo que veía.
  • Todo era allí nobleza, o sea naranjos, los árboles de hoja perenne y brillante, de flores olorosísimas y de frutas de oro, árbol ilustre que ha sido una de las más socorridas muletillas de los poetas, y que en la región valenciana está por los suelos, quiero decir, que hay tantos, que hasta los poetas los miran ya como si fueran cardos borriqueros.
  • Todo porque aquellos brutos.
  • Hablando así se quitaba el sombrero, luego el abrigo, después el cuerpo, la falda, el polisón, y lo iba poniendo todo con orden en las butacas y sillas del aposento.
  • Una tarde fueron a comer a un bodegón de Triana, porque decía Juanito que era preciso conocer todo de cerca y codearse con aquel originalísimo pueblo, artista nato, poeta que parece pintar lo que habla, y que recibió del Cielo el don de una filosofía muy socorrida, que consiste en tomar todas las cosas por el lado humorístico, y así la vida, una vez convertida en broma, se hace más llevadera.
  • Nadie necesitaba tanto como él que se le llamase al orden, y sobre todo, lo que más falta le hacía era que le recortaran la bebida, porque aquello no era ya boca, era un embudo.
  • Y dale con la tarabilla de que él era esclavo de su deber, y de que lo primero de todo es la familia.
  • Y afuera todo.
  • El pueblo es muy inocente, es tonto de remate, todo se lo cree con tal que se lo digan con palabras finas.
  • La verdad ante todo.
  • De todo hubo.
  • Dijo Santa Cruz preparando todos los chirimbolos de esa dialéctica convencional con la cual se prueba todo lo que se quiere.
  • Todo era convencionalismo y frase ingeniosa en aquel hombre que se había emperejilado intelectualmente, cortándose una levita para las ideas y planchándole los cuellos al lenguaje.
  • VI Más y más pormenores referentes a esta ilustre familia i Pasaban meses, pasaban años, y en aquella dichosa casa todo era paz y armonía.
  • Ejemplo los de Santa Cruz, que gozaban de salud cabal, eran ricos, estimados de todo el mundo y se querían entrañablemente.
  • ¡Pobre joven! Lo tenía todo, menos chiquillos.
  • Mas atendía con ansia a todo lo que pudiera ser síntoma de esperanzas de sucesión.
  • Los muchachos lo revuelven todo y no dan más que disgustos.
  • Quería canarios de alcoba a todo trance, aunque salieran raquíticos y feos.
  • El nacimiento no significa nada entre nosotros, y todo cuanto se dice de los pergaminos es conversación.
  • No lo cambiara Barbarita por ninguno de los modernos hoteles, donde todo se vuelve escaleras y están además abiertos a los cuatro vientos.
  • Veíanse en esta pieza algunas acuarelas muy lindas compradas por Juanito, y dos o tres óleos ligeros, todo selecto y de regulares firmas, porque Santa Cruz tenía buen gusto dentro del gusto vigente.
  • Pero el arreglo definitivo de estas habitaciones vacantes existía completo en la imaginación de Jacinta, quien ya tenía previstos hasta los últimos detalles de todo lo que se había de poner allí cuando el caso llegara.
  • La señora lo pagaba todo, desde el alquiler del coche a la peseta de El Imparcial, sin que necesitara llevar cuentas para tan complicada distribución, ni apuntar cifra alguna.
  • El abono que tomaron en el Real a un turno de palco principal fue idea de Don Baldomero quien no tenía malditas ganas de oír óperas, pero quería que Barbarita fuera a ellas para que le contase, al acostarse o después de acostados, todo lo que había visto en el Regio coliseo.
  • Corriole un frío cortante por todo el cuerpo.
  • Todo lo que en ella existía de presunción materna, toda la ternura que los éxtasis de madre soñadora habían ido acumulando en su alma se hicieron fuerza activa para responder al miiiii subterráneo con otro miiii dicho a su manera.
  • Mientras Estupiñá admiraba, de mostrador adentro, las grandes novedades de aquel Museo universal de comestibles, dando su opinión pericial sobre todo, probando ya una galleta de almendra y coco, que parecía talmente mazapán de Toledo, ya apreciando por el olor la superioridad del té o de las especias, la dama se tomaba por su cuenta a uno de los dependientes, que era un Samaniego, y.
  • Ea, chicos, que lo mandéis todo al momento a casa decía con despotismo Estupiñá al despedirse, señalando las compras.
  • Compraba el cacao superior, el azúcar y la canela en casa de Gallo, y lo llevaba todo a hombros de un mozo, sin perderlo de vista, a la casa del que hacía las tareas.
  • Mientras el chocolatero trabajaba, Estupiñá se convertía en mosca, quiero decir que estaba todo el día dando vueltas alrededor de la tarea para ver si se hacía a toda conciencia, porque en estas cosas hay que andar con mucho ojo.
  • A falta de cosa mayor, la viciosa no entraba nunca en su casa sin el par de guantes, el imperdible, los polvos para limpiar metales, el paquete de horquillas o cualquier chuchería de los bazares de todo a real.
  • No se reconocía con bastante paciencia para encerrarse y estar todo el santo día bostezando el gori gori, ni para ser soldado en los valientes escuadrones de Hermanas de la Caridad.
  • Tal había de ser su empaque en todo el resto de sus días.
  • Sus talentos de fundadora se revelaron entonces, asustando a todo aquel señorío que no sabía salir de ciertas rutinas.
  • Desde aquel momento pediría a todo bicho viviente, iría de puerta en puerta con la mano así.
  • El Gobierno se lo lleva todo con las contribuciones.
  • Todo me suena igual.
  • Esto me da tantos ánimos que me atrevo con todo.
  • Tuve que darle mil noticias del asilo, explicarle todo.
  • Veremos si al fin me salgo con la mía, que es un grano de anís, nada menos que levantarles un edificio de nueva planta, un verdadero palacio con la holgura y la distribución convenientes, todo muy propio, con departamento de esto, departamento de lo otro, de modo que me quepan allí doscientos o trescientos huérfanos, y puedan vivir bien y educarse y ser buenos cristianos.
  • Yo lo tomo todo, hasta una llave vieja, para cuando se acabe el edificio.
  • Todo sirve, amigos.
  • Si quiere usted mis dos comedias, mis folletos sobre la Unión ibérica y sobre la Organización de los bomberos en Suiza, mi obra de los Castillos, todo está a su disposición.
  • Todo lo que tú quieras, hija.
  • Hacía algún tiempo que a esta se le había despertado vivo entusiasmo por las empresas de la Pacheco, y a más de reservarle todo el dinero que podía, se picaba los dedos cosiendo para ella durante largas horas.
  • Todo se arreglaría si los que tienen mucho dieran lo que les sobra a los que no poseen nada.
  • A sesenta reales el carro, todo lo que usted quiera.
  • Por pronto que acudo, ya mi querida tía me ha registrado la ropa que está en el perchero y se ha llevado todo lo que había en el bolsillo del chaleco.
  • ¡Todo sea por Dios! exclamó Guillermina dando un suspiro y volviendo imperturbable a su trabajo.
  • Los autores dramáticos lo mismo que las comidas, los ferrocarriles lo mismo que las industrias menudas, todo le parecía de una inferioridad lamentable.
  • Los más insignificantes gestos de su esposo, las inflexiones de su voz, todo lo observaba con disimulo, sonriendo cuando más atenta estaba, escondiendo con mil zalamerías su vigilancia, como los naturalistas esconden y disimulan el lente con que examinan el trabajo de las abejas.
  • ¡Pero bueno era el otro para dejarse coger! Y para todo tenía el ingenioso culpable palabras bonitas.
  • Pero una noche estaba este tan comunicativo, tan bromista, tan pillín, que a Jacinta se le llenó la boca de sinceridad, y palabra tras palabra, dio salida a todo lo que pensaba.
  • Sacaba partido de todo, distribuyendo los goces y ajustándolos a esas misteriosas mareas del humano apetito que, cuando se acentúan, significan una organización viciosa.
  • Por esta última razón no incurría en la humildad de confesarse indigno de tal joya, pues su amor propio iba siempre por delante de todo, y teníase por merecedor de cuantos bienes disfrutaba o pudiera disfrutar en este bajo mundo.
  • Todo se vuelve habladurías y no hacer nada de provecho.
  • Pues señor, vino el 11 de Febrero y al principio le pareció a Juan que todo iba a qué quieres boca.
  • Con lo que no se conformaba era con no tener chiquillos, porque todo se puede ir conllevando decía, menos eso.
  • Los lengüetazos la despertaban sobresaltada, y con la tristísima impresión de que todo aquello era mentira, lanzaba un ¡ay!, y su marido le decía desde la otra cama.
  • Había estado todo el día y la noche anterior en casa de Candelaria que tenía enferma a la niña pequeña.
  • Todo estaba forrado de un satén blanco con flores que el día anterior había visto ella y Barbarita en casa de Sobrino.
  • La miraba con sus ojazos vivos y húmedos, expresando en ellos y en la boca todo el desconsuelo que en la humanidad cabe.
  • Iii Si todo lo que les pasa a las personas superiores mereciera una efeméride, es fácil que en una hoja de calendario americano, correspondiente a Diciembre del 73, se encontrara este parrafito.
  • Y acentuando de una manera notabilísima aquella expresión de oler una cosa muy mala, añadió que todo lo que estaba pasando lo había previsto él, y que los sucesos no discrepaban ni tanto así de lo que día por día había venido él profetizando.
  • Ya tiene hecho todo el vaciado del edificio.
  • Todo se vuelve orificios, y el marqués no sabe lo que le pasa.
  • Ese señor Dios será todo lo sabio que quieran.
  • Mi vecino me ha enterado de todo.
  • Todo eso que usted me cuenta, ¿es verdad o es locura de usted?
  • ¡Si todo era un embuste, si aquel hombre estaba loco.
  • Hay cosas que forzosamente son ciertas, sobre todo siendo cosas malas.
  • Vio todo negro.
  • Con aquellas ternuras se le pasó a la Delfina todo su furor de coscorrones.
  • Ahora le da porque todo ha de ser obvio.
  • Ea, pues si no viene Rossini, no los meto y saco todo el cuerpo fuera.
  • El sentimiento pintoresco de aquellos tenderos se revela en todo.
  • En el patio, que era casi todo de tierra, empedrado sólo a trechos, había chiquillos de ambos sexos y de diferentes edades.
  • Había vecinas que se estaban peinando las trenzas negras y aceitosas, o las guedejas rubias, y tenían todo aquel matorral echado sobre la cara como un velo.
  • En todo quieren meter las narices.
  • Y todo porque no se apartaba de un salto para dejar el paso libre.
  • La niña, que era de más edad, había construido un hornito con pedazos de ladrillo, y a la derecha de ella había un montón de panes, bollos y tortas, todo de la misma masa que tanto abundaba allí.
  • Yo pongo el tinte, y trabajando todo el día, me quedan seis o siete reales.
  • La lengua que sacaba, por tener la creencia de que todo negrito, para ser tal negrito, debe estirar la lengua todo lo más posible, parecía una hoja de rosa.
  • Poca cosa, pero a mí todo me sirve.
  • Lo peor fue que viéndole su mujer tan retortijado y hecho todo una ese, creyó que tenía el dolor espasmódico que le solía dar.
  • Todo lo veía agrandado hiperbólicamente o empequeñecido, según los casos.
  • Todo le sonreía, según la expresión común que le gustaba mucho usar.
  • ¡Y que no tenga qué comer un hombre que podría enseñar la Gramática a todo Madrid y corregir estos delitos del lenguaje!
  • A todo esto asintió Ido del Sagrario, y siguió contemplando a su amigo, el cual parecía un grande hombre aburrido, carácter agriado por la continuidad de las luchas humanas.
  • No es todo lo verídico, ¡hostia!, porque leer ya sé, aunque no del todo lo seguío que se debe.
  • Todo era falso.
  • Pero en aquella sazón, todo esto era futuro y sólo se presentaba a la mente embrutecida de Platón como presentimiento indeciso de glorias y bienandanza.
  • ¡Repóblica puerca, repóblica cochina! rebuznó Platón, dando en la mesa un porrazo tan recio, que todo el ventorro tembló.
  • Porque todo se puede conllevar dijo Ido bajando la voz lúgubremente, menos la infidelidad conyugal.
  • Los que desde el corredor le oían, reíanse a todo trapo, y Nicanora arengaba al público diciendo.
  • , todo tocante a damas infieles, guapetonas, que se iban de picos pardos con unos duques muy adúlteros.
  • Perdone usted dijo dulcificando su acento todo lo posible, pero dispongo de poco tiempo.
  • Jacinta echó un vistazo a todo aquel conjunto, y entre las respetables personas que formaban el corro, distinguió una cuya presencia la hizo estremecer.
  • Si es todo un caballero formal declaró la señorita dándole un beso en su cara sucia que aún olía a la endiablada pintura.
  • ¡Pobrecito! exclamó con vivo dolor Jacinta, observando que el mísero traje del Pituso era todo agujeros.
  • Sepa usté que Bicerra, Castelar y otros mequetrefes, todo lo que son me lo deben a mí.
  • Señora, eso de no saber no es todo lo verídico.
  • Digo que no es todo lo verídico.
  • Yo soy todo lo decente.
  • Además de bruto es usted un embustero, porque ni ha estado en Cartagena ni ese es el camino, y todo lo que cuenta de las revoluciones es gana de hablar.
  • Aunque me parece que se convino en que todo ello fue invención de esa gran cabeza.
  • Guillermina, en aquellas grandes crisis oratorias, tuteaba a todo el mundo.
  • Cara, cuerpo, expresión, todo lo que no es del alma es en ti noble y hermoso.
  • Mas Barbarita prohibió todo lo que fuera barullo, y viendo entrar a Federico Ruiz, a Eulalia Muñoz y a uno de los Chicos, Ricardo Santa Cruz mandó destapar media docena de botellas de champagne.
  • Por mí te lo daré todo.
  • Poco después Guillermina y Jacinta hablaban a solas, lejos de todo oído indiscreto.
  • Todo esto me parece irregular.
  • Todo el toque estaba en observar la cara que pondría Juan al verle.
  • Antes de las doce, todo estaba en silencio, y los papás se retiraron a su habitación, después de encargar a Jacinta que estuviese muy a la mira para que el Delfín no se desabrigara.
  • Todo el día en este pozo del aburrimiento.
  • Si creía notar que se estremecía con escalofríos, apretaba sí dulcemente, liándose a él para comunicarle todo el calor posible.
  • ¡Qué curiosos son estos hombres! ¡Virgen María!, todo lo quieren saber.
  • Lo que harías tú, con las ganas que tienes de chiquillos, sería salir para que todo el mundo te viera con tu bombo, y mandar a Rossini con un suelto a La Correspondencia.
  • Díjole Barbarita que no saliera en todo aquel día, y como tenía que salir forzosamente, no hubo más remedio que revelar a su suegra el lío que entre manos traía.
  • Porque todo eso es muy vago.
  • En la misma puerta uno o dos horteras vestidos ridículamente de frac, con chistera abollada, las manos sucias y la cara tiznada, gritaban desaforadamente ponderando el género y dándolo a probar a todo el que pasaba.
  • El otro turrón sería todo lo sabroso y dulce que quisieran.
  • Verás, verás, ¡qué nacimiento tan bonito! le decía Jacinta para calmarle ¡Y qué niños tan guapos! Y un pez grande, tremendo, todo de mazapán, para que te lo comas entero.
  • Bueno, patatitas, todo lo que tú quieras.
  • Jacinta se había olvidado de todo, hasta de marcharse a su casa, y no supo apreciar el tiempo mientras duró la operación de lavar y vestir al Pituso.
  • Se afanaba por todo, exagerando las dificultades.
  • Se me figura dijo con el mismo tono que debe emplear Bismarck para decir al emperador Guillermo que desconfía de la Rusia, que los pavos de la escalerilla no están todo lo bien cebados que debíamos suponer.
  • Pero ¿y si todo era hechura de la imaginación exaltada de Jacinta y de su angelical corazón?
  • Nada, nada, aquella misma noche al acostarse, le había de contar todo a Baldomero.
  • Todo el resto del día estuvo la insigne dama muy atareada, y Estupiñá saliendo y entrando, pues cuando se creía que no faltaba nada, salíamos con que se había olvidado lo más importante.
  • Fue verdadero festín de cardenales, con desmedida abundancia de peces, mariscos y de cuanto cría la mar, todo tan por lo fino y tan bien aderezado y servido que era una gloria.
  • Todo fue alegría sin nubes, y buen apetito sin ninguna desazón.
  • Sus jumeras eran siempre una fuerte emersión de lágrimas patrióticas, porque todo lo decía llorando.
  • He tenido que cerrar la sala, porque me destrozaba todo.
  • Mirábalas el Pituso sonriendo con malicia, y los demás niños se apoderaron de ellas, tomando todo género de precauciones para librarlas de las manos destructoras del salvaje, que no se apartaba de su madre adoptiva.
  • ¡Y no había más que hablar! Olvido de todo, y nada de celos retrospectivos.
  • Tenía bien preparado todo el discurso, que confiaba en pronunciarlo entero sin el menor tropiezo y sin turbarse.
  • Y extiende el pagaré por todo el valor nominal.
  • Jacinta, anonadada, quería defender su tema a todo trance.
  • Llegar y ponerse malo el pobre niño fue todo uno.
  • Todo lo que sigue es muy soso.
  • A los tres días se me hicieron insoportables las exigencias de la fiera, y me avine a todo.
  • Todo lo que has dicho será verdad.
  • Si todo lo que piensan y sienten los ángeles, como mi mujer, se llevara a la práctica, la vida sería imposible, absolutamente imposible.
  • Vaya, no alborotes tanto, que todo ello es poca cosa.
  • Y aquella boca, aquellos labios, el piquito que hace con los labios, sobre todo.
  • Todo se arreglará.
  • Tan a paso de carga, porque todo debe moderarse, hija, hasta los impulsos sublimes.
  • Todo está en que saque disposición.
  • ¡cosas de viejo!, y estuve todo aquel día haciendo catálogos.
  • Farsante, con todo lo demás que en su gresca matrimonial se acostumbra.
  • Púseme todo lo cerca posible, esperando oírla hablar.
  • Son el mismo demonio para asimilarse todo lo que es del reino de la toilette.
  • La raza española es tremenda, chico, para la asimilación de todo lo que pertenece a la forma.
  • Parece una culebra que rodea todo el edificio y que ahora se desenrosca.
  • Era preciso descubrir, perseguir y aniquilar al corsario a todo trance.
  • Con todo su talento no podía Juan darse explicación satisfactoria del interés, de la curiosidad o afán amoroso que despertaba en él una persona a quien dos años antes había visto con indiferencia y hasta con repulsión.
  • Pero quiero verla, quiero verla a todo trance.
  • Pero estas cosas estaban muy adentro, en cavernas más hondas que el fondo de la mar, y no llegara a ella la sonda de Jacinta ni con todo el plomo del mundo.
  • Cada día más dominado por su frenesí investigador, visitó Santa Cruz diferentes casas, unas de peor fama que otras, misteriosas aquellas, estas al alcance de todo el público.
  • Y siempre que iba de noche por las calles, todo bulto negro o pardo se le antojaba que era la que buscaba.
  • Pero me parece que todo aquel judaísmo de mi amigo era pura fluxión de su acatarrado cerebro, el cual eliminaba aquellas enfadosas materias como otras muchas, según el tiempo y las circunstancias.
  • Los acreedores arramblaron por todo, hasta por la anaquelería, que sólo sirvió para leña.
  • De Barcelona hasta Huelva, y desde Pontevedra a Almería no le quedó rincón que no visitase, deteniéndose en Madrid todo el tiempo que podía.
  • El pobre chico, que era muy dócil, con todo se mostraba conforme.
  • Nicolás se había llevado todo el cabello de la familia, y por esta usurpación pilosa, la cabeza de Maximiliano anunciaba que tendría calva antes de los treinta años.
  • Esta la hacía a veces tan espléndida y tal alta, que cuando caía de ella a la del pan, estaba todo molido y maltrecho.
  • Vas a pasar mala noche, con pesadilla y todo, o sea con clase de Materia farmacéutica animal.
  • Y Olmedo lo hacía todo tan al vivo y tan con arreglo a programa, que se emborrachaba sin gustarle el vino, cantaba flamenco sin saberlo cantar, destrozaba la guitarra y hacía todos los desatinos que, a su parecer, constituían el rito de perdido.
  • Todo se reduce a echar muchas babas, y luego ya viene el hombre con otras ideas y otra manera de ser.
  • Todo lo que dijo fue de lo menos digno de pasar a la historia.
  • Su hucha con todo lo que contenía.
  • Esto lastimó el amor propio de Olmedo más que si su amigo le hubiera llenado de insultos, porque todo lo llevaba con paciencia menos que se le rebajase un pelo de la graduación de perdis que se había dado.
  • Consecuencia de tales ideas fue la sonora carcajada que soltó la mujer aquella ante la faz compungida de un hombre que era todo espíritu.
  • Verla y sentir un miedo muy grande, pero muy grande, fue todo uno.
  • Todo el mundo y toda la existencia anteriores a aquel estado novísimo se hundían o se disipaban como las tinieblas al salir el sol.
  • Pero la chica estaba muy acostumbrada a todo, y se quedaba tan fresca.
  • Mira que le cuento todo a la tía.
  • Con mano trémula, el asesino lo recogió todo menos la calderilla, y se lo guardó en el bolsillo del pantalón.
  • Por evitar este ruido inoportuno, Maximiliano se metió un pañuelo en aquel bolsillo, atarugándolo bien para que las piezas de plata y oro no chistasen, y así fue en efecto, pues en todo el trayecto desde Chamberí hasta la casa de Torquemada el oído de doña Lupe, que siempre se afinaba con el rumor de dinero como el oído de los gatos con los pasos del ratón, y hasta parecía que entiesaba las orejas, no percibió nada, absolutamente nada.
  • Olvídate por ahora de todo lo que es pura ostentación.
  • Aceptaba ella todo sin entusiasmo ni ilusión alguna, más bien por probar.
  • Los muebles se los alquiló una vecina que había levantado casa, y Rubín atendió a todo con tal tino, que Fortunata se pasmaba de sus admirables dotes administrativas, pues no tenía ni idea remota de aquel ingenioso modo de defender una peseta, ni sabía cómo se recorta un gasto para reducirlo de seis a cinco, con otras artes financieras que el excelente chico había aprendido de doña Lupe.
  • Todo lo que en el alma humana puede existir de noble y hermoso brotó en la suya, como los chorros de lava en el volcán activo.
  • Respecto del sol, la luna y todo lo demás del firmamento, sus nociones pertenecían al orden de los pueblos primitivos.
  • Además escamón y escamarse son palabras muy feas, y llamar tiologías a todo lo que no se entiende es una barbaridad.
  • Ii Maximiliano quería saberlo todo.
  • Pero con todo, mandábala que fuese al grano, a las cosas graves, como lo referente al hijo que había tenido.
  • La dignidad, hija, es antes que todo.
  • Pronto vio que todo lo que ofrecía Juárez el negro era conversación.
  • Con el mundo entero armaba camorra, y todo el veneno que iba amasando en su maldecida alma, por la mala suerte, lo descargaba sobre su querida.
  • La verdad ante todo.
  • Una noche entró en casa muy enfurruñado, trincó una maleta pequeña, llenola de ropa, pidió a Fortunata todo el dinero que tenía y dijo que iba al Escorial.
  • ¡Ya vería el mundo la irradiación de bondad y de verdad que él iba a arrojar sobre aquella infeliz víctima del hombre! Desde que la conoció y sintió que el Cielo se le metía en su alma, todo en él fue idealismo, nobleza y buenas acciones.
  • Tan pronto pensaba que no le quería ni pizca, como que le empezaba a querer, y todo era discutir y analizar palabras, gestos y actos de ella, interpretándolos de una manera o de otra.
  • Pasaba Maximiliano allí todo el tiempo de que podía disponer.
  • Ella misma se hacía la comida y limpiaba la casa, en cuyas operaciones se le iba casi todo el día.
  • Por mucho que se estirase el dinero sacado de la hucha, al fin se tenía que concluir, porque todo es finito en este mundo, y el metálico precisamente es una de las cosas más finitas que se pueden imaginar.
  • Tenía que ser así, o todo lo que se habla de la Providencia es patraña.
  • De todo lo que el enamorado pensaba hacer para la redención de su querida, nada le parecía tan urgente como enseñarla a escribir y a leer bien.
  • Todo iba a pedir de boca, y lo que faltaba era concluir la carrera y.
  • Porque aquel pensamiento era todo su amor, todo su espíritu, la expresión de todo lo nuevo y sublime que en él había, y no se puede encerrar cosa tan grande en la estrechez de la discreción.
  • Doña Lupe prestaba dinero, por mediación de un tal Torquemada, a militares, empleados y a todo el que cayese.
  • Todo sea por Dios murmuró por decir algo.
  • Algunos lo hacía todo tan bien y con tanta diligencia y aseo, que doña Lupe decía que era una perla.
  • En efecto, por la tarde dividió en dos la tapa de una sopera, y desde entonces todo fue un puro desastre.
  • A la cama todo Cristo.
  • Como faltaba tan poco, pronto quedó todo hecho.
  • Vete por él, ya podía venir todo el género humano a detenerle.
  • Porque él iba sacando un carácter de que aún no se había enterado la gente, un carácter de acero, y todo lo que se decía de su timidez era conversación.
  • Lo que importaba era no llevarle la contraria en todo aquello de la conciencia y de las misiones.
  • Ya estaba la mesa puesta, porque la mujer aquella multiplicaba el tiempo, y como quisiera, todo lo hacia con facilidad y prontitud.
  • Pero veía las cosas por el lente de sus ideas propias, y para él todo era como debía ser y no como era.
  • Dirigiose a su cuarto sorprendido de ver luz en él, y al encarar con su tía, que estaba revolviendo el tercer cajón de la cómoda, comprendió que su secreto había sido descubierto, y le corrieron escalofríos de muerte por todo el cuerpo.
  • El sofá y sillería tenían forro de crochet a estilo de casa de huéspedes, todo hecho por la señora de la casa.
  • Dime que todo es una chiquillada y no se hable más del asunto.
  • Todo se arreglará indicó doña Lupe en tono conciliador, si consigo quitarte de la cabeza esas humaredas.
  • Con todo, ni por un instante se le ocurría ceder.
  • Pero aun al cinco sería, como quien dice, el todo por el todo.
  • Por eso estoy todo el santo día vigilando a José María Vallejo, que es un buen hombre, sin despreciar a nadie.
  • Y desde mañana empezarás a tomarme el aceite de hígado de bacalao, porque todo eso que te da no es más que debilidad del cerebro.
  • Que venga todo el género humano a impedirme esta resolución.
  • Así como a otras el amor propio les inspira la presunción, a la viuda de Jáuregui le infundía convicciones de superioridad intelectual y el deseo de dirigir la conducta ajena, resplandeciendo en el consejo y en todo lo que es práctico y gubernativo.
  • Llegada la noche, deseaba ardientemente que el sobrino entrase de la calle para descargar sobre él todo el material de lavas que el volcán de su pecho no podía contener.
  • De modo que es tontería oponerse a lo que tengo pensado, porque salto por encima de todo y si me ponen delante una pared la paso.
  • Oiga usted ahora, que después de callar tanto me parece que reviento si no le cuento a usted todo.
  • Lo que tú tienes afirmó doña Lupe queriendo sostener su papel, es la tontería que te rebosa por todo el cuerpo.
  • , y ahora viene la de me caso, y a Roma por todo.
  • Doña Lupe reflexionó mucho todo aquel día, y como tenía un gran sentido de la realidad, empezó a reconocer el poder que ejercen sobre nuestras acciones los hechos consumados, y el escaso valor de las ideas contra ellos.
  • Era juiciosa, razonable, se hacía cargo de todo, miraba con ojos un tanto escépticos las flaquezas humanas, y sabía perdonar las ofensas y hasta las injurias.
  • La deudora se avino a todo por perder de vista a las dos infernales mujeres que tanto pavor le causaban.
  • Durante todo el almuerzo hablaron del servicio, y a cada cosa que decían miraban a Maximiliano como impetrando su asentimiento.
  • Se acordaba de su Jáuregui y de las cosas oportunas y sapientísimas que este decía sobre todo desgraciado que se metía con curas, pues era lo mismo que acostarse con niños.
  • A todo decía que sí.
  • Podría suceder muy bien que cuando todo iba como una seda, saliese con ciertas mistiquerías propias de su oficio, sacando el Cristo de debajo de la sotana y alborotando la casa.
  • Al principio no oyó más que el crujir de los hierros de la cama del clérigo, que era muy mala y endeble, y en cuanto se movía el desgraciado ocupador de ella volvíase toda una pura música, la que unida al ruido de los muelles del colchón veterano, hubiera quitado el sueño a todo hombre que no fuese Nicolás Rubín.
  • Preguntó doña Lupe al ponerle delante todo aquel cargamento.
  • Resolvíase luego la punzada en dolor gravitativo, extendiéndose como un cerco de hierro por todo el cráneo.
  • Esto no podía ser, y por fin le entraba aquella desazón epiléptica, aquel maldito hormigueo por todo el cuerpo.
  • Yo estoy dispuesta a hacer todo lo que usted me mande.
  • Nada, señor, pero nada declaró ella, disgustada ya del papel de Dama de las Camelias, porque si el casarse con Maximiliano era una solución poco grata a su alma, la vida pública la aterraba en tales términos, que todo le parecía bien antes que volver a ella.
  • Todo por la fuerza persuasiva de su dialéctica.
  • Perfectamente dijo el curita, acercando su sillón todo lo más que acercarse podía.
  • Pero como lo decía un sabio, no había más remedio que contestar a todo que sí.
  • Tenía recetas charlatánicas para todo, y las aplicaba al buen tun tun, haciendo estragos por donde quiera que pasaba.
  • Todo lo demás es obra de la imaginación, la loca de la casa.
  • ¿Está usted dispuesta a ponerse bajo mi dirección y a hacer todo lo que yo le mande?
  • Al contrario, le gustaba que sus catecúmenos estuvieran rasos y limpios de toda ciencia, para poder él enseñárselo todo.
  • Todo depende de que usted sepa mandar a paseo a la loquilla continuó Nicolás saliendo de su abstracción.
  • He salvado a tanta gente que se creía dañada para siempre! Convénzase usted, en esto, como en otras cosas, todo es ponerse a ello, todo es empezar.
  • Y todo sin regaños, sin manotadas, tratándola como un buen pastor trataría a la más querida de sus ovejas.
  • Tenemos ya una gran base de arreglo, que es su conformidad de usted con todo lo que le mande este pobre sacerdote.
  • Cubriole su amiga la mitad del cuerpo con una manta, púsole almohadas para que recostase la cabeza, y a medida que esto hacía, le aplacaba la curiosidad contándole precipitadamente todo.
  • Después que se retiró su amante, se quedó pensando en su fortuna, y todo aquel fárrago de olivos, parrales y carrascales que tenía metido en la cabeza le impidió dormir hasta muy tarde, enderezando aún más sus propósitos por la vía de la honradez.
  • Hay que ir allá, como he ido yo, para hacerse cargo de las intrigas de la gentualla de sotana, que todo lo quiere para sí, y no va más que a desacreditar con calumnias y chismes a los que verdaderamente trabajan.
  • Y sobre todo, no vengas echándotela de plancheta.
  • Todo sea por Dios se dejó decir Nicolás suspirando.
  • Había de conocerse hasta en los menores detalles, que la visitada era una moza de cáscara amarga, con recomendables pretensiones de decencia, y la visitante una señora, y no una señora cualquiera, sino la señora de Jáuregui, el hombre más honrado y de más sanas costumbres que había existido en todo tiempo en Madrid o por lo menos en Puerta Cerrada.
  • Y su condición de dama se probaba en que después de haber hecho todo lo posible, en la primera parte de la visita, por mostrar cierta severidad de principios, juzgó en la segunda que venía bien caerse un poco del lado de la indulgencia.
  • Fortunata tartamudeó, y todo lo dijo al revés.
  • Todo lo suyo era siempre bueno.
  • Dificilillo de componer era aquello, y no bastaba todo su talento a convertir en blanco lo negro, como otras veces había hecho.
  • Todo lo que debe pasar, pasa decía, y todo lo que debe ser, es.
  • Tanta piedad podía llegar a ser una desgracia para él, porque si Fortunata se entusiasmaba mucho con la religión y se volvía santa de veras, y no quería más cuentas con el mundo, sino quedarse allí encerradita adorando la custodia durante todo el resto de sus días.
  • El barroquismo sin gracia de nuestras parroquias, los canceles llenos de mugre, las capillas cubiertas de horribles escayolas empolvadas y todo lo demás que constituye la vulgaridad indecorosa de los templos madrileños, no tiene que echar nada en cara a las cursilerías de esta novísima monumentalidad, también armada en yesos deleznables y con derroche de oro y pinturas al temple, pero que al menos despide olor de aseo, y tiene el decoro de los sitios en que anda mucho la santidad de la escoba, del agua y el jabón.
  • Todo el bagaje mundano se arroja a la puerta.
  • Dichos bancos, las sillas y un canapé de patas curvas eran piezas diferentes, y bien se conocía que todo aquel pobre menaje provenía de donativos o limosnas de esta y la otra casa.
  • Ni cinco minutos tuvieron que esperar, porque al punto entraron dos madres que ya estaban avisadas, y casi pisándoles los talones entró el señor capellán, un hombrón muy campechano y que de todo se reía.
  • Pero cuando se cerró otra vez, pareciole al enamorado chico cosa diferente de todo lo que contiene el mundo en el vastísimo reino de las puertas.
  • El capellán, como candidato reventado, ponía de oro y azul al obispo de la diócesis y a todo el cabildo.
  • ¡diablo de chica!, concluyó por hacerlo todo al revés.
  • La culpa de todo la tenía el deán, que era un trasto y quería la lectoral a todo trance para su sobrinito.
  • Y mientras se sentaban, miró con terror al amigo de su sobrino, que era lo mismo que un buey puesto en dos pies, y pensaba que si el apetito correspondía al volumen, todo lo que en la mesa había no bastara para llenar aquel inmenso estómago.
  • Llegó un día en que sólo se alcanzaban a ver las zapatas de los maderos que sostenían el techo del corredor, y al fin la masa constructiva lo tapó todo, no quedando fuera más que las chimeneas, y aun para columbrar estas era preciso tomar la visual desde muy lejos.
  • Más allá tejares y las casetas plomizas de los vigilantes de consumos, y en todo lo que la vista abarca un sentimiento profundísimo de soledad expectante.
  • También era muy de su gusto que la pusieran en la cocina a las órdenes de la hermana cocinera, y era de ver cómo fregaba ella sola todo el material de cobre y loza, mejor y más pronto que dos o tres de las más diligentes.
  • Gustábale calzarse en el pie derecho el grueso escobillón, y arrastrando el paño con el izquierdo, andar de un lado para otro en la vasta pieza, con paso de baile o de patinación, puesta la mano en la cintura y ejercitando en grata gimnasia todos los músculos hasta sudar copiosamente, ponerse la cara como un pavo y sentir unos dulcísimos retozos de alegría por todo el cuerpo.
  • Mauricia la Dura representaba treinta años o poco más, y su rostro era conocido de todo el que entendiese algo de iconografía histórica, pues era el mismo, exactamente el mismo de Napoleón Bonaparte antes de ser Primer Cónsul.
  • Pues la cogí un día, la tiré al suelo, me estuve paseando sobre ella todo el tiempo que me dio la gana.
  • Dispuso que antes de entrar los muebles los limpiasen y frotasen bien para que todo el polvo quedase fuera.
  • Era un espectáculo imponente y aun divertido el que de tiempo en tiempo, comúnmente cada quince o veinte días, daba Mauricia a todo el personal del convento.
  • Iniciábasele aquel trastorno a Mauricia como se inician las enfermedades, con síntomas leves, pero infalibles, los cuales se van acentuando y recorren después todo el proceso morboso.
  • Las madres intervenían, y Mauricia callaba al fin, quedándose durante dos o tres horas taciturna, rebelde al trato, haciéndolo todo al revés de como se le mandaba.
  • Estos monosílabos guturales los emitía con todo el grueso de su gruesísima voz, y con tal acento de sarcasmo infame y de grosería, que habrían sacado de quicio a personas de menos paciencia y flema que Sor Natividad y sus compañeras.
  • Gritó la infame puesta en jarras y mirando en redondo a todo el concurso de recogidas.
  • Negar y negar siempre al preso pecador todo lo que pide, no es bueno.
  • En efecto, Mauricia empezó a sentirse alegre, y con la alegría vínole una viva disposición del ánimo para la obediencia y el trabajo, y tantas ganas le entraron de todo lo bueno, que hasta tuvo deseos de rezar, de confesarse y de hacer devociones exageradas como las que hacía Sor Marcela, que, al decir de las recogidas, llevaba cilicio.
  • Empezaban las omisiones, los olvidos, los descuidillos, y todo esto iba en aumento hasta que la repetición de las faltas anunciaba la proximidad de otro estallido.
  • Por fin la techumbre de la iglesia se lo tragó todo, y sólo se pudo ver la claridad del crepúsculo, la cola del día arrastrada por el cielo.
  • ¡Cuántas memorias evocadas, cuántas sensaciones reverdecidas en aquellos poquitos compases y vueltas de las pobres reclusas! ¡Qué recuerdo tan vivo de las polkas bailadas con horteras en el salón de la Alhambra, de tarde, levantando mucho polvo del piso, las manos muy sudadas y chupando caramelos revenidos! Y lo peor de todo y lo que en definitiva las había perdido era que aquellos benditos horteras iban todos con buen fin.
  • Según su relato, no había pecado, todo había sido pura equivocación.
  • Lo tenía todo, bondad, belleza, talento y virtud.
  • ¡Cosa más rara! ¡Y ella había tenido en su mano, días antes, para limpiarle unas gotas de cera, aquel mismo manto que había servido para pagar, digámoslo así, la salvación del chico de Santa Cruz! Y no obstante, todo era muy natural, sólo que a ella se le revolvían los pensamientos y le daba qué pensar, no el hecho en sí, sino la casualidad, eso es, la casualidad, el haber tenido en su mano objetos relacionados, por medio de una curva social, con ella misma, sin que ella misma lo sospechara.
  • Si hubiera ella ido al convento algunos días antes, habría asistido a la solemne misa, con obispo y todo, que se dijo en acción de gracias por haberse puesto bueno el tal.
  • Y por su parte Fortunata, que sabía perdonar las ofensas, no habría tenido inconveniente en unir sus votos a los de todo el personal de la casa.
  • Las labores de bordado de las Filomenas, las planas de las Josefinas y otros primores de ambas estaban expuestos en una sala, y todo era plácemes y felicitaciones.
  • Pero el aprecio y estimación eran seguramente mayores, y sobre todo, lo que había crecido y fortalecídose en su pensamiento era la conveniencia de casarse para ocupar un lugar honroso en el mundo.
  • Aunque dos o tres veces, llevada por su sobrino había visitado al basilisco, no había podido averiguar si estaba ya bien despercudida de las máculas de marras, pero ella quería ejercitar, como he dicho antes, su facultad educatriz, y todo lo que se tardase en tener a Fortunata bajo su jurisdicción, se detenía el gran experimento.
  • Si las dejaran, no saldrían de la capilla en todo el día.
  • Felisa y Belén, juntas todo el día, se separaban por las noches, pues sus dormitorios eran distintos.
  • Hasta para ser honrada repitió Fortunata, echando todo el peso de su cuerpo sobre las manos, para estrujar el rollo de tela como si lo amasara.
  • Al oírlas, un relámpago glacial le corría por todo el espinazo, y sentía que las insinuaciones de su compañera concordaban con sentimientos que ella tenía muy guardados, como se guardan las armas peligrosas.
  • Verdad que en todo lo que corresponde al reino inmenso de las pasiones, las monjas apenas ejercitaban su facultad educatriz, bien porque no conocieran aquel reino, bien porque se asustaran de asomarse a sus fronteras.
  • Porque lo que el capellán decía en el púlpito era que debemos hacer todo lo posible para salvarnos, que seamos buenos y que no pequemos.
  • Pero ahora, hija, me sales con que sí, serás honrada, todo lo honrada que Yo quiera, siempre y cuando que te dé el hombre de tu gusto.
  • Ved aquí por qué se cansa Uno de decir que sí a todo.
  • De doce a tres, se suspendía todo trabajo en la casa, porque no había cuerpo ni espíritu que lo resistiera.
  • Oír esto Mauricia y dar un gran berrido y soltar otra catarata de lágrimas fue todo uno.
  • Pues dilo todo, rebaña bien.
  • Llora, hija, llora todo lo que quieras, que Dios te iluminará y te dará su gracia.
  • En fin, todo sería aprensión.
  • El caño escupió un salivazo de agua, y todo quedó después en la misma quietud chicha y desesperante.
  • Belén se había puesto a charlar por lo bajo con una monja llamada Sor Facunda, que era la marisabidilla de la casa, muy leída y escribida, bondadosa e inocente hasta no más, directora de todas las funciones extraordinarias, camarera de la Virgen y de todas las imágenes que tenían alguna ropa que ponerse, muy querida de las Filomenas y aún más de las Josefinas, y persona tan candorosa, que cuanto le decían, sobre todo si era bueno, se lo creía como el Evangelio.
  • Mauricia salió al corredor, y atravesándolo todo, se sentó en el primer peldaño de la escalera.
  • El contacto del metal llevó por todo lo largo del espinazo de Mauricia una corriente glacial.
  • ¡Cómo brillaban los rayos de oro que circundan el viril, y qué misteriosa y plácida majestad la de la hostia purísima, guardada tras el cristal, blanca, divina y con todo el aquel de persona, sin ser más que una sustancia de delicado pan! Con increíble arrogancia Mauricia descendía, sin sentir peso alguno.
  • Para preverlo todo indicó la vizcaína, avisaremos también al médico.
  • Ya, ¡cómo estará aquel cuerpo con todo ese líquido ardiente! Nunca nos había pasado otra.
  • A usted, sí, y a todo el género mundano gritó con voz tan ronca, que apenas se entendía, so tía pastelera.
  • Fortunata bajó un lío de ropa, y recogiendo las botas, se lo dio todo a Mauricia, es decir, se lo puso delante.
  • La tarasca lo recogió todo.
  • Extendió y cerró los brazos, cual si en ellos quisiera apretar amorosamente todo lo que veían sus ojos.
  • Torquemada les recomendó una que servía para todo y que guisaba muy bien, mujer de edad mediana, formal, limpia y sentada.
  • A tantas ventajas se unía la de estar todo muy a la mano.
  • En fin, que todo iba bien y el porvenir les sonreía.
  • Tenía que enseñarle todo, modales, lenguaje, conducta.
  • Todo el semblante revelaba melancolía y profundidad de pensamiento, al menos así lo consideró Fortunata sin poder expresar por qué.
  • No te he preguntado a ti, refistolera, métome en todo.
  • Todo se sabe replicó la Dura con malicia.
  • Vaya, todo eso es cuento.
  • La que tiene un peine de marido, tiene bula para todo.
  • Es muy adulona, muy relamida, y tiene todo el aire de un serpentón.
  • ¡Hala!, honrada a todo trance.
  • Por fin, doña Lupe dio la voz de mando, y a la iglesia todo el mundo.
  • ¡Tremendo disparate!, pero disparate y todo, no había medio de destruirlo.
  • Por fin, todo estuvo a punto.
  • Por fin, a eso de las cuatro fueron desfilando, teniendo la desposada que oír los plácemes empalagosos que le dirigían, confundidos con bromas de mal gusto, y contestar a todo como Dios le daba a entender.
  • Le corrió una exhalación fría por todo el cuerpo.
  • Llegaron, y como todo estaba preparado para pernoctar, nada echaron de menos.
  • Cuidado cómo te sales de un diario de dieciséis reales todo lo más.
  • Dio varias vueltas por la casa, sin apartar el pensamiento y las miradas de los tabiques que separaban su cuarto del inmediato, y los tales tabiques se le antojaron transparentes, como delgadas gasas, que permitían ver todo lo que de la otra parte pasaba.
  • En todo caso, es demasiado pronto pensó Fortunata sentándose en una silla y poniéndose a pensar.
  • En aquel acto, todo lo que constituye la entidad moral había desaparecido con total eclipse del alma de la infortunada mujer.
  • Todo esto se decía con un cuchicheo cauteloso, y lo mismo lo habrían dicho aunque no hubiera allí un enfermo cuyo sueño había que respetar.
  • Tú, a todo di que sí, y luego haces lo que quieras, pichona.
  • , y después de registrar todo y de coger los papeles, trincaron a mi sobrino, y en el Saladero me le tienes.
  • Todo tan perdido.
  • Miraba todo con la curiosidad alborozada que las cosas más insignificantes inspiran a la persona salida de un largo cautiverio.
  • Todo va al revés para mí.
  • Olvidados de todo, los amantes estuvieron abrazados largo rato.
  • Su casamiento, su marido, las Micaelas, todo esto se había alejado y puéstose a millones de leguas, en punto donde ni aun el pensamiento lo podía seguir.
  • Me parece mentira dijo él, que te tengo aquí, cogida otra vez con lazo, fierecita mía, y que puedo pedirte perdón por todo el mal que te he hecho.
  • Todo lo demás.
  • ¡Todo un día sin verla! Le había traído un paquete de rosquillas.
  • Al fin se arreglaría todo.
  • Santa Cruz, que era el autor de todo aquel fregado, no sabía cómo arreglarlo, cuando su amiga le consultaba.
  • Seda y percal todo es lo mismo.
  • ¿Ese alma de Dios te da todo lo que necesitas?
  • ¿Sabes tú cómo fue todo eso?
  • Pues ahora me vengaré siendo todo lo mala que pueda.
  • Fortunata siguió inquiriendo con molesta curiosidad todo lo que quería saber respecto a la intimidad de los esposos.
