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Frases que tengan las palabras: sin y peligro

Si necesitas ejemplos de frases donde aparezcan los términos sin y peligro aquí tienes una lista de oraciones.

Frases con: sin y peligro

¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras sin y peligro aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 2 palabras.

Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • No, guardaría el recurso gordo para los casos graves de enfermedad o peligro de muerte.
  • Ninguno como él poseía el arte de deslizar un duro en la mano del empleado fiscal, en momentos de peligro, y se entendía con ellos tan bien para este fregado, que las principales casas acudían a él para desatar sus líos con la Hacienda.
  • No quería el Delfín ser muy explícito, y contaba a grandes rasgos, suavizando asperezas y pasando como sobre ascuas por los pasajes de peligro.
  • Que en los momentos de peligro, sabe ponerse.
  • A los veintitrés años tuvo una fiebre nerviosa que puso en peligro su vida.
  • ¿Y le quieres tanto, que si le vieras en algún peligro le salvarías?
  • Si le viera en un peligro, le sacaría en bien, aunque me perdiera yo.
  • Aquel clérigo, arreglador de conciencias, que se creía médico de corazones dañados de amor, era quizás la persona más inepta para el oficio a que se dedicaba, a causa de su propia virtud, estéril y glacial, condición negativa que, si le apartaba del peligro, cerraba sus ojos a la realidad del alma humana.
  • No hacía más que estar al quite, acudiendo con el capote allí donde Fortunata se veía en peligro por torpeza de lenguaje.
  • En esta casa, que debe mucha protección a los señores de Santa Cruz, pusieron al Señor de Manifiesto, y cuando estuvo fuera de peligro, Jacinta costeó unas funciones solemnes.
  • No abra usted, no abra usted dijo con presentimiento de un cercano peligro.
  • A la hora de este, volvió doña Lupe sofocada, diciendo que Samaniego, el marido de Casta Moreno, se hallaba en peligro de muerte y que por aquel lado no podía hacerse nada.
  • El furor del Delfín no fue tanto que se le ocultara el peligro de llegar a un homicidio, abusando de su superioridad.
  • Por ahí está el peligro.
  • ¡Y ella que pensaba clavarles las puntas de sus dedos como garfios de acero! Lo que sintió era más bien terror, como el que infunde un súbito y horrendo peligro, y tan impotente se vio su voluntad ante aquel pánico, que echó a correr y alejose a escape, sin atreverse ni siquiera a mirar hacia atrás.
  • ¡Ay hija, qué peligro tan grande! Siempre que salía, ¡pin!, me le encontraba.
  • Puedo morirme de un momento a otro, y tu dinero corre peligro de extraviarse.
  • ¿No vieron el peligro?
  • Los hacían entrar, los convidaban á beber y luego les iban hablando al oído con la cara ceñuda y el acento paternal y bondadoso, como quien aconseja á un niño que evite el peligro.
  • ¡A regar! ¡á regar! La mujer se asustó, adivinando instantáneamente todo el peligro de tan desesperada resolución.
  • Andando lentamente por el borde del camino y huyendo del polvo como de un peligro mortal, llegó una gran visita.
  • De ello corría peligro, pues cerca de su persona andaban muchos padres de los que le enviaban discípulos sin el lastre de los dos cuartos.
  • Y cuando, finalmente, aparecía Batiste, gritaban los pequeños de alegría, sonreía Teresa limpiándose los ojos, salía la hija á abrazar al pare, y hasta el perro saltaba junto á él, husmeándolo con inquietud, como si olfatease en su persona el peligro que acababa de arrostrar.
  • Familiarizado con el peligro, nunca lo había temido menos que ahora.
  • Batiste, para burlarse de su propia inquietud, exageraba el peligro mentalmente.
  • La buena mujer abría los ojos con expresión de espanto, suspiraba pensando en el peligro arrostrado por su marido y lanzaba miradas inquietas á la cerrada puerta de la barraca, como si por ella fuese á filtrarse la Guardia civil.
  • Teresa abrazó á su hija, que, olvidando el peligro, estremecíase de vergüenza al verse en camisa en medio de la huerta, y se sentaba en un ribazo, apelotonándose con la preocupación del pudor, apoyando la barba en las rodillas y tirando del blanco lienzo para que le cubriera los pies.
  • Teresa, atolondrada por el peligro, quiso ir á ella á implorar socorro, con la esperanza que infunde el ajeno auxilio, con la ilusión de algo milagroso que se ansia en la desgracia.
