¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras Llegar, a y ser aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 3 palabras.
Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.
- No tardó, pues, en aflojar la cuerda a la manía de las lecturas, hasta llegar a no leer absolutamente nada.
- Ayudado por Don Baldomero y Arnaiz, Gumersindo empezó a traer batistas finísimas de Inglaterra, holandas y escocias, irlandas y madapolanes, nansouk y cretonas de Alsacia, y la casa se fue levantando no sin trabajo de su postración hasta llegar a adquirir una prosperidad relativa.
- Pero al llegar aquí, me veo precisado a cortar esta hebra, y paso a referir ciertas cosas que han de preceder a la boda de Jacinta.
- Al llegar a la esquina de la Cava de San Miguel, vio al sereno.
- Al llegar, los dos se reían de la formalidad con que habían hecho aquel viaje, pues la presencia de personas extrañas no les dejó ponerse babosos.
- Retiráronse de muy buen humor a la fonda, y al llegar a ella vieron que en el comedor había mucha gente.
- Pero al llegar a la estación de Jerez, ocurrió algo que hizo revivir inesperadamente lo que ambos querían olvidar.
- Largo rato charlaron, mezclando las discusiones con los cariños discretos (por que en Sevilla entró gente en el coche y no había que pensar en la besadera ), y cuando vino la noche sobre España, cuyo radio iban recorriendo, se durmieron allá por Despeñaperros, soñaron con lo mucho que se querían, y despertaron al fin en Alcázar con la idea placentera de llegar pronto a Madrid, de ver a la familia, de contar todas las peripecias del viaje (menos la escenita de la noche aquella) y de repartir los regalos.
- Arnaiz y Estupiñá disputan, sin llegar a entenderse, sobre si el tronco de los Morenos estuvo en una droguería o en una peletería.
- Al llegar a la esquina de la plazuela de Pontejos y cuando iba a atravesar la calle para entrar en el portal de su casa, que estaba enfrente, oyó algo que la detuvo.
- Al llegar al cuarto acto, Jacinta sintió aburrimiento.
- Al llegar a este grado de su lastimoso acceso, el infeliz Ido ya no tenía atadero.
- Jacinta fue allí, y antes de llegar ya estaba abriendo su portamonedas.
- (se ahogaba al llegar a esta parte de su pensamiento) si es verdad que los hijos que no le nacen en mí le nacen en otra.
- Bueno, pues antes de llegar a ella hay una casa en construcción.
- Aquel desventurado era como otros muchos seres que se pasan la mayor parte de la vida fuera de su sitio, rodando, rodando, sin llegar a fijarse en la casilla que su destino les ha marcado.
- Izquierdo debía llegar, a los cincuenta y un años, al puesto que la Providencia le asignara en el mundo, y que bien podríamos llamar glorioso.
- Jacinta, en tanto, quería llegar a un arreglo ofreciendo la mitad.
- Los chicos, con sus bufandas enroscadas en el cuello, cargaban rabeles, nacimientos de una tosquedad prehistórica o tambores que ya iban bien baqueteados antes de llegar a la casa.
- Llegar y ponerse malo el pobre niño fue todo uno.
- Durante la suspensión se trató de llegar a una inteligencia.
- Pero al llegar, la imagen que llevaba consigo, como hechura de sus propios ojos, se desvanecía en la realidad.
- En estas excursiones podía muy bien emplear dos horas sin cansarse, y desde que se daba cuerda y cogía impulso, el cerebro se le iba calentando, calentando hasta llegar a una presión altísima en que el joven errante se figuraba estar persiguiendo aventuras y ser muy otro de lo que era.
- Al llegar aquí, un pensamiento que desde el principio de aquellos amores tenía muy guardadito, porque no quería manifestarlo sino en sazón oportuna, se le vino a los labios.
- Pero aquello de llegar y en la misma estación coger el billete y zas.
- Al llegar a este punto, Papitos no entendió ni jota de lo que su señorito le decía.
- Al llegar aquí, el orador se embarulló algo, y no ciertamente por miedo a la dialéctica de su contrario.
- Pero tampoco podía decir otra, porque si en el fondo de su ánimo empezaban a levantarse olas de entereza, esas olas reventaban y se descomponían antes de llegar a la orilla, o sea a los labios.
- Al llegar aquí Torquemada sacó su sebosa petaca.
- Doña Lupe, al llegar aquí, se engolfó en cavilaciones tan abstrusas que no es posible seguirla.
- Y como Fortunata no le debe dinero, ni se lo deberá nunca, porque estoy yo para impedirlo, ha de llegar día en que sean amigas.
- A esto no llegó ni podía llegar la de Jáuregui, porque tenía ciertas delicadezas de índole y de educación que se sobreponían a sus enconos de usurera.
- Juan Pablo, al llegar a Madrid, escribió a Nicolás para que también viniese, con objeto de estar reunidos los tres hermanos y tratar de la partición.
- Estaba Papitos arreglando el cuarto de sito Maxi, donde se puso la cama para el cura, que debía llegar al día siguiente por la mañana.
- Puedo llegar a quererle con el trato.
- Si pasado un plazo prudencial, me resulta usted en tal disposición de espíritu que yo la crea digna de ser mi hermana política, podría quizás llegar a serlo.
- ¡qué le vamos a hacer! Al llegar esta hora se me pone aquí un perrito.
- Calculo que esto es como cuando una teme llegar a la cosa más mala del mundo y dice una.
- A tal extremo hubo de llegar en esto, que Fortunata quedose en ayunas de muchas cosas que le oyó.
- Tanta piedad podía llegar a ser una desgracia para él, porque si Fortunata se entusiasmaba mucho con la religión y se volvía santa de veras, y no quería más cuentas con el mundo, sino quedarse allí encerradita adorando la custodia durante todo el resto de sus días.
- Desde que pasaba de la iglesia de Chamberí veía el disco de la noria, y ya no le quitaba los ojos hasta llegar próximo a él.
- Un tanto fatigadas se sentaron en el suelo, y entonces Mauricia, arrastrándose hasta llegar junto a su compañera, le dijo.
- Veía la joven con gusto llegar la ocasión de aquellas visitas, las deseaba y las esperaba, porque Maximiliano era el único lazo efectivo que con el mundo tenía, y aunque el sentimiento religioso conquistara algo en ella, no la había desligado de los intereses y afectos mundanos.
- Después dio la vuelta para allá y volvió a pasar entre vosotras sin que la vierais, hasta llegar mismamente a aquel árbol.
- Aunque andaba muy aprisa, tardaba mucho tiempo en llegar al altar, porque la capilla, que era tan chica, se había vuelto muy grande.