  • Pues mira, tú te reirás todo lo que quieras.
  • De este modo devastaba el infeliz su alma, arrancando todo lo bueno, noble y hermoso para ofrecérselo a la ingrata, como quien tala un jardín para ofrecer en un solo ramo todas las flores posibles.
  • Cuando salían juntos a paseo, todo el mundo se fijaba en Fortunata, admirando su hermosura.
  • Por el lado económico todo iba a pedir de boca, porque mientras llegaba el día de ganar con su profesión, podía vivir bien con la corta renta de la herencia.
  • Apresuró el paso todo lo que pudo, y al llegar a su calle.
  • Me estás haciendo creer que no hay Dios, que portarse bien y portarse mal todo es lo mismo.
  • Pero aquella noche no tenía más remedio que decir sí a todo.
  • La noche se venía encima y Maxi deseaba que viniese más aprisa para dejar de ver el disco, que le parecía el ojo de un bufón testigo, expresando todo el sarcasmo del mundo.
  • La única defensa del que estaba debajo era clavar sus uñas, afilándolas con el pensamiento, en los brazos, en las piernas, en todo lo que alcanzaba del vencedor.
  • Y en todo caso.
  • Era todo uñas y todo dientes.
  • Pero probablemente concluiría todo con una fuerte jaqueca.
  • La mente de la viuda, en la cual hasta entonces todo era confusión y vaguedades, empezó a dar de sí los juicios más extraños, ideas de atrevido alcance y de un pesimismo aterrador.
  • ¡Casita y todo!
  • Todo induce a creer que usted se prepara a reincidir, y que no hay quien le quite de la cabeza esa maldita ilusión.
  • En fin, todo ello no es más que falta de conciencia, podredumbre del corazón, subterfugios del pecado.
  • Después cogía la cuchara con la mano izquierda y con la derecha iba echando pausadamente los terrones, dirigiendo miradas indulgentes a todo el local y a las personas que entraban.
  • Como veterano del café sabía tomarlo con aquella lentitud y arte que corresponden a todo acto importante.
  • Rubín descollaba por suponerse que todo lo sabía y que se anticipaba a los sucesos viéndolos venir, y por último, Feijoo era profundamente escéptico, y tomaba a broma todas las cosas de la política.
  • Esto de que todo el mundo sea amigo particular de todo el mundo es síntoma de que las ideas van siendo tan sólo un pretexto para conquistar o defender el pan.
  • El creer que todo esto es una comedia y que sólo se trata de saber a quién le toca mamar y a quién no.
  • Después de expresar con un gran suspiro la lástima que tenía de este pobre país, seguía tomando su café con indolencia, pero con apetito, porque para Don Basilio era verdadero alimento, y lo tomaba colmado, en vaso, y dejando rebosar todo lo posible en el plato para trasegarlo después frío al vaso.
  • Y sobre todo, me lo pueden creer, lo que más me contrista es no estar en mi ramo.
  • La jorobada y un su hermano, también algo cargado de espaldas, entraban con las manos de papel, y dando brazadas por entre las mesas del centro, iban alargando periódicos a todo el que los pedía.
  • Hay quien ha aprendido todo lo que sabe de filosofía en la mesa de un café, de lo que se deduce que hay quien en la misma mesa pone cátedra amena de los sistemas filosóficos.
  • Hay notabilidades de la tribuna o de la prensa, que han aprendido en los cafés todo lo que saben.
  • No es todo frivolidad, anécdotas callejeras y mentiras.
  • Como todo esto que cuento se refiere al año 74, natural es que en el café se hablara principalmente de la guerra civil.
  • Pillería aquí, pillería allá, y todo una gran pillería.
  • Todo no se ha de decir.
  • Todo dispuesto, y el primerito que estaba en el ajo era Serrano.
  • Toda la parte religiosa del programa carlista la descartaba, quedándose tan sólo con la política, porque ya había visto prácticamente que los curas lo echan todo a perder.
  • Conviene que todo el mundo coma.
  • La ráfaga de ambición que pasa por la mente de todo español con más o menos frecuencia haciéndole decir si yo fuera poder, le soplaba a Rubín dos o tres veces cada día, más bien como sueño que como esperanza.
  • Les reprendía cuando decían alguna barbaridad y les daba buenos consejos, profesando el principio de que todo era tolerable cuando se trataba en broma.
  • Él, por ejemplo, hablaba y oía, sobre todo oía, muchas cosas malas.
  • Pedernero lo echaba todo a chacota.
  • Todo el Viejo Testamento no era más que un fraude, una imitación de las teogonías india y persa.
  • Todo el café se alborotó.
  • Uno de los más chiflados de la escuela se esforzaba en convencer a Rubín, tomando ese tonillo de unción y ese amaneramiento de cuello torcido y ojos bajos en que cae todo propagandista de doctrina religiosa, cualquiera que sea.
  • Entre col y col, Ruiz pasaba un rato con sus amigos los espiritistas, y les alentaba a organizarse, a establecerse, a alquilar un local, y sobre todo a fundar un órgano en la prensa.
  • Iba también a aquel corrillo Aparisi el concejal, a quien tenían ya medio trastornado los apóstoles, Pepe Samaniego, que no se dejaba embaucar, y Dámaso Trujillo, el dueño de la zapatería titulada Al ramo de azucenas, que todo se lo creía como un bendito, y a solas en su casa hacía experimentos con una banqueta de zapatero.
  • El clima de Cuba y Filipinas le había dejado en los huesos, y como era todo él una pura mojama, relumbraban en su cara las miradas de tal modo que parecía que se iba a comer a la gente.
  • Dos meses, nada más que dos meses me faltan, y todo se vuelve promesas, que hoy, que mañana, que veremos, que no hay vacante.
  • Pero Ramsés II, cuyo verdadero nombre era Villaamil, no tenía más consuelo que aplicar su oreja seca y amarilla a la conversación, por si escuchaba algo de crisis o de trifulca próxima que diese patas arriba con todo.
  • Corríase algunas veces hacia la mesa inmediata, sobre todo a última hora, cuando sus amigos, gente que tenía que madrugar, empezaba a desertar del local.
  • La verdad es que todo esto, doña Nieves y las placeras sus amigas, las mujeres de equívoca decencia que iban allí acompañadas de madres postizas, el mozo y sus familiaridades, el pianista y sus habaneras, aburrían a Juan Pablo soberanamente.
  • Quería instruirse a todo trance, labor inmensa y difícil por carecer de base, pues su padre, con la idea de que al comerciante le estorba el latín, no le permitió aprender más que las cuatro reglas y un poco de francés.
  • Fue a verle, escogió los que más despertaron su curiosidad por los títulos, y consagró a la lectura todo el tiempo que le dejaban libre el café y el sueño.
  • Eso sí, por encima de todo la Naturaleza.
  • Encontrábase mi hombre con fuerza dialéctica y entusiasmo bastantes para predicar y extender por todo el mundo aquellas verdades.
  • Pero en llegando a que todo es Naturaleza, reinaba gran confusión en el auditorio, y doña Nieves, tomando el caso a broma, pedía mayor claridad.
  • Porque eso de que todos seamos todo no lo calo yo bien.
  • Todo era falso.
  • Aparisi sostuvo poco después que él había previsto todo lo que estaba pasando.
  • En Madrid lo sabe todo el mundo, y conviene que tú también lo sepas.
  • Todo el resto del día estuvo como una sonámbula.
  • Paciencia, hija, paciencia, y todo se arreglará.
  • Jacinta tuvo ya en la punta de la lengua el lo sé todo.
  • Ahora lo comprendo todo.
  • Todo aquel llanto era el disimulo de tantísimos días, sospechar callando, sentirse herida y no poder decir ni siquera ¡ay! Esto es horrible, esto es espantoso.
  • Confiésame todo.
  • ¿De veras que vas a contármelo todo?
  • ¡Si merecemos todo lo que nos pasa.
  • La confesión de la culpa ennoblece siempre, y como demasiado sabía él que todo lo noble hallaba eco en el gran corazón de Jacinta, se dijo.
  • Hasta las acciones más triviales y comunes, si eran suyas, quería que pasasen por actos deliberadamente admirables y que en nada se parecían a lo que hace todo el mundo.
  • Hay una moral gruesa, la que comprende todo el mundo, incluso los niños y las mujeres.
  • De todo lo que has dicho, parece deducirse que yo soy un miserable, un cualquiera, uno de tantos.
  • Y como para todo se necesita talento, una especialidad de talento, resulta que esa infeliz que tanto te da que pensar, no sirve absolutamente para diablo, ¿me entiendes?
  • Tiene todo el corte de mujer honrada.
  • Ponte tú en mi caso, figúrate que eres yo, y que te ha pasado todo lo que me ha pasado a mí.
  • Me parece que en todo lo que has dicho hay demasiada composición.
  • Los gustos extranjeros de aquel hombre y el desamor que a su patria mostraba, eran ocasión de empeñadas reyertas entre él y Don Baldomero, que defendía todo lo del Reino con sincero entusiasmo.
  • A veces perdía los estribos el buen español, sosteniendo que en todo lo de fuera hay mucho de farsa, y Moreno, extremando sus antipatías, sostenía que en España no hay más que tres cosas buenas.
  • Acordaron, pues, no aguardar más, y durante el cordial almuerzo, que quieras que no, la conversación versó sobre si en España es todo malo, o si en Francia e Inglaterra es de buena ley todo lo que admiramos.
  • Por eso todo el mundo vive en la calle.
  • Las casas serán todo lo malas que usted quiera.
  • Yo no puedo parecerme a este y el otro y el de más allá, que viven en la anarquía, señalados de todo el mundo.
  • Recíbele todo lo que quieras dijo él variando de táctica con la rapidez del genio.
  • Había laminitas compradas en baratillos, con marcos de cruceta, y otras mil porquerías con pretensiones de lujo y riqueza, todo ello anterior a la transformación del gusto que se ha verificado de diez años a esta parte.
  • Sentado en el sofá y con el sombrero puesto, Juan contempló aquel día todo lo que allí había, gozándose en la idea de que lo miraba por última vez.
  • Ponte bien ordinaria y todo lo cursi que puedas.
  • Ya te he dicho que lo paso todo, menos dar un disgusto a mis padres.
  • Aquí todo se hace público, y al fin no hay más remedio que bajar la cabeza.
  • Lo que Fortunata había pensado era que el amor salva todas las irregularidades, mejor dicho, que el amor lo hace todo regular, que rectifica las leyes, derogando las que se le oponen.
  • Ver esto y pararse en firme, con cierta frialdad en el alma, sintiendo el choque interior de toda velocidad bruscamente enfrenada, fue todo uno.
  • Pues nada más que entrar en la casa sin pedir permiso a nadie, llamar, colarse de rondón, dando gritos y atropellando a todo el que encontrara, llegarse a Jacinta, cogerla por el moño y.
  • Todo cerrado.
  • Todo a oscuras.
  • Pues porque no dan escándalos, y todo se lo tapan unas con otras.
  • Vio terciopelo, pieles blancas, sedas, joyas, todo rápidamente y como por magia.
  • ¡Qué manera de pagarme! ¡Yo, que lo dejé todo por él, y a los que me habían hecho decente les di una patada!
  • , qué indecente he sido! Todo por querer más de lo que es debido, por querer como una leona.
  • Eso sí, sobre todo los dramas en que hay cosas que la hacen llorar a una.
  • ¿Y cuando se empeñaba en que me pusiera yo esos cuerpos tan ceñidos, tan ceñidos que con ellos parece que enseña una todo lo que Dios le ha dado?
  • Antes que volver con Maximiliano afirmó Fortunata poniendo la cara más seria que sabía poner, todo lo paso, todo.
  • Soy algo viejo, pero sin vanidad creo que sirvo para todo, y por fuera y por dentro valgo más que la mayoría de los muchachos.
  • También se me ocurre que dentro de mi proposición puede usted ser todo lo honrada que quiera.
  • Pero de repente, sin saber cómo ni por qué, todo se le volvía del revés allá en las cavidades desconocidas de su espíritu, y la conciencia se le presentaba limpia, clara y firme.
  • Juzgábase entonces sin culpa alguna, inocente de todo el mal causado, como el que obra a impulsos de un mandato extraño y superior.
  • Pero en todo aquello que se relaciona con el amor, la dignidad consiste en guardar el decoro.
  • Todo esto le pareció a Fortunata muy peregrino cuando lo oyó por primera vez.
  • Pero sí inteligente en víveres y en todo lo que concierne a la bien provista plaza de Madrid.
  • No me vuelvo atrás de lo que esta expresión indica, pues el buen señor llegó a sentir por su protegida un amor entrañable, no todo compuesto de fiebre de amante, sino también de un cierto cariño paternal, que cada día se determinaba más.
  • No se hacía ella de rogar, y como tenía la virtud de la franqueza, y no apreciaba bien, por rudeza de paladar moral, la significación buena o mala de ciertos hechos, todo lo desembuchaba.
  • La aborrezco y me agrada mirarla, quiere decirse, que me gustaría parecerme a ella, ser como ella, y que se me cambiara todo mi ser natural hasta volverme tal y como ella es.
  • Todo envejece pensó, y cuando las piedras se gastan, ¡cómo no ha de gastarse el cuerpo del hombre!
  • El sonido se le escapaba, como si el mundo todo con su bulla y las palabras de los hombres se hubieran ido más lejos.
  • Y si fuera a hacer todo lo que el médico me dice, no duraría tres días.
  • Todo lo aprovechan, y hasta una hebilla de sombrero que no puedan gastar, se la plantan a cualquier santo en la cintura.
  • No te dé vergüenza de comer bien, y puesto que lo hay, aplícate todo lo que puedas, que día vendrá.
  • Y buena tonta serás si no engordas todo lo que puedas, y te pones las carnes aún más duras y apretadas si es posible.
  • Todo lo demás es música.
  • ¡Si esto es claro como el agua! Por eso me río yo de ciertas leyes y de todo el código penal social del amor, que es un fárrago de tonterías inventadas por los feos, los mamarrachos y los sabios estúpidos que jamás han obtenido de una hembra el más ligero favorcito.
  • Hay que preverlo todo, compañera.
  • Por este oído izquierdo me entra todo perfectamente, y no sale por el otro.
  • Todo se perdona, hija, todo, todo dijo el enfermo con indulgencia empapada en escepticismo.
  • Lo que me importa a mí es que tú quedes en una situación correcta y sobre todo.
  • Tonta, tontaina, si todo en este mundo depende del modo, del estilo.
  • Eso de echar todo por la ventana en cuanto el señor corazón se atufa, es un disparate que se paga caro.
  • Si no, lo echas todo a rodar, y no hay vida posible.
  • Pues todo se arreglará, hija, todo se arreglará.
  • Hay que darle cuerda por ahí, y dejarla que mangonee todo lo que quiera.
  • De modo que dejándola que se explaye a su gusto en todo lo que sea el mete y saca de la vida doméstica, podrás conservar tu independencia en lo demás.
  • Lo primero que has de tener presente es que siempre, siempre, en todo caso y momento, hay que guardar el decoro.
  • Sobre todo, esto es lo principal.
  • No descomponiéndose nunca, se puede hacer todo lo que se quiera.
  • ¡Ah, perdonar! Todo lo que sea rasgos les vuelve locos de gusto.
  • Al oír esto, la diplomacia de Feijoo se alarmó, creyendo llegada la ocasión de sacar, si no todo el Cristo, la cabeza de él.
  • Demasiado sabía que un hombre de quien se han recibido tales favores hay que creerle siempre todo lo que dice, y que se contrae con él la obligación tácita de ser de su opinión en cualquier disputa, y de ponerse serio cuando él recomienda la seriedad.
  • Supo además el anciano que doña Lupe no vivía ya en Chamberí, sino en la calle del Ave María, y que todo el tiempo que le dejaba libre a Maxi la farmacia, lo empleaba en darse buenos atracones de lectura filosófica.
  • A todo tirar, a todo tirar, tres o cuatro meses.
  • He hecho todo lo posible.
  • Nada, es que me quiere convencer manifestó Maximiliano con calor, de que todo es fuerza y materia.
  • Estaba hambriento de cosas ideales, y la meditación, el estudio y la soledad habíanle dado una receptividad asombrosa para todo lo que procediera del pensamiento puro.
  • Decir no soy nada para serlo todo.
  • Por mi parte añadió Don Evaristo, haré todo lo que pueda para que esto cuaje.
  • ¿Y cree usted que ella me podría dar explicaciones claras, pero muy claras, de todo lo que ha hecho después que se separó de mí?
  • Todo acabó.
  • Todo lo que en mí existía de varón, capaz de amar, ha desaparecido.
  • Todo murió, y no me queda de ello nada.
  • No digo que se sacrifique todo, todo el gusto y toda la ilusión.
  • Es preciso preverlo todo.
  • Llamémosle amistad, se aumente todo lo posible.
  • Pero yo, antes que todo, veo lo práctico, lo posible, y no puedo aconsejar a nadie que se deje morir ni que se suicide.
  • Pues no te diré que estas sean todo.
  • Pero hay casos en que son casi todo.
  • Hay que guardar en todo caso las santas apariencias, y tributar a la sociedad ese culto externo sin el cual volveríamos al estado salvaje.
  • Hay que discurrir, y sobre todo, penetrarse bien del propio decoro para saber mirar por el ajeno.
  • Pero antes de realizar aquel propósito, cesó la trepidación que en su alma había sentido, y todo quedó en reposo.
  • Así fue en efecto, pues en todo el año 75 que corría no se murió el filósofo práctico.
  • Hizo la distribución de todo con un acierto que declaraba su gran delicadeza y el aprecio que hacía de las amistades consecuentes.
  • Y Don Evaristo se quedó solo, pensativo y dulcemente ensimismado, saboreando en su conciencia el goce puro de hacer a sus semejantes todo el bien posible, o de haber evitado el mal en la medida que la Providencia ha concedido a la iniciativa humana.
  • Al levantarse, por la mañana temprano, preveía todos los sucesos y acciones del día que empezaba, y se preparaba para ellos con una evocación mental de su energía, y con la distribución metódica de las horas para todo lo previsto y probable.
  • Con todo, ¡lo que me ha venido contando estos días me parece tan extraño.
  • Dicen que lo acepta todo.
  • Le echas bastante sal, y después la cargas de harina todo lo que puedas y la fríes.
  • Es como los tiburones, que tragan todo lo que les echan.
  • Conque a ver si lo haces todo al revés.
  • ¿Y por qué no ha de ser verdad todo eso del arrepentimiento?
  • Él dirá qué hacemos con todo este guano.
  • Ella será todo lo que se quiera.
  • En cuanto a modales, ha olvidado todo lo que le enseñé.
  • Porque estás acostumbrado a que todo te lo den bien amasado y cocido.
  • Le aterraba la idea de subir, y de su mente se había borrado todo lo que pensaba decirle.
  • Doña Lupe y Papitos sí que lo vieron todo, y esta tuvo aún la pretensión de que su ama la dejase ir a la botica para ver la cura que le hacían a aquella borrachona.
  • Todo esto lo ha contado Aparisi, que lo sabe por el mismo Don Horacio y por doña Guillermina, y porque tuvo que intervenir como teniente alcalde que es del distrito.
  • Todo iba bien, perfectamente bien, y ya se habría convencido la chulita del valor de sus lecciones y consejos.
  • ¡Cuidado que mandar todo a paseo, casa, parientes, fortuna, querer, y sacrificar su juventud para andar toda la vida entre miserias.
  • La fundadora, con aquella actividad vivaracha que en todo ponía, dictó a Severiana algunas disposiciones para la ceremonia que se preparaba.
  • La ropa de la cama hay que ponerla limpia, y adornar todo el cuarto lo mejor que se pueda.
  • Luego pasó a la sala, seguida de doña Lupe, que quería meter baza a todo trance.
  • Ni aun le gusta que le saquen la cuenta de todo lo que vale.
  • Vete arrepintiendo de todo, menos de querer a quien te sale de entre ti, que esto no es, como quien dice, pecado.
  • A todo contestó Severiana.
  • Poner el barquito, ponerlo, que todo lo de la mar es de Dios.
  • Tengo que estar en todo.
  • Yo no me voy ya de la casa hasta que se acabe todo.
  • A la observación de la señora no se ocultó lo mal que estaba de ropa el infeliz artista, y le dijo que se fuera a su cuarto, que tocara allí el trombón todo lo que quisiese y por fin que.
  • Y barrerme bien todo el corredor.
  • Arrepiéntete de todo, chica, pero de todo.
  • Y todo quedó en silencio, y los párpados de Mauricia se abatieron, proyectando sobre las ojeras la sombra de sus largas pestañas.
  • Observó la de Rubín el trajecito azul de Adoración, sus botas, todo su decente atavío, y en aquella inspección fisgona que hizo, sus miradas y las de Jacinta se encontraron alguna vez.
  • ¡Ay, señorita, lo que se perdió usted! Ha estado todo tan bien, que daba gusto.
  • Pero la Dura tenía todo su ser embargado por la ardentísima ansiedad física que experimentaba, y sus ojos de águila se fijaron en Severiana que escanciaba en un vaso algo del contenido de una botella.
  • El que llevaba el copón, bien abrigadito con un refajo atado al cuello, daba las zapatetas más atrevidas que se podrían imaginar, y hasta vueltas de carnero, poniendo todo su arte en recobrar la actitud reverente en el momento mismo de tomar la vertical.
  • Así, así, y te arranco la nariz, y te escupo los ojos, y te saco todo el mondongo.
  • Mírame a mí, que no hago más que lo que me manda el Padre Nones, y he perdonado a la Pepa, a la Matilde, que me quiso envenenar, y a doña Malvina la protestanta y a todo el género mundano.
  • Yo estoy arrepentida de todo lo malo que he hecho.
  • Yo he perdonado a todo Cristo.
  • Y eso del guante no va conmigo, porque en todo el día de mañana no aparezco por aquí, ni a media legua a la redonda.
  • Juraría que todo el aguardiente que ha bebido en su vida se le subió a la cabeza esta noche.
  • La pobre menestrala deseaba tener tres o cuatro cuerpos para atender todo.
  • Antes de partir, el doctor habló con Guillermina en la sala, diciéndole que aquello no podía menos de acabar mal, y que a todo tirar, tiraría dos días.
  • Verla y cegarse fue todo uno.
  • Cuanto se había hecho en su ausencia le parecía mal, dejándose decir que ni tan siquiera para una obra de caridad podía salir de casa, pues en cuanto volvía la espalda, era todo un desbarajuste.
  • Pero antes convido a todo el mundo.
  • Lo repito, convido a todo Cristo.
  • Pensaba preguntar a su sabio amigo y maestro, por qué todo aquel desorden se había manifestado a consecuencia de las breves palabras que cruzó con Jacinta.
  • Ella, entonces, daría pruebas de ser tan ángel como otra cualquiera, y tendría alma, paciencia, valor y estómago para todo.
  • Y yo te había cogido de un pie, y tú tirabas, y yo tiraba más, y tirando se me rompía la bolsa del aneurisma, y todo el cuarto se llenaba de sangre, todo el cuarto, hasta el techo.
  • Los chiquillos ensucian la casa, todo lo revuelven y enredan, y dan enormes disgustos con sus enfermedades y travesuras.
  • Pero todo inútil.
  • Hay que estar en todo y quedar siempre en buen lugar.
  • Que usted ha tenido sus extravíos, todo el mundo lo sabe.
  • Todo lo contrario.
  • Y ciertamente, la pecadora sentía que la mirada aquella la penetraba hasta lo más profundo, trincando todo lo que encontraba.
  • Si usted me hubiera dicho lo contrario, yo le habría pedido que hiciese todo lo posible por devolver a esa pobrecilla la tranquilidad, eso es.
  • Si ya no hay nada absolutamente entre usted y el marido de mi amiga, si todo pasó, ¿por qué guardamos ese rencor a una persona que no nos hace ningún daño?
  • Hablaban de cosas que nada tenían de espirituales, de lo caro que se estaba poniendo todo.
  • En todo el resto del día no la pudo apartar de su mente.
  • Pero ante todo.
  • Todo lo llevo con paciencia.
  • Todo eso lo dices por buscarme la lengua.
  • Si todo eso que hablas es bulla.
  • Usted es el que la crucifica a ella, porque pudiendo darle todo lo que le pide, que bien de sobra lo tiene, no se lo da.
  • ¡Vivaaaa! Porque a ellos se le debe todo.
  • ¡lo he oído todo!
  • Y sobre todo, los derechos que usted podría tener, los ha perdido con su mala conducta.
  • Sí, todo lo angelical que usted quiera.
  • Yo estaré todo lo condenada que usted quiera.
  • Si a mí me gusta, si quisiera parecerme a ella en algunas cosas, en otras no, porque ella será para usted todo lo santa que se quiera, pero está por debajo de mí en una cosa.
  • La verdad ante todo.
  • Quizás todo habría concluido de un modo pacífico.
  • Fortunata mira todo esto y se ríe.
  • Y la voz de doña Lupe ensordece la casa riñendo a Papitos porque, al aviar las lámparas, ha vertido casi todo el mineral.
  • Hay que decirle a todo que sí, sin perjuicio de hacer lo que se deba.
  • De todo el que tú quieras.
  • , y sobre todo, paséese usted y no lea tanto.
  • Tan abstraído estaba y tan apartado de todo lo que no fuera el torbellino de letras en que nadaban sus ojos y con sus ojos su espíritu.
  • Después se restregaba los ojos y estiraba los brazos y el cuerpo todo, tardando lo menos cinco minutos en aquel desperezo que activaba la circulación de su poca sangre.
  • Todo el día me he estado acordando de lo que hablamos anoche.
  • Si inventas algo, que sea panacea, una cosa que lo cure todo, absolutamente todo, y que se pueda vender en líquido, en píldoras, pastillas, cápsulas, jarabe, emplasto y en cigarros aspiradores.
  • A doña Lupe sí que no se le escapaba nada, y de todo iba tomando notas.
  • Abstraerse, renunciar a todo, anular por completo la vida exterior, y vivir sólo para adentro.
  • Fortunata decía a todo que sí, y aparentando ocuparse de aquello, pensaba en lo suyo, meciéndose en la dulce oscuridad y la tibia atmósfera de la sala.
  • Me fui hacia el frasco del clorhidrato de morfina y me lo bebí todo.
  • Maxi se estiró en la cama, y cerrando los ojos, cayó al instante en profundo sueño, cual si se hubiera bebido todo el láudano de la farmacia.
  • Yo estoy con mucho ojo, y aunque parezca que no veo nada, lo veo todo.
  • Todo era quejas acerbísimas, afán angustioso por su honor y amenazas de que iba a hacer y acontecer.
  • Yo te explicaré lo que hay, y te convencerás de que todo es una figuración tuya.
  • Yo creo que todo ello es cosa de Papitos.
  • Todo sea por Dios.
  • Si todo es humo, humo que hay dentro de esta cabeza.
  • Sí, todo humo dijo Fortunata, poniéndole cariñosamente la mano en el hombro.
  • Tan cariñosas se mostraron, que Maxi comió más que otros días, sin hacer observación alguna ni quejarse de lo mal condimentado que estaba todo.
  • Mas él daba a conocer con suspiros profundos que la tormenta de su alma no estaba del todo extinguida.
  • En uno y otro arte todo es combinar, combinar.
  • Todo aquel fárrago de sentencias estéticas lo guardaba con las cartas y los mechones de pelo.
  • Pero entre Bismark y Napoleón III lo echaron todo a perder, pues por causa de estos dos personajes sobrevino la guerra de 1870, que tantas esperanzas había de segar en flor.
  • Verán, verán el nuestro, con todo lo que hay de más lindo, para llamar la atención, y hacer que la gente se pare y entre a comprar algo.
  • Todo consiste en tener pesquis.
  • Vean por qué esta nación no adelanta, y los extranjeros nos explotan llevándose todo el dinero.
  • Su atavío era todo frescura, sencillez de obrera elegante.
  • Mejor será que vayamos nosotras allá dijo doña Lupe, y así veremos y hociquearemos todo antes de que se abra al público.
  • Segismundo, que en aquel momento tenía poco que hacer, dejolo todo por atender cortésmente a la señora de su amigo y serle grato en lo que de él dependiera.
  • ¡Oh!, no son disparates replicó el farmacéutico, dando algunos pasos delante de ella y procurando que dichos pasos fueran todo lo airosos posible.
  • Todo lo quieren averiguar.
  • Salió a despedirles a la puerta de la botica, se puso muy tieso, y estirándose todo lo posible sobre la base de sus zapatillas, les siguió con la vista hasta que desaparecieron en lo alto de la calle.
  • Entre Fortunata y doña Lupe no era todo concordia, como se puede haber comprendido, pues la señora de Jáuregui, observadora sagaz, había comprendido que desde principios de Junio su sobrina andaba en malos pasos.
  • Si el pobre Maxi estuviera bueno, él te arreglara como cumple a todo hombre que se estima.
  • Por eso me contengo y me trago todo el veneno.
  • Esta mujer quiere ser el Papa pensaba, y con tal que la hagan Papa, se aviene a todo.
  • Yo estoy dispuesta a ayudarte todo lo que pueda.
  • Los espasmos de Maxi, todo continuaba repitiéndose de día en día con regularidad de programa.
  • Todo ello parecía prendas heredadas, o venidas a su poder por embargo judicial, o cogidas a algún filibustero.
  • De pan, que significa todo.
  • Que lo sana y purifica todo, vamos.
  • Pero todo lo que hay que averiguar sobre esto, está ya averiguado.
  • Mire usted, amigo Maximiliano, yo creo que todo lo que debemos saber sobre eso, ya nos lo han enseñado.
  • Lo que sé, lo sé porque me lo ha dicho quien todo se lo sabe.
  • Quien todo se lo sabe me lo ha dicho a mí.
  • Fortunata hacía que le ayudase a estirar la ropa o a devanar madejas, y él se prestaba a todo con sumisión.
  • Tengo la seguridad de que arrastrada y todo como eres, loca y sin pizca de juicio, tus faltas nacen del amor y no del interés.
  • Sobre todo, desde que elogió aquella obra tan mala, estrenada este invierno, diciendo que en ella se planteaba el problema, y qué sé yo qué.
  • La esposa sintió sudor frío en todo su cuerpo.
  • Recogió todos sus paquetes y el cuchillo, y trasladándose a la silla que estaba junto a la cama, lo puso todo sobre la mesa de noche.
  • Si no guardas todo eso, me levanto y me voy.
  • Todo está muy bien.
  • Escondido el primero, vació todo el contenido de las segundas en un periódico, metiéndolo todo revuelto en un cucurucho para llevárselo a Ballester.
  • Todo lo que quieras, con tal que te tomes ahora este chocolatito.
  • En todo reparó ella, demostrándolo con una sonrisa picaresca.
  • Todo por no enamorarse de un hombre digno, como por ejemplo.
  • De estos que juzgan a todo el mundo por sí mismos, y que no ven el mal aunque se lo cuelguen de la nariz.
  • En fin, que el muy tunante se divirtió todo lo que quiso, y después la del humo.
  • Te aseguro que le va a arder el pelo al tal primito con todo su mal de corazón y su extranjerismo.
  • Viajar menos, ahogar todo apetito loco de los sentidos, renunciar a todos los excitantes malsanos.
  • Comió en casa de los de Santa Cruz, y estos lo notaron sombrío, padeciendo chocantes distracciones, y tan indiferente a todo, que ni siquiera tomaba con calor la defensa de sus principios y gustos extranjeros, cuando Barbarita, por combatirle la murria, sacaba a relucir algún tema de entretenida polémica sobre este punto.
  • Todo lo que usted me dice a mí, al instante voy a contárselo a mi hermana.
  • Si me falta todo, absolutamente todo.
  • Si es todo lo contrario.
  • Se ha de cumplir todo el programa.
  • Todo, hasta en lo que se refiere el nene.
  • Le digo todo lo contrario.
  • ¡Y cómo se parecía a esta tonta de Aurora Fenelón! Todo pasó, todo va cayendo atrás revolviéndose en la estela que deja el barco.
  • Lo peor de todo, fue que al asno no se le vio más el pelo, y la familia tuvo que pagar por él una fuerte indemnización.
  • Emplearía todo mi dinero en obras de caridad, protegería la devoción.
  • Mientras esta duró, la ilustre dama, aunque no apartaba su atención del Oficio, pudo advertir que su sobrino estaba tras ella, cumpliendo con todo el ritual como cualquier devoto, arrodillándose y levantándose en las ocasiones convenientes.
  • Todo es empezar.
  • ¿Por qué no dedicas tu dinero, tu actividad y todo tu espíritu a una obra grande y santa, no a una obra pasajera, sino a esas que quedan, para bien de la humanidad y gloria de Dios?
  • Estupiñá, que en aquella temporada frecuentaba el trato de Moreno, por haberle este confiado la administración de su casa de la Cava, se presentó dispuesto a llevarle todo el contenido de las tiendas de Madrid para que escogiese.
  • Panderetas de las más abigarradas, abanicos y algunos cuadritos fueron llegando sucesivamente en todo el transcurso del día, y Don Manuel escogía y pagaba.
  • Al precio que tienen aquí las libras, vale más expedir oro, y por mi parte, me he de llevar todo el que pueda.
  • Todo sea por Dios.
  • Toma, por distraerme un rato, por verte a ti, por ver a Estupiñá, figuras raras de la humanidad, excentricidades, tipos, como todo esto que yo llevo a Londres para los aficionados a lo característico y al color local.
  • No, si yo no me opongo a que vivan todo lo que quieran replicó Moreno con energía.
  • Iba a decir ¿y todo para qué?
  • Y la jota esparcía por todo su ser tristeza infinita, pero que al propio tiempo era tristeza consoladora, bálsamo que se extendía suavemente untado por una mano celestial.
  • Leo en él todo lo que a usted le pasa.
  • Hay que tener calma, y tomar las cosas como vienen, y no ligar todo nuestro ser a una sola persona.
  • No se resistía a tomar el alimento ni las medicinas, sometiéndose silenciosamente a cuanto se le mandaba, como si lo dominante, en aquella fase del proceso encefálico, fuera la anulación de la voluntad, el no ser nada para llegar a serlo todo.
  • En Junio, sí, bien me acuerdo, todo era te quiero y te adoro, y bastante que nos reíamos de la mona del Cielo, aunque siempre la teníamos por virtuosa.
  • Perdona él todo.
  • (Aquí suspendió Aurora su trabajo, poniendo todo su espíritu en lo que relataba.
  • ¡Ah!, ya veo yo que todo se paga en este mundo.
  • Paréceme que se rompe todo lo que la ata a una.
  • Al decir esto, Aurora abandonó todo trabajo y se puso delante de su amiga en la actitud más complaciente.
  • Todo lo que tengo.
  • Pero me has de decir todo lo que vayas averiguando.
  • Por mi parte, que duerma todo lo que quiera.
  • Bien empleado te está todo lo que te pasa, muy bien empleado.
  • El resultado es que sale todo lo que yo digo.
  • Aguanta, que todo te lo tienes bien merecido.
  • A las seis y media la casa estaba a oscuras, y doña Lupe retardaba el encender luces todo lo posible.
  • Fortunata le apoyó en todo, mostrándose muy penetrada de la urgencia de establecer, como realidad social, el principio de solidaridad de la sustancia divina.
  • A todo decía que sí, y mientras comían, notó que el enfermo se animaba extraordinariamente, llegando hasta mostrarse alegre, locuaz y poniendo un singular calor en sus proyectos de apostolado.
  • Maxi se levantó, y estiró todo el cuerpo, elevando los brazos.
  • Reconocerse uno parte de ella, y todito con aquel gran todo.
  • ¡Sentir luego la irradiación del bien en sí, y contemplarse uno en aquel todo etéreo y sustancial, infinitamente perfecto y sano, hermoso, transparente y placentero.
  • Morirse, desprenderse de las lacerias de este mundo, y sentirse luego persona idéntica a la persona viva, gozando todo lo que hay que gozar y amando y siendo amada con arrobamientos que no se acaban nunca.
  • Dios, ¡qué hombre! ¿Será farsa todo esto de la locura?
  • A todo lo que él diga, por disparatado que sea, dices tú amén, y siempre amén.
  • Lo cantará lo mismo a todo el mundo, porque ella es así, muy bocona.
  • De todo esto se deducía que aquella pícara había traído una maldición a la casa.
  • Sobre todo no había hecho maldito caso de las sabias recetas de vida social que le diera su amigo.
  • Ignoraba sin duda lo que era aquello, y quería saberlo a todo trance, porque alargaba la pata como para hacer un reconocimiento de tan misterioso objeto.
  • Y todo porque me solía parar en la esquina de la calle de Tintoreros, esperando a la mujer de Inza, ji ji ji.
  • Y como si el despejo de su inteligencia no hubiera tenido más objeto que permitirle aquella importante advertencia, en cuanto la hizo, la nube invadió otra vez toda la caja del cerebro, volvió a la risa infantil, y a preocuparse más de que la bola del bilboquet se pinchase en el palito que de todo lo que a su desgraciada amiga pudiera referirse.
  • El ojo derecho no estaba ya todo lo abierto que debía, a causa de una rija, y el párpado inferior del mismo había adquirido notoria semejanza con un tomate, a consecuencia de la aplicación de un puño cerrado, de lo que resultó una inflamación que vino a parar en endurecimiento.
  • Miro todo esto con cariño.
  • ¡Ay, Dios, qué malo era, y qué sucio y qué feo! Las puertas parecía qué tenían un dedo de mugre, el papel era todo manchas, los pisos desiguales.
  • Por cierto que todo esto tenía que comprarlo, pues de la casa matrimonial no había de sacar nada.
  • Con todo, pienso decirle algo, porque en último caso, con dejarle el cuarto hemos concluido.
  • Y después de todo, ¿a mí qué me importa que herede la finca Juan o Pedro?
  • Iba de continuo a la casa, y en todo cuanto hablaba con su tía, era de la opinión de esta, ya fuese de Política, ya de Hacienda lo que se tratara.
  • Todo lo veía entonces transparentado por la luz de la razón, a la distancia que permite apreciar bien el tamaño y forma de los objetos, así como la paz del claustro permite a los fugitivos del mundo ver los errores y maldades que cometieron en él.
  • Si pecó, todo varía en mí, y no me rebajo yo a pedirle perdón.
  • ¡Humo! Todo queda reducido a unos cuantos latines que le echó el cura, y a la ceremonia, que no vale nada.
  • El suelo, a la mañana tan puro y albo, era ya al mediodía charca cenagosa, en la cual chapoteaban los barrenderos y mangueros municipales, disolviendo la nieve con los chorros de agua y revolviéndola con el fango para echarlo todo a la alcantarilla.
  • Divertido era este espectáculo, sobre todo cuando restallaban los airosos surtidores de las mangas de riego, y los chicos se lanzaban a la faena, armados con tremendas escobas.
  • ¡Sola todo el día en esta jaula!
  • Habla de todo con tino, y no hace ningún disparate.
  • Con el cambio de vida y domicilio, reanudó la señora de Rubín algunas relaciones de familia que estaban absolutamente quebrantadas, siendo de notar entre ellas la de José Izquierdo, que, empezando por ir a cenar con su hermana y sobrina algunas noches, acabó, conforme a su genial parasitario, por estar allí todo el tiempo que tenía libre.
  • Ganaba mi hombre todo lo que necesitaba, y era venturoso, y la sujeción del día la compensaba con las largas expansiones de charla y copas que se daba de noche en algún café, convidando a los amigos.
  • Todo aquel invierno continuó el tratamiento de las duchas circular y escocesa y el bromuro de sodio.
  • Rechazaba de su mente con tenaz repugnancia todo lo que no fuera obra de la razón y del cálculo, no desmintiendo esto ni en las cosas más insignificantes.
  • En todo rigor de lógica no puede ser doña Casta, porque la señora de Samaniego no gusta de tales papeles.
  • En todo rigor de lógica tiene que ser Torquemada.
  • Rechacemos todo lo fantástico.
  • Así sabré todo lo que quiero.
  • Él se dejaba querer, y apenas tomaba parte en la tertulia, como no fuera con los silogismos que mentalmente hacía sobre todo lo que allí se charlaba.
  • Por eso hubo, naturalmente, aquel gran pronunciamiento, y todo lo variaron, hasta los nombres de los meses, señores, y hasta abolieron la vara de medir y pusieron el metro, y la religión también fue abolida, celebrándose las misas, naturalmente, a la diosa Razón.
  • Después, cuando entraron Ido, Refugio y otras personas, estuvo muy comunicativo, discurriendo admirablemente sobre todo lo que se trató, que fue la insurrección de Cuba, el alza de la carne, lo que se debe hacer para escoger un bonito número en la lotería, la frecuencia con que se tiraba gente por el Viaducto de la calle de Segovia, el tranvía nuevo que se iba a poner y otras menudencias.
  • Yo quería que todo el género humano se matara.
  • Todo con la pura lógica, tía, con la lógica seca.
  • Que salió Juan Pablo de la casa renegando de su estrella, de su tía y de todo el género humano, revolviendo en su mente propósitos de venganza con proyectos de suicidio, pues estaba el infeliz como el náufrago que patalea en medio de las olas, y ya no podía más, ya no podía más.
  • Determinose en él con poderosa fuerza el rencor de otros tiempos, aquel rencor concentrado y sutil que era como un virus ponzoñoso, tan pronto manifiesto como latente, y que al derramarse por todo su ser, producía tantos y tan distintos fenómenos cerebrales.
  • Pero tan fresco y tan satisfecho como se queda todo el que ha hecho un bien muy grande, pero muy grande.
  • Todo el día siguiente estuvo con la misma confusión en su mente.
  • Que aquello no tenía remedio, que la deshonra era inevitable, si bien no recaía sobre doña Lupe, pues a todo el mundo constaba que ella no alentó ni favoreció jamás los desvaríos de Fortunata.
  • Fortunata sería todo lo mala que se quisiera suponer.
  • No lo puedo remediar, la iniciativa me alborota todo el espíritu, y reviento si no le doy salida.
  • Estas ideas, que fermentaron en el cerebro de aquella gran diplomática y ministra durante todo el mes de Marzo, determinaron los recaditos que mandó a Fortunata con Ballester, el encargo que hizo a Quevedo de asistirla cuando el caso llegara, no vacilando en decir al feo y hábil profesor de obstetricia que sus honorarios no serían perdidos.
  • Vi Estuvo con un humor de mil diablos todo el Jueves y Viernes Santo.
  • Creyó que se le caía encima el techo del despacho y todo el Ministerio de la Gobernación.
  • Perdonar a todo el mundo.
  • Sobre todo, en el destierro de los abusos insistió mucho.
  • Y cuando se cargara de razón, levantar el palo y deslomar a todo el que se desmandase.
  • Y no dejaron de molestarle también y entorpecerle ciertas disensiones domésticas, pues Refugio, que ya se estaba dando pisto de gobernadora, y se había despedido de sus amigas con ofrecimientos de protección a todo el género humano, se quedó helada cuando su señor le dijo que no la podía llevar.
  • Todo lo sabe.
  • Es tan honradito el pobre Ponce, que todo lo que escribe es de conciencia, y hasta cuando elogió el dramón aquel que a mí me sacaba de quicio, lo hizo porque le salía de dentro.
  • Y aunque alentara, con respecto a la señora de Rubín, pretensiones amorosas a plazo largo, no dejaban por eso de ser puros y desinteresados sus actos de caridad, y habrían sido lo mismo aun en el caso de que su amiga espantara de fea y careciese de todo atractivo personal.
  • Pero paso por todo con tal de ver la cara que pone delante de este hijo.
  • Y la otra, con todo su ángel, no toca pito, no toca pito.
  • Aunque nadie me ha dicho una palabra prosiguió Rubín, sé todo lo que te ha pasado.
  • Pero no lo es, todo el mundo lo sabe, y lo sé yo también.
  • Examínalo bien, y verás que todo era celos, celos fermentados y en putrefacción.
  • Pero todo aquello de la liberación y del Mesías voló.
  • Y para decírtelo todo en una palabra.
  • Que dijera todo lo que quisiese.
  • Todo lo que tardes en saberlo, tardas en regenerarte.
  • El infeliz chico estaría todo lo enfermo que se quisiera suponer.
  • Y lo mismo fue ver a Rubín que volarse, soltando por aquella boca sapos y culebras y echando la culpa de todo a su hermano y al tagarote inútil de don José Ido, el cual, viéndose insultado, a su parecer tan sin motivo, hacía contracciones casi inverosímiles con los músculos de la cara, juntando un ojo con la boca y encaramando el otro hasta la raíz del pelo.
  • Y fue tal el vocerío que hubo de presentarse en la puerta, que estaba abierta, Estupiñá, y penetró en la casa con ademanes policiacos, mandando callar a todo el mundo y amenazando con traer una pareja.
  • Desde la entrevista con su marido, Fortunata se puso tan inquieta, que Segunda tuvo que enfadarse para impedir que se levantara, pues quería hacerlo a todo trance.
  • Todo lo dice al revés, y el otro día me sostenía que doña Desdémona es una mujer hermosa.
  • Le convenció ella dándole todo lo que quiso o lo que había, y el angelito se quedó dormido en su cuna de mimbres.
  • Y sobre todo esa envidiosona de Jacinta es la que más miedo me da.
  • Fortunata había estado allí en los días que precedieron a la inauguración de la tienda, y recordaba perfectamente todo.
  • Sí, yo creo todo.
  • Y es tan listo y tan travieso que tiene alborotado todo el asilo.
  • ¡engañar a dos, a dos, señora, a mí y a la otra, que es un ángel, según dice todo el mundo! Dígale usted que su cuenta con la Samaniega está ajustada.
  • De algún tiempo acá todo cuanto ese chico habla es tan atinado, que podrían tenerlo por suyo los siete sabios de Grecia.
  • Quiso la dama hablarle, y no pudo decir una palabra, pues con todo su talento y práctica del mundo no acertaba con la clave de las ideas que ante aquel hombre, dada la situación de él, debía desarrollar.