  • Aquel rebaño sucio, miserable y asustado, con la palidez del hambre en las carnes y la locura del terror en los ojos, era la piratería del Mercado, los parias que estaban fuera de la ley, los que no podían pagar al Municipio la licencia para la venta, y al distinguir a lo lejos la levita azul y la gorra dorada del alguacil, avisábanse con gritos instintivos, como los rebaños al presentir el peligro, y emprendían furiosa carrera, empujando a los transeúntes, deslizándose entre sus piernas, cayendo para levantarse inmediatamente, abriendo agujeros en la masa humana que obstruía la plaza.
  • Era verdad que se corría el peligro de perder mucho, muchísimo.
  • Sólo en pensarlo la producía rubor y hacía que echase su cuerpo atrás, como para huir de un peligro.
  • ¡Tónica! Dijo esto con acento tan ahogado y angustioso que la joven calló, mirando en derredor, como si les amenazase un peligro.
  • ¿No podía vivir tranquilo como yo, trabajando para la vejez y sin exponerse a peligro alguno.
  • Vaya, muchacho, debes tener más alma o retirarte del negocio, ¿Crees tú que se pescan millones sin correr peligro?
  • Dejaba a las hijas que se arrojasen en el peligro, arrastradas por la desesperada audacia de cazar un novio, y al final se entregaba como una perdida en brazos de un amigo de su esposo, se vendía infamemente cuando estaba próxima a la vejez, manchando todo su pasado, por una necesidad del orgullo.
  • Y las dos, apretando convulsivamente sus puñados de pesetas, huyeron como si las amenazase un terrible peligro.
  • ¡Quién dirá lo que yo sentía, lo uno con la vergüenza, descoyuntado un dedo y a peligro de que me diesen garrote! Al fin, de miedo de que me le diesen, que ya me tenían los cordeles en los muslos, hice que había vuelto, y por presto que lo hice, como los bellacos iban con malicia, ya me habían hecho dos dedos de señal en cada pierna.
  • En fin, se vio en tanto peligro el pobre hermano, que decía.
  • Traía media docena de corchetes, verdugos de a pie, y dio con todo el colegio buscón en la cárcel, adonde se vio en gran peligro la caballería.
  • Fuimos a los estanques, vímoslo todo y en el discurso conocí que la mi desposada corría peligro en tiempo de Herodes, por inocente.
  • La otra fe conviene destruirla, dejarla es un peligro.
  • Pero al menos no corría el peligro de una torpeza.
  • Pero sólo el peligro, sólo la posibilidad de engendrar una prole enfermiza, debía bastar al hombre para no tenerla.
  • Mas el deseo de alabanza le hace ponerse en peligro.
  • Y por evitar peligro y quitarse de malas lenguas, se fue a servir a los que al presente vivían en el mesón de la Solana.
  • Y ansí, de poco en poco, a los quince días me levanté y estuve sin peligro, mas no sin hambre, y medio sano.
  • Mas si en algo podría aprovechar para librarle del peligro y pasión que padecía, por amor de Dios lo hiciese, pues ellos veían clara la culpa del culpado y la verdad y bondad suya, pues a su petición y venganza el Señor no alargó el castigo.
  • Corremos el peligro de no llegar al fin.
  • Y si hay una molestia o un peligro para satisfacer mi curiosidad, no tengo inconveniente en afrontarlo.
  • Sin duda la tripulación del barco, dándose cuenta del peligro antes que el capitán, se apoderó del bote, que chocó con algún arrecife y se fué a pique.
  • Las dificultades y el peligro le excitaban.
  • A mí me daba espanto ver a Recalde en medio del agua, y le dije que subiera, pero él afirmó que no corría el menor peligro.
  • Sólo cuando las olas ofrecían peligro por su magnitud, se ocupaba de ellas.
  • Pero al leerlo, creí que me había salvado de un peligro tan grande como el de la caja explosiva.
  • Un peligro mucho mayor que el del mar, en caso de evasión, lo constituían los pantanos fangosos de la costa, de más de cien metros de ancho.
  • Al encontrarse ambos fuera de peligro, se despertó entre ellos un odio feroz.
  • Le explicó la manera de acogotar una gallina sin que alborotase, le mostró la manera de coger los higos y las ciruelas de las huertas sin peligro de ser visto, y le enseñó a conocer las setas buenas de las venenosas por el color de la hierba en donde se crían.
  • A pesar de que la gente pensaba que no había peligro para la niña, producía una horrible impresión ver las grandes y peludas garras del animal sobre las espaldas débiles de la niña.
  • No había peligro para los espectadores, pero un pánico absurdo hizo que todos se lanzasen atropelladamente a la salida.
