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Frases que tengan las palabras: saber y mas

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Frases con: saber y mas

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Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • Por lo bien que decía las cosas y la gracia de sus juicios, aparentaba saber más de lo que sabía, y en su boca las paradojas eran más bonitas que las verdades.
  • El origen de esto habrá que buscarlo quizá en ternuras domésticas o en hábitos de servidumbre que trascienden sin saber cómo a la vida social.
  • Juanito acabó por declararse a sí mismo que más sabe el que vive sin querer saber que el que quiere saber sin vivir, o sea aprendiendo en los libros y en las aulas.
  • Pronto hubo de sospechar que si Baldomerito no le hablaba de amor explícitamente, era por pura cortedad y por no saber cómo arrancarse.
  • Sin saber pelotada de Geografía, comprendía que había un Singapore y un istmo de Suez.
  • Una sola frase suya probará su inmenso saber en esa historia viva que se aprende con los ojos.
  • Parecía estar en acecho, movida de una curiosidad semejante a la de Santa Cruz, deseando saber quién demonios subía a tales horas por aquella endiablada escalera.
  • ¡Si lo que la nena anhelaba saber era un devaneo, una tontería.
  • Pero quería saber, sí señor, quería enterarse de ciertas aventurillas.
  • ¡Curiosona, fisgona, feúcha! ¿Tú quieres saber?
  • Pero Jacinta tenía un arte instintivo para el manejo del gancho, y sacaba siempre algo de lo que quería saber.
  • ¡Pero qué tontín! Si lo quiero saber para reírme, nada más que para reírme.
  • Vaya, no quiero saber más, no me cuentes más.
  • No quiero saber más.
  • Una sola cosa quiero saber, una sola.
  • Y en el momento que tal habló arrepintiose de ello, porque lo que deseaba saber, si picaba mucho en curiosidad, también le picaba algo el pudor.
  • Pero vete a saber cómo se enlazan en el pensamiento las ideas.
  • ¿Qué me meto yo en el bolsillo con saber un nombre más?
  • A media noche, cuando se retiraron fatigados a su domicilio después de haber paseado por las calles y oído media Africana en el teatro de la Princesa, Jacinta sintió que de repente, sin saber cómo ni por qué, la picaba en el cerebro el gusanillo aquel, la idea perseguidora, la penita disfrazada de curiosidad.
  • Al volver de Plencia ya comprometido a casarse y enamorado de su novia, quiso saber qué vuelta llevó Fortunata, de quien no había tenido noticias en tanto tiempo.
  • Quería saber lo que comen los pequeños, qué ropa les pongo.
  • Vaya usted a saber.
  • Aparisi y Casa Muñoz se fueron al Bolsín a saber noticias, no sin que antes de partir dieran una nueva muestra de su rivalidad.
  • Pero los días y las noches, sin saber cómo, traíanla lentamente otra vez a la misma situación penosa.
  • ¡Pero qué huecas le parecieron a Jacinta, que en las dialécticas del corazón era más maestra que él por saber amar de veras! Y a ella le tocó reír después y desmenuzar tan livianos argumentos.
  • Una de las más puras satisfacciones de los señores de Santa Cruz era saber a ciencia cierta que su hijo no tenía trampas, como la mayoría de los hijos de familia en estos depravados tiempos.
  • Sin saber lo que hacía soltó un botón.
  • Eso mismo venía yo a saber dijo doña Bárbara apareciendo en la puerta.
  • Algunas veces, sin saber cómo ni por qué, me entra cierta excitación, y me pongo así, nervioso y como echando chispas.
  • Pero no quiero saber nada.
  • Como Dios es mi padre, yo he de saber lo que hay de verdad en esto, y si.
  • Tengo ganas de saber cómo se desenvuelve Salmerón.
  • No me importa saber a cómo valen el ladrillo pintón y las alfargías.
  • Nos basta con saber que están en casa.
  • Era una manada de salvajes, compuesta de dos tagarotes como de diez y doce años, una niña más chica, y otros dos chavales, cuya edad y sexo no se podía saber.
  • El considerar que había llegado a los cincuenta años sin saber plumear y leyendo sólo a trangullones, le hacía formar de su endivido la idea más desventajosa.
  • Es una gaita esto de no saber escribir.
  • Señora, eso de no saber no es todo lo verídico.
  • Al volver a su casa, tenía la Delfina vivos deseos de saber si Guillermina había hecho algo.
  • Yo quiero saber cómo se sacude esa mosca.
  • Cuando él gemía o respiraba muy fuerte, le arrullaba dándole suaves palmadas en la espalda, y por no apartar sus manos de aquella obligación, siempre que quería saber si sudaba o no, acercaba su nariz o su mejilla a la frente de él.
  • ¡Qué curiosos son estos hombres! ¡Virgen María!, todo lo quieren saber.
  • Ayer, sin saber lo que hacía compré un nacimiento.
  • Y se acabó mi cuento, niña de mi vida, porque no he vuelto a saber una palabra de aquel respetable tronco, lo que me llena de contento.
  • Querida, me ha dicho Bárbara que estás muy confusa por no saber qué hacer con ese muchacho.
  • Pero pensando en ello, te lo digo ahora en confianza, salí a la calle, me reía solo, y sin saber lo que me hacía, me metí en el Bazar de la Unión y.
  • No sabía fijamente si era liberal o no, y con el mayor desparpajo del mundo llamaba doctrinario a cualquiera sin saber lo que la palabra significaba.
  • Tan pronto sentía en su espíritu, sin saber por qué ni por qué no, frenético entusiasmo por los derechos del hombre.
  • Lo esencial del saber, lo que saben los niños y los paletos, ella lo ignoraba, como lo ignoran otras mujeres de su clase y aun de clase superior.
  • Era como el buen médico que le pide al enfermo las noticias más insignificantes del mal que padece y de su historia para saber cómo ha de curarle.
  • Lo que quiero saber ahora es qué sujeto era ese con quien te uniste después, el que te sacó de Madrid y te llevó de pueblo en pueblo como los trastos de una feria.
  • Ya estoy de misionero hasta aquí, usando la palabra misionero con un sentido doble, a saber.
  • Pero una de aquellas señoras creía que era pecado mortal no indicar algo a doña Lupe, porque esta al fin lo tenía que saber, y más valía prepararla para tan tremendo golpe.
  • Y si lo era, pronto se había de saber.
  • Sostenía, no obstante, doña Lupe que el retrato de Jáuregui era una obra maestra, y a cuantos lo contemplaban les hacía notar dos cosas sobresalientes en aquella pintura, a saber.
  • Él no lo sabe, ¿qué ha de saber, si es un tontín?
  • No juzgue usted las cosas tan de ligero insistió Maximiliano, apurado por no saber expresarse bien.
  • La verdad es que doña Lupe se quedó un instante algo confusa sin saber qué responder.
  • Ya te he dicho que no quiero saber si tu novia tiene los ojos negros o amarillos.
  • Yo quiero saber cómo te las vas tú a gobernar con tanto olivo, tanto parral y ese pedazo de monte bajo que dicen que te toca.
  • A doña Lupe (no lo podía remediar) le daba asco el modo de comer de su sobrino, considerando que más le valía saber menos de cosas teológicas y un poquito más de arte de urbanidad.
