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Frases que tengan las palabras: Mal y que

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Frases con: Mal y que

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Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • Pero Villalonga y Santa Cruz lo pasaron peor, porque el primero recibió un sablazo en el hombro que le tuvo derrengado por espacio de dos meses largos, y el segundo fue cogido junto a la esquina del Teatro Real y llevado a la prevención en una cuerda de presos, compuesta de varios estudiantes decentes y algunos pilluelos de muy mal pelaje.
  • Bien te acuerdas de mi famosa levita, de lo mal que me estaba y de lo desmañado que era en tu presencia, pues no me arrancaba a decir una palabra sino cuando alguien me ayudaba.
  • Mal conocido es en España el nombre de este peregrino artista, aunque sus obras han estado y están a la vista de todo el mundo, y nos son familiares como si fueran obra nuestra.
  • Que te parta a ti, mal criada, respondona, tarasca.
  • Que nunca se declaraba ignorante de cosa alguna, y que jamás habló mal de nadie.
  • Las pastorales, sinodales, bulas y demás entretenidas cosas que el libro traía, fueron el único remedio de su soledad triste, y lo mejor del caso es que llegó a tomar el gusto a manjar tan desabrido, y algunos párrafos se los echaba al coleto dos veces, masticando las palabras con una sonrisa, que a cualquier observador mal enterado le habría hecho creer que el tomazo era de Paul de Kock.
  • La mamá entreveía en aquella ignorada página de la existencia de su heredero, amores un tanto libertinos, orgías de mal gusto, bromas y riñas quizás.
  • El ruido del ómnibus sobre el desigual piso de las calles, la subida a la fonda por angosta escalera, el aposento y sus muebles de mal gusto, mezcla de desechos de ciudad y de lujos de aldea, aumentaron aquel frío invencible y aquella pavorosa expectación que la hacían estremecer.
  • Pensaste mal.
  • Chiquilla, es preciso que me perdones el mal rato que te di anoche.
  • No le movía ningún sentimiento de ternura, sino la compasión y el deseo de socorrerla si se veía en un mal paso.
  • El comedor era interior, con tres ventanas al patio, su gran mesa y aparadores de nogal llenos de finísima loza de China, la consabida sillería de cuero claveteado, y en las paredes papel imitando roble, listones claveteados también, y los bodegones al óleo, no malos, con la invariable raja de sandía, el conejo muerto y unas ruedas de merluza que de tan bien pintadas parecía que olían mal.
  • Su pena tenía las intermitencias más extrañas, y después de largos periodos de sosiego se presentaba impetuosa y aguda, como un mal crónico que está siempre en acecho para acometer cuando menos se le espera.
  • V Hacía mal Barbarita, pero muy mal, en burlarse de la manía de su hija.
  • El temerario contrabandista, no obstante, hubiera deseado tener un mal encuentro para probar al mundo entero que era hombre capaz de arruinar la Renta si se lo proponía.
  • Un día andamos mal y al otro llueven provisiones.
  • Alto, delgado y de muy mal color porque estaba muy delicado de salud.
  • Por si vienen mal dadas, me voy mañana para Londres.
  • Compra usted algo, y después que le miden mal y le cobran caro, el envoltorio de papel que le dan a usted se le deshace por el camino.
  • Tal día y a tal hora Juan había recibido una carta, que le había puesto de mal humor.
  • No hay más remedio que pasar algún mal trago.
  • Mal humorada y soñolienta, deseaba que la ópera se acabase pronto.
  • La esposa era una infeliz mujer, mártir del trabajo y de la inanición, humilde, estropeadísima, fea de encargo, mal pergeñada.
  • Algunas prendas de abrigo, como las que repartió el otro día doña Guillermina a los chicos de mis vecinos, no nos vendrían mal.
  • Porque a mí me han dicho que usted ha escrito novelas, y que por escribirlas comiendo mal, ha perdido la chaveta.
  • Los puestos a medio armar en toda la acera desde los portales a San Isidro, las baratijas, las panderetas, la loza ordinaria, las puntillas, el cobre de Alcaraz y los veinte mil cachivaches que aparecían dentro de aquellos nichos de mal clavadas tablas y de lienzos peor dispuestos, pasaban ante su vista sin determinar una apreciación exacta de lo que eran.
  • Otros tenían el semblante mal humorado, como personas que se llaman a engaño en los comienzos de la vida humana.
  • Jacinta, que había visitado algunas casas de corredor, no había visto ninguna tan tétrica y mal oliente.
  • Pero sabía tan mal aquel endiablo potaje negro, que pronto los hubo de retirar.
  • Durmió, pues, tan mal que en realidad dormía con un ojo y velaba con el otro, atento siempre a defender su contrabando.
  • ¡Le sentaba tan mal la carne.
  • Desde que la comía le entraba aquel mal tan extraño y daba en la gracia estúpida de creer que Nicanora era la Venus de Médicis.
  • De una manera y otra, casado y soltero, trabajando por su cuenta y por la ajena, siempre mal, siempre mal, ¡hostia! La vida inquieta, las súbitas apariciones y desapariciones que hacía, y el haber estado en gurapas algunas temporadillas rodearon de misterio su vida, dándole una reputación deplorable.
  • Principiaba a creerse una nulidad, y allá en sus soliloquios desesperados, cuando le salía mal alguna de las bajezas con que se procuraba dinero, se escarnecía sinceramente, diciéndose.
  • Esta amiga mía quiere recoger a ese pobre niño, que tan mal se cría al lado de usted.
  • Hay que ser indulgente con la miseria, y otorgarle un poquitín de licencia para el mal.
  • ¡Ah!, la miseria, el mal comer, ¡cómo hacen desvariar estos pobres cerebros!
  • Pues bien claro está que es pae natural replicó Izquierdo de mal talante, pae natural del hijo de mi sobrina, verbo y gracia, Juanín.
  • La prisión en que tan a disgusto estaba volvíale pronto a su mal humor y poniéndose muy regañón decía a su mujer.
  • Gruñó el Pituso frotándose con mal humor los ojos.
  • ¡Pobre ángel, qué mal rato va a pasar!
  • Al sentir la molestia del vestir volviole el mal humor, y trajéronle un espejo para que se mirara, a ver si el amor propio y la presunción acallaban su displicencia.
  • Una de las niñas llevó tan a mal aquella falta de respeto, y dio unos chillidos tan fuertes que por poco se arma allí la de San Quintín.
  • Pero tan conmovido el hombre y con los músculos olfatorios tan respingados, que se creería que Churruca y Méndez Núñez eran sus papás y que olían muy mal.
  • A Baldomero le ha sabido esto muy mal.
  • Por eso estaba tan mal humorado el pobre animalito.
  • Mal negocio, hija, mal negocio.
  • Sólo tú, que eres la misma inocencia puedes caer en redes tan mal urdidas.
  • Pero ¿y si lo interpretabas mal?
  • Cree que tu pobre marido iba de muy mal humor.
  • , y con un hombre, el cual estaba muy mal de fondos, lo que no tiene nada de particular.
  • Lo único que sentía era compasión por sus desgracias, y no era floja la de vivir con aquel bárbaro, un tiote grosero que la trataba muy mal y no la dejaba ni respirar.
  • Estaba flaca, sucia, vestía de pingos que olían mal, y la pobreza, la vida de perros y la compañía de aquel salvaje habíanle quitado gran parte de sus atractivos.
  • Pero en el Hospicio, bien recomendado, no lo pasaría mal.
  • Y fue detrás de él, porque siempre que los dos amigos se encerraban, hacía ella los imposibles por oír lo que decían, poniendo su orejita rosada en el resquicio de la mal cerrada puerta.
  • Venga acá dijo Jacinta con mal humor, saliendo otra vez.
  • Había bastado que la infeliz joven abandonada, miserable y quizás mal oliente se trocase en la aventurera elegante, limpia y seductora, para que los desdenes del hombre del siglo, que rinde culto al arte personal, se trocaran en un afán ardiente de apreciar por sí mismo aquella transformación admirable, prodigio de esta nuestra edad de seda.
  • Quedose Juan con esta noticia más pensativo y peor humorado, sintiendo arreciar los síntomas del mal que padecía, y que principalmente se alojaba en su imaginación, mal de ánimo con mezcla de un desate nervioso acentuado por la contrariedad.
  • Se sentía mal, sin poder precisar lo que era.
  • En una misma fecha cayeron, pues, dos cosas seculares, el trono aquel y la tienda aquella, que si no era tan antigua como la Monarquía española, éralo más que los Borbones, pues su fundación databa de 1640, como lo decía un letrero muy mal pintado en la anaquelería.
  • La misma heterogeneidad y muchedumbre de artículos que corría mermó pronto los resultados de sus viajes y algunas casas empezaron a retirarle su confianza, y el aburrido viajante, siempre de mal temple y echando maldiciones y ternos contra los mercachifles, aspiraba a un cambio de vida y a ocupación más lucrativa y noble.
  • Juan Pablo sentía increíbles deleites en ir al café, hablar mal del Gobierno, anticipar nombramientos, darse una vuelta por los ministerios, acechar al protector en las esquinas de Gobernación o a la salida del Congreso, dar el salto del tigre y caerle encima cuando le veía venir.
  • Y menos mal si aquellos condenados huesos no le molestaran nunca.
  • Narciso Puerta era feo, sucio y mal oliente.
  • Parecía que estaba de muy mal humor.
  • Cansado de hacer solitarios, Olmedo se puso a contar cuentos indecentes, lo que a Maximiliano le pareció muy mal.
  • Al acordarse de su tesoro tuvo otra sacudida, y se removió en el asiento lastimándose mucho con el duro contacto de aquellos mal llamados muelles.
  • Le supo tan mal la indulgencia de Rubín, que salió tras él hasta la puerta, diciéndole entre otras tonterías.
  • Es muy mal criada.
  • Y cuando tomé la medicina aquella que sabía tan mal, me dio mi tía dos duritos, y cada vez que había que tomar purga un durito o medio durito.
  • No dejó entrever a Maximiliano sus sospechas sobre la procedencia del dinero, que, viniera de donde viniese, no podía ser mal recibido, y poco a poco se fue tranquilizando al ver que el apreciable muchacho hacía alarde de poseer ideas económicas enteramente contrarias a las de sus predecesores.
  • Leía muy mal y a trompicones, y no sabía escribir.
  • Era como el buen médico que le pide al enfermo las noticias más insignificantes del mal que padece y de su historia para saber cómo ha de curarle.
  • ¡Y qué horrorizado se quedaba oyendo contar lo mal que se portó el seductor de aquella hermosura! El honradísimo aprendiz de farmacéutico no comprendía que pudieran existir hombres tan malos, y las penas todas del infierno parecíanle pocas para castigarles.
  • Viéndome tan mal, me ofreció el oro y el moro, y que iba a hacer y a acontecer.
  • Entraba siempre con el sombrero echado atrás, afectando una grosería de maneras que no tenía, imitando los modales y hasta el andar de los borrachos, arrastrando las palabras, pero absteniéndose de beber con disculpa de mal de estómago, en realidad porque se mareaba y embrutecía a la segunda copa.
  • Sus músculos eran de acero, y su sangre fogosa se avenía mal con la quietud.
  • Se cobra tarde y mal, cuando se cobra.
  • Cuando se enfurruñaba creeríase que hacía las cosas mal adrede.
  • Bien decía doña Lupe que tenía los demonios metidos en el cuerpo y que era mala, pero mala de veras, una sinvergüenza, una mal criada y una calamidad.
  • Aquella noche estaba Papitos de muy mal temple por la soba que se había llevado, y le tenía mucha tirria al señorito porque no se puso de su parte en la contienda, como otras veces.
  • Aquella noche y las siguientes durmió mal por la viveza del pensar y las contradictorias ideas que se le ocurrían.
  • ¡Y qué mal huelen las boticas! Debió de haber seguido otra carrera.
  • El pobre chico no dejaba de expresar su admiración por el buen arreglo y economía de su futura, haciendo por sus propias manos la tarea que desempeñan mal esas bergantas ladronas que llaman criadas de servir.
  • Cuando le vieron sus amigos, escondió los libros entre el follaje, porque le sabía mal que le descubrieran aquella flaqueza.
  • Hasta huele mal.
  • Por mal de sus pecados, aquella noche se había trabajado el pelo con tanta perfección, que.
  • A usted la han informado mal insinuó con torpeza, respecto a la persona.
  • Su cabeza calva, crasa y escamosa, con un enrejado de pelos mal extendidos para cubrirla.
  • De esta falta le pido a usted perdón, porque reconozco que me porté mal.
  • Este, después de almorzar, sintiose amagado de la jaqueca y se echó de muy mal humor en su cama.
  • Hablaban del tiempo, de lo mal que se vivía en Toledo, de que el viento se había llevado toda la flor del albaricoque, y de otras zarandajas, honrando sin melindres el buen almuerzo.
  • Los gruesos labios le relucían con la pringue, y esta se le escurría por las comisuras de la boca formando un hilo corriente, que hubiera descendido hasta la garganta si los cañones de la mal rapada barba no lo detuvieran.
  • Y qué mal educadito y que rabiosito se ha vuelto.
  • Salió del cuarto con la cara muy mal lavada, y algunas partes de ella parecían no haber visto más agua que la del bautismo.
  • No me parece mal.
  • Desde media noche sintió Maxi un entorpecimiento particular dentro de la cabeza, acompañado del presagio del mal.
  • Por esto se desilusionó algo al ver aquella figura tosca de cura de pueblo, aquellas barbas mal rapadas y la abundancia de vello negro que parecía cultivado para formar cosecha.
  • V Para que ningún malicioso interprete mal las bruscas aproximaciones del sillón de Nicolás Rubín al asiento de su interlocutora, conviene hacer constar de una vez que era hombre de temple fortísimo, o más propiamente hablando, frigidísimo.
  • Muy mal.
  • Las últimas palabras de la visita fueron referentes al mal tiempo, a que él no podía estar en Madrid sino dos semanas, y por fin a la jaqueca que tenía Maximiliano aquel día.
  • Es mal de familia.
  • Pero lo que principalmente me trae descompuesto ahora es un pícaro mal de estómago.
  • Y como no le eche algo al condenado, me da muy mal rato.
  • Porque si te salió mal el pase a la infame facción, y has tenido que volverte con las manos en la cabeza, ¿qué culpa tenemos los demás?
  • Pronunciar mal una palabra no es vergüenza para nadie, y la que no ha recibido una educación esmerada no tiene la culpa de ello.
