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Frases que tengan las palabras: ¡Qué y lástima

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Frases con: ¡Qué y lástima

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Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • Tanto hablar de París, y cuando Barbarita creía ver entrar a su hijo hecho una lástima, todo rechupado y anémico, se le ve más gordo y lucio que antes, con mejor color y los ojos más vivos, muchísimo más alegre, más hombre en fin, y con una amplitud de ideas y una puntería de juicio que a todos dejaba pasmados.
  • No puedes figurarte decía a su marido, al salir de un taller, cuánta lástima me dan esas infelices muchachas que están aquí ganando un triste jornal, con el cual no sacan ni para vestirse.
  • Impresionó penosamente a la compasiva Jacinta aquella estampa de miseria en traje de persona decente, y más lástima tuvo cuando le vio saludar con urbanidad y sin encogimiento, como hombre muy hecho al trato social.
  • ¡Qué lástima! exclamó Ido.
  • ¡Qué hombre! Se finge el loco para que le tengan lástima y le den dinero.
  • Le miraba con más lástima que enojo, y con cierta tranquilidad relativa, como se miran los males ya muy añejos y conocidos.
  • Pues lástima, una lástima que no puede ponderarle, por lo grande que es.
  • Me da mucha lástima de usted.
  • Vio al Pituso, le dio lástima, le gustó.
  • Llegada la noche, inquietó a Barbarita la tardanza de Jacinta, y cuando la vio entrar fatigadísima, el vestido mojado y toda hecha una lástima, se encerró un instante con ella, mientras se mudaba, y le dijo con severidad.
  • Me puedes creer, como esta es noche, que Fortunata no me inspiraba sino lástima.
  • Lástima que no sea nuestro.
  • Entretanto cuidaba de su hermano pequeño, por quien sentía un cariño que se confundía con la lástima, a causa de las continuas enfermedades que el pobre chico padecía.
  • ¡Qué lástima que no sea honrada! pensaba.
  • ¡Qué lástima que no estuviera allí su tía.
  • Lástima que no fuera tiempo de alcachofas, porque las hubiera traído para el arroz.
  • Pero ¡cuánto más aprovechadas las lecciones si el maestro fuera otro, sin aquella destiladera de nariz, sin aquella cara deslucida y muerta, sin aquel cuerpo que no parecía de carne, sino de cordilla! Esta antipatía de Fortunata no estorbaba en ella la estimación, y con la estimación mezclábase una lástima profunda de aquel desgraciado, caballero del honor y de la virtud, tan superior moralmente a ella.
  • Al acercar la mano a su nariz, hízolo con ademán tan majestuoso, que es lástima no lo reprodujera un buen maestro de escultura.
  • Estaba lívido, y la señora debió de sentir lástima cuando le vio entrar en su gabinete, como el criminal que entra en la sala de juicio.
  • Iv Este símil hubo de impresionar vivamente a la gran doña Lupe, que contempló un rato a su sobrino con más lástima que ira.
  • No te echo de mi casa por lástima, porque espero que todavía has de arrepentirte y me has de pedir perdón.
  • Estaba pálido y daba lástima verle.
  • Si ha de decirse verdad, Maxi inspiraba aquel día a su novia un sentimiento de cariño dulce y sosegado, con su poquillo de lástima.
  • Aquel resentimiento que se inició en su alma iba trocándose poco a poco en lástima, porque Manolita le repitió hasta la saciedad que Jacinta sufría desdenes y horribles desaires de su marido.
  • Me daba tanta lástima que le dije, digo.
  • Yo era la señora por delante de la Iglesia, ella por detrás, y lo más particular es que yo no le tenía tirria, sino lástima, porque yo paría un chiquillo todos los años, y ella.
  • Chica, no seas tonta, no te rebajes, no le tengas lástima, que ella no la tuvo de ti cuando te birló lo que era tuyo y muy tuyo.
  • La última que cambió algunas palabras con ella fue Fortunata, que la siguió hasta el vestíbulo movida de lástima y amistad, y aún quiso arrancarle alguna declaración de arrepentimiento.
  • Todos dirigían al pobre jaquecoso miradas de lástima y algunos le proponían remedios extravagantes.
  • Daba lástima verle.
  • Es lástima que Nicolás se haya ido a Toledo hace dos días, pues si estuviera aquí, él daría pasos por su hermano, y con seguridad le sacaría hoy mismo de la cárcel, porque los curas son los que más conspiran y los que más pueden con el Gobierno.