  • Vaya, que me ha dejado frío lo que acabo de saber.
  • A saber, a saber.
  • El pobre chico no veía las santas horas de que llegase el día para saber por ella pormenores de la conferencia.
  • Jamás llegaré tan arriba, y sin saber cómo, arriba se encuentra.
  • Creía ella que los curas de mucho saber y virtud debían de conocerse en el poco uso que hacían del agua y jabón, y también en que su alimento no podía ser sino yerbas cocidas y sin sal.
  • Fortunata estaba pasando la pena negra con aquella visita de tantismo cumplido, y un color se le iba y otro se le venía, sin saber cómo contestar a las preguntas de doña Lupe ni si sonreír o ponerse seria.
  • Varias noches estuvo en la tertulia de las de la Caña completamente achantada y sin saber por dónde tirar.
  • A Rubín se le acabó su saber de liturgia, y a Fortunata le empezaba a molestar un pie, a causa de la apretura de la bota.
  • Fortunata parecía contenta, y deseaba que la hora llegase pronto para abreviar la expectación y perplejidad en que los dos amantes estaban, sin saber qué decirse.
  • Cuando el motor daba sus vueltas con celeridad, el enamorado, sin saber por qué y obedeciendo a un impulso de su sangre, avivaba el paso.
  • Sin saber por qué, deteníase el joven.
  • Pero a saber cómo vienen las cosas.
  • Exclamó al fin bebiéndose sus lágrimas, sino que hoy, sin saber por qué ni por qué no, me veo tal y como soy.
  • Puede que se te haya quedado algo por decir y confesar, porque siempre se queda algo sin saber cómo, y esos pozos son lo que más atormenta.
  • A saber los medios que el Señor escoge.
  • Dijo esto último con tal intención, que Fortunata, cuya ansiedad crecía sin saber por qué, vio tras el sabes una cosa una confidencia de extraordinaria gravedad.
  • Pero de repente, sin saber cómo, criada y ama cruzaron sus miradas, y en una mirada pareció que se entendieron.
  • La emoción que sintió al verle fue tan grande, que se quedó como yerta, sin saber dónde estaba.
  • Fortunata siguió inquiriendo con molesta curiosidad todo lo que quería saber respecto a la intimidad de los esposos.
  • En vano intentó doña Lupe saber lo que había ocurrido de los propios labios del joven.
  • Esas cosas vienen sin saber cómo.
  • ¡A saber.
  • Doña Lupe le aguardaba en la sala para saber si había sido más afortunado que ella en la averiguación de la verdad, y allí se estuvieron picoteando un buen rato.
  • El creer que todo esto es una comedia y que sólo se trata de saber a quién le toca mamar y a quién no.
  • Ni para una ni para otra cosa se necesitaba en el periodismo antiguo saber escribir.
  • El móvil de esto no era simplemente el amor al saber, sino un maligno deseo de tener argumentos con qué apabullar a los curas de la mesa próxima, que sólo por ser curas, aunque sueltos, le eran antipáticos, pues odiaba a la clase entera desde aquella trastada que los sotanas le hicieron en el Norte.
  • En este círculo fue donde se coló Juan Pablo, con su clerofobia y su pegadizo saber de teología y filosofía católica.
  • Vio que se agitaban pañuelos, y bien pudo suceder que ella agitara el suyo sin saber lo que hacía.
  • Para que yo te cuente lo que deseas saber, es preciso que tú me cuentes antes a mí otra cosa.
  • Pero el momento de la confesión se acercaba, y el pecador estaba algo confuso, sin saber cómo iba a salir de ella.
  • Aunque en el pensamiento de Fortunata iba condensándose la imposibilidad de entrar, continuaba allí clavada sin saber por qué.
  • Dejándose llevar de sus propios pasos, se encontró sin saber cómo en el centro de la Puerta del Sol.
  • Como Don Evaristo se preciaba de saber algo de medicina, tomole el pulso.
  • Pero de repente, sin saber cómo ni por qué, todo se le volvía del revés allá en las cavidades desconocidas de su espíritu, y la conciencia se le presentaba limpia, clara y firme.
  • ¡Qué bonito aquel paso de Pío IX bendiciendo a las tropas! Y la conversación rodaba, sin saber cómo, de la bendición papal a los amoríos del narrador.
  • Has de saber que anteayer me encontré a doña Lupe en la calle y le arrojé otra chinita.
  • Esto del horizonte avivó en la mente de la joven aquel naciente anhelo de lo desconocido, del querer fuerte sin saber cómo ni a quién.
  • Fortunata se quedó mirando a su amigo, sin saber qué expresión tomar.
  • Hay que discurrir, y sobre todo, penetrarse bien del propio decoro para saber mirar por el ajeno.
  • Ahora lo que falta saber es si con toda esa cristiandad nos querrá dar gato por liebre.
  • Las tres mujeres la miraban con pena, lamentándose de no saber aliviarle aquel ahogo.
  • Encontrola como aturdida, sin saber lo que le pasaba.
  • Sin saber cómo, aquel nuevo flechazo trajo a la mente de Fortunata un pensamiento que en cierto modo se eslabonaba con la presencia de la niña.
  • He aquí a la prójima otra vez turbada y sin saber lo que le pasaba.
  • Bien debe saber que no somos potentadas.
  • A saber si lo es realmente, que las apariencias engañan.
  • A ratos me distraigo, me entra como un olvido, me quedo lelo sin saber dónde estoy ni lo que hago.
  • Poco después, hallándose en el gabinete sentada junto al balcón, por donde entraba el sol, sintió en los pasillos ruidos de voces que al pronto no se podía saber si eran de gozo o de ira.
  • La credencial estaba allí, y no me la habían mandado por no saber mis señas.
  • A saber, más Jerez.
  • Ni verle, ni saber de él tan siquiera.
  • No se puede saber si fueron espontaneidad aturdida o bien reflexión deliberada estas palabras suyas.
  • Me casé sin saber lo que hacía.
  • ¡sin saber lo que hacía! Pues qué, ¿casarse es un acto insignificante y maquinal como beber un buche de agua?
  • ¿Puede alguien casarse sin saber que se casa?
  • Esta se vio algo confusa, sin saber cómo salir de aquel atolladero.
  • Mucho la cohibía el temor de no saber usar términos en consonancia con los que emplearía la confesora, pues en todas las ocasiones difíciles recobraba su popular rudeza, y se le iban de la memoria las pocas enseñanzas de lenguaje y modales que había recibido en su corta y accidentada vida de señora.
  • Dice usted que se casó sin saber lo que hacía.
  • Sin saber cómo, de repente, el casamiento y mi marido se me pusieron a cien mil leguas de distancia.
  • Eso es lo que quiero saber.
  • Subió por la calle de la Paz, pasando a cada instante de una acera a otra sin saber lo que hacía.
  • Opta por esta última dirección, sin saber por qué.
  • El quid está en saber herir con la composición la parte sensible.
  • Había aprendido la viuda de Fenelón cuanto hay que saber en lo concerniente al ramo de ropa blanca.
  • Ya quiere saber de qué son.