- Y la sacrílega, al llegar bajo el coro, empezaba a sentir miedo de aquella mirada.
- Al llegar junto a los almacenes de la Villa, pasó junto a varios chicos, barrenderos, que estaban sentados en sus carretillas con las escobas en la mano.
- Allí donde la penitente no podía llegar con su sinceridad, llegaba el penitenciario con sus preguntas de gancho.
- Al llegar frente a la iglesia, sacola de este embebecimiento un ruido de pasos que sintió tras sí.
- Al llegar a su casa estaba más tranquila.
- Apresuró el paso todo lo que pudo, y al llegar a su calle.
- Subió el joven farmacéutico tan rápidamente la escalera, que al llegar arriba no podía respirar.
- Después bajó, y al llegar a los Almacenes de la Villa, otra vez para arriba.
- El furor del Delfín no fue tanto que se le ocultara el peligro de llegar a un homicidio, abusando de su superioridad.
- Al llegar aquí Juan se asustó, creyendo que se le había ido un poco la lengua, y cayó en la cuenta de que si Fortunata era como él decía, si no tenía complexión viciosa, mayor, mucho mayor era la responsabilidad de él por haberla perdido.
- Al llegar a Madrid, y ver la gente de capa, las mujeres con mantones, las calles mal adoquinadas, y los caballos de los coches como esqueletos, no veo la hora de volverme a marchar.
- Lo que tenía que llegar, por la sucesión infalible de las necesidades humanas, llegó.
- Al llegar aquí, Don Evaristo tenía que alzar mucho la voz para hacerse oír, porque en la calle se situó un pianito de manubrio, tocando polkas y walses.
- Salieron, pues, juntos, y antes de llegar a la puerta, vio el anciano que le cortaba el paso una figura macilenta y sepulcral.
- No espere usted a llegar a viejo y a ver de cerca la muerte para creer que somos algo más que montoncitos de basura animados por fuerza semejante a la electricidad que hace hablar a un alambre.
- Se han dado casos, pero muchos casos, de mujeres unidas por fuerza a un hombre aborrecido, y que le han ido tomando ley poquito a poco hasta llegar a ponerse más tiernas que la manteca.
- Y con chiquillos, ya llevas más de la mitad del camino andado para llegar al sosiego que te recomiendo, pues en criarlos y en cuidarlos se te desgastará el sentimiento que de sobra tienes en esa alma de Dios, y te equilibrarás, y no harás más tonterías.
- Al llegar y reconocer el número de la casa, entrole tal espanto, que se retiró, huyendo de la calle y del barrio.
- Si queréis llegar a un acuerdo, en hora buena sea, y si no queréis, también.
- Doña Lupe la interrogó, y enterada la otra de que iban a ver a su hermana, hizo gustosamente de introductora, guiándolas por el sucio portal, la menos sucia y tortuosa escalera, hasta llegar al corredor.
- La impresión de este contacto corríale por el brazo arriba hasta llegar al corazón.
- Le temblaban tanto las piernas, que al llegar a la calle apenas podía andar.
- Siguió ella tras el entierro, y al llegar a la parte baja de la calle de Toledo, tomó a la derecha por la calle de la Ventosa y se fue a la explanada del Portillo de Gilimón, desde donde se descubre toda la vega del Manzanares.
- Al llegar a esta parte de la reprimenda que Segismundo le espetaba más en serio que un ladrillo, Rubín se había tranquilizado tanto, que casi estaba dispuesto a oírle con benevolencia y hasta con jovialidad.
- Mire que va a jorobar al paciente, y la saliva que eche va a llegar hasta aquí.
- Mira tú por dónde podríamos llegar a entendernos le dijo una tarde que la volvió a coger a mano para el caso.
- En cuanto vio llegar a su marido, fue a ver qué se le ofrecía, pues algo desusado debía de ser.
- Al llegar la hora de comer, Maxi se despabiló un poco, resistiéndose a tomar alimento.
- ¡Ay, qué corazón, maldito fuelle! Despacito, tiempo hay de llegar arriba.
- No se resistía a tomar el alimento ni las medicinas, sometiéndose silenciosamente a cuanto se le mandaba, como si lo dominante, en aquella fase del proceso encefálico, fuera la anulación de la voluntad, el no ser nada para llegar a serlo todo.
- Pues déjame a mí, que como yo coja el cabo del hilo, hemos de llegar a la otra punta.
- ¡Bueno se iba a poner Feijoo, al saber que la chulita había hecho mangas y capirotes de la doctrina práctica expuesta con tanto ardor y cariño por el simpático anciano, cuando dispuso la separación! ¡Cuánto mejor no haberse separado de aquel hombre sin igual! ¡Ella le habría soportado en su vejez caduca, y habría sido feliz cuidándole como se cuida a un niño inocente! Al llegar a la Plaza de los Carros, y al ver la calle de Don Pedro, pensó que no tendría valor para contarle a su amigo sus últimas calaveradas.
- Nunca pudo la señora de Rubín llegar en sus cavilaciones a una solución terminante en este punto oscurísimo.
- Tres días después de esto, al entrar en la botica, notó que Ballester y Quevedo hablaban, y que al verle llegar a él, se callaron súbitamente.
- Al llegar a la calle del Ave María, Rubín se pasó a la acera de los impares y se puso en acecho en la esquina de la calle de San Simón, en la sombra.
- Don Francisco acababa de llegar y se estaba acostando.
- Y cuentan las crónicas platónicas, que antes de llegar a la mitad del segundo juego, las pobres fichas se quedaron solas.
- Con ella pude llegar a considerarte mujer extraña, madre de hijos que yo no podía tener, y con ella me he revestido de serenidad y conformidad.
- Y en alta voz, viendo al desgraciado Ido llegar otra vez hasta la puerta de la alcoba y mirar hacia dentro con los ojos de estúpido.
- La escena tomó aún peor carácter con la aparición de doña Casta, que hubo de llegar a la tienda en aquel instante, y enterada de la zaragata, subió renqueando, y entró en el teatro del dramático suceso, dando gritos.
- Pero al llegar, decía en alta voz como si hablara con un ser invisible.
- Deseosa de llegar antes, abandonó á la vaca y al ternerillo, y las dos bestias siguieron su marcha tranquilamente, como quien no se preocupa de las cosas ajenas y tiene el establo seguro.
- Al ver llegar á su mujer con los ojos asombrados y el pobre pecho jadeante, Pimentó cambió de postura para escuchar mejor, recomendándola que no se aproximase á las varitas.
- La mayor parte de lo que cosechaba en sus campos se lo comía la familia, y los puñados de cobre que sacaba de la venta del resto en el Mercado de Valencia desparramábanse, sin llegar á formar nunca el montón necesario para acallar á don Salvador.