  • ¡Infeliz chico! decía Fortunata, el odio que le he tomado, no es odio verdadero sino lástima.
  • Es que Fortunata no servía para cortesana, y sus fingimientos eran tan torpes que daba lástima verla fingir.
  • Y con desdén que tenía algo de lástima, hubo de soltar su presa, que cayó inerte a un lado del camino, en una especie de hoyo o surco.
  • Los que le rodeaban le tenían lástima.
  • Después de expresar con un gran suspiro la lástima que tenía de este pobre país, seguía tomando su café con indolencia, pero con apetito, porque para Don Basilio era verdadero alimento, y lo tomaba colmado, en vaso, y dejando rebosar todo lo posible en el plato para trasegarlo después frío al vaso.
  • Volvió a poner el palillo entre los dientes y miraba a sus amigos con cierta lástima.
  • Feijoo se arrimaba a él y le daba conversación, por lástima, animándole y procurando distraerle de su tema.
  • Lástima grande no volver a la tertulia de Pedernero para ponerle verde, porque ya sabía lo bastante para pasarse a todos los teólogos por la nariz.
  • ¡Pobre mujer! exclamó ella, respondiendo al intento de Juan, que empezaba por hacer a la otra digna de lástima.
  • ¡Lástima de Rey! Yo le dije.
  • ¡Qué lástima, compañero! pensaba, que no tengas veinte años menos.
  • De veras que es una lástima.
  • ¡Qué lástima, compañero, qué lástima!
  • La mayor, que es la más estirada, levantó las cejas, y mirándome como con lástima, y echando aquella voz tan fina, pero tan fina que parece que se la han hecho las arañas, fue y me dijo, dice.
  • Es lástima que teniendo buen fondo, buen corazón.
  • Se la encontró en casa de unos vecinos, y le dio lástima, y qué sé yo qué.
  • ¡Caridad, lástima, arrepentimiento.
  • ¡Lástima, arrepentimiento!
  • Fortunata le miraba y sentía una lástima profunda.
  • Quizás esta lástima refrescaba el cariño fraternal que había empezado a marchitarse.
  • ¡Pobre chico! La lástima que Fortunata sentía, apagaba en su espíritu la aversión, o al menos la escondía, como en un repliegue, no permitiéndole manifestarse.
  • ¡Lástima de chica! Su perfil elegante, la mirada, la expresión, eran de lo poco que se ve.
  • Después se llegó a ella y le cogió una mano, diciéndole con profunda lástima.
  • ¡Pues estamos divertidas! dijo doña Lupe a Fortunata, que daba suspiros mirando a su marido con lástima intensísima.
  • Por eso conviene que la liberación sea con el menor dolor posible, porque la misma alma, con toda su fortaleza, se amilana, siente lástima de la bestia carcelera e intercede por ella.
  • Es lástima que teniendo todos los medios de ser feliz no lo sea.
  • Pero eso no quita que una le tenga lástima.
  • A mí también me dio lástima cuando lo supe.
  • Sentía hacia él cariño semejante al que inspira un niño enfermo, efusión de lástima que protege y que no pide nada.
  • Y era lástima que tan bonito capital se destruyese.
  • ¡Qué días tan felices! Lástima que yo no hubiera tenido veinte años menos.
  • La gente me mira con lástima, como a un enfermo.
  • Fuese hacia él, movido de lástima, y le preguntó lo que tenía.
  • ¡Pobrecito!, me da mucha lástima.
  • Lástima grande, porque el discurso que llevaba preparado para convencer a la señora era admirable, y una roca se ablandaría oyéndolo.
  • No tenerle ninguna lástima.
  • ¡y sería lástima, ahora que estoy tan cuerdo.
  • Y me inspira lástima lo que va a nacer, porque es un dolor que viva pobre viniendo de quien viene.
  • ¡Lástima de mujer!
  • Mirando al profesor con lástima, Maxi dijo a su esposa.
  • Me da mucha lástima, porque sé lo que es andar mal de la cabeza.
  • ¡Pobre niño!, tengo lástima de él.
  • ¡Lástima de agua del bautismo la que te echaron! Tramposa, chalana.
  • ¡Lástima de corazón echado a los perros.