  • Expresábase él con admirable serenidad y con fácil y aun ingeniosa palabra, sin atropellarse ni vacilar un instante, las facciones reposadas, todo cortesía y aplomo.
  • Híceme cargo de todo lo que había pasado durante mi enfermedad, que más bien me parecía sueño, y vi la infidelidad de esa desgraciada, vi también que tenía una cría, y la claridad de aquella razón nueva y robusta que yo había echado, me hizo ver un caso de aplicación de la justicia, y consideré que era de mi deber contribuir a la extirpación del mal en la humanidad, matando a esa infeliz, con lo cual la redimía, porque yo he dicho siempre.
  • Pero todo se volvía contar el lance con Aurora, dándole proporciones trágicas, y una vez concluido, lo empezaba de nuevo, revelando contra la que fue su amiga una saña implacable.
  • A pesar de todo, no quería Ballester irse sin llevarle por delante, y tanto bregó con él, que hubo de conseguirlo.
  • Yo, desde que entré en esta gran crisis de la razón, todo lo veo claro, y la naturaleza humana no tiene secretos para mí.
  • Todo verdugo es por sí odioso.
  • Yo lo sé todo.
  • Créetelo porque te lo digo yo, que todo lo sé.
  • Yo lo sé todo, y mi razón me presenta la vida como un panorama ante los ojos.
  • Bien lo sabes, y recordarás que te anuncié todo lo que iba a pasar.
  • Todo y mucho más se lo merece usted, carambita replicó el farmacéutico con efusión de cariño.
  • Ella será todo lo mala que se quiera.
  • Todo sea por Dios.
  • Sobre todo a la francesota, infame, traicionera.
  • Pues con todo su mérito y su santificación, ¿no se alegrarla ella de que me quitaran a mí de en medio?
  • Su mamá, su mamá le da al niño todo lo que quiere.
  • Como que Plácido es todo de la casa, y desde chiquito no hace más que llevar recados de los señores, y servirles en mil menudencias.
  • Todo está en ponerse.
  • Aunque todo podía conciliarse, me parece a mí, ser santa y querer a este hijo de Dios.
  • Yo rompería con todo, si no fuera porque me será difícil encontrar colocación inmediatamente, y crea usted que un periodo de vacaciones me balda.
  • Todo lo malo se cree, y lo malo que de mí se diga, se cree más.
  • Xiii Todo esto era muy bonito y muy tierno.
  • Mira, mira, qué pronto se hace a todo el angelito.
  • En aquella idea vaciaba, como en un molde, todo lo bueno que ella podía pensar y sentir.
  • Usted póngalo todo muy clarito, Don Plácido.
  • Platón vacilaba, no dando a Segunda todo el crédito que esta creía merecer.
  • En todo aquel día no abandonó la casa mortuoria.
  • Vea usted por qué yo profeso el principio de que no debemos reírnos de nada, y que todo lo que pasa, por el hecho de pasar, ya merece algo de respeto.
  • Durante algún tiempo, el Delfinito siguió en casa de Guillermina, donde estaba la nodriza, hasta que enteraron de todo a Don Baldomero, y se le pudo llevar a la casa patrimonial.
  • Jacinta hacía girar todo este ciclón de pensamientos y correcciones alrededor de la cabeza angélica de Juan Evaristo.
  • En el largo trayecto de la Cava al cementerio, que era uno de los del Sur, Segismundo contó al buen Ponce todo lo que sabía de la historia de Fortunata, que no era poco, sin omitir lo último, que era sin duda lo mejor.
  • A lo que dijo el eximio sentenciador de obras literarias, que había allí elementos para un drama o novela, aunque a su parecer, el tejido artístico no resultaría vistoso sino introduciendo ciertas urdimbres de todo punto necesarias para que la vulgaridad de la vida pudiese convertirse en materia estética.
  • Como hace días nos quiso usted morder, cuando le quitamos el revólver, y daba mordiscos y patadas, y quería matar a todo el género humano, tuvimos que encerrarle.
  • Atravesaron un gran patio lleno de mausoleos de más o menos lujo, después otro patio que era todo nichos.
  • Y para que conste, yo juro ante Dios y los hombres que perdono con todo mi corazón a esa desventurada a quien quise más que a mi vida, y que me hizo tanto daño.
  • Ahora todo es libertad, luz.
  • Apoyó Ballester la idea que a su amigo le había entrado, y todo el día estuvo hablándole de lo mismo, temeroso de que se desdijera.
  • De las techumbres de paja de las barracas salían las bandadas de gorriones como un tropel de pilluelos perseguidos, y las copas de los árboles empezaban á estremecerse bajo los primeros jugueteos de estos granujas del espacio, que todo lo alborotaban con el roce de sus blusas de plumas.
  • En la barraca de Tòni, conocido en todo el contorno por Pimentó, acababa de entrar su mujer, Pepeta, una animosa criatura, de carne blancuzca y flácida en plena juventud, minada por la anemia, y que era sin embargo la hembra más trabajadora de toda la huerta.
  • De todo tenía la culpa el amo de la tierra, aquel don Salvador, que de seguro ardía en los infiernos.
  • Verdad, todo verdad.
  • Ella se lo había buscado, casándose contra los consejos de todo el mundo.
  • Tísicos colchones, jergones rellenos de escandalosa hoja de maíz, sillas de esparto, sartenes, calderas, platos, cestas, verdes banquillos de cama, todo se amontonaba sobre el carro, sucio, gastado, miserable, oliendo á hambre, á fuga desesperada, como si la desgracia marchase tras de la familia pisándole los talones.
  • Antes, mucho antes, había sido el propietario de todo aquello un gran señor, que al morir depositó sus pecados y sus fincas en el seno de la comunidad.
  • Y no pudiendo con todo el trabajo, dejaba improductiva y en barbecho la mitad de su tierra feraz, pretendiendo con el cultivo de la otra mantener á la familia y pagar al amo.
  • Y mientras ellas, que ya comenzaban á llamar la atención de los mozos de la huerta, asistían con pañuelos de seda nuevos, vistosos, y planchadas y ruidosas faldas á las fiestas de los pueblecillos, ó despertaban al amanecer para ir descalzas y en camisa á mirar por las rendijas del ventanillo quiénes eran los que cantaban les albaes 2 ó las obsequiaban con rasgueos de guitarra, el pobre tío Barret, empeñado cada vez más en nivelar su presupuesto, sacaba, onza tras onza, todo el puñado de oro amasado ochavo sobre ochavo que le había dejado su padre, acallando así á don Salvador, viejo avaro que nunca tenía bastante, y no contento con exprimirle, hablaba de lo mal que estaban los tiempos, del escandaloso aumento de las contribuciones y de la necesidad de subir el precio del arrendamiento.
  • Y prestó dinero á Barret, con el insignificante detalle de exigirle una firma los negocios son negocios al pie de cierto papel en el que se hablaba de interés, de acumulación de réditos, de responsabilidad de la deuda, mencionando para esto último los muebles, las herramientas, todo cuanto poseía el labrador en su barraca, incluso los animales del corral.
  • Un día le avisaron que por la tarde iría el Juzgado á proceder contra él, á expulsarlo de las tierras, embargando además para pago de sus deudas todo cuanto tenía en la barraca.
  • Calma y mala intención, que todo llegará.
  • Si el tal viera todo esto, ¡cómo se alegrarían sus malas entrañas!
  • ¿Y todo aquello iba á ser propiedad de otro, porque sí, porque así lo querían los hombres?
  • ¡Que se lo llevase todo el demonio! Al fin era suyo, bien lo sabía Dios, y podía destruir su hacienda antes que verla en manos de ladrones.
  • No lo había perdido todo.
  • Todo ha sido una broma.
  • La gente de la huerta, con la facilidad que tiene todo el mundo para olvidar la desgracia ajena, apenas si de tarde en tarde recordaba la espantosa tragedia del tío Barret, preguntándose qué sería de sus hijas.
  • Pero cuando llegó el momento de las declaraciones, todo el distrito desfiló ante el juez afirmando la inocencia de Pimentó, sin que á aquellos rústicos socarrones se les pudiera arrancar una palabra contradictoria.
  • Mi amo respondían á todo.
  • Y el duro pan parecía más sabroso, el vino mejor, el trabajo menos pesado, imaginándose las rabietas de los dos avaros, que con todo su dinero habían de sufrir que los rústicos de la huerta se burlasen de ellos.
  • Todo esto, pensado confusamente, les hacía creer que el día en que los campos de Barret fueran cultivados la huerta sufriría toda clase de desgracias.
  • Todo lo despreciaba y olvidaba contemplando sus tierras.
  • De allí saldría el pan para todo el año.
  • Y no hubo en todo el contorno techumbre que se irguiera más gallarda.
  • Aquel hombre parecía poseer con sus membrudos brazos dos varitas mágicas que lo transformaban todo al tocarlo.
  • Él, lo único que podía asegurar es que el tal sujeto no cosecharía el trigo, ni las habas, ni todo lo que había plantado en los campos de Barret.
  • Junto á estas piedras se había aglomerado y confundido todo un pueblo.
  • El ruido de los carruajes, el arrastre de los tranvías, todo el estrépito de la vida moderna pasaba, sin rozar ni conmover esta institución antiquísima, que permanecía allí tranquila, como quien se halla en su casa, insensible al paso del tiempo, sin fijarse en el cambio radical de cuanto le rodeaba, incapaz de reforma alguna.
  • Todo para hacerle incurrir en multa, para matar unos trigos en los que estaba la vida futura de su familia.
  • Su aspecto de hombre resuelto á todo imponía respeto á los enemigos.
  • Y encima de esta desdicha, todo el rosario condenado de libras y sueldos de multa.
  • Cuando el uno, cansado de morderle, iba durmiéndose, llegaba el otro á todo correr y le clavaba los dientes.
  • Caía el astro en el horizonte, y sin embargo, el pobre labriego se imaginó que sus rayos eran verticales y lo incendiaban todo.
  • ¿Y todo por qué?
  • De repente se levantó, como hombre que adopta una resolución y para cumplirla lo atropella todo.
  • ¡A regar! ¡á regar! La mujer se asustó, adivinando instantáneamente todo el peligro de tan desesperada resolución.
  • V Todos los días, al amanecer, saltaba de la cama Roseta, la hija de Batiste, y con los ojos hinchados por el sueño, extendiendo los brazos con gentiles desperezos que estremecían todo su cuerpo de rubia esbelta, abría la puerta de la barraca.
  • Chillaba la garrucha del pozo, saltaba ladrando de alegría junto á sus faldas el feo perrucho que pasaba la noche fuera de la barraca, y Roseta, á la luz de las últimas estrellas, echábase en cara y manos todo un cubo de agua fría sacada de aquel agujero redondo y lóbrego, coronado en su parte alta por espesos manojos de hiedra.
  • Esta devoción no les impedía que riesen cantando, y por lo bajo, entre oración y oración, se insultasen y apalabrasen para darse cuatro arañazos á la salida, pues estas muchachas morenas, esclavizadas por la rígida tiranía que reina en la familia labriega y obligadas por preocupación hereditaria á estar siempre ante los hombres con los ojos bajos, eran allí verdaderos demonios al verse juntas y sin freno, complaciéndose sus lenguas en soltar todo lo oído en los caminos á carreteros y labradores.
  • Tenía tal facilidad para aprenderlo todo, que á las pocas semanas ganaba tres reales diarios, casi el máximum del jornal, con grande envidia de las otras.
  • Hasta aquí todo iba bien.
  • Todo á cambio de malcomer él y su abuelo y de ir hecho un rotoso, con ropas viejas de su amo.
  • Y la muchacha, como si estuviera hilando un capullo, agarraba estos cabos sueltos de su memoria y tiraba y tiraba, recordando todo lo de su existencia que tenía relación con Tonet.
  • Todo estaba hablado.
  • El día que su padre supiera todo aquello.
  • Marchaban por el camino casi desierto, en la penumbra del anochecer, y la misma soledad parecía alejar de su pensamiento todo propósito impuro.
  • Ahora se reunía con su novio en pleno día, y nunca faltaban en el camino compañeras de la fábrica ó mujeres del vecindario, que al verles juntos sonreían maliciosamente adivinándolo todo.
  • Y así continuó la viborilla, soltando todo lo oído en su casa y en la vega.
  • ¿Y todo por qué?
  • Ellos debían evitar todo roce con los demás.
  • Especialmente la corbata, adorno que nadie llevaba en todo el contorno y él lucía cual un signo de suprema distinción.
  • Y en vano se pedían más explicaciones, pues para la ciencia geográfica de la huerta todo el que no habla valenciano es de la churrería.
  • Y el de las pelotillas lo aprobaba todo, contento con salir de la advertencia sin cañazo, cuando otro grandullón que estaba á su lado en el banco y debía guardar antiguos resentimientos, al verle de pie y con las posaderas libres, le aplicó en ellas un pellizco traidor.
  • ¡Mentira, todo mentira! ¡Donde estaba el padre Nevot no podía existir otro! Había que verlo con el hábito arremangado, sobre su jaca, con sable corvo y pistolas.
  • Las mujeres con unas faldas como fundas de flauta, tan estrechas, que se les marca todo lo que queda dentro.
  • Y así seguía hablando de los trajes y costumbres del tiempo del Imperio, imaginándose que aún subsistía todo y la Francia de hoy era como á principios del siglo.
  • Y para demostrarlo con el ejemplo, movía la caña que era un gusto, introduciendo á golpes en el redil de la sabiduría á todo el rebaño de pilletes juguetones.
  • Yo lo pongo todo.
  • Yo tengo un pájaro que todo me lo comunica.
  • El pequeño lo contaba todo llorando.
  • ¡Por Dios, que cuidasen de Pascualet ante todo!
  • La amenaza del maldito pájaro que todo lo veía y todo lo contaba.
  • Después, cuando estaba agotada sin éxito alguno esta maniobra, iniciaban los pescozones y repelones á todo correr.
  • Los agresores huían, se desbandaban, y arrepentidos de su hazaña al verse solos, pensaban aterrados, con el fácil cambio de impresiones de la infancia, en aquel pájaro que lo sabía todo y en lo que les guardaba don Joaquín para et día siguiente.
  • Todo se había descubierto.
  • Y como todo esto, en concepto del ventrudo patrón, era una deshonra para su establecimiento, al escuchar las murmuraciones de las comadres volvía á enfurecerse, amenazando con su cuchilla al tímido criado, ó increpaba al tío Tomba para que corrigiese al pillete de su nieto.
  • A tales horas estaba todo él blanco de sol, sin la menor mancha de sombra.
  • Todo natural.
  • Y fingiendo indignación, volvió el gitano la espalda al comprador como si diese por fracasado todo arreglo.
  • Todo su cuerpo se estremecía de cólera, esa terrible cólera del pacífico, que cuando rebasa el límite de la mansedumbre es para caer en la ferocidad.
  • Todo lo que ocurría ahora lo esperaba él ¡hijo mío! Ya se lo había dicho el primer día que le encontró instalado en las tierras malditas.
  • La muerte del pequeño se había transmitido rápidamente por todo el contorno, gracias á la extraña velocidad con que circulan en la huerta las noticias, saltando de barraca en barraca en alas del chismorreo, el más rápido de los telégrafos.
  • Y al fin, dormíanse con el propósito de deshacer al día siguiente todo el mal causado, de ir por la mañana á ofrecerse á la familia, á llorar sobre el pobre niño.
  • De la crisis de la víspera había salido anonadado, y miraba todo esto con indiferencia, como si la barraca no le perteneciese ni el pobrecito que estaba en la cama fuese su hijo.
  • Dios, que lo ve todo, ya daría á cada cual lo suyo.
  • ¡el niño en la cama y todo desarreglado! Había que acicalar al albat para su último viaje, vestirle de blanco, puro y resplandeciente como el alba, de la que llevaba el nombre.
  • Todo eran motivos para que se sintiese confuso y atolondrado.
  • Hasta llegó á sospechar si todo lo que llevaba hecho contra Batiste y su familia era un crimen.
  • Un hábito de gasa tejida con hebras de plata, unas sandalias, una guirnalda de flores, todo blanco, de rizada nieve, como la luz del alba, cuya pureza simbolizaba la del pobrecito albat.
  • Aún no estaba todo.
  • Pero todo esto no impedía que las buenas huertanas se entusiasmasen ante su obra.
  • Cuatro muchachas con hueca falda, mantilla de seda caída sobre sus ojos y aire pudoroso y monjil, agarraron las patas de la mesilla, levantando todo el blanco catafalco.
  • Todo era alegría y trabajo gozoso.
  • En fin, que si no los querían les dejaban tranquilos, que era todo lo que podían desear.
  • Todo esto sin contar que Teresa, más de una vez, se encerraba en su estudi, y abriendo un cajón de la cómoda, desliaba pañuelos sobre pañuelos para extasiarse ante un montoncillo de monedas de plata, el primer dinero que su marido había hecho sudar á las tierras.
  • Todo exige un principio, y si los tiempos eran buenos, á este dinero se uniría otro y otro, y ¡quién sabe si al llegar los chicos á la edad de las quintas podría librarlos con sus ahorros de ir á servir al rey como soldados! La reconcentrada y silenciosa alegría de la madre notábase también en Batiste.
  • Todo el contorno parecía tener la vista fija en la taberna, esparciéndose con celeridad prodigiosa las noticias sobre el curso de la apuesta.
  • Allí las estrellas de pastaflora, las tortas de pasas, los rollos escarchados de azúcar, las magdalenas, todo con cierto tonillo obscuro y motas sospechosas que denunciaban antigüedad, y el queso de Murviedro, tierno, fresco, de suave blancura, en piezas como panes, destilando todavía suero.
  • Todo era asunto de cerrar una hora antes la taberna.
  • Dos días de aguardiente á todo pasto, con sus dos noches pasadas en turbio, empezaban á pesar sobre él.
  • Y cual trompeta gloriosa que anunciaba por anticipado el triunfo de Pimentó, empezaron á sonar los ronquidos de Terreròla el pequeño, caído de bruces sobre la mesa y próximo á desplomarse del taburete, como si todo el aguardiente que llevaba en el estómago buscase el suelo por ley de gravedad.
  • Su voz tornóse fosca, como si todo el alcohol que hinchaba su estómago hubiese subido en oleada ardiente á su garganta.
  • Veritat 23 decían en todo el corro, apoyando las razones de Pimentó con furiosas cabezadas.
  • Y ahora, repentinamente, después de la dulce flojedad de diez años de triunfo, con la rienda á la espalda y el amo á los pies, venía el cruel tirón, la vuelta á otros tiempos, el encontrar amargo el pan y el vino más áspero pensando en el maldito semestre, y todo por culpa de un forastero, de un piojoso que ni siquiera había nacido en la huerta, descolgándose entre ellos para embrollar su negocio y hacerles más difícil la vida.
  • Pimentó, rodando por la pendiente de su cólera, sintió caer de un golpe sobre su cerebro todo el aguardiente bebido en dos días.
  • Lo dijo con la cabeza, con su sonrisa de desprecio, con una mirada de firmeza y de reto que fijó en todo el corro.
  • Como animado por tal agresión, todo el corro se lanzó contra el odiado intruso.
  • Buena rociada de plomo iba á recibir todo el que intentase cortarle el paso.
  • Los cuatro tiros en medio de la noche habían puesto en conmoción á todo el contorno.
  • Y los hombres salían de sus casas dispuestos á todo, con la abnegación y la solidaridad de los que viven en pleno campo.
  • Revolvió Teresa todo su cuarto, buscando en el fondo de las arcas, rasgando lienzos, desliando vendas, mientras la muchacha lavaba y volvía á lavar los labios de aquella hendidura sangrienta que partía como un sablazo el carnoso hombro.
  • De todo lo que habían visto, ni una palabra á nadie.
  • Los hombres que son hombres deben mostrarse razonables! Él tenía la culpa de todo lo ocurrido.
  • Pero los muertos no entienden razones, y el espectro, procediendo como un bandido, sonreía ferozmente, y de un salto se subía á la cama, sentándose sobre él, oprimiéndole la herida del hombro con todo su peso.
  • Arriba, la fachada de piedra lisa, amarillenta, carcomida, con un retablo de gastada es cultura, dos portadas vulgares, una fila de ventanas bajo el alero, santos berroqueños al nivel de los tejados, y como final, el campanil triangular con sus tres balconcillos, su reloj descolorido y descompuesto, rematado todo por la fina pirámide, a cuyo extremo, a guisa de veleta y posado sobre una esfera, gira pesadamente el pájaro fabuloso, el popular pardalòt con su cola de abanico.
  • La plaza, con sus puestos de venta al aire libre, sus toldos viejos, temblones al menor soplo del viento, y bañados por el rojo sol con una transparencia acaramelada, sus vendedores vociferantes, su cielo azul sin nube alguna, su exceso de luz que lo doraba todo a fuego, desde los muros de la Lonja a los cestones de caña de las verduleras, y su vaho de hortalizas pisoteadas y frutas maduras prematuramente por una temperatura siempre cálida, hacía recordar las ferias africanas, un mercado marroquí con su multitud inquieta, sus ensordecedores gritos y el nervioso oleaje de los compradores.
  • En la venta del burdo género están las patatas y el pan para todo el año.
  • Hortalizas pisoteadas, frutas podridas, todo el fermento de un mercado en el que siempre hay sol.
  • Y subieron a la acera de la Lonja, pasando por entre los grupos de gente menuda que, con un dedo en la boca o hurgándose las narices, contemplaba respetuosamente los pastorcillos de Belén y los Reyes Magos hechos de barro y colorines, estrellas de latón con rabo, pesebres con el Niño Jesús, todo lo necesario, en fin, para arreglar un Nacimiento.
  • Más allá, filas de sacos mostrando por sus abiertas bocas las patatas de Aragón, de barnizada piel, y tras ellos los churros, cohibidos y humildes, esperando quien les compre la cosecha, arrancada a una tierra ingrata en fuerza de arañar todo un año sus entrañas sin jugo.
  • Un martilleo estridente, un incesante trac trac del latón aporreado salía de cada una de las covachuelas, cuyas entradas lóbregas, empavesadas con candiles y farolillos, alcuzas y coberteras, todo nuevo, limpio y brillante, recordaban las lorigas de aceradas escamas de los legionarios romanos.
  • ¡Válgame Dios, cómo está todo! Comprendo que los pobres no puedan comer.
  • Además, todo va por las nubes, y dinero hay poco.
  • Soy pobre, pero aún tengo para no morirme de hambre, y sobre todo, con orden y economía, sin querer aparentar más de lo que realmente se tiene, lo pasa cualquiera tan ricamente.
  • Pienso retardar todo lo posible ese viaje, y tiempo me queda para malgastar antes los cuatro cuartos que guardo.
  • Todo apetitoso y exótico, pero tan caro, que al oír sus precios retrocedían con asombro los buenos burgueses que por espíritu de economía iban al Mercado con la espuerta bajo la raída capa.
  • ¡Vaya una compra! El bolso de doña Manuela parecía un cántaro sin fondo que iba regando de pesetas todo el Mercado.
  • Sonó una bofetada y la voz de Visanteta gritando a todo pulmón.
  • ¡ Tío morra !, repitiendo la frase un sinnúmero de veces con la furia de una virtud salvaje que quiere enterar a todo el mundo de su ruda castidad.
  • La gente parábase entre asombrada y curiosa, el cochero reía abriendo sus quijadas de a palmo, y el vejete, cabizbajo, como si todo aquello no rezase con él, escurríase discretamente entre el gentío.
  • Ahora, las chicuelas que vendían sin licencia corrían perseguidas hacia la calle de San Fernando, y otra vez el rebaño de la miseria, greñudo, sucio, con las ropas caídas, pasó azorado y veloz con triste chancleteo, arrollándolo todo, mostrando la palidez del hambre a la muchedumbre glotona y feliz.
  • Don Antonio sacaba a luz todo un arsenal de afirmaciones que, a fuerza de repetidas, habían pasado a ser lugares comunes.
  • Mal iba todo, y la culpa la tenía el gobierno, un puñado de ladrones que no se preocupaban de la suerte del país.
  • Todo aquello, aunque a don Antonio le estaba mal el decirlo, lo había dicho y repetido cuantas veces hablaba con la viuda de su antiguo principal.
  • La miseria del hogar, la abundancia de hijos, y sobre todo la cándida creencia de que en Valencia estaba la fortuna, justificaban en parte el cruel abandono de los hijos.
  • Todo esto sin perjuicio de faltar a la ordenanza, abandonando el puesto con frecuencia para dar un vistazo a sus casas.
  • Llegaban en grupos, escalonando sus viajes por meses, cual hordas hambrientas que con la mirada querían devorarlo todo.
  • Y si la turba de descarados pedigüeños no llegaba a decir que todo cuanto tenía su pariente les pertenecía de derecho, ya se encargaban sus exigencias insolentes y sus rapaces miradas de manifestar que éste era su pensamiento.
  • Con sus borceguíes lustrosos, una chaqueta vieja del amo arreglada chapuceramente, la cabeza siempre descubierta, con pelos agudos como clavos y las orejas llenas de sabañones en todo tiempo, era Melchorico el aprendiz más gallardo de cuantos asomaban la cabeza a las puertas para llamar a los compradores reacios.
  • Y al cumplir dieciocho años viose tan transformado, que, violentando sus instintos económicos, fortalecidos por las saludables enseñanzas del principal, se gastó cuatro pesetas en dos retratos que envió a los de allá arriba, a sus antiguos colegas de pastoreo, para que viesen que estaba hecho todo un señor.
  • Todo sea por Dios murmuraba suspirando dolorosamente.
  • ésta no la consentía, aunque el primo le pidiese perdón de rodillas y estuviese todo un año cantando romanzas sentimentales.
  • Salía cuando quería, bajaba a la tienda algunas veces, como quien va a un lugar de entretenimiento, a distraerse viendo gentes y caras nuevas, y era dueña absoluta de todo el dinero de la casa, con gran descontento de don Eugenio y del avaro Fraile.
  • Todo se realizó tal como lo dispuso doña Manuela, y ésta, a los pocos días, recordaba como un sueño la estancia de seis años en la tienda del Mercado, y se consideraba feliz pudiendo pasear en berlina por la Alameda y teniendo un lacayo a sus órdenes para enviar recaditos a las nuevas amigas, esposas de magistrados y militares, señoras a las cuales, por ser rica, trataba con aire protector.
  • Sobre todo, no cuentes conmigo en los apuros.
  • Linda cabeza de bebé, boca graciosa, hoyuelos en la barba y las mejillas, un puñado de rizos sobre la frente y ojos que en vez de mirar parecían sonreír a todo, revelando el inmenso contento de ser joven y que la llamasen bonita.
  • Era la toquilla de la casa, la señorita aturdida que aprende de todo sin saber hacer nada.
  • Vamos, no estaban del todo mal.
  • Nelet salió rápido de la cocina, y haciéndolo retemblar todo con sus zapatos, corrió a abrir.
  • Precedida de Nelet, entró en el comedor, balanceándose y atronándolo todo con sus chillones ¡buenos días!, una labradora gruesa y hombruna.
  • Unos pantalones viejos de los señoritos, algo de ropa blanca, pues a los pobres todo les sirve.
  • Figuraba en todas las almonedas como comprador de fuerza, y si algún corredor le proponía la adquisición de alhajas antiguas o muebles raros siempre, se entiende, con considerable ventaja, aceptaba sin vacilación, pues no era dinero lo que faltaba en el enorme secrétaire del siglo pasado, que ocupaba todo un paño de su alcoba, mostrando el menudo mosaico de sus tres filas de cajoncitos.
  • ¿Quién podía saber todo lo que contenía?
  • Todo adquirido a fuerza de calma y de regateos en el naufragio de las grandes fortunas.
  • La verdad es que yo quisiera tocarlo todo en seguida, y al ver que no puedo y que he de fastidiarme mucho con ejercicios y escalas, me enfurezco y me entran ganas de dar puñetazos al piano.
  • ¿Está todo bien preparado, Visanteta?
  • Todo, señora.
  • Pepinillos destilando vinagre, aceitunas grises mezcladas con salitrosas alcaparras, sardinas de Nantes con su casaquilla plateada, rodajas de salchichón finas y transparentes, y frescos rábanos de encendido ropaje y tiesos moñetes de hojas, todo en verdes pámpanos de porcelana.
  • Todo estaba bien.
  • Bien está todo.
  • Y tan amante era del trabajo y de la actividad, que por no estarse en los cafés charlando como un necio, pasaba los días y gran parte de las noches en los círculos recreativos, unas veces peinando barajas y otras sacrificando pesetas, para que no se dijera que en España todo decae, hasta el respetable gremio de los puntos.
  • Y en cuanto a saber, algo sabía, pues apenas se iniciaba una discusión sobre toreros o pelotaris, dejaba a todo el mundo con la boca abierta.
  • Trajes magníficos, sobre todo abrigos.
  • Y el escandaloso chorizo, demagogo del cocido, que todo lo pinta de rojo, comunicando al caldo el ardor de un discurso de club.
  • Pero allí estaban en su casa, podían atracarse hasta el gañote con todo lo que iría viniendo, y nadie podría ir a contarle al vecino cómo se las arreglaban para hacer por la vida.
  • Al fin, el tío, en vista de las protestas, se decidió a destrozar la pieza, pues en su calidad de solterón sabía un poco de todo.
  • Todo era.
  • Se burlaba de todo.
  • El ceño de la habilidosa muchacha se dilató por primera vez en todo el día, y los tres salieron apresuradamente con la alegría del regalo, oyéndose el ruido de sus empellones y correteos.
  • Él lo creía todo, con tal que le dejasen tranquilo en su digestión.
  • ¡Todo sea por Dios! Él también tenía apuros y hacía sacrificios.
  • Ella economizaba, privándose de todo para sostener la apariencia de la casa, hasta que las niñas encontrasen un buen partido.
  • Yo lo sé todo, Manuela.
  • El dinero de tus arrendatarios se va todo en intereses.
  • ¿Quieres hacerme creer que aún lo conservas todo libre de trampas, tal como yo te lo entregué?
  • Lo sé todo.
  • Sé que te fastidia oír todo esto, pero te lo digo para que sepas que no me chupo el dedo ni se me engaña fácilmente.
  • Además, un novio no se presenta a cada instante, y aunque existe el inconveniente de que ella era hija de un doctor famoso según afirmaba la mamá, y los padres de Andresito eran unos ordinarios también según doña Manuela, confiaba que, con el tiempo, la brillante posición que se proponía conquistar el chico lo allanaría todo.
  • Los ciegos y ciegas que el resto del año pregonan el papelito en el que está todo lo que se canta iban en cuadrilla, guitarra al pecho, vestidos de pescadores u odaliscas, mal pergeñados, con mugrientos trajes de ropería.
  • Concha y Amparo recibían una ovación y doña Manuela, roja de orgullo, repartía sonrisas y pesetas a todo el enjambre de diablos negros, voceadores y gesticuladores que se agolpaba bajo el balcón.
  • Todo era cuestión de tiempo y de presentar buena cara.
  • La vida cada vez más cara, las exigencias del rango social muy costosas, y sobre todo, los hijos, ¡ay, los hijos.
  • Al avalar el pagaré de su madre, había pensado revelar a su tío esta debilidad, pues incapaz de hacer nada por cuenta propia, se lo consultaba todo a don Juan.
  • ¡Vaya un negocio ruin el de la tienda! Trabajar rudamente, exponerse a pérdidas, sufrir la mala educación de los compradores, todo para juntar, céntimo tras céntimo, unos cuantos miles de reales a fin de año.
  • Y todo porque con unas cuantas operaciones tímidas, yendo a la zaga de otros más expertos, había ganado mil duros.
  • Todo quiere empezar.
  • Todo el mundo jugaba.
  • El iniciador asocióse a dos zapateros y un carpintero, que, por tratarse de San José, se creía con derecho propio, y todos juntos formaron algo que bien podía llamarse Comité de Vecinos, teniendo por principal objeto dar sablazos en todo el barrio para el arreglo de la falla.
  • Todo para sacarla cinco duros.
  • En el centro de la plazuela, sobre una gruesa capa de arena, elevábase todo un edificio de lienzo, con pintura que imitaba a la piedra.
  • El tupé descomunal y grotesco del director de orquesta se lo explicó todo.
  • La tal falla iba a acabar con todo el aguardiente de sus barrilillos, mientras su mujer fabricaba los buñuelos por arrobas.
  • ¿y todo para qué?
  • él, serio, solemne, llevándose la mano al tercer botón de la guerrera, que es donde suponía estaba el corazón, mirando algunas veces al cielo, todo para dar más fuerza y sinceridad a lo que decía.
  • Pero a pesar de esto, sentía cierta satisfacción pensando que estaba a sus espaldas viéndolo todo.
  • Ante todo, las creencias y el ser poeta.
  • ¡Que le fueran a él con Ayuntamientos! Había trabajado como un perro por la candidatura del partido repartiendo papeletas a las puertas de los colegios, tuvo una disputa con un municipal que le quería llevar atado, y lo sufrió todo.
  • Todo por el partido y el candidato.
  • La música seguía rugiendo la Marsellesa, y en la multitud, alguno de los ardorosos, trastornado por la ilusión y por el himno, creyendo que la cosa ya estaba en casa, gritaba a todo pulmón.
  • La falla se derrumbó con todo su armazón medio carbonizado, y un torbellino de chispas y pavesas se elevó hasta más arriba de los tejados.
  • El enorme brasero daba a la plaza una temperatura de horno, tiñéndolo todo de color de sangre.
  • Y animado por una resolución hija del amor propio, pasó todo el día siguiente en la tienda distraído, sin atender a las ventas, ansiando que llegase la hora de acompañar a su casa a Tónica.
  • Juanito, entusiasmado por su buena fortuna, no pensaba ya en la resolución que tan inquieto le había tenido durante todo el día.
  • Y después de todo, cuando la costurera terminaba, despedíanla sin cariño alguno, como un mueble inútil, y no se acordaban de ella al darse tono en paseos y teatros, asegurando que era de una modista francesa el vestido cuya confección les costaba unas cuantas pesetas.
  • Sobre todo como formal.
  • ¡Valiente posición! Compadeció la ignorancia de la joven y estuvo próximo a decirle que todo aquel lujo era imbécil fatuidad, pura bambolla.
  • ¡oh! ahora era todo un hombre, y así lo reconocía satisfecho y un tantico orgulloso de su audacia.
  • Todo iba bien.
  • ¡Qué inocente! ¡Como si él no fuese hijo de un antiguo tendero del Mercado! En fin, todo se andaría.
  • Las necesidades de la casa lo arrebataban todo.
  • Todo por unos cuantos miles de reales, que se habían escurrido como agua en aquella criba de deudas y gastos, de infinitos agujeros.
  • ¡Qué demonio! Para todo hay remedio en este mundo.
  • Ya sé todo lo que va a decirme.
  • Los recuerdos de la niñez seguían despertándose en él a la vista de la vieja escalera con su pasamano de caoba, rematado por un leoncito borroso y gastado, y de sus peldaños de azulejos del siglo anterior, en los cuales veíanse navios sobre un mar morado, con banderas más grandes que el casco, embozados de gruesas pantorrillas blancas con sombrero de picos y huertanas con cestos de frutas, todo en colores tostados y chillones.
  • La afición de don Juan a visitar almonedas, comprándolo todo con tal que fuese barato, había convertido su casa en una prendería.
  • Todo estaba ocupado, como si la casa fuese un almacén, un depósito de rapiñas verificadas al azar.
  • La manía de adquirir todo lo barato daba a la casa un tono grotesco.
  • Un taller que se perdía de vista, ocupando todo el último piso del caserón.
  • Pero así y todo, no los cambiaría yo por los hombres de hoy.
  • Ahora continuó, apoyando sus palabras con pataditas nerviosas, ahora, todo muerto por culpa del maldito Lyón, de esos gabachos que con sus máquinas endiabladas nos han arruinado.
  • Sobre todo me gusta que vayan a Madrid en menos de un día, cuando en mis tiempos se necesitaba nueve de galera y hacer testamento.
  • Pero me enfurece que lo que estaba bien, y muy en su punto, venga el señor Progreso y lo eche a perder con su afán de revolucionarlo todo.
  • Y el sobrino contestaba a todo con afirmativas cabezadas, muy preocupado en su interior por el modo como expondría la pretensión que le llevaba allí.
  • ¡Todo se ha perdido! ¡Adiós, cortinajes de damasco! ¡Abur, seda chinesca! Ahora adornan los salones con unas telas ásperas, de tejido burdo y borroso.
  • ¿qué es lo que quieres decirme con todo esto?
  • Ante todo, el decoro de la familia y no caer en el ridículo.
  • A lo lejos, el mar, como una cenefa azul, corríase por todo el horizonte con su lomo erizado de velas puntiagudas como blancas aletas.
  • Ya no era una frase huera y sin sentido, porque todo parecía cantar, la vega y el Mediterráneo, los montes y el cielo.
  • Y el muchacho, sonámbulo, embriagado por la Naturaleza, hipnotizado por la extraña contemplación, movía la cabeza ridiculamente, y al par que pensaba que todo aquello era magnífico para puesto en verso, tarareaba la célebre obertura con tanta fe como si fuera el propio Tannhauser escandalizando con su himno a la corte del landgrave.
  • Pero también lo era que el señor Cuadros, que antes medía telas en su tienda sin ambición alguna, tuviera ahora carruaje y todo el empaque pretencioso de un aspirante a millonario.
  • ¡Pero tonto, si todo fue por probarte.
  • ¡Oh, qué criatura! Había que creerla y él se lo tragaba todo a ojos cerrados, incluso la afirmación de que sus relaciones con el teniente sólo fueron para aumentar sus rabietas.
  • Adoraba como un idealista las zafias beldades con su olor a limón y tierra, gozaba oyendo sus conversaciones, prestábalas con el mayor gusto pequeños servicios, aguantaba sus groserías e impertinencias, todo a cambio de poder estarse en un rincón, tímido y sonriente, contemplando los brazos hercúleos, los ojazos insolentes y las piernas como columnas, marcadas por el discreto zagalejo.
  • ¡Venga de ahí, que estamos a todo! No fue malo el desfile de platos organizado por Visanteta.
  • Era la cocina indígena, con todo su esplendor de las fiestas tradicionales.
  • Todo con una abundancia capaz de anonadar al estómago más animoso.
  • Todo marchaba bien.
  • La mamá lo veía todo, pero sonreía con dulce tolerancia.
  • Peras verdosas con la dureza del azúcar petrificado, limoncillos de las monjas de Sagunto, trozos de melón, yemas envueltas en rizados moñetes de papel, todo destilando azúcar y atrayendo a los insectos que revoloteaban en torno de la luz.
  • Pero allí estaba el amo para remediarlo todo, y por mucho que se despilfarrase, los cobros de diferencias a fin de mes eran tan exorbitantes, que empujaban vertiginosamente aquel barco falto de dirección y haciendo agua por todas partes.
  • Abajo, la plataforma del escenario, donde se representaban los milacres, piezas dramáticas, cándidas y sencillas como sus versos lemosines, cuyo argumento, girando en torno del mismo punto, trata siempre de las querellas feudales entre Centelles y Vilaraguts, de la conversión de los moros de Granada o de alguna treta de los impíos contra el elocuente apóstol, todo sazonado al final con el necesario milagro del santo y el correspondiente sermón en endecasílabos.
  • Y era de ver la atención con que escuchaba la predicación de San Vicente, representado siempre por un muchacho paliducho, pedante y melancólico, y las carcajadas con que celebraba las majaderías del motilón, personaje bufo que pasaba el tiempo tragando pan, sorbiendo rapé, sonándose las narices en un pañuelo como una sábana y agujereado como una criba, y diciendo estupideces subidas de color, todo para mayor edificación de los devotos del santo.
  • Todo perdido, la tienda embargada, deshonrada para siempre.
  • Y es la maldita ambición que hoy todo lo invade.
  • Ahora todo el mundo no piensa en otra cosa que en el modo de quitar legalmente la bolsa al vecino.
  • Y todo para derrocharlo, para satisfacer esa locura de engrandecimiento que a todos domina.
  • VII Los domingos, a las siete de la mañana, salía Juanito de su casa con el alegre desembarazo del colegial que en día de fiesta todo lo ve de color de rosa.
  • ¡Oh, qué bien se sentía caminando junto a la mujer amada, rozándola el codo a la menor disigualdad del terreno, aspirando el perfume indefinible de Tónica, distinto de todas las esencias de este mundo! Olvidábase de todo, de su familia, de su porvenir, de la pobre Micaela, que iba a sus espaldas rumiando altramuces, y su atención reconcentrábase en los ojos negros, que a cada momento reproducían un rincón del paisaje.
  • Besábale las manos, sin que sus labios dejasen la ardorosa huella del deseo contenido, y todo el exceso de Juanito consistía en morder las duricias de la epidermis producidas por el contacto de las tijeras o las rozaduras y pinchazos de la aguja.
  • Tenía el convencimiento de que ella lo sabía todo.
  • Pero tratándose del hijo de Melchor Peña, el tendero del Mercado, todo resultaba bien.
  • Ya se atrevía algunas noches a hacerles tertulia hasta las diez, y como la presencia de Micaela daba a la conversación un tinte de seriedad, Juanito hablaba del comercio, de los triunfos de la Bolsa, de la buena fortuna de su principal, y sobre todo, de don Ramón Morte, su grande hombre, al que cada vez tributaba una adoración más vehemente.
  • ¡Afortunado mortal! Desde entonces, su nombre pareció llenar la habitación, y las dos mujeres le aposentaron en su memoria, imaginándolo como un ser poderoso, todo bondad, que peloteaba los millones y se divertía haciendo ricos a los pobres.
  • Allí, tras la mesa ministro, sobre la cual todo estaba arreglado con nimia pulcritud, mostrábase el famoso banquero.
  • Carrozas triunfales, todo revuelto, trajes y gestos, como un grotesco desfile de Carnaval, y alegrado por el vivo gangueo de las dulzainas, el redoble de los tamboriles y el marcial pasacalle de las bandas.
  • Después se lo contaré todo.
  • Podía hablar con entera franqueza, pues ya sabía el gran interés que le inspiraba todo lo de su casa.
  • Por la mañana lo había descubierto todo.
  • Apenas me enteré de todo sentí ganas de irme a la cama, donde todavía estaba Antonio, para arañarle.
  • Todo menos llorar.
  • Y el sol de oro, mostrándose en medio de tal aparato, enloquecía a la muchedumbre levantina, pronta siempre a entusiasmarse por todo lo que deslumbra, e inconscientemente, lanzando un rugido de asombro, empujábanse unos a otros, como si quisieran coger con sus manos el áureo y sagrado astro, y los soldados que guardaban el palio tenían que empujar rudamente con sus culatas para conservar libre el paso.
  • Concha malhumorada y ceñuda porque en todo el día no había visto al elegante Roberto, y Amparo muy satisfecha de poder lucir un novio, para molestia de su hermana.
  • A todo galope de los briosos caballos bajaban carretelas y berlinas, y por las aceras del paseo desfilaban lentamente, con paso de procesión, las familias endomingadas.
  • Las niñas contestaron con mohines graciosos a los saludos de los amigos, y la mamá, altiva y majestuosa, cobijándolo todo con su mirada de protección.
  • Todo hería su susceptibilidad.
  • Estaban seguras de que todo el paseo conocía el desagradable suceso, adivinando lo que vendría después.
  • Al subir la rampa del puente del Real tuvieron que apartarse del borde de la acera, limpiándose con los pañuelos de blonda el polvo que levantaban las ruedas de un carruajillo descubierto que corría con velocidad insolente, arrollándolo todo.
  • Algo había en ellas de cariño, de agradecimiento por todo lo pasado.
  • Pero así y todo, había que reconocer lo que aquel pobre animal representaba para la familia, las ilusiones que se llevaba con su muerte.
  • Presentían que desde aquel momento comenzaba para ellas una era nueva, en que no todo serían alegres risas e indiferencia para el día siguiente.
  • ¡Ah, maldito avaro! Necesario era todo su mal corazón para dejar a una hermana en el sufrimiento, pudiendo remediar sus penas con algunos de los papelotes mugrientos que a fajos dormían en el viejo secrétaire de su alcoba.
  • Todo lo sabía doña Manuela, y por esto colocaba a su hijo al mismo nivel que su hermano.
  • Y después, que viniera todo, hasta aquello que sólo al pensarlo tanto rubor le producía.
  • Todo era dicha y tranquilidad en casa de doña Manuela, y el contento de la familia repercutía en Las Tres Rosas, donde la sencilla Teresa considerábase feliz.
  • Parecía un muchacho con su trajecito claro, corbata roja y el enorme cigarro, al que conservaba la sortija de papel, para que todo el mundo se enterase de su precio.
  • Y las dos familias de las cuales era él el punto de unión, contentas, lujosas, llamando la atención del público, todo gracias a su buena suerte/ que le permitía tirar a manos llenas los miles de pesetas.
  • Las tintas rabiosas de los trajes de la huerta, las blancas manchas de los grupos en mangas de camisa, los pantalones rojos de los soldados, los enormes quitasoles de seda granate que parecían robados de una antigua sacristía, los gigantescos abanicos de papel moviéndose con incesante aleteo, las botas de vino que a cada instante se alzaban oblicuamente sobre las cabezas, los gritos, las protestas porque se hacía tarde, todo daba a aquella parte de la plaza un aspecto de locura orgiástica, de brutalidad jocosa.
  • Pasada la primera impresión de entusiasmo, cuando las doradas capas cambiáronse por sucios trapos y cesó de tocar la música, saliendo el alguacil del redondel a todo galope, las de Pajares presintieron el aburrimiento.
  • Iba al despacho del poderoso Morte, a aquella Meca de la fortuna, y sentía una inmensa extrañeza al ver que la gente no mostraba la menor impresión, que el cielo estaba azul, que todo se hallaba como siempre y no surgía la más leve señal exterior para hacer saber al mundo que el gran genio se había equivocado por primera vez aconsejando la baja.