- Al llegar Batiste á las inmediaciones de la taberna de Copa, un hombre apareció en el camino saliendo de una senda inmediata y marchó hacia él lentamente, dando á entender su deseo de hablarle.
- Y sin embargo, la pobre hilandera, al llegar cerca de allí, deteníase indecisa, temblorosa, como las heroínas de los cuentos ante la cueva del ogro, dispuesta á meterse á campo traviesa para dar vuelta por detrás del edificio, á hundirse en la acequia que bordeaba el camino y deslizarse agazapada por entre los ribazos.
- Si abandonó el camino, fué por llegar antes á la barraca de Pimentó.
- Fué poco á poco retrocediendo hasta llegar al camino y se sentó en un ribazo con la escopeta á sus pies.
- Otros labriegos, que habían mostrado gran hostilidad contra la familia, no osaban llegar hasta la barraca y permanecían en el camino, formando corro.
- Por allí andaba Pimentó, que acababa de llegar de la taberna con cinco músicos, tranquila la conciencia después de haber estado durante algunas horas junto al mostrador de Copa.
- Todo exige un principio, y si los tiempos eran buenos, á este dinero se uniría otro y otro, y ¡quién sabe si al llegar los chicos á la edad de las quintas podría librarlos con sus ahorros de ir á servir al rey como soldados! La reconcentrada y silenciosa alegría de la madre notábase también en Batiste.
- Tenían sus apasionados, que se encargaban de ocupar el cuarto sitio en la partida, y al llegar la noche, cuando la masa de espectadores se retiraba á sus barracas, quedábanse allí viendo cómo jugaban á la luz de un candil colgado de un chopo, pues Copa era hombre de malas pulgas, incapaz de aguantar la pesada monotonía de esta apuesta, y así que llegaba la hora de dormir cerraba su puerta, dejando en la plazoleta á los jugadores después de renovar su provisión de aguardiente.
- Algunos minutos antes de llegar á su vivienda, cerca de la alquería azul donde las muchachas bailaban los domingos, el camino se estrangulaba, formando varias curvas.
- Pero al llegar arriba no le vió.
- Pero antes de llegar al Principal hubo de detenerse entre sorprendida y medrosa.
- Doña Manuela detúvose al llegar frente a la tienda y abarcó su exterior con una ojeada.
- En fin, un buen golpe de gente joven y alegre, que bailaría, cantaría y sabría divertirse sin faltar a la decencia, hasta llegar la hora de la misa del Gallo.
- Al llegar el invierno, aparecía siempre en la plaza algún aragonés viejo llevando a la zaga un muchacho, como bestezuela asustada.
- Finalizaba la sopa cuando entró Rafaelito, sudoroso, sofocado, como si hubiese corrido mucho para llegar a tiempo.
- Era Roberto del Campo, el cual, a pesar de su gallardía, iba resultando un posma, que sólo sabía decir floreos, sin llegar nunca a declararse.
- Y el poeta, envidiando su alegría, seguía en su puesto, iluminado por la última crepitación de la hoguera, desfallecido de hambre y de dolor, llorando de veras ahora que comenzaba a verse en la obscuridad, esperando algo vago e indeterminado, sin fuerzas para hacer nada y estremeciéndose al oír aquella voz tenue como un hilillo de seda, que se quebraba al llegar a lo más alto de la romanza, ahogándola con sus aplausos los complacientes convidados de la mamá.
- Aguardaría a llegar a aquella esquina, y una vez en ella, ¡zas! soltaba su demanda, aunque cortase a Tónica en lo mejor de sus confidencias.
- Y así pasaba la pareja por todas las etapas que la maldita timidez de Juanito iba marcando, sin llegar a decidirse.
- Y la viuda, al llegar a esta conclusión, le miraba fijamente, dándole a entender que en él estaba la solución.
- Al llegar Juanito al barrio de las Escuelas Pías entró en una calle estrecha donde estaba el caserón de sus abuelos, una interminable fachada pintada de azul claro, en la cual, corrió por compasión, rasgaban el grueso muro algunos balcones y ventanas, a gran distancia unos de otros.
- VI Había abandonado la mesa la familia y aún duraban los elogios a Visanteta por el mérito de la paella que les había servido, cuando comenzaron a llegar los amigos.
- Y por encima de esta barrera, en último término, la sierra de Espadan, irregular, gigantesca, dentellada, mostrando a las horas de sol un suave color de caramelo, surcada por las sombras de hondanadas y barrancos, decreciendo rápidamente antes de llegar al mar, y ostentando en la última de sus protuberancias, en el postrer escalón, el castillo de Sagunto, con sus bastiones irregulares, semejantes a las ondulaciones de una culebra inmóvil y dormida bajo el sol.
- En el jardín estaban las jóvenes, muy alborozadas, en torno de Rafael y su amigo Roberto, que acababa de llegar.
- Quiso resarcirse del breve paréntisis en su vida de amante, y esperó a Tónica en las calles, sosteniendo con ella largas pláticas que la hacían llegar tarde a casa de las parroquianas, enterándose con minuciosidad de las tardes que había pasado en melancólica calma leyendo novelas sentimentales, mientras Micaela, la fiel amiga, cocinaba, preparando la modesta merienda.
- Regresaban a casa después de oír misa, y al llegar frente a la Audiencia vieron correr la gente, oyendo al mismo tiempo un lejano tamborileo.
- El deseo de llegar cuanto antes a este final apetecido era lo que le hacía audaz y acallaba sus temores de una probable ruina.
- Y montó en el cochecillo, nervioso e impaciente, con el deseo de llegar cuanto antes a casa para dejar a la familia y correr en busca del infalible protector.
- Al llegar al puente del Real pasó por entre los tranvías y carruajes, que, parados en la obscuridad, parecían mirar al gentío con los encarnados y redondos ojos de sus faroles.
- Pero al llegar a la vejez se pasearía por una tienda acreditada, con zapatillas bordadas, gorro de terciopelo y la prosopopeya de un honrado patriarca, viendo a los hijos talludos tras el mostrador, como activos dependientes, y a Tónica, hermosa a pesar de los años, con el pelo blanco y los ojos de dulce mirada animándole el arrugado rostro.
- Tenía prisa en llegar a casa antes que su familia.
- ¡Te has lucido, Eugenio! Sesenta años de honradez inquebrantable, llegar a una edad a que pocos llegan, y todo ¿para qué?
- De lo que le sucedió hasta llegar a Madrid, con un poeta.
- De lo que hizo en Madrid, y lo que le sucedió hasta llegar a Cercedilla, donde durmió.