  • ¡Matarle a él!, ¿sabe usted que me da lástima?
  • Guillermina sentía tanto asombro como lástima ante las demostraciones de aquel buen hombre que con tanta franqueza se expresaba.
  • No podía apartar su pensamiento de la persona que un poco más arriba, en la misma casa, había dejado de existir aquella mañana, y se maravillaba de notar en su corazón sentimientos que eran algo más que lástima de la mujer sin ventura, pues entrañaban tal vez algo de compañerismo, fraternidad fundada en desgracias comunes.
  • ¡Qué lástima, hijo, qué lástima! Tenemos que volver a las duchas y al bromuro de sodio.
  • Lástima de mujer.
  • Entró en la tienda hecho una lástima, oliendo todavía a estiércol y a requesón agrio, como si acabase de abandonar el corral de ganado.
  • Pero en su interior ¡cuántos tormentos! Si alguna amiga las saludaba desde su carruaje con expresión cariñosa, las tres creían adivinar cierto asomo de lástima, y enrojecían bajo la capa de blanquete que cubría sus mejillas.
  • Las tres llevaban dentro de sí, como implacable enemigo, su propio pensamiento, que las hacía ver la burla y la lástima en todas partes, y hasta creyeron algunas veces que personas conocidas fingían distracción por no saludarlas.
  • Ahora reaparecía la altivez de su carácter, estremeciéndose al pensar en la mortificante lástima con que se hablaría de su ruina.
  • Y el señor Cuadros salió de la casa satisfecho de sí mismo, bufando de satisfacción, contoneándose como un joven y mirando con cierta lástima a su hijo, que caminaba al lado de él tímido y encogido.
  • ¡Oh, ese hombre! ¡Ese pillo! ¡Da lástima ver tanto desesperado, tantos padres de familia dispuestos a matarse o a matar a ese granuja si le pillan! El muy ladrón debió saber antes que nadie lo de la baja, y.
  • ¡Gran lástima! Don Diego me tomó el dedo del corazón y, al fin, entre los cinco me levantaron, y al alzar las sábanas fue tanta la risa de todos viendo los recientes no ya palominos sino palomos grandes, que se hundía el aposento.
  • Retiraba el ladrón con las ancas de la mano que era lástima.
  • La muchacha quedó satisfecha y con lástima de mi caída, mas el don Diego cobró mala sospecha de lo del letrado, y fue totalmente causa de mi desdicha, fuera de otras muchas que me sucedieron.
  • Esto he dicho para que se me tenga lástima de ver a las manos que vine y se ponderen mejor las razones que me dijo.
  • ¡Es lástima! exclamó Iturrioz ¡Este muchacho ahora, marchaba tan bien! Andrés, al oir lo que decían, sintió que se le traspasaba el alma.
  • Tanta lástima haya Dios de mí como yo había dél, porque sentí lo que sentía, y muchas veces había por ello pasado y pasaba cada día.
  • Con todo, le quería bien, con ver que no tenía ni podía más, y antes le había lástima que enemistad.
  • Dios es testigo que hoy día, cuando topo con alguno de su hábito, con aquel paso y pompa, le he lástima, con pensar si padece lo que aquél le vi sufrir.
  • Y no tenía tanta lástima de mí como del lastimado de mi amo, que en ocho días maldito el bocado que comió.
  • ¡Lástima que se cruzaran con esos Aguirres de cabeza redonda! No te preocupes por eso le suelo decir yo, riendo.
  • Fué lástima que no tuviéramos el cañón de la cueva del río para saludar con salvas nuestra primera conquista.
  • Es una lástima les dijo una vez Garmendia que los vascongados, a pesar de ser tan religiosos, sean tan borrachos.
  • ¡Lástima de hombre! Tenía grandes condiciones de previsor y de organizador.
  • La pobre muchacha me dio lástima.
  • Otras me daba lástima verle entregado sin defensa a la brutalidad de sus verdugos.
  • Pero ya éste me daba lástima.
  • Pero luego me produjo lástima y desprecio, comprendiendo que estaba en uno de sus arrebatos de locura, de insensatez.
  • La señora de Ohando dijo que era una lástima que aquellos niños fuesen a vivir con un hombre desalmado, sin religión y sin costumbres, capaz de decir que saludaba con más respeto a un perro de aguas que al señor párroco.
  • La lástima es que quede un arma inútil.