  • Yo no tomo píldoras sin saber la composición indicó Maxi con la mayor buena fe.
  • Mire usted, amigo Maximiliano, yo creo que todo lo que debemos saber sobre eso, ya nos lo han enseñado.
  • Por no saber, no sabes ni siquiera perderte.
  • Ambos son venenos virosos, es a saber, que se queda uno dormido y en sueños se acaba.
  • Y tan buena que le ha de saber a usted mejor que los dulces que le enviaré esta noche.
  • Médico de gran saber y aplicación, había alcanzado mucha fama y tenía una clientela brillantísima.
  • Sin saber cómo ni por qué, ciertas impresiones de aquel día se reprodujeron en su mente.
  • ¡pero si sabré yo lo que me digo! ¿Qué has de saber tú?
  • ¿Qué has de saber lo que hay del lado de allá de la puerta negra?
  • Mientras estés allá, rezaré tanto por ti, que te has de curar, sin saber de dónde te viene el remedio.
  • Falta saber, por ejemplo, si ella le correspondía o no.
  • Iré tirando, tirando hasta dar con lo que queremos saber.
  • Pero a donde quiera que vaya, me gustará saber de este pobrecito, el único que me ha querido de verdad, el que me ha perdonado dos veces y me perdonaría la tercera.
  • Lo que yo quisiera saber ahora es dónde está mi sombrero dijo él, mirando debajo de la mesa y del sofá.
  • Un sin fin de ideas se le metió en la cabeza, y estuvo aturdida largo rato, sin saber con cuál de ellas quedarse.
  • ¡Bueno se iba a poner Feijoo, al saber que la chulita había hecho mangas y capirotes de la doctrina práctica expuesta con tanto ardor y cariño por el simpático anciano, cuando dispuso la separación! ¡Cuánto mejor no haberse separado de aquel hombre sin igual! ¡Ella le habría soportado en su vejez caduca, y habría sido feliz cuidándole como se cuida a un niño inocente! Al llegar a la Plaza de los Carros, y al ver la calle de Don Pedro, pensó que no tendría valor para contarle a su amigo sus últimas calaveradas.
  • Falta saber de quién es ahora la casa.
  • Pero dígame una cosa que quiero saber.
  • Daría yo cualquier cosa exclamaba invocando al Cielo, por saber esa verdad que ahora no saben más que Dios y ella, pues el tercero que la sabía se ha muerto.
  • Se alegraba de verle para saber lo que ocurría en la familia, y para que le contara por qué demonios andaba suelto Maxi por esas calles.
  • Este matrimonio solía ir los domingos acompañado de toda la familia, a saber.
  • Y cuando, al despedirse, Ido le dio su nombre, agregando que era profesor de primeras letras en las escuelas católicas, Maximiliano discurrió que no estaba en armonía la humildad del empleo con el saber y la destreza dialéctica que aquel individuo mostraba.
  • Lo que me falta saber, podría averiguarlo siguiendo a ese bárbaro.
  • Pues pensando en su sobrina, vino a sentar ciertas bases que discutió consigo misma, dándolas al fin por indestructibles, a saber.
  • ¡Verla yo! Sólo por curiosidad he querido saber lo que sé.
  • Pero lo que la pasmará a usted es saber que el amigo Maxi está tan mejorado, pero tan mejorado, que si le ve usted no le conoce.
  • Hoy mismo, ahora mismo (agitándose en el lecho, cogiendo a su hijo, volviéndolo a dejar, descubriéndose el pecho, tapándoselo y sin saber qué hacer).
  • Porque ha de saber usted que Dios me ha hecho tutora de este hijo.
  • Balbució Aurora muy cortada, sin saber para dónde volverse.
  • Un rato estuvo inmóvil sin saber si seguir subiendo o volverse para abajo.
  • A saber.
  • Dímelo, dímelo prontito indicó ella, que sin saber por qué, esperaba de aquel hombre, a quien tenía en tan poco ideas extrañas y quizás consoladoras.
  • Sentía la herida allá dentro, sin saber dónde, herida o descomposición irremediables, que la conciencia fisiológica revelaba con diagnóstico infalible, semejante a inspiración o numen profético.
  • Pues Dios, para perdonarnos, necesita saber si perdonamos nosotros antes.
  • La santa estuvo un instante sin saber qué actitud tomar.
  • Era un ángel murmuró Ballester, a quien, sin saber cómo, se le comunicaba algo de aquella exaltación.
  • Y emprendió el camino hacia Valencia, temblando de frío, sin saber adónde iba.
  • De aquí las exclamaciones de asombro y el gesto de rabia de toda la huerta cuando Pimentó, de campo en campo y barraca en barraca, fué haciendo saber que las tierras de Barret tenían ya arrendatario, un desconocido, y que él.
  • Y sin saber por qué, se deleitaba contemplando sus ojos de un verde claro.
  • Y siguiendo el camino lentamente, comían y comían, mirándose el uno en los ojos del otro, sonriendo como unos tontos sin saber de qué, sentándose muchas veces en un ribazo sin darse cuenta de ello.
  • Nunca el saber se vió peor alojado.
  • Recuérdenlo ustedes á sus señoras madres y háganlas saber que el que mañana no traiga los dos cuartos no entrará en la escuela.
  • Ahora que engordaba, se redondeaban sus ancas puntiagudas y su dorso nudoso, moría de repente, sin saber de qué, tal vez en uso de su perfecto derecho al descanso, después de sacar á flote la familia.
  • Batiste se enfadó al saber que dejaba abandonado el caballo en medio del campo, y el muchacho, enjugándose las lágrimas, salió corriendo para traer la bestia al establo.
  • Sin saber lo que hacía, regresó á la barraca, cogió su escopeta detrás de la puerta, y salió corriendo, mientras instintivamente abría la recámara de su arma para ver si los dos cañones estaban cargados.
  • Templos del saber que difundan la luz de la ciencia por esta vega, antorchas que.
  • Pero sin saber por qué, permanecía allí, como si este espectáculo tan nuevo para él pudiese más que su voluntad.
  • Ya lo decía su abuelo, que era persona de mucho saber.
  • Los demás seguían inmóviles, puestos á la defensiva, capaz cada uno de despedazar al vecino sin saber por qué, pero no queriendo ser el primero en la agresión.
  • Después corrió al cuarto de los chicos, y á golpes y gritos los sacó en camisa, como un rebaño idiota y medroso que corre ante el palo, sin saber adónde va.
  • La mitad de los polvos y menjurjes que sus niñas tenían en el tocador los consumía la mamá, que en la madurez de su vida comenzó a saber como se agrandan los ojos por medio de las rayas negras, cómo se da color a las mejillas cuando éstas adquieren un fúnebre tinte de membrillo, y cómo se combate el vello traidor que alevosamente asoma en el labio y en la barba cual película de melocotón, convirtiéndose después en espantosas cerdas.
  • Doña Manuela estaba inmóvil, repasando mentalmente sus compras para saber lo que faltaba.
  • Manolita acogió burlescamente la declaración del dependiente, mas no por esto dejó de agradecerla, con esa satisfacción que causa en toda mujer el saber que es amada, y nada dijo a su familia ni a Rafael.