- Era de ver a los que no tenían cama llegar y asir de los pies al acostado y sacarlo arrastrando en medio de la sala y encajarse en la cama, y aquél asir de otro para acomodarse.
- Envié los amigos delante, entraron en la pieza, y dijeron si gustarían de jugar con un fraile que acababa de llegar a curarse en casa de unas primas suyas, que venía enfermo y traía talegos como el brazo y una calza de doblones.
- Pero al llegar el turno a Andrés, el padre dijo que era mucho gasto, y llevaron al chico al Instituto de San Isidro y allí estudió un tanto abandonado.
- Muchas veces se oía llegar desde el patio una voz de trueno con acento catalán, que decía.
- Para llegar al nuevo cuarto de Andrés había que subir unas escaleras, lo que le dejaba completamente independiente.
- La mayoría de los estudiantes ansiaban llegar a la sala de disección y hundir el escalpelo en los cadáveres, como si les quedara un fondo atávico de crueldad primitiva.
- Le dijo a Andrés que al poco tiempo de llegar al hospital, la trasladaron a una sala de tíficos, y allí adquirió la enfermedad y murió.
- Andrés comprendía el otro extremo, que el hombre huyese del dolor ajeno, como de una cosa horrible y repugnante, hasta llegar a la indignidad, a la inhumanidad.
- Al llegar a la casa con Aracil, Julio se puso a charlar con Niní, y Andrés sostuvo la conversación con Lulú y con su madre.
- Abrió el sereno, entraron en un espacioso portal, y Casares y su amigo, Julio, Andrés y el director de El Masón Ilustrado, comenzaron a subir una ancha escalera hasta llegar a las guardillas, alumbrándose con fósforos.
- Hubiera sido imposible para él pensar que pudiera llegar a tener con Lulú más que una cordial amistad.
- Decía que no le gustaría llegar a vieja.
- Una de las maniobras que empleaba era hacer que uno se escondiera detrás de una cortina al llegar otra persona, y a ésta le incitaba para que hablase mal del que estaba escondido y le oyese.
- Se vió espejear la Albufera, unas estaciones antes de llegar a Valencia, y poco después Andrés apareció en el raso de la plaza de San Francisco, delante de un solar grande.
- II VIDA INFANTIL AL llegar a Madrid, Andrés le dió a su hermana Margarita instrucciones de cómo debían instalarse en la casa.
- De este patio partía la escalera exterior, ancha, de piedra blanca, que entraba en el edificio al llegar al primer piso, pasando por un arco rebajado.
- Sin duda, había andado la carta de pueblo en pueblo hasta llegar a aquél.
- Contra la tendencia agnóstica de un Du Boie Reymond que afirmó que jamás el entendimiento del hombre llegaría a conocer la mecánica del universo, están las tendencias de Berthelot, de Metchnikoff, de Ramón y Cajal en España, que supone que se puede llegar a averiguar el fin del hombre en la Tierra.
- Esta idea de la utilidad, que al principio parece sencilla, inofensiva, puede llegar a legitimar las mayores enormidades, a entronizar todos los prejuicios.
- Para llegar a dar a los hombres una regla común, una disciplina, una organización, se necesita una fe, una ilusión, algo que aunque sea una mentira salida de nosotros mismos parezca una verdad llegada de fuera.
- Para llegar a ella había que tomar la línea de Córdoba, detenerse en una estación de la Mancha y seguir a Alcolea en coche.
- Al llegar a su casa, Andrés bajó, cogió su estuche, un poco de algodón y una pastilla de sublimado.
- Al llegar a casa bajó del coche, y murmuró.
- Pensaba también que se podía llegar, en la indiferencia intelectualista, hasta disfrutar contemplando estas expansiones, formas violentas de la vida.
- ¡Cuánto más hermosa, aunque estuviera fuera de toda idea de belleza tradicional, la función de un motor eléctrico, que no este trabajo muscular, rudo, bárbaro y mal aprovechado! VI TIPOS DE CASINO AL llegar el invierno, las noches largas y frías hicieron a Hurtado buscar un refugio fuera de casa, donde distraerse y pasar el tiempo.
- Llegar a la abstención pura, completa, en la pequeña vida social de Alcolea, le parecía la perfección.
- Solamente el marido podría llegar a saber su manera de ser y de sentir.
- Al llegar a Aranjuez se decidió a bajar del tren.
- SEXTA PARTE La experiencia en Madrid I COMENTARIO A LO PASADO A los pocos días de llegar a Madrid, Andrés se encontró con la sorpresa desagradable de que se iba a declarar la guerra a los Estados Unidos.
- Subieron juntos la cuesta de la calle de Alcalá, y al llegar a la esquina de la de Peligros, Montaner insistió para que entraran en el café de Fornos.
- Mi ideal es llegar a la cirrosis alcohólica y al generalato.
- Los dos hombres no se atrevieron a atacarles, y Lulú y Andrés pudieron llegar a la calle de San Bernardo sin el menor tropiezo.
- Estaba haciendo un estudio sintético de las aminas, y trabajaba con toda su fuerza para olvidarse de sus preocupaciones y llegar a dar claridad a sus ideas.
- Y hecho su sermón y despedido desde el púlpito, ya que se quería abajar, llamó al escribano y a mí, que iba cargado con unas alforjas, e hízonos llegar al primer escalón, y tomó al alguacil las que en las manos llevaba y las que no tenía en las alforjas, púsolas junto a sus pies, y tornóse a poner en el púlpito con cara alegre y arrojar desde allí de diez en diez y de veinte en veinte de sus bulas hacia todas partes, diciendo.
- Pregonero, hablando en buen romance, en el cual oficio un día que ahorcábamos un apañador en Toledo y llevaba una buena soga de esparto, conocí y caí en la cuenta de la sentencia que aquel mi ciego amo había dicho en Escalona, y me arrepentí del mal pago que le di por lo mucho que me enseñó, que, después de Dios, él me dio industria para llegar al estado que ahora estó.
- Debo llegar al pináculo de la gloria.
- Corremos el peligro de no llegar al fin.
- Así, los que se dirigían al Cabo de Buena Esperanza, al llegar a las islas de Cabo Verde marchaban al Brasil, obedientes a la rutina y al viento, y atravesaban el Atlántico de nuevo.
- Al llegar Joshepe Tiñacu a casa, se paraba, y, con voz suave e insinuante, solía decir a su mujer.
- Si no se nos va a abrir el Cachalote antes de llegar a la punta del Faro.
- Nos faltaban unos metros para llegar hasta el camino del acantilado.
- Desde aquí hicimos rumbo, para llegar lo más pronto posible a la región de los alisios, que pensábamos encontrar hacia los paralelos 18° ó 20°.