  • Sabía medir el peligro y ver la situación real de las cosas sin exageraciones y sin alarmas.
  • Aquí estamos en peligro.
  • Ya fuera de peligro, miraron hacia atrás.
  • Pero no era verdad, tenía ambición, amor al peligro y una confianza ciega en su estrella.
  • Ya se podía andar por las carreteras sin peligro.
  • El que busca el peligro.
  • Aquí nos estaremos quietos, que el que busca el peligro en él perece.
  • Me encargó que huyese de los sitios de peligro, y no dijo una palabra más contraria a mi embarque, que se verificó a la mañana siguiente muy temprano.
  • Yo me hallé en los sitios de mayor peligro, y no temblaba por eso.
  • ¡Si te viera ahora Doña Francisca! Confesaré que yo tenía momentos de un miedo terrible, en que me hubiera escondido nada menos que en el mismo fondo de la bodega, y otros de cierto delirante arrojo en que me arriesgaba a ver desde los sitios de mayor peligro aquel gran espectáculo.
  • Esta era tan irresistible, que me obligó a salir a los sitios de mayor peligro.
  • Entre tanto no era posible tomar alimento alguno, y yo me moría de hambre, porque los demás, indiferentes a todo lo que no fuera el peligro, apenas se cuidaban de cosa tan importante.
  • Entrada la noche, y hallándome transido de frío, abandoné la cubierta, donde apenas podía tenerme, y corría además el peligro de ser arrebatado por un golpe de mar, y me retiré a la cámara.
  • Nada les afectaba el peligro que corría la nave, porque ésta no era ya más que su ataúd.
  • Un solo hombre, impasible ante tan gran peligro, permanecía en el alcázar sin atender a lo que pasaba a su alrededor, y se paseaba preocupado y meditabundo, como si aquellas tablas donde ponía su pie no estuvieran solicitadas por el inmenso abismo.
  • ¡Señor, que el barco se va a pique! exclamé de nuevo, no ya pintando el peligro, sino suplicando con gestos y voces.
  • En nuestras lanchas iban españoles e ingleses, aunque era mayor el número de los primeros, y era curioso observar cómo fraternizaban, amparándose unos a otros en el común peligro, sin recordar que el día anterior se mataban en horrenda lucha, más parecidos a fieras que a hombres.
  • ¿Por qué estos hombres no han de ser amigos en todas las ocasiones de la vida como lo son en las de peligro?
  • No encontrando a mi amo por ninguna parte, y temiendo que corriera algún peligro, bajé a la primera batería y le hallé ocupado en apuntar un cañón.
  • Pero en el punto en que concluyó aquella hazaña, comenzó a verse claro el peligro en que nos encontrábamos, pues el Santa Ana debía ser remolcado hasta Cádiz, a causa del mal estado de su casco.
  • Pero añadió que si no llegábamos a Cádiz aquella noche para que fuese convenientemente asistido en tierra, la vida de aquél, así como la de otros heridos, corría gran peligro.
  • No soy de los que abandonan el peligro.
  • Pero a pesar de esto y de su avanzada edad, que frisaba en los cincuenta y seis años, como se hallaba en buen estado, no parecía correr peligro alguno, pues si el vendaval era cada vez mayor, también el puerto estaba cerca.
  • De todos modos, ¿no era lógico suponer que mayor peligro corría el Santa Ana, desarbolado, sin timón, y obligado a marchar a remolque de una fragata?
  • Sí, señor, comprendo perfectamente contesté a ver si se callaba, pues ni tenía humor de oírle, ni los violentos balances del buque, anunciando un gran peligro, disponían el ánimo a disertar sobre el engrandecimiento de la marina.
  • No quise hacer más objeciones, porque la idea de que corríamos un gran peligro me impedía ocupar la mente con pensamientos contrarios a los propios de tan crítica situación.
  • Mas el peligro les distrajo de tan buen pensamiento.
  • Pero fuera de peligro sí, porque su herida ya no ofrece cuidado.
  • Efectivamente, Don Rafael vivía y estaba fuera de peligro.
  • Mientras el acólito hablaba así, en voz baja, a Bismarck que se había atrevido a acercarse, seguro de que no había peligro, el Magistral, olvidado de los campaneros, paseaba lentamente sus miradas por la ciudad escudriñando sus rincones, levantando con la imaginación los techos, aplicando su espíritu a aquella inspección minuciosa, como el naturalista estudia con poderoso microscopio las pequeñeces de los cuerpos.
  • Que era preciso llevar consigo a Anita, pues si la niña no vivía al lado de su padre, corría grandes riesgos, si no estaba en peligro inminente, el honor de los Ozores.