  • En manos de una persona inteligente, esta mujer podría enderezarse, porque no debe de tener mal fondo.
  • Por algunos huecos del caserío se ven horizontes esteparios y luminosos, tapias de cementerios coronadas de cipreses, esbeltas chimeneas de fábricas como palmeras sin ramas, grandes extensiones de terreno mal sembrado para pasto de las burras de leche y de las cabras.
  • Al Norte había un terreno mal sembrado de cebada.
  • Mas no había en el convento espejos en que mirar si caía bien o mal.
  • Aquella mujer singularísima, bella y varonil tenía el pelo corto y lo llevaba siempre mal peinado y peor sujeto.
  • El patio, que era pequeño y se comunicaba con la huerta por una reja de madera casi siempre abierta, estaba muy mal empedrado, resultando tan irregular el paso de la coja, que los balanceos de su cuerpo semejaban los de una pequeña embarcación en un mar muy agitado.
  • Tráeme nada más que una lagrimita de aquella gloria divina que tú tienes, de aquello que te recetó el médico para tu mal de barriga.
  • Mal hecho, ¿verdad?
  • Si no te voy a hacer mal ninguno, Diosecito mío.
  • Balbució Sor Marcela, lo tenía para mi mal del estómago.
  • Descendiendo de las alturas espirituales al terreno de la filosofía utilitaria, don León demostró a su penitente que el portarse bien es siempre ventajoso, que a la larga el mal, aunque venga acompañado de triunfos brillantes, acaba por infligir a la criatura cierto grado de penalidad sin esperar a las de la otra vida, que son siempre infalibles.
  • Estas cosas ponían a Fortunata de mal humor, y su encogimiento crecía.
  • Iba vestida de pingajos de seda mal arreglados, queriendo aparentar.
  • Ya le he dicho que no replicó Papitos con mal modo.
  • Si no te quitas ese vicio, vas a parar en mal.
  • Un almuerzo para doce personas! Llamó a Fortunata para que se fuera arreglando, y acordaron dejar dormir a Maxi hasta la hora precisa, porque los madrugones le sentaban mal.
  • Su mente se acaloraba ante la temerosa contingencia de que el almuerzo saliera mal.
  • Es mal de familia observó Nicolás, y con nada se quita.
  • Por fin, a eso de las cuatro fueron desfilando, teniendo la desposada que oír los plácemes empalagosos que le dirigían, confundidos con bromas de mal gusto, y contestar a todo como Dios le daba a entender.
  • La tarde pasola Maxi muy mal.
  • Francamente, se ha portado muy mal conmigo.
  • Es un mal agradecido y un manirroto.
  • Las mujeres mal vestidas que salían a las puertas y los chicos derrotados y sucios que jugaban en la calle atraían sus miradas, porque la existencia tranquila, aunque fuese oscura y con estrecheces, le causaba envidia.
  • Cuidado que me pone las cosas mal.
  • Me parece mentira dijo él, que te tengo aquí, cogida otra vez con lazo, fierecita mía, y que puedo pedirte perdón por todo el mal que te he hecho.
  • Me estás haciendo creer que no hay Dios, que portarse bien y portarse mal todo es lo mismo.
  • Mas cuando Miquis le propuso como único remedio de su mal la rusticación, cobró esperanzas, confirmándose en la idea de abandonar la corte y sepultarse para siempre en sus estados de Molina.
  • Era un solar o campo mal labrado, más allá de la última casa.
  • Ya cerca de la iglesia aparecieron dos individuos de Orden Público, que viendo a Maxi en aquel estado, le recibieron muy mal.
  • Le preguntó uno de ellos, mal humorado.
  • ¡No haber visto esto, Señor, no haberlo visto! Estaba tan furioso el cura por lo mal que le había salido aquella compostura, y su amor propio de arreglador padecía tanto, que no pudo menos de desahogar su despecho con estas coléricas razones.
  • Y a propósito de espliego, a él, físicamente, tampoco le vendría mal.
  • Algunos creen que hemos pasado de un extremado mal a otro, sin detenernos en el medio conveniente, y ven en esta fraternidad una relajación de los caracteres.
  • Dicho se está que ha de hablar mal.
  • El más calificado era un viejo catarroso, andaluz, gran narrador de anécdotas, mal hablado, y en el fondo buena persona.
  • Aquella noche quedó la cosa mal, y el tono de los contendientes, así como la atmósfera caldeada que en la tertulia reinó, hacían temer una escena desagradable.
  • Yo reconozco gritaba el capellán ahogándose, que soy un mal sacerdote.
  • Pero delante de mí no hay un judío sin vergüenza que se atreva a hablar mal de la Virgen.
  • Desde que le veía en las mesas de enfrente, sentía una desazón profundísima, mal de estómago y como ganas de enfadarse.
  • El mismo Don Evaristo Feijoo le siguió de mal humor, diciéndole con desabrimiento que no le gustaban los cafés de piano, y que el género y la sociedad no debían ser de lo mejor en aquellas alturas.
  • Francamente, no me gusta, por consideraciones que se deben a toda gran idea histórica, no me gusta, digo, hablar mal de Él.
  • Yo no soy de esos que hablan mal de una situación, y luego van a quitarles motas al que antes desollaron.
  • Rubín siguió toda la noche afectando mal humor, una severidad torva, el malestar de la persona a quien ponen un puñal al pecho para que consume un acto contrario a sus convicciones.
  • Después de hecha, encontró mal que la hicieran los militares, y en esto fundó sus críticas del suceso consumado.
  • ¡Cuántas veces pensamos mal de un sujeto, fundándonos en hablillas del vulgo o en cualquier dato inseguro, como por ejemplo, un pelo, un botón!
  • Estaba muy envejecido, de mal color, y con más aire extranjero que antes.
  • No lo duden ustedes, nuestra raza está mal alimentada, y no es de ahora.
  • Por la mañana, cuando despierto en la Sierra y oigo pregonar el botijo e leche, me siento mal.
  • Al llegar a Madrid, y ver la gente de capa, las mujeres con mantones, las calles mal adoquinadas, y los caballos de los coches como esqueletos, no veo la hora de volverme a marchar.
  • Cuando tomaban el café, notaron todos que Moreno se sentía mal.
  • Creo que no nos dejará mal, porque en el fondo es un buenazo.
  • Y en alta voz y de mal modo, preguntó a Fortunata.
  • Las cortinas estaban torcidas, las guardamalletas mal colocadas, la alfombra mal casada.
  • Pero al mismo tiempo solía ridiculizar a Fortunata por su mal gusto.
  • No hay mal que cien años dure.
  • No hay mal que cien años dure, y cuando se tocan de cerca los grandes inconvenientes de vivir lejos de la ley, no hay más remedio que volver a ella.
  • Perdone usted si hablo mal.
  • Hoy lo recibiría mal.
  • Juzgábase entonces sin culpa alguna, inocente de todo el mal causado, como el que obra a impulsos de un mandato extraño y superior.
  • Y si lo escriben, pensarán que es fábula mal inventada.
  • Pero no estoy mal.
  • Por hoy no quiero calentarte la cabeza, ni calentármela yo, que bastante he charlado ya, y empiezo a sentirme mal.
  • Fíjate bien en una cosa, y es que doña Lupe la de los Pavos, que es la persona de más entendimiento en toda esa familia, no se ha de llevar mal contigo, si tienes tacto.
  • Me ha dicho mi hermano añadió Maxi, que digiere usted mal.
  • Poco mal y bien quejado afirmó el otro Rubín, dándole palmadas en el hombro.
  • En este bulle bulle de las pasiones de los hombres del día prosiguió Maxi con cierto énfasis, llega uno a olvidarse de que vivimos para perdonar las ofensas y hacer bien a los que nos han hecho mal.
  • Dentro del mal, veamos qué es lo mejor entre lo peor, y.
  • Y en un caso extremo, quiero decir, si te ves en el disparadero de faltar, guardas el decoro, y habrás hecho el menor mal posible.
  • Una tarde de fines de Marzo se sintió tan mal, que hubo de retirarse a su casa y se acostó.
  • Y Don Evaristo se quedó solo, pensativo y dulcemente ensimismado, saboreando en su conciencia el goce puro de hacer a sus semejantes todo el bien posible, o de haber evitado el mal en la medida que la Providencia ha concedido a la iniciativa humana.
  • Eso de que siempre hayamos de pensar mal, me parece una barbaridad.
  • Desde la restauración de su legalidad doméstica había abandonalo por completo las lecturas filosóficas, reverdeciendo en su alma el mal curado dolor de su afrenta y los odios vengativos.
  • No me parece mal dijo Guillermina, sacando del estuche sus anteojos y calándoselos.
  • A la observación de la señora no se ocultó lo mal que estaba de ropa el infeliz artista, y le dijo que se fuera a su cuarto, que tocara allí el trombón todo lo que quisiese y por fin que.
  • Harías mal.
  • Fortunata creyó prudente mandarla callar, pues aquel concepto se armonizaba mal con la santidad de que hacía gala su amiga.
  • Si hay petitorio, no quedaremos nosotras en mal lugar.
  • Pero sé cumplir en todas las circunstancias y no hacer un mal papel.
  • Como había tan mal olor allí, trajeron una paletada de carbones encendidos, y echando un puñado de espliego, la pasearon por toda la casa, desde el pasillo hasta la cocina.
  • Después del sahumerio, Fortunata entró a ver a Mauricia, a quien encontró muy mal, en un estado de decaimiento y postración muy visibles.
  • Antes de partir, el doctor habló con Guillermina en la sala, diciéndole que aquello no podía menos de acabar mal, y que a todo tirar, tiraría dos días.
  • Al entrar en la casa, halló a doña Lupe muy incomodada con Papitos, sobre cuya inocente cabeza descargaba el mal humor que la noche en vela le produjo.
  • Cuanto se había hecho en su ausencia le parecía mal, dejándose decir que ni tan siquiera para una obra de caridad podía salir de casa, pues en cuanto volvía la espalda, era todo un desbarajuste.
  • Fortunata empezaba a sentirse mal.
  • ¿Por qué era con ella lo que es el demonio con las criaturas, que las tienta y les inspira el mal?
  • Estas manías iban de mal en peor, poniendo a doña Lupe de un humor acerbísimo y haciéndole presagiar alguna desgracia.
  • Eso no está mal pensado.
  • No me causa espanto ninguna enfermedad, como no sea el mal de miserere.
  • ¡Cosa más rara! ¡El mal extremado refundiéndose así y reviviendo en el bien más puro!
  • ¡Cristiano yo! ¡Mal pecado! Para que no te vuelvas a acercar más a mí, me voy a hacer protestante, judío, mormón.
  • Y hace muy mal en atormentarla si piensa dárselo al fin.
  • , pues si ha dado usted dos pesetas por él ha hecho un mal negocio.
  • ¡Pero qué tonta, y qué exagerada, y qué puntillosa es usted, hija! ¿Qué mal hay en eso?
  • Márchate, niña de mi alma, y no me pongas en tan mal paso.
  • ¿Pero qué mal hay?
  • ¿No ves lo mal trajeado que estoy?
  • El pobrecito está mal.
  • ¿A pesar de lo mal que me porté contigo?
  • El corazón grande era un mal y había que recortarlo.
  • ¡Cualquier día me iba yo a ocupar de si había personas en Júpiter! Cuando digo que usted, amigo Rubín, va a acabar mal.
  • Contestó Segismundo con cara de muy mal genio.
  • Tan cariñosas se mostraron, que Maxi comió más que otros días, sin hacer observación alguna ni quejarse de lo mal condimentado que estaba todo.
  • La determinación de no salir a paseo puso a la señorita de mal talante, porque no podía hablar con su novio, que a aquella hora estaba clavado en la esquina de la calle de los Tres Peces, esperando a que saliese la familia para incorporarse.
  • Tocó la niña su pieza con no poca fatiga, a ratos aporreando las teclas como si las quisiera castigar por alguna falta que habían cometido, a ratos acariciándolas para que sonaran suavemente con ayuda de pedal, arqueando el cuerpo, ya de un lado, ya de otro, y poniendo cara afligida o de mal genio, según el pasaje.
  • No es mal nombre si usted se lo quiere dar dijo el pobre chico, exaltándose más a cada palabra.
  • No, no creas que me parece mal.
  • , hijo, ¿pues qué mal puede hacerte?
  • Doña Lupe, que la estaba observando siempre, veía en su mal un pretexto para esconder de la familia los pesares que la consumían.
  • ¡Mal de muchos.
  • Pues ayer tarde, cuando se retiró, ¡iba con una cara de mal humor.
  • El muy tonto, ¡qué mal lo disimula! Parece mentira que se chifle así un hombre de su edad.
  • De estos que juzgan a todo el mundo por sí mismos, y que no ven el mal aunque se lo cuelguen de la nariz.
  • Te aseguro que le va a arder el pelo al tal primito con todo su mal de corazón y su extranjerismo.
  • Muy mal debe andar la máquina, cuando a mitad de la calle de Alcalá ya estoy rendido.
  • Lo que es hoy me tiene que hacer un reconocimiento en toda regla, porque me siento muy mal.
  • Con tus guasitas de mal gusto.
  • No creas que me parece mal tu plan de vida vegetativa.
  • Este hombre es un buenazo muy rico, y eso que padece no es sino aburrimiento, mal de soltería, lo que los ingleses llaman esplín.
  • Pero que si se descuida y no hace lo que él le manda, lo va a pasar mal.
  • Se sentía muy mal, y las palabras de la Delfina le excitaban extraordinariamente.
  • ¿Te sientes mal?
  • Mal negocio.
  • Ni te conviene el andar siempre de viaje, como una carta con el sobre mal puesto, que recorre todas las estafetas del mundo.
  • Sí, no me parece mal.
  • Había resuelto hacer muy pocas visitas de despedida, pretextando el mal estado de su salud.
  • A ver si te duermes, que no es mal ajetreo el que vas a llevar mañana.
  • ¡Qué mal estoy ahora!
  • Y a propósito, a usted no le vendrá mal tomarse una.
  • No se debe hablar mal de nadie sin tener seguridad de lo que se dice.
  • Mal se portó conmigo, muy mal.
  • Se enfadó tanto, que concluimos mal.
  • Ya debías suponer que le sabría mal.
  • Algo dijo que llevó al ánimo de don Evaristo el convencimiento de que su chulita se veía en un mal paso.
  • Recorriendo el cuarto, pensó que si el casero se conformaba a hacer algunas reparaciones, no quedaría mal.
  • ¡Jesús, qué mal genio ha echado este hombre! Si le voy a dar la guita.