- La señora Presentación, una vieja muy graciosa y gesticuladora, a quien yo no entendía nada de cuanto hablaba, solía venir a avisar a la señorita Dolores, que alguna de sus amigas acababa de llegar.
- Después de María Jesús, que solía llegar la primera, venían a la casa otras chicas y chicos de la misma edad.
- Al llegar a la Aduana comenzaba a obscurecer.
- Muchos domingos, al llegar a casa de doña Hortensia me encontraba con que no había nadie, y solía entrar en el almacén.
- Por cierto que antes de llegar a las Palaos encontramos dos islas de coral que no aparecían en los mapas, y a una le llamamos con el apellido de don Ciriaco, isla Andonaegui, y a la otra, isla de Santiago Andía.
- Estuve una semana en la corte, y el primer día, al llegar al Prado, vi en un coche a Dolorcitas con su marido.
- La primera impresión, al llegar Lúzaro, fué un gran asombro, al ver lo insignificante de los muelles, de la ciudad, del río.
- No vale la pena de vivir aquí me dije al llegar.
- El Gulf Stream, ese inmenso río de agua caliente, como le llamó el mayor Rennell, que corre por dentro del mar y que atraviesa con oblicuidad el Atlántico, proyecta, al llegar a la costa oeste de España, dos corrientes.
- El río, como dice el farmacéutico, fué, sin duda, el que abrió las tierras blandas hasta llegar al mar y hacer un boquete.
- Uno o dos meses después de llegar yo a Lúzaro, en la relojería se comenzó a hablar a todas horas de las minas de hierro que se estaban explotando en Izarte, y del embarcadero que se iba a construir en un extremo de la playa de las Animas.
- El corto tiempo que tenía licencia lo aprovechaba para llegar a Lúzaro y ver a mi madre y a Mary.
- Si tenía ocasión propicia, al llegar a Burdeos tomaba un vapor, aunque no fuese más que para pasar un día en Lúzaro.
- El viejo Itchaso me esperaba, e, inmediatamente de llegar, me pasó a un cuarto pequeño con una ventana que daba al muelle.
- Al día siguiente de llegar allí, paseaba por los muelles, contemplando la punta del Cuervo y la de los Españoles, la embocadura del río Elhorn, y en el puerto las fragatas, los bricks, los vapores y las largas chalupas de cincuenta remos, tripuladas por los forzados.
- Para llegar a su camarote era necesario pasar por nuestra cámara, en donde dormíamos gentes de su confianza, y luego seguir por un pasillo en zig zags, forrado de hierro, con agujeros pequeños y redondos para disparar por ellos en caso de ataque.
- Tardamos cuatro meses en llegar al estrecho de la Sonda.
- Pero, al llegar él solo hasta unas cubas que había delante de la cocina, uno de los marineros le tiró el cuchillo, con tal acierto, que se lo clavó en la garganta.
- Comenzó a llegar la luz del alba.
- Ilustración VII POR EL PACÍFICO Aunque el plan nuestro era bajar por el Pacífico, hasta llegar al paralelo 50 a 55 al sur, se decidió ponerse en rumbo hacia las islas de Taití y desembarcar en cualquiera de ellas por lo menos a la mitad de los chinos.
- Descansamos al llegar a las islas Malvinas, en la Bahía de la Soledad.
- Llegar a una de aquellas islas con cajas llenas de oro, podía parecer sospechoso.
- Pasamos por entre las islas Canarias y la costa de Africa, hasta que, al llegar a la desembocadura de un río, nos detuvimos.
- Inmediatamente de llegar abrimos apresuradamente los cofres de Zaldumbide.
- A los dos días nos cogió un temporal del sudoeste, y como el viento, aunque muy fuerte, era manejable, concebimos la esperanza de llegar pronto a las Canarias.
- Ilustración Pasamos por delante de Biarritz, con sus rocas, y comenzamos a avanzar por delante de esa línea de dunas blancas que forma la costa vasco francesa hasta llegar al promontorio pizarroso de Socoa.
- Antes de llegar a Orio, el viento cesó por completo y las velas quedaron inmóviles, arrugadas en sus grandes pliegues, como muertas en la calma absoluta de la tarde.
- Al llegar a mi casa le dije a mi madre que me casaba con Mary.
- Al llegar a la cruz del Rompeolas, los hombres suelen poner en ella la mano y las mujeres los labios.
- Al llegar al muelle vi a mi madre y a Mary, que me esperaban.
- Un poco después de llegar la diligencia.
- Al llegar al faro, Genoveva salió a abrirnos, y al vernos a los tres comprendió rápidamente lo que pasaba y se alejó llorando.
- El día de mi boda, al llegar a casa de mi madre, Mary abrió el sobre que me había dado Machín.
- A pesar de todo le escribí, y la carta no debió llegar, porque no tuve contestación.
- No pude llegar a comprender bien si en su fondo había un inmenso desprecio o un gran cariño por los hombres.
- Wilkins era un ejemplo de lo que puede llegar un hombre cuando pone su inteligencia y sus sentidos en una especialidad.
- Tardamos seis meses en llegar a Manila y estuvimos allí dos.
- Llegaban a molestarme tanto estas ideas, que, para ahogarlas, tomé la costumbre, al llegar a Manila, de ir a las tabernas a emborracharme.
- Por lo que me decían todos, antes de llegar yo al barco se llevaban partidas grandes de ébano, y la tripulación se mostraba dócil.
- Mi plan era llegar a Europa, entregar el barco a los armadores y volver a España.
- Pero al llegar a la altura de la isla de Wollaston se nos echó encima una bruma densísima, que no se quitó en una porción de días.
- Al llegar a la cubierta estuvimos esperando durante una hora larga y fría.
- Allen dijo que podíamos hacer unas a modo de suelas anchas para los pies, y al llegar a los pantanos sujetarlas como unas sandalias y buscar la parte más dura del cieno.
- Desde allá nos faltaban unos quince o diez y seis pies para llegar al agua.
- Nos metimos valientemente en el pantano, hasta llegar a una zona en que era lo bastante espeso para sostener el cuerpo de un hombre, aunque no para permitirle andar.
- Yo estaba deseando llegar a un lugar cualquiera en donde se separaran Ugarte y Allen.
- Antes de llegar a una aldea se destacaba el irlandés y entraba solo.
- Subimos por la antigua escalera, hasta llegar a un salón con cierto aire entre abandonado y señorial, un cuarto sin luz, húmedo y frío.
- Al día siguiente de llegar, Allen, Ugarte y yo comenzamos a descubrir las avenidas del jardín y a arrancarles la hierba y a enarenarlas.