  • No quiso decir más, aceptando con gruñidos de borracho los cuidados paternales de Juanito, que hizo todo cuanto supo para curarle las contusiones.
  • Mira, chico, todo eso que me dices son líos de Rafaelito, y harás bien no metiéndote en nada.
  • Él me quiere a mí, a pesar de todo cuanto digas, y eso de que se permitió hablar ciertas cosas es una mentira de Rafael, que, según me han dicho, iba la otra noche como una cuba.
  • En fin, Juanito mío, no te preocupes de la casa, que aquí estoy yo para vigilarlo todo.
  • Pues hijo, no hay que echarlo todo a barato.
  • Pero él echaba la culpa de todo a la maldita ambición, que la sumía en los enredos y trampas, donde dejaba a jirones poco a poco, por sostener el boato de familia, aquella altivez que tan bien le sentaba.
  • Todo era verdad.
  • Dejaba a las hijas que se arrojasen en el peligro, arrastradas por la desesperada audacia de cazar un novio, y al final se entregaba como una perdida en brazos de un amigo de su esposo, se vendía infamemente cuando estaba próxima a la vejez, manchando todo su pasado, por una necesidad del orgullo.
  • ¡Oh, cuán execrable le resultaba ahora su antiguo ídolo! Y sin embargo, estaba convencido de que todo su odio era una impresión del momento, que se desvanecería apenas se hallase en presencia de la mamá.
  • Juanito lo comprendió todo.
  • Indudablemente, allá arriba había alguien viéndolo todo.
  • Su corazón parecía ensancharse, crecer, convertirse en un músculo gigantesco que ocupaba todo su pecho y lo hacía estallar como un saco angosto.
  • Todo le era indiferente.
  • Juanito, confundido entre este público e insensible a las cosas de este mundo, lo encontraba todo feo y ridículo con su pesimismo feroz.
  • ¡Todo ese lujo, esa altivez que ostentáis, son debidos a la trampa, a la desvergüenza, a que vuestra madre es una.
  • Pero todo entraba en la diversión, y al final, cuando estallaba el trueno gordo, haciendo temblar el suelo de la feria, la gente menuda prorrumpía en estruendosa aclamación, despertando de la pesadilla belicosa que la había enardecido durante media hora.
  • Juanito husmeó en el ambiente algo terrible e inesperado, y se olvidó de todo, atento únicamente a conocer el misterio.
  • ¡Vaya una gente ignorante! Todo lo echaban en palabrotas raras e ininteligibles.
  • ¿Crees que no estoy enterado de todo?
  • Lo sé todo, hija mía, y digo que me avergüenzo de que lleves mi apellido.
  • Que todo lo pasado sea como un sueño.
  • En todo el camino, hasta la puerta de San Vicente, el fúnebre cortejo fue una sesión ambulante de la Bolsa.
  • En todo el Mercado, la aparición de los pajarracos de la ley produjo honda emoción.
  • Un corro de granujillas del Mercado jugaba a las chapas frente a los pórticos, y el resto de la plaza estaba solitario, con las aceras limpias de cestones y toldos, tostándose sus baldosas con aquella luz intensa y deslumbrante que lo caldeaba todo.
  • ¡Te has lucido, Eugenio! Sesenta años de honradez inquebrantable, llegar a una edad a que pocos llegan, y todo ¿para qué?
  • Mas de todo nos libró la buena astucia.
  • Mas de todo me ha sacado el punto en boca, el chitón y los nones.
  • Al fin, con todo cuanto andaban royéndome los zancajos, nunca me faltaron, gloria a Dios.
  • Todo lo sufría, hasta que un día un muchacho se atrevió a decirme a voces hijo de una puta y hechicera.
  • En todo esto, siempre me visitaba aquel hijo de don Alonso de Zúñiga, que se llamaba don Diego, porque me quería bien naturalmente, que yo trocaba con él los peones si eran mejores los míos, dábale de lo que almorzaba y no le pedía de lo que él comía, comprábale estampas, enseñábale a luchar, jugaba con él al toro, y entreteníale siempre.
  • Era rucio, y rodado el que iba encima por lo que caía en todo.
  • Yo, a todo esto, después que caí en la privada, era la persona más necesaria de la riña.
  • Llegó a mí, y viendo que no tenía ningunas, porque me las habían quitado y metídolas en una casa a secar con la capa y sombrero, pidióme, como digo, las armas, al cual respondí, todo sucio, que si no eran ofensivas contra las narices, que yo no tenía otras.
  • Todo lo demás es vicio y gula.
  • Todo esto es salud, y otro tanto ingenio.
  • Repartió a cada uno tan poco carnero que entre lo que se les pegó en las uñas y se les quedó entre los dientes, pienso que se consumió todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes.
  • No lo queramos todo.
  • Y todo esto creerá quien supiere lo que me contó el mozo de Cabra, diciendo que una Cuaresma topó muchos hombres, unos metiendo los pies, otros las manos y otros todo el cuerpo en el portal de su casa, y esto por muy gran rato, y mucha gente que venía a sólo aquello de fuera.
  • Enojóse Cabra conmigo y dijo que él me echaría de su casa, que bien se echaba de ver que era bellaquería todo.
  • Todo les hacía novedad.
  • Todo el día gastábamos en dar gracias a Dios por habernos rescatado de la captividad del fierísimo Cabra, y rogábamos al Señor que ningún cristiano cayese en sus manos crueles.
  • Luego, mi señor, que aún no está todo a punto.
  • Repartiéronlo todo y a don Diego dieron no sé qué huesos y alones diciendo que del cabrito el huesecito y del ave el aloncito y que el refrán lo decía.
  • Y ya que lo hubieron comido todo y que el cura repasaba los huesos de los otros, volvió el un rufián y dijo.
  • Ah, señor güésped, déles todo lo que hubiere.
  • Pues hagamos alguna burla a este mal viejo, que no ha comido sino un pero en todo el camino, y es riquísimo.
  • Con esto, se fueron todos a acostar para una hora que quedaba o media, y el estudiante lo puso todo en las alforjas, y en la capilla del gabán le echó una gran piedra, y fuese a dormir.
  • Apeámonos en un mesón, y en todo el día, que llegamos a las nueve, acabamos de contar la cena pasada, y nunca pudimos en limpio sacar el gasto.
  • Y todo lo metía para que hiciese presencia en las tripas y abultase.
  • Contéle todo lo que había pasado y mandóme desnudar y llevar a mi aposento (que era donde dormían cuatro criados de los huéspedes de casa).
  • ¡Levántate enhoramala! Los otros, por asegurarme, contaron a don Diego el caso todo y pidiéronle que me dejase dormir.
  • Yo no hacía a solas sino considerar cómo casi era peor lo que había pasado en Alcalá en un día que todo lo que me sucedió con Cabra.
  • Sacamos los vientres, recogimos la sangre, y a puros jergones los medio chamuscamos en el corral, de suerte que cuando vinieron los amos ya estaba todo hecho, aunque mal, si no eran los vientres, que aún no estaban acabadas de hacer las morcillas.
  • Y esto era en todo, y si alguna vez compraba yo algo en la plaza por lo que valía, reñíamos adrede el ama y yo.
  • Yo, que había avisado al otro que ellos dejarlas y él tomarlas y pescarse a casa fuese todo uno, hízolo así.
  • Ellos que entraron y no vieron nada, porque no había sino estudiantes y pícaros (que es todo uno), comenzaron a buscarme, y no hallándome, sospecharon lo que fue, y yendo a buscar sus espadas, no hallaron media.
  • Y por no ser largo, dejo de contar cómo hacía monte la plaza del pueblo, pues de cajones de tundidores y plateros y mesas de fruteras (que nunca se me olvidará la afrenta de cuando fui rey de gallos) sustentaba la chimenea de casa todo el año.
  • Callo las pensiones que tenía sobre los habares, viñas y huertos, en todo aquello de alrededor.
  • Será en todo hasta cuatrocientos ducados.
  • Díjome que se determinaba ir y todo lo que le mandaba su padre, que a él le pesaba de dejarme y a mí más.
  • Más me cuestan a mí esos estados que al Rey, porque ha catorce años que ando con un arbitrio que, si como es imposible no lo fuera, ya estuviera todo sosegado.
  • Que la dificultad de todo está en este pedazo de mar.
  • , pues yo doy orden de chuparle todo con esponjas y quitarle de allí.
  • Que quizá le valdrá más lo que me viere hacer hoy que todo lo que ha ganado en su vida.
  • Ello cosa mía es, pero no se ha hecho otra tal en el mundo y la novedad es más que todo.
  • Viendo que todo el año adoran cejas, dientes, listones y zapatillas, haciendo otros pecados más enormes, mandamos que la Semana Santa recojan a todos los poetas públicos y cantoneros, como a malas mujeres, y que los prediquen sacando Cristos para convertirlos.
  • A esto le dije yo que advirtiese que en la Corte había de todo, y que estimaban mucho a cualquier hombre de suerte.
  • Él se reía a todo esto.
  • Todo lo llevaba a materia de maravedís, que es gente que naturalmente nació para bolsas.
  • Y todo lo juraba por su conciencia, aunque yo pienso que conciencia en mercader es como virgo en cantonera, que se vende sin haberle.
  • Dios bendijo la limpieza, y alzándola para sorberla, por llevarla a la boca, se la puso en el carrillo, y volcándola, se asó en caldo y se puso todo de arriba abajo que era vergüenza.
  • Md., señor licenciado, en ese borrico con harto más descanso que yo con todo mi aparato.
  • Señor licenciado, no es oro todo lo que reluce.
  • Y con todo, hay muy pocas letras con oro.
  • Todo lo cual cogemos de parte de noche por el pueblo para honrarnos con ello de día.
  • El nabo por ser nabo, el tocino por ser tocino, y todo por lo que es.
  • Es de ver uno de nosotros en una casa de juego con el cuidado que sirve y despabila las velas, trae orinales, cómo mete naipes y solemniza las cosas del que gana, todo por un triste real de barato.
  • Y después de todo, los aprovechamos para papel, y en el papel escribimos, y después hacemos dél polvos para resucitar los zapatos, que de incurables, los he visto hacer revivir con semejantes medicamentos.
  • Pero si alguna vez vamos dentro del coche, es de considerar que siempre es en el estribo, con todo el pescuezo de fuera, haciendo cortesías porque nos vean todos y hablando a los amigos y conocidos aunque miren a otra parte.
  • Pues todo esto le puede faltar a un caballero, señor licenciado, pero cuello abierto y almidonado, no.
  • Estuvimos solos hasta que dieron las doce, pasando el tiempo él en animarme a la profesión de la vida barata, y yo en atender a todo.
  • A todo esto, noté que no se desarrebozaba, y pregunté como nuevo para saber la causa de estar siempre envuelto en la capa, a lo cual respondió.
  • Este pedazo de arrebozo lo disimula todo.
  • El cuello estaba todo abierto de puro roto.
  • Si fueren dos y miraren por los lados, saque pies, y para los de atrás traiga siempre el sombrero caído sobre el cogote, de suerte que la falda cubra el cuello y descubra toda la frente, y al que preguntare que por qué anda así respóndale que porque puede andar con la cara descubierta por todo el mundo.
  • Con esta caja puede ir por todo el mundo, sin haber menester amigos ni deudos.
  • En esta se encierra todo nuestro remedio.
  • ¡No, sino comer todo el día! ¿Qué más hacen los animales?
  • Aunque lo deje todo, vamos, que quiero hacer lo que estoy obligado.
  • ¡Miren el todo trapos, como muñeca de niños, más triste que pastelería en Cuaresma, con más agujeros que una flauta y más remiendos que una pía y más manchas que un jaspe y más puntos que un libro de música (decía un estudiantón de estos de la capacha, gorronazo), que hay hombre en la sopa del bendito santo que puede ser obispo o otra cualquier dignidad, y se afrenta un don Peluche de comer! ¡Graduado estoy de bachiller en artes por Sigüenza!
  • Mas todo fue nada para ver entrar a don Cosme cercado de muchachos con lamparones, cáncer y lepra, heridos y mancos, el cual se había hecho ensalmador con unas santiguaduras y oraciones que había aprendido de una vieja.
  • Traía todo ajuar de hipócrita.
  • Confesó luego todo el caso y dijo cómo vivíamos todos y que éramos caballeros de rapiña.
  • Traía media docena de corchetes, verdugos de a pie, y dio con todo el colegio buscón en la cárcel, adonde se vio en gran peligro la caballería.
  • A cuál por asirle de alguna parte segura, por estar todo tan manido le agarraba el corchete de las puras carnes y aun no hallaba de qué asir, según los tenía roídos la hambre.
  • Otros, desnudarse de un golpe todo cuanto traían encima como culebras.
  • Vímonos las caras, y lo primero que nos fue notificado fue dar para la limpieza, como si en una noche lo hubiera yo ensuciado todo, so pena de culebrazo fino.
  • Dijo, después de haber pescado la mosca, que en nosotros está todo el juego, y que si uno da en no ser hombre de bien puede hacer mucho mal.
  • ¿Así sentís la honra de doña Ana Moráez, hija de Esteban Rubio y Joan de Madrid, que sabe Dios y todo el mundo?
  • Servíalas en todo lo que era de balde.
  • Era de ver cómo, en creyendo que tenía dinero, me decían que todo me estaba bien, celebraban mis palabras, no había tal donaire como el mío.
  • Fue esto de verme con tanto dinero de contado, para ellas, todo lo que yo podía desear, porque dieron en desvelarse para regalarme y servirme.
  • Yo lo sabía todo y a veces lo oía, pero no me hallaba con ánimo para responder.
  • El diablo, que es agudo en todo, ordenó que venida la noche, yo deseoso de gozar la ocasión, me subí al corredor, y por pasar desde él al tejado que había de ser, vánseme los pies y doy en el de un vecino escribano tan desatinado golpe, que quebré todas las tejas y quedaron estampadas en las costillas.
  • Y era lo bueno que ella pensaba que todo era artificio y no acababa de reír.
  • Todo esto pasaba en el tejado, que los tales, aun de las tejas arriba levantan falsos testimonios.
  • , porque el uno llevaba un hábito en los pechos, y el otro una cadena de diamantes (que era hábito y encomienda todo junto), dije yo que andaba en busca de buenos caballos para mí y a otro primo mío, que entrábamos en unas fiestas.
  • En fin, como el dinero ha dado en mandarlo todo y no hay quien le pierda el respeto, pagándoselo a un repostero de un señor, me dio plata, y la sirvió él y tres criados.
  • Llegué, y ya estaban allá las dichas y los caballeros y todo.
  • Había dicho que me llamaba don Filipe Tristán, y en todo el día había otra cosa sino don Filipe acá y don Filipe allá.
  • Fuimos a los estanques, vímoslo todo y en el discurso conocí que la mi desposada corría peligro en tiempo de Herodes, por inocente.
  • Estaba todo cumplidísimo.
  • Y, a todo esto, no hacía sino volver y mirarme.
  • Que se informase y vería si era cosa, no sólo acertada, sino de mucha honra para todo su linaje.
  • Todo pasaba a vista de mi dama y de don Diego.
  • Y con todo parece que se siente V.
  • Y la mayor y fundamento de las otras fue que cuando llegué a casa y fui a ver una arca, adonde tenía en una maleta todo el dinero que había quedado de mi herencia y lo que había ganado, menos cien reales que yo traía conmigo, hallé que el buen licenciado Brandalagas y Pero López habían cargado con ello y no parecían.
  • En todo el año no se vaciaba la posada de gente.
  • En solos ocho días que yo estuve en casa la vi hacer todo esto.
  • ¡Qué cosa es que me digan a mí que has desperdiciado mucha hacienda sin saber cómo, y que te han visto aquí ya estudiante, ya pícaro, y ya caballero, y todo por las compañías! Dime con quién andas, hijo, y diréte quién eres.
  • Y con todo mi trabajo me reía de lo que los picarones decían a la Guía.
  • Y así, para no hacer más gasto no teniendo dinero, determiné de salirme con dos muletas de la casa, y vender mi vestido, cuellos y jubones, que era todo muy bueno.
  • Tenía una potra muy grande, y atábase con un cordel el brazo por arriba, y parecía que tenía hinchada la mano y manca, y calentura, todo junto.
  • Dábanle cuenta a él y todo lo guardaba.
  • Yo puse cuidado en todo y eché la primera loa en el lugar.
  • Confesóme que los farsantes que hacían comedias todo les obligaba a restitución, porque se aprovechaban de cuanto habían representado, y que era muy fácil, y que el interés de sacar trescientos o cuatrocientos reales les ponía aquellos riesgos.
  • RESPUESTA De sus buenos sucesos antes aguardo los parabienes que los doy, y me pesara de ello a no saber que mi voluntad y su provecho es todo uno.
  • No hay nieve que se nos escape ni lluvia que se nos pase por alto, y todo esto, al cabo, es para ver a una mujer por red y vidrieras, como hueso de santo.
  • Todo esto me tenía revolviendo pareceres y casi determinado a dejar la monja, aunque perdiese mi sustento.
  • Vino pescado y carne, y todo con apetitos de sed.
  • Así como bebemos este vino hemos de beberle la sangre a todo acechador.
  • Rondábanos la puerta, pero, con todo, de media noche abajo, rondábamos disfrazados.
  • Montaner hablaba con una seguridad de todo algo ofensiva.
  • El estudiante madrileño, sobre todo el venido de provincias, llegaba a la corte con un espíritu donjuanesco, con la idea de divertirse, jugar, perseguir a las mujeres, pensando, como decía el profesor de Química con su solemnidad habitual, quemarse pronto en un ambiente demasiado oxigenado.
  • La acción de la cultura europea en España era realmente restringida, y localizada a cuestiones técnicas, los periódicos daban una idea incompleta de todo.
  • España entera, y Madrid sobre todo, vivía en un ambiente de optimismo absurdo.
  • Todo lo español era lo mejor.
  • Sobre todo, aquella clase de Química de la antigua capilla del Instituto de San Isidro era escandalosa.
  • Todo aquello era demasiado absurdo.
  • Volvía a las altas horas de las tabernas, se emborrachaba y vomitaba y molestaba a todo el mundo.
  • Su imaginación galopaba, lo consumía todo de antemano.
  • Además suponía que con el dinero se podía todo.
  • Le producía todo un gran entusiasmo.
  • Al comenzar a repasar vió que, excepto las primeras lecciones de Química, de todo lo demás apenas podía contestar.
  • Pero se me olvida todo en seguida.
  • Estas blusas no eran nada limpias, porque en las mangas, sobre todo, se pegaban piltrafas de carne, que se secaban y no se veían.
  • Massó, especial en todo, tenía los estigmas de un degenerado.
  • Esta misma tendencia aristocrática, más grande sobre todo en Aracil y en Montaner que en Andrés, les hacía huir de lo estruendoso, de lo vulgar, de lo bajo.
  • De las óperas del Real, y sobre todo, de Wagner.
  • Sin duda, pensó Hurtado, que le gustaba explicárselo todo, la vaguedad de la música hace que los envidiosos y los canallas, al oir las melodías de Mozart, o las armonías de Wagner, descansen con delicia de la acritud interna que les produce sus malos sentimientos, como un hiperclorhídrico al ingerir una substancia neutra.
  • Sañudo y sus amigos se pasaban la noche del sábado hablando mal de todo el mundo, y luego comentando con el pianista y el violinista del café, las bellezas de una sonata de Beethoven o de un minué de Mozart.
  • Un día la oyó hablar con acento gallego, y sin saber por qué, todo su terror desapareció.
  • Fuera de aquellos momentos, en los demás, el estudio, las discusiones, la casa, los amigos, sus correrías, todo esto, mezclado con sus pensamientos, le daba una impresión de dolor, de amargura en el espíritu.
  • La vida en general, y sobre todo la suya, le parecía una cosa fea, turbia, dolorosa e indominable.
  • Hurtado solía pasar todo el tiempo que duraba la feria, registrando los libracos entre el señor grave, vestido de negro, con anteojos, de aspecto doctoral, y algún cura esquelético, de sotana raída.
  • Era indispensable tomar la Fisiología como todo lo demás, sin entusiasmo, como uno de los obstáculos que salvar para concluir la carrera.
  • Julio, en esto, y en casi todo, acertaba.
  • Pero no, le pasaba todo lo contrario.
  • Pretendía debérselo todo a sí mismo.
  • La venalidad de los políticos, la fragilidad de las mujeres, todo lo que significara claudicación, le gustaba.
  • A Julio le molestaba todo lo que fuera violento y exaltado.
  • Daba tanta importancia al dinero, sobre todo al dinero ganado, que el comprobar lo difícil de conseguirlo le agradaba.
  • De considerarlo necesario, lo aceptaba todo.
  • VIII UNA FÓRMULA DE LA VIDA EL año siguiente, el cuarto de carrera, había para los alumnos, y sobre todo para Andrés Hurtado, un motivo de curiosidad.
  • Todo el mundo le encontraba abstruso porque hablaba y escribía con gran empaque un lenguaje medio filosófico, medio literario.
  • Como todo el que cree hallarse en posesión de una verdad tiene cierta tendencia de proselitismo, una noche Andrés fué al café donde se reunían Sañudo y sus amigos a hablar de las doctrinas de Letamendi, a explicarlas y a comentarlas.
  • Porque en todo eso que dice usted hay una porción de sofismas y de falsedades.
  • Sumas, restas, multiplicaciones, de todo, y que además es muy posible que existan otras funciones que no tengan expresión matemática.
  • Leyó de nuevo el libro de Letamendi, siguió oyendo sus explicaciones y se convenció de que todo aquello de la fórmula de la vida y sus corolarios, que al principio le pareció serio y profundo, no eran más que juegos de prestidigitación, unas veces ingeniosos, otras veces vulgares, pero siempre sin realidad alguna, ni metafísica, ni empírica.
  • Debajo de los títulos pomposos no había más que vulgaridad a todo pasto.
  • El doctor Aracil a todo decía que no.
  • Si todo eso del alma, es una pamplina le decía Andrés.
  • Lamela en el fondo era un rezagado en todo.
  • A todo le quería dar una significación complicada y fuera de lo normal.
  • La inacción, la sospecha de la inanidad y de la impureza de todo arrastraban a Hurtado cada vez más a sentirse pesimista.
  • Política, literatura, arte, filosofía o astronomía, todo lo que no fuera auscultar o percutir, analizar orinas o esputos, era letra muerta para él.
  • Usted piensa en todo menos en lo que es Medicina le dijo a Andrés con severidad.
  • Julio Aracil comenzaba a experimentar por su amigo un gran desprecio y a desearle que todo le saliera mal.
  • Porque, sobre todo la madre, parece un personaje de Taboada.
  • Su hermana Niní, de facciones incorrectas, y sobre todo menos espirituales, era más mujer, tenía deseo de agradar, hipocresía, disimulo.
  • Las muchachas tenían que trabajar al día siguiente, y por más que todo el mundo pidió que se continuara, doña Leonarda fué inflexible, y para la una estaba ya despejada la casa.
  • En vista de que no podían quedarse allí, salió todo el grupo de hombres a la calle.
  • ¡Un prestamista llamando explotadora a una comadrona! Indudablemente, el caso no era del todo vulgar.
  • El amante de Pura, además de un acreditado imbécil, fabricante de chistes estúpidos, como la mayoría de los del gremio, era un granuja, dispuesto a llevarse todo lo que veía.
  • Se reían de la chifladura del padre, que creía que todo aquello era la vida artística.
  • Sin duda, prometía protección y ayuda a todo el mundo.
  • En ella todo era callejero, popular.
  • Sobre todo, esas tonadillas encanalladas, de letra grotesca, eran las que más le gustaban.
  • Todo lo que fuera deforme en un sentido humano la regocijaba.
  • Todo eso está de más.
  • Lulú contaba su vida y sus impresiones, sobre todo de la niñez.
  • Para ella el rico, sobre todo el aristócrata, pertenecía a una clase superior a la humana.
  • Un aristócrata tenía derecho a todo, al vicio, a la inmoralidad, al egoísmo.
  • Al día siguiente, la señora me abrazó y me besó, y me dijo que se arrepentía de todo corazón, que en adelante iba a hacer una vida recatada.
  • Sobre todo, la población de las guardillas era numerosa y pintoresca.
  • Iturrioz le pareció un hombre seco y egoísta, que lo tomaba todo con indiferencia.
  • Todo lo que vive tiene un proceso para apoderarse primero del espacio, ocupar un lugar, luego para crecer y multiplicarse.
  • La consecuencia, a la que yo iba era ésta, que ante la vida no hay más que dos soluciones prácticas para el hombre sereno, o la abstención y la contemplación indiferente de todo, o la acción limitándose a un círculo pequeño.
  • Tú puedes abarcar en tu contemplación la casa, el pueblo, el país, la sociedad, el mundo, todo lo vivo y todo lo muerto.
  • Pero si intentas realizar una acción, y una acción justiciera, tendrás que restringirte hasta el punto de que todo te vendrá ancho, quizá hasta la misma conciencia.
  • En el fondo todo es destruir, todo es crear.
  • Yo hoy creo que todo lo natural, que todo lo espontáneo es malo.
  • En cambio todo lo que estaba plantado anteriormente, las pasionarias, las hiedras y las enredaderas, a pesar de la sequedad del suelo, se extendían y daban hermosas flores.
  • Las mujeres paseaban separadas de los hombres, y esta separación de sexos existía en casi todo.
  • Esta señora era una de esas mujeres decididas y mandonas que les gusta disponerlo todo.
  • Aquí, sobre todo en verano, no hay apenas enfermos, algunos cólicos, algunas enteritis, algún caso, poco frecuente, de fiebre tifoidea, nada.
  • Sobre todo, los planes ulteriores de Andrés fueron los más debatidos.
  • Pues en Kant, y en Schopenhauer sobre todo.
  • Todo está sometido al encadenamiento de causas y efectos.
  • Y esto tan grave, no es todo.
  • Todo eso me parece poesía.
  • Si no, la duda lo arrasa, lo destruye todo.
  • Claro que lo destruye todo.
  • Para mí, dentro de lo relativo de todo, la gravedad es una verdad absoluta.
  • Todo podría ser verdad.
  • Todo eso tiene que desaparecer.
  • En la ciencia, en la filosofía, en Kant sobre todo.
  • En estas circunstancias el instinto vital, todo actividad y confianza, se siente herido y tiene que reaccionar y reacciona.
  • La ciencia marcha adelante, arrollándolo todo.
  • Sí, estamos conformes, lo hemos dicho antes arrollándolo todo.
  • Si todo reflejo tuviera para nosotros un fin, podríamos sospechar que la inteligencia no es sólo un aparato reflector, una luna indiferente para cuanto se coloca en su horizonte sensible.
  • Tú quieres, partiendo de la relatividad de todo, darle un valor absoluto a las relaciones entre las cosas.
  • No, ¡si estamos conformes! Sería imposible que no lo estuviéramos en todo lo que se refiere a la matemática y a la lógica.
  • Acabaríamos aceptándolo todo, las mayores extravagancias de las religiones.
  • En la Alemania actual casi no hay filósofos, todo el mundo está ávido de vida práctica.
  • Es llevar el análisis a todo.
  • Ese instinto ha protestado siempre contra todo lo nuevo y seguirá protestando.
  • El instinto de conservación del cuerpo social es bastante fuerte para rechazar todo lo que no puede digerir.
  • En todo el camino el paísaje no variaba.
  • Todo el campo parecía quemado, calcinado.
  • Por encima de alguna tapia, brillante de blancura como un témpano de nieve, caía una guirnalda de hiedra negra, y todo este pueblo, grande, desierto, silencioso, bañado por la suave claridad de la luna, parecía un inmenso sepulcro.
  • Así conseguirían no tener que recorrer los dos todo el pueblo.
  • Pero le decían en burla en todo el pueblo, Pepinito.
  • Pepinito, el patrón, se echó a reir con un gesto de pedantería y de superioridad del hombre que se encuentra por encima de todo sentimentalismo.
  • Era hombre rico y orgulloso, que se creía digno de todo.
  • El molinero fué sin hablar en todo el camino.
  • Todo eso es malísimo decía Andrés.
  • En la época del tratado de los vinos con Francia, todo el mundo, sin consultarse los unos a los otros, comenzó a cambiar el cultivo de sus campos, dejando el trigo y los cereales, y poniendo viñedos.
  • Con aquel régimen de guardarlo todo, Alcolea gozaba de un orden admirable.
  • El Mochuelo principal era el alcalde, un hombre delgado, vestido de negro, muy clerical, cacique de formas suaves, que suavemente iba llevándose todo lo que podía del Municipio.
  • Se quedaba con todo lo que podía, sin tomarse el trabajo de ocultar decorosamente sus robos.
  • A veces pensaba que todo esto era necesario.
  • ¿Por qué incomodarse, si todo está determinado, si es fatal, si no puede ser de otra manera?
  • Todo a la calle.
  • Pero él estaba convencido de que todo aquello era inútil, completamente estéril.
  • Todo estaba aletargado bajo el calor del sol.
  • Pepinito era del Tomelloso, y todo lo refería a su pueblo.
  • Allí todo el pueblo está agujereado por las cuevas para el vino, y no crea usted que son modernas, no, sino antiguas.
  • Allí todo el vino que se hace es natural.
  • El mozo y la criada estaban sacando leña y sarmientos, metidos durante todo el invierno en el lagar.
  • En cambio, otros lo merecían todo.
  • Decía que él contemplaba todo con una sonrisa irónica y piadosa.
  • Varias veces el joven, que contemplaba todo con una sonrisa irónica y piadosa, invitó a Hurtado a discutir.
  • Todo esto era lógico.
  • En cambio en aquellos pueblos como Alcolea, en donde la vida sexual era tan mezquina y tan pobre, las alusiones eróticas a la vida del sexo estaban en todo.
  • Comenzaba a sentir una irritación profunda contra todo.
  • Se iban acumulando en el organismo las substancias de desecho y esto tenía que engendrar productos de oxidación incompleta, el ácido úrico sobre todo.
  • Tocaba el piano muy mal, calcaba las laminitas del Blanco y Negro y luego las iluminaba, y tenía unas ideas ridículas y falsas de todo.
  • Dice a todo lo mismo afirmó el juez.
  • Las manchas que llegan hasta la ventana, todo hace sospechar lo que ya han comenzado a decir los vecinos.
  • Todo el mundo creía culpable al tío Garrota, y algunos llegaban a decir que, aunque no lo fuera, había que castigarlo, porque era un desalmado capaz de cualquier fechoría.
  • Confúndase usted todo lo que quiera, Dorotea.
  • ¡Qué absurdo! ¡Qué absurdo es todo esto! exclamó luego.
  • Había alborotos, manifestaciones en las calles, música patriótica a todo pasto.
  • Después del desastre de las dos pequeñas escuadras españolas en Cuba y en Filipinas, todo el mundo iba al teatro y a los toros tan tranquilo.
  • Dejemos todo eso, ya que afortunadamente hemos perdido las colonias dijo su tío y hablemos de otra cosa.
  • El egoísmo ha hecho el sendero, el camino, la calle, el ferrocarril, el barco, todo.
  • Me indigna todo esto exclamó Andrés.
  • Los trasnochadores, de vuelta de los teatros, se preparaban a cenar, y algunas busconas paseaban la mirada de sus ojos pintados por todo el ámbito de la sala.
  • La verdad es que todo es poco para sostener su casa.
  • Es triste todo eso.
  • Siempre en este Madrid la misma interinidad, la misma angustia hecha crónica, la misma vida sin vida, todo igual.
  • Pero todo el gasto que llevo es indispensable.
  • Al oirle todo el mundo se ríe.
  • Los síntomas de la derrota se revelaban en todo.
  • Estaba todo muy bien arreglado y en orden.
  • Todo lo peligroso tiene su antídoto.
  • ¡Qué gente! Todo eso es lo que queda de moro y de judío en el español.
  • Todo se desarrolla en una perfecta inconsciencia.
  • En verano sobre todo, Andrés quedaba reventado.
  • Los domingos, sobre todo cuando cruzaba entre la gente a la vuelta de los toros, pensaba en el placer que sería para él poner en cada bocacalle una media docena de ametralladoras, y no dejar uno de los que volvían de la estúpida y sangrienta fiesta.
  • Todo eso está bien murmuró Andrés.
  • Andrés daba todo el dinero que ganaba a su mujer.
  • Todo el día lo pasó así.
  • Y todo va desta manera.
  • ¡Cuántos debe de haber en el mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mesmos! Quiso nuestra fortuna que la conversación del Zaide, que así se llamaba, llegó a oídos del mayordomo, y hecha pesquisa, hallóse que la mitad por medio de la cebada, que para las bestias le daban, hurtaba, y salvados, leña, almohazas, mandiles, y las mantas y sábanas de los caballos hacía perdidas, y cuando otra cosa no tenía, las bestias desherraba, y con todo esto acudía a mi madre para criar a mi hermanico.
  • Con esto andábase todo el mundo tras él, especialmente mujeres, que cuanto les decían creían.
  • Mas también quiero que sepa vuestra merced que, con todo lo que adquiría, jamás tan avariento ni mezquino hombre no vi, tanto que me mataba a mí de hambre, y así no me demediaba de lo necesario.
  • Mas con todo su saber y aviso le contaminaba de tal suerte que siempre, o las más veces, me cabía lo más y mejor.
  • Él traía el pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo que por la boca se cerraba con una argolla de hierro y su candado y su llave, y al meter de todas las cosas y sacallas, era con tan gran vigilancia y tanto por contadero, que no bastaba hombre en todo el mundo hacerle menos una migaja.
  • Todo lo que podía sisar y hurtar, traía en medias blancas.
  • Mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido, y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando en el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, sentéme como solía, estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenía tiempo de tomar de mí venganza y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada desto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima.
  • Era todo lo más que rezaba por mesoneras y por bodegoneras y turroneras y rameras y ansí por semejantes mujercillas, que por hombre casi nunca le vi decir oración.
  • Y como al presente nadie estuviese sino él y yo solos, como me vi con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la longaniza, del cual solamente sabía que había de gozar, no mirando qué me podría suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saqué la longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el asador, el cual mi amo, dándome el dinero para el vino, tomó y comenzó a dar vueltas al fuego, queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos había escapado.
  • Visto esto y las malas burlas que el ciego burlaba de mí, determiné de todo en todo dejalle, y como lo traía pensado y lo tenía en voluntad, con este postrer juego que me hizo afirmélo más.
  • ¡Sus! Saltá todo lo que podáis, porque deis deste cabo del agua.
  • No era yo señor de asirle una blanca todo el tiempo que con él veví o, por mejor decir, morí.
  • Y cuando dábamos sacramento a los enfermos, especialmente la extrema unción, como manda el clérigo rezar a los que están allí, yo cierto no era el postrero de la oracion, y con todo mi corazón y buena voluntad rogaba al Señor, no que la echase a la parte que más servido fuese, como se suele decir, mas que le llevase de aqueste mundo.
  • Porque en todo el tiempo que allí estuve, que sería cuasi seis meses, solas veinte personas fallecieron, y éstas bien creo que las maté yo o, por mejor decir, murieron a mi recuesta.
  • Pues, estando en tal aflición, cual plega al Señor librar della a todo fiel cristiano, y sin saber darme consejo, viéndome ir de mal en peor, un día que el cuitado ruin y lacerado de mi amo había ido fuera del lugar, llegóse acaso a mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue ángel enviado a mí por la mano de Dios en aquel hábito.
  • Miró todo el arcaz de un cabo a otro y viole ciertos agujeros por do sospechaba habían entrado.
  • Pusímonos a comer, y quiso Dios que aun en esto me fue bien, que me cupo más pan que la laceria que me solía dar, porque rayó con un cuchillo todo lo que pensó ser ratonado, diciendo.
  • Porque ya, desde que viví con el ciego, la tenía tan hecha bolsa que me acaeció tener en ella doce o quince maravedís, todo en medias blancas, sin que me estorbasen el comer.
  • Espantado el matador de culebras qué podría ser aquella llave, miróla, sacándomela del todo de la boca, y vio lo que era, porque en las guardas nada de la suya diferenciaba.
  • Con todo esto, diéronme de comer, que estaba transido de hambre, y apenas me pudieron remediar.
  • Entonces se entró en la iglesia mayor, y yo tras él, y muy devotamente le vi oír misa y los otros oficios divinos, hasta que todo fue acabado y la gente ida.
  • Con todo eso, yo le satisfice de mi persona lo mejor que mentir supe, diciendo mis bienes y callando lo demás, porque me parecía no ser para en cámara.
  • Todo lo que yo había visto eran paredes, sin ver en ella silleta, ni tajo, ni banco, ni mesa, ni aun tal arcaz como el de marras.
  • Vuestra merced crea, cuando esto le oí, que estuve en poco de caer de mi estado, no tanto de hambre como por conocer de todo en todo la fortuna serme adversa.
  • Y con todo, disimulando lo mejor que pude.
  • ¡Grandes secretos son, Señor, los que vos hacéis y las gentes ignoran! ¿A quién no engañara aquella buena disposición y razonable capa y sayo y quién pensara que aquel gentil hombre se pasó ayer todo el día sin comer, con aquel mendrugo de pan que su criado Lázaro trujo un día y una noche en el arca de su seno, do no se le podía pegar mucha limpieza, y hoy, lavándose las manos y cara, a falta de paño de manos, se hacía servir de la halda del sayo?
  • Con todo, parecióme ayudarle, pues se ayudaba y me abría camino para ello, y díjele.
  • Con todo, le quería bien, con ver que no tenía ni podía más, y antes le había lástima que enemistad.
  • Dejo el camino que llevaba y hendí por medio de la gente, y vuelvo por la calle abajo a todo el más correr que pude para mi casa, y entrando en ella cierro a grande priesa, invocando el auxilio y favor de mi amo, abrazándome dél, que me venga a ayudar y a defender la entrada.
  • Eres mochacho me respondió y no sientes las cosas de la honra, en que el día de hoy está todo el caudal de los hombres de bien.
  • Mas ¡vótote a Dios!, si al conde topo en la calle y no me quita muy bien quitado del todo el bonete, que otra vez que venga, me sepa yo entrar en una casa, fingiendo yo en ella algún negocio, o atravesar otra calle, si la hay, antes que llegue a mí, por no quitárselo.
  • Canónigos y señores de la iglesia, muchos hallo, mas es gente tan limitada que no los sacaran de su paso todo el mundo.
  • Bien está dicen ellos, pues di todo lo que sabes, y no hayas temor.
  • Así, como he contado, me dejó mi pobre tercero amo, do acabé de conocer mi ruin dicha, pues, señalándose todo lo que podría contra mí, hacía mis negocios tan al revés, que los amos, que suelen ser dejados de los mozos, en mí no fuese ansí, mas que mi amo me dejase y huyese de mí.
  • Gran enemigo del coro y de comer en el convento, perdido por andar fuera, amicísimo de negocios seglares y visitar, tanto que pienso que rompía él más zapatos que todo el convento.
  • De manera que tras que tenían mala gana de tomalla, con aquello de todo la aborrecieron.
  • Mas mi amo les fue a la mano y mandó a todos que so pena de excomunión no le estorbasen, mas que le dejasen decir todo lo que quisiese.
  • Y ansí, él también tuvo silencio, mientras el alguacil dijo todo lo que he dicho.
  • Señor Dios, a quien ninguna cosa es escondida, antes todas manifiestas, y a quien nada es imposible, antes todo posible, tú sabes la verdad y cuán injustamente yo soy afrentado.
  • A todo esto, el señor mi amo estaba en el púlpito de rodillas, las manos y los ojos puestos en el cielo, transportado en la divina esencia, que el planto y ruido y voces que en la iglesia había no eran parte para apartalle de su divina contemplación.
  • En todo no vio nadie lo susodicho sino yo, porque me subía par del altar para ver si había quedado algo en las ampollas, para ponello en cobro, como otras veces yo lo tenía de costumbre.
  • Daba cada día a mi amo treinta maravedís ganados, y los sábados ganaba para mí, y todo lo demás, entre semana, de treinta maravedís.
  • Porque, allende de ser buena hija y diligente, servicial, tengo en mi señor acipreste todo favor y ayuda.
  • No, de todo lo contrario.
  • Pero la verdad ante todo.
  • Todo ello es mejor, ¿quién lo duda?
  • El recuerdo de la patria, y sobre todo de Lúzaro, de este rincón de la costa vasca donde he nacido y donde vivo, ha estado siempre presente en mi espíritu.
  • En la casa todo el mundo le admiraba, y el buen señor, que era muy ingenuo, me decía.
  • Sobre todo, por parte de mi madre, por los Aguirres, la genealogía marítima es abundante e inacabable.
  • Parecía haber nacido para burlarse de todo y para encogerse de hombros.
  • Era de estos vascos que dejan todo su lastre de intolerancia y de fanatismo al pisar el primer barco.
  • A doña Celestina le parecía todo cuanto se refiriese a los Aguirres de una capital importancia, y no sentía ningún escrúpulo en mentir, si era para mayor gloria de su familia.
  • Para Recalde, yo soy todo lo contrario de lo que era para mi abuela.
  • Mi madre se pasaba casi todo el día con mi abuela.
  • Sabia más que la generalidad de las mujeres, y, sobre todo, que las mujeres del país.
  • Por tierra y por mar profundo Con imán y derrotero, Un vascongado el primero Dió la vuelta a todo el mundo.
  • Todo el libro se reducía a una serie de narraciones de aventuras marítimas y terrestres.
  • Pero fué inútil su ofrecimiento, porque el hombre entendido y de buen juicio prefiere su honra a todo el dinero del mundo.
  • Lope de Aguirre era todo un hombre.
  • Allí donde arribaba, Lope se dedicaba al pillaje, saqueando los puertos, quemando todo cuanto se le ponía por delante, llevado de su loca furia.
  • Realmente, Lope de Aguirre era todo un hombre.
  • Los cirios, en el altar mayor, comenzaron a arder, y a su luz resplandeció todo el retablo churrigueresco, dorado, retorcido, con sus columnas salomónicas y sus racimos de uvas.
  • En estos días, el aire, la luz, las cosas, todo me parecía distinto.
  • El comprendía nuestro desamor por cuanto constituía sus afectos, y contestaba, instintivamente, odiando al pueblo y a todo lo que era vasco.
  • Le gustaba suscribirse a los libros por entregas, sobre todo para que los leyese su hijo.
  • Siempre estaba escudriñándolo todo.
  • A todo lo largo del muelle, en aquella época y en ésta, sigue pasando lo mismo.
  • Entre las casas de a lo largo del muelle de Cay luce, antes, como ahora, había algunos almacenes de carbón, y una fila de tabernas en donde los pescadores se reunían y se reúnen a beber y a discutir, y que destilaban, sobre todo los domingos, por su única puerta, una tufarada de sardina frita, de atún guisado con cebolla, y de música de acordeones.
  • A todo esto, muy verdad, unía las invenciones más absurdas.
  • Hay un fondo de crueldad en el hombre, y sobre todo en el niño, que goza obscuramente cuando la barbarie humana sale a la superficie.
  • En unos era una bolsa, de donde salía todo lo que se deseaba con decir unas cuantas frases sacramentales.
  • La niebla iba ocultándolo todo, y el mar se divisaba a ratos con una pálida claridad que parecía irradiar de las aguas.
  • Tuvimos que aguardar todo el invierno.
  • Y nosotros metíamos las palas de los remos en el agua, resistiendo todo lo posible.
  • Alrededor, cerca de nosotros, todo el mar estaba blanco.
  • A veces, un golpe de mar violento hacía estremecerse a todo el barco, y, entonces, los hierros y argollas, la rueda del timón y la obra muerta, rechinaban como con una protesta de malhumor.
  • Dentro de la gruta negra todo era blanco.
  • Las olas entraban y hacían retemblarlo todo.
  • Tuve que contarlo todo.
  • Todo el mundo se enteró, y hubo que pagar el Cachalote a Zapiain, el relojero y corredor de comercio.
  • Todo lo encontraba nuevo y lleno de interés.
  • Al doblar el Cabo de Buena Esperanza luchamos con una violenta tempestad, que por poco no nos arrastra hacia los escollos del continente africano, y en todo el resto del viaje fuimos padeciendo borrascas y tiempos duros.
  • Me levanté, me vestí y me acicalé todo lo posible.
  • Necesito una hora para preparar todo eso dijo el montañés.
  • Después de todo hacía bien.
  • Ella dijo que no a todo.
  • Roñoso para todo, era hombre de rumbo para los gastos de la casa y de la bella Hortensia.
  • Yo me sentía otra cosa, pero no tenía el valor ni la fuerza para creer que mi espíritu, más concentrado y más sobrio, valía tanto como el de ellos, todo expansión, palabras y muecas.
  • En general, el amor es eso, sobre todo en las personas muy jóvenes, que no tienen preocupaciones espirituales.
  • El disgusto de uno mismo, la hostilidad del ambiente, la imposibilidad de formarse otro a gusto de uno, todo caía sobre mí con una pesadumbre de plomo.
  • Tardábamos todo lo más posible en entrar en casa.
  • A veces me daban ganas de dar un puntapié a aquella gente, que después de todo no me servía para nada, y mandar a paseo a don Matías, a su mujer, a la niña y a todos sus amigos y amigas.
  • Y todo esto, ¿para qué?
  • Salí del colmado, fuí a un café de la calle Ancha, tomé unas copas de licor y me marché de allí dispuesto a todo.
  • Me pareció que quizá no había bebido bastante para ser todo lo insolente y procaz que quería, y me senté en la mesa de una taberna, en la acera, en una calle en donde hay tal profusión de colmados y de peluquerías, que no parece sino que aquella gente se ha de pasar la vida entre el plato de pescado frito y la tenacilla para rizarse el pelo.
  • Entonces en Cádiz, y ahora probablemente pasará lo mismo, había la costumbre de andar de noche por unas cuantas calles, los días de fiesta sobre todo.
  • Pero, al mismo tiempo, todo el mundo decía que iba a casarse con el hijo del marqués de Vernay, un señor de Jerez, no muy rico, pero de familia aristocrática.