  • ¡Qué vistas tan hermosas! Mal año ha sido este para los puestos de Navidad.
  • Mira, si algún sujeto que tú no conoces, por ejemplo, un señorito flaco, de mal color, así un poco alborotado, te pregunta en la calle si vivo yo aquí, dices que no.
  • Preparémonos, porque estas cosas unas veces se presentan bien y otras mal.
  • Pero siempre le encargaba que no la descubriese allí, pues ya que Aurora no había ido a verla, lo que propiamente era una falta de educación, y hablando mal y pronto, una cochinada, no quería ella tampoco aparentar que solicitaba su amistad.
  • No le venía mal a Juan Pablo que el director le encargase trabajos extraordinarios, pues esto significaba confianza, y tras la confianza vendría un ascenso.
  • Refugio, la querida de Juan Pablo, estaba aquel invierno muy mal de ropa, y no iba al café del Siglo, sino al de Gallo, porque le cogía cerca (la pareja moraba en la Concepción Jerónima), y además porque la sociedad modesta que frecuentaba aquel establecimiento, permitía presentarse en él de trapillo o con mantón y pañuelo a la cabeza.
  • Que cuando hay libertad mal entendida y muchas aboliciones, los ricos se asustan, se van al extranjero, y no se ve una peseta por ninguna parte.
  • No corriendo el dinero, la plaza está mal, no se vende nada, y el bracero que tanto chillaba dando vivas a la Constitución, no tiene qué comer.
  • Tan mal hecho estaba el atadijo, que al mover la silla se descubrió una bota elegante con caña color de café.
  • Alguien ha querido darte un bromazo, que por cierto es de muy mal gusto.
  • V El interés con que doña Lupe esperaba noticias de la pájara mala y de si sacaba bien o mal el pollo, no podrá ser comprendido sin tener en cuenta las grandes ideas que en aquellos días despuntaban en el caletre de la insigne señora.
  • En esto llegó La Correspondencia, y a las primeras ojeadas conspicuas que arrojó sobre las columnas de ella el buen Don Basilio, tropezó con la combinación de gobernadores, y lanzando un berrido de sorpresa, se restregó los ojos creyendo que leía mal.
  • Y aunque le paguen tarde, mal y nunca, él tan conforme en su sacerdocio.
  • Tanto hizo Segunda y tales enredos armó, que Estupiñá entró una mañana, gruñendo y echándoselas de hombre de mal genio que tiene que contraer todos los músculos de su cara para enfrenar su indignación.
  • Le pediré perdón por lo mal que me porté aquel día, y me perdonará.
  • Porque en realidad te portabas muy mal conmigo.
  • Me da mucha lástima, porque sé lo que es andar mal de la cabeza.
  • El chiquitín debía de encontrar novedad en lo tocante a provisiones de boca, porque estaba mal humorado, como si quisiera también echarse a la calle, en son de pronunciamiento.
  • ¡Qué mal genio tiene! dijo la santa sentándose junto al lecho, mientras Fortunata agasajaba a su hijo, y metiéndole el pecho en la boca, trataba de aplacarle.
  • Me porté mal, lo conozco.
  • Se sentía mal, propensa a desvaríos de la mente en cuanto se aletargaba, y con muchísima sed.
  • La del campo indicó Ballester con mal humor, discurriendo que maldita la falta que hacía Maxi allí.
  • Vamos, que ahora, si usted estuviera mal de fondos, bien podría intentar otro negocio como aquel.
  • Híceme cargo de todo lo que había pasado durante mi enfermedad, que más bien me parecía sueño, y vi la infidelidad de esa desgraciada, vi también que tenía una cría, y la claridad de aquella razón nueva y robusta que yo había echado, me hizo ver un caso de aplicación de la justicia, y consideré que era de mi deber contribuir a la extirpación del mal en la humanidad, matando a esa infeliz, con lo cual la redimía, porque yo he dicho siempre.
  • A Fortunata le hizo esto tan mal efecto, que sintió ganas de coger la palmatoria y tirársela a la cabeza.
  • Izquierdo, que oía desde la puerta, se alarmó, creyendo oportuno evitar aquel coloquio que tan mal giro tomaba.
  • Yo me he portado mal contigo.
  • No me parece mal.
  • , que si encontraba mal a la buena moza, me quedaría aquí esta noche.
  • Mas apenas había descabezado el primer sueño, la llamó Encarnación de parte de la señorita, que se sentía mal.
  • Así fue, y la verdad es que la pasaron todos muy mal, incluso Encarnación, que se dormía en pie.
  • Si usted reconoce que ha hecho mal, y le pide perdón a Dios de su mala intención y procura limpiarse de ella, Dios tendrá piedad de la pecadora.
  • Jacinta no desea el mal del prójimo, y sabe que debemos amar a nuestros enemigos y hacer bien a los que nos aborrecen.
  • No sabe usted lo mal que me sienta verle y hablar con él.
  • El pobre pensador, mi ilustre cuñado, está mal de intereses, y si yo no tiro del carro, los ayes y lamentos pidiendo pan se han de oír en Algeciras.
  • No, Don Plácido, así no, eso está muy mal.
  • Imítela usted ahora, que no le vendría mal en este instante sofocar sus pasiones, amar a sus enemigos y hacer bien a los que la aborrecen.
  • Soy Ballester, y ahí tengo la vara aquella para enderezar a los niños mal criados.
  • Tengo dentro de mí el espíritu del mal.
  • Ahora que no vive, la contemplo libre de las transformaciones que el mundo y el contacto del mal le imprimían.
  • Al otro lado del rocín, ayudando cuando el vehículo se detenía en un mal paso, iba un muchacho de unos once años.
  • Y mientras ellas, que ya comenzaban á llamar la atención de los mozos de la huerta, asistían con pañuelos de seda nuevos, vistosos, y planchadas y ruidosas faldas á las fiestas de los pueblecillos, ó despertaban al amanecer para ir descalzas y en camisa á mirar por las rendijas del ventanillo quiénes eran los que cantaban les albaes 2 ó las obsequiaban con rasgueos de guitarra, el pobre tío Barret, empeñado cada vez más en nivelar su presupuesto, sacaba, onza tras onza, todo el puñado de oro amasado ochavo sobre ochavo que le había dejado su padre, acallando así á don Salvador, viejo avaro que nunca tenía bastante, y no contento con exprimirle, hablaba de lo mal que estaban los tiempos, del escandaloso aumento de las contribuciones y de la necesidad de subir el precio del arrendamiento.
  • Por algo dicen que Dios saca muchas veces el bien del mal.
  • Pues allí estaba él para ayudarle, demostrando con esto cuán injustos eran los que le odiaban y hablaban mal de su persona.
  • En unos cuantos años de fatigosa peregrinación por las carreteras de la provincia, comiendo mal, durmiendo al raso y sufriendo el tormento de pasar meses enteros lejos de la familia, á la que adoraba con el afecto reconcentrado de hombre rudo y silencioso, Batiste sólo experimentó pérdidas y vió su situación cada vez más comprometida.
  • Muy mal.
  • Muy mal.
  • Le faltaba el riego, la tanda que le había robado Pimentó con sus astucias de mal hombre, y no volvería á corresponderle hasta pasados quince días, porque el agua escaseaba.
  • (Silencio.) Él lo había pasado bastante mal.
  • ¡Cómo sufría el pobre señor! ¡Él que cifraba los triunfos de la enseñanza en su finura, en su distinción de modales, en lo bienhablado que era, según declaración de su esposa! Cada palabra que sus discípulos pronunciaban mal y no decían bien una sola le hacía dar bufidos y levantar las manos con indignación hasta tocar el ahumado techo de su vivienda.
  • Al que no lo atropellaban le hacían sin duda mal de ojo, y por eso su pobre Morrut, el caballo viejo, un animal que era como de la familia, que había arrastrado por los caminos el pobre ajuar y los chicos en las peregrinaciones de miseria, se iba debilitando poco á poco en el establo nuevo, el mejor alojamiento durante su larga vida de trabajo.
  • Sus infortunios como carretero le habían hecho conocer las bestias, y se reía interiormente de algunos curiosos que, influídos por el mal aspecto del caballo, discutían con el gitano, diciendo que sólo era bueno para enviarlo á la Caldera.
  • El mal llegando á él de todas partes, surgiendo de los caminos, de las casas, de los cañares, aprovechando todas las ocasiones para herir á los suyos.
  • Aquella noche, muchos durmieron mal.
  • Y al fin, dormíanse con el propósito de deshacer al día siguiente todo el mal causado, de ir por la mañana á ofrecerse á la familia, á llorar sobre el pobre niño.
  • Batistet ponía mal gesto á todas aquellas tías que tantas veces se burlaron de él cuando pasaba ante sus barracas, y acabó por refugiarse en la cuadra, para no perder de vista al pobre caballo y continuar curándole con arreglo á las instrucciones del veterinario, llamado en la noche anterior.
  • ¡hay que resignarse! Nunca sabemos cuáles son los designios de Dios, y muchas veces, del mal saca el bien para las criaturas.
  • A toda aquella gente, que aún guardaba el mal sabor de la paga de San Juan, le hacía mucha gracia ver tratados á sus amos tan cruelmente.
  • Fas mal, fill meu.
  • 26 Haces mal, hijo mío.
  • Tòni, me fas mal 29.
  • Sobre el zumbido confuso y monótono que producían los miles de conversaciones sostenidas a la vez en toda la plaza, destacábanse los gritos de los vendedores sin puesto fijo, agudos y rechinantes unos, como chillido de pájaro pedigüeño, graves y foscos otros, como si ofreciesen la mercancía con mal humor.
  • ¡el mediero! Doña Manuela iba mal por el arroyo.
  • Era don Juan, el hermano de la señora, aquel de quien todos hablaban mal en casa, aunque con cierto respeto, llamándole por antonomasia el tío.
  • Mientras tanto, las cestas de Nelet y Visanteta se llenaban hasta los bordes, y en el rostro de los dos criados iba marcándose el gesto de mal humor.
  • Mal iba todo, y la culpa la tenía el gobierno, un puñado de ladrones que no se preocupaban de la suerte del país.
  • Pero ahora, ¡las cosechas no tenían salida, no había dinero, el comercio iba de mal en peor y las quiebras eran frecuentes! Él aún iba tirando.
  • Cuando vivía el padre de éste señalando a Juan y yo era sólo primer dependiente! Entonces, aunque me esté mal el decirlo, todos los años, al hacer el inventario, quedaban dos o tres mil duritos para guardar.
  • ¡Oh! Aunque me esté mal el decirlo.
  • Todo aquello, aunque a don Antonio le estaba mal el decirlo, lo había dicho y repetido cuantas veces hablaba con la viuda de su antiguo principal.
  • Y en cuanto a su muletilla aunque le estaba mal el decirlo, gozaba el privilegio de poner nerviosa a doña Manuela, que tenía por tonto rematado a su antiguo dependiente.
  • Nunca dice adonde va, y eso que, aunque me esté mal el decirlo, aquí se le traía con las mayores consideraciones.
  • Era, en fin, la tertulia una reunión donde se desahogaba el liberalismo inocente de unos revolucionarios que, en costumbres y preocupaciones, imitaban a sus enemigos, y a pesar de haber sufrido de la dinastía reinante toda clase de desdenes y persecuciones, mostrábanla una fidelidad canina, y siempre era para ellos Fernando VII el rey mal aconsejado, Cristina la augusta señora, e Isabel la inocente niña.
  • Y tras estos preámbulos entraban en materia con la petición de veinte duros para pasar el mal tiempo, de una pieza de sarga para vestir a la familia, y otras demandas menos aceptables.
  • Y ella, bajo su exterior abobado de muchacha tímida y devota, ocultaba un carácter varonil, un genio insufrible, el mismo estallido de nerviosidad iracunda y atronadora que se manifestaba en el Fraile cuando le salía mal un negocio o un deudor se negaba a pagarle.
  • Pero ya era tarde para remediar el mal.
  • Vamos, no estaban del todo mal.
  • No estaba mal.
  • La tía Quica se dio cuenta del mal efecto que su conversación causaba en doña Manuela, y se apresuró a manifestar el objeto de su embajada, echando mano a la inseparable cesta.
  • Estando en casa, tendrías que ir en el carro a llevar vino, durmiendo mal y trabajando como los machos.
  • Gozamos de la felicidad de ustedes, porque, aunque me esté mal el decirlo, nosotros les apreciamos mucho.
  • Y por esto sufro que a espaldas mías hable mal de mis costumbres.
  • ¡Ole por la cocinera! Don Juan encontró de mal gusto la felicitación, pero admiró la obra.
  • Servíalo Adela, una muchacha remilgada y no mal parecida, que imitaba a sus señoritas en el peinado, afectando un aire de aristócrata caída en la desgracia.
  • ¡Qué habían de quedar! No había más que ver el mal humor con que don Juan salió de su turbada digestión.
  • Levantábase mal arropado, tosiendo y tembloroso, a abrir la puerta, pues era preciso dejar, dormir a las criadas, para que al día siguiente el cansancio no las entorpeciera en sus trabajos.
  • Los ciegos y ciegas que el resto del año pregonan el papelito en el que está todo lo que se canta iban en cuadrilla, guitarra al pecho, vestidos de pescadores u odaliscas, mal pergeñados, con mugrientos trajes de ropería.
  • Pero mamá, ¿tan mal estamos de fortuna?
  • Aunque salga mal algún negocio, no me arruinaré.
  • Y la Bolsa, aunque a él le estuviera mal el decirlo, era una gran institución, porque gracias a ella corría el dinero y había prosperidad, y un hombre podía emanciparse de la esclavitud del mostrador, haciéndose rico en cuatro días.
  • Sus hermanas le oían cantar paseando por las habitaciones, y ¡caso raro! él, tan despreocupado en materias de adorno, enfadóse dos veces porque le planchaban mal las camisas, y pidió seriamente a la mamá que le comprase una corbata, pues la que llevaba era un asco, de deshilachada y mugrienta.
  • Al principio, las figuras groseras y mal pergeñadas representaron escenas de la vida privada, murmuraraciones de vecinos.
  • No estaba mal aquello, para ser obra de gente tan ordinaria como el cafetinero y sus cofrades.
  • Rústicos gañanes que, enfundados en un uniforme mal cortado, faja de general y ros vistoso con pompón de rabo de gallo, andaban con cierta dificultad como si los pies, acostumbrados a alpargatas en el resto de la semana, protestasen al verse oprimidos en botitos de gomas, mientras el sudor de su cuerpo sano y vigoroso rezumaba por todas las costuras de la guerrera.