  • ¿No se le había dicho que la niña era un peligro para el honor de los Ozores?
  • Era por consiguiente una gran molestia, tal vez un peligro, aventurarse a recorrer en veinte horas de diligencia la carretera de la costa que llegaba hasta Loreto.
  • Doña Anuncia y don Cayetano encontraron a la joven en peligro de muerte.
  • El retraso fue otra fiebre en que la vida de Ana peligró de nuevo.
  • Ellos determinaron la crisis violenta que puso en peligro la vida de Ana, pero al volver la salud no volvieron con ella.
  • En tal caso el peligro estaba en los lapsus geográficos.
  • La esencia del vestir bien estaba en la pulcritud y la corrección, y el peligro en la exageración adocenada.
  • Cuando se había tratado de sus hijas, al notar algún síntoma de peligro, siempre había puesto con franqueza y maestría el oportuno remedio, sin escándalo, pero sin rodeos.
  • Pero quiere traer a la religión el romanticismo, y yo ¡guarda, Pablo! no me encuentro con fuerzas para librarla de ese peligro.
  • Señor Somoza, el cariño le hace a usted, acaso, ver el peligro mayor de lo que es.
  • Este se hizo el desentendido, aprovechó aquella nueva necedad de la niña para ganar al padre cuanto antes, y como no vio ningún peligro para nadie en la pasión imaginaria de la americanilla antojadiza, no la apartó de su lado, como había hecho con otras mujeres menos tímidas y más temibles para la carne.
  • Por lo mismo que estaba segura de salvarse de la tentación francamente criminal de don Álvaro, entregándose a don Fermín, quería desafiar el peligro y se dejaba mirar a las pupilas por aquellos ojos grises, sin color definido, transparentes, fríos casi siempre, que de pronto se encendían como el fanal de un faro, diciendo con sus llamaradas desvergüenzas de que no había derecho a quejarse.
  • En el otro extremo, en la barquilla opuesta, que se había enganchado en un puntal de una pared, restos del andamiaje de una obra reciente, ostentaba los llamativos colores de su falda y su exuberante persona Obdulia Fandiño agarrada a la nave como un náufrago del aire, muy de veras asustada, y coqueta y aparatosa en medio del susto y de lo que ella creía peligro.
  • Y viendo como veía un peligro, y desde luego una imprudencia en hablar así con don Álvaro, en mirarle con deleite que no se ocultaba, en alabarle y abrirle el arca secreta de los deseos y los gustos, no se arrepentía de nada de esto, y se dejaba resbalar, gozándose en caer, como si aquel placer fuese una venganza de antiguas injusticias sociales, de bromas pesadas de la suerte, y sobre todo de la estupidez vetustense que condenaba toda vida que no fuese la monótona, sosa y necia de los insípidos vecinos de la Encimada y la Colonia.
  • No se arrepentía de haber puesto en peligro su honor, dando alas (siquiera fuesen de sutil gasa espiritual) a la audacia amorosa de don Álvaro.
  • Pero había también un peligro.
  • La noche anterior el peligro había sido grande (y esto lo decía sin saber palabra de la presencia de don Álvaro en el palco de Anita) y era necesario evitar la repetición de accesos por el estilo.
  • ¡peligro habrá, no lo niego, pero pecado no! ¡Por lo demás (cambio de voz) dicho.
  • Pero así y todo, hay peligro que raya en pecado, por ser peligro.
  • El peligro que hay, decía, raya en pecado.
  • Al principio es un gran peligro el desaliento que produce la comparación entre la propia vida y la de los santos.
  • Era de ver el arte con que sus bajos, con instintos de armiño, cruzaban todo aquel peligro del cieno, inmaculados, copos de nieve calada, dibujos y hojarasca sonante de espuma de Holanda.
  • Calle usted, que se exalta! Sí, sí, hay peligro, ya lo veo, gran peligro.
  • Pero el contacto es un peligro, sí, Anita.
  • No había peligro.
  • No había susto, no había dolor, luego no había peligro.
  • Ello fue que Anita creyó que se moría, y padeció aún más que en el tiempo del mayor peligro, cuando empezaron a decirle que estaba mejor.
  • Al sentir cerca de sí a don Álvaro, segura de que no había peligro, respiraba con delicia, dejaba el espíritu en una somnolencia moral que la tenía bajo los efectos del opio.
  • Pero hay la seguridad de salir de la corriente cuando el peligro se acerque.
  • Si crecía el peligro, hablaría.