  • La geografía, la historia, el comercio, la navegación, todo lo dominaba este hombre extraordinario.
  • Petulancia, sentimentalismo, vanidad, tristeza, todo esto se fundía en mi alma, haciéndome creer unas veces que era un héroe y otras un desdichado.
  • Unos meses después, ya restablecido del todo, era capitán de una hermosa fragata, a los veintitrés años.
  • ¡Qué quietud en todo el pueblo! El mismo monte no es tan estático.
  • Todo sigue igual.
  • ¡A babor! ¡A estribor! Sí, todo está igual.
  • Todo el camino andado parece una vía Apia sembrada de tumbas.
  • Y la lluvia, y el viento, y el agua, todo me encanta y todo me entristece.
  • Shempelar, interiormente entusiasmado con su obra, anda muy fosco, riñendo a todo el mundo.
  • Y cuando el barco queda a flote, y todo el mundo dice que es un gran barco, hay que verle a Shempelar haciendo esfuerzos maravillosos para demostrarse a sí mismo que tiene motivos, motivos graves, motivos serios para estar profundamente incomodado.
  • Suelo ir a ver a Shempelar, sobre todo si tiene obra nueva, y hablamos.
  • En ver esto, en recordar los sitios donde anduve de chico, en paladear y saborearlo todo, he pasado más de un mes sin hacer mucho caso de visitas y de prácticas sociales.
  • Allí se ha discutido de todo lo divino y humano, y, entre lo no divino, una de las cuestiones más debatidas ha sido la formación de Lúzaro.
  • Todo el almíbar, todo el cabello de ángel de la tienda de su padre se le había comunicado a ella.
  • Lo que hay que hacer aquí es salir al campo con el fusil, y a todo liberal que se encuentre, ¡fuego! Y por la espalda añadió el otro, con la cara inyectada de rabia.
  • El relojero era de estos hombres que a todo el mundo dan la razón, y, con su lente en el ojo derecho, movía la cabeza, en señal de asentimiento, a cuanto decían sus contertulios.
  • Todo lo vaciamos en el molde de nuestro espíritu.
  • Por eso damos a todo el universo, desde la gota de agua hasta Sirio, una intención humana.
  • Pero cuando la costa y, sobre todo, Frayburu llegan a lo álgido de su fuerza, al paroxismo de su misterio, es al anochecer.
  • Estaba todo limpio a fuerza de arena y de baldeo.
  • Después he visto claramente que las madres lo reconcentran todo en el interés de los hijos y desconfían de lo que puede perjudicarles.
  • Yo le ofrecí pagarle todo lo que necesitara, aunque dudaba mucho del éxito.
  • Pero todo el mundo la decía Quenoveva, y ella estaba convencida de que así se pronunciaba su nombre.
  • Era un hombre de una fe tan absurda en sí mismo y en sus fuerzas, que se sentía capaz de emprenderlo todo.
  • Le expliqué cómo tenía que embarcarme, lo que ganaba, cuándo volvería, todo.
  • De figura muy redonda, casi igual a proa que a popa, tenía una cubierta, sollado a proa para la marinería, cámaras en popa y todo lo demás preparado para bodega.
  • En el tiempo en que Nantes era uno de los centros negreros más activos de Europa, había allí pilotos de todo el mundo.
  • Subía al alcázar de proa, inspeccionaba el sollado, recorría el barco mirándolo todo, riñendo porque no encontraba las cosas bastante limpias, y al final de su paseo escalaba la toldilla de popa y se apoyaba en unos de los cañones.
  • En general, lo que usaba el capitán, el barómetro, los cronómetros, las cartas de derrota, todo era viejo.
  • El capitán era un bárbaro, como todo capitán negrero de esa época.
  • Y No peace beyond the line (Todo es enemigo más allá de la línea).
  • Dirigía a los holandeses Ryp, el cocinero de El Dragón, un hombre que tenía todo el cuerpo tatuado con la figura de los barcos en donde había servido.
  • Nosotros, la cuadrilla de vascos, ya habituados a aquella vida extraña e indiferentes a todo cuanto pasaba a nuestro alrededor, nos poníamos a jugar a la manilla o al truque nuestros ahorros.
  • Se enteraba de todo, no sé por qué medios.
  • A aquel pajarraco de mal agüero todo el mundo le odiaba.
  • Dijo llamarse Tom, y como era pequeño, todo el mundo empezó a decirle Tommy.
  • Se temía el encuentro de barcos piratas, y los negreros, que eran muchos en aquellas costas, huían de todo buque, temiendo encontrar en cada uno un crucero inglés.
  • Allí había agentes de todas las nacionalidades, sobre todo americanos y portugueses.
  • Tom les enseñaba las más extraordinarias jigas de todo el Reino Unido.
  • Frans Nissen, indiferente a todo, con una brújula pequeña de mano, seguía en la rueda del timón.
  • Estos bárbaros son capaces de todo.
  • Todo el mundo dormía, y el barco navegaba a la ventura.
  • Los chinos, sobre todo, armaban una algarabía infernal.
  • Quería, sobre todo, los cofres de Zaldumbide.
  • Se cerraron las escotillas y se dieron órdenes para comenzar el arreglo de todo.
  • Luego remontamos al norte, atravesando las calmas de Capricornio por los 22° oeste, y, aprovechando todo el aparejo en los alisios del sudeste y la corriente brasileña, cortamos la línea hacia los meridianos 18° ó 20° al oeste.
  • Todo esto hacía que fuera un disparate el entregarnos.
  • Embarcamos tres cajas de galleta, agujas, tijeras, todo lo que pudimos.
  • A todo esto, no sabíamos a punto fijo lo que había dentro.
  • Yo había tomado el camino derecho, y desde entonces me empezó a salir todo bien.
  • En todo el viaje de América a Europa no se atrevió a hablarme.
  • Todo lo que me parece fácil y asequible de noche se me figura erizado de dificultades al amanecer.
  • Todo el día y toda la tarde estuve en compañía de Mary.
  • Todo el mar iba iluminándose.
  • Pero pronto dejé talado todo el peñasco, sin el menor rastro de vegetación.
  • Pero todo el mundo lo comprendió.
  • El duelo de Shanti Andía, y contaba mis amores con Dolorcitas en Cádiz y mi desafío con el marido, todo arreglado de tal manera, dicho con tal perfidia, que yo aparecía como un miserable completo.
  • Las olas, como montes, subían por las rocas, llegaban hasta las casas, arrancaban puertas, arrastraban todo cuanto encontraban.
  • Estos peligros grandes y aparatosos quitan el miedo, sobre todo si uno tiene que asumir la responsabilidad.
  • El siguió mirándolo todo con atención.
  • El tal Machín era un tipo raro en todo, en su conducta, en sus parecidos y en las simpatías y antipatías que despertaba.
  • Todo el mundo me hizo sufrir cuando era un miserable.
  • No todo el mundo puede ser sano, ni todo el mundo puede ser bueno.
  • A pesar de todo le escribí, y la carta no debió llegar, porque no tuve contestación.
  • ¡Cuánta gente no se habrá sacrificado por esas ideas del rango y de la posición social que, después de todo, no sirven para nada! Son restos del feudalismo.
  • Sobre todo hacia el nordeste de Borneo, cerca de las islas de Serasán y del Archipiélago de los Piratas, tuvimos batallas navales furibundas contra dos y tres de esos barcos armados que llaman praos.
  • La maldad, la ruindad, la envidia, todo lo disculpaba.
  • De sospecharlo, me hubiera decidido a volver y a casarme con ella, saltando por todo.
  • Cuando supe esto, me figuré que, como dice todo el mundo, las mujeres son volubles e ingratas, y pensé que la Shele me había olvidado con la ausencia.
  • Todo me parecía triste.
  • Difícil era acostumbrarse a vivir allí, pero todo se consigue a fuerza de energía y de perseverancia.
  • La indiferencia que sentía por todo, unida a una filosofía estoica que iba adquiriendo, me ayudaban a soportar las penalidades tranquilo y sin cólera.
  • Cada uno llevaría su ropa, una lima y cuatro o cinco chelines en una bolsa, todo envuelto en un trozo de tela impermeable, formando un paquete, atado a la espalda.
  • All is vell (todo va bien).
  • La noche no estaba del todo obscura.
  • All is vell (todo va bien), podíamos decir también nosotros.
  • Fuimos arrancándolas con la punta de la lima, y esto nos sirvió de comida para todo el día.
  • Navegamos todo el día y toda la noche y pudimos comer y descansar.
  • Todo cuanto uno decía le parecía mal otro.
  • Durante toda la noche y todo el día danzamos por encima de las olas, envueltos en la niebla, sin poder ponernos en rumbo.
  • Rodeaba a la casa un terreno pantanoso, antiguo jardín abandonado y salvaje, de un aire dramático y misterioso, sobre todo a la blanca claridad de la luna.
  • Allí todo era viejo y arruinado.
  • Y Allen, que había comprendido todo, exclamó.
  • Todo, antes de volver al pontón.
  • Aquí alquilamos una goleta, con tripulación y todo, y nos dirigimos al río Nun.
  • Y, después de todo, ¿qué nos importa por ellos?
  • Yo pensaba que con la relación de nuestras fatigas y con la muerte de Allen, la familia de mi novia se habría curado del deseo de encontrar tesoros, pero fue todo lo contrario.
  • Las casas, encaramadas en la cintura de piedra de la ciudad, parece a primera vista que se encuentran en una posición estrecha é incómoda, pero no es así, sino todo lo contrario, porque, entre el pie de las casas y los muros fortificados, existe un gran espacio ocupado por una serie de magníficas huertas.
  • Desde lejos y viniendo desde la carretera, sobre todo al anochecer, tiene la apariencia de un castillo feudal.
  • El almacén de Azpillaga, donde se encuentra de todo, debe dar a los aldeanos la impresión de una caja de Pandora, de un mundo inexplorado y lleno de maravillas.
  • Y si le encuentras, al viejo Tellagorri, no le hables, y si te dice algo, respóndele a todo que no.
  • Tellagorri poseía un huertecillo que no valía nada, según los inteligentes, en el extremo opuesto de su casa, y para ir a él le era indispensable recorrer todo el balcón de la muralla.
  • Todo el mundo creía que conservaba el huertecillo para tener derecho de pasar por la muralla y robar, y esta opinión no se hallaba, ni mucho menos, alejada de la realidad.
  • Tellagorri explicaba todo detenidamente a Martín.
  • Tellagorri lo tenía como acompañante para todo, menos para ir a la taberna.
  • Pero en buena reciprocidad, todo lo que comprendía que le gustaba al muchacho o servía para su educación, lo hacía si estaba en su mano.
  • Sobre todo, las tardes de primavera era una maravilla.
  • Mientras los demás chicos estudiaban la doctrina y el catón, él contemplaba los espectáculos de la Naturaleza, entraba en la cueva de Erroitza en donde hay salones inmensos llenos de grandes murciélagos que se cuelgan de las paredes por las uñas de sus alas membranosas, se bañaba en Ocin beltz, a pesar de que todo el pueblo consideraba este remanso peligrosísimo, cazaba y daba grandes viajatas.
  • Tenía cuentas complicadas con todo el mundo, administraba las diligencias, chalaneaba, gitaneaba, y los días de fiesta añadía a sus oficios el de cocinero.
  • Luego, a todo el que iba a pedirle algo, después de reñirle rudamente y de reprocharle sus vicios y de insultarle a veces, le daba lo que le parecía, hasta que a mediados del mes se le acababa el montón de pesetas y entonces daba maíz o habichuelas siempre refunfuñando é insultando.
  • Cuando pasaba por delante de la taberna alguna chica bonita, Tellagorri lanzaba un ronquido tan socarrón que todo el mundo reía.
  • Traducidas literalmente no querían decir gran cosa, pero en sus labios significaban todo.
  • Esto, en boca de Tellagori, quiería decir que todo el mundo era un pillo.
  • Se olvidaba de todo.
  • Pensó en dirigirle alguna pregunta, pero tardó varios días, porque el señor Soraberri era tardo en todo.
  • Uniéronse a estos sonidos discordantes las notas agudísimas del cuerno de caza y el redoble del tambor, produciendo entre todo una algarabía insoportable.
  • Creo que te lo he dicho todo.
  • A todo dijo Martín que sí.
  • Casi todo el elemento popular y liberal estaba por Zalacaín y Urbide.
  • Pegaba con la cesta en la tierra enfurecido y echaba la culpa de todo a su zaguero.
  • Sobre todo, lo que más hería a Carlos, aunque no lo quisiera reconocer, lo que más le mortificaba en el fondo de su alma era la superioridad de Martín, que iba y venía sin reconocer categorías, aspirando a todo y conquistándolo todo.
  • Aquel granuja de la calle era capaz de subir, de prosperar, de hacerse rico, de casarse con su hermana y de considerar todo esto lógico, natural.
  • Si lo mataba, todo el mundo consideraría el suyo un caso de legítima defensa contra un salteador, contra un ladrón.
  • Los propios interesados aseguran ser instinto o talento, sus enemigos dicen casualidad, suerte, y esto es más probable que lo otro, porque hay hombres excelentemente dispuestos para la vida, inteligentes, enérgicos, fuertes y que sin embargo, no hacen más que detenerse y tropezar en todo.
  • Todo lo que intentaba lo llevaba bien.
  • Tenía como socio a Capistun el Americano, hombre inteligentísimo, ya de edad, a quien todo el mundo llamaba el americano, aunque se sabía que era gascón.
  • En casi todo el Mediodía de Francia se creía lo mismo.
  • Los comités carlistas funcionaban a la vista de todo el mundo.
  • Sí, todo eso es verdad, pero también es hermosa la guerra.
  • ¡Barbarie! ¡Barbarie! replicaba a todo esto el gascón.
  • Zalacaín, a pesar de ser templado, sintió un ligero estremecimiento en todo el cuerpo, pero se irguió y entró sonriente en el cuarto.
  • Había en todo aquello algo ensayado para infundir terror.
  • Todo eso es viejo.
  • Yo creo que tú no eres del todo ortodoxo.
  • Así que todo el pueblo, némine discrepante, lo apodaba Cracasch.
  • Durante muchos años se ha pasado ocho o nueve horas en el piano haciendo ejercicios y, como no ha tenido alma más que para la música, en todo lo demás ha sido un descuidado horrible.
  • Joshé creía que, cuando él se quitara la chaqueta y el chaleco, toda la familia rompería a reir a carcajadas, pero fué todo lo contrario, porque el señor Arizmendi, mirándole con ojos terribles, le dijo.
  • Entró y le pareció que todo el mundo estaba serio.
  • Abajo todo el mundo mandó el Cura.
  • La verdad es que un día tan hermoso convida a todo, hasta que le peguen a uno un tiro.
  • Luego le contaré a usted todo dijo la muchacha morena.
  • Y yo no me he dado cuenta de todo esto dijo Martín.
  • Adoraba a su hijo, vivía temblando de que le pasara algo, pero, a pesar de todo, había querido que fuera militar.
  • Lo veía todo a su gusto y se convencía de que los hechos era como se los había pintado su fantasía.
  • ¿Todo bien?
  • Todo bien respondió la voz.
  • De noche, sobre todo, el tal paraje es triste y siniestro.
  • ¡Si me diérais de balde lo que sobre! Pues nada, todo lo que sobre para ti.
  • Todo ese fondo cabileño que duerme en el instinto provincial español estaba despierto.
  • Pues yo también soy español y todo eso me es muy antipático contestó Martín.
  • Desde allí se veía casi todo Estella, y los montes que le rodean, abajo el tejado de la cárcel y en un alto la ermita del Puy.
  • Todo lo que le daban de comer no le servía más que de aperitivo.
  • Explicó su estancia en un pueblo, con el batallón metido en una iglesia, sin poder moverse por estar los caminos intransitables por la nieve, no comiendo más que habichuelas y teniendo por retrete un confesionario, y dió tales detalles, que todo el mundo reía a carcajadas.
  • Un día, sobre todo, nos trajeron sidra dijo el francés y entre la sidra y las habichuelas se nos armó una, que tuvimos que hacer cola delante del confesionario.
  • Todo es para el señor cura.
  • Aquí no hay nada que hacer, todo para el señor cura.
  • Pero ¡cómo salir de aquí! ¿Estás dispuesta a hacer todo lo que yo te diga?
  • ¿Lo has arreglado todo?
  • La vieja paseó la luz del farol por todo el zaguán y dijo.
  • ¿Qué has hecho en todo en todo el día de ayer?
  • Todo lo contaré.
  • Al llegar cerca del puente sobre el Ebro, una porción de lavanderas y de mujeres de carabineros salieron a ver la extraña comitiva, y varias de ellas comenzaron a cantar, sobre todo dirigiéndose a la monja.
  • Decidió en su fuero interno que la culpa de todo era de Bautista y esta decisión le tranquilizó.
  • Martín se aplastó en el suelo todo lo que pudo.
  • Los generales alfonsinos, después de hecho su agosto y ascendido en su carrera todo lo posible, encontraban que era una estupidez continuar la guerra durante más tiempo.
  • Además de todo aquel convoy de mercancías consignado al ejército, hallábanse otros coches atiborrados de géneros que algunos comerciantes de Bayona llevaban a ver si vendían al por menor.
  • Tú eres todo para mí.
  • Sin duda, eran los obstáculos los que me daban antes bríos y fuerza, el ver que todo el mundo se plantaba a mi paso para estorbarme.
  • Sabe usted, yo quisiera que todo viviese, que todo comenzara a marchar, no dejar nada parado, empujar todo al movimiento, hombres, mujeres, negocios, máquinas, minas, nada quieto, nada inmóvil.
  • Todo el grueso del ejército carlista entraba, en su retirada de España, por el barranco de Roncesvalles y por Valcarlos.
  • Para que todo fuera completo, cuando venía algún cuarto a nuestras manos por cualquiera de las vías industriales que nos eran propias, comprábamos pólvora en casa de la tía Coscoja de la calle del Torno de Santa María, y con este ingrediente hacíamos una completa fiesta naval.
  • Los chicos ven todo de un modo singular.
  • Pues nada menos que igual en todo a los contrabandistas que, procedentes del campo de Gibraltar, se veían en el barrio de la Viña con harta frecuencia.
  • Recuerdo también, refiriéndolo a todo mi cuerpo, el contacto de unas manos muy frías, pero muy frías.
  • Mi buena estrella me llevó a cierta casa, cuyos dueños se apiadaron de mí, mostrándome gran interés, sin duda por el relato que de rodillas, bañado en lágrimas y con ademán suplicante, hice de mi triste estado, de mi vida, y sobre todo de mis desgracias.
  • Hay que añadir a las causas de aquel cariño, aunque me esté mal el decirlo, que yo, no obstante haber vivido hasta entonces en contacto con la más desarrapada canalla, tenía cierta cultura o delicadeza ingénita que en poco tiempo me hizo cambiar de modales, hasta el punto de que algunos años después, a pesar de la falta de todo estudio, hallábame en disposición de poder pasar por persona bien nacida.
  • De todo esto diré alguna cosa, si no os falta la paciencia.
  • Mi relato no será tan bello como debiera, pero haré todo lo posible para que sea verdadero.
  • Pero había otras, hijas de su propia inventiva filológica, de él sólo conocidas y en todo su valor apreciadas.
  • A todo esto, las otras tres fragatas enemigas se habían acercado a las nuestras, de tal manera que cada una de las inglesas tenía otra española por el costado de sotavento.
  • Pero, a pesar de todo, es preciso seguir adelante.
  • Ya se ve, ¡un hombre sin estudios! Mi hermano el arcediano, que es partidario del príncipe Fernando, dice que ese señor Godoy es un alma de cántaro, y que no ha estudiado latín ni teología, pues todo su saber se reduce a tocar la y a conocer los veintidós modos de bailar la gavota.
  • Todo tan caro.
  • Desde muy niña acostumbraba a cantar el olé y las cañas, con la maestría de los ruiseñores, que lo saben todo en materia de música sin haber aprendido nada.
  • Tan singular era el efecto, que para mí el oírla cantar, sobre todo en presencia de otras personas, era casi una mortificación.
  • Aquella transfiguración produjo en mí tal impresión, que en todo el día no hablé una palabra.
  • Ya no volví a subir al naranjo, cuyos azahares crecieron tranquilos, libres de mi enamorada rapacidad, desarrollando con lozanía sus hojas y con todo lujo su provocativa fragancia.
  • Pero entonces lo arreglaban todo los padres, y lo raro es que a veces no salía del todo mal.
  • Mis amos supieron todo cuando llegó a casa la noticia de que Malespina había herido mortalmente a su rival.
  • él se lo decía todo, y no se podía elogiar cosa alguna, porque al punto salía diciendo que tenía otra mejor.
  • Viendo la recompensa que tenía mi ardiente cariño, comprendí que a nada podría aspirar en el mundo, y sólo más tarde adquirí la firme convicción de que un grande y constante esfuerzo mío me daría quizás todo aquello que no poseía.
  • Este despego que a ellos les parecía mala crianza y a mí un arranque de entereza, propio de elevados corazones, me proporcionó algunas reprimendas y, sobre todo, dio origen a una frase de mi señorita, que se me clavó en el corazón como una dolorosa espina.
  • A ti todo te parece bien con tal que sea para los dichosos barcos de guerra.
  • ¿y todo por qué?
  • Estos, además de una soberbia artillería, tienen todo lo necesario para reponer prontamente sus averías.
  • El de nuestros enemigos es inmejorable, compuesto todo de viejos y muy expertos marinos, mientras que muchos de los navíos españoles están tripulados en gran parte por gente de leva, siempre holgazana y que apenas sabe el oficio.
  • ¡Y ella tan ajena a esto! ¡Qué dirá cuando llegue a casa y no nos encuentre! A mí se me ensanchaba el pecho con la vista del paisaje, con la alegría y frescura de la mañana y, sobre todo, con la idea de ver pronto a Cádiz y su incomparable bahía poblada de naves.
  • El futuro suegro de mi amita, Don José María Malespina, que no tenía parentesco con el célebre marino del mismo apellido, era coronel de Artillería retirado, y cifraba todo su orgullo en conocer a fondo aquella terrible arma y manejarla como nadie.
  • Yo, con todo hice un gran destrozo cargando una pieza con las llaves de la iglesia.
  • Todo su empeño era que le enseñase palabras de español y, sobre todo algunas de ésta nuestra graciosa Andalucía.
  • Allí inventé un cañón que no llegó a dispararse, porque todo Londres, incluso la Corte y los Ministros, vinieron a suplicarme que no hiciera la prueba por temor a que del estremecimiento cayeran al suelo muchas casas.
  • La comida y los frecuentes tragos con que la roció excitaron más aún la vena inventora del viejo Malespina, quien por todo el camino siguió espetándonos sus grandes paparruchas.
  • En cuantas personas encontraba al paso veía un rostro amigo, y todo era para mí simpático y risueño.
  • Mi espíritu veía reflejar en todo lo exterior su propia alegría.
  • Vestía con lujo, y en su peinado se gastaban los polvos por almudes, y como no tenía malas carnes, a juzgar por lo que pregonaba el ancho escote y por lo que dejaban transparentar las gasas, todo su empeño consistía en lucir aquellas partes menos sensibles a la injuriosa acción del tiempo, para cuyo objeto tenía un arte maravilloso.
  • ¡Pues no falta más sino que esos señores con sus manos lavadas se fueran a llevar lo poco que tenemos! ¡Bonitos están los tiempos! Ahora cuesta todo un ojo de la cara.
  • Es preciso que confesemos con dolor la superioridad de la marina inglesa, por la perfección del armamento, por la excelente dotación de sus buques y, sobre todo, por la unidad con que operan sus escuadras.
  • Cuando Churruca se marchó, Doña Flora y mi amo hicieron de él grandes elogios, encomiando sobre todo su expedición a la América Meridional, para hacer el mapa de aquellos mares.
  • Como yo observaba todo, me fijé en la extraña figura de aquellos hombres, en sus afeminados gestos y, sobre todo, en sus trajes, que me parecieron extravagantísimos.
  • Todo, en fin, me suspendió de tal modo, que por un buen rato estuve absorto en la contemplación de tan hermosa máquina, sin acordarme de nada más.
  • Los oficiales hacían su tocado, no menos difícil a bordo que en tierra, y cuando yo veía a los pajes ocupados en empolvar las cabezas de los héroes a quienes servían, me pregunté si aquella operación no era la menos a propósito dentro de un buque, donde todos los instantes son preciosos y donde estorba siempre todo lo que no sea de inmediata necesidad para el servicio.
  • Yo estuve en la escuadra, lo vi todo.
  • A ese señor todo le parece fácil.
  • (Rumores.) Dice también que no hará señales y que todo lo espera de cada capitán.
  • Hecho por la mañana el zafarrancho, preparado ya todo lo concerniente al servicio de piezas y lo relativo a maniobras, oí que dijeron.
  • Sin embargo, la imaginación, que entonces predominaba en mí, alejó de mi espíritu todo temor, y no pensé más que en triunfos y agradables sorpresas.
  • Mis recuerdos, que son clarísimos en todo lo pintoresco y material, apenas me sirven en lo relativo a operaciones que entonces no comprendía.
  • Pero en el momento que precedió al combate, comprendí todo lo que aquella divina palabra significaba, y la idea de nacionalidad se abrió paso en mi espíritu, iluminándolo y descubriendo infinitas maravillas, como el sol que disipa la noche, y saca de la obscuridad un hermoso paisaje.
  • Todo cuanto desde el nacer se asocia a nuestra existencia, desde el pesebre de un animal querido hasta el trono de reyes patriarcales.
  • Yo creía también que las cuestiones que España tenía con Francia o con Inglaterra eran siempre porque alguna de estas naciones quería quitarnos algo, en lo cual no iba del todo descaminado.
  • Todo el empeño consistía en servir las piezas con la mayor presteza posible, correspondiendo así al estrago que hacían los proyectiles enemigos.
  • Crujían sus cuadernas, estallaban sus baos, rechinaban sus puntales a manera de miembros que retuerce el dolor, y la cubierta trepidaba bajo mis pies con ruidosa palpitación, como si a todo el inmenso cuerpo del buque se comunicara la indignación y los dolores de sus tripulantes.
  • Cuando el oído recibió tan fuerte impresión, claridad vivísima había iluminado el ancho espacio ocupado por las dos flotas, rasgando el velo de humo, y presentose a nuestros ojos todo el panorama del combate.
  • Rendido el Bucentauro, todo el fuego enemigo se dirigió contra nuestro navío, cuya pérdida era ya segura.
  • ¡Ah!, recordando yo después la serenidad y estoicismo de Don Francisco Javier Uriarte, he podido comprender todo lo que nos cuentan de los heroicos capitanes de la antigüedad.
  • Pero no sé cómo, sin salir de aquel estado de somnolencia, me hice cargo de que se creía todo perdido, y de que los oficiales se hallaban reunidos en la cámara para acordar la rendición.
  • Una sobre todo irreparable contestó el inglés con tanta congoja como la de Don Alonso.
  • Entre tanto no era posible tomar alimento alguno, y yo me moría de hambre, porque los demás, indiferentes a todo lo que no fuera el peligro, apenas se cuidaban de cosa tan importante.
  • Salimos del pañol, y vi que no éramos nosotros solos los que visitaban aquel lugar, pues todo indicaba que un desordenado pillaje había ocurrido allí momentos antes.
  • Trabajosamente se enmendaron algunas averías con auxilio de los ingleses, que vigilaban todo, y según después comprendí, no perdían de vista a algunos de nuestros marineros, porque temían que se sublevasen, represando el navío, en lo cual los enemigos demostraban más suspicacia que buen sentido, pues menester era haber perdido el juicio para intentar represar un buque en tal estado.
  • En la cámara todo era confusión, lo mismo que en el combés.
  • Los sanos asistían a los heridos, y éstos, molestados a la vez por sus dolores y por el movimiento del buque, que les impedía todo reposo, ofrecían tan triste aspecto, que a su vista era imposible entregarse al descanso.
  • Ellos solos descansaban a bordo del Trinidad, y todo les era ajeno, fatigas y penas, la vergüenza de la derrota y los padecimientos físicos.
  • Durante todo el día 22 la mar se revolvía con frenesí, llevando y trayendo el casco del navío cual si fuera endeble lancha de pescadores.
  • Se abandonó todo trabajo.
  • ¡Cómo presenciarían aquellos infelices el crecimiento de la inundación! ¡Qué dirían en aquel momento terrible! Y si vieron a los que huían en las lanchas, si sintieron el chasquido de los remos, ¡con cuánta amargura gemirían sus almas atribuladas! Pero también es cierto que aquel atroz martirio las purificó de toda culpa, y que la misericordia de Dios llenó todo el ámbito del navío en el momento de sumergirse para siempre.
  • Yo observaba en sus semblantes las mismas señales de terror o de esperanza, y, sobre todo, la expresión propia del santo sentimiento de humanidad y caridad, que era el móvil de unos y otros.
  • Esto de que las islas han de querer quitarse unas a otras algún pedazo de tierra, lo echa todo a perder, y sin duda en todas ellas debe de haber hombres muy malos, que son los que arman las guerras para su provecho particular, bien porque son ambiciosos y quieren mandar, bien porque son avaros y anhelan ser ricos.
  • Por el contrario, eran los del Santa Ana unos caballeros muy foscos y antipáticos, y mortificaban con exceso a los nuestros, exagerando su propia autoridad y poniendo reparos a todo con suma impertinencia.
  • Había allí, sin embargo, muchos heridos a quienes era preciso curar, y esta ocupación, muy grata para mí, no me permitió todo el reposo que mi agobiado cuerpo exigía.
  • Formaron corro en torno suyo algunos oficiales, y yo, más curioso que ellos, me volví todo oídos para no perder una sílaba.
  • ¡Qué lástima de valor! Todo se perdió como un tesoro que cae al fondo del mar.
  • Comprendiendo que la destreza había de suplir a la fuerza, economizaba los tiros, y lo fiaba todo a la buena puntería, consiguiendo así que cada bala hiciera un estrago positivo en los enemigos.
  • A todo atendía, todo lo disponía, y la metralla y las balas corrían sobre su cabeza, sin que ni una sola vez se inmutara.
  • Antes bien, todo su empeño consistía sobre todo en que la oficialidad no conociera la gravedad de su estado, y en que ninguno faltase a su deber.
  • Creíamos que había de despertar para mandamos de nuevo, y tuvimos para llorarle menos entereza que él para morir, pues al expirar se llevó todo el valor, todo el entusiasmo que nos había infundido.
  • Aquella noble vida se había extinguido a los cuarenta y cuatro años de edad, después de veintinueve de honrosos servicios en la armada, como sabio, como militar y como navegante, pues todo lo era Churruca, además de perfecto caballero.
  • Todo se acabó, cuando abrí los ojos y advertí mi pequeñez, asociada con la magnitud de los desastres a que había asistido.
  • Me incorporé en el canapé donde había dormido, atendí con todo cuidado, y, en efecto, un atronador grito de viva el Rey hirió mis oídos, no dejándome duda de que el navío Santa Ana se estaba batiendo de nuevo.
  • Todo lo comprendí.
  • Yo observé señales de profunda tristeza lo mismo en el semblante de mi amo que en el del general Álava, quien, a pesar de sus heridas, estaba en todo, y mandaba hacer señales a la fragata Themis para que acelerase su marcha si era posible.
  • Era como la cruel aberración de una divinidad empeñada en causar todo el mal posible a seres extraviados.
  • Grande fue su alegría encontrándole vivo, pues había salido de Cádiz porque la impaciencia le devoraba, y quería saber su paradero a todo trance.
  • Por sus risas y cuchicheos comprendí que durante todo el día se habían divertido con los embustes de aquel buen señor, quien no ponía freno a su voluble lengua, ni aun en las circunstancias más críticas y dolorosas.
  • El cirujano dijo que convenía dejar reposar al herido, y no sostener en su presencia conversación alguna, sobre todo si ésta se refería al pasado desastre.
  • Pues allí todo fue extraordinario, y puedo dar fe de ello, que la presencié desde el Introito hasta el Ite misa est.
  • Urge inventar algo sorprendente, que en un periquete nos devuelva todo lo perdido y asegure a nuestra marina la victoria por siempre jamás amén.
  • Figúrese usted, todo se acababa en un cuarto de hora.
  • El casco todo y los restos de su arboladura retemblaron un instante.
  • Todo había concluido, y ya no era posible ocuparse más que de salvar la vida, atravesando el espacio de mar que de la costa nos separaba.
  • Todo medio de salvación había desaparecido.
  • Y que por todo lo que les haya ofendido me castiguen, pues si no me confesé y comulgué este año fue por aquél de los malditos casacones, que me hicieron salir al mar cuando tenía el proeto de cumplir con la Iglesia.
  • Como el marinero que me acompañaba era francote y alegre, el viaje fue todo lo agradable que yo podía esperar, dada la situación de mi espíritu, aún abatido por la muerte de Marcial y por las últimas escenas de que fui testigo a bordo.
  • Pero al fin todo se acabó de repente, cuando una bala de medio calibre le cogió la cabeza, dejándole muerto en el acto.
  • Me quedé absorto al saber la muerte del joven Malespina, y la idea del pesar que aguardaba a mi infeliz e idolatrada amita llenó mi alma, ahogando todo resentimiento.
  • Prefirió con todo dar la vida al mayor número, aun sacrificando la de su hijo en beneficio de muchos, y así lo hizo.
  • Todo indicaba que Gravina era un cumplido caballero y un valiente marino.
  • Llegué a la mañana siguiente, me acerqué a la casa, entré en el jardín, puse el pie en el primer escalón de la puerta y allí me detuve, porque mis pensamientos absorbían todo mi ser y necesitaba estar inmóvil para meditar mejor.
  • En tan poco tiempo, ¡cuánta mudanza! Todo lo que estaba viendo me parecía expresar la felicidad de los esposos y como un insulto a mi soledad.
  • Cual turbas de pilluelos, aquellas migajas de la basura, aquellas sobras de todo se juntaban en un montón, parábanse como dormidas un momento y brincaban de nuevo sobresaltadas, dispersándose, trepando unas por las paredes hasta los cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los carteles de papel mal pegado a las esquinas, y había pluma que llegaba a un tercer piso, y arenilla que se incrustaba para días, o para años, en la vidriera de un escaparate, agarrada a un plomo.
  • A todo poderoso, y para él don Fermín era un personaje de los más empingorotados, se le figuraba Bismarck usando y abusando de la autoridad de repartir cachetes.
  • Aquella nariz era la obra muerta en aquel rostro todo expresión, aunque escrito en griego, porque no era fácil leer y traducir lo que el Magistral sentía y pensaba.
  • Todo estaba en el camino.
  • Pensaba en tales momentos que acaso él no sería jamás nada de aquello a que había aspirado, que tal vez el límite de su carrera sería el estado actual o un mal obispado en la vejez, todo un sarcasmo.
  • Comprendía lo que se llamaba el barrio de la Encimada y dominaba todo el pueblo que se había ido estirando por Noroeste y por Sudeste.
  • La iglesia ante todo.
  • Todo esto era triste.
  • Y si no lo hicieran por propio impulso los Páez, los Redondo, etc., etc., sus respectivas esposas, hijas y demás familia del sexo débil obligaríanles a imitar en religión, como en todo, las maneras, ideas y palabras de la envidiada aristocracia.
  • Por todo lo cual el Provisor mira al barrio del Noroeste con más codicia que antipatía.
  • En ellos ponía por las nubes el mérito arqueológico de cada tabique, y si se trataba de una pared maestra demostraba que era todo un monumento.
  • Para él todo era mudéjar o si no románico, y más de una vez hizo remontarse a los tiempos de Fruela los fundamentos de una pared fabricada por algún modesto cantero, vivo todavía.
  • El Palomo, con una sotana sucia y escotada, cubierta la cabeza con enorme peluca echada hacia el cogote, acababa de barrer en un rincón las inmundicias de cierto gato que, no se sabía cómo, entraba en la catedral y lo profanaba todo.
  • Don Saturnino estaba muy ocupado todo el día, pero de tres a cuatro y media siempre le tenían a su disposición cuantas personas decentes, como él decía, quisieran poner a prueba sus conocimientos arqueológicos y su inveterada amabilidad.
  • No se sabe por qué entonces era cuando mejor se conocía que Bermúdez no se quejaba de vicio al quejarse del pícaro estómago, de digestiones difíciles y sobre todo de perpetuos restriñimientos.
  • Él se encargaba unas levitas de tricot como las de un lechuguino, pero el sastre veía con asombro que vestir la prenda don Saturno y quedar convertida en sotana era todo uno.
  • Su enternecimiento era eminentemente piadoso, sobre todo en las noches de luna.
  • Y entre estos dimes y diretes en que todo era espiritualismo y, a lo sumo, vagas promesas de futuros favores, le iba entrando el sueño al arqueólogo, y la lógica se hacía disparatada, y hasta el sentido moral se pervertía y se desplomaba la fortaleza de aquel miedo que poco antes salvara al doctor en teología.
  • Aquella señora, todo Vetusta lo sabía, era una mujer despreocupada, tal vez demasiado.
  • Le había dicho una vez que sabía más que el Tostado, elogio que él supo apreciar en todo lo que valía, por haber leído al ilustre hijo de Ávila.
  • Tal era el personaje que explicaba a dos señoras y a un caballero el mérito de un cuadro todo negro, en medio del cual se veía apenas una calavera de color de aceituna y el talón de un pie descarnado.
  • El señor de Palomares vestía un gabán de verano muy largo, de color de pasa, y llevaba en la mano derecha un jipijapa impropio de la estación, pero de cuatro o cinco onzas su precio en la Habana y por esto pensaba que podía usarlo todo el otoño.
  • Pero lo peor de todo era una coraza de seda escarlata que ponía el grito en el cielo.
  • ¡Qué brazos! ¡qué pecho! ¡y todo parecía que iba a estallar! Todo esto encantaba a don Saturno mientras irritaba al Magistral, que no quería aquellos escándalos en la iglesia.
  • Todo esto quiso decir con los ojos.
  • Uno tras otro iban entrando en la sacristía con el aire aburrido de todo funcionario que desempeña cargos oficiales mecánicamente, siempre del mismo modo, sin creer en la utilidad del esfuerzo con que gana el pan de cada día.
  • Reíanse de todo corazón los muchachos y el buen Arcipreste quedaba en sus glorias, logrando con los pies triunfos que ya su pluma no alcanzaba en los tiempos de prosa a que habíamos llegado.
  • ¡Los clásicos, Trifoncillo, los clásicos sobre todo! ¿Dónde hay sencillez como aquella.
  • Y aun así y todo decía un canónigo muy buen mozo, nuevo en Vetusta y en el oficio, pariente del ministro de Gracia y Justicia aun así y todo no se puede llevar en calma la imprudencia con que habla de todo.
  • Entre todos murmuraban de los ausentes, como si ellos no tuvieran defectos, estuvieran en el justo medio de todo y en la vida hubieran de separarse.
  • Todo se volvía secretos.
  • El Magistral un sabio, un literato, un orador, un hombre de gobierno, y lo que valía más que todo, en su concepto, un hombre de mundo.
  • El Magistral sabía todo lo que Ripamilán pensaba de él y le consideraba el más fiel de sus parciales.
  • El poco seso de estas, y otras damas, les hacía ser irreverentes, groseras, sí, groseras, con el sacramento y en general con todo el culto.
  • Había oído en hora y media un curso peripatético ¡a pie y andando todo el tiempo! de arqueología y arquitectura y otro curso de historia pragmática.
  • Pero el pobre lugareño seguía diciendo que sí a todo.
  • Sólo que todo aquello ¡qué le importaba a él que era un compromisario! La digna esposa de Infanzón también estaba cansada, aburrida, despeada, pero no aturdida.
  • ¡Oh, si no fuera porque su marido todo lo consideraba inconveniencia y falta de educación! ¡Si no fuera porque estaban en la casa de Dios!
  • Todo casi se lo había dicho Ripamilán y lo demás Visitación, que acompañaba a la de Quintanar.
  • Mentalmente y como por máquina repetía estas tres voces, que para ella habían perdido todo significado.
  • ¡Qué sabanas! ¡Qué almohadones! Ella había pasado la mano por todo aquello, ¡qué suavidad! El satín de aquel cuerpecito de regalo no sentiría asperezas en el roce de aquellas sábanas.
  • Jamás el Arcipreste, ni confesor alguno había prohibido a la Regenta esta voluptuosidad de distender a sus solas los entumecidos miembros y sentir el contacto del aire fresco por todo el cuerpo a la hora de acostarse.
  • Aquella blandura de los colchones era todo lo maternal con que ella podía contar.
  • Todo aquello le repugnaba recordarlo.
  • El perro se tendía al sol, con la cabeza entre las patas, y ella se acostaba a su lado y apoyaba la mejilla sobre el lomo rizado, ocultando casi todo el rostro en la lana suave y caliente.
  • Era el caso que ella tenía una mamá que le daba todo lo que quería, que la apretaba contra su pecho y que la dormía cantando cerca de su oído.
  • Le decían que tenía un papá que la quería mucho y era el que mandaba los vestidos y el dinero y todo.
  • La Regenta recordaba todo esto como va escrito, incluso el diálogo.
  • Andaban buscándola por todo el mundo.
  • Era el ataque, aunque no estaba segura de que viniese con todo el aparato nervioso de costumbre.
  • Entonces sí que haría frío, sobre todo, cuando llegaran al Montico, él y su querido Frígilis, su Pílades cinegético, como le llamaba.
  • Pero la pobrecita lo ignoraba todo, debía ignorarlo.
  • Todo lo perdonaba menos faltar o llegar tarde a un madrugón por el estilo.
  • Y hasta nombraba el albéitar a quien había de llamar y tapar los ojos, con todo lo demás del argumento.
  • Pero en todo lo demás había de ser, dado el caso, no menos rigoroso que tales y otros caballeros parecidos de aquella España de mejores días.
  • Frígilis opinaba que todo aquello estaba bien en las comedias, pero que en el mundo un marido no está para divertir al público con emociones fuertes, y lo que debe hacer en tan apurada situación es perseguir al seductor ante los tribunales y procurar que su mujer vaya a un convento.
  • Aquel mismo don Álvaro que tenía fama de atreverse a todo y conseguirlo todo, la quería, la adoraba sin duda alguna, estaba segura.
  • Verdad era que en estos últimos meses, sobre todo desde algunas semanas a esta parte, se mostraba más atrevido.
  • Lo demás todo era utensilios y atributos de caza, pero sobrios, como los de un Nemrod.
  • Amaba la literatura con ardor y era, por entonces, todo lo romántico que se necesitaba para conspirar con progresistas.
  • No era todo desprendimiento.
  • Ana que jamás encontraba alegría, risas y besos en la vida, se dio a soñar todo eso desde los cuatro años.
  • Corría sola por los prados, entraba en las cabañas donde la conocían y acariciaban, sobre todo los perros grandes.
  • Los dolores que doña Camila le hizo padecer antes de conseguir que aprendiera las sílabas, perdonóselos ella de todo corazón.
  • Recordaba vagamente su amistad con el niño de Colondres, sólo distinguía bien el recuerdo del recuerdo, y dudaba, dudaba si había sido culpable de todo aquello que decían.
  • Cuando ya nadie pensaba en tal cosa, pensaba ella todavía y confundiendo actos inocentes con verdaderas culpas, de todo iba desconfiando.
  • Todo lo demás podía y debía conocerlo.
  • De las novelas modernas algunas le prohibía leer, pero en cuanto se trataba de arte clásico de verdadero arte, ya no había velos, podía leerse todo.
  • Se excitó su fantasía, sobre todo, y, gracias a ella, no a don Carlos, aquel inoportuno estudio del desnudo clásico no causó estragos.
  • Aquellas confusiones, mezcla de malicia y de inocencia, en que la habían sumergido las calumnias del aya y los groseros comentarios del vulgo, la hicieron fría, desabrida, huraña para todo lo que fuese amor, según se lo figuraba.
  • Cuando don Carlos decidió vivir en Loreto todo el año, para hacer economías, Ana le besó en los ojos y en la boca y fue por un día entero la niña expansiva y alegre que había empezado a brotar antes de ser trasplantada al invernadero pedagógico de doña Camila.
  • Ella hubiera sido de buen grado Cimodocea, su padre podía pasar por un Demodoco bastante regular, sobre todo después de su viaje a Italia que le había hecho pagano.
  • Don Cayetano podía oírlo todo, pero doña Anuncia hubiera preferido metáforas y perífrasis.
  • El desarrollo contenido, la crítica y misteriosa metamorfosis, la crisálida que se rompe, todo eso estaba bien.
  • Todo su valor desapareció.
  • Tomaba todo lo que le daban, y si se le preguntaba.
  • Todo estaba bien.
  • Estaba conforme con todo.
  • Todo era inocencia decían los bobalicones de aquí.
  • Pálida como una muerta, con dos lágrimas heladas en los párpados, con las manos flacas en cruz, oyó todo el diálogo de sus tías.
  • Tarsila, Obdulia, Visitación, otro pimpollo que se escapaba por el balcón en compañía de su novio, la misma marquesa de Vegallana, sus hijas, sus sobrinas de la aldea, todo Vetusta, la de clase inclusive, salía allí a la vergüenza, en aquella venganza solitaria de las dos señoritas incasables de Ozores.
  • Sobre todo, pronto se había de ver.
  • Ana, que tuvo valor para sufrir hasta la última palabra, comprendió que sus tías lo perdonaban todo menos las apariencias.
  • Todo lo que imaginaba le parecía excelente, y al contemplar la belleza que acababa de crear, la admiraba tanto que lloraba enternecida, lloraba lo mismo que cuando pensaba en el amor del Niño Jesús y de su Santa Madre.
  • Que el estómago era una máquina parada, y el cerebro un horno en que ardía todo lo que ella era por dentro.
  • Se había olvidado todo, incluso el republicanismo del padre, todo.