  • Su primo Rafael había terminado la carrera, abandonando las locuras de estudiante para revestirse de la gravedad del doctor, y cuando ella esperaba de un momento a otro que formulase ante el padre sus pretensiones, una buena alma la hizo saber que aquel calavera ya no limitaba sus infidelidades a serenatas amorosas o pasiones del momento, sino que tenía cierto arreglo en el barrio del Carmen con carácter permanente, y hasta se susurraba si había una criatura de por medio.
  • Y aunque los dos tenían poco afecto al médico, experimentaron cierta satisfacción al saber que la viuda y el primo se casaban apenas transcurriera el plazo marcado por la ley.
  • ¡Que rabie ese rancio! decía doña Manuela, indignada al saber la furia con que su hermano había acogido tales reformas.
  • Era la toquilla de la casa, la señorita aturdida que aprende de todo sin saber hacer nada.
  • ¿Quién podía saber todo lo que contenía?
  • Las niñas hablaban entre sí, haciéndose preguntas sobre sus trajes o lo que habían hecho durante el día anterior, y nadie se acordaba del matrimonio Cuadros, que permanecía en el sofá como clavado, mirándose los pies y sin saber cómo salir de allí, por no molestar a los que hablaban.
  • Y en cuanto a saber, algo sabía, pues apenas se iniciaba una discusión sobre toreros o pelotaris, dejaba a todo el mundo con la boca abierta.
  • Con el anhelo de su libertad, iban de una parte a otra sin saber por qué.
  • Él esperaba algo, sin saber qué.
  • Próximo al ocaso de su juventud, a los malditos treinta años de que hablaba Espronceda, en vez de tristes desengaños experimentaba la alegría de saber que en el mundo hay algo más grato que adorar a la mamá como un ídolo y plegarse a todos los caprichos de los hermanitos.
  • Juanito se indignaba sin saber por qué.
  • Regocijábale el saber que no era indiferente a Tónica y que en la posición de su familia estaba el único obstáculo.
  • Le llamaba aparte para saber cómo iba aquello.
  • Pero ¡qué diablo! hay que saber vivir, y aquella fiesta, pensando egoístamente, bien podía resultar un medio seguro de proporcionarse auxilios en el porvenir.
  • Las mujeres llevábanse las manos a los ojos, humedecidos sin saber por qué, y las viejas golpeábanse con furia el pecho, entre suspiros de agonizante, lanzando un ¡Señor, Dios mío! que hacía volver con inquietud la cabeza a los más próximos.
  • ¡Bueno estaba su marido para intentar conversiones! El señor Cuadros era un hombre perdido para siempre, un hambriento que había gustado el fruto prohibido, tras muchos años de vida obscura y laboriosa, sin saber lo que era juventud y trabajando como una bestia de carga.
  • Sólo habían transcurrido algunos meses, pero estaban ya lejanos para Cuadros aquellos tiempos en que el tendero de costumbres tranquilas y rutinarias se indignaba al saber que su hijo iba a los bailes y le esperaba tras la puerta empuñando fieramente la vara de medir.
  • Un alma caritativa le había hecho saber que aquella perdida le engañaba, burlándose de él con los chicos de la Bolsa.
  • Iba al despacho del poderoso Morte, a aquella Meca de la fortuna, y sentía una inmensa extrañeza al ver que la gente no mostraba la menor impresión, que el cielo estaba azul, que todo se hallaba como siempre y no surgía la más leve señal exterior para hacer saber al mundo que el gran genio se había equivocado por primera vez aconsejando la baja.
  • Y con estas seguridades, dadas enérgicamente, aunque sin saber con qué fundamento, el señor Cuadros conseguía serenar a Juanito.
  • El pobre viejo, al saber el gran descalabro, en vez de irritarse depuso su huraña actitud, aproximándose a su antiguo dependiente para darle consejos con tono paternal.
  • ¡Oh, ese hombre! ¡Ese pillo! ¡Da lástima ver tanto desesperado, tantos padres de familia dispuestos a matarse o a matar a ese granuja si le pillan! El muy ladrón debió saber antes que nadie lo de la baja, y.
  • ¿Quieres saber que hay de esos tres mil duros?
  • Pero ahora todos debían saber lo de la ruina, y de la casa que se derrumba todos huyen.
  • Pero al saber el estado de su sobrino se apresuró a visitarlo.
  • Y doña Manuela lloraba, efectivamente, sin saber con certeza si sus lágrimas las arrancaba el estado de su hijo, los insultos de su hermano o aquella última noticia de la desaparición de Cuadros.
  • Teresa debía saber dónde estaba su marido.
  • Don Eugenio andaba sin saber adonde dirigirse.
  • Me perdone, señor hidalgo, debe de saber poco de cortesía.
  • Lo que es no saber.
  • Yo no estoy obligado a saber que en lengua soldada se llaman así los papeles de las hazañas.
  • Lo primero ha de saber que en la Corte hay siempre el más necio y el más sabio, más rico y más pobre, y los extremos de todas las cosas.
  • A todo esto, noté que no se desarrebozaba, y pregunté como nuevo para saber la causa de estar siempre envuelto en la capa, a lo cual respondió.
  • ¡No llevaréis ni medio! Han de saber V.
  • Quedé como muerto, sin saber qué consejo tomar de mi remedio.
  • Levantáronme, y viendo mi cara con una zanja de un palmo y sin capa ni saber lo que era, asiéronme para llevarme a curar.
  • ¡Qué cosa es que me digan a mí que has desperdiciado mucha hacienda sin saber cómo, y que te han visto aquí ya estudiante, ya pícaro, y ya caballero, y todo por las compañías! Dime con quién andas, hijo, y diréte quién eres.
  • RESPUESTA De sus buenos sucesos antes aguardo los parabienes que los doy, y me pesara de ello a no saber que mi voluntad y su provecho es todo uno.
  • Saber más de que las Bautistas todas enronquecieron adrede, y sacaron tales voces, que en vez de cantar la misa la gimieron, no se lavaron las caras y se vistieron de viejo.
  • Estas bastan para saber que has de vivir con cautela, pues es cierto que son infinitas las maulas que te callo.
  • Es que hay que saber estudiar.
  • Sin saber por qué, Hurtado y Montaner, que en el curso anterior se sentían hostiles, se hicieron muy amigos en el siguiente.
  • Un día la oyó hablar con acento gallego, y sin saber por qué, todo su terror desapareció.
  • A Hurtado no le importaba nada la cuestión de los métodos y de las clasificaciones, ni saber si la Sociología era una ciencia o un ciempiés inventado por los sabios.
  • Sentía curiosidad por saber la organización del hospital y averiguar por dónde se filtraba el dinero consignado por la Diputación.
  • Doña Leonarda y Niní, al saber lo ocurrido, se escandalizaron.
  • Aracil, al saber lo que sucedía y la visita anunciada del Chafandín, se hubiera marchado con gusto, porque no era amigo de trifulcas.
  • Luego, sin saber a punto fijo hasta dónde llegaba su egoísmo y su sequedad, encontró que era una de las pocas personas con quien se podía conversar acerca de puntos transcendentales.
  • En esta incertidumbre, y sin saber si iban a quedarse o marcharse, se presentó en la casa una señora de Valencia, prima también de don Pedro.