  • Don Víctor, a quien los remordimientos, durante la recaída de su mujer, habían hecho jurar que hasta verla salva, sana, jamás se apartaría de ella, faltó al juramento en cuanto la creyó fuera de peligro.
  • Yo ni de los mortales hice caso, y aunque usted me advertía del peligro, seguí mucho tiempo ciega.
  • No veía una falta sino un peligro.
  • Y seguía velando por los árboles de don Víctor y por su honor tal vez en peligro.
  • Si para ella tenía tan grave peligro ¡qué será para mí!
  • Otras veces había desafiado el peligro.
  • Ana le admiraba, le cuidaba, estaba por decir que le adoraba, de tal suerte, que el peligro cada día era mayor.
  • La castidad de Ana, su inocencia de mujer virtuosa, su piedad sincera, la fe con que creía en aquella amistad espiritual, sin mezcla de pecado, eran incentivo para la pasión de don Fermín y hacían mayor el peligro.
  • Jamás se habían acordado en sus conversaciones de aquel peligro, de aquella calumnia.
  • Cuando Ana tuvo fuerza para separar todo su cuerpo de aquel placer del roce ligero con don Álvaro, otro peligro mayor se presentó en seguida.
  • Si no parece, cuando el peligro sea mayor, confesaré con cualquiera de ustedes.
  • Pero había que esperar a que el enfermo saliese de peligro o se fuera al otro mundo.
  • Conozco el peligro.
  • Nadie hablaba allí del peligro que sólo ignoraba Quintanar.
  • Aquella carrera desenfrenada por los campos libres, saltando abismos, cayendo con delicia en lo desconocido, en el peligro incierto de precipicios y enramadas traidoras y exuberantes.
  • Antes que en la traición de aquella mujer pensó en el gran peligro que corría la vida de Ana, si una emoción fuerte la espantaba.
  • Don Víctor sintió que el ánimo aflojaba, no por amor a la vida propia, que no creía en gran peligro ante don Álvaro, sino por miedo a los remordimientos.
  • Ocho días había estado Ana entre la vida y la muerte, un mes entero en el lecho sin salir del peligro, dos meses convaleciente, padeciendo ataques nerviosos de formas extrañas, que a ella misma le parecían enfermedades nuevas cada vez.
  • Pero él comprendió lo que decía y lo que callaba y declaró que el principal deber por entonces era librarse del peligro de la muerte.
  • Allí, con el menor aparato posible, sin molestar a nadie se instaló para velar a la Regenta y acudir al menor peligro.
  • Benítez desde que desapareció el peligro inminente, visitó menos a la viuda.
  • Pero tres o cuatro años después de la muerte de su hermana, don Gabriel sufrió ataques de gota que pusieron en peligro su vida, y entonces se divulgó lo que ya se susurraba acerca de su casamiento secreto con la hija del carcelero de Cebre.
  • Engolosinado, olvidando el peligro del juego, el marqués echó detrás de la prima, que se había desvanecido ya en las negruras del pasadizo.
  • El peligro conjurado.
  • ¿Quién duda que su permanencia en casa era ya un peligro para la tranquilidad de la esposa legítima?
  • Y con el decoro propio de un paso de minueto, la pareja entró por el Pazo de Limioso adelante, subiendo la escalera exterior que conducía al claustro, no sin peligro de rodar por ella.
  • Don Pedro, de humor algo fosco y con las facciones hinchadas por el insomnio, quiso a toda costa saber si había peligro.
  • En aquel momento, el peligro de la señora de Moscoso despertaba su instinto de lucha contra los males positivos de la tierra.
  • Pero no de hacerlo con ánimo sereno, con el hermoso desdén del peligro, con el buen humor heroico que sólo cabe en personas de rica y roja sangre y firmes músculos.
  • El abad de Boán, nacido con más vocación de guerrillero que de misacantano, apretaba con júbilo la pistola, olfateaba el peligro, y, a ser caballo, hubiera relinchado de gozo.
  • ¿acaso no se le había ocurrido mil veces que la existencia de las dos corría inminente peligro?
  • Llegó a haber peligro de muerte para la madre o la cría que hubiera de salir, y el médico llegó a hablar de sacársela viva o muerta.
  • Y por si no, le diré más claro aún que su cuñado corre peligro, y que si cae en él, le cabrá culpa.
  • ¿Cree usted que corre peligro?
  • Sí, pero es tan débil que corren peligro ella y el niño, y éste se criará enclenque, replicaba implacable la soberana del hogar.
  • ¡Pero esa chica ha resucitado! ¡Sí, al verte en peligro ha resucitado! ¡Claro, es mi hija! ¿Más?