  • Creo que le ha tenido a usted lástima al saber que no es usted español dijo Martín.
  • Es lástima.
  • No cesaba de hacerme toda clase de caricias, y al saber que yo también iba a la escuadra, se lamentó de ello, jurando que sería una lástima que perdiese un brazo, pierna o alguna otra parte no menos importante de mi persona, si no perdía la vida.
  • La persuasión de la victoria estaba tan arraigada en mi ánimo, que me inspiraban cierta lástima los ingleses, y les admiraba al verles buscar con tanto afán una muerte segura.
  • Después de este combate moral vi a Malespina con gozo porque estaba vivo, y con lástima porque estaba herido.
  • ¡Qué lástima de valor! Todo se perdió como un tesoro que cae al fondo del mar.
  • Lástima es dije yo, que estos hombres no hayan tenido un jefe digno de su valor, ya que no se les encargó del mando de la escuadra.
  • Sí que es lástima, y verá usted lo que pasó.
  • Miró don Saturno con sonrisa de lástima y dijo.
  • ¡Lástima concluía Obdulia, sin sentir lástima, que un bijou tan precioso se guarde en tan miserable joyero!
  • Pero su pena de niña, la injusticia de acostarla sin sueño, sin cuentos, sin caricias, sin luz, la sublevaba todavía y le inspiraba una dulcísima lástima de sí misma.
  • Hola, hola dijo Mesía, sonriendo de pura lástima.
  • Daba lástima.
  • Pensó en sí misma, en su vida consagrada al sacrificio, a una prohibición absoluta del placer, y se tuvo esa lástima profunda del egoísmo excitado ante las propias desdichas.
  • ¡Cuántas veces sonreía el Magistral con cierta lástima al leer en un autor impío las aventuras ideales de un presbítero! ¡Qué de escrúpulos! ¡qué de sinuosidades! ¡cuántos rodeos para pecar! y después ¡qué de remordimientos! Estos liberales añadía para sí ni siquiera saben tener mala intención.
  • ¡Lástima que tantos y tantos millones de hombres como viven en las tinieblas de la idolatría, de la herejía, etc., no tuviesen el talento natural de los vetustenses apiñados en el crucero de la catedral, alrededor del público! La salvación del mundo sería un hecho.
  • Como un mal clérigo, que abusa del confesonario, sabía don Álvaro flaquezas cómicas o asquerosas de muchos maridos, de muchos amantes, sus antecesores, y en el número de aquellas crónicas escandalosas entraban, como parte muy importante del caudal de obscenidades, las pretensiones lúbricas de los solicitantes, sus extravíos, dignos de lástima unas veces, repugnantes, odiosos las más.
  • Se tuvo una lástima tiernísima.
  • Como otras veces, Ana fue tan lejos en este vejamen de sí misma, que la exageración la obligó a retroceder y no paró hasta echar la culpa de todos sus males a Vetusta, a sus tías, a Don Víctor, a Frígilis, y concluyó por tenerse aquella lástima tierna y profunda que la hacía tan indulgente a ratos para con los propios defectos y culpas.
  • Aquellos pinchazos que sentía en el orgullo, y en algo más guardado, más de las entrañas, los necesitaba ya, como el vicioso el vicio que le mata, que le lastima al gozarlo.
  • Tener lástima de los niños pobres.
  • ¡Lástima, pensaba el caballero, que me coja tan lejos, y a caballo, y sin poder apearme decorosamente, este momento crítico !
  • Se figuró que el jefe del partido liberal dinástico la entendía, que no era como aquellos vetustenses de cal y canto que hasta se sonreían con lástima al oír tantos versos bonitos, sonorosos, pero sin miga, según aseguró don Frutos en el palco de la marquesa.
  • Pues bien, ella de una en otra, al sentir lástima de aquella inocente enamorada.
  • Si usted me viera por dentro me tendría lástima.
  • Todas estas incomodidades se aglomeraron en la imaginación de don Víctor, que escupió bilis repetidas veces, y se levantó lleno de lástima de sí mismo.
  • Oyendo, sin piedad y sin indignación, sin lástima siquiera, necedades monótonas, tristes.
  • Se acordaba de las dudas de los filósofos y los ensueños de los teólogos y le daban lástima.
  • Pero en cuanto le vio salir tropezando, ciego de amor y pena, creía ella, una lástima infinita le inundó el alma, y tembló de miedo.