  • Aunque la explicación de este equilibrio o ten con ten era un poco embarazosa, y más para una señorita que oficialmente debía ignorarlo todo, y en este caso estaba doña Anuncia, convinieron las hermanas en que era indispensable dar instrucciones a la chica.
  • Y por darse tono, por decir que es íntima de la marquesa y de sus hijas, pasa por todo.
  • Sobre todo en el trato con los hombres.
  • Tu inocencia te sirve para tolerar todo eso.
  • Alguno se propasase a mayores, lo que se llama mayores, sobre todo, tomándolo en serio y obsequiándote (palabra de la juventud de doña Anuncia), obsequiándote en regla, entonces no te fíes.
  • Lo que eran los hombres, y especialmente los indianos, lo que no les gustaba, la manera de marearlos, lo que había que conceder antes, lo que no se había de tolerar después, todo esto se discutió por largo, siempre concluyendo con la protesta de que era hija tanta sabiduría de la observación en cabeza ajena.
  • Y como la historia ha de atreverse a decirlo todo, según manda Tácito, sépase que Anita, casta por vigor del temperamento, encontraba exquisito deleite en verificar la justicia de aquellas alabanzas.
  • Además su miseria, su abandono, la preocupaban más que todo.
  • Prefería las novelas en que se pinta todo a lo vivo, y tal como pasa.
  • Sobre todo en el teatro antiguo es lo que hay que ver.
  • Esto era todo lo que las tías sabían del novio que se les preparaba a escondidas.
  • Sus tías, las jóvenes aristócratas, las beatas, todo aquello era más fuerte que ella.
  • Ocho años más adelante brillaba en todo su esplendor su noble manía de perdonarlo todo.
  • Todo aquello de haber llorado de amor leyendo a San Agustín y a San Juan de la Cruz no valía nada.
  • Todo eso de hacerse monja sin vocación, estaba bien para el teatro.
  • ) Tu tía y yo hemos hecho por ti todo género de sacrificios.
  • Nosotras no te hemos recordado jamás lo que nos debes (se lo recordaban al comer y al cenar todos los días), nosotras hemos perdonado tu origen, es decir, el de tu desgraciada madre, todo, todo ha sido aquí olvidado.
  • Pues bien, todo esto lo pagarías tú con la más negra ingratitud, con la ingratitud más criminal, si a la proposición que vamos a hacerte contestaras con una negativa.
  • Pero creo inútil todo este sermón añadió porque la niña saltará de alegría en cuanto sepa de lo que se trata.
  • Sí, todo, querida tía.
  • Otras veces, multiplicándose por los saltos de la llama y por los saltos y contorsiones de la vieja, figuraba todo el infierno desencadenado.
  • Todo lo había comido la niña.
  • Los más soliviantados liberales de Vetusta que hablaban de anarquía y de quemarlo todo, temblaban ante la voz de un ujier de la Sala de lo Criminal que gritaba porque un testigo cruzaba las piernas.
  • No estaba en Vetusta, no podía estar en aquel pobre rincón la realidad del sueño, el héroe del poema, que primero se había llamado Germán, después San Agustín, obispo de Hiponax, después Chateaubriand y después con cien nombres, todo grandeza, esplendor, dulzura delicada, rara y escogida.
  • Todo había concluido.
  • Después del vestíbulo se encontraban tres o cuatro pasillos convertidos en salas de espera, de descanso, de conversación, de juego de dominó, todo ello junto y como quiera.
  • De Vetusta y sólo de Vetusta salieron aquellos insignes tresillistas que, una vez en esferas más altas, tendieron el vuelo y llegaron a ocupar puestos eminentes en la administración del Estado, debiéndolo todo a la ciencia de los estuches.
  • Cuando la suerte le es adversa arriba, baja y se expone a ganar al tresillo todo lo que puede y a perder muy poco, porque si pierde lo deja.
  • Despuntaba en la Arqueología y en la Botánica, sobre todo en la relación de esta a la Horticultura.
  • En cuanto él veía en el papel de su propiedad los párrafos que iba copiando con aquella letra inglesa esbelta y pulcra que Dios le había dado, ya se le antojaba obra suya todo aquello.
  • Se levantaba a las seis de la mañana, recorría todo el pueblo entre charcos y entre lodo, desafiaba la nieve, el granizo, el frío, el viento.
  • Se condenaba, sin ofenderle, a todo innovador, al que había hecho algo que saliese de lo ordinario.
  • El cerdo, del cual se aprovechaba todo, la vaca, el gato, etc., etc.
  • También a veces se murmuraba un poco, pero con el mayor comedimiento, sobre todo si se hablaba de clérigos, señoras o autoridades.
  • Todo menos disputar.
  • Si nunca pudo sacudir de sí la prístina ignorancia, en el andar, y en el vestir y hasta en el saludar, fue consiguiendo paulatinos progresos, y se necesitaba ser un poco antiguo en Vetusta para recordar todo lo agreste que aquel hombre había sido.
  • Yo soy muy inglés en todas mis cosas decía con énfasis sobre todo en las botas.
  • Y sobre todo procuraba imponerse dando muchas voces y quedando siempre encima.
  • Ante su fantasía el Presidente del Casino era todo un hombre de novela y hasta de poema.
  • ¡Y sobre todo las mujeres! Muchas veces en el teatro, cuando todo el público fijaba la atención en el escenario, un espectador, Ronzal, desde la platea del proscenio clavaba la mirada en el elegante Mesía, aquel gallo rubio, pálido, de ojos pardos, fríos casi siempre, pero candentes para dar hechizos a una mujer.
  • Todo esto sabía Trabuco, pero no lo decía a nadie.
  • No digo que todo sea virtud, pero faltan las ocasiones.
  • Y la sana influencia del clero, sobre todo del clero catedral, hace mucho.
  • Según don Álvaro, la ambición y la avaricia eran los pecados capitales del Magistral, la avaricia sobre todo.
  • Aquí todo se convierte en política.
  • Señor Foja respondió Mesía, seguro de que todos esperaban que él hablase hay cuando menos notable exageración en todo lo que usted ha dicho.
  • Por fin Trabuco, dispuesto a jugar el todo por el todo, se puso en pie en medio de la sala y cogió bruscamente el diccionario de manos de Orgaz, que creyó que iba a arrojárselo a la cabeza.
  • Pero tú ¿cómo sabes todo eso?
  • Yo la he visto en casa de este, con su gran mandil blanco, su falda bajera ceñida al cuerpo, la pantorrilla un poco al aire y los brazos un todo al fresco.
  • Las mujeres le alababan sobre todo la boca, dientes inclusive, la mano y el pie.
  • Hasta en aquellos lugares donde el hombre suele perder todo encanto, porque es el deber, lograba conquistas verdaderas y de ello se pagaba no poco el Marquesito, que trataba con desdén a las queridas ganadas en buena lid, y con grandes miramientos y hasta cariño a las que le costaban su dinero.
  • Necesitaba para que todo eso saliera a la superficie, para darse cuenta de ello, que fantasía más poderosa que la suya provocase la actividad de su cerebro.
  • Sí, todo aquello era puro.
  • Su orgullo le aconsejaba que no hiciera en favor de Ana Ozores una excepción que a todo Vetusta le parecería indispensable.
  • Él era, ante todo, un hombre político.
  • ¡Era todo un plan! Esperaba en el buen éxito, pero no se apresuraba.
  • Todo se puede echar a perder ahora, había pensado don Álvaro.
  • No había más remedio que jugar el todo por el todo.
  • Y con todo, yo tengo datos en contra, pensaba, ciertos indicios.
  • Sólo el amor fuerte, invencible, podía disculparlo todo.
  • Si en vez de la Historia de la prostitución Paquito hubiese leído ciertas novelas de moda, hubiera sabido que don Álvaro no hacía más que imitar y de mala manera, porque él era ante todo un hombre político a los héroes de aquellos libros elegantes.
  • Y todo lo que alababan era obra del otro, de Mesía.
  • Tenía todo el orgullo y todas las preocupaciones de sus compañeros en nobleza vetustense, pero afectaba una llaneza que era el encanto de las almas sencillas.
  • Todo lo quería alineado.
  • Sillas largas, mecedoras, marquesitas, confidentes, taburetes, todo era una conjuración de la pereza.
  • Pero a aquel hombre se le podía perdonar todo.
  • En la época en que venían las sobrinas, había además de tertulia conciertos, comidas, excursiones al campo, todo como en los mejores tiempos.
  • La alfombra tupida que se parecía al mismo Mesía en lo de apagar todo rumor que delatase secretos amorosos.
  • El Marqués pasaba por todo.
  • En el despacho todo era de roble mate.
  • ¡Aquí! ¡aquí! ¡a trabajar todo el mundo! gritaba Visita chupándose los dedos llenos de almíbar.
  • Obdulia lo explicó todo.
  • Salvo el haberla despertado, todo le había parecido bien.
  • A Pedro (el cocinero), a Colás (el pinche) y a las chicas, que ayuden a estas señoras y que vayan por todo lo que necesiten.
  • Toda su prodigalidad de señora que recibe de confianza, se reducía a entregar vestidos y pañuelos de estambre, todo viejo, para que los pollos de imaginación se disfrazasen de mujeres o de turcos.
  • Se vestían todos juntos porque todo se ponía sobre el propio traje.
  • Pero catarata, cascada, torbellino, todo lo era con cuenta y razón.
  • Se nombraba una comisión para que lo preparase todo.
  • Visita, por economía, y porque le daban asco el pastelero y el confitero, fabricaba por su cuenta, y bajo su dirección, los hojaldres, los almíbares, todo lo que podía hacerse en su cocina.
  • Allí se hacía todo.
  • Que viniera todo lo que se necesitaba.
  • Después todo aquello aparecía en la cuenta del Marqués.
  • Todo esto, por supuesto, se decía nada más entre hombres, y habían de ser discretos.
  • Abundancia, limpieza, desahogo, esmero, refinamiento en el arte culinario, todo esto y más se notaba desde el momento de entrar allí.
  • Aquel salmón que pescaba el colono del magnate a la luz de una hoguera portátil, era el mismo que ahora estaba sangrando, todo lonjas, esperando el momento de entregarse a la parrilla, sobre una mesa de pino, blanca y pulcra.
  • Y todo aquello había sido movimiento, luz, vida, ruido, cantando en el bosque, volando por el cielo azul, serpeando por las frescas linfas, luciendo al sol destellos de todo el iris, al pender de las ramas, en vega, prados, ríos, montes.
  • Y Pedro, altivo, displicente, ordenaba todo aquello con voz imperiosa.
  • La cocina daba espacio para todo.
  • A todo dieron cumplida respuesta la inteligencia y habilidad de Pedro.
  • Lo que pensaba todo Vetusta de las literatas, lo pensaba Pedro de las cocineras.
  • Se rozaban sus brazos, sus rodillas, las manos sobre todo, durante minutos, y fingían no pensar en ello.
  • Y como le pareciera alambicado y poético este sentimiento, se consagró a enamorar de todo corazón a la viuda por aquella tarde.
  • ¡Pero estaba ya tan lejos todo aquello! La vida había puesto por medio todos sus prosaicos cuidados.
  • Pero cuando se veían a solas y alguno de ellos tenía algún cuidado o preocupación, de esos que piden confidentes y consejeros, se lo decían todo, o casi todo.
  • No, no todo está a la vista como comprendes.
  • Pero, ¡ay, Alvarín! ¡si la pudieras ver en su cuarto, sobre todo cuando le da un ataque de esos que la hacen retorcerse!
  • Todo esto es una injusticia.
  • Todo aquello ya como si no.
  • Exagera la severidad con que juzga a las demás, la aburre todo.
  • Es muy cavilosa y todo se lo guarda.
  • A no ser que ahora se lo cuente todo al Magistral.
  • En sus ojos había un brillo seco, destellos de alegría que se difundían en reflejos por todo el rostro.
  • Todo esto pensó en un momento, irritado, con vehemente deseo de salir de dudas y vacilaciones.
  • Para todo lo demás, los hombres.
  • Tú que eres de esas aldeas, y conoces todo eso, ¿no sabes por dónde podremos ir sin que encontremos a nadie?
  • Pero, si estará todo húmedo.
  • Era buena para todo, y se aburría en casa de Quintanar, donde no había aventuras ni propias ni ajenas.
  • ¿que todo el río va a venir arrastrando monedas de cinco duros con la carita del rey y que todo va a ser para usted?
  • De todo esto se deducía racionalmente, aparte todo precepto religioso, la necesidad de confesar a menudo.
  • Pero, una vez escogido, era preciso considerarle como lo que era en efecto, padre espiritual, y hablando fuera de todo sentido religioso, como hermano mayor del alma, con quien las penas se desahogan y los anhelos se comunican, y las esperanzas se afirman y las dudas se desvanecen.
  • Si todo esto no lo ordenase nuestra religión, lo mandaría el sentido común.
  • Le había dicho que era un temperamento especial, que todo esto y más había que tener en cuenta.
  • El Magistral no había dicho si él era tan fuerte como todo eso, pero ella suponía que sí.
  • Y con todo, debió haber especificado más en aquella parte de la confesión.
  • Todo quedó en la sombra.
  • Aquel enternecerse por todo la asustaba.
  • En Vetusta llueve casi todo el año, y los pocos días buenos se aprovechan para respirar el aire libre.
  • Lo ven todo, lo revuelven todo, y les queda tiempo para marear a los horteras y tomar varas al sesgo (frase de Orgaz) de los señoritos que pasean por la acera disputando en voz alta para anunciar su presencia.
  • Magistrados, catedráticos, autoridades, abogados, hasta clérigos, están deseando todo el día, sin darse cuenta, la hora de las tiendas, los días que hace bueno y pueden las damas decorosamente coger la mantilla y echarse a la calle.
  • Todo se vuelve caras nuevas, que después no son nuevas.
  • Todo es movimiento, risa, algazara.
  • Confiaba en su experiencia de hombre de mundo, y en su arte de Tenorio, pero humildemente se declaraba a sí mismo que todo esto no era nada comparado con el prestigio de su belleza corporal.
  • Cuando caía enfermo y se encontraba en la fonda solo, abandonado de todo cariño verdadero, entonces sentía sinceramente, a pesar de haber corrido tanto, no ser un cristiano sincero.
  • ¡Bah! todo eso es efecto de la debilidad.
  • Y precisamente él quería todo lo contrario.
  • Todo era masa gris.
  • ¿Quería dar por nulo todo lo que ambos sabían, las citas, sin citarse, en tal iglesia, en el teatro, en el paseo?
  • Ana lo olvidó todo de repente para pensar en el dolor que sintió al oír aquellas palabras.
  • Podía tomarse por una declaración, por una brutalidad de la naturaleza excitada, por todo, menos por una osadía impertinente, imposible en el más cumplido caballero.
  • Después de todo, era una tontería haber dado aquel desaire a la Marquesa, estando decidida a no comulgar al día siguiente.
  • Todo Vetusta en aquel momento estaba gozando entre ruido, luz, música, alegría.
  • Podía él estar todo lo enamorado que quisiera, pero ella jamás le otorgaría el favor más insignificante.
  • Todo desvanecido en el aire, como la luz blanquecina reverberada por la niebla tenue que se cernía sobre Vetusta, y parecía el cuerpo del viento blando y caliente.
  • Se lo contaré todo, todo, lo de dentro, lo de más adentro también.
  • Ya sin tino, todo lo echaba a tierra.
  • Le parecía una vergüenza y una degradación ridícula todo aquello.
  • Todo menos un marido.
  • Un hombre que tenía la manía de la aclimatación, que todo lo quería armonizar, mezclar y confundir.
  • Que injertaba perales en manzanos y creía que todo era uno y lo mismo, y pretendía que el caso era adaptarse al medio.
  • Y volvió contra sí todo el desprecio.
  • Pero al mismo tiempo se aclaraba el sentido de todo aquello que había leído en sus mitologías, de lo que había oído a criados y pastores murmurar con malicia.
  • De todo aquello resultaba una gran injusticia no sabía de quién, un dolor irremediable que ni siquiera tenía el atractivo de los dolores poéticos.
  • ¿Cómo había de confesar aquello, sobre todo así, como lo pensaba?
  • ¡jugar el todo por el todo! Pedirla de rodillas sobre el lodo, que abriera.
  • En aquella casa todo se iba llenando de él, temía verle aparecer de pronto, como ante la verja del Parque.
  • Todo se volvía cómplice.
  • Parece que todo te aburre.
  • Pero ya que ha llegado la ocasión, he de decirlo todo.
  • Eso es, todo.
  • Lo explicó todo.
  • Nadie sirve para todo.
  • Doña Paula con su hábito negro de Santa Rita, total estameña, su mantón apretado a la espalda, y su pañuelo de seda para la cabeza, bien pegado a las sienes, ya está vestida para todo el año.
  • Yo no les he visto comer, pero todo se sabe.
  • Todo esto es verdad contestó Foja, el ex alcalde usurero, que estaba presente siempre en conversaciones de este género.
  • No será usted obscurantista, pero tiene la moliera a obscuras para todo lo que no sea picardía.
  • En Vetusta el buen humor consiste en soltarse pullas y frescas todo el año, como en perpetuo Carnaval, y el que se enfada desentona y se le tiene por mal educado.
  • De Pas sabía todo lo que se murmuraba.
  • Don Fermín no perdonaba al Arcipreste el no haberle entregado mucho antes aquella joya que él, Ripamilán, no sabía apreciar en todo su valor.
  • Quiero decir, que se somete a todo, pero por dentro siempre protesta.
  • Como los observatorios meteorológicos anuncian los ciclones, el Magistral hubiera podido anunciar muchas tempestades en Vetusta, dramas de familia, escándalos y aventuras de todo género.
  • Todo aquel cieno que revolvía, le daba hermosos y abundantes frutos.
  • ¿Todo había de ser disimular, aborrecer, dominar, conquistar, engañar?
  • ¡Todo aquello estaba lejos! No le parecía ser el mismo.
  • Aunque todo ello sea una ilusión, un sueño, ¿por qué no soñar?
  • En esta figura larga, pero no sin gracia, espiritual, no flaca, solemne, hierática, todo estaba mudo menos los ojos y la dulzura que era como un perfume elocuente de todo el cuerpo.
  • Pero todo en silencio.
  • Le dijo la hora y ofreció otra vez el café, todo sonriendo con cierta coquetería, contenida por la expresión de piedad que allí era la librea.
  • Pero todo era prematuro.
  • La frente era estrecha y huesuda, pálida, como todo el rostro.
  • Estas señoras son las que lo saben todo, a veces aunque no haya nada.
  • A ella se lo debía todo.
  • Sin la perseverancia de aquella mujer, sin su voluntad de acero que iba derecha a un fin rompiendo por todo ¿qué hubiera sido él?
  • Sobre todo, cuando sus pies se enredaban en redes sutiles que le tendía un enemigo, ¿quién le libraba de ellas?
  • Sí, ella primero que todo.
  • Pero ¿era todo calumnia?
  • Por ella, a quien lo debía todo, había él llegado a manosear y mascar el lodo de aquella sordidez poco escrupulosa.
  • Se metió por los pliegues del traje, correcto, como el orden de las sillas, de los libros, de todo.
  • Años atrás, para él todo era flato.
  • Ahora todo era cuestión de nervios.
  • ¡Oh! ¡Si yo cogiera al curita que tiene la culpa de todo esto! Porque aquí anda un cura, señor Magistral, estoy seguro.
  • Las niñas vuelven a su tierra diciendo de todo corazón que se han aburrido en la Corte, que su convento de su alma, que cuánto más se divertían allí con las Madres y las compañeras.
  • El hogar un cuartel místico, con chistes de cura por todo encanto, resuelven libremente meterse monjas, para gozar un poco de.
  • Vida alegre, buenos alimentos, carne y leche sobre todo.
  • Pero todo aquello duraría poco.
  • El Magistral les sacrificaba el nombre y hasta la conveniencia de un amigo, de un gran amigo, de un defensor, de un partidario suyo, de todo un Ronzal el diputado.
  • Y la fachada principal, renovada, recargada de adornos churriguerescos, sobre todo en la puerta y el balcón de encima, le daba un aspecto grotesco de viejo verde.
  • Se abandonaba en brazos del Provisor para todo lo referente al gobierno de la diócesis.
  • En limosnas se le iba casi todo el dinero que le daba el gobierno y mucho de lo que él había heredado.
  • El regente que no era Quintanar con el entrecejo arrugado y la toga tersa, sentado en medio de la nave en un sillón de terciopelo y oro, contemplaba al predicador, preparándose a separar el grano de la paja, dado que hubiera de todo.
  • Jesús se encogía, todo el cuerpo tendía a encaramarse, pero los verdugos forcejeaban.
  • En tal sociedad había una junta de caballeros y otra agregada de damas protectrices (gramática del Presidente del círculo.) La Libre Hermandad se había fundado con ciertos aires de institución independiente de todo yugo religioso, y su primer presidente fue el señor don Pompeyo Guimarán, que de milagro no estaba excomulgado y que no comulgaba jamás.
  • Desde luego se le declaró la guerra por el elemento religioso y a los pocos meses no había un pobre en todo el Ayuntamiento de Vetusta que quisiera las limosnas, los premios, ni la enseñanza de La Libre Hermandad.
  • Visitación fue la primera dama agregada, por su prurito de agregarse a todo.
  • Y sobre todo aquel demonio de Obispo abrumándole con su humildad, recordándole nada más que con su presencia de liebre asustada toda una historia de santidad, de grandeza espiritual enfrente de la historia suya, la de don Fermín.
  • Él era la única persona que sabía comprender todo el valor de Fortunato.
  • De Pas había querido echar todo el peso de la censura eclesiástica y las más severas penas sobre Contracayes.
  • Parecía todo él tiznado, y no lo estaba.
  • Aquel matiz de las púas negras entre la carne amoratada de las mejillas se hubiera creído que le cubría todo el cuerpo.
  • El notario se volvió todo mieles.
  • Señor mío, estoy enterado de todo, y tengo el disgusto de decirle que su asunto tiene muy mal arreglo.
  • ¿Va en regla todo?
  • Todo va en regla.
  • Está empeñado con todo el clero.
  • Todo se promete, y no se hace nada.
  • Y otras muchas docenas de palabras iban y venían, se combinaban, repetían y suplían, y en el fondo siempre sonaban a metal y siempre el lucro del Provisor, el de su madre, iba agarrado a todo.
  • Todo azul.
  • ¡Capellanías, bulas, medias annatas, reservas! ¿qué tenía que ver el mundo, el ancho, el hermoso mundo con todo eso?
  • Daba todo el dinero que se le pedía para el culto, y si muchas veces al disparatar lo hacía en menoscabo del dogma, siempre estaba dispuesto a retractarse y a cambiar aquel dislate por otro inofensivo.
  • Con todo.
  • ¡Primero que todo eran las señoras!
  • Después de las mujeres venales, el Marquesito adoraba los animales mansos, sobre todo perros y caballos.
  • Visitación había dicho a Paco de buenas a primeras, que ella lo sabía todo, que Álvaro tampoco para ella tenía secretos.
  • Visitación lo arregló todo en un minuto.
  • No había de hacerlo ella todo.
  • No parar en casa en todo el día.
  • Además, era mujer de tal despacho que su ajuar quedaba dispuesto para todo el día, la casa limpia, la comida preparada antes que en otros lugares se diese un escobazo y se encendiese lumbre.
  • Algo sucio iba todo, pero ya tranquila la conciencia, salía a caza de noticias, de chismes, de terrones de azúcar y de recomendaciones la señora del Banco que estaba en todas partes y siempre en activo servicio.
  • Ana trataba a todo Vetusta, pero con los hombres siempre habían sido poco íntimas sus relaciones.
  • No podía haber pecado ni cosa parecida en reconocer que todo aquello era agradable, parecía bien y debía ser así.
  • Recordó todo lo que se habían dicho y que había hablado como con nadie en el mundo con aquel hombre que le había halagado el oído y el alma con palabras de esperanza y consuelo, con promesas de luz y de poesía, de vida importante, empleada en algo bueno, grande y digno de lo que ella sentía dentro de sí, como siendo el fondo del alma.
  • Después de todo, así era ahora.
  • En cada ventana había acumulado la Marquesa flores en tiestos, jardineras, jarrones japoneses, más o menos auténticos y contrastaban los colores vivos y metálicos de esta exposición de flores con los severos tonos del nogal mate que asombraban el artesonado del techo y se mostraban en molduras y tableros de los grandes armarios corridos, de cristales, que rodeaban el comedor en todo el espacio que dejaban libres los huecos y un gran sofá arrimado a un testero.
  • Comía lechuga con casi todos los platos y todo lo rociaba con vinagre o lo untaba con mostaza.
  • Todo aquello era broma.
  • Todo era contento.
  • Ya se sabía que una censura desvergonzada quería decir todo lo contrario.
  • Los dijes del primo, la camisa de color, la corbata, las sortijas ricas y vistosas, las manos que parecían de señorita, todo esto encantaba a Edelmira que era también muy amiga de la limpieza y de la salud.
  • Vegallana y el Magistral tendían a los asuntos serios, pero Ripamilán y don Víctor daban a todo debate un sesgo festivo y todos acababan por tomarlo a broma.
  • No reconocía entre todo el clero vetustense más superior que el Magistral, a quien consideraba más que al Obispo.
  • Era todo un gran hombre que por humildad vivía postergado.
  • Y sobre todo, aquellos dos hombres mirándose así por ella, reclamando cada cual con distinto fin la victoria, la conquista de su voluntad, eran algo que rompía la monotonía de la vida vetustense, algo que interesaba, que podía ser dramático, que ya empezaba a serlo.
  • Si no se alza a pulso todo el columpio.
  • Venga usted! De Pas sentía unas dulcísimas cosquillas por todo el cuerpo al oír a la Regenta.
  • Todo eso, aunque no lo quisiera decir aquel gesto, entendió la Regenta.
  • Todo esto se le pasó por las mientes al Magistral en el poco tiempo que necesitó para quitar el pie del estribo y hacer el último saludo a las señoras dando un paso atrás.
  • Don Robustiano Somoza, que ante todo era higienista público, gritaba en todas partes.
  • ¡El mundo, la locura, los arrojaba de su solitario recreo! ¡El siglo lo invadía todo!
  • Después de todo, ellos no habían ido a buscar el gentío, el bullicio mundanal.
  • ¡Amigo mío, de todo ha de haber en la Iglesia de Dios! Rieron los otros el chiste, y no cesaron las carcajadas, hasta que el Magistral pasó al lado de los murmuradores.
  • Era enemigo de dar nombres a las cosas, sobre todo a las difíciles de bautizar.
  • Paco Vegallana, Obdulia, Visita y demás gente loca había dicho el Arcipreste se entretienen en cortar helechos, yerbas, ramas de árboles y arrojarlo todo al pozo, y cuando ya llega la hojarasca cerca de la boca.
  • Con la Regenta, en casa del Marqués, ¡bueno iba a estar aquello! Pero, Señor ¡qué luego, qué luego había empezado la gentuza, la miserable gentuza vetustense a murmurar de aquella amistad! ¡en dos días todo aquel run run, su madre con los oídos llenos de calumnias, de malicias, y el alma de sospechas, de miedos y aprensiones!
  • ¿Y él qué tenía que ver con todo aquello?
  • La sombra de la catedral, prolongándose sobre los tejados del caserón triste y achacoso del Obispo, lo obscurecía todo.
  • Si se me acercase Glocester ahora, mañana todo Vetusta sabría que yo era un borracho.
  • En la Colonia, más cercana, todo callaba.
  • De Pas se hizo todo ojos.
  • Porque se lo preguntaré todo.
  • ¿Qué me importa todo esto?
  • Lo sabe todo pensó el Provisor.
  • Todo, antes que los parches y el silencio.
  • Todo eso es ridículo.
  • Su madre lo sabía todo de fijo.
  • ¡Madre! ¡madre! ¡Si no hay madre que valga! ¿te has acordado de tu madre en todo el día?
  • Todo es calumnia.
  • Y sé tenerlo todo en cuenta.
  • Y sobre todo lo que yo temo es que el otro se entere, que Camoirán crea todo eso que ya dicen.
  • Todo lo comprendo.
  • Todo lo sé.
  • ¡Sí, madre del alma! ¿No nos dejó tu pobre padre muertos de hambre y con el agua al cuello, todo embargado, todo perdido?
  • Pues mira al Arcediano, torcido y todo, las da como un maestro.
  • En Matalerejo, y en todo su valle, reina la codicia, y los niños rubios de tez amarillenta que pululan a orillas del río negro que serpea por las faldas de los altos montes de castaños y helechos, parecen hijos de sueños de avaricia.
  • Era un joven que predicaba moralidad, castidad, sobre todo a los curas de la comarca, y predicaba con el ejemplo.
  • Todo por su hijo.
  • En la taberna de Paula todo era falsificado.
  • Todo hubiera sido de los pobres y de los tunantes y holgazanes que le saqueaban con la ganzúa de la caridad.
  • Paula puso en orden todo aquello.
  • Lo aseguraba Paula, el mozo lo deseaba, y sobre todo la salud quebrantada del aprendiz de jesuita lo exigía.
  • ¡y él era un ingrato! A esta conclusión llegaba el Magistral aquella noche, en que, después de larga conversación con su madre, se encerró en su despacho a repasar en la memoria todo lo que él sabía de los sacrificios que aquella mujer fuerte había emprendido y realizado por él, porque él subiera, porque dominase y ganara riquezas y honores.
  • Tal vez todo mezclado.
  • El mundo entero, y su madre con todo el mundo, pensaban groseramente al calificar de pecaminosa aquella amistad inocente.
  • ¡Si sabría él lo que era bueno y lo que era malo! Su madre le quería mucho, a ella se lo debía todo, ya se sabe, pero.
  • A ella se lo debía todo, hasta el no haber ido a presidio.
  • El mismo don Fermín, las veces que presenciaba aquellas ceremonias, sentía un vago respeto supersticioso, sobre todo si contemplaba el rostro de su madre, más pálido entonces, algo parecido a una estatua de marfil, la de una Minerva amarilla, la Palas Atenea de la Crusología.
  • Volvió al balcón, a espiar las palabras y los movimientos de aquel borracho a quien despreciaba todo el año y que aquella noche, sin que él supiera por qué, le asustaba y le irritaba.
  • ¡se sabe todo, todo, señor apaga luces.
  • Y todo eso es mío y del cerero.
  • Es claro, dirían los partidarios de don Fermín, todo lo gasta en aguardiente, está siempre borracho y espanta la parroquia ¿cómo se quiere que el clero consuma los géneros de un perdido.
  • Se había hecho libre pensador y renegaba de todo el culto y de todo el clero.
  • O el cielo o el suelo, todo no puede ser.
  • Todos los años, al oír las campanas doblar tristemente el día de los Santos, por la tarde, sentía una angustia nerviosa que encontraba pábulo en los objetos exteriores, y sobre todo en la perspectiva ideal de un invierno, de otro invierno húmedo, monótono, interminable, que empezaba con el clamor de aquellos bronces.
  • Todo esto miraba la Regenta con pena, como si fuesen ruinas de un mundo.
  • No eran fúnebres lamentos, no hablaban de los muertos, sino de la tristeza de los vivos, del letargo de todo.
  • Por todo lo cual lo más acertado era morirse.
  • ¡y qué desconsolador era tener que echar sobre sí misma el desdén que mereciera todo! ¡Y con qué entusiasmo había escrito muchas de aquellas poesías religiosas, místicas, que ahora le aparecían amaneradas, rapsodias serviles de Fray Luis de León y San Juan de la Cruz! Y lo peor no era que los versos fueran malos, insignificantes, vulgares, vacíos.
  • Por la plaza pasaba todo el vecindario de la Encimada camino del cementerio, que estaba hacia el Oeste, más allá del Espolón sobre un cerro.
  • Todo menos apiadarse de los nervios o lo que fuera.
  • Ana era también romántica (todo lo que no era parecerse a ella lo llamaba Visita romanticismo), pero de otro modo.
  • No, no había que temer, sobre todo tan pronto, una pasión sacrílega.
  • Las excursiones al Vivero se habían repetido con frecuencia durante todo Octubre.
  • Y se llamaba romántico todo lo que no fuese vulgar, pedestre, prosaico, callejero.
  • Todo eso es romanticismo, pero a mí no me la da.
  • La Regenta tenía la cabeza a pájaros, y no había que aventurar ni un mal pisotón, so pena de exponerse a echarlo a rodar todo.
  • ¿De qué le servía resistir en vela, luchar con valor y fuerza todo el día, llegar a creerse superior a la obsesión pecaminosa, casi a despreciar la tentación, si la flaca naturaleza a sus solas, abandonada del espíritu, se rendía a discreción, y era masa inerte en poder del enemigo?
  • Contribuían estos desfallecimientos nocturnos a contener los progresos de la piedad, que el Magistral procuraba despertar con gran prudencia, temeroso de perder en un día todo el terreno adelantado, si daba un mal paso.
  • Sequedades del ánimo repentinas, agrias y espinosas, y todo ello la volvía loca, tenía miedo no sabía a qué, y buscaba el amparo de la religión para luchar con los peligros de aquel estado.
  • Esto fue todo lo que pudo saber el Magistral sobre el particular.
  • Pero ni siquiera se atrevió a intentar acercarse, lo cual hubiera sido en todo caso muy difícil, pues no había de dejar el caballo en la plaza.
  • ¡Cosa más rara! En todo estaban de acuerdo.
  • Y viendo como veía un peligro, y desde luego una imprudencia en hablar así con don Álvaro, en mirarle con deleite que no se ocultaba, en alabarle y abrirle el arca secreta de los deseos y los gustos, no se arrepentía de nada de esto, y se dejaba resbalar, gozándose en caer, como si aquel placer fuese una venganza de antiguas injusticias sociales, de bromas pesadas de la suerte, y sobre todo de la estupidez vetustense que condenaba toda vida que no fuese la monótona, sosa y necia de los insípidos vecinos de la Encimada y la Colonia.
  • Mas no por eso dejaban de estar los dos convencidos de que por señas invisibles, por efluvios, por adivinación o como fuera, uno a otro se lo estaban diciendo todo.
  • Todo Vetusta se aburría aquella tarde, o tal se imaginaba Ana por lo menos.
  • Sin violencia, que podía echarlo todo a perder, no se podía buscar pretexto para subir a casa de la Regenta en aquel momento.
  • Las más distinguidas señoritas, que en el Espolón y el Paseo Grande lucían todo el año vestidos de colores alegres, blancos, rojos, azules, no llevaban al coliseo de la Plaza del Pan más que gris y negro y matices infinitos del castaño, a no ser en los días de gran etiqueta.
  • Ya estaban los vetustenses acostumbrados a estos que llamaba Ronzal anacronismos, y pasaban por todo, en particular las personas decentes de palcos principales y plateas, que no iban al teatro a ver la función, sino a mirarse y despellejarse de lejos.
  • Se reparten por palcos y plateas donde, apenas recatados, fuman, ríen, alborotan, interrumpen la representación, por ser todo esto de muy buen tono y fiel imitación de lo que muchos de ellos han visto en algunos teatros de Madrid.
  • Pero en Vetusta fingen que se escandalizan de ciertas libertades de la moda, las mismas que se las toman de tapadillo, entre sustos y miedos, sin gracia, del modo cursi como aquí se hace todo.
  • El que todo lo ve y la veía a ella, estaba satisfecho, y la vanidad de la Regenta necesitaba esta convicción para no dejarse llevar de otros instintos, de otras voces que arrancándola de sus abstracciones, le presentaban imágenes plásticas de objetos del mundo, amables, llenas de vida y de calor.
  • Amaré, lo amaré todo, lloraré de amor, soñaré como quiera y con quien quiera.
  • Todos eran escépticos en materia de moral doméstica, no creían en virtud de mujer nacida salvo Don Frutos, que conservaba frescas sus creencias, y despreciaban el amor consagrándose con toda el alma, o mejor, con todo el cuerpo, a los amoríos.
  • Pero a su palco concurrían elementos heterogéneos, muchos de los cuales lo echaban todo a perder.
  • Y tres o cuatro vejetes verdes del partido conservador, concejales, que todo lo convertían en política.
  • Eso de que Madrid se quisiera imponer en todo, no lo toleraban en la bolsa de Ronzal.
  • ¡Se acuerdan ustedes de la Pallavicini! ¡Qué voz de arcángel! decía Foja, socarrón, escéptico en todo, pero creyente fanático en la música de los cuartetos de ópera de lance.
  • Todos somos iguale, decían muchos burgueses de Vetusta, la nobleza ya no es nadie, ahora todo lo puede el dinero, el talento, el valor, etc., etc.
  • En general don Víctor envidiaba a todo el que dejaba ver la contera de una espada debajo de una capa de grana, aunque fuese en las tablas y sólo de noche.
  • Los preparativos diabólicos de la gran aventura, del asalto del convento, llegaron al alma de la Regenta con todo el vigor y frescura dramáticos que tienen y que muchos no saben apreciar o porque conocen el drama desde antes de tener criterio para saborearle y ya no les impresiona, o porque tienen el gusto de madera de tinteros.
  • Y admiraba no menos el desdén con que se veía y oía todo aquello desde palcos y butacas.
  • Aquellas tristes, sucias y estrechas plazas y calles tendrían, como ahora, aspecto feo, pero las llenaría la poesía del tiempo, y las fachadas ennegrecidas por la humedad, las rejas de hierro, los soportales sombríos, las tinieblas de las rinconadas en las noches sin luna, el fanatismo de los habitantes, las venganzas de vecindad, todo sería dramático, digno del verso de un Zorrilla.
  • Todo triste, todo negro, todo desmañado, sin expresión.
  • Clavados los ojos en la hija del Comendador, olvidada de todo lo que estaba fuera de la escena, bebió con ansiedad toda la poesía de aquella celda casta en que se estaba filtrando el amor por las paredes.
  • La proximidad casi sobrenatural de Tenorio, el espanto que sus hechizos supuestos producen en la novicia que ya cree sentirlos, todo, todo lo que pasaba allí y lo que ella adivinaba, producía en Ana un efecto de magia poética, y le costaba trabajo contener las lágrimas que se le agolpaban a los ojos.
  • Esto era el colmo de la distinción según lo entendía don Álvaro, y así procuró aquella noche presentarse a la Regenta, a quien estaba visto que había que enamorar por todo lo alto.
  • En punto de caramelo (frase simbólica en el pensamiento de Mesía), y con todo no se atrevió.
  • Bájese usted, amiga mía, que todo esto es volar por los espacios imaginarios ?
  • Estos versos que ha querido hacer ridículos y vulgares, manchándolos con su baba, la necedad prosaica, pasándolos mil y mil veces por sus labios viscosos como vientre de sapo, sonaron en los oídos de Ana aquella noche como frase sublime de un amor inocente y puro que se entrega con la fe en el objeto amado, natural en todo gran amor.
  • Ana estuvo todo el día inquieta, descontenta de sí misma.
  • Todo esto se dijo al principio.
  • Era el caso que en Vetusta los beatos y todo el mundo devoto consideraban el teatro como recreo prohibido en toda la Cuaresma y algunos otros días del año.
  • Y Ana, que pasaba por hija predilecta de confesión del Magistral, por devota en ejercicio, se había presentado en el teatro en noche prohibida, rompiendo por todo, haciendo alarde de no respetar piadosos escrúpulos, pues precisamente ella no frecuentaba semejante sitio.
  • Señor mío, los deberes sociales están por encima de todo.
  • Y la autora de todo aquello, tenía la crueldad de negarse a una cita.
  • Todo esto había pensado decirle aquella tarde, y ella respondía que.
  • A la Regenta aquello de los días excepcionales le parecía más arriesgado que todo, pero no quiso oponerse al bendito don Fermín en nada.
  • Señor, yo haré todo lo que usted diga, iré cuando usted me indique.
  • El caso es que la Vetusta devota, que después de todo es la nuestra, la que exagerando o no ciertas ideas, se acerca más a nuestro modo de ver las cosas.
  • Todo ello es nada, y figúrese usted el caso que yo haré de hablillas insustanciales.
  • Todo ha sido broma.
  • Usted misma no habla allí con la libertad y extensión que son precisas para entender todo lo que quiere decir.
  • Anita, a quien las confesiones emborrachaban, cuando sabía que entendía su confidente todo, o casi todo lo que ella quería dar a entender, se decidió a decir al Magistral lo demás, lo que había venido detrás del hastío de aquella tarde.
  • Había de todo.
  • Había de todo.
  • Todo aquello añadió el Magistral después de presentarlo en resumen de puro peligroso rayaba en pecado.
  • Pero así y todo, hay peligro que raya en pecado, por ser peligro.
  • Si algo de panteísmo puede haber en lo que usted dice, no es peligroso, por tratarse de usted, y yo me encargaría, en todo caso, de cortar ese mal de raíz.
  • Pues todo eso, hija mía, se puede lograr, satisfacer y cumplir en la vida, aparentemente prosaica y hasta cursi, como la llamaría doña Obdulia, de una mujer piadosa, de una.
  • No, hija mía, no, lo esencial es todo.
  • Ven a mi templo, y allí encontrarán los sentidos incentivo del alma para la oración, para la meditación y para esos actos de fe, esperanza y caridad que son todo mi culto en resumen.
  • La noche corría a todo correr.
  • Solía olvidarla, sobre todo cuando tenía algo entre manos.
  • Y si no fuera vanidad intolerable, añadiría óigame usted a mí algunos días de los que Dios quiere que no me explique mal del todo.
  • Si nos proponemos llegar a ser una Santa Teresa, ¡adiós todo! se ve la infinita distancia y no emprendemos el camino.
  • Y a todo esto ¿hemos de vestir de estameña, y mostrar el rostro compungido, inclinado al suelo, y hemos de dar tormento al marido con la inquisición en casa, y con el huir los paseos, y negarse al trato del mundo?
  • Pues el cuerpo quiere aire libre, distracciones honestas, y todo eso ha de continuar en el grado que se necesite y que indicarán las circunstancias.
  • Estaba prohibido a todo el mundo, incluso al dueño del bosque, tocar en una hoja.
  • Era ante todo un artista.
  • Y era cazador, botánico, inventor, ebanista, filósofo, todo lo que querían hacer de él su amigo Frígilis y los vientos del azar y del capricho.
  • Era de ver el arte con que sus bajos, con instintos de armiño, cruzaban todo aquel peligro del cieno, inmaculados, copos de nieve calada, dibujos y hojarasca sonante de espuma de Holanda.
  • A su calor no se contaban antiguas consejas, como presumía Trifón Cármenes que había de suceder por fuerza en todo hogar señorial, pero se murmuraba del mundo entero, se inventaban calumnias nuevas y se amaba con toda la franqueza prosaica y sensual que, según Bermúdez, era la característica del presente momento histórico, desnudo de toda presea ideal y poética.
  • El elemento devoto era todo el pueblo en llegando el mal tiempo, y hasta los socios de Viernes santo, unos perdidos que se juntaban durante la Semana de Pasión a comer de carne en la fonda, hasta esos acudían al templo, si bien a criticar a los predicadores y mirar a las muchachas.
  • Su don Víctor, a quien en principio ella estimaba, respetaba y hasta quería todo lo que era menester, a su juicio, le iba pareciendo más insustancial cada día.
  • Mientras pensaba en el marido abstracto todo iba bien.
  • Vivaracho, inquieto, lleno de pensamientos insignificantes, ocupado en cualquier cosa baladí, tomando con todo el calor natural lo más mezquino y digno de olvido, y ella sin poder remediarlo, y con más fuerza por causa del disimulo, sentía un rencor sordo, irracional, pero invencible por el momento, y culpaba al universo entero del absurdo de estar unida para siempre con semejante hombre.
  • Por lo demás, él seguía considerando que ante todo era un hombre político.
  • Esto era lo que les irritaba más, sobre todo a Visita.
  • Y sobre todo, ¿por qué las pagaba él, Fortunato, de su bolsillo?
  • Todo lo encontró mal.
  • Revolvió expedientes, descubrió abusos, sacudió polvo, amenazó con suspender sueldos, negó todo lo que pudo, preparó dos o tres castigos, para varios párrocos de aldea y por fin dijo, ya en la puerta, que no daba un cuarto para una suscripción de los marineros náufragos de Palomares.
  • Pero, a pesar de todo eso, si usted me hubiese hablado como hoy antes, hubiese venido aunque fuera a nado.
  • Haré todo lo que usted manda.
  • Si Él está aquí, ¿qué importa todo?
  • Todo ello es enfermedad, es flato, nervios.
  • Mucho tiempo hacía que Anita no había tenido uno de aquellos impulsos cariñosos de que solía ser objeto don Víctor, pero aquel día, a la tarde, sobre todo al obscurecer, lloró ocultando el rostro, pensando en el esposo ausente.
  • ¡Su Quintanar! Aquél era el verdadero amigo, el padre, la madre, todo.
  • Visita dejó la mantilla sobre el lecho de su amiga y se preparó a meterse en todo, sin hacer caso del gesto impertinente de Petra.
  • Afortunadamente estaba ella allí para todo lo que hiciera falta.
  • Ese Frígilis tiene la culpa de todo.
  • Visitación, mientras sentada a los pies de la cama devoraba una buena ración de dulce de conserva, aseguraba con la boca llena que Somoza y la carabina de Ambrosio todo uno.
  • Di tú que todo es farsa en este mundo.
  • ¡Cómo decir que estás peor porque se ha procurado distraerte! ¡animal! ¡qué sabrá él lo que es una mujer nerviosa, de imaginación viva! De fijo que si no estoy yo aquí, te consumes todo el día pensando tristezas, y dándole vueltas a la idea de tu Quintanar ausente.
  • Frígilis encogió los hombros y tomó el pulso a la enferma, que le apretó la mano, perdonándoselo todo.
  • Fue a la alcoba de su mujer y se olvidó de repente de todo aquello.
  • Todo influye.
  • Todo lo veía de un color amarillento pálido.
  • ¡Qué gran cosa eran el Arte y la Naturaleza! En rigor todo era uno, Dios el autor de todo.
  • Todo ardió allí dentro en piedad.