  • Pero bien mirado, era una vulgaridad, un detalle de mal gusto, el enredarse a golpes en medio de la calle con un majadero sin otra sociedad que la de las muías de su batería.
  • No le vendría mal sentarse, aunque fuese en el cafetín.
  • ¡Tramposa su madre! No estaba mal aplicado el calificativo.
  • Y menos mal para ti, que no has conocido los buenos tiempos, cuando desde el amanecer reinaba aquí un estrépito de dos mil demonios, y abajo, tu abuelo y yo sentíamos temblar el techo al empuje de los telares, mientras arreglábamos cuentas o sacábamos de los armarios las ricas piezas para enseñarlas a los compradores.
  • Sería un mal hijo si correspondía con el desdén al cariñazo maternal que le mostraba la buena señora tan pronto como se veía en apuros de dinero.
  • Unas perchas, según Amparito, a las que caían rematadamente mal los vestidos lujosos y recargados con que las obsequiaba el papá a cada operación afortunada en la Bolsa.
  • Enganchaba la charrette e iba con Teresa, muy emperejilada, a pasear su nuevo lujo por la Alameda, entre los brillantes trenes, para que supieran más de cuatro que él también, aunque le estuviera mal el decirlo, era de la aristocracia, de la del dinero, que es la que más vale en estos tiempos.
  • Para censurarla había que ser consecuente y hablar mal también del ferrocarril, del teléfono y de todas las conquistas del progreso.
  • Y te repito que esto acabará mal, muy mal.
  • No le parecía mal el propósito.
  • ¡Vaya si irían! Y la viuda de Pajares, que tan mal había hablado de Teresa, su antigua criada, hacía ahora elogios de ella como si fuese una amiga de la infancia.
  • Y la buena Teresa, a pesar de su encono, sentíase dominada por la admiración que profesaba a su marido, aquel modelo, aunque le estuviera mal el decirlo.
  • El veterinario se había marchado, declarándose impotente para remediar el mal.
  • Miraba en torno de ella, y nada, ni un mal rayo de esperanza amortiguaba su desesperación.
  • ¡Ah, maldito avaro! Necesario era todo su mal corazón para dejar a una hermana en el sufrimiento, pudiendo remediar sus penas con algunos de los papelotes mugrientos que a fajos dormían en el viejo secrétaire de su alcoba.
  • El dinero mal ganado se lo lleva el diablo.
  • Hacía esfuerzos por aparentar rudeza y mal humor, como si se presentase arrastrado por el deber y no por el cariño.
  • En mal camino estás, Manuela, y ya es tarde para retroceder.
  • Andas muy mal, Manuela.
  • Son jóvenes, están mal educadas, la conducta de su madre no puede servirles de buen ejemplo, y acostumbradas al lujo, es fácil que, al verse en la miseria, se pierdan para siempre.
  • Cuál la llamaba enflautadora de miembros y cuál tejedora de carnes y por mal nombre alcahueta.
  • Cuál decía, por disculpar la invidia, que me quería mal porque mi madre le había chupado dos hermanitas pequeñas de noche.
  • Escribí a mi casa que yo no había menester más ir a la escuela porque, aunque no sabía bien escribir, para mi intento de ser caballero lo que se requería era escribir mal, y que así, desde luego renunciaba la escuela por no darles gasto y su casa para ahorrarlos de pesadumbre.
  • ¡Mal ingenio te acabe!, decía yo entre mí, cuando vi un mozo medio espíritu y tan flaco, con un plato de carne en las manos que parecía que la había quitado de sí mismo.
  • ¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado decía yo, que tal amenaza has hecho a mis tripas! Echó la bendición, y dijo.
  • Ea, demos lugar a la gentecilla que se repapile, y váyanse hasta las dos a hacer ejercicio, no les haga mal lo que han comido.
  • Y así, trazamos de decir que teníamos algún mal.
  • Supo el mal, y tomóla y aderezó una melecina, y haciendo llamar una vieja de setenta años, tía suya, que le servía de enfermera, dijo que nos echase sendas gaitas.
  • Si acaso, comiendo, alguna vez nos acordábamos de las mesas del mal pupilero, se nos aumentaba la hambre tanto que acrecentábamos la costa aquel día.
  • No cene mucho, señor, que le hará mal.
  • Pues hagamos alguna burla a este mal viejo, que no ha comido sino un pero en todo el camino, y es riquísimo.
  • Y tales nos vio que sin aguardar a más, tratando muy mal de palabra al licenciado Vigilia, nos mandó llevar en dos sillas a casa.
  • Tienen razón, que huele muy mal.
  • Yo les conté el caso y, al punto, como si en ellos no hubiera mal ninguno, se empezaron a santiguar, diciendo.
  • Hicieron los otros que cerraban la puerta, y yo entonces salí de donde estaba y subíme a mi cama, preguntando si acaso les habían hecho mal.
  • Yo, que veía poco remedio en el negocio y que me iban a echar la garra, fingí que me había dado mal de corazón.
  • El pobrecito agora sin duda se ensució, cuando le dio el mal.
  • Sacamos los vientres, recogimos la sangre, y a puros jergones los medio chamuscamos en el corral, de suerte que cuando vinieron los amos ya estaba todo hecho, aunque mal, si no eran los vientres, que aún no estaban acabadas de hacer las morcillas.
  • Yo, que me vi ya mal con el ama, y que no la podía burlar, busqué nuevas trazas de holgarme y di en lo que llaman los estudiantes correr o arrebatar.
  • Pésame que nos deshonra a todos, y a mí principalmente, que al fin soy ministro del Rey y me están mal estos parentescos.
  • Yo soy examinado y traigo la carta, y por el sol que calienta los panes, que haga pedazos a quien tratare mal a tanto buen hijo como profesa la destreza.
  • Ítem, habiendo considerado que esta secta infernal de hombres condenados a perpetuo concepto, despedazadores del vocablo y volteadores de razones, han pegado el dicho achaque de poesía a las mujeres, declaramos que nos tenemos por desquitados con este mal que las hemos hecho del que nos hicieron en la manzana.
  • Quiso Dios que porque no fuese pensando en mal, me topase con un soldado.
  • No tratemos de esto, que parece mal alabarse el hombre.
  • Yo, codicioso, dije que jugaría otros tantos, y el ermitaño, por no hacer mal tercio, aceptó, y dijo que allí llevaba el aceite de la lámpara, que eran hasta doscientos reales.
  • El ermitaño, receloso, se quedó en la cama, diciendo que le había hecho mal el susto.
  • Tras esto dijo que iba a la Corte, porque un mayorazgo roído como él en un pueblo corto, olía mal a dos días, y no se podía sustentar, y que por eso se iba a la patria común, adonde caben todos y adonde hay mesas francas para estómagos aventureros.
  • Y aunque, comiendo tan poco y bebiendo tan mal no se puede cumplir con tantas, por su tanda todas están contentas.
  • Yo dijo mi buen amigo vengo del camino con mal de calzas, y así me habré menester recoger a remendar.
  • Dijo que no y que por falta de harapos se estaba, quince días había, en la cama, de mal de zaragüelles, don Lorenzo Iñíguez del Pedroso.
  • Acabóse la hora del remedio (que así la llamaban ellos) y fuéronse mirando unos a otros lo que quedaba mal parado.
  • No se escribe que jamás caballero nuestro haya tenido cámaras, que antes, de puro mal proveídos no nos proveemos.
  • Porque él era jugador y lo otro (ciertos los llaman, y por mal nombre fulleros).
  • Asábamonos a pretinazos a oscuras, y era tanto el mal olor que hubieron de levantarse todos.
  • Dijo, después de haber pescado la mosca, que en nosotros está todo el juego, y que si uno da en no ser hombre de bien puede hacer mucho mal.
  • A mí no me pareció mal la moza para el deleite, y lo otro la comodidad de hallármela en casa.
  • Dineros y amor mal se encubren, señor don Ramiro.
  • Cantaba mal, y siempre andaba apuntando con él el catalán, el cual era la criatura más triste y miserable que Dios crió.
  • Como vieron los dos que yo iba tan adelante dieron en decir mal de mí.
  • Yo, triste, que me había visto moler a palos delante de mi dama, y me vi llevar preso sin razón y con mal nombre, no sabía qué hacerme.
  • Agarró la correa y tornóme a repasar las costillas, reprehendiéndome el mal vicio de hurtar como quien tan bien le sabía.
  • El portugués no lo pudo sufrir, y tratóle algo mal de palabra, diciendo que él era un caballero fidalgo de casa du Rey, y que yo era un home muito fidalgo, y que era bellaquería tenerme atado.
  • Yo les dije que en huir de un padre y madre que me querían casar contra mi voluntad con mujer fea y necia y mal nacida, por el mucho dote.
  • Su madre era hechicera y un poco puta, y su padre ladrón y su tío verdugo, y él el más ruin hombre y más mal inclinado tacaño del mundo.
  • Pues andar a pie pareciera mal y más entonces, fuime a San Filipe y topéme con una lacayo de un letrado, que tenía un caballo y le aguardaba, que se había acabado de apear a oír misa.
  • ¡Malhaya quien fía en hacienda mal ganada, que se va como se viene! ¡Triste de mí! ¿Qué haré?
  • ¡Así pagan los pícaros embustidores mal nacidos! Comencé a dar gritos y a pedir confesión.
  • Tenía un bebedizo que llamaba Herodes, porque con él mataba los niños en las barrigas, y hacía malparir y mal empreñar.
  • Y ganara más si no se me atravesara un mocetón mal encarado, manco de los brazos y con una pierna menos, que me rondaba las mismas calles en un carretón y cogía más limosna con pedir mal criado.
  • Al segundo, empezámosla y quiso Dios que empezaba por una guerra, y salía yo armado y con rodela, que, si no, a manos de mal membrillo, tronchos y badeas, acabo.
  • Tratamos todos muy mal al compañero poeta, y yo principalmente, diciéndole que mirase de la que nos habíamos escapado y escarmentase.
  • Díjome que jurado a Dios, que no era suyo nada de la comedia, sino que de un paso tomado de uno y otro de otro, había hecho aquella capa de pobre, de remiendo, y que el daño no había estado sino en lo mal zurcido.
  • No me pareció mal la traza, y yo confieso que me incliné a ella, por hallarme con algún natural a la poesía.
  • Al fin, animado con este aplauso, me desvirgué de poeta en un romancico y luego hice un entremés y no pareció mal.
  • Y de estas cosas me sucedieron muchas mientras perseveré en el oficio de poeta y no salí del mal estado.
  • Trataba en vidas y era tendero de cuchilladas, y no le iba mal.
  • Los que las cogieron tristes lloraron tiernamente al mal logrado Alonso Álvarez.
  • Ahora que el padre era un liberal cándido y que hablaba mal el castellano, y el hijo un conservador muy burlón y mal intencionado.
  • Al final del primer año de carrera, Andrés empezó a tener mucho miedo de salir mal en los exámenes.
  • Sentía un gran temor de salir mal, más que nada por la rechifla del padre, que podía decir.
  • Esperó teniendo la seguridad de que saldría mal.
  • Entre aquellos estudiantes amigos de Sañudo, muy filarmónicos, había muchos, casi todos, mezquinos, mal intencionados, envidiosos.
  • Sañudo y sus amigos se pasaban la noche del sábado hablando mal de todo el mundo, y luego comentando con el pianista y el violinista del café, las bellezas de una sonata de Beethoven o de un minué de Mozart.
  • Como era su dios, su ídolo, de darse demasiado fácilmente, le hubiese parecido mal.
  • Lo mismo Montaner que Andrés hablaban casi siempre mal de Julio.
  • Que aquel que viene allá es de esos enemigos míos que le hablan a ella mal de mí.
  • Pensaban presentarse los tres, y no estaba mal el ver enfermos con frecuencia.
  • El hospital aquel, ya derruído por fortuna, era un edificio inmundo, sucio, mal oliente.
  • Julio Aracil comenzaba a experimentar por su amigo un gran desprecio y a desearle que todo le saliera mal.
  • ¡Quita de ahí, hombre! No sería mal imbécil.
  • La nariz un poco respingona, y la cara pálida, de mal color.
  • Y Julio Aracil sonrió, remedando a la madre de Niní, con su sonrisa de hombre mal intencionado y canalla.
  • Allí instalaba a las muchachas, hijas de familia, a las cuales, un mal paso dejaba en situación comprometida.
  • Hurtado se marchó a casa mal impresionado.
  • A ella no le parecían mal el adulterio, ni los vicios, ni las mayores enormidades.
  • Una de las maniobras que empleaba era hacer que uno se escondiera detrás de una cortina al llegar otra persona, y a ésta le incitaba para que hablase mal del que estaba escondido y le oyese.
  • El Chuleta tenía muchos hijos, todos con el mismo aspecto de abatimiento y de estupidez trágica del padre y todos tan mal intencionados y tan rencorosos como él.
  • Toda esta gente de la casa pagaba su contribución en dinero o en especie al tío de Victorio, el prestamista de la calle de Atocha, llamado don Martín, y a quien por mal nombre se le conocía por el tío Miserias.
  • ¡Haces lo posible por estar mal! Andrés no quiso discutir y se fué a Madrid.
  • En Madrid se encontraba mal.
  • Mal camino repuso Iturrioz.
  • No estaría mal que procediéramos así.
  • Tú habrás leído que en el centro del paraíso había dos árboles, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal.
  • Pero cuidado con el fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal, porque el día que tú comas su fruto morirás de muerte.
  • Por la desintegración electrolítica de los átomos van apareciendo estos iones y electrones mal conocidos.
  • Los semitas inventaron un paraíso materialista (en el mal sentido) en el principio del hombre.
  • Te encuentro mal armado para esa prueba.
  • Para viajar se necesita educación, y viajando con españoles no se habla mal de España.
  • Aquí el titular no puede más que mal vivir dijo Sánchez.
  • Pepinito trataba muy mal a su mujer y a su hija.
  • ¡Cuánto más hermosa, aunque estuviera fuera de toda idea de belleza tradicional, la función de un motor eléctrico, que no este trabajo muscular, rudo, bárbaro y mal aprovechado! VI TIPOS DE CASINO AL llegar el invierno, las noches largas y frías hicieron a Hurtado buscar un refugio fuera de casa, donde distraerse y pasar el tiempo.
  • Tenía salones inmensos, mal decorados, espejos de cuerpo entero, varias mesas de billar y una pequeña biblioteca con algunos libros.