  • Sobre todo ahora, que tenía más que hacer, algo mejor y más dulce que odiar y perseguir a miserables, dignos de desprecio y de lástima.
  • Quien está arriba es don Antero, el cura de la parroquia, el pobre es un bendito, un fanático digno de lástima y cree cumplir con su deber.
  • ¡Y se había marchado así! Una profunda lástima y una gratitud que parecía amor invadieron el ánimo de Ana en aquel instante.
  • ¡Lástima que la campaña me coja un poco viejo!
  • De Pas sintió una lástima que le pareció vergonzosa.
  • ¡Tener lástima de mí! ¡Que tenga alguno lástima de mí! Yo no tengo madre.
  • Entonces el amor de don Fermín sintió la lástima inefable que sólo el amor puede sentir.
  • Hasta del mal ladrón le estaba dando lástima en aquel momento.
  • ¡Cuánta mayor lástima le daría del Magistral que, según ella, no era ladrón, ni malo ni bueno!
  • Le daba lástima de aquel hijo que enfermo, triste, tal vez desesperado, iba por ella a continuar la historia de su grandeza, de sus ganancias.
  • De todas suertes, Ana ya no le tenía lástima.
  • Temía sobre todo que si rompía sus relaciones devotas con él, volviese una reacción de lástima, arrepentimiento y piedad imaginaria que la arrastrase a otra locura como la del viernes Santo.
  • Benítez mascaba el cigarro y miraba a don Víctor, que abría mucho los ojos, con expresión misteriosa de lástima un poco burlesca.
  • ¡Don Fermín! ¡don Fermín! ¡espere usted en nombre de la humanidad! De Pas se detuvo, se volvió, le miró desde arriba con lástima y disimulando la ira, y le dijo lo menos malo de cuanto se le ocurría.
  • Probecicos y da lástima verles.
  • Pero él no pedía más que lástima, y la dicha de que le dejaran hablar, de hacerse oír y de no ser tenido por un libertino vulgar, necio, que era lo que el vulgo estúpido había querido hacer de él.
  • Que ella lo había hecho por afición a una persona, que no había por qué ocultarlo, y por lástima de otra, casada con un viejo chocho, inútil y chiflao que era una compasión.
  • Y pensaba además que su madre al meterle por la cabeza una sotana le había hecho tan desgraciado, tan miserable, que él era en el mundo lo único digno de lástima.
  • Y ni siquiera lástima le podía tener el mundo, ni su madre que creía adorarle, podía darle consuelo, el consuelo de sus brazos y sus lágrimas.
  • El dolor, la lástima de sí mismo, trajeron a su pensamiento ideas más naturales y oportunas que las que despertara, entre fantasmas de fiebre y de insomnio, la indignación contrahecha por las lecturas románticas y combatida por la pereza, el egoísmo y la flaqueza del carácter.
  • Después volvía la lástima tierna de sí mismo, la imagen de la vejez solitaria.
  • ¿Hecha una lástima?
  • Nucha sintió lástima, imaginándose que sollozaba con desconsuelo.
  • El mismísimo enemigo malo, ¡Dios me perdone! No le tenga lástima, señorita.
  • Y mirándole a la cara y viéndola tan consumida, con la piel terrosa, los ojos mayores y más vagos, la hermosa boca contraída siempre, menos cuando sonreía a su hija, calculaba que la señorita, por fuerza, debía saberlo todo, y una lástima profunda le inundaba el alma.
  • Lástima que la sangre no se compre en la tienda.
  • Presentábase a lo mejor con una rana atada por una pata, perneando en grotescas contorsiones, o llegaba ufanísimo con un ratón acabadito de nacer, tan chico y asustado, que daba lástima.
  • Lo encontré ahí, en la calle, abandonado y medio muerto, me dió lástima, le traje, le di de comer, le curé y aquí le tengo y lo acariciaba en su regazo y le daba besos en el hocico.
  • Se empeñó, me hostigó, no me dejaba en paz y acabó por darme lástima.
  • Me das lástima.
  • ¡Pobre criatura! exclamó Ramiro sintiendo que se le derretían de lástima las entrañas a la vista de aquel mezquino rollo de carne viviente y sufriente.
  • Mas luego que le hubo así despachado entróle una desdeñosa lástima, un lastimero desdén de aquel hombre.