  • Creía en el Infierno como en todo lo que mandaba creer la Iglesia, porque siempre que su pensamiento se había revelado, ella lo había sometido con acto de pretendida fe, había dicho creo a ciegas, tomando las palabras y la resolución de creer por la creencia.
  • Tanto, que una noche, en Calatayud, me arrojaron todo ese hierro al escenario, como símbolo de mi habilidad.
  • Además, Ana, puesto que defendía su virtud, creía prudente ocultar todo lo que fueran personalidades al confesor.
  • Reparaba las siluetas de árboles, gallinas, patos, cerdos, y se fijaba en las líneas que pedían el lápiz, veía más matices en los colores, descubría grupos artísticos, combinaciones de composición sabia y armónica, y, en suma, se le revelaba la naturaleza como poeta y pintor en todo lo que veía y oía, en la respuesta aguda de una aldeana o de un zafio gañán, en los episodios de la vida del corral, en los grupos de las nubes, en la melancolía de una mula cansada y cubierta de polvo, en la sombra de un árbol, en los reflejos de un charco, y sobre todo en el ritmo recóndito de los fenómenos, divisibles a lo infinito, sucediéndose, coincidiendo, formando la trama dramática del tiempo con una armonía superior a nuestras facultades perceptivas, que más se adivina que de ella se da testimonio.
  • Don Víctor creía que en el campo, sobre todo si se merienda, no se debe hacer más que locuras.
  • Ella comprendió que estaba siendo una ingrata, no sólo con Dios, sino con su apóstol, aquel apóstol todo fuego, razón luminosa, lengua de oro, de oro líquido.
  • Mas resuelta a huir de los extremos, a ser como todo el mundo, insistió en seguir a las demás beatas en todos sus pasos, y aunque sin gusto, entró en todas las cofradías, fue hija y hermana, según se quiso, de cuantas juntas piadosas lo solicitaron.
  • Cargos gratuitos los desempeñaba siempre que se le ofrecían, porque sus conciudadanos le tenían a su disposición, sobre todo si se trataba de dar a cada uno lo suyo.
  • Miren ustedes, decía Ronzal, que todavía no era sabio, yo creo todo lo que cree y confiesa la Iglesia, pero la verdad, eso de que el cielo ha de ser una contemplación eterna de la Divinidad.
  • Dios sobre todo.
  • ¡Todo era hablar mal del clero! Se creó una sociedad de filósofos.
  • Pero en vano, un movimiento en zig zag agitaba todo el cuerpo del enfermo.
  • En el cabildo, Glocester, el maquiavélico Arcediano, hablaba al oído de los canónigos de descrédito colectivo, de lo que la iglesia, y la catedral sobre todo, perdían con aquellas algaradas (frase de Glocester).
  • Ya nadie hacía caso de esas hablillas por viejas, por gastadas, pero con el escándalo nuevo, con lo de esa mala pécora, hipócrita y astuta, todo se renueva, todo toma importancia, y muchos pocos hacen un mucho.
  • Se compró al sereno y se le dio orden de que evitara el ruido ante todo.
  • El dandy vetustense sudaba de congoja recordando lo mucho que había padecido bajo el poder de don Víctor Quintanar, que según su cuenta, en pocos meses de íntima amistad le había declamado todo el teatro de Calderón, Lope, Tirso, Rojas, Moreto y Alarcón.
  • Y todo, ¿para qué?
  • ¡La vida, la fuerza a todo trance, para aquella mujer!
  • Pero a solas, don Álvaro se mesaba los rubios y finos cabellos ¡quién lo diría! se llamaba animal, bestia, bruto, como si no fuera todo lo mismo, y se decía.
  • Todo Vetusta recuerda sus palabras de usted.
  • Don Pompeyo sintió vapores en la cabeza al oír que todo Vetusta recordaba sus palabras.
  • Después de todo dijo en el mero hecho de haberse restablecido la legislación que yo invocaba.
  • Todo contribuía a deslumbrar al buen ateo, que contemplaba sonriendo y fascinado el conjunto claro, alegre, fresco, vivo, lleno de promesas, de la mesa aún pulcra, correcta, intacta.
  • Y de La Taurina y el Puerto, donde se cenaba por todo lo flamenco.
  • Allí se podía decir todo, estaban solos, todos eran unos.
  • Segura de no ser vencida por la fuerza, enamorada a su modo del señorito, sobre todo por su audacia, acostumbrada a tales devaneos mudos, gimnásticos, callaba, forcejeaba, mordía con deleite, magullaba con voluptuosidad bárbara, y encontraba placer de salvaje en el martirio de mis sentidos, que tocaban su presa, y se sentían dominados por ella.
  • Nos hundíamos, olvidados de todo.
  • Y a todo esto don Pompeyo Guimarán olvidaba su exordio, interesado a su pesar en las aventuras eróticas del frívolo Presidente del Casino.
  • Todo se concilia, o se resuelve la antinomia como dicen los filósofos cursis, considerando que el ser bípedo no es para todos.
  • Dijo al Marquesito, que callaba, pensando que todo aquello era muy soso sin mujeres.
  • Y sobre todo.
  • Todo esto lo ha preparado Mesía.
  • Lo peor de todo, lo que haría saltar al Obispo, era lo que se refería al abuso indecoroso del confesonario.
  • Todo es pasajero.
  • Pero era doloroso aplazar otra vez, y sabía Dios hasta cuándo, toda esperanza, todo proyecto de conquista.
  • Ana, a quien tanto molestaba aquel abandono en los momentos de debilidad en que los nervios exaltados la mortificaban con tristeza y desconsuelo, cuando estaba serena, sobre todo después de dormir algunas horas o de tomar alimento con gusto, llegaba a sentir un placer sutil, casi voluptuoso en aquella soledad.
  • Y sobre todo, la retórica, que era indispensable emplear, porque a ideas grandes, grandes palabras, le parecía amanerada, falsa en la conversación, de silla a silla.
  • Y para decirlo todo, sepa que en mucho, en mucho, debo al afán de no ser ingrata esta voluntad firme de hacerme buena.
  • ¡Y cuánto tiempo tardé en entenderle del todo! Pero mi hermano, mi hermano mayor querido me perdona ¿verdad?
  • Ana era, al fin, todo aquello que él había soñado, lo que una voz secreta le había dicho el día en que ella se había acercado por primera vez a su confesonario.
  • Ahora le importaba muy poco la cosa misma, y la verdad y todo.
  • No quería más que hundir el alma en aquella pasión innominada que le hacía olvidar el mundo entero, su ambición de clérigo, las trampas sórdidas de su madre de que él era ejecutor, las calumnias, las cábalas de los enemigos, los recuerdos vergonzosos, todo, todo, menos aquel lazo de dos almas, aquella intimidad con Ana Ozores.
  • Bastaba para siempre de todo aquello.
  • Todo estaba bien.
  • Don Fermín miraba todo aquello como por la primera vez de su vida.
  • Las niñas ríen de todo corazón y el templo retumba devolviendo el eco de la alegría desde la bóveda blanca, llena de luz que penetra por ventanas anchas de cristales comunes.
  • Todo lo que dice allí el Magistral se ríe.
  • Se le puso un nudo en la garganta, le zumbaron los oídos y todo el lado derecho de la cabeza se quedó de repente frío y el cutis pálido.
  • ¿qué tenía él que ver con todo aquello?
  • El Magistral gozaba encontrando dentro de sí semejante hombre, más fuerte que nunca, decidido a todo, enamorado de la vida que tiene guardados para sus predilectos estos sentimientos intensos, avasalladores.
  • Afortunadamente él tenía arte para todo.
  • Sobre todo don Fermín había sido un poco jesuita.
  • No vaciló en referir todo lo que había pasado por él desde que leyera aquella carta.
  • Una luz de parecerle de poca estima todo lo que se acaba, y como don Fermín había de acabarse, le espantaba la idea de que por eso Ana llegase a tenerle en poco.
  • Así andaba por todo el caserón, como si estuviera muriendo alguno.
  • Sobre todo, el martillo atronaba la casa.
  • Sobre todo, yo no sirvo para esto.
  • Si no había un milagro, se marchitaban, se pudrían, se hacían lodo como todo lo demás.
  • Pero la virtud era relativa como todo.
  • Y sobre todo Anita era de carne y hueso.
  • Obdulia Fandiño no envidiaba la santidad de su amiga la Regenta, sino el ruido que metía, lo mucho que se hablaba de ella por todo el pueblo.
  • Sentía, medio dormida, a la hora de amanecer sobre todo, palpitaciones de las entrañas que eran agradable cosquilleo.
  • Pensaba en las armonías del mundo y veía que todo era bueno, según su género.
  • Pues entonces, ¿para qué plantar cebolletas, si todo era un soplo, nada?
  • Corriente, pero aquello de disgustarse de todo era poco divertido.
  • Tuvo valor para mostrarse fría con él, para cortar el paso a la confianza, para negarle la mano, para todo, hasta para verle despedirse.
  • La aventura, ridícula y todo, la había rejuvenecido, había encendido chispas en sus ojuelos, y ¡ea! venía con afán de abrazar ella también.
  • ¡Figúrate! Todo Vetusta, que estaba en la estación esta mañana por casualidad, se ha hecho cruces.
  • Todo había cambiado.
  • ¡Buena la haríamos si usted se me muriese! todo esto, señor mío, es egoísmo, ni Dios ni usted han de agradecerlo.
  • Todo eso es miseria, Ana, yo lo desprecio.
  • Y a quien no aprecia en todo lo que vale.
  • Ana le obligó a hablar, a contárselo todo.
  • Y sobre todo, lo de antes, que la Regenta se llamaría a engaño.
  • ¡Claro! todo el mundo se estaba bañando.
  • Conciertos nocturnos al aire libre, giras campestres, regatas, de todo esto hablaban.
  • Era en efecto el mundo una lacería, como decía el texto, y sobre todo en el verano.
  • Temía a Dios, reconocía su grandeza, ¡es claro! ¡había hecho las estrellas, el mar, en fin, todo!
  • Como si aquella soledad de la iglesia se extendiera a todo el pueblo.
  • Alegre todo el día, activa, solícita, llenaba el hogar del Magistral de cantares religiosos a los que daba, sin saber cómo, sentido profano, aire de la calle.
  • El señorito lo tenía todo a su tiempo y en su sitio como siempre.
  • Todo, todo le sonreía.
  • Sobre todo ahora, que tenía más que hacer, algo mejor y más dulce que odiar y perseguir a miserables, dignos de desprecio y de lástima.
  • Chomel admite, y con él todo el que tenga dos dedos de frente, que en las enfermedades de los borrachos es imprescindible la administración de los espirituosos.
  • La hija de Carraspique, sor Teresa, agonizaba en el inmundo asilo de las Salesas, en la celda que era, según Somoza, un inodoro, por no decir todo lo contrario.
  • Cuente con nuestro humilde apoyo para vencer los obstáculos tradicionales que aquí opone al verdadero progreso un despotismo teocrático de que está ya todo Vetusta hasta los pelos, como se dice vulgarmente.
  • Por todo lo cual fue mayor el escándalo, y no se habló en mucho tiempo más que de la influencia deletérea del Magistral y de la muerte de sor Teresa.
  • ¡sabía Dios lo que pasaría en aquel caserón de los Ozores! ¡Qué escándalo! Todo se lo iba a llevar la trampa.
  • Y sobre todo no quería que el fanatismo se enseñorease de su casa.
  • Quería que le consolase el reflexionar que por ella era todo aquello, que por ella había él vuelto a sentir con vigor las pasiones de la juventud que creyera muertas, y que por ella, por respetar su pureza, se encenagaba él en antiguos charcos.
  • Sus ataques eran más terribles, sobre todo más peligrosos, que los del remordimiento.
  • Por que ella que no temía nada malo, vivía descuidada sin ver que su confianza, su cariñosa solicitud, aquella dulce intimidad, todo lo que decía y hacía era leña que echaba en una hoguera.
  • Por todo lo cual no quería ni verle.
  • Arma poderosa para combatirla fue la ardiente caridad con que la Regenta se consagró a defender y consolar a De Pas cuando sus enemigos desataron contra él los huracanes de la injuria, que Ana creía de todo en todo calumniosa.
  • Oh, en este siglo, gritaba Foja en el Casino, en este siglo calumniado por los enemigos de todo progreso, en este siglo materialista y corrompido, no se puede ya impunemente insultar los sentimientos filantrópicos del pueblo, sin que una voz unánime se levante a protestar en nombre de la humanidad ultrajada.
  • Todo eso y mucho más dijo el Gran Constantino queremos tratarlo con el interesado.
  • De esta manera quedó el campo libre y por don Pompeyo, el cual no pensaba más que en asegurar el triunfo de sus ideas, para lo que era necesario estar de guardia todo el tiempo posible al lado del enfermo, y así evitar que la hija de don Santos introdujese allí subrepticiamente el elemento clerical.
  • Todo fue inútil.
  • Todo es inútil.
  • Y es todo mi testamento.
  • Llegó y todo se supo.
  • Todo lo que se quiera.
  • Y de todo esto iba a tener la culpa él, y Vetusta se le iba a echar encima.
  • Eso podrá servir de aviso a todo el pueblo liberal.
  • Y de repente, como si se alzase sobre un pavés, apareció por encima de todo una caja negra, estrecha y larga, que al salir de la tienda se inclinó hacia adelante y se detuvo como vacilando.
  • Todo aquello era una contradicción, pero Vetusta no estaba preparada para un verdadero entierro civil.
  • Y ahora los revolucionarios, que de todo sacan raja, aprovechan la ocasión para hacer una de las suyas.
  • ¡Y todo aquello era obra suya.
  • Y todo esto era porque hacía mil ochocientos setenta y tantos años había nacido en el portal de Belén el Niño Jesús.
  • Todo esto era hermoso, según Ana.
  • En aquel tiempo se promulgó un edicto mandando empadronar a todo el mundo.
  • Todo el elemento joven de que hablaba El Lábaro en sus crónicas del pequeñísimo gran mundo de Vetusta, estaba allí, en el crucero de la catedral, oyendo como entre sueños el órgano, dirigiendo la colación de Noche buena, viendo lucecillas, sintiendo entre temblores de la pereza pinchazos de la carne.
  • Después le habían hecho comer más de la cuenta y beber, últimamente, de todo.
  • De todo eso ¿cómo podía tener don Fermín noticia?
  • Le volvían la espalda las que antes se le disputaban, y todo ¿por qué?
  • Pero no se podía correr detrás de él para consolarle, para decirle todo esto.
  • Como San Juan Degollado daba voces desde la cisterna en que Herodías le guardaba, la Regenta rebelde, la pecadora de pensamiento, gritaba desde el fondo de las entrañas, y sus gritos se oían por todo el cerebro.
  • ¡Sí, sucumbir!, gritó todo dentro de ella.
  • Todo se volvía allí sonrisas, apretones de manos, elogios mutuos, carcajadas sonoras, que reflejaban el interior contento de aquellas almas en gracia de Dios.
  • Usted sabe todo esto, Ana.
  • Yo necesito saberlo todo, tengo derecho.
  • Sí, todo, todo lo sabrá usted.
  • Comprendía que en aquel momento diría todo lo que le sugiriese la pasión exaltada, el amor propio herido.
  • Casi todo lo que tenía que decir.
  • Todo se arregló, menos la conciencia de Ana que siguió intranquila.
  • En efecto, parecía una torrecilla gótica, aunque, por ciertas curvas del busto, sobre todo del cuello, a la Marquesa se le antojaba un caballo de ajedrez.
  • Solía esta familia, digna de mejores rentas, pasar gran parte del año en Madrid, y las niñas (de veintiséis años la menor) cuando estaban en público ante los vetustenses fingían disimular su desprecio de todo lo que les rodeaba.
  • Aquel movimiento le parecía muy elegante y sobre todo era muy socorrido.
  • ¡Vaya todo por Dios! o bien ¡qué par de cursis nos han tocado en suerte! Pero Ronzal, como si cantaran.
  • Saturnino Bermúdez, que tenía frac, y clac y todo lo necesario, llegó un poco tarde al salón.
  • Don Álvaro había vencido la virtud de la ministra, había sido su amante todo el verano en Palomares.
  • Cuando Álvaro me lo contó todo, había dicho Visita, le pregunté, porque ya sabes que nos tratamos con mucha confianza, pues bien, le pregunté.
  • Todo esto pasó por el cerebro de la Regenta mientras Mesía, sin ocultar la emoción que le ponía pálido, se inclinaba con gracia, y alargaba tímidamente una mano.
  • Todo fue cosa de Trabuco.
  • Paco tenía otra vez en Vetusta a su prima Edelmira y le hacía el amor por todo lo alto, aunque a su madre no le gustaba, porque era feo engañar a una prima.
  • La Marquesa tenía sueño, pero así y todo le gustaba la broma.
  • El ambiente, todo contribuía a embotar la voluntad, a despertar la pereza y los instintos de voluptuosidad.
  • Todo le llegaba a las entrañas, todo era nuevo para ella.
  • En todo encontraba Anita aquella noche belleza, misterioso atractivo, un valor íntimo, una expresión amorosa.
  • ¡No faltaba más! Pero comprendiendo que mientras reinase en el corazón de Ana lo que él llamaba el misticismo erótico (era tan grosero como todo esto al pensar) no podría adelantar un paso, se había retirado, había levantado el campo hasta mejor ocasión.
  • Cuando Ana tuvo fuerza para separar todo su cuerpo de aquel placer del roce ligero con don Álvaro, otro peligro mayor se presentó en seguida.
  • XXV Al día siguiente Glocester delante del Magistral, sin compasión, refería en la catedral todo lo que había sucedido en el baile.
  • Sobre todo tan temprano.
  • Tenía miedo del aire libre, quería un refugio, todo era enemigo.
  • Todo sería peor.
  • Ay, sí, amor, y buen amor era todo aquello.
  • El amor no era todo lascivia, era también aquella pena del desengaño, aquella soledad repentina, aquel dolor dulce y amargo, todo junto, capaz de redimir la culpa más grave.
  • Todo esto le sonaba ahora a hueco.
  • Una aureola de una gloria desconocida para él parecía rodear a aquella mujer que encerraba en el breve espacio de un contorno adorado todo lo que valía algo en la vida, el mundo entero, infinito, de la pasión única.
  • Ya lo sé todo.
  • ¿Qué es todo?
  • Un dudar de todo espantoso, repentino, obstinado, doloroso.
  • Todo, todos desaparecíamos.
  • ¡Todo era polvo allá dentro! Y los ojos de Ana fijos en el espanto, veían sobre la alfombra una imagen confusa del recuerdo formidable.
  • Saberlo todo.
  • Hay que decirlo todo.
  • Si lo diré todo.
  • Pero ¿qué es todo?
  • Todo era verdad.
  • Todo esto que había oído sin entenderlo volvía a su memoria con sentido claro, preciso, y como otras tantas lecciones de la experiencia.
  • Todo aquello edificaba.
  • Todo, todo, obra de mis manos.
  • Todo aquello era una preparación.
  • Cuando sentía la presencia de Mesía en el deseo, huía de ella avergonzada, avergonzada también de que no fuera un remordimiento punzante el recuerdo del baile, sobre todo el del contacto de don Álvaro.
  • El Paseo Grande era ya todo perfumes, frescura y cánticos al amanecer.
  • Todo volvía atrás.
  • Todo parecía que iba a disolverse.
  • Y ser verdad sin embargo todo lo que dice el dogma?
  • Había que dar la razón en muchas cosas a don Carlos, al que después de todo era su padre.
  • Y una voz interior severa y algo pedantesca gritaba después de todo aquello.
  • Pero entendámonos, aunque don Carlos tuviera razón, aunque Dios sea más grande, más bueno que todo lo que pudieran decir y pensar los libros de los hombres, no por eso perdona los pecados de que la conciencia acusa a todos.
  • Todo esto le obligó a dejar el templo solitario.
  • Pero todo lo que fue compatible con los siete Dolores de la Virgen se hizo.
  • Todo era negro y oro.
  • Cantaba todo el pueblo y el órgano, como un padre, acompañaba el coro y le guiaba por las regiones ideales de inefable tristeza consoladora, de la música.
  • ¿No podía ser aprensión todo, no podía la vanidad haber visto visiones?
  • La forma del sacrificio, el día, la ocasión, todo estaba señalado.
  • Y para colmo del escándalo, según don Pompeyo, so capa de celebrar una fiesta religiosa la juventud dorada del clero vetustense, todos aquellos licenciados de seminario como él los llamaba con pésima intención, ¡paseaban también por allí, apretados, prensados, con sus manteos y todo, en aquel embutido de carne lasciva, a obscuras, casi sin aire que respirar, sin más recreo que el poco honesto de sentir el roce de la especie, el instinto del rebaño, mejor, de la piara!
  • Papá, tú que eres tan bueno, ¿querrías darme un disgusto, dárselo a mamá, sobre todo, que te quiere tanto.
  • Y noche hubo en que, mientras velaba el dolor de su Fermo pensó en mil absurdos, en milagros de madre, en ir ella misma a buscar a la infame que tenía la culpa de aquello, y degollarla, o traerla arrastrando por los malditos cabellos, allí, al pie de aquella cama, a velar como ella, a llorar como ella, a salvar a su hijo a toda costa, a costa de la fama, de la salvación, de todo, a salvarle o morir con él.
  • Sin embargo, iré, a pesar de todo, si es verdad que está usted enfermo y que no puede salir.
  • Todo inútil.
  • Un rostro pálido, avellanado, todo huesos y pellejo que parecía pergamino claro.
  • De Pas se acordó de su madre, de los Jesuitas, de Barinaga, de Glocester, de Mesía, de Foja, del Obispo, y aunque con repugnancia se decidió a sacar todo el partido posible de aquella conversión que se le venía a las manos.
  • Mientras hablaba con don Pompeyo de la religión, de sus dulzuras, de la necesidad de una Iglesia que se funde en revelaciones positivas, el Magistral preparaba todo un plan para sacar provecho de su victoria.
  • Todo lo entendía al revés.
  • Después que comulgó don Pompeyo con toda la solemnidad requerida por las circunstancias, teniendo a su lado al cura de cabecera, a don Fermín y a Somoza, el médico, Vetusta entera, que había acudido a la casa y a las puertas de la casa del converso, se esparció por todo el recinto de la ciudad haciéndose lenguas de la unción con que moría el ateo, a quien ahora todos concedían un talento extraordinario y una sabiduría descomunal, y pregonando el celo apostólico del Provisor, su tacto, su influencia evangélica, que parecía cosa de magia o de milagro.
  • No que él, don Robustiano Somoza, hombre científico ante todo, creyese en la eficacia material de la religión.
  • Todo lo cual era extraño a la ciencia médica como tal y sin más.
  • Sobre todo era un badulaque.
  • Contestó doña Petronila, orgullosa porque estaba enterada de todo.
  • Todo aquello era por él, cierto.
  • El toldo gris del cielo continuó echado sobre el pueblo todo el día.
  • Todo Vetusta, seguía pensando Obdulia, tiene ahora entre ceja y ceja esos pies descalzos, ¿por qué?
  • Sin encomendarse a Dios ni al diablo, en cuanto la vio salir de San Isidro, se emparejó con ella, la saludó muy cortésmente, y con su cruz a cuestas y todo supo demostrar que él era ante todo, y aun camino del Calvario, un cumplido caballero.
  • Vinagre admiró como todo el pueblo, especialmente el pueblo bajo, los pies descalzos de la Regenta.
  • Pero él no era más que un devoto, un devoto que en todo el año no tenía ocasión de lucirse.
  • Todo de negro, abrochada la levita ceñida hasta el cuello, don Álvaro, pálido, mordía de rato en rato el puro habano que tenía en la boca, sonreía a veces y se volvía de cuando en cuando a contestar a un interlocutor, invisible para Visita.
  • Detrás de Mesía, que daba buena sombra, temblando sin saber por qué, impaciente, casi con fiebre, Quintanar se disponía a ver todo lo que pudiera.
  • Sonreía de todo corazón, sonreía a sus pensamientos, a sus planes.
  • Aquellos pies desnudos eran para ella la desnudez de todo el cuerpo y de toda el alma.
  • Ni un solo pensamiento de piedad vino en su ayuda en todo el camino.
  • Él era el amo de todo aquello.
  • Todo eso es indigno.
  • Y recorrer descalza todo el pueblo!
  • Lo vio todo.
  • Todo esto pasará.
  • Todo antes que verla en brazos del fanatismo!
  • Rió de todo corazón el disparate del académico y la gracia de su marido.
  • Todo menos volver a las andadas.
  • Ya ve que en todo le obedezco.
  • Lo prohibido es escribir mucho, sea a quien sea, y sobre todo de asuntos serios.
  • ¡Si yo dijera a Quintanar o a Benítez el daño que me hace, sana y todo, repetir oraciones!
  • A su tiempo volverá todo.
  • Sobre todo ¿qué han de decir si nadie ha de leerlo?
  • Llueve, son las cinco de la tarde y ha llovido todo el día.
  • Todo el diluvio no me arrancaría hoy un gesto de impaciencia.
  • Poco más de cinco semanas han pasado y ya me parece de la historia antigua todo aquello.
  • ¡Qué tres días! Yo me figuraba estar prostituida de un modo extraño (aquí la letra de la Regenta se hace casi indescifrable para ella misma.) ¡Todo Vetusta me había visto los pies desnudos, en medio de una procesión, casi casi del brazo de Vinagre! ¡Y tres días con los pies abrasados por dolores que me avergonzaban, inmóvil en una butaca! Llamé a Somoza que se excusó.
  • Él lo niega, dice que todo aquello lo explica la exaltación religiosa y la exquisita moralidad con que decidí sacrificarme al bien del que creía ofendido por mis pensamientos y desaires.
  • Esto, todo esto mezclado era lo que encontraba ahora Ana dentro de sí y lo que se empeñaba en que fuera todavía pura religión cristiana.
  • A pesar de todo seguía confesando a menudo con don Fermín.
  • Temía sobre todo que si rompía sus relaciones devotas con él, volviese una reacción de lástima, arrepentimiento y piedad imaginaria que la arrastrase a otra locura como la del viernes Santo.
  • Por muchos días lo olvidó todo para no pensar más que en su salud.
  • Ana al saber la noticia, comprendió que aquello era todo lo contrario de irse a la Almunia de don Godino.
  • Sin embargo, sin investigar las causas de ello, sintió durante todo aquel día una alegría de niña satisfecha en sus gustos más vivos, y aún más intenso fue su placer al despertar a la mañana siguiente con este pensamiento.
  • ¡Qué alegría! Todo es cristal, flores, plantas de hojas gigantescas, de colores fuertes, raros.
  • Una galería con cierre de cristales rodea todo el edificio.
  • He dado dos vueltas a todo el corredor como si nunca hubiera visto el Vivero.
  • ¿Qué será que todo me parece nuevo, mejor, más elegante, más poético?
  • A veces se me antoja todo el Vivero escenario de una comedia o de una novela.
  • Está todo en silencio reflexivo, recordando los ruidos de la alegría y del placer que latieron aquí, o preparándose a retumbar con la algazara de fiestas venideras.
  • Reído sobre todo.
  • Todo esto es salud, nada más que salud.
  • Y asustada de su desfachatez pensó todo el día en la aventura, sin vergüenza.
  • Ojalá tuviera valor para faltar, para despreciaros, para olvidarlo todo.
  • Y ahora un presentimiento le decía que todo había acabado, que Ana ya no era suya, que iba a perderla, y que aquel viaje al Vivero era ridículo.
  • Cuando media hora después entraba solo por el postigo del bosque en la huerta, lo primero que vio fue a la Regenta metida en el pozo seco, cargado de yerba, y a su lado a don Álvaro que se defendía y la defendía de los ataques de Obdulia, Visita, Edelmira, Paco, Joaquín y don Víctor que arrojaban sobre ellos todo el heno que podían robar a puñados de una vara de yerba, que se erguía en la próxima pomarada de Pepe el casero.
  • ¿De modo que usted opina que mi mujer está curada del todo?
  • Su temperamento exige todo eso.
  • Y sobre todo a mí me gustan las acciones heroicas que tienen alguna utilidad.
  • ¡No están! dijo el Magistral sin pensar en la sospecha que podían despertar su aspecto, su conducta, su voz trémula, todo lo que delataba a voces su pasión, sus celos, su indignación de marido ultrajado, absurda en él.
  • Todo aquello, que había podido ser trágico, se había convertido en una aventura cómica, ridícula, y el remordimiento de lo grotesco empezó a pincharle el cerebro con botonazos de jaqueca.
  • Pero acordándose de lo que debía a su esposa, de lo que se debía a sí mismo, de lo que debía a sus años, y de otra porción de deudas, y sobre todo, por fatalidad de su destino que nunca le había permitido llevar a término natural cierta clase de empresas, era lo cierto que había retrocedido en aquel camino de perdición desde el día en que una tentativa de seducción se le frustó, por fingido pudor de la criada.
  • Sobre todo este señor cura está hecho un eciomo, perdonando la comparanza, es una sopa.
  • Todo el cielo se cubría de nubes pardas que se ennegrecían poco a poco.
  • Merecido tenía todo aquello.
  • Todo era pequeño, asqueroso, bajo.
  • Y él como todo.
  • Idea tuvo de arrojarse del coche, y a pie, a todo correr, volver furioso al Vivero a sorprender lo que el presentimiento le daba por seguro, lo que no había pasado tal vez en el bosque, pero lo que estaría pasando en la casa.
  • Qué horrorosa ironía de lo cómico durante todo el día! Y.
  • La culpa de todo la tenía la odiosa, la repugnante sotana.
  • Pero a pesar de todo durmió, rendido por tanta fatiga.
  • Visitación, Obdulia y Edelmira también, eran las que conocían mejor los lugares más escondidos, dónde había puertas de escape, y todo lo que exigían aquellos juegos infantiles a que se entregaban, sin pensar en los muchos años que tenían varias de aquellas personas tan alegres.
  • Y refirió a su mujer todo lo que les había sucedido, menos el hallazgo de la liga.
  • Ana convino en que De Pas había llevado la galantería a un extremo ridículo, sobre todo ridículo, en un sacerdote.
  • ¿Pues no estaba bien claro que todo aquello eran celos?
  • Y le parecía que el pecado de querer a un Mesía era ya poco menos que nada, sobre todo si servía para huir de los amores de un Magistral.
  • El cual, aquella misma mañana en el pozo lleno de yerba, antes en el patio de la iglesia, por las callejas, cuando venían detrás del tambor y de la gaita, en el bosque, después en el carro de Pepe, donde venían juntos, casi sentada ella encima de él, sin poder remediarlo, más tarde en el salón, en todas partes y en todo el día le había estado dejando ver que la adoraba, pero no se lo había dicho, por respeto.
  • Y Álvaro sonreía de un modo que lo decía todo perfectamente, y hasta con acompañamiento de una música dulcísima que la Regenta creía oír dentro de sus entrañas.
  • Todo era abajo ruido, movimiento, órdenes confusas, broma, vacilaciones, unos que se quedaban y de repente preferían emprender el viaje, otros que se preparaban a ocupar un asiento en un coche y volvían a la casa prefiriendo dormir en el suelo aunque fuera.
  • Todo era preocupación, pequeñez de ánimo.
  • Pero todo lo compensaba la felicidad de aquel momento.
  • Edelmira y Paco espalda con espalda, como se baila a veces la muñeira, sobre todo en el teatro, medían sus fuerzas.
  • El ruido del agua, la luz de los relámpagos, los truenos lejanos, la obscuridad ambiente, los vapores de la comida, la estrechez del corredor, todo los animaba, los arrojaba a la alegría aldeana, a los juegos brutales de la lascivia subrepticia, moderados en ellos por instintos de la educación.
  • Ella y don Álvaro no tomaban parte activa en la broma al principio, pero al fin le tocó a la Regenta algún pellizco, ninguno de Mesía, a este varios de Obdulia y Visita, y, sin pensarlo, Ana en la general contienda más de una vez sintió su espalda oprimida por la de Álvaro, y aunque huía el contacto delicioso, de un sabor especial, en cuanto lo notaba, el contacto volvía, y Ana iba sintiendo emociones extrañas, nuevas del todo, una inquietud alarmante, sofocaciones repentinas y una especie de sed de todo el cuerpo que hasta le quitaba la conciencia de cuanto no fuese aquel rincón obscuro, estrecho, donde cantaban, reían, saltaban.
  • Cantar óperas, a su modo, y oír cantar a los que afinaban más que él, era su delicia por aquella temporada, y si todo esto se hacía a la luz de la luna, miel sobre hojuelas.
  • Pero debo decirlo todo.
  • Y había jugado el todo por el todo.
  • Ya todo era silencio en la casa, todos dormían, y sólo en aquel rincón de la galería, junto a aquella ventana abierta había el ruido suave de un cuchicheo.
  • Y volvió a verle todo el rostro.
  • Tenía éste pésima idea de los efectos morales de los baños de todo el Cantábrico, y especialmente de los baños de Palomares.
  • Y como perder del todo a su Regenta era idea que le asustaba, dando tormento al orgullo, a los celos, hacía de tripas corazón, fingía no ver, y mantenía su poder espiritual claudicante con puntales de tolerancia y estribos de paciencia.
  • Sé que, después de todo, le tengo cierto cariño, y si abandonase su amistad, una voz insufrible me había de estar gritando siempre en favor suyo.
  • Ya que él disimula, y finge no ver este cambio, y ya no se queja como al principio, dejémoslo todo así.
  • Por todo lo cual pudo el Provisor atreverse a insinuar aquel deseo que en otro tiempo hubiera sido impuesto en un decreto sin exposición de motivos.
  • Además a él también le rejuvenecía aquella situación de amor platónico, de intimidad dulcísima en que sólo él hablaba de amor con la boca y ambos con los ojos, la sonrisa y todo lo demás que era mudo y no era deshonesto y grosero.
  • Además, una barbaridad podía, si no echarlo todo a perder, retrasar las cosas, darles un giro menos picante y sabroso que el que llevaban.
  • Ana en todo el camino de Vetusta al Vivero no dijo más que esto, y bajo, al oído de Álvaro.
  • Joaquín y Obdulia sabían que todo el mundo era patria.
  • Todo era allí ausencia de honestidad.
  • El sofá de ancho asiento amarillo, más prudente y con más experiencia que todo, callaba, conservando su puesto.
  • Lo demás todo era silencio.
  • Todo era sillas y butacas.
  • Actualmente dijo todo me sonríe.
  • Ahora la pobrecita coincide con mis gustos en todo.
  • Petra sabe que yo quiero evitar a toda costa un disgusto a mi mujer, porque temo que cualquier crisis nerviosa lo echase todo a rodar y volviéramos a las andadas.
  • Si, después de todo, no hay nada que saber.
  • Y sobre todo, si Petra dice lo que hay, mi esposa pensará lo demás, lo que no hay.
  • O se lo cuento todo.
  • Don Víctor expuso las dificultades y los peligros del remedio, pero don Álvaro prometió allanarlo todo.
  • Sí, hombre, a arreglarlo todo.
  • La había enterado de todo y de mucho más.
  • Todo aquello le repugnaba.
  • Álvaro seguía pensando Ana había hecho mal en revelarle aquellas miserias, en hacer traición a Quintanar, por indigno que este fuera, y sobre todo en avergonzarla a ella con las aventuras ridículas y repugnantes del viejo.
  • Pero como tenía empeño en limpiar de toda culpa a su Mesía, a su señor, al hombre a quien se había entregado en cuerpo y en alma por toda la vida, según ella, pronto le disculpaba, reflexionando que el pobre Álvaro hacía aquello por amor, por arrojar del pensamiento de su Ana todo escrúpulo, todo miramiento que pudiera atarla al viejo que había hecho de lo mejor de su vida un desierto de tristeza.
  • Todo aquello, de puro prosaico y bajo, era repugnante, pero ¿qué remedio?
  • Por su parte se confesaba todo lo enamorado que él podía estarlo de quien no fuese don Álvaro Mesía.
  • A don Álvaro se le ocurría que sin tener de su parte a una criada, a la doncella mejor, era todo sino imposible muy difícil.
  • Vengábase de la misma Regenta que caía, caía, gracias a ella, en un agujero sin fondo, que estaba, sin saberlo la hipocritona en poder de su criada, la cual el día que le conviniese podía descubrirlo todo.
  • Todas las noches pasaba unas cuantas horas, la honra y tal vez la vida del amo, pendiente de un hilo que tenía ella, Petra, en la mano, y si ella quería, si a ella se le antojaba, ¡zas! todo se aplastaba de repente.
  • Después de la romería de San Pedro creía ella que todo era cuestión de semanas, de esperar una oportunidad.
  • El canónigo sabría todo lo que pasaba.
  • Petra prometió decir todo lo que hubiera.
  • El amor purísimo que yo tengo, todo lo disculpa.
  • Si ella se cansaba, o si Teresina dejaba la plaza y por miedo de que otra la ocupase le convenía correr a ella, también podía convenir echarlo a rodar todo.
  • Todo esto lo hacía don Álvaro sin la ayuda directa, inmediata de Petra, y doña Ana encontraba así muy verosímil todo lo que su amante decía de su industria para entrar en el cuarto de ella.
  • Todo esto necesitó saber don Álvaro para no exponerse a un choque en la vía con Frígilis o con el mismísimo don Víctor.
  • Por la parte de dentro todo fue como coser y cantar.
  • Entre estos sofismas y la pasión y la constancia en el pedir dieron la victoria a Mesía, que si no pudo acallar los sobresaltos de Ana, quien a cada ruido creía sentir el espionaje de Petra, conseguía a menudo hacerla olvidarse de todo para gozar del delirio amoroso en que él sabía envolverla, como en una nube envenenada con opio.
  • Para esto era preciso echar a rodar todo lo demás, romper aquel hilo que ella tenía en la mano y del que estaban colgadas la honra, la tranquilidad, tal vez la vida de varias personas.
  • Pero entonces había que decírselo todo al Provisor, porque en saliendo de aquella casa ya no podía ser espía, ni ayudar al que la pagaba a abrir los ojos de aquel estúpido de don Víctor, que, como era natural, querría vengarse, castigar a los culpables.
  • Había que hacerlo todo pronto, inmediatamente.
  • Pero la astuta moza, que sabía contenerse, cuando era por su bien, se reprimió, y cambiando el tono, y el estilo se disculpó, disimuló el enojo, y dijo que todo estaba perfectamente, y que ella misma pediría la soldada, y se iría tan contenta, no a la fonda, sino a otra casa.
  • Sí, todo, habla.
  • Petra habló todo lo que quiso.
  • Su mujer, la Regenta, que era su mujer, su legítima mujer, no ante Dios, no ante los hombres, ante ellos dos, ante él sobre todo, ante su amor, ante su voluntad de hierro, ante todas las ternuras de su alma, la Regenta, su hermana del alma, su mujer, su esposa, su humilde esposa.
  • él atado por los pies con un trapo ignominioso, como un presidiario, como una cabra, como un rocín libre en los prados, él, misérrimo cura, ludibrio de hombre disfrazado de anafrodita, él tenía que callar, morderse la lengua, las manos, el alma, todo lo suyo, nada del otro, nada del infame, del cobarde que le escupía en la cara porque él tenía las manos atadas.
  • Veinte siglos de religión, millones de espíritus ciegos, perezosos, que no veían el absurdo porque no les dolía a ellos, que llamaban grandeza, abnegación, virtud a lo que era suplicio injusto, bárbaro, necio, y sobre todo cruel.
  • Y con todo, debía de ser más temprano de lo que allí decía.
  • Pero, así y todo, al recordar ahora que en vano gritaba ¡Petra!, sentía una extraña y poética melancolía.
  • Y sobre todo, ¿por qué este accidente sin importancia le llegaba tan adentro?
  • Todo aquello era otra escala y él no la había visto nunca, y ahora no veía otra cosa.
  • Pero él iba a ser un asesino, digno de disculpa, todo lo que se quiera, pero asesino.
  • ¡Y a todo esto sin poder menear pie ni mano, muerto de sueño, aborreciendo la vigilia que presentaba tales miserias, tanta desgracia, que iba a durar ya siempre!
  • Pensaba en la traición, sentía el engaño de aquella Ana a quien había dado su honor, su vida, todo.
  • Sentía la herida, comprendía todo lo ingrata que era ella, pero no la aborrecía, no quería, no podría matarla.
  • Frígilis tenía que encargarse de todo.
  • Allá en los prados de las marismas, cuando se quedara solo en acecho, en todo aquel día triste que iba a ser tan largo, meditaría.
  • A Frígilis podía decírsele todo, pero a su tiempo.
  • Veleidades tenía de llamar a Frígilis, decírselo todo, ponerlo en sus manos todo.
  • Sí, todo esto había querido hacer don Víctor que se sintió morir de vergüenza y de cólera contra los infames adúlteros y contra sí mismo, en cuanto notó que el tren se movía y le alejaba del lugar del crimen, de su deshonra y de su venganza necesaria.
  • Todo lo veía claro, toda la trascendencia de su descubrimiento del amanecer se le aparecía como un tratado clásico de historia.
  • Y a pesar de todo, ¡qué hermosa era la naturaleza! ¡qué tranquilamente reposaba!
  • Todo el mundo era podredumbre.
  • El ser humano lo más podrido de todo.
  • Todo el día te he visto preocupado, tristón.
  • Todo eso debes hacer.
  • Pero confiesa, Tomás, que todo eso se dice mejor que se hace.
  • Pero hay que esperar, hay que evitar el escándalo, y sobre todo hay que evitar el susto, el espanto que sobrecogería a tu mujer si tú entraras en su alcoba como los maridos de teatro.
  • Sí quieres tal, si le dices que lo sabes todo.
  • Sí, de todo corazón, más cada día.
  • Ya sé yo todo lo que tú puedes decirme, y mucho más.
  • ¿Qué mejor prueba quieres que todo lo pasado?
  • Todo parecía tener la fragilidad del sueño.
  • Él, él era el marido, pensaba, y no aquel idiota, que aún no había matado a nadie (y ya era medio día) y que debía de saberlo todo desde las siete.
  • Leyó lo escrito y lo rasgó todo en cien pedazos.
  • Aquello no podía mandarse bajo un sobre a una mujer, por más que la mujer lo mereciera todo.
  • Que era lo único real, lo único serio el quererme, sobre todo yo a ti, y huir si hacía falta.
  • Toda eres mía, sobre todo porque te quiero como tu miserable vetustense y el aragonés no te pueden querer, ¿qué saben ellos, Anita, de estas cosas que sabemos tú y yo.
  • La madre lo sabía todo.
  • A doña Paula se le ocurría un medio de castigar a los infames, sobre todo al barbilindo agostado.
  • Doña Paula entraba, salía, hablaba de todo, observaba todos los gestos de su hijo, aquella palidez, aquella voz ronca, aquel temblor de manos, aquel ir y venir por el despacho.
  • Desde que doña Paula vio que no estallaba un escándalo, que don Fermín mostraba discreción y cautela incomparables en sus extrañas relaciones con la Regenta, se lo perdonó todo y dejó de molestarle con sus amonestaciones.
  • Cualquier atrocidad de las que se le ocurrían, que podía ser sublime en otro, en él se le antojaba, ante todo, grotesca, ridícula.
  • Y ella fingió creerla y le dejó marchar, porque adivinó en el rostro, en la voz, en todo, que su hijo no iba ciego, no iba a dar escándalo.
  • Todo esto contribuirá.
  • De todas maneras, pronto sabrá de mi venganza y se podrá enterar de todo.
  • Era lo peor porque el Magistral, que conocía las exaltadas ideas de don Víctor respecto al honor, temía que obedeciendo a impulsos disculpables, pero no justos, y sordo a la voz de la religión, se arrojase a tomar venganza terrible, sobre todo de don Álvaro, cuyo crimen no podía ser más repugnante y digno de castigo.
  • Todo esto lo sabía el Magistral perfectamente.
  • El mundo lo sabe todo, Vetusta entera me tiene por.
  • Si ese infame, que ignora que usted lo sabe todo, volviera esta noche.
  • Y delirante, sin conciencia de sí mismo ni del mundo ambiente, tropezando en todo, subió a su cuarto, buscó la cama a tientas, se desnudó por máquina, se envolvió entre las sábanas y se quedó dormido en un sopor de fiebre lleno de fantasmas ardientes, de monstruos dolorosos.
  • A las ocho en todo el Casino no se hablaba más que del duelo.
  • Ello era que en todo Vetusta no se hablaba de otra cosa.
  • Y entonces reventó Joaquinito Orgaz, que lo sabía todo por el Marquesito.
  • Dijo que Quintanar y todo Vetusta podían atribuir a miedo su ausencia.
  • Mesía se lo había dicho todo al Marquesito que había ido a verle a la fonda.
  • Recordando todo esto, Frígilis trató como un zapato a Mesía aquella noche memorable en que le intimó la huida.
  • Todo aquello de matarse era absurdo.
  • La ausencia de Mesía y la muerte de Víctor se lo explicaron todo.
  • Todo era falso, frío, necio, en aquel papel escrito por un egoísta incapaz de amar de veras a los demás, y no menos inepto para saber ser digno en las circunstancias en que la suerte y sus crímenes le habían puesto.
  • Y otra vez este terror superior a todo espanto, la hizo procurar el reposo y seguir las prescripciones de aquel médico frío, siempre fiel, siempre atento, siempre inteligente.
  • Pero a ratos, meditando, pensando en su delito, en su doble delito, en la muerte de Quintanar sobre todo, al remordimiento, que era una cosa sólida en la conciencia, un mal palpable, una desesperación definida, evidente, se mezclaba, como una niebla que pasa delante de un cuerpo, un vago terror más temible que el infierno, el terror de la locura, la aprensión de perder el juicio.
  • No sabía quién, discutía dentro de ella, inventaba sofismas sin contestación, que no aliviaban el dolor del remordimiento, pero hacían dudar de todo, de que hubiera justicia, crímenes, piedad, Dios, lógica, alma.