  • Uno tiene la angustia, la desesperación de no saber qué hacer con la vida, de no tener un plan, de encontrarse perdido, sin brújula, sin luz adonde dirigirse.
  • Me llevará a saber, a conocer.
  • No lo sabemos, no lo podemos saber jamás.
  • Basta para un hombre sin deseo de saber.
  • No necesitamos saber lo que son.
  • Mientras tanto no vamos a saber si la República es mejor que la Monarquía, si el Protestantismo es mejor o peor que el Catolicismo, si la propiedad individual es buena o mala.
  • Sin saber por qué, había supuesto los primeros días que tendría continuos disgustos.
  • Sin saber nada, tenía la pedantería de un catedrático.
  • VIII EL DILEMA POCO a poco, y sin saber cómo, se formó alrededor de Andrés una mala reputación.
  • Los días iban sucediéndose a los días y cada uno traía la misma desesperanza, la seguridad de no saber qué hacer, la seguridad de sentir y de inspirar antipatía, en el fondo sin motivo, por una mala inteligencia.
  • Sin saber qué hacer, paseaba como un lobo por aquel cuarto.
  • Solamente el marido podría llegar a saber su manera de ser y de sentir.
  • Estamos solos, nadie habría de saber que usted había sido mía.
  • A Andrés le indignó la indiferencia de la gente al saber la noticia.
  • Pero para ser egoísta hay que saber.
  • ¿Pero eso se puede saber con anterioridad?
  • ¿Pero puede saber nadie cómo será su descendencia?
  • Necio, aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo, y rió mucho la burla.
  • Estas niñerías para mostrar cuánta virtud sea saber los hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos cuánto vicio.
  • Decía saber oraciones para muchos y diversos efectos.
  • Mas con todo su saber y aviso le contaminaba de tal suerte que siempre, o las más veces, me cabía lo más y mejor.
  • No supe más lo que Dios dél hizo, ni curé de lo saber.
  • Vime claramente ir a la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran.
  • Pues, estando en tal aflición, cual plega al Señor librar della a todo fiel cristiano, y sin saber darme consejo, viéndome ir de mal en peor, un día que el cuitado ruin y lacerado de mi amo había ido fuera del lugar, llegóse acaso a mi puerta un calderero, el cual yo creo que fue ángel enviado a mí por la mano de Dios en aquel hábito.
  • Pues, aunque de mañana, yo había almorzado, y cuando ansí como algo, hágote saber que hasta la noche me estoy ansí.
  • ¡quebremos el ojo al diablo! Y más, te hago saber, porque te huelgues, que he alquilado otra casa, y en ésta desastrada no hemos de estar más de en cumplimiento el mes.
  • De esta manera estuve con mi tercero y pobre amo, que fue este escudero, algunos días, y en todos deseando saber la intención de su venida y estada en esta tierra.
  • Pues te hago saber que yo soy, como vees, un escudero.
  • Pesquisar y procurar de saber vidas ajenas para contárselas.
  • A pesar del interés supuesto por mí, nadie se ocupó de saber su continuación, lo cual sirvió para mortificar bastante mi amor propio de literato.
  • Todos, sin saber por qué, suponemos al mar mujer, todos le dotamos de una personalidad instintiva y cambiante, enigmática y pérfida.
  • Pero, ¿qué es la curiosidad digo yo para defenderme sino el deseo de saber, de comprender lo que se ignora?
  • Esta impresión de la escuela, fría y húmeda, donde se entumecen los pies, donde recibe uno, sin saber casi por qué, frases duras, malos tratos y castigos, esa impresión es de las más feas y antipáticas de la vida.
  • Pero otros de más edad y de más saber que yo han visto estas cosas.
  • Si quieres saber cómo es una mujer, primeramente no te enamores de ella.
  • Hubiese querido hablar con abandono y ligereza, saber hacer chistes y comparaciones y echármelas de Tenorio.
  • El no saber vivir como los demás me producía una sorda cólera, una indignación frenética.
  • Yo quedé asombrado, perplejo, sin saber qué contestar.
  • Yo hubiera querido identificarme con ella, saber sus pensamientos más íntimos, penetrar en su alma.
  • Unos firmaron, otros pusieron una cruz en el papel, por no saber firmar.
  • Al saber luego que yo había desaparecido, comprendieron el plan del poderoso enemigo nuestro.
  • ¡Escríbale usted al señorito Juan! Le escribiré, pero va a tardar mucho en saber la noticia.
  • Al saber esto me entró una desesperación profunda.
  • La madre de Martín, al saber el suceso, quiso obligar a su hijo a presentarse en casa de Ohando y a pedir perdón a Carlos, pero Martín afirmó que antes lo matarían.
  • No podía Tellagorri, gaceta de la taberna de Arcale, quedar sin saber en seguida de qué se trataba.
  • Luego, el hombre le preguntó quién era, y él al saber su parentesco con Tellagorri, le dijo.
  • Pues habéis de saber dijo Dantchari que José Cacochipi, el hijo menor de André Anthoni la confitera, ha sido conocido siempre, urbi et orbe por el apodo de Joshé Cracasch.
  • Recordó vagamente lo pasado, la lucha en la carretera, y quiso saber dónde estaba.
  • Quisiera saber cómo se llama usted.
  • Llevaba ya más de un año sin saber nada de su novia.
  • Pues dice contestó Fernando que es muy pequeña, pero que ahí, en esa despensa, hay guardada una trucha muy grande y que ella debe de saber mejores noticias de mis parientes.
  • Pues, ¿qué es usted, si se puede saber?
  • Creo que le ha tenido a usted lástima al saber que no es usted español dijo Martín.
  • Sin saber qué hacer, volvió Martín a los soportales y se puso a pasear por ellos.
  • Linda, al saber que estaba herido, le obligó a quedarse allí.
  • El muelle era una escuela ateniense para despabilarse en pocos años, y yo no fui de los alumnos menos aprovechados en aquel vasto ramo del saber humano, así como tampoco dejé de sobresalir en el merodeo de la fruta, para lo cual ofrecía ancho campo a nuestra iniciativa y altas especulaciones la plaza de San Juan de Dios.
  • Según mis ideas, con este pergenio, y seguido de otros aventureros del mismo empaque, aquel hombre, que todos pintaban como extraordinario, conquistaba la Europa, es decir, una gran isla, dentro de la cual estaban otras islas, que eran las naciones, a saber.
  • Mas al saber que la escuadra combinada se apercibía para un gran combate, sintió renacer en su pecho el amortiguado entusiasmo, y soñó que se hallaba mandando la marinería en el alcázar de proa del Santísima Trinidad.
  • Ya se ve, ¡un hombre sin estudios! Mi hermano el arcediano, que es partidario del príncipe Fernando, dice que ese señor Godoy es un alma de cántaro, y que no ha estudiado latín ni teología, pues todo su saber se reduce a tocar la y a conocer los veintidós modos de bailar la gavota.
  • Algunos de éstos, a modo de vivientes periódicos, concurrían a casa de aquella señora por las tardes, y esto, además del buen chocolate y mejores bollos, atraía a otros ansiosos de saber lo que pasaba.