  • Se le consideraba hombre violento, orgulloso, mal intencionado, que se atraía la antipatía de todos.
  • Para alternar con esta gente del casino, estúpida y mal intencionada, prefería pasar el tiempo en su cuarto, en aquel mausoleo blanqueado y silencioso.
  • Seguramente entre aquellas muchachas de Alcolea, que no salían más que los domingos a la iglesia, vestidas como papagayos, con un mal gusto exorbitante, había algunas, quizá muchas, agradables, simpáticas.
  • Tocaba el piano muy mal, calcaba las laminitas del Blanco y Negro y luego las iluminaba, y tenía unas ideas ridículas y falsas de todo.
  • Muy mal.
  • El tío Garrota era un hombre ya viejo, corpulento, de mal aspecto, tuerto, de cara torva, llena de manchas negras, producidas por una perdigonada que le habían soltado hacía años en la cara.
  • Bastante mal.
  • ¿Te hablaría mal de mí?
  • No me parece mal, pero vas a inmoralizar tu casa.
  • En Madrid, la talla de los jóvenes pobres y mal alimentados que vivían en tabucos, era ostensiblemente más pequeña que la de los muchachos ricos, de familias acomodadas que habitaban en pisos exteriores.
  • El otro día vino Julio dijo Lulú y hablamos mal de usted.
  • Trata usted muy mal al farmacéutico.
  • ¡Qué mal humor se le va poniendo a usted, don Andrés! Cuando sea usted viejo no va a haber quien le aguante.
  • ¿Y esas mujeres vivirán mal?
  • Muy mal.
  • Ah, es un mal necesario.
  • Una noche que se les hizo tarde, al volver del Canalillo, se encontraron en un callejón sombrío, que hay cerca del abandonado cementerio de la Patriarcal, con dos hombres de mal aspecto.
  • Y esto, para ninguna cosa se debría romper ni echar a mal, si muy detestable no fuese, sino que a todos se comunicase, mayormente siendo sin perjuicio y pudiendo sacar della algún fruto.
  • Pues siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas en los costales de los que allí a moler venían, por lo que fue preso, y confesó y no negó y padeció persecución por justicia.
  • Yo al principio de su entrada, pesábame con él y habíale miedo, viendo el color y mal gesto que tenía.
  • Y ansí buscaba conveniente tiempo para rehacer, no la chaza, sino la endiablada falta que el mal ciego me faltaba.
  • Quejábaseme el mal ciego, porque al tiento luego conocía y sentía que no era blanca entera, y decía.
  • Mas así lo disimuló como si no lo hubiera sentido, y luego otro día, teniendo yo rezumando mi jarro como solía, no pensando en el daño que me estaba aparejado ni que el mal ciego me sentía, sentéme como solía, estando recibiendo aquellos dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenía tiempo de tomar de mí venganza y con toda su fuerza, alzando con dos manos aquel dulce y amargo jarro, le dejó caer sobre mi boca, ayudándose, como digo, con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada desto se guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima.
  • Desde aquella hora quise mal al mal ciego, y aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi que se había holgado del cruel castigo.
  • Y aunque yo quisiera asentar mi corazón y perdonalle el jarrazo, no daba lugar el maltratamiento que el mal ciego dende allí adelante me hacía, que sin causa ni razón me hería, dándome coxcorrones y repelándome.
  • Y si alguno le decía por qué me trataba tan mal, luego contaba el cuento del jarro, diciendo.
  • Y en esto yo siempre le llevaba por los peores caminos, y adrede, por le hacer mal y daño.
  • Salgamos de entre tan mal manjar, que ahoga sin comerlo.
  • De manera que antes que el mal ciego sacase de mi boca su trompa, tal alteración sintió mi estómago que le dio con el hurto en ella, de suerte que su nariz y la negra malmaxcada longaniza a un tiempo salieron de mi boca.
  • Contaba el mal ciego a todos cuantos allí se allegaban mis desastres, y dábales cuenta una y otra vez, así de la del jarro como de la del racimo, y agora de lo presente.
  • Hiciéronnos amigos la mesonera y los que allí estaban, y con el vino que para beber le había traído, laváronme la cara y la garganta, sobre lo cual discantaba el mal ciego donaires, diciendo.
  • Llévame a ese lugar donde el arroyo se ensangosta, que agora es invierno y sabe mal el agua, y más llevar los pies mojados.
  • Pues, estando en tal aflición, cual plega al Señor librar della a todo fiel cristiano, y sin saber darme consejo, viéndome ir de mal en peor, un día que el cuitado ruin y lacerado de mi amo había ido fuera del lugar, llegóse acaso a mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue ángel enviado a mí por la mano de Dios en aquel hábito.
  • Mas él, como viniese a comer y abriese el arca, vio el mal pesar, y sin dubda creyó ser ratones los que el daño habían hecho, porque estaba muy al propio contrahecho de como ellos lo suelen hacer.
  • Y con aquello algún tanto consolado, tornando a cerrar, me volví a mis pajas, en las cuales reposé y dormí un poco, lo cual yo hacía mal, y echábalo al no comer.
  • Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo y darle tal garrotazo que la matase, con toda su fuerza me descargó en la cabeza un tan gran golpe, que sin ningún sentido y muy mal descalabrado me dejó.
  • Y miré por mí, y vime tan maltratado que luego sospeché mi mal.
  • Aquél tendimos, haciendo cuenta de ablandalle, lo cual era imposible, porque de lo duro mal se puede hacer blando.
  • Debe ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal pie, que a los que viven en ellas pegan la desdicha.
  • Y muchas veces, por llevar a la posada con que él lo pasase, yo lo pasaba mal.
  • El Señor lo remedie, que ya con este mal han de morir.
  • ¡Y velle venir a mediodía la calle abajo con estirado cuerpo, más largo que galgo de buena casta! Y por lo que toca a su negra que dicen honra, tomaba una paja de las que aun asaz no había en casa, y salía a la puerta escarbando los dientes que nada entre sí tenían, quejándose todavía de aquel mal solar diciendo.
  • ¡Maldita sea ella y el que en ella puso la primera teja, que con mal en ella entré! Por Nuestro Señor, cuanto ha que en ella vivo, gota de vino ni bocado de carne no he comido, ni he habido descanso ninguno.
  • Cuando por bien no le tomaban las bulas, buscaba cómo por mal se las tomasen, y para aquello hacía molestias al pueblo e otras veces con mañosos artificios.
  • Mas pues él nos manda que no volvamos mal por mal y perdonemos las injurias, con confianza podremos suplicarle que cumpla lo que nos manda, y Su Majestad perdone a éste que le ofendió poniendo en su santa fe obstáculo.
  • Mayormente, que una noche nos corrieron a mí y a mi amo a pedradas y a palos unos retraídos, y a mi amo, que esperó, trataron mal, mas a mí no me alcanzaron.
  • Pregonero, hablando en buen romance, en el cual oficio un día que ahorcábamos un apañador en Toledo y llevaba una buena soga de esparto, conocí y caí en la cuenta de la sentencia que aquel mi ciego amo había dicho en Escalona, y me arrepentí del mal pago que le di por lo mucho que me enseñó, que, después de Dios, él me dio industria para llegar al estado que ahora estó.
  • Mayormente si me quieren meter mal con mi mujer, que es la cosa del mundo que yo más quiero, y la amo más que a mí.
  • En aquel tiempo, todavía el mundo estaba mal conocido, todavía había derroteros tradicionales y una inmensidad de Océano en blanco jamás visitado por el hombre.
  • Todos estos riesgos exaltaban la imaginación, aumentaban el valor, daban el pensamiento de luchar contra el mal y de vencerlo.
  • Era Lope hombre inquieto y turbulento, terco y mal encarado.
  • ¡Mal tiro! exclamó Lope al primer disparo, al notar que la bala pasaba por encima de su cabeza.
  • De los delfines, que tienen esa extraña simpatía mal explicada por los hombres.
  • Temía que me recibieran mal o fríamente.
  • Luego, al avanzar la tarde, nos dirigíamos a casa por la muralla dando la vuelta a una punta que, si no recuerdo mal, se llama de San Felipe.
  • Al entrar en la taberna vi a un hombre moreno, mal encarado, que me miraba de una manera aviesa.
  • Si se le pregunta qué tal va la obra, dirá que mal, porque Shempelar es un dilettanti del pesimismo.
  • El caso fué que mi madre no se conmovió tanto como yo creía, y hasta se me figuró que le pareció mal que yo me comprometiese a ayudar a mi prima.
  • Mis amores comenzaban mal.
  • El creía, como los hombres antiguos, que el hombre va del bien al mal.
  • Que va del mal al bien.
  • Los días de mal tiempo nos encerrábamos en la cámara a hablar y a jugar.
  • Constantemente repetía un latinajo que, si no recuerdo mal, era similia similibus curantur, lo que yo, en verdad, no sé qué quiere decir.
  • A aquel pajarraco de mal agüero todo el mundo le odiaba.
  • La muerte del capitán y del médico, mal explicadas, podían comprometernos.
  • Tristán, el de la cicatriz, dijo al teniente que, si no le parecía mal, iba a abrir un boquete al barco.
  • A pesar de las palabras del médico viejo no me tranquilicé, y, con esta tendencia que se tiene a aumentar el propio mal, le pedí informes de Machín.
  • Probablemente si llega usted a intentar abrir la caja, lo hubiera usted pasado muy mal.
  • Pero si el tiempo es dudoso, los señeros, en vez de mandar recado a todos los pescadores, llaman sólo a los patrones, y en el extremo del muelle, al amanecer, discuten las probabilidades de que haya bueno o mal tiempo.
  • Confieso que la cosa me hizo muy mal efecto.
  • Yo empecé a ver la cosa mal.
  • Una maniobra mal hecha, una cuerda rota, y la goletilla iba al fondo del mar.
  • La tratarían muy mal.
  • Ilustración IV EL FINAL DE LA SHELE Siempre que pensaba en la Shele siguió diciendo el médico viejo, tenía el presentimiento, muy lógico en el fondo, de que había de acabar mal.
  • Que está mal.
  • Y cuando yo le indiqué que su padre se había portado mal, replicó.
  • Para Wilkins el mal no era más que la cantidad de sombra necesaria para que brille el bien.
  • En una de ellas encontré, por mi desdicha, a Tristán de Ugarte, que ha sido para mí uno de esos hombres providencialmente funestos, seres reclamos del mal que se ponen en el camino para arrastrarnos al vicio y a la ruina.
  • Su finca de Ilo Ilo marchaba mal.
  • Todo cuanto uno decía le parecía mal otro.
  • El capitán era una especie de oso de mal humor.
  • Observan también, disimuladamente, por las aspilleras, si viene algún coche o carro al pueblo, si hay novedades en las casas de la barriada nueva, no sin cierta hostilidad, porque todos los habitantes del interior sienten una obscura y mal explicada antipatía por sus convecinos de extra muros.
  • Tellagorri se sentía poco aficionado a las cosas de iglesia, tenía poca apición, como hubiera dicho él, y cuando bebía dos copas de más la primera gente de quien empezaba a hablar mal era de los curas.
  • Era también hombre de refranes, y cuando estaba borracho cantaba muy mal, sin afinación alguna, pero dando a las palabras mucha malicia.
  • A ella se le antojaban extravagancias, porque desde niña tenía un instinto de orden y tranquilidad y le parecía mal que Martín fuese tan loco.
  • Zalacaín sonreía, y Bautista le miraba con cierto mal disimulado pánico.
  • Carlos Ohando se acerco a Martín, y le dijo con mal ceño.
  • Ninguno de la partida tenía mal aspecto ni aire patibulario.
  • Sí, esto marcha mal, y yo me alegro dijo Capistun.
  • No estuvo mal tampoco la manera como Fernando deshizo la boda entre un zapatero rico de Tolosa y una novia suya.
  • Ichtaber es buena persona y hombre de fortuna, es verdad, pero como es zapatero y chato y ha andado toda la vida con pieles, huele muy mal.
  • Entonces le apuntó a ella con el fuelle y metió por el agujero del tabique una corriente de aire de mal olor.
  • ¿No le parece a usted mal que me sirva de sus opiniones?
  • Era un hombre de mal gusto.
  • Son de mal intención, pero buenos cocineros, eso si.
  • Le salió al paso una muchacha redondita, muy bonita y de muy mal humor.
  • Ayúdeme usted, no tenga usted mal genio le dijo Martín a la muchacha tomándole la mano y dándole un duro.
  • Ganó Martín, y uno de los compañeros de Briones, un teniente aragonés que había perdido toda su paga, comenzó, para vengarse, a hablar mal de los vascongados, y Zalacaín y él se encarzaron en una estúpida discusión de amor propio regional, de esas tan frecuentes en España.
  • Transcurridos tantos años, recuerdo aún, como se recuerdan las medrosas imágenes de un mal sueño, que mi madre yacía postrada con no sé qué padecimiento.
  • Hay que añadir a las causas de aquel cariño, aunque me esté mal el decirlo, que yo, no obstante haber vivido hasta entonces en contacto con la más desarrapada canalla, tenía cierta cultura o delicadeza ingénita que en poco tiempo me hizo cambiar de modales, hasta el punto de que algunos años después, a pesar de la falta de todo estudio, hallábame en disposición de poder pasar por persona bien nacida.
  • Pero tú no irás, Alonso, tú no irás, porque estás enfermo y porque has servido bastante al Rey, quien por cierto te ha recompensado muy mal.
  • En la cocina eché el ancla, lloroso, considerando cuán mal había concluido mi combate naval.
  • Pero entonces lo arreglaban todo los padres, y lo raro es que a veces no salía del todo mal.
  • Mal hayan los viajes y el perro judío que los inventó.
  • Si mal no recuerdo, también dijo Don José María que había aconsejado a Napoleón el atrevido hecho del 18 brumario.
  • Toda nuestra oficialidad está muy mal por verse obligada a servir a las órdenes de semejante hombre.
  • Si no, me temo que esto acabará mal.
  • Mis baladronadas hicieron gracia a la vieja, y me dio mil golosinas para quitarme el mal humor.
  • Esta sola diferencia hacía comprender la diversa procedencia de los tripulantes, pues mientras unos eran marineros de pura raza, llevados allí por la matrícula o enganche voluntario, los otros eran gente de leva, casi siempre holgazana, díscola, de perversas costumbres, y mal conocedora del oficio.
  • No me parece que está esto mal pensado.
  • Otro guardia marina que estaba a su lado cayó también mal herido, y Uriarte quedó al fin enteramente solo en el alcázar, cubierto de muertos y heridos.