- Luego seguí corriendo hasta llegar a la ciudad.
- Le di el dinero que tenía y prometí pagarle más al llegar a Francia.
- Abandonamos la goleta, y en un bote remontamos el río, hasta llegar frente a las ruinas de una fortaleza que se levantaba en un cerro.
- Dejamos el bote atado a un árbol de la orilla, y escondiéndonos entre las peñas con grandes precauciones, subimos el cerro, hasta llegar al castillo arruinado.
- Al llegar a una aldea negra, la rodeaban durante la noche, y a una señal dada comenzaban a tirar tiros y a dar gritos.
- Esta muralla sigue a lo largo del camino real, limita el pueblo por el Norte y al llegar al río se tuerce, tropieza con la iglesia, a la que coge, dejando parte del ábside fuera de su recinto, y después escala una altura y envuelve la ciudad por el Sur.
- Durante el invierno, en las horas de sol, algunos viejos de la vecindad, con traje de casa y zapatillas, pasean por la cornisa, y al llegar Marzo o Abril contemplan los progresos de los hermosos perales y melocotoneros de las huertas.
- Había en la Ciudadela, en uno de los lienzos de la muralla, un rellano formado por tierra, al cual parecía tan imposible llegar subiendo como bajando.
- Es vino de la Rioja solían decir en broma, al llegar a los pueblos golpeando los toneles, y el alcalde y el secretario cómplices los dejaban pasar.
- Al llegar a la cumbre y al entrar en el puerto de Ibantelly, les sorprendió a los viandantes una tempestad de viento y de nieve.
- Llevaban sus amores el camino de pasar a la historia sin llegar al primer capítulo, cuando el hijo de un boticario se encargó de darles una solución.
- El extranjero y Martín esperaron, luego fueron retrocediendo sin disparar, hasta que, al llegar a una vuelta del camino, comenzaron a correr con toda la fuerza de sus piernas.
- Así, el coche delante y Martín y Bautista detrás, subieron a Cestona, y al llegar aquí el coche dió una vuelta rápida y poco después echó un fardo al suelo.
- Luego sacaron el cocido, después una fuente de berzas con morcilla y, al llegar al principio, Fernando se encontró con que, en vez de poner la trucha grande, la condenada del ama había puesto la pequeña, que no tenía más que raspa.
- Al llegar cerca del convento de Recoletos, era ya de noche.
- Al llegar a la plazoleta donde comienza la Rua Mayor del pueblo viejo, Martín se detuvo frente al palacio del duque de Granada, convertido en cárcel, a contemplar una fuente con un león tenante en medio, en cuyas garras sujeta un escudo de Navarra.
- Martín salió de la iglesia, tomó por la calle Mayor hacia el convento de las Recoletas, paseó arriba y abajo, horas y horas sin llegar a ver a Catalina.
- Al llegar cerca de su posada, dos serenos que parecían estar espiándole se le acercaron y le mandaron callar de mala manera.
- Contaba así con una especie de plano inclinado para llegar a la reja.
- Al llegar cerca de Sansol, cuatro hombres se plantaron en el camino.
- Al llegar a las curvas, el viejo landó se torcía y rechinaba como si fuera a hacerse pedazos.
- Al llegar cerca del puente sobre el Ebro, una porción de lavanderas y de mujeres de carabineros salieron a ver la extraña comitiva, y varias de ellas comenzaron a cantar, sobre todo dirigiéndose a la monja.
- El mismo día de llegar aquí.
- Fueron pasando de árbol a árbol, hasta llegar cerca del cementerio.
- Antes de llegar a Urbia, a un lado y a otro, se veían casas de campo derrumbadas, fachadas con las ventanas tapiadas y rellenas de paja, árboles con las ramas rotas, zanjas y parapetos por todas partes.
- Al llegar a Zugarramurdi, comenzaba a clarear.
- Si en estos años adelanta usted lo que ha adelantado en los cinco pasados, va usted a llegar donde quiera.
- Al llegar a este punto, Martín avisó a Briones que era conveniente que sus tropas estuviesen preparadas, pues al final de estas sendas se encontrarían en terreno descubierto y desprovisto de árboles.
- Al llegar a los altos, los carlistas, cogidos entre dos fuegos, se retiraron.
- Martín, atendiendo a la impresión de Catalina, volvió prudentemente hasta llegar de nuevo al barrio francés de Arneguy.
- Para llegar a él se pasa por un camino, en algunas partes muy hondo, al cual los arbustos frondosos forman en verano un túnel.
- Como notase en Don Alonso iguales síntomas de recrudecimiento, se franqueó con él, y desde entonces pasaban gran parte del día y de la noche comunicándose, así las noticias recibidas como las propias sensaciones, refiriendo hechos pasados, haciendo conjeturas sobre los venideros y soñando despiertos, como dos grumetes que en íntima confidencia calculan el modo de llegar a almirantes.
- También entonces nos cogieron desprevenidos, y como estábamos en tiempo de paz, navegábamos muy tranquilos, contando ya las horas que nos faltaban para llegar, cuando de pronto.
- Con éstas y otras cosas nos anocheció en Chiclana, y mi amo, atrozmente quebrantado y molido a causa del movimiento del fementido calesín, se quedó en dicho pueblo, mientras los demás siguieron, deseosos de llegar a Cádiz en la misma noche.
- Al llegar a tiro de fusil, orzó y nos descargó su andanada.
- Algunos morían antes de llegar a ella, y otros tenían que sufrir dolorosas operaciones antes de poder reposar un momento su cuerpo fatigado.
- Después de esto he vivido setenta años, y no he visto llegar ese día.
- El vendaval había arreciado, y fue opinión general a bordo del Santa Ana que, si tardábamos en llegar, pasaríamos muy mal rato.
- Al llegar a este punto de su charla, Don José María dio tal tumbo que se quedó en cuatro pies.
- Quedaron apresados el Bahama, que se deshizo antes de llegar a Gibraltar.
- Pero apuesto a que cuantos lean esto sospechan que algún estupendo embuste del viejo Malespina hizo llegar a mis oídos la noticia de una desgracia supuesta.
- Llegar a lo más alto era un triunfo voluptuoso para De Pas.
- No renunciaba a subir, a llegar cuanto más arriba pudiese, pero cada día pensaba menos en estas vaguedades de la ambición a largo plazo, propias de la juventud.
- él estaba muy atrasado, no podría llegar a ciertas grandezas de la jerarquía.
- Y para llegar antes a las regiones del ideal que eran su propio ambiente, cantaba la Casta diva o el Spirto gentil o el Santo Fuerte, y pensaba en sus amores de niño o en alguna heroína de sus novelas.