  • No cesaba de hacerme toda clase de caricias, y al saber que yo también iba a la escuadra, se lamentó de ello, jurando que sería una lástima que perdiese un brazo, pierna o alguna otra parte no menos importante de mi persona, si no perdía la vida.
  • Atormentado por horribles dolores, no dejó de dictar órdenes, enterándose de los movimientos de ambas escuadras, y cuando se le hizo saber el triunfo de la suya, exclamó.
  • Si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto.
  • Grande fue su alegría encontrándole vivo, pues había salido de Cádiz porque la impaciencia le devoraba, y quería saber su paradero a todo trance.
  • Don José María se quedó como alelado con esta razón, y por un instante estuvo perplejo, sin saber qué decir.
  • Quise saber qué había sido de Malespina, y no hubo quien me diera razón del padre ni del hijo.
  • Me quedé absorto al saber la muerte del joven Malespina, y la idea del pesar que aguardaba a mi infeliz e idolatrada amita llenó mi alma, ahogando todo resentimiento.
  • ¿Queréis saber mi vida entera?
  • Él vivía acostumbrado a recibir bofetadas y puntapiés sin saber por qué.
  • No sé cómo ese don Saturno puede saber tanto.
  • Este joven sentimental y amante del saber se cansó de devorar en silencio aquel amor único y procuró ser veleidoso, aturdirse, y esto último poco trabajo le costaba, porque nunca se vio hombre más aturdido que él en cuanto una mujer quería marearle con una o dos miradas.
  • Y se juró, en llegando a Palomares, mirar el diccionario para saber qué era pátina.
  • Nada, nada, repito lo que mi paisano y queridísimo poeta Marcial dejó escrito para casos tales, es a saber.
  • Resultaba de aquella extraña postura que parecía Mourelo un hombre en perpetuo acecho, adelantándose a los rumores, avanzada de sí mismo para saber noticias, cazar intenciones y hasta escuchar por los agujeros de las cerraduras.
  • Se juraba a sí mismo el Maquiavelo del cabildo no abandonar el puesto sin saber a qué atenerse.
  • Aquella tarde esperaba De Pas saber algo.
  • Leía sin saber qué.
  • Había estado, mientras pasaba hojas y hojas, pensando, sin saber cómo, en don Álvaro Mesía, presidente del casino de Vetusta y jefe del partido liberal dinástico.
  • Y sin saber cómo, sin querer se le apareció el Teatro Real de Madrid y vio a don Álvaro Mesía, el presidente del Casino, ni más ni menos, envuelto en una capa de embozos grana, cantando bajo los balcones de Rosina.
  • ¡Saber leer! esta ambición fue su pasión primera.
  • Quiso saber lo que era aquel pecado de que la acusaban, y en la maldad de doña Camila y en la torpe vida, mal disimulada, de esta mujer, se afiló la malicia de la niña que fue comprendiendo en qué consistía tener honor y en qué perderlo.
  • Gran consuelo recibieron doña Anuncia y doña Águeda al saber por el médico esta resolución de la nobleza vetustense.
  • En cuanto a la moral, tampoco era el caso grave, porque en Vetusta nadie debía de saber nada.
  • Escandalizarse es ridículo, es como no saber con qué se come alguna cosa.
  • Has de saber, Anita mía, que yo tengo para ti un novio, paisano mío.
  • Don Tomás era una de las pocas personas a quien ella estimaba de veras, por ver en él prendas morales raras en Vetusta, a saber.
  • Saber en qué puedo yo servir a ustedes a quien tanto debo.
  • La mayor parte de los socios amantes del saber no leían más que noticias.
  • Quiero saber añadió si se piensa que yo soy capaz de poner en tela de juicio la virtud de esa señora tan respetable.
  • Nada podía saber la Regenta de cierto y el amor y la constancia del discreto adorador debían de ser para ella cosa poco menos que segura.
  • Esto era lo que él quería saber a punto fijo.
  • Porque el saber esas cosas no es para chicos.
  • Pero por no disgustarle, no había querido darle pruebas inequívocas de una triste verdad, a saber.
  • Pero es natural que quiera saber cómo está ella.
  • ¡Le daban una fe en sí mismo aquellas palabras! No quería saber más.
  • ¡Y cuántas más lecciones le había prometido el Magistral para otro día! ¡Cuántas cosas nuevas iba a saber y a sentir! ¡Y qué dicha tener un alma hermana, hermana mayor, a quien poder hablar de tales asuntos, los más interesantes, los más altos sin duda! De la cuestión personal, esto es, de los pecados de Ana, se había hablado poco.
  • Ana sin saber por qué, sintió un poco de ira.
  • Pero, además, ahora aquellos granujas discutiendo el nombre de lo que no habían de comer, se le antojaban compañeros de desgracia, hermanitos suyos, sin saber por qué.
  • Sin saber por qué, le había desanimado la mirada plácida, franca, tranquila de poco antes, y sin mayor fundamento, la de ahora, tímida, rápida, miedosa, le pareció una esperanza más, la sumisión de Ana, el triunfo.
  • Don Álvaro, que si no era tan buen político como se figuraba, de diplomacia del galanteo entendía un poco, comprendió pronto que, sin saber cómo, había acertado.
  • Miró al cielo, a la luz grande que tenía en frente, sin saber lo que miraba.
  • Así estuvo mucho tiempo, mirando las tinieblas de fuera, abstraída en su dolor, sueltas las riendas de la voluntad, como las del pensamiento que iba y venía, sin saber por dónde, a merced de impulsos de que no tenía conciencia.
  • Cuando lloras sin saber por qué, hija mía, me entra una comezón, un miedo supersticioso.
  • A don Fermín no le importaba mucho lo que dijeran, pero quería saber lo que se murmuraba y a dónde llegaban las injurias.
  • Pero al saber que venía de parte de doña Ana, sintió el clérigo dulce piedad, y perdonó de repente a aquella extraviada criatura sus insinuaciones vanas y perversas de otro tiempo.
  • Sintió deseos de ponerla de su parte, sin saber por qué esto podía importarle.
  • Sí, sin motivo, sin saber por qué.
  • No basta la virtud, es necesario saber aparentarla.
  • ¿Querrá usted saber más que la ciencia?
  • Pero don Robustiano repetía lo de los carneros de Panurgo, sin saber qué ganado era aquel, como no sabía otras muchas cosas.
  • Esta alegría sin saber por qué, estas bromitas de clerigalla, y usted dispense, esta tolerancia formal, puramente exterior, sin disimulos para tapar la boca a los profanos.
  • También ellos querían saber si los expedientes de mansos.
  • No del soñador necio y casquivano que aquella mañana se turbaba al leer una carta insignificante, y se alegraba sin saber por qué al ver un sol esplendoroso en un cielo diáfano.
  • Se le figuraba que él también volvía a pensar en lo que mediaba entre ambos, en la aparición diabólica de la noche anterior, en el paseo por las calles, y en tantas citas implícitas, buscadas, indagadas, solicitadas sin saber cómo por él.
  • El Marqués tenía el arte de saber darse tono a la pata la llana, como él decía en la prosa más humilde que habló aristócrata.
  • Andaba a la ventura, sin saber a dónde ir.
