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Frases que tengan las palabras: per y ser

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Frases con: per y ser

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Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • ¡Qué noche de angustia la del 10 al 11! Ambos creían no volver a ver a su adorado nene, en quien, por ser único, se miraban y se recreaban con inefables goces de padres chochos de cariño, aunque no eran viejos.
  • No podía ser, pues, Don Baldomero, por razón de afinidades personales, sospechoso al poder.
  • Dio también en pensar que maldito lo que le importaba que la conciencia fuera la intimidad total del ser racional consigo mismo, o bien otra cosa semejante, como quería probar, hinchándose de convicción airada, Joaquinito Pez.
  • Pero debió de ser esta hacia el 69, porque recuerdo que se habló mucho de Figuerola, de la capitación y del derribo de la torre de la iglesia de Santa Cruz.
  • Su ternura sabía ser inteligente y revestirse a veces de severidad dulce.
  • Hay efectivamente Manueles que nacieron predestinados para ser Manolos toda su vida.
  • Juanito, en la suya, no puede ser mejor de lo que es, y si te empeñas en hacer de él un anacronismo o una rareza, un non como su padre, puede que lo eches a perder.
  • Mas cuando se las veía y oía de cerca, resultaban ser unas tiotas relajadas, comilonas, borrachas y ávidas de dinero, que desplumaban y resecaban al pobrecito que en sus garras caía.
  • Objetos labrados en marfil y que debían de ser los juguetes con que los ángeles se divertían en el Cielo.
  • Pero nunca le pasó por las mientes que sería su marido, porque el tal, no sólo no le había dicho nunca media palabra de amores, sino que ni siquiera la miraba como miran los que pretenden ser mirados.
  • En caso de querer a alguno, este alguno podía ser aquel.
  • También pensaba Barbarita, oyendo a su novio, que la procesión iba por dentro y que el pobre chico, a pesar de ser tan grandullón, no tenía alma para sacarla fuera.
  • El marido ha mirado siempre a su mujer como una criatura sagrada