- El Magistral le siguió, para ocultar su deseo de llegar al Espolón cuanto antes.
- Al llegar a este punto de sus recuerdos la Regenta sintió que se sofocaba, sus mejillas ardían.
- Todo lo perdonaba menos faltar o llegar tarde a un madrugón por el estilo.
- Don Víctor, al llegar a la puerta del parque, volvió a mirar hacia el balcón, lleno de remordimientos.
- Al llegar al vestíbulo del primero, oyeron grandes carcajadas.
- Sólo podía llegar a la llave del gas Mesía, el mejor mozo.
- Pero una noche había entrado palpando las paredes para atravesar el salón y llegar al gabinete, cuya puerta estaba entornada.
- Al llegar al portal Ana se detuvo.
- La doncella de Ana era amiga de llegar en sus cálculos y fantasías a las últimas consecuencias.
- Quiso llegar pronto a casa.
- Preguntó la dama a los caballeros, al ver llegar a Paco.
- Al llegar a la Plaza Nueva se detuvo, miró desde lejos a la rinconada.
- Al llegar la edad.
- Primero con el cuidado de ver llegar a la Regenta, después espiando la confesión, que duraba, duraba escandalosamente.
- Pero al llegar cerca de su casa se detuvo.
- Al llegar a la otra fuente, iguales ansias, iguales tentaciones.
- Subió por la calle del Comercio, por la plaza del Pan, y al llegar a la plaza Nueva miró a la Rinconada.
- Una tarde de invierno vio Paula llegar a la aldea cuatro hombres que conducían a hombros el cuerpo destrozado de su marido en unas angarillas improvisadas con ramas de roble.
- Ella le había hecho niño mimado de un Obispo, ella le había empujado para llegar adonde había subido, y ella ganaba lo que ganaba, podía lo que podía.
- ¿De qué le servía resistir en vela, luchar con valor y fuerza todo el día, llegar a creerse superior a la obsesión pecaminosa, casi a despreciar la tentación, si la flaca naturaleza a sus solas, abandonada del espíritu, se rendía a discreción, y era masa inerte en poder del enemigo?
- Saludó Mesía de lejos y no vaciló en acercarse a la Rinconada, hasta llegar debajo del balcón de la Regenta.
- Poco después de llegar el señor.
- Ana al llegar aquí notó que su lenguaje se hacía entonado, impropio de ella, y se detuvo.
- Para llegar a un punto más importante, que atañe a lo que nos interesa, a la curación de su espíritu de usted.
- Eso es malo, eso es despreciar los caminos naturales de la piedad, es despreciar con orgullo egoísta la sana moral, pretendiendo, por abismos y cieno y toda clase de podredumbre, llegar a donde los justos llegan por muy diferentes pasos.
- Si nos proponemos llegar a ser una Santa Teresa, ¡adiós todo! se ve la infinita distancia y no emprendemos el camino.
- A dónde se ha de llegar, eso Dios lo dirá después.
- No señor, si cierro no verá usted bien hasta llegar a la esquina.
- La Regenta no subía la cuesta, persistía en sus peligrosos anhelos panteísticos, que así los calificaba él, se empeñaba en que era piedad aquella ternura que sentía con motivo de espectáculos profanos, y declaraba francamente que las lecturas devotas le sugerían reflexiones probablemente heréticas, o por lo menos, poco a propósito para llegar a la profunda fe que el Magistral exigía como preparación absolutamente indispensable para dar un paso en firme.
- Pero al llegar a la salida, unos la pedían besos, otros oro, y ella ocultaba el rostro y repartía monedas de plata y cobre, mientras oía cantar responsos a carcajadas y le salpicaba el rostro el agua sucia de los hisopos que bebían en los charcos.
- Veterano del Casino había que llevaba andado en aquel salón camino suficiente para llegar a la luna.
- Don Álvaro, al llegar a la Rinconada, mientras dejaba pasar delante a don Víctor, que traía llavín, levantaba el puño cerrado sobre la cabeza del insoportable amigo.
- De modo, que siempre que se le hablaba de tal asunto acababa por hacer una calorosa defensa de la unión ibérica, unión que debía iniciarse en el arte, la industria y el comercio para llegar después a la política.
- Y yo no necesito manosear librotes y revolver tripas de cristianos y de animales, para llegar a mi conclusión categórica.
- Su lugarteniente Úrsula, el ama de llaves del Obispo, tenía orden de no dejar a ninguna persona sospechosa llegar a la cámara de su dueño.
- Se le permitía llegar al gabinete, preguntarle cómo estaba.
- Contra lo que esperaba el ateo, la conversación, al llegar el Champaña, había tomado un rumbo que no podía llevarla a los asuntos serios que él creía propios de aquella solemnidad.
- Era una prueba, no sabía de qué, pero adivinaba que sin saber ella cómo ni cuándo, aquella prenda podía llegar a valer mucho.
- Él no podía llegar a tal grado de piedad.
- El Magistral al llegar a este pasaje de sus reflexiones, sin poder contenerse, golpeó el pavimento con el pie.
- Ripamilán se dormía sobre el recuerdo de Cirino, pero al llegar al empadronamiento de José se animó el Arcipreste, figurándose a los santos esposos camino de Bethlehem (o mejor Belén.) Y sucedió que hallándose allí le llegó a María la hora de su alumbramiento.
- Va usted a llegar tarde.
- Ana la sintió llegar como una corriente fría y vibrante a sus entrañas, más abajo del pecho.
- Es preciso llegar allá antes que se sepa por ahí.
- Antes de llegar la procesión a una calle, ya se sabía en ella, por las apretadas filas de las aceras, por la muchedumbre asomada a ventanas y balcones que la Regenta venía guapísima, pálida, como la Virgen a cuyos pies caminaba.
- Petra, al llegar a la casa del leñador, se dejó caer sobre la yerba, algo distante de don Fermín.
- Antes de llegar a la huerta se encontraron con Pepe el casero que los llamó de lejos, entre los árboles.
- Anden, anden, ángeles de Dios, que la mojadura puede llegar a los huesos y darles un romantismo.
- Y quiero llegar pronto a mi casa.
- El que lo encuentra corre detrás de los otros a latigazos hasta llegar a la madre.
- La vio siempre desconfiada, mostrando antipatía mal oculta hacia Petra, y comprendió además que era muy nueva la Regenta en esta clase de aventuras, para llegar al cinismo de ampararse de domésticas, y menos sabiendo de ellas que eran solicitadas por su marido.
- Petra comprendía que la casa del Magistral era el camino más seguro para llegar a casarse y ser señora o poco menos.