  • Nunca bebía licores y aquella tarde, distraído, sin saber lo que estaba haciendo, había apurado la copa de chartreuse o no sabía qué, servida por la Marquesa.
  • Que yo debía de saber algo.
  • Y sin saber que parodiaba a Glocester, añadió.
  • No necesito saber nada.
  • Ella compraba lo peor de lo peor y los borrachos lo comían y bebían sin saber lo que tragaban, y los jugadores sin mirarlo siquiera, fija el alma en los naipes.
  • El primer fondo, que, sin saber lo que hacía, comenzó a leer, hablaba de la brevedad de la existencia y de los acendrados sentimientos católicos de la redacción.
  • Sin saber por qué, no podía leer.
  • Aunque la inercia la obligaba a pasar por allí los ojos, la atención retrocedía, y tres veces leyó los cinco primeros versos, sin saber lo que querían decir.
  • Esto fue todo lo que pudo saber el Magistral sobre el particular.
  • Lo principal, lo primero no era querer saber a la fuerza más de lo que ella espontáneamente quería decir.
  • Ello era, que sin saber por qué, Ana, nerviosa, vio aparecer a don Álvaro como un náufrago puede ver el buque salvador que viene a sacarle de un peñón aislado en el océano.
  • Era Obdulia quien se daba aires de saber muchas cosas que no había.
  • Había cedido a los ruegos de Don Álvaro y de Don Víctor sin saber cómo.
  • Cuando cayó el telón, quedó con gran curiosidad y deseó saber en qué paraba la apuesta de don Juan y Mejía.
  • Quería decirle, y por eso he venido, además de que me interesaba saber cómo seguía, quería decirle que no creo conveniente que usted confiese por la mañana.
  • La Regenta se puso colorada sin saber a punto fijo por qué.
  • La noche anterior el peligro había sido grande (y esto lo decía sin saber palabra de la presencia de don Álvaro en el palco de Anita) y era necesario evitar la repetición de accesos por el estilo.
  • Quintanar había llegado a viejo sin saber cuál era su destino en la tierra, como él decía, usando el lenguaje del tiempo romántico, del que le quedaban algunos resabios.
  • Cazaba sin saber lo que eran las perdices, ni las liebres y conejos, por dentro.
  • Pero Ana, sin saber por qué, sentía una vaga repugnancia cuando pensaba en ir a casa de doña Petronila.
  • Y, aunque temiendo los peligros de la fantasía de Ana, por no perder terreno, tenía que dejarla abandonarse a los espontáneos arranques de ternura piadosa que venían sin saber cómo, a lo mejor, provocados por cualquier accidente que ninguna relación parecía tener con las ideas religiosas.
  • Y sin remordimiento alguno, sin pensar en aquella torpeza, se dedicaba ahora a sus árboles, que podaba sin compasión, que injertaba a su gusto, sin consultar con ellos, sin saber si ellos querían aquellos tajos y aquellos injertos.
  • ¿Cuándo había permitido a nadie saber el cómo y a qué hora vencía a una mujer?
  • No le gustaba usar los nombres vulgares y poco exactos de las enfermedades, y empleaba los técnicos si le apuraban, no por ridícula pedantería, sino por salir con su gusto de no enterar a los profanos de lo que no importa que sepan, y en rigor no pueden saber.
  • Al saber que había pasado seis días en aquella torpeza con intervalos de exaltación y delirio, extrañó mucho que se le hubiese hecho tan corto aquel largo martirio.
  • Don Víctor, que no se fiaba de su memoria, siempre reloj en mano, llevaba en un cuaderno un registro en que asentaba con pulcras abreviaturas y con estilo gongorino, lo que al médico importaba saber de estos pormenores.
  • Sin saber cómo, San Blas anunciaba la primavera.
  • Muchas veces, en cuanto veía un rayo de sol, a don Víctor se le antojaba aprovechar el buen tiempo y echar una cana al aire en los ventorrillos de la carretera de Castilla o en los de Vistalegre, en compañía de las personas que más quería en Vetusta, a saber.
  • Debía de saber más que él de medicina moderna.
  • Mesía se dejaba ver por dentro, más que por complacer a sus oyentes, por oírse a sí mismo, por saber que él era todavía quien era.
  • Quería observar en el rostro de Ana la huella de una emoción, al decirle que se marchaba sin saber cuándo volvería.
  • Y sin saber lo que hacía, tendió la mano enguantada y dijo temblando.
  • La temía sin saber por qué.
  • Era una prueba, no sabía de qué, pero adivinaba que sin saber ella cómo ni cuándo, aquella prenda podía llegar a valer mucho.
  • Se le figuró un momento que aquel dolor que sintiera al saber lo de la ministra, era más de las entrañas que sus demás penas.
  • Pero ya que el Magistral mismo se quejaba, daba a entender que aquella persecución le dolía, era necesario saber más, procurar el consuelo de aquel corazón atribulado, buscar remedios eficaces, ayudar al justo perseguido, calumniado, que además del justo era el padre espiritual, el hermano mayor del alma, el faro de luz mística, el guía en el camino del cielo.
  • Alegre todo el día, activa, solícita, llenaba el hogar del Magistral de cantares religiosos a los que daba, sin saber cómo, sentido profano, aire de la calle.
  • Barinaga moría hablando, pero sin saber lo que decía.
  • Sin saber cómo se encontró en el portal de su casa pensando en el Niño Jesús, en su cuna, en el portal de Belén.
  • Sin saber lo que hacía, Ana salió de sus habitaciones, atravesó el estrado, a obscuras, como solía, dejó atrás un pasillo, el comedor, la galería.
  • Y desvanecida, buscó a tientas el sofá de damasco y sobre él, tendida, medio desnuda, lloró, lloró sin saber cuánto tiempo.
  • Si alguno de los presentes, fuera de aquel salón venerable, se atrevía a calumniar a aquel santo, no se sabía, no se quería saber, pero en casa del gran Constantino nadie osaría poner en tela de juicio la santidad del Crisóstomo vetustense.
  • Y sin saber cómo, se vio colgada de un brazo de Mesía.
  • Suponiendo que Ana esté enamorada de mí, necesito todavía saber si la carne flaca no me ha buscado un sucedáneo.
  • Sin disimular apenas, disimulando muy mal su dolor que era el más hondo, el más frío y sin consuelo que recordaba en su vida, salió De Pas de la sacristía, y anduvo por las naves de la catedral vacilante, sin saber encontrar la puerta.
  • Y Ana, sin saber por qué, empezó a llorar.
  • ¿Pues no he de saber?
  • El saber que una vez al año, él, Vinagre, don Belisario, era objeto de la espectación general, le llenaba el alma de gloria.
  • Detrás de Mesía, que daba buena sombra, temblando sin saber por qué, impaciente, casi con fiebre, Quintanar se disponía a ver todo lo que pudiera.
  • Ana al saber la noticia, comprendió que aquello era todo lo contrario de irse a la Almunia de don Godino.
  • Quisiera saber dibujar para dar formas a estas imágenes de la Mitología que me asedian.
  • Corrió como un loco, sin saber lo que iba a hacer si encontraba allí lo que esperaba.