  • Vimos flotando en el agua multitud de restos y despojos, como masteleros, cofas, lanchas rotas, escotillas, trozos de balconaje, portas, y, por último, avistamos dos infelices marinos que, mal embarcados en un gran palo, eran llevados por las olas, y habrían perecido si los ingleses no corrieran al instante a darles auxilio.
  • Y si bien estaba desarbolado de todos sus palos y sin timón, el casco no se conservaba mal.
  • Apresado por los ingleses, era casi imposible manejarlo a causa del mal estado y del furioso vendaval que se desencadenó en la noche del 21.
  • Dos navíos ingleses, también muy mal parados, hacían fuego sobre el Santa Ana.
  • Pero en el punto en que concluyó aquella hazaña, comenzó a verse claro el peligro en que nos encontrábamos, pues el Santa Ana debía ser remolcado hasta Cádiz, a causa del mal estado de su casco.
  • El vendaval había arreciado, y fue opinión general a bordo del Santa Ana que, si tardábamos en llegar, pasaríamos muy mal rato.
  • Era como la cruel aberración de una divinidad empeñada en causar todo el mal posible a seres extraviados.
  • No tardó, sin embargo, en bajar al sollado, diciendo que se sentía muy mal.
  • Álava está muy mal.
  • A este condenado le pusieron Rayo por mal nombre.
  • Tiene mala andadura, gobierna mal y parece que está cojo, tuerto y manco como yo, pues si le echan la caña para aquí, él va para allí.
  • Ya sabe usted que viraba mal, y que todas las maniobras se hacían en él muy difícilmente.
  • Mas su vena inagotable no tardó en sugerirle nuevas ideas, y contestó con mal humor.
  • Encontré al oficial de artillería en bastante mal estado, y decía a los que le rodeaban.
  • El Rey paga mal, y después, si queda uno cojo o baldado, le dan las buenas noches, y si te he visto no me acuerdo.
  • Parece mentira que el Rey trate tan mal a los que le sirven.
  • Ha sido apresado, y su comandante murió, si no recuerdo mal.
  • Quiera Dios que estos señores no nos den un mal pago.
  • Parece que una de las razones que alegó Gravina fue el mal tiempo, y mirando el barómetro de la cámara, dijo.
  • ¿No ven ustedes que el barómetro anuncia mal tiempo?
  • Cual turbas de pilluelos, aquellas migajas de la basura, aquellas sobras de todo se juntaban en un montón, parábanse como dormidas un momento y brincaban de nuevo sobresaltadas, dispersándose, trepando unas por las paredes hasta los cristales temblorosos de los faroles, otras hasta los carteles de papel mal pegado a las esquinas, y había pluma que llegaba a un tercer piso, y arenilla que se incrustaba para días, o para años, en la vidriera de un escaparate, agarrada a un plomo.
  • Esto ya lo había notado el Palomo, empleado laico de la Catedral, perrero, según mal nombre de su oficio.
  • Pensaba en tales momentos que acaso él no sería jamás nada de aquello a que había aspirado, que tal vez el límite de su carrera sería el estado actual o un mal obispado en la vejez, todo un sarcasmo.
  • El Magistral empezaba a despreciar un poco los años de su próxima juventud, le parecían a veces algo ridículos sus ensueños y la conciencia no se complacía en repasar todos los actos de aquella época de pasiones reconcentradas, poco y mal satisfechas.
  • Del convento ampuloso y plateresco de las Clarisas había hecho el Estado un edificio para toda clase de oficinas, y en cuanto a San Benito era lóbrega prisión de mal seguros delincuentes.
  • Pero no pueden, porque delata la relativa juventud de estos caserones su arquitectura que revela el mal gusto decadente, pesado o recargado, de muy posteriores siglos.
  • Obdulia, que disimulaba mal su aburrimiento mientras se hablaba de cuadros, ojivas, arcos peraltados, dovelas y otras tonterías que no había entendido nunca, se animó con la presencia del Magistral de quien era hija de confesión, por más que él había procurado varias veces entregarla a don Custodio, hambriento de esta clase de presas.
  • Cerca de la puerta había algunos cuadros nuevos que eran copias no mal entendidas de pintores célebres.
  • Vivimos en una sociedad hipócrita, triste y mal educada solía él decir a los jóvenes de Vetusta, que le querían mucho.
  • No está mal.
  • Adquirían pronto una familiaridad importuna que daba ocasión a las calumnias de los necios y de los mal intencionados.
  • ¡Este vejete chocho y mal educado me las ha de pagar todas juntas!
  • Empero aquí, señores, forzoso es confesarlo, el mal gusto desbordado, la hinchazón, la redundancia se han dado cita para labrar estas piedras en las que lo amanerado va de la mano con lo extravagante, lo recargado con lo deforme.
  • Ni un mal bibelot.
  • Aumentaba su mal humor con la conciencia de que estaba pasando un cuarto de hora de rebelión.
  • Don Víctor observó que la muchacha no había reparado el desorden de su traje, que no era traje, pues se componía de la camisa, un pañuelo de lana, corto, echado sobre los hombros y una falda que, mal atada al cuerpo, dejaba adivinar los encantos de la doncella, dado que fueran encantos, que don Víctor no entraba en tales averiguaciones, por más que sin querer aventuró, para sus adentros, la hipótesis de que las carnes debían de ser muy blancas, toda vez que la chica era rubia azafranada.
  • Fue acogida con mal disimulado júbilo la proposición tímida, y el matrimonio mejor avenido del mundo dividió el lecho.
  • Tampoco le parecía mal lo de prender fuego a la casa y vengar secretamente el supuesto adulterio de su mujer.
  • ¡Menos mal! pensaban las hermanas de don Carlos allá en su caserón de Vetusta.
  • Tomó un aya, una española inglesa que en nada se parecía a la de Cervantes, pues no tenía encantos morales, y de los corporales, si de alguno disponía, hacía mal uso.
  • Quiso saber lo que era aquel pecado de que la acusaban, y en la maldad de doña Camila y en la torpe vida, mal disimulada, de esta mujer, se afiló la malicia de la niña que fue comprendiendo en qué consistía tener honor y en qué perderlo.
  • Yo quiero concluía que mi hija sepa el bien y el mal para que libremente escoja el bien.
  • ¡Honni soit qui mal y pense! repetía don Carlos.
  • No, porque San Agustín no bebería sidra ni refutaría tan mal argumentos como los de su padre.
  • Se hablaba muy mal de Chateaubriand por aquel tiempo en todas partes.
  • Tuvo pesadillas, y aunque hizo esfuerzos para no declararse enferma, el mal pudo más, la rindió.
  • Y además estaba sujeta a una deuda que mal se podría enjugar con lo que ella valía.
  • Representa una alianza nefasta en que la sangre, a todas luces azul, de los Ozores, se mezcló en mal hora con sangre plebeya.
  • Efectivamente, no estaba mal conservado.
  • De mal humor.
  • Cuando un socio pedía un libro de aquellos, el conserje se acercaba de mal talante al pedigüeño y le hacía repetir la demanda.
  • No siempre en el Casino se podía hablar mal de los curas.
  • Era alto, grueso y no mal formado.
  • No le quería mal.
  • Joaquinito, fingiendo mal buen humor, preguntó.
  • En el salón sentaba mal lo capitoné, según su dogma, pero la Marquesa se reía de estas imposiciones oficiales.
  • Si se le hablaba de mal gusto, contestaba que la moda moderna era lo confortable y la libertad.
  • Si no había podido moralizarla a ella, mal había de moralizar a sus tertulios.
  • Don Álvaro en el seno de la confianza hablaba con desprecio de Visitación y hacía gestos mal disimulados de asco.
  • Pero calzaba mal.
  • Liebres, conejos, perdices, arceas, salmones, truchas, capones, gallinas, acudían mal de su grado a la cocina del Marqués, como convocados a nueva Arca de Noé, en trance de diluvio universal.
  • Aquello no valía nada, y otorgó el cocinero su indispensable permiso con un desdén mal disimulado.
  • Yo no sé cómo hay quien hable mal de la confesión.
  • Lo mismo se engaña y se daña a sí propio el pecador que oculta los pecados, o no los confiesa tales como son, o los examina de prisa y mal, o falta al régimen espiritual que se le impone.
  • Al que llega a cierto grado de fortaleza, la presencia del mal le edifica a su modo por el contraste.
  • Aquel perfume de harapo lo respiraban muchas mujeres hermosas, unas fuertes, esbeltas, otras delicadas, dulces, pero todas mal vestidas, mal lavadas las más, mal peinadas algunas.
  • Es más, le parecía de mal tono llevar la contraria a los católicos de buena fe.
  • Hablaban mal de la Iglesia y bien del cielo, de Dios, del alma.
  • Aquellas tristezas, aquellos arranques mal disimulados de impaciencia, de despecho, que yo observaba con el rabillo del ojo ¡ay! ¡sí, esto era lo cierto, con el rabillo! ¿serían ilusiones mías, nada más que ilusiones?
  • No le había dado ni un mal abrazo en lo obscuro.
  • X A las ocho en punto, la berlina de la Marquesa venía arrancando chispas por las mal empedradas calles de la Encimada.
  • Si estos inventores no hubieran sabido armonizar los intereses de la industria con los estatutos de la sociedad protectora de animales, lo hubiera pasado mal aquella noche la Regenta.
  • Recobraste la salud gracias a la fuerza de los alimentos, pero la melancolía mal disimulada seguía, los nervios erre que erre.
  • Estaba de mal humor.
  • De este libro, sin conocerlo, hablaba muy mal don Saturnino Bermúdez, cuando estaba un poco alegre, después de comer.
  • En Vetusta el buen humor consiste en soltarse pullas y frescas todo el año, como en perpetuo Carnaval, y el que se enfada desentona y se le tiene por mal educado.
  • ¿se siente mal?
  • Por eso todos piensan mal y por eso hay que andar con cien ojos.
  • Hasta les parece mal que enseñes la doctrina a las niñas de la Santa Obra del Catecismo.
  • Sólo sabía, por su mal, que había sido un escándalo que apenas se pudo sofocar antes que fuera tarde.
  • Yo soy un ambicioso, y lo que es peor, mil veces peor, infinitamente peor, yo soy avariento, yo guardo riquezas mal adquiridas, sí, mal adquiridas.
  • Buen alimento y allí come mal y poco.
  • Allí desahogaban las mal construidas alcantarillas de gran parte de la Encimada, y, en efecto, en algunas celdas la humedad traspasaba las paredes, y había grietas.
  • Y Rosita no estaba tan mal como el médico decía.
  • Aquel idiota de don Robustiano le había puesto de mal humor.
  • Necesitaba arrojar la careta, dar rienda suelta a su mal ánimo, pisar algo con ira.
  • El Obispo nunca hablaba mal de nadie.
  • El Obispo había hablado a los señores del margen, a la Audiencia Territorial ni más ni menos mal que al común de los fieles.
  • Aquel mismo año en que Fortunato lo había hecho tan mal, en concepto de los señores magistrados, se lució en su sermón de viernes el sinuoso Arcediano.
  • Preguntaba poco y mal.
  • Esto y el ver allí a la de Páez, su más fiel devota, agravó el mal humor del Vicario.
  • Ha hecho usted mal, pero muy mal en acompañar a esta.
  • Primero era su mal humor.
  • Un mal humor de color de pez.
  • Mal afeitados los dos, peor el sacerdote, que mostraba el rostro lleno de púas negras ásperas.
  • Don Fermín, recordando de repente su mal humor, sus contratiempos del día, se puso en pie y encarándose con el párroco que también se levantó como si fueran a atacarle dijo con voz áspera.
  • Señor mío, estoy enterado de todo, y tengo el disgusto de decirle que su asunto tiene muy mal arreglo.
  • ¡Creía usted mal, señor mío! Y si usted duda de mi palabra, ahí tiene usted en ese estante a Giraldi Expositio juris Pontificii que en el tomo II, parte 1.º, trata la cuestión con gran copia de datos.
  • ¡Desgraciado de ti! Date por perdido, mal clérigo.
  • Han venido ustedes en mal día.
  • Y no conté con mi mal humor.
  • Paco le había saludado de lejos, deprisa y mal, porque en aquel momento huía con la petaca de Quintanar a esconderla en la huerta, seguido de Edelmira, su más rolliza y vivaracha y colorada prima.
  • Aquel género de materialismo que era su religión, le llevaba a pensar que nadie podía resistir los impulsos naturales, que los clérigos eran hipócritas necesariamente, y que la lujuria mal refrenada se les escapaba a borbotones por donde podía y cuando podía.
  • Como un mal clérigo, que abusa del confesonario, sabía don Álvaro flaquezas cómicas o asquerosas de muchos maridos, de muchos amantes, sus antecesores, y en el número de aquellas crónicas escandalosas entraban, como parte muy importante del caudal de obscenidades, las pretensiones lúbricas de los solicitantes, sus extravíos, dignos de lástima unas veces, repugnantes, odiosos las más.
  • Estas y otras reflexiones análogas pusieron a Mesía de mal humor y airado contra el Magistral, cuya influencia en Vetusta, especialmente sobre el sexo débil y devoto, le molestaba mucho tiempo hacía.
  • (el Magistral se puso levemente sonrosado, y le tembló algo la voz, porque estaba aludiendo a las confidencias de la tarde anterior), esas angustias de que usted se queja y se acusa tengan mucho de nerviosas y también puedan curarse, en la parte que al mal físico corresponde, con esa nueva vida que le aconsejan y le exigen.
  • Ello será de mal tono decía cosa de pobretes, pero todos mis convidados quedan contentos de tal servicio.
  • ¡Oiga usted, mal clérigo! exclamó Quintanar, que estaba de muy buen humor y empezaba a sentirse rejuvenecido.
  • De Pas respondía con mal disimulado despego a las coqueterías de Obdulia y no le agradecía siquiera el holocausto que le estaba ofreciendo de los obsequios de Joaquín Orgaz que ella desdeñaba con mal disimulado énfasis.
  • Obdulia comprimió un chillido de mal género.
  • ¿volvería pie atrás, desafiaría el mal humor de su madre?
  • Disimulaba mal su impaciencia, su mal humor, tal vez no pretendía siquiera disimularlos.
  • Seguía molestándole y conocía ya él mismo que le olía mal la boca.
  • Por desahogar el mal humor, por emplear en algo aquella fuerza que sentía en sus músculos, en su alma ociosa, molesta como un hormigueo.