- Si don Álvaro no se portaba bien, podía ocurrir el caso, llegar la oportunidad.
- Después llegar bajo el balcón, trepar por la reja del piso bajo y encaramarse en la barandilla de hierro era cosa fácil para tan buen mozo.
- En un decir Jesús se vestía, se lavaba, salía al parque donde solía esperar dos o tres minutos a Frígilis, si no le encontraba ya allí, y en esto y en el viaje a la estación se empleaba el tiempo necesario para llegar algunos minutos antes de la salida del tren mixto.
- Y Frígilis va a llegar.
- Al llegar aquí se acordó el infeliz esposo que Ana, meses antes, le proponía un viaje a La Almunia.
- No hace frío, observó Frígilis al llegar a la estación.
- Hasta llegar allí, el Magistral no había hablado, no había hecho más que estrechar la mano de don Víctor e invitarle con un ademán gracioso y enérgico al par, a subir aquella escalera.
- Y al llegar aquí era cuando furioso contra sí mismo, rasgaba aquellos papeles el Magistral, airado porque no sabía escribir de modo que insultara, que matara, que despedazara, sin insultar, sin matar, sin despedazar con las palabras.
- Quería, allá en el fondo de mis entrañas, sin saberlo, como respiro sin pensar en ello, quería poseerte, llegar a enseñarte que el amor, nuestro amor, debía ser lo primero.
- Pero al salir, al llegar a la puerta, se volvió de repente y con ademán solemne, como sacerdote de ópera, exclamó.
- Evite usted que ese hombre pueda llegar aquí.
- Por no mirar a Sabel, Julián se fijaba en el chiquillo, que envalentonado con aquella ojeada simpática, fue poco a poco deslizándose hasta llegar a introducirse entre las rodillas del capellán.
- ¡Para legua y media escasa! ¡Y con una tarde hermosísima! Apoyándose en un palo, dando tiempo a que anocheciese, deteniéndose a cada rato para recrearse mirando el paisaje, no tardó mucho en llegar al cerro que domina el caserío de Naya, tan oportunamente que vino a caer en medio del baile que, al son de la gaita, bombo y tamboril, a la luz de los fachones de paja de centeno encendidos y agitados alegremente, preludiaba a los regocijos patronales.
- Para llegar al número prefijado, no había recurrido la guisandera a los artificios con que la cocina francesa disfraza los manjares bautizándolos con nombres nuevos o adornándolos con arambeles y engañifas.
- Que muchos hablaban de lo que no entendían, a lo cual el médico replicó, vertiendo bilis por ojos y labios, que pronto iba a llegar el día de la gran barredura, que luego se armaría el tiberio del siglo, y que los neos irían a contarlo a casa de su padre Judas Iscariote.
- ¡La tardanza! A ningún cristiano le gusta pasarse el día en el monte comiendo frío y llegar a casa y no encontrar bocado caliente.
- Tiene usted que acompañarme a Santiago y necesitamos llegar a Cebre antes de mediodía.
- Julián recordó un detalle melancólico, la cruz a la cual iban a llegar en breve, que señalaba el teatro de un crimen, y preguntó.
- Los mozos portadores del equipaje se habían adelantado mucho, deseosos de llegar cuanto antes a Cebre y echar un traguete en la taberna.
- Lo cierto es que en ella encontraron a Carmen, asomada y mirando a la calle, tan absorta que no sintió llegar a sus hermanas.
- Al llegar a la realización, ya era harina de otro costal.
- Apostaría yo cien pesos, antes de llegar, a que usted no había encontrado modo de sacudírsela de encima.
- Y volaba por los salones recorriendo la larga crujía para llegar hacia la parte del archivo, donde había sonado el grito horrible.
- Tenía a la niña en brazos, y al ver llegar a Julián le hizo rápidamente seña de que ni chistase ni se menease, que el angelito andaba en tratos de aletargarse al calor del seno maternal.
- ¡Vaya un candidato! exclamaba frenético, ¡vaya un candidato que los neos escogen! ¡Siquiera el otro era persona honrada! Y alzaba mucho la voz al llegar a esto de la honradez.
- Había oído algunas veces que Dios concede lo que se le pide mentalmente en el acto de consagrar la hostia, y con muchas veras le pedía llegar al punto de que su cruz.
- XXVIII Al llegar aquí de la narración, es preciso acudir, para completarla, a las reminiscencias que grabaron para siempre en la imaginación del lindo rapazuelo, hijo de Sabel, los sucesos de la memorable mañana en que por última vez ayudó a misa al bonachón de don Julián (el cual, por más señas, solía darle dos cuartos una vez terminado el oficio divino).
- Sintió otra vez pasos, no recelosos, como de quien se oculta, sino precipitados, como de quien va a donde le importa llegar presto.
- Y yo siento, al llegar aquí, el tener que dolerme de que las palabras a veces sean demasiado grandes para expresar cosas pequeñas.
- He leído en La Voz de Monóvar que acabas de llegar a ésa.
- ( Al llegar aquí acaba la letra gruesa y comienza otra vez la fina y enredijada de Verdú.
- Al llegar aquí, el de la barba negra levantó la cabeza, les miró con desprecio y arguyó en esta forma.
- Al llegar aquí tose pertinazmente y se aliña después la barba.
- ¡Pero es que este telegrama lo firma Sarrió! ¿Sarrió va a llegar mañana en el correo?
- ¿Te acuerdas cuando por las noches nos hacía rezar el rosario, cómo le cambiaba la voz al llegar a aquel padrenuestro y avemaría por el eterno descanso del alma de nuestra madre, y luego aquellos otros por el de su madre, nuestra abuela, a las que no conocimos?
- Sí, me dijo que yo habría de llegar a ser la mujer de su hombre, su otra mujer se decía, pero no pudo querer eso, no, no pudo quererlo.
- Al llegar a un punto en que un tronco tendido en tierra, junto al sendero, ofrecía, a modo de banco rústico, asiento, sentábanse en él ellos dos, cara al mar, mientras los niños jugaban allí cerca, lo más cerca posible.
- Gustamos de bañarnos en su luz, pero sabemos que es inhabitable, que en él nos quemaríamos, mientras que en la luna creemos que se podría vivir y en paz y crepúsculo eternos, sin tormentas, pues no la vemos cambiar, pero sentimos que no se puede llegar a ella.
- Me explico que alguien anhele llegar a la luna.
- Y lo que siento es irme sin ver, sin conocer, al que ha de llegar.
- O a la que ha de llegar.
- O a los que han de llegar.
- ¡Vaya unas horas de llegar anoche tu maridito! Nunca hablando con su cuñada le llamaba a Ramiro mi hermano, sino siempre.