  • No podía saber De Pas hasta qué punto había llegado la debilidad de don Víctor, que se decía a sí mismo.
  • Pero ¿por qué ha de saber Ana eso?
  • Si, después de todo, no hay nada que saber.
  • Vengábase protegiendo ahora los amores de Mesía y Ana, del idiota de don Víctor que se ponía a comprometer a las muchachas sin saber de la misa la media.
  • Todo esto necesitó saber don Álvaro para no exponerse a un choque en la vía con Frígilis o con el mismísimo don Víctor.
  • Este mismo, sin saber lo que hacía, le enteró de sus horas de salida.
  • Y lo demás que necesitaba saber de los pormenores se lo refirió Petra.
  • Quería ver el gesto que ponía aquel canónigo al saber que la señorona se la pegaba.
  • Sin saber por qué sintió una angustia extraña, también él tenía nervios, por lo visto.
  • Dio dos pasos más entre los troncos que le impedían saber qué era aquello, y al fin vio que cerraban un balcón de su casa y que un hombre que parecía muy largo se descolgaba, sujeto a las barras y buscando con los pies la reja de una ventana del piso bajo para apoyarse en ella y después saltar sobre un montón de tierra.
  • Después de lo que sabes de la enfermedad de Ana, secreto que Benítez me impuso y que rompo por lo apurado del caso, después de saber que puede sucumbir ante una revelación semejante.
  • ¿Pero no es peor hacer lo que hace, que saber que yo lo sé?
  • Sin saber cómo, De Pas había pasado delante de la fonda de Mesía.
  • Quería saber algo, espiar los ruidos.
  • Sin saber lo que hacía, y sin poder contenerse, corrió a un armario, sacó de él su traje de cazador, que solía usar algunos años allá en Matalerejo, para perseguir alimañas por los vericuetos.
  • Pues eso quiero saber.
  • Joaquinito, que se daba aires de saber muchas cosas, dijo.
  • Hasta los de arriba, los del cuarto del crimen, que solían dejar que pasaran revoluciones sin darse por entendidos, mandaron sus emisarios abajo para saber lo que ocurría.
  • Frígilis no tuvo más remedio que obedecer, porque al saber Quintanar que el otro pensaba escapar, amenazó con seguirle al fin del mundo y llamarle cobarde en los periódicos, en la calle.
  • Todo era falso, frío, necio, en aquel papel escrito por un egoísta incapaz de amar de veras a los demás, y no menos inepto para saber ser digno en las circunstancias en que la suerte y sus crímenes le habían puesto.
  • Iba a confesar con cualquiera y sin saber cómo se encontraba a dos pasos del confesonario de aquel hermano mayor del alma, a quien había calumniado el mundo por culpa de ella y a quien ella misma, aconsejada por los sofismas de la pasión grosera que la había tenido ciega, había calumniado también pensando que aquel cariño del sacerdote era amor brutal, amor como el de Álvaro, el infame, cuando tal vez era puro afecto que ella no había comprendido por culpa de la propia torpeza.
  • Quedóse parado delante de la palangana, en mangas de camisa y sin saber qué hacer, hasta que, convencido de la imposibilidad de refrescarse con agua, quiso al menos tomar un baño de aire, y abrió la vidriera.
  • Y cogiendo al niño en sus rodillas, a la luz del triple mechero del velón, le iba guiando pacientemente el dedo sobre el silabario, repitiendo la monótona salmodia por donde empieza el saber.
  • ¿Querrás saber más que Santo Tomás?
  • ¡Vivir en los Pazos y no saber lo que ocurre en ellos! ¿O es que quiere hacerse el bobo?
  • ¡Ja, ja! Yo la he visto, con estos ojos, y le aseguro a usted que si tengo algún pesar, ¡es el de no haberle roto una pierna, para que no baile más por unos cuantos meses! Guardó silencio el capellán, sin saber qué responder a la inesperada revelación de celos feroces.
  • Si he de casarme, quiero al menos saber con quién y cómo.
  • Harto estará usted de saber cosas de las chicas.
  • Sofá que pudiera llamarse tribuna de los maldicientes, pues allí se reunían tres de las más afiladas tijeras que han cortado sayos en el mundo, triunvirato digno de más detenido bosquejo y en el cual descollaba un personaje eminentísimo, maestro en la ciencia del mal saber.
  • Don Eugenio andaba, de puro excitado, medio loco, proyectando irse a Santiago sin dilación para saber noticias ciertas.
  • Don Pedro, de humor algo fosco y con las facciones hinchadas por el insomnio, quiso a toda costa saber si había peligro.
  • ¿Pues no he de saber?
  • No así Julián, que asustado por el hondo silencio que siguió al diálogo de Máximo y Sabel, interrogó indirectamente para saber qué encerraba la caja misteriosa.
  • ¿Cómo demonios lo he de saber?
  • , ¡te azoto! Pasó tras el biombo otra vez, y Julián la siguió aturdido, sin saber lo que le sucedía.
  • Conviene saber que ninguno de los dos adversarios tenía ideas políticas, dándoseles un bledo de cuanto entonces se debatía en España.
  • Y, sin saber la causa de alboroto semejante, deducía que el señorito estaba atrozmente enfadado, que iba a pegar a la señorita, a matarla quizás, a deshacer a don Julián, a echar abajo los altares, a quemar tal vez la capilla.
  • Cuando está subido en una escalera vienen a llamarlo porque un actor necesita saber si se ha de poner bigote o ha de salir todo afeitado.
  • ¡Parece mentira exclama no saber que en el siglo XVIII iba todo el mundo afeitado! Como la empalizada ha quedado ya en su sitio y está lista la escena, el viejo sacude las manos una contra otra, toma el bastón y se retira hacia el fondo.
  • Azorín no lo sabe, y, sin embargo, debería saber que los diccionarios biográficos dicen, entre otras cosas, de este autor que era un lógico hábil en deducir sus ideas rigurosamente unas de las otras.
  • Pero nosotros ansiamos saber mucho.
  • Azorín ha querido saber su nombre.
  • Pepita ha querido saber dónde se iba Azorín.
  • Y los dos callan, sin saber lo que decirse en estos momentos supremos en que van a separarse acaso para siempre.
  • Yo quiero saber quiénes eran aquellos oradores.
  • ¿cómo saber lo que ha pasado en tiempos remotos y lo que ocurre en luengas tierras?
  • Es que Gertrudis la guarda para sí sola dijo Ramiro sin saber lo que decía.
  • A ella, a Gertrudis, ante quien sin saber por qué temblaba, llamábale señora.
  • No lo quieras saber.
  • Y así satisfacía aquella ansia por saber que desde niña le había aquejado y que hizo que su tío le comparase alguna vez con Eva.
  • Quiero irme de este mundo sin saber muchas cosas.
  • Guardaba todo su saber, todo su espíritu.
  • La carnalidad se perpetúa por zánganos y por reinas, y ni los zánganos ni las reinas trabajaron nunca, no supieron ni fabricar panales, ni hacer miel, ni cuidar larvas, y no sabiéndolo, no pudieron trasmitir ese saber, con su carne y sus jugos, a sus crías.
  • Y la mujer le oía pacientemente y sin saber qué decirle.