  • Mal hecho, madre.
  • Si está mal hecho, ríñeme a mí.
  • Paula era entonces una joven alta, blanca, fresca, de carne dura y piel fina, pero mal hecha.
  • Y una noche, reparando al cenar que Paula era mal formada, angulosa, sintió una lascivia de salvaje, irresistible, ciega, excitada por aquellos ángulos de carne y hueso, por aquellas caderas desairadas, por aquellas piernas largas, fuertes, que debían de ser como las de un hombre.
  • Mucho sabía el artillero de las trampas del mundo, de las doncellas falsas, pero él se fue a su casa al alba persuadido de que había vencido, bien o mal, una honra verdadera.
  • Había caído de lo alto de una peña abrazado a la osa mal herida que perseguían los vaqueros hacía una semana.
  • Y como tampoco había tenido mal resultado, sino muy beneficioso para Zapico, este seguía estimando a doña Paula.
  • El mal está en la raíz.
  • La Regenta tenía la cabeza a pájaros, y no había que aventurar ni un mal pisotón, so pena de exponerse a echarlo a rodar todo.
  • Contribuían estos desfallecimientos nocturnos a contener los progresos de la piedad, que el Magistral procuraba despertar con gran prudencia, temeroso de perder en un día todo el terreno adelantado, si daba un mal paso.
  • Que no eran golpes del metal sino aldabonazos de la neuralgia que quería enseñorearse de aquella mala cabeza, olla de grillos mal avenidos.
  • Así es que a semejanza de los socios de un club madrileño, hablaban a gritos en su palco, conversaban con los cómicos a veces, decían galanterías o desvergüenzas a coristas y bailarinas, y se burlaban de los grandes ideales románticos que pasaban por la escena, mal vestidos, pero llenos de poesía.
  • Como se había empeñado la imaginación exaltada en comparar lo que pasaba en Vetusta con lo que sucedía en Sevilla, sintió supersticioso miedo al ver el mal en que paraban aquellas aventuras del libertino andaluz.
  • Cuando era aficionado a representar en los teatros caseros es decir cuando mi edad y posición social me permitían trabajar, porque la afición aún me dura comprendiendo que era muy ridículo batirse mal en las tablas, tomé maestro de esgrima y dio la casualidad de que demostré en seguida grandes facultades para el arma blanca.
  • Le sabía mal la boca y temía los amagos de la jaqueca.
  • Le decía que se sentía mal, que había tenido la jaqueca y le suplicaba que la dispensase.
  • Había sido un arranque de mal humor.
  • Y tomó un polvo de rapé extraído con mal pulso de una caja de nácar.
  • Su mal humor fue en aumento.
  • Al ver que Ana había mentido, que estaba buena y había buscado un embuste para no acudir a su cita, el mal humor de Don Fermín rayó en ira y necesitó toda la fuerza de la costumbre para contenerse y seguir sonriente.
  • Aquellas metáforas parecían mal, pero no sabía decir de otro modo sus afanes, a no hablar con una claridad excesiva.
  • Hija mía, el mal no está en que usted haya perdido nada.
  • Que tenía fama entre ciertas gentes mal pensadas de enamorado y atrevido.
  • Si algo de panteísmo puede haber en lo que usted dice, no es peligroso, por tratarse de usted, y yo me encargaría, en todo caso, de cortar ese mal de raíz.
  • Y si no fuera vanidad intolerable, añadiría óigame usted a mí algunos días de los que Dios quiere que no me explique mal del todo.
  • Apareció Petra con el cabello suelto, en chambra, y mal tapada con un mantón viejo del ama.
  • Pero Frígilis, mal humorado, se encaró con la aurora.
  • ¡Si el tren saliese dos horas antes, menos mal!
  • La del Banco, como pajarita de las nieves, saltaba de piedra en piedra, esquivaba los charcos, y de paso, dejaba ver el pie no mal calzado, las enaguas no muy limpias, y a veces algo de una pantorrilla digna de mejor media.
  • El elemento devoto era todo el pueblo en llegando el mal tiempo, y hasta los socios de Viernes santo, unos perdidos que se juntaban durante la Semana de Pasión a comer de carne en la fonda, hasta esos acudían al templo, si bien a criticar a los predicadores y mirar a las muchachas.
  • Y la sopa se enfriaba, y al fin aparecía Visitación, sofocada, distraída, de mal humor.
  • Con un camisolín de su mujer, que simulaba bien o mal un cuello marinero.
  • Don Álvaro no hablaba de este mal negocio con la del Banco, por más que ella le hurgaba.
  • Una tarde entró De Pas en el confesonario con tan mal humor, que Celedonio el monaguillo le vio cerrar la celosía con un golpe violento.
  • ¡Oh! ¡oh! ¡estamos mal! había exclamado el clérigo desde la torre.
  • Todo lo encontró mal.
  • En vano la Marquesa, Paco, Visitación y Ripamilán acudieron presurosos al tener noticia del mal.
  • Valiente mono mal educado está él.
  • ¡Estamos mal!
  • Tenía algo de la fiera que cae en la trampa, del murciélago que entra por su mal en vivienda humana llamado por la luz.
  • Se acostó de muy mal humor.
  • Ana estaba mal, había delirado.
  • La aprensión hace más víctimas que el mal.
  • Sin fe en el médico creyendo en no sabía qué mal incurable que no comprendían los doctores de Vetusta, tuvo de repente, como un amargor del cerebro, esta idea.
  • Ana esperaba ya aquellos días en que, con largos intervalos de mal tiempo, aparece un poco de luz que arranca vibraciones de alegría y resplandor al verde dormido de los campos vetustenses.
  • En el Casino se sentaba a su lado, tenía la paciencia de verle jugar al dominó o al ajedrez, y terminada la partida le cogía del brazo, y, como solía llover, paseaban por el salón largo, el de baile, obscuro, triste, resonante bajo las pisadas de las cinco o seis parejas que lo medían de arriba abajo a grandes pasos, que tenían por el furor de los tacones, algo de protesta contra el mal tiempo.
  • Se filosofaba mientras se comía, tal vez con los dedos, salchichón o chorizos mal tostados, queso duro, o tortillas de jamón, lo que fuese.
  • No se me haga a mi hablar del tiempo, del mal servicio de criadas, de la carestía de los comestibles.
  • Olía mal pero no pasaba de ahí.
  • Ni para bien ni para mal les agradaba hablar de las cosas de tejas arriba.
  • Señores, no confundamos las cosas, el mal está en la raíz.
  • Mucho de intrigas, mucho de politiquilla, mucho de intereses materiales mal entendidos.
  • ¡Todo era hablar mal del clero! Se creó una sociedad de filósofos.
  • Algunas veces discutía con Frígilis, en quien reconocía la madera de un libre pensador, pero mal educado.
  • Perdió aquel refugio de sus horas desocupadas que eran muchas, y anduvo como alma en pena vagando de café en café hasta que al cabo de algunos años tropezó con don Santos Barinaga en el Restaurant y café de la Paz, donde todas las noches el enemigo implacable del Magistral se preparaba a mal morir bebiendo un cognac con honores de espíritu de vino.
  • Pero desde que el monopolio mal disfrazado de competencia de La Cruz Roja había empezado a labrar su ruina, iba sintiendo cada día más vacilante el alcázar de su fe.
  • La cabeza se tenía mal sobre los hombros.
  • Cuando la segunda arremetida del mal, que fue tan peligrosa, cedió el paso poco a poco a la salud.
  • Los recibió el señor Guimarán en su despacho, lleno de periódicos y bustos de yeso, baratos, que representaban bien o mal a Voltaire, Rousseau, Dante, Francklin y Torcuato Tasso, por el orden de colocación sobre la cornisa de los estantes, llenos de libros viejos.
  • Acogió a los comisionados con la amabilidad que le distinguía y ocultando mal la sorpresa.
  • En resumidas cuentas, estaba pasando un mal rato.
  • No estaba borracho, pero se sentía mal y a su pesar encontraba cierto deleite en oír aquellas escenas escandalosas que en otra ocasión le hubieran indignado.
  • Pues sabe que en el mundo civilizado ya nadie habla de Dios ni para bien ni para mal.
  • A ese clero que dispersa los hogares y hunde en alcantarillas inmundas, mal llamadas celdas, a las vírgenes del Señor, y que entiende que las entrega a Jesús entregándolas a la muerte.
  • La Marquesa, Visitación, Obdulia, doña Petronila y otras amigas que habían hecho compañía a la Regenta mientras duró el mal tiempo, ahora la visitaban cada dos o tres días y las visitas eran breves.
  • ) me mandó a tiempo el mal.
  • Habíale hechizado una mujer con malas artes, con un idolillo puesto al cuello, y no cesó el mal hasta que la Santa, por la gran afición que su confesor le tenía, logró que él le entregase el hechizo, aquel ídolo que era prenda del amor infame.
  • Yo soy la pecadora, aunque ningún hombre me hizo el mal que aquella mujer al clérigo hechizado.
  • Y más que en su oración pensaba en que los muchachos que miraban desde abajo, podían verla las pantorrillas, que tapaba mal la falda, a pesar de los esfuerzos de la castidad instintiva.
  • Ahora el don Fermín era otro, otro que despreciaba a sus vecinos y ni siquiera se tomaba la molestia de quererlos mal.
  • Quintanar lo forró con bayeta negra, como un catafalco, y así clavaba, los martillazos apagados tenían una resonancia mate, fúnebre, de mal agüero, que llenaba de melancolía a don Víctor.
  • El infierno, aquella verdad tremenda, sublime en su mal sin término.
  • Ni para bien ni para mal se acordaba don Fermín de tales preguntas.
  • Por una parte aquel dolor de atrición, aquel miedo a no salvarse a pesar de ser tan bueno, de no haber hecho mal a nadie.
  • En los pueblos se habla mal del médico, del boticario, del cura, del alcalde.
  • Hará usted mal en negarla.
  • Prodromos del mal.
  • Ripamilán, con mal acuerdo, y sin que lo supiera el Magistral, se decidió a tomar la pluma y publicar en el Lábaro un articulejo, sin firma, defendiendo a su amigo, a las Salesas, y a la gramática, maltratada por el periódico progresista, según el canónigo.
  • Además, el mal era cierto.
  • Sí, sí, pensaba, yo combatiré la inclinación al mal, enamorándome de este bien, de este sacrificio, de esta abnegación.
  • Todos compadecían aquella miseria entre protestas de cólera mal comprimida.
  • Pues usted no habla mal ni poco.
  • Deje usted, deje usted había advertido Foja con mal gesto.
  • Las mujeres del pueblo, que cogían agua en las fuentes públicas, las ribeteadoras y costureras que paseaban por la calle del Comercio, y por el Boulevard, arrastrando por el lodo con perezosa marcha los pies mal calzados.
  • Algunas buenas mozas, mal pergeñadas, alababan la idea en voz alta.
  • En la inmoralidad que acusaba aquella aglomeración de malos cristianos, estaba pensando precisamente don Pompeyo Guimarán, que, mal curado de una fiebre, había consentido en cenar con don Álvaro, Orgaz, Foja y demás trasnochadores en el Casino y había venido con ellos a la misa del gallo.
  • ¡Buenas noches, buenas noches! dijo el Magistral con tono de mal humor, casi con ira.
  • Doña Petronila, con una manteleta de raso negro, antiquísima, mal cortada, recibía a su mundo devoto como si estuviese ella de cumpleaños.
  • Que lo dijera su mujer, que mal de su grado subía colgada de su brazo, hermosísima, casi contenta, pese a todos los confesores del mundo.
  • Le había sabido mal la alusión de Foja.
  • La marquesa de Vegallana, todavía de azul eléctrico, se levantó de su silla de raso carmesí con respaldo de nogal, y abrazó sin que pareciera mal, a su querida Anita.
  • Las señoritas de la clase media (y cuenta que en Vetusta el gobernador civil y familia entraban en la aristocracia) se vengaban de aquel desdén mal disimulado contándoles los huesos de la pechuga a las del barón y a otras jóvenes aristócratas.
  • Mal gesto puso Fabiolita, que así se llamaba, pero una seña de su padre la obligó a favorecer a Trifón, aunque se propuso no contestarle, si él se atrevía a hablar, más que con monosílabos.
  • Mal poeta era Cármenes, pero el rigodón lo conocía muy a fondo.
  • Ana disimulaba mal la impresión viva y profunda que le causaron las palabras de su amiga.
  • En cuanto Ana volvió en sí, pidiendo mil perdones por haber turbado la fiesta, don Víctor, de muy mal humor, ya sin miedo, la llenó el cuerpo de pieles, la embozó, se despidió de la amable compañía y con la del Banco se llevó a la Regenta a la cama.
  • Sin disimular apenas, disimulando muy mal su dolor que era el más hondo, el más frío y sin consuelo que recordaba en su vida, salió De Pas de la sacristía, y anduvo por las naves de la catedral vacilante, sin saber encontrar la puerta.
  • Después la idea del mal que había hecho la había horrorizado.
  • Y Ana se interrumpía al ver al Magistral quedarse lívido, y como rectificando añadía, el mal.
  • Me sentí mal.
  • Mal negocio.
  • Aquel ensayo de primavera temprana había salido mal.
  • El mal tiempo se llevó la resignación tranquila, perezosa de Anita Ozores.
  • ¡Y ahora no tenía al Magistral para ayudarla! Cada día se sentía más sola, más abandonada y ya empezaba a pensar que había sido injusta con el Provisor pensando de él tan mal y dejándole huir desesperado con aquellas sospechas que llevaba clavadas en el corazón como un dardo envenenado.
  • Tal vez porque el ser amada, fuera por quien fuera, no podía saberle mal aunque ella tuviese que desdeñar y hasta vituperar aquel amor.
  • El mal es el mal de todas suertes.
  • Hasta del mal ladrón le estaba dando lástima en aquel momento.
  • Se sentía mal.
  • Pero yo conocía que esto iba mal.
  • Pero la desesperación taciturna de su Fermo, complicada con una enfermedad misteriosa, de mal aspecto, que podía parar en locura, asustó a la madre que adoraba a su modo al hijo.
  • Y crea usted que yo no le quería a usted mal, pero como mi propósito era combatir el fanatismo, al clero en general.
  • Él no quería mal a nadie, pero lo cierto era que, una vez tan adelantada la elegía, don Pompeyo le iba a hacer un flaco servicio si no se moría cuanto antes.
  • El exceso del mal traerá el remedio.
  • Qué mal los cantaba aquel tenor de Valladolid.