  • No hay razón para que tenga límites esta tortura del espíritu, que duda de todo, de sí mismo también, pero no del dolor que es lo único que llega al que dentro de ti siente, que no se sabe cómo es ni lo que es, pero que padece, pues padeces.
  • Todo esto lo pensaba porque lo observaba dentro de sí.
  • Ana explicó todo esto a Benítez como pudo, eludiendo el referirse a sus remordimientos.
  • Todo lo contrario de lo que usted hace.
  • Todo esto sería muy bueno si usted tuviera fuerzas para soportar ese teje maneje del pensamiento.
  • Yo le prometo a usted que el día en que la vea fuera de todo cuidado, sana y salva, le diré, si usted quiere.
  • A cañonazos, para que se enterase todo el mundo.
  • ¡Y sobre todo el escándalo! añadía doña Rufina indignada, después de una pausa.
  • Todo raciocinio la llevaba a pensar en sus desgracias.
  • Pero como la malicia lo sabe todo, también supo esto Vetusta.
  • ¡Cómo se entiende! Todo lo había arreglado él ya.
  • Todo aquello había pasado para no volver.
  • Hablando con todo lo que contenía a los recuerdos de la Regenta!
  • Ana pidió de todo corazón a Dios, a quien claramente creía ver en tal instante, le pidió que fuera voz Suya aquella, que el Magistral fuera el hermano del alma en quien tanto tiempo había creído y no el solicitante lascivo que le había pintado Mesía el infame.
  • Temblábale todo el cuerpo, volvió a extender los brazos hacia Ana.
  • Todo se le volvía buscar el atajo, a la derecha.
  • Y no obstante trascendía a clérigo, revelándose el sello formidable de la ordenación, que ni aun las llamas del infierno consiguen cancelar, en no sé qué expresión de la fisonomía, en el aire y posturas del cuerpo, en el mirar, en el andar, en todo.
  • En Cebre he dejado la diligencia y me dieron esta caballería, que tiene unos arreos, que vaya todo por Dios.
  • Todo el mundo se reía a carcajadas.
  • Y metiendo en la mano del niño la moneda de cobre y entre sus labios la botella destapada y terciada aún de vino, la inclinó, la mantuvo así hasta que todo el licor pasó al estómago de Perucho.
  • Todo inútil.
  • El caballejo que estuvo a punto de hacerle besar el suelo, la cruz negra que le causó escalofríos, pero sobre todo la cena, la bulla, el niño borracho.
  • Pues, francamente, la limpieza es una cosa que a todo el mundo gusta.
  • De todo lo cual apenas quedaban vestigios.
  • Desocupó en seguida las sillas de cuero, y explicó muy acalorado que aquello estaba revueltísimo aclaración de todo punto innecesaria y que semejante desorden se debía al descuido de un fray Venancio, administrador de su padre, y del actual abad de Ulloa, en cuyas manos pecadoras había venido el archivo a parar en lo que Julián veía.
  • ¡Naturalmente! Dios sabe los desperfectos que ya me habrán causado, y cómo andará todo, porque yo ni mirarlo quiero.
  • Todo eso de la casa de mi sobrino debe ser un desbarajuste.
  • Todo estaba arreglado ya, excepto un tramo de la estantería donde Julián columbró los lomos oscuros, fileteados de oro, de algunos libros antiguos.
  • Recogieron los ladrones las hermosas medallas, apoderáronse también de la plata labrada que hallaron a mano, y se retiraron de los Pazos a las seis, antes que anocheciese del todo.
  • Empieza atacando un punto del organismo y acaba por inficionarlo todo.
  • Y con todo eso, Julián se juzgaba blanco de hostilidad encubierta por parte del cazador.
  • Todo, todo lo que necesite, me lo traerá Cristobo.
  • La imagen modesta, la iglesia desmantelada y sin más adorno que algún rizado cirio y humildes flores aldeanas puestas en toscos cacharros de loza, todo excitaba en Julián tierna piedad, la efusión que le hacía tanto provecho, ablandándole y desentumeciéndole el espíritu.
  • Y el baile en el atrio lleno de luz, el templo sembrado de hojas de hinojos y espadaña que magullaron los pisotones, alumbrado, más que por los cirios, por el sol que puerta y ventanas dejaban entrar a torrentes, los curas jadeantes, pero satisfechos y habladores, el santo tan currutaco y lindo, muy risueño en sus andas, con una pierna casi en el aire para empezar un minueto y la cándida palomita pronta a abrir las alas, todo era alegre, terrenal, nada inspiraba la augusta melancolía que suele imperar en las ceremonias religiosas.
  • Si se encontrase allí algún maestro de la escuela pictórica flamenca, de los que han derramado la poesía del arte sobre la prosa de la vida doméstica y material, ¡con cuánto placer vería el espectáculo de la gran cocina, la hermosa actividad del fuego de leña que acariciaba la panza reluciente de los peroles, los gruesos brazos del ama confundidos con la carne no menos rolliza y sanguínea del asado que aderezaba, las rojas mejillas de las muchachas entretenidas en retozar con el idiota, como ninfas con un sátiro atado, arrojándole entre el cuero y la camisa puñados de arroz y cucuruchos de pimiento! Y momentos después, cuando el gaitero y los demás músicos vinieron a reclamar su parva o desayuno, el guiso de intestinos de castrón, hígado y bofes, llamado en el país mataburrillo, ¡cuán digna de su pincel encontraría la escena de rozagante apetito, de expansión del estómago, de carrillos hinchados y tragos de mosto despabilados al vuelo, que allí se representó entre bromas y risotadas! ¿Y qué valía todo ello en comparación del festín homérico preparado en la sala de la rectoral?
  • Ante la mesa y sus apéndices, no sin mil cumplimientos y ceremonias, fueron tomando asiento los padres curas, porfiando bastante para ceder los asientos de preferencia, que al cabo tocaron al obeso Arcipreste de Loiro la persona más respetable en años y dignidad de todo el clero circunvecino, que no había asistido a la ceremonia por no ahogarse con las apreturas del gentío en la misa, y a Julián, en quien don Eugenio honraba a la ilustre casa de Ulloa.
  • En aquellas regiones vírgenes no se conocía, loado sea Dios, ninguna salsa o pebre de origen gabacho, y todo era neto, varonil y clásico como la olla.
  • Afortunadamente profirió estos tremendos vaticinios a tiempo que la mayor parte de los párrocos se hallaban enzarzados en la discusión teológica, indispensable complemento de todo convite patronal.
  • También usted se apura ahí por una chanza, por una tontería, lo mismo que si ya todo el mundo le señalase con el dedo.
  • Todo el mundo en las romerías le debe dos cuartos.
  • Todo era verdad.
  • ¡Dios sobre todo! murmuró, suspirando al pensar que tendría que habitar un pueblo de calles angostas y encontrarse con gente a cada paso.
  • ¿No la ha visto usted todo el día, allá en Naya, bailoteando como una descosida, sin vergüenza?
  • Digo pensará Ya lo piensa todo el mundo.
  • Pero es más listo que una centella, y ya en vida del tío Gabriel se echaba mano de él para todo.
  • Me admiro de que un señorito como usted pueda aguantar todo el año aquí, sin moverse de estas montañas fieras.
  • De golpe lo comprendió todo Julián.
  • Era el paraje descubierto, aunque el terreno quebrado, y el señorito podía otear fácilmente a derecha e izquierda todo cuanto sucediese.
  • Una pendencia entre borrachos, al volver de la feria respondió secamente don Pedro, que se hacía todo ojos para inspeccionar los matorrales.
  • Ya Julián me lo contará todo.
  • Lo que más cautivaba a su primo, en Rita, no era tanto la belleza del rostro como la cumplida proporción del tronco y miembros, la amplitud y redondez de la cadera, el desarrollo del seno, todo cuanto en las valientes y armónicas curvas de su briosa persona prometía la madre fecunda y la nodriza inexhausta.
  • Agotado todo lo que en el salón había que enseñar al primo, le mostraron la casa desde el desván hasta la leñera.
  • Aunque salgo de entre tojos, no soy tan mal criado como todo eso.
  • Calles anchas, mucha regularidad en las construcciones, todo nuevo y flamante, gran policía, ¿qué menos puede ofrecer la civilización a sus esclavos?
  • Pero con la gente grave y de buen consejo, v.g., su confesor don Vicente el canónigo, y Julián, aquel pedazo de sus entrañas elevado a la más alta dignidad que cabe en la tierra, ¿quién le vedaba el gustazo de juzgar a su modo la conducta del amo y las señoritas, de alardear de discreción, censurando melosa y compasivamente algunos de sus actos que ella si fuese señora no realizaría jamás, y de oír que personas de respeto alababan mucho su cordura, y conformaban del todo con su dictamen?
  • Y sobre todo, ¿cómo indicar ni lo más somero y mínimo de aquello de la señorita Rita, que maliciosamente interpretado tanto podía dañar a su honra?
  • Todo se le vuelve aconsejar bien a las hermanas.
  • Y con todo, al crecer el imperio que ejercía en sus sentidos la prima mayor, se fortalecía también la especie de desconfianza instintiva que infunden al campesino las hembras ciudadanas, cuyo refinamiento y coquetería suele confundir con la depravación.
  • Tan bien informado individuo consiguió encender más recelos en el ánimo del suspicaz señor de Ulloa, bastándole para ello unas cuantas palabritas, de ésas que tomadas al pie de la letra no llevan malicia alguna, pero vistas al trasluz pueden significarlo todo.
  • Todo será que se nos antoje.
  • Todo andaba por allí revuelto con otros chirimbolos análogos, que trascendían a casacón desde mil leguas, y entre los cuales distinguíanse, como prendas más simbólicas y elocuentes, los trebejos masónicos.
  • A todo esto la tarde caía, y en el telarañoso recinto del desván se veía muy poco.
  • Un refresco a la antigua española, con almíbares, sorbetes, chocolate, vino generoso, bizcochos, dulces variadísimos, todo servido en macizas salvillas y bandejas de plata, con gran etiqueta y compostura.
  • Seria y solícita, la novia atendía y servía a todo el mundo.
  • Y como no la iluminaba otra luz, ni se había soñado siquiera en el clásico globo de porcelana que es de rigor en todo voluptuoso camarín de novela, impregnaba la alcoba más misterio religioso que nupcial, completando su analogía con una capilla u oratorio la forma del tálamo, cuyas cortinas de damasco rojo franjeadas de oro se parecían exactamente a colgaduras de iglesia, y cuyas sábanas blanquísimas, tersas y almidonadas, con randas y encajes, tenían la casta lisura de los manteles de altar.
  • Con todo.
  • Dios sobre todo.
  • ¿Y aquellas gentes, y todo aquel cotarro, que nadie me lo entiende sino él?
  • Este último sobre todo.
  • Todo limpio, sosegado y solitario.
  • No pudo menos de pensar que en todo aquel negocio de Sabel andaba visiblemente la mano de la Providencia.
  • Encontróle todo alborotado con los noticiones políticos, que acababan de confirmar los pocos periódicos que se recibían en aquellos andurriales.
  • Fastidiábale vivir allí donde tres gotas de lluvia meten en casa a todo el mundo y engendran instantáneamente una triste vegetación de hongos de seda, de enormes paraguas.
  • Y no sólo fue trabajo perdido, sino contraproducente, pues recrudeció su soberbia y le infundió mayores deseos de emanciparse de todo yugo.
  • Todo cuanto veía lo encontraba censurable y antipático.
  • Sus criados respetuosos, a veces descuidados, pero nunca insolentes ni entrometidos, todo se le figuraba a don Pedro sátira viviente del desarreglo de los Pazos, de aquella vida torpe, de las comidas sin mantel, de las ventanas sin vidrios, de la familiaridad con mozas y gañanes.
  • Allá en las aldeas decía se traga todo, hasta el mayor disparate.
  • Lo miráis todo al través de un punto de vista que os forjáis vosotros mismos.
  • ¿Ha averiguado usted todo eso?
  • He preguntado por ahí y todo el mundo está conforme en que andan para casarse.
  • Julián replicó todo compungido.
  • La cocinera enviada de Santiago empezó a malhumorarse, quejándose de que no entendía la cocina, de que la leña no ardía bien, del humo, de todo.
  • Y con todo, al capellán no le llegaba la camisa al cuerpo.
  • Por desgracia la nueva esposa mostraba afición suma a recorrer la casa, a informarse de todo, a escudriñar los sitios más recónditos y trasconejados, verbigracia desvanes, bodegas, lagar, palomar, hórreos, tulla, perreras, cochiqueras, gallinero, establos y herbeiros o depósitos de forraje.
  • Y con todo eso, las malditas gallinas no daban nada de sí.
  • Y siendo ésta tan angosta que no cabían dos personas de frente, la señora de Moscoso pasaba los mayores trabajos del mundo intentando asirse con las yemas de los dedos al brazo del buen señor, que subía dos escalones antes que ella todo torcido y sesgado.
  • Al juez todo se le volvía acomodar a los visitadores, insistiendo mucho en si al marqués de Ulloa le convenía la luz de frente o estaría mejor de espaldas a la vidriera.
  • Nucha, a quien el recibimiento del juez y el tocado de su señora habían puesto de buen humor, volvió a sonreír disimuladamente, sobre todo al notar los quidproquos de la conversación, producidos por la sordera de los dos respetables hermanos.
  • No se conocía en todo el contorno, ni acaso en toda la provincia, casa infanzona más linajuda ni más vieja, y a cuyo nombre añadiesen los labriegos con acento más respetuoso el calificativo de Pazo, palacio, reservado a las moradas hidalgas.
  • Salieron del goteroso Pazo cuando ya anochecía, y sin que se lo comunicasen, sin que ellos mismos pudiesen acaso darse cuenta de ello, callaron todo el camino porque les oprimía la tristeza inexplicable de las cosas que se van.
  • ¡Como no lo dé de más! Estas señoritas finas son muy delicadas y difíciles para todo.
  • Mas con todo.
  • Don Pedro chupaba también con ensañamiento su cigarro y rumiaba las palabras del médico, que por extraño caso, atendida la diferencia entre un pensamiento relleno de ciencia novísima y otro virgen hasta de lectura, conformaban en todo con su sentir.
  • No, señor, hay de todo.
  • Sin embargo, se llega a un grado en que perder un segundo es perderlo todo.
  • A fin de no aletargarse del todo en la comodidad del lecho, tendióse en el banco del comedor, poniendo por almohada una cesta.
  • Pero la solicitaban hacia fuera la juventud, el ansia de existir que estimula a todo organismo, la ciencia del gran higienista Juncal, y particularmente una manita pequeña, coloradilla, blanda, un puñito cerrado que asomaba entre los encajes de una chambra y los dobleces de un mantón.
  • Manías del señor de Juncal, que aplica la higiene a todo, y vuelta con la higiene, y dale con la higiene.
  • Todo eran iglesias derribadas, escándalos antirreligiosos, capillitas protestantes establecidas aquí o acullá, libertades de enseñanza, de cultos, de esto y de lo otro.
  • Mientras el belicoso médico no venía, todo era paz y sosiego en la habitación de la enferma.
  • Si todo esto había llegado a oídos de Nucha por conducto de su marido o de su padre, no tenía nada de extraño que suspirase así.
  • Todo se lo quería hacer ella, sin ceder al ama más que la parte material de la cría.
  • Como todo es relativo en el mundo, para la gente de escalera abajo de la casa solariega el ama representaba un salvaje muy gracioso y ridículo, y se reían tanto más con sus patochadas cuanto más fácilmente podían incurrir ellos en otras mayores.
  • A aquel bollo blando, que aún parecía conservar la inconsistencia del gelatinoso protoplasma, que aún no tenía conciencia de sí propio ni vivía más que para la sensación, la madre le atribuía sentido y presciencia, le insuflaba en locos besos su alma propia, y, en su concepto, la chiquilla lo entendía todo y sabía y ejecutaba mil cosas oportunísimas, y hasta se mofaba discretamente, a su manera, de los dichos y hechos del ama.
  • Su contacto derretía no sé qué nieve de austeridad, cuajada sobre un corazón afeminado y virgen allá desde los tiempos del seminario, desde que se había propuesto renunciar a toda familia y todo hogar en la tierra entrando en el sacerdocio.
  • Todo era una montaña.
  • Sobre todo, la niña, la niña.
  • , como las mujeres, que por todo se afectan.
  • Y mirándole a la cara y viéndola tan consumida, con la piel terrosa, los ojos mayores y más vagos, la hermosa boca contraída siempre, menos cuando sonreía a su hija, calculaba que la señorita, por fuerza, debía saberlo todo, y una lástima profunda le inundaba el alma.
  • Restos de carne en platos engrasados, una botella de vino descorchada, una media tetilla, todo amontonado en un rincón, como barrido despreciativamente por el hartazgo.
  • Todo esto, dicho por la sibila en voz baja y cavernosa, lo escuchaba solamente la bella fregatriz Sabel, que con los brazos cruzados tras la espalda, el color arrebatado, se inclinaba sobre el oráculo, que más parecía provocarla a curiosidad que a regocijo.
  • Su temperamento linfático no poseía el secreto de ciertas saludables reacciones, con las cuales se desecha todo vano miedo, todo fantasma de la imaginación.
  • Un caballero con visera calada, todo cubierto de hierro.
  • Despertó repentinamente, resintiéndose de una punzada dolorosa en la mano derecha, sobre la cual había gravitado el peso del cuerpo todo, al acostarse del lado izquierdo, posición favorable a las pesadillas.
  • Parece que me he vuelto medio tonta, que tengo miedo a todo.
  • , a don Máximo Juncal, que no piensa más que en política, todo se le vuelve hablar de eso.
  • Acercábase el plenilunio, y todo prometía feliz éxito.
  • Era el minuto de las anécdotas cinegéticas y, sobre todo, de los embustes.
  • Todo el mundo a nombrar animales diferentes.
  • Mame luego, pero no lo chupe todo.
  • Ando, ando, ando, ando, y al cuarto de legua de allí me entra un sueño por todo el cuerpo.
  • Entonces Chonito, clavando en el capellán una mirada casi humana, llena de desprecio, volvió grupas y se alejó corriendo a todo correr, sin dignarse oír las imperativas voces con que lo llamaban.
  • Se hizo chacota de Julián, y, en penitencia de su torpeza, se le condenó a asistir inmediatamente, cansado y todo, a la espera de las liebres.
  • Entonces la pequeña saciaba su anhelo, tirando a su sabor del pelo ensortijado, metiendo los dedos de punta por boca, orejas y nariz, todo acompañado del mismo gorjeo, y entreverado con chillidos de alegría cuando, por ejemplo, acertaba con el agujero de la oreja.
  • No se sabe lo que aquel galopín discurría para encontrar a cada paso cosas nuevas, ya fuesen flores, ya pajaritos vivos, ya ballestas de caña, ya todo género de porquerías, que era lo que más entusiasmaba a la pequeña.
  • Y como allí se repara todo, se observó también que, además de las acostumbradas estaciones en las tabernas, Primitivo se pasaba largas horas en casa de Barbacana.
  • Todo lo arma decía él ese cerdo cebado del Arcipreste, unido al faccioso del cura de Boán e instigando al usurero del mayordomo de los Pazos, el cual a su vez mete en danza al malcriado del señorito, que está enredado con su hija.
  • Desde que corrió la noticia comenzó el señorito a sentirse halagado por la especie de pleito homenaje que se presentaron a rendirle infinidad de personas, todo el señorío de los contornos, el clero casi unánime, y los muchos adictos y partidarios de Barbacana, capitaneados por este mismo.
  • Todo respiraba el mayor abandono, el frío y tristeza especial de las iglesias descuidadas.
  • Y éste, arrastrándose por el suelo, olvidando sus travesuras diabólicas, sus latrocinios, su afición al establo, se emboscaba a la entrada de la capilla para ver salir a la nena y hacerle mil garatusas, que ella pagaba con risas de querubín, con júbilo desatinado, con el impulso de todo su cuerpecillo proyectado hacia adelante, impaciente por lanzarse de brazos del ama a los de Perucho.
  • ¡Buenas cosas pensaban ellos de las elecciones allá en su mente asnal y rocinesca, mientras jadeaban exánimes de tanto trotar, y humeaba todo su pobre cuerpo bañado en sudor! ¡Pues qué diré de la mula en que Trampeta solía hacer sus excursiones a la capital! Ya las costillas le agujereaban la piel, de tan flaca como se había puesto.
  • Día y noche estaba el insigne cacique atravesado en la carretera, y a cada viaje la elección de Cebre se presentaba más dudosa, más peliaguda, y Trampeta, desesperado, vociferaba en el despacho del Gobernador que importaba desplegar fuerza, destituir, colocar, asustar, prometer, y, sobre todo, que el candidato cunero del gobierno aflojase la bolsa, pues de otro modo el distrito se largaba, se largaba, se largaba de entre las manos.
  • Todo eso es mucha verdad.
  • Prestando a réditos del ocho por ciento al mes, y más los años de hambre, y metiendo miedo a todo el mundo para que le paguen bien y no le nieguen una miserable deuda de un duro.
  • Y le conviene sacar diputado al señorito, para disponer de más influencia en el país y poder hacer todo cuanto le acomode.
  • El arcipreste lo veía todo muy de color de rosa, y estaba tan cierto de vencer, que ya pensaba en llevar la música de Cebre a los Pazos para dar serenata al diputado electo.
  • Todo eso de Cortes era, según dicho del abad de Boán, una solemnísima farsa.
  • Todo lo refería gritando bastante, a fin de que el punto de sordera del arcipreste, agravado por el viento, no le impidiese percibir lo más sustancial del discurso.
  • ¡No quiero oír, no quiero oír más! declaró esto en ocasión que su montecristo se alzaba rápidamente a impulsos de una ráfaga mayor, y se volvía todo hacia arriba, dejando al arcipreste como suelen pintar a Venus en la concha.
  • Todo el mundo.
  • El capellán asistía al drama, temía un desenlace trágico, sobre todo desde la famosa señal en las muñecas, que no le salía de la acalorada imaginación.
  • Pues mientras el cura de Boán y aun el de Naya atendían sobre todo al triunfo político, el arcipreste miraba principalmente al esplendor del hidalgo solar, al buen nombre de los Moscosos.
  • Todo anunciaba que el señor de los Pazos se llevaría el gato al agua, a pesar del enorme aparato de fuerza desplegado por el gobierno.
  • ¡Qué elecciones aquéllas, Dios eterno! ¡Qué lid reñidísima, qué disputar el terreno pulgada a pulgada, empleando todo género de zancadillas y ardides! Trampeta parecía haberse convertido en media docena de hombres para trampetear a la vez en media docena de sitios.
  • Destacó, pues, un seide encargado de seducir al vigilante, convidándole a comer, a echar un trago, recurriendo a todo género de insinuaciones halagüeñas.
  • Trébedes repicados con varillas de hierro, y, por cima de todo, la lúgubre y ronca voz del cuerno, y la horrenda vociferación de muchas gargantas humanas, con esa cavernosidad que comunica a la laringe el exceso de vino en el estómago.
  • Don Eugenio se inclinaba a echarlo todo a broma.
  • Bajaron cautelosamente la escalera, cuidando de no zapatear, previsión que el endiablado estrépito de la cencerrada hacía de todo punto ociosa.
  • Mire, Julián, tendríamos que hablar para seis horas si yo le dijese todo lo que pienso de esa infeliz señorita, y de esos Pazos.
  • Mira que todo consiste en la cruz, y todo está en morir.
  • Sobre todo de noche.
  • , todo se le había borrado ante aquel dolor voluntarioso, palpitante y desbordado.
  • Y todo esto lo tenía al alcance de su mano, como las obleas.
  • El hongo gris, la faja roja, las recortadas patillas destacándose sobre el rostro color de sebo, y sobre todo el ojo blanco, sin vista, frío como un pedazo de cuarzo de la carretera, en suma, la desapacible catadura del Tuerto de Castrodorna dejaron absorto al chiquillo.
  • Recostada en el altar se encontraba la señora de Moscoso, con un color como una muerta, los ojos cerrados, las cejas fruncidas, temblando con todo su cuerpo.
  • Con todo, estaba de buen humor, gracias a la compañía de Perucho.
  • Todo se unía para impedirle satisfacer una aspiración que él juzgaba ambiciosa y punto menos que sacrílega.
  • Con todo, algo medroso y tétrico debía pesar sobre su imaginación, según el cuento que empezó a referir en voz hueca a la nené, lo mismo que si ella pudiese comprender lo que le hablaban.
  • No olvida en Santiago, donde su llegada se glosa, donde su historia en los Pazos adquiere proporciones leyendarias, donde el éxito de las elecciones, la partida del capellán, el asesinato del mayordomo, se comentan, se adornan, entretienen al pueblo casi todo un mes, y donde las gentes le paran en la calle preguntándole qué ocurre por allá, qué sucede con Nucha Pardo, si es cierto que su marido la maltrata y que está muy enferma, y que las elecciones de Cebre han sido un escándalo gordo.
  • No olvida cuando el arzobispo le llama a su cámara, a fin de inquirir qué hay de verdad en todo lo ocurrido, y él, después de arrodillarse, lo cuenta sin poner ni quitar una sílaba, encontrando en la sincera confesión inexplicable alivio, y besando, con el corazón desahogado ya, la amatista que brilla sobre el anular del prelado.
  • Sus labios, contraídos y palidecidos, revelaban la severidad del hombre acostumbrado a dominar todo arranque pasional, todo impulso esencialmente terrestre.
  • A esto se reducía todo el ornato del cementerio, mas no su vegetación, que por lo exuberante y viciosa ponía en el alma repugnancia y supersticioso pavor, induciendo a fantasear si en aquellas robustas ortigas, altas como la mitad de una persona, en aquella hierba crasa, en aquellos cardos vigorosos, cuyos pétalos ostentaban matices flavos de cirio, se habrían encarnado, por misteriosa transmigración, las almas, vegetativas también en cierto modo, de los que allí dormían para siempre, sin haber vivido, sin haber amado, sin haber palpitado jamás por ninguna idea elevada, generosa, puramente espiritual y abstracta, de las que agitan la conciencia del pensador y del artista.
  • Allí se detuvo el insecto, y allí también Julián, con el corazón palpitante, con la vista nublada, y el espíritu, por vez primera después de largos años, trastornado y enteramente fuera de quicio, al choque de una conmoción tan honda y extraordinaria, que él mismo no hubiera podido explicarse cómo le invadía, avasallándole y sacándole de su natural ser y estado, rompiendo diques, saltando vallas, venciendo obstáculos, atropellando por todo, imponiéndose con la sobrehumana potencia de los sentimientos largo tiempo comprimidos y al fin dueños absolutos del alma porque rebosan de ella, porque la inundan y sumergen.
  • Y de los confines remotos llega y retumba en todo el valle el formidable y sordo rumor de un tren que pasa.
  • El óvalo destaca en una amplia y cuadrada margen blanca, y el cuadro todo está ceñido por un ancho y plano marco negro.
  • Frente a la puerta destaca un armario, en que están colocados cuidadosamente los platos, las tazas, las jícaras, guarnecidos por las copas puestas en simetría de tamaños, dominado todo por un diminuto toro de cristal verdoso como los que Azorín ha visto en el museo Arqueológico.
  • Pero los que no creen que sólo en el hombre se manifiesta la voluntad y la inteligencia, es decir, los que son un poco paganos y lo ven todo animado, desde un cristal de cloruro de sodio hasta el homo sapiens, no encontrarán lo dicho paradójico.
  • No le faltaba razón a Linneo, porque no hay entre todas las plantas otras más humildes, más laboriosas, y, sobre todo, más resignadas.
  • Crea el lector que es empresa ardua, pero, con todo, intentaremos decir algo.
  • La calabaza se pliega a todo, contemporiza, transige, posee un alto sentido mimetista.
  • Todo vive, ama, goza, sufre, perece.
  • El amor a la raza está en las arañas sobrepuesto a todo interés peculiarísimo.
  • Todo está aún en silencio.
  • Azorín es un hombre vulgar, aunque escriba todo lo que quiera en los periódicos (o por eso mismo de que escribe).
  • Y parece que todo el mundo se viene encima cuando hay que ponerse en contacto con la multitud y salir a evacuar un negocio en que es preciso hablar, insistir, volver, porfiar.
  • Al oírlos, la vieja siente que un gran terror se apodera de todo su cuerpo.
  • Y ahora sí que ha sentido que este presagio le anunciaba que todo iba a acabar para ella.
  • Pero, después de todo, si se piensa bien, puede haber jardines que tengan empalizadas.
  • Cuando está subido en una escalera vienen a llamarlo porque un actor necesita saber si se ha de poner bigote o ha de salir todo afeitado.
  • ¡Parece mentira exclama no saber que en el siglo XVIII iba todo el mundo afeitado! Como la empalizada ha quedado ya en su sitio y está lista la escena, el viejo sacude las manos una contra otra, toma el bastón y se retira hacia el fondo.
  • Azorín está ya casi convencido de todo lo que quieran convencerle.
  • Todo está en silencio.
  • Resignación sobre todo.
  • Era un señor grueso, alto, con la cara llena, todo afeitado.
  • Ante todo, había menos palabrería que ahora.
  • Muchas de las cosas que aquellos hombres recomendaban, luego se han tenido que realizar, porque todo el mundo ha reconocido que eran convenientes y se podían atajar con ellas muchos males.
  • Todo un pasado rebulle en su cerebro.
  • ¡Todo sea por Dios! Este viejo ha venido esta mañana en el tren.
  • El mal del cerebro ha apretado, y todo se pierde.
  • Todo esto me anonadó y fue causa de que saliera de Valencia por segunda vez.
  • Pero mis argumentos quedaban en pie a pesar de todo.
  • ) Todo marchaba para mí en dirección al éxito.
  • Y ésta es la carta que ha recibido Azorín una página de nuestra historia contemporánea, un fragmento vivo, auténtico, con detalles vulgares, con rasgos épicos ¡en la realidad todo va junto! de nuestra vida de provincias literaria y política.
  • Ante todo, hay que nacionalizar la tierra.
  • Cuidadosamente colocados en una vitrina, todo limpio, todo de plata, relucen una imagen de la Virgen aragonesa, un servicio de afeitar con su palangana de collete, su jarro, su bola para jabón, seis macerinas y una bandeja cuadrada.
  • Todo esto declara una cartela le tocó a doña Eulalia Verdú y Brotóns en la rifa que se ejecutó en Zaragoza a beneficio del Santo Hospital Real y general de Nuestra Señora de Gracia el día 7 de Noviembre de 1830.
  • Yo no quiero creer, Azorín dice Verdú, que esto sea todo perecedero, que esto sea todo mortal y deleznable, que esto sea todo materia.
  • Yo siento cómo desaparece de una sociedad nueva todo lo que yo más amo, todo lo que ha sido mi vida, mis ilusiones, mi fe, mis esperanzas.
  • Y no puedo creer que aquí remate todo, que la substancia sea única, que la causa primera sea inminente.
  • Y, sin embargo, todo lo dice ya en el mundo.
  • Por todas partes, a pesar de todo, contra todo, estas ideas se van infiltrando.
  • Todo no es perecedero, todo no muere.
  • Todo le es indiferente.
  • Todo menos esos gordos capones que traen del campo y a los cuales él les pasa con amor y veneración la mano por el buche.
  • Todo menos esos sólidos jamones que chorrean bermejo adobo, o penden colgados del humero.
  • Todo menos esos largos salchichones aforrados en plata que él sospesa en la mano y vuelve a sospesar como diciendo.
  • Todo menos esas opulentas empanadas de repulgos preciosos, atiborradas de mil cosas pintorescas.
  • Todo menos esas chacinas extremeñas.
  • Todo menos esos morteruelos gustosos.
  • Todo menos esas deleznables mantecadas, menos esos retesados alfajores, menos esos sequillos, esos turrones, esos mazapanes, esos pestiños, esas hojuelas, esos almendrados, esos piñonates, esas sopaipas, esos diacitrones, esos arropes, esos mostillos, esas compotas.
  • Su mano izquierda se abate con un gesto instintivo, todo vuelve al silencio.
  • Lo que sí recuerdo es que iba todo afeitado.
  • Azorín, todo es perecedero acá en la tierra, y la belleza es tan contingente y deleznable como todo.
  • Y esa inmovilidad que los viejos pretenden poner en sus consagraciones va contra todo el orden de las cosas.
  • ¿Dónde fue a buscarla Boscán, que nos trajo aquí todo el modernismo italiano?
  • Lo que los viejos reprochan, sobre todo, a los jóvenes, maestro, son los medios violentos que emplean para echar abajo sus consagraciones, esas palabras gruesas, esos ataques furibundos.
  • Todo no puede ser uniforme, igual, gris.
  • ¡Qué importa bastón, ideas o luz! En el fondo, todo es un ideal.
  • Todo está quieto.
  • ¡Ha vuelto al alma eterna de las cosas! Todo ha tornado a quedar en silencio.
  • Todo esto, ¿qué importa?
  • Todo esto está previsto.
  • Todo esto, ¡qué grato es y cómo compensa del trabajo rudo y las tristezas! Nosotros, como el Hidalgo Manchego, tenemos algo de soñadores.
  • Y he aquí, querido Sarrió, que usted se regocija, allá en las intimidades de su espíritu, con una hecatacombe de esos patos, que son la alegría de un hombre sencillo, que, como San Bernardo, ama todo lo que Dios ha creado.
  • Luis Vives escribe que los jóvenes deben, ante todo, procurar cautela y recelo en resolver y juzgar las cosas, por pequeñas que sean.
  • Todo tiene su razón de ser en la vida.
  • Lo que a veces creemos absurdo, señor Azorín, ¡qué natural es en el hondo proceso de las cosas! Sí piensa Azorín, en el mundo todo es digno de estudio y de respeto.
  • Todo es respetable.
  • Pero si lo respetásemos todo, nuestra vida quedaría petrificada, mejor dicho, desaparecería la vida.
  • Sonríamos a todo.
  • Todo reposa en el limpio zaguán.
  • Todo cambia, todo se renueva, y hay mil pequeñeces, una expresión, una prenda de vestir, una moda de tocado que denotan al punto la edad de la persona que las usa.
  • Todo calla.
  • Les he dado la belleza, el amor y la audacia, y por encima de todo, como don supremo, he puesto en sus cerebros la inteligencia.
  • éstos eran unos hombres soberbios y ridículos que querían saberlo todo.
  • Y como al fin todo se descubre, las gentes cayeron en la cuenta de que estos buenos hombres no llevaban la inteligencia en la cabeza ni la tenían guardada en casa.
  • Y, sin embargo, esta naturalidad es lo más bello de todo.
  • Azorín lo lee todo.
  • De este modo aquí Sarrió lo era todo y lo sigue siendo mientras Azorín no era nada.
  • Todo esto lo piensa Azorín mientras arregla la maleta.
  • Entonces todo me parece malo, y un libro también ha de parecérmelo.
  • Luego me arrepiento pensando que acaso el que escribió ese libro es un buen hombre que tiene seis hijos y que trabaja todo el día en una oficina.
  • Todo está silencioso.
  • Y cuando, después de haber estado todo el día hablando y escribiendo, me retiro a casa a estas horas, yo trato de buscarme a mí mismo, y no me encuentro.
  • Todo está en silencio.
  • Yo creo que este viejo oye atentamente todo lo que dicen.
  • Todo el día he estado con él.
  • Claro replica una de las viejas, como que en la posada y el borrico se lo dejan todo.
  • Ponen en los bollos poco aceite y mucha clara, y al respective del azúcar, lo merman todo lo que pueden.
  • Todo reposa.
  • Hay en todo el término 12 pozos.
  • Brillan sobre el arroyo débiles franjas de luces que arrojan los portales, y por las callejuelas tortuosas, en todo el pueblo, con clamorosa greguería de gruñidos graves, agudos, suplicadores, iracundos, corren los cerdos.
  • Pero ella hace muchas limosnas, es piadosa, recuerda siempre a su marido que sea escrupuloso en el despacho de los negocios, y sobre todo que los despache pronto.
  • Todo es menester, comendador.
  • Y ella ha dispuesto en su testamento que todo esto sea para los pobres.
  • Todo un curso de civilización y de historia nacional se puede estudiar en estos detalles, al parecer insignificantes.
  • Los olivares suman 960 hectáreas en todo el término.
  • Al otro se destaca, recia, la iglesia de sillares rojizos, con su fornida y cuadrilátera torre achatada, y enfrente, en la ringla de casas de dos pisos, corta la blanca fachada, de punta a punta, todo a lo largo, un balcón de madera negruzca, sostenido por gruesas ménsulas talladas, y encima, en el piso segundo, se destaca, salediza, una vetusta galería.
  • Necesitaban dinero para su vida fastuosa y lo pedían a todo evento.
  • Durante todo el mes consagrado cada uno a un santo, durante todo el año, las novenas suceden a las novenas.
  • Que viven en casas pobres y visten astrosamente, sienten sus espíritus doloridos y se entregan por instinto, por herencia a estos consuelos de la resignación, de los rezos, de los sollozos, de las novenas, que durante todo el mes, durante todo el año se suceden en las iglesias sombrías, mientras las campanas plañen abrumadoras.
  • Todo esto lo he pensado rápidamente.
  • Sobre todo a mi izquierda.
  • Creemos saberlo todo y no sabemos nada.
  • El tiempo y la distancia lo borran y trastruecan todo.
  • Era la hermosura espléndida y algún tanto provocativa de Rosa, flor de carne que se abría a flor del cielo a toda luz y todo viento, la que llevaba de primera vez las miradas a la pareja.
  • Mientras su hermana Rosa abría espléndidamente a todo viento y toda luz la flor de su encarnadura, ella era como un cofre cerrado y sellado en que se adivina un tesoro de ternuras y delicias secretas.
  • Después de todo, no es fácil que se te presente mejor partido.
  • ¡Bah! bien abiertos los tienen, sobre todo las mujeres.
  • Todo lo que nos dicen los libros son pataratas.
  • El rato que pasé, Jesús Santo! ¡Todo se me volvía apartar mis ojos de ella por no cortarme.
  • ¡Pues qué duda cabe! y al decirlo le temblaba el cuerpo todo.
  • Todo lo demás de la verdad es a ella a quien se la tienes que decir luego que os caséis.
  • No, nada la tiene y lo tiene todo, según dijo Gertrudis.
  • Al ver a ésta una corriente de ánimo recorrió el cuerpo todo victorioso de la nueva madre.
  • De todo lo demás no te preocupes.
  • Yo, la tía, vendré a mis horas a ir enseñando a vuestros hijos todo aquello en que no podáis ocuparos.
  • Vivo en perpetuo sobresalto, temiéndolo todo.
  • ¡Ay, hijo, todo tiene sus riesgos y todo estado sus contrariedades! Ramiro se sobrecojía al oirse llamar hijo por su cuñada, que rehuía darle su nombre, mientras él en cambio se complacía en llamarla por el familiar Tula.
  • Todo son trabajos y aun peligros.
  • Y era que la pobre Rosa vivía como en sueños, en un constante mareo, viéndolo todo como a través de una niebla.
  • Encerróse con él en un cuarto y sacando uno de sus pechos secos, uno de sus pechos de doncella que arrebolado todo él le retemblaba como con fiebre, le retemblaba por los latidos del corazón era el derecho, puso el botón de ese pecho en la flor sonrosada pálida de la boca del pequeñuelo.
  • VII AHORA, ahora que se había quedado viudo era cuando Ramiro sentía todo lo que sin él siquiera sospecharlo había querido a Rosa, su mujer.
  • Primero el noviazgo, aquel noviazgo, aunque no muy prolongado, de lento reposo, en que Rosa parecía como que le hurtaba el fondo del alma siempre, y como si por acaso no la tuviese o haciéndole pensar que no la conocería hasta que fuese suya del todo y por entero.
  • Aquel noviazgo de recato y de reserva, bajo la mirada de Gertrudis, que era todo alma.
  • Rosa no era una hermosura cual él se la había creído y antojado, sino una figura vulgar, pero con todo el más dulce encanto de la vulgaridad recojida y mansa.
  • Aquel cojerle la cara con ambas manos y estarse en silencio mirándole al alma por los ojos y, sobre todo, cuando apoyaba el oído sobre el pecho de ella ciñéndole con los brazos el talle, y escuchándole la marcha tranquila del corazón le decía.
  • No, la oración no es tanto algo que haya de cumplirse a tales o cuales horas, en sitio apartado y recojido y en postura compuesta, cuanto es un modo de hacerlo todo votivamente con toda el alma y viviendo en Dios.
  • Oración ha de ser el comer y el beber y el pasearse y el jugar y el leer y el escribir y el conversar y hasta el dormir, y rezo todo, y nuestra vida un continuo y mudo ¡hágase tu voluntad! y un incesante ¡venga a nos el tu reino! no ya pronunciados, mas ni aun pensados siquiera, sino vividos.
  • Y ahora ahogábase Ramiro, y la congoja de su viudez reciente le revelaba todo el poderío del amor pasado y vivido.
  • Y de todo esto sacábale una de aquellas vocecitas frescas que piaba.
  • Sobre todo por las noches la soledad me pesa.
  • Me cuesta mucha pena porque sé que habría llegado a quererte y, sobre todo, porque sé lo que me quieres y lo que sufrirás con esto.
  • Los niños lo comprenden todo.
  • Todo lo que te distraiga.
  • Es decir, siempre ¡no! porque la va velando poco a poco y la oscurece del todo y otras veces parece una hoz.
  • ¡Me parece que no! Ahora que esta que vemos está iluminada la otra estará a oscuras, pero o yo sé poco de estas cosas o cuando esta cara se oscurece del todo, en luna nueva, está en luz por el otro, es luna llena de la otra parte.
  • Y después de todo, la cuestión es otra.
  • Le quiero como a un hermano, como a un más que hermano, como al padre de mis hijos, porque éstos, sus hijos, lo son míos de lo más dentro mío, de todo mi corazón.
  • Y sobre todo, yo no quiero, no debo darles madrasta a mis hijos.
  • Lo extraño es pensaba Gertrudis que a pesar de todo no quiera irse.
  • Estoy ya dispuesta a todo.
  • ¡Manuela! ¡Señora! se oyó como un gemido, y la pobre muchacha, que acurrucada junto al fogón, en la cocina, había estado oyéndolo todo, no se movió de su sitio.
  • Lo sabrá todo el mundo.
  • Hacerme que me siente a la mesa con los señores, y sobre todo con los niños.
  • Después de todo, tú lo has querido así concluía Gertrudis.
  • Todo pudiera ser.
  • Para todo eso me basto y me sobro yo.
  • ¿Me perdonas todo, Tula?
  • Además, te lo confieso, el hombre, todo hombre, hasta tú, Ramiro, hasta tú, me ha dado miedo siempre.
  • Gertrudis proveía a todo.
  • Y Gertrudis tuvo que vencer la repugnancia que la sangre, sobre todo la negra y cuajada, le producía.
  • Era, sobre todo, asco.
  • Cuidaré sobre todo de esta última, ¡pobrecilla!, la que te cuesta la vida.
  • Lo malo era que su salud no fuese del todo buena y su desarrollo difícil y hasta doliente.
  • ¡No, de mi pecado! ¡Son los hijos de mi pecado! ¡Sí, de mi pecado! ¡Pobre chica! Y le preocupaba sobre todo la pequeñita.
  • ¿Y eso es todo?
  • Y, sobre todo, el amor a la verdad, un amor en ella desenfrenado, le hizo rechazar tal tentación al punto.
  • Porque esto era lo que sobre todo le repugnaba.
  • XIX FUERA de este cuidado maternal por la pobre criaturita de la muerte de Manuela, cuidado que celaba una expiación y un culto místicos, y sin desatender a los otros y esforzándose por no mostrar preferencias a favor de los de su sangre, Gertrudis se preocupaba muy en especial de Ramirín y seguía su educación paso a paso, vigilando todo lo que en él pudiese recordar rasgos de su padre, a quien físicamente se parecía mucho.
  • Fué con Ramirín aprendiendo todo lo que él tenía que aprender, pues le tomaba a diario las lecciones.
  • Y lo que sobre todo acechaba era el alborear de la pubertad en su sobrino.
  • Que no lea mucho sobre todo, que no lea mucho.
  • Todo seriamente.
  • Y le recomendaba que cuidase sobre todo de la pequeñita, de la mansa, tranquila y medrosica Manolita.
  • Mira, Caridad le decía, cuida sobre todo de esa pobrecita, que es lo más inocente y lo más quebradizo que hay y buena como el pan.
  • Nada alegra más que un rayo de sol, sobre todo si da sobre la verdura del follaje de un árbol, y el rayo de sol no está ni alegre ni triste, y quién sabe.
  • Todo lo limpio alegra.
  • Sufría frecuentes embaimientos, desmayos, y durante días enteros lo veía todo como en niebla, como si fuese bruma y humo todo.
  • Veo todo como empañado.
  • Y en cuanto a Rosita y Elvira, sí, son sus hermanas, la quieren como tales, pero no entienden de eso, y además la pobre, aunque se aviene a todo, no se halla sin mí.
  • Un simple vaso de agua que yo le sirva le hace más provecho que todo lo que los demás le podáis hacer.
  • Volvióle todo el luminoso y fuerte aplomo de sus días más heroicos.
  • Además, como todo ha de ser inútil.
  • Sé que lo sabes, pero no todo.
  • No, todo no.
  • Pues yo he oído decir que lo sabía todo.
  • No, no lo sabía todo.
  • Apenas si distinguía a sus sobrinos más que por el paso, sobre todo a Caridad y a Manolita.
  • Haré todo lo que pueda.
  • Porque yo querría contarles todo a los que me llaman.
  • Guardaba todo su saber, todo su espíritu.
  • Y todo esto lo sabía Manolita, a quien se lo había enseñado la Tía, que desde muy joven paró su atención en la vida de las abejas y la estudió y meditó, y hasta soñó sobre ella.
  • A su cuñada, a Caridad, le iba sobre todo con quejas de su marido.
  • Sé que Ramiro podrá tener, como todo hombre, sus defectos.