  • Pero si se siente mal de esas aprensiones dichosas no me dé pormenores, bastan generalidades.
  • Si lo tuviera malo y pensara mal, creería que a usted le pesa de mi buen humor, a juzgar por el tono con que lo dice.
  • El mal subió de los pies a la cabeza.
  • Si quería consolarse con la religión y el amparo del Magistral, su mal era mayor, porque sentía que la fe, la fe vigorosa, puramente ortodoxa, se derretía dentro de su alma.
  • ¿Veía ella mal?
  • La horrorizaba pensar que en tales días eran indiferentes para ella virtud y crimen, pena y gloria, bien y mal.
  • Pepe el casero era aquel año factor de la fiesta de la parroquia, y pensaba echar la casa por la ventana, para no dejar mal al señor Marqués.
  • Para comer mal siempre se llega a tiempo.
  • Ripamilán, aunque algo sordo de algunos años acá, había oído perfectamente la descarga de las nubes y ya se sentía mal.
  • ¡si fueran pinos menos mal! ¡pero el laurel!
  • Por allá abajo viene otro mal semblante.
  • Otro miserable y además un estúpido que merecía cuanto mal le viniera encima, como él, como Ana lo merecían también, como lo merecía el mundo entero que era un lodazal.
  • Allá en el Vivero los convidados habían puesto a mal tiempo buena cara, y mientras en el palacio viejo los curas rurales, el Marqués, y algunos otros señores de Vetusta jugaban al tresillo a primera hora y más tarde al monte, que llamaba el clero del campo la santina, en la casa nueva todas las damas y los caballeros que habían querido correr por los prados en la romería, procuraban divertirse como podían y se bailaba, se tocaba el piano, se cantaba y se jugaba al escondite por toda la casa.
  • Tu don Fermín es un botarate, hija mía, y perdona contestó Quintanar de mal humor, mientras se mudaba los calcetines.
  • Cuando Álvaro, creyendo bastante cargada la mina, suplicó que se le dijera algo, por ejemplo, si se le perdonaba aquella declaración, si se le quería mal, si se había puesto en ridículo.
  • Pocas veces las mujeres con quien me he atrevido a ser audaz, han tomado a mal mis demasías.
  • Bobadas de mamá dijo Paco del mal humor apareciendo por un extremo de la galería.
  • Ana sorprendió alguna de aquellas miradas rápidas y compadeció al enamorado galán, sin tomar a mal su curiosidad indiscreta.
  • Dice que es insolente, que te trata mal.
  • Álvaro seguía pensando Ana había hecho mal en revelarle aquellas miserias, en hacer traición a Quintanar, por indigno que este fuera, y sobre todo en avergonzarla a ella con las aventuras ridículas y repugnantes del viejo.
  • La vio siempre desconfiada, mostrando antipatía mal oculta hacia Petra, y comprendió además que era muy nueva la Regenta en esta clase de aventuras, para llegar al cinismo de ampararse de domésticas, y menos sabiendo de ellas que eran solicitadas por su marido.
  • En su cerebro estalló la palabra grosera con que el vulgo mal hablado nombra a los maridos que toleran su deshonra.
  • Bostezaban y obedecían mal a la voz del amo.
  • Y don Víctor a él le vio tan pálido y con ojos tales que le tuvo un miedo vago, supersticioso, el miedo del mal incierto.
  • El agua estaba llena de polvo, sabía mal.
  • Por la mañana había despertado con fiebre, había llamado a su madre asustado y como no podía explicarle la causa de su mal había preferido fingirse sano, y levantarse y salir.
  • Es que yo no soy un mal barbero, señor mío gritó don Frutos tengo algo que perder.
  • Pero los padrinos se habían portado mal, eran torpes, a pesar de las ínfulas del coronel Fulgosio que decía tener el código del honor en la punta de los dedos.
  • Mesía mismo se explicaba mal cómo había llegado hasta allí.
  • Frígilis explicó su presencia lo menos mal que pudo.
  • ¡Oh, qué evidente era el mal! Ella estaba condenada.
  • Pero a ratos, meditando, pensando en su delito, en su doble delito, en la muerte de Quintanar sobre todo, al remordimiento, que era una cosa sólida en la conciencia, un mal palpable, una desesperación definida, evidente, se mezclaba, como una niebla que pasa delante de un cuerpo, un vago terror más temible que el infierno, el terror de la locura, la aprensión de perder el juicio.
  • ¡y otras! Hablaban mal de Ana Ozores todas las mujeres de Vetusta, y hasta la envidiaban y despellejaban muchos hombres con alma como la de aquellas mujeres.
  • La pobre estará mal de recursos y con la ayuda de Frígilis.
  • Pero el jaco, que no desmentía las aptitudes especiales de la raza caballar gallega para andar por mal piso, avanzaba con suma precaución, cabizbajo, tanteando con el casco, para sortear cautelosamente las zanjas producidas por la llanta de los carros, los pedruscos, los troncos de pino cortados y atravesados donde hacían menos falta.
  • Tosco, de piedra común, tan mal labrado que a primera vista parecía monumento románico, por más que en realidad sólo contaba un siglo de fecha, siendo obra de algún cantero con pujos de escultor, el crucero, en tal sitio y a tal hora, y bajo el dosel natural del magnífico árbol, era poético y hermoso.
  • No hacía mal.
  • Puntas de cigarros adheridas al piso, dos pares de botas inservibles en un rincón, sobre la mesa un paquete de pólvora y en un poyo varios objetos cinegéticos, jaulas para codornices, gayolas, collares de perros, una piel de conejo mal curtida y peor oliente.
  • ¿No le hizo mal lo de ayer?
  • Entre usted y yo, mal sería que no acertásemos.
  • No obstante, limitóse a condenar la biblioteca, a no pasar ni un mal paño por el lomo de los libros.
  • La rodeaban unos quince curas y sobre ocho seglares, entre ellos el médico, notario y juez de Cebre, el señorito de Limioso, el sobrino del cura de Boán, y el famosísimo cacique conocido por el apodo de Barbacana, que apoyándose en el partido moderado a la sazón en el poder, imperaba en el distrito y llevaba casi anulada la influencia de su rival el cacique Trampeta, protegido por los unionistas y mal visto por el clero.
  • Cebre, mira que vas por mal camino.
  • Vamos a aventurar algo a que no me deja mal el señor Arcipreste.
  • Y aún es peor en un sacerdote, si me apuran, el mal ejemplo y el escándalo, que el mismo pecado.
  • A mí se me figura que nadie piensa mal de usted con Sabel.
  • La renta se cobra tarde, mal y arrastro.
  • Siquiera aquí, mal o bien, es uno el rey de la comarca.
  • ¡Mal rayo que te parta! vociferó el marqués echando fuego por los ojos.
  • La menor no hay duda que era muy linda, blanca con cabos negros, alta y esbelta, pero la mal disimulada pasión de ánimo, las cárdenas ojeras, amenguaban su atractivo para don Pedro, que no estaba por romanticismos.
  • Aunque salgo de entre tojos, no soy tan mal criado como todo eso.
  • Pareciéronle, y con razón, estrechas, torcidas y mal empedradas las calles, fangoso el piso, húmedas las paredes, viejos y ennegrecidos los edificios, pequeño el circuito de la ciudad, postrado su comercio y solitarios casi siempre sus sitios públicos.
  • ¡Vaya unos santos más mal hechos y unas santas más flacuchas y sin forma humana!, ¡unas columnas más toscamente esculpidas! Sería de ver a alguno de estos sabios que escudriñan el sentido de un monumento religioso, consagrándose a la tarea de demostrar a don Pedro que el pórtico de la Gloria encierra alta poesía y profundo simbolismo.
  • ¡Simbolismo! ¡Jerigonzas! El pórtico estaba muy mal labrado, y las figuras parecían pasadas por tamiz.
  • Cuando nació el señorito Gabriel, que andará en los diecisiete o poco más, ya no se pensaba que la señora volviese a tener sucesión, porque andaba delicada, y le probó tan mal el parto, que falleció a los pocos meses.
  • Sofá que pudiera llamarse tribuna de los maldicientes, pues allí se reunían tres de las más afiladas tijeras que han cortado sayos en el mundo, triunvirato digno de más detenido bosquejo y en el cual descollaba un personaje eminentísimo, maestro en la ciencia del mal saber.
  • Éste, irregular y tortuoso, serpeaba alrededor de parte de la casa, quebrándose en inesperados codos, y a veces estrechándose como longaniza mal rellena.
  • Salió la corta edad de la muchacha, su delicada salud, y hasta su poca hermosura alegó el padre, sazonando la observación con alusiones no muy reservadas al buen palmito de Rita y al mal gusto de no preferirla.
  • Parecíale que era providencial el que la señorita cuidase a aquel mal retoño de tronco ruin.
  • Al mismo tiempo lanzaba ojeadas de sobresalto en derredor, porque le iba sabiendo mal la tardanza de su mujer en presentarse.
  • En vez de las apresuradas idas y venidas de criados que siempre indican algún acontecimiento trascendental, notó una calma de mal agüero.
  • Puede decirse que lleva cuarenta y ocho horas sin probar alimento, pues me confesó que antes de avisar a su marido, mucho antes, ya se sintió mal y no pudo comer.
  • Fue pensar en lo excusado convencerla de que la niña que criaba era un ser delicado y frágil, que no se podía traer mal envuelto en retales de bayeta grana, dentro de una banasta mullida de helechos, y dejarse a la sombra de un roble, a merced del viento, del sol y de la lluvia, como los recién nacidos del valle de Castrodorna.
  • Hice mal, muy mal en tomarle tanta afición.
  • El capellán bajó la escalera de caracol con ánimo de decir su misa, que a causa del mal estado de la capilla señorial acostumbraba celebrar en la parroquia.
  • Luego su efecto sombrío les fue entrando, mal de su grado, por los ojos hasta el alma.
  • , vamos, no es por decir mal de ella, pero.
  • Pero mire usted, en cada tiempo hay su legua de mal camino.
  • Insensible como un espartano al mal físico, Perucho sólo pensaba en la injusticia cometida con él.
  • No hacía mal.
  • No ha cí a mal.
  • ¡Válgame Dios! Señorita, a usted le va mal.
  • No he hecho mal a nadie, me he casado a gusto de papá, y mire usted ¡cómo se me arreglan las cosas! Señorita.
  • Viendo el gobernador que el cacique perdía absolutamente la sangre fría, comprendió que el negocio andaba mal parado, y le preguntó severamente.
  • El Arcipreste, a quien en Santiago conocían por el apodo de Sobres de Envelopes, a causa de una candorosa pregunta en mal hora formulada en una tienda, había sido en otro tiempo, cuando simple abad de Anles, el mejor instrumento electoral conocido.
  • El gobierno dispone de mucha fuerza, ¡qué diantre!, y cuando ve la cosa mal parada recurre a la coacción, haciendo las elecciones por medio de la Guardia Civil.
  • , son cosas que se ven a la prueba, y si salen mal, se debe callar y guardarlas.
  • Respiraba fatigosamente, como persona en quien se cumplen mal las funciones pulmonares.
  • ¿No le parece a usted como a mí que este casamiento tenía que salir mal?
  • Perucho, cuyos pies descansaban en las anfractuosidades del muro, se quedó como incrustado en él, sin osar respirar, ni bajarse, ni moverse, porque aquel hombre desconocido, mal encarado y en acecho, le infundía el pavor irracional de los niños, que adivinan peligros cuya extensión ignoran.
  • Y en efecto, en el terreno, repujado de pequeñas eminencias que contrastaban con la lisa planicie del atrio, advertía a veces el pie durezas de ataúdes mal cubiertos y blanduras y molicies que infundían grima y espanto, como si se pisaran miembros flácidos de cadáver.
  • La vieja, sin embargo de que hace mal tiempo, ha salido a la novena.
  • El mal del cerebro ha apretado, y todo se pierde.
  • Y no tengo más remedio, para luchar con el mal, que escribir.
  • Estaba mal cuidado, y para colmo de infortunio caí en manos de médicos desaprensivos.
  • El mal es grave, pero, en mi humilde juicio, puede curarse con resignación de una parte y caridad de otra.
  • El mal tiene más hondas causas.
  • Hacen mal, evidentemente.
  • El bien y el mal son creaciones nuestras.
  • Y por más que el abate Delille la recomiende, me parece, por ejemplo, de mal gusto la costumbre de aplastar en el plato la cáscara de un huevo pasado por agua, costumbre calificada ya por el vizconde de Marenne, en su libro sobre la Elegancia, publicado hace años, de absurda y ridícula.
  • Cuando ocurre esto, es que estoy de mal humor, Pepita.
  • Y resulta que al mal humor que tenía antes se añade este otro.
  • Pero hacen muy mal el género.
  • Son viandas exiguas, mal guisadas, servidas en vajilla desconchada y sucia, sobre el hórrido mantel de hule.
  • Siempre y éste es un mal gravísimo han andado en España dispares y antagónicas la agricultura y la ganadería.
  • Parézcanos bien o mal, nuestra carrera es el matrimonio o el convento.
  • Su fragilísima fábrica de cuerpo la soportaba muy mal.
  • Bueno, pues que a estos hijos de usted, ya que por tales les tiene, no les vendría mal un padre, y un padre no mal acomodado y hasta regularmente rico.
  • ¿Pero quién enfrenaba a un pensamiento que mordía en el fruto de la ciencia del mal?
  • Que a mí aquello me llegó al fondo del alma, me hirió profundamente y quise averiguar la raíz del mal.
  • Sí, ya me decía el pobre tío que yo era como Eva, empeñada en conocer la ciencia del bien y del mal.
  • Vender el jugo maternal de las propias entrañas para mantener mal, para dejarlos morir acaso de hambre, a los propios hijos, era algo que le causaba dolorosos retortijones en las entrañas maternales.
  • Me ha dicho cien veces que había ahogado ese mal pensamiento.
  • No conocía la ciencia del mal.
  • Para lavar los ojos cuando han visto cosas feas no está mal, pero tú no has visto cosas feas, no puedes verlas.
  • Vete, que me viene un mal pensamiento y se santiguó.
  • El mal pensamiento era que el susurro diabólico allá, en el fondo de las entrañas doloridas con el dolor de la partida, le decía.
  • ¿Y qué mal hay en ello?
  • ¿Qué mal hay en ello?
  • ¿Qué mal hay en servir a Dios?
  • En servir a Dios, no, no hay mal ninguno.
  • Yo no sé para lo que voy, pero si siguiera el ejemplo de la Tía no habría de ir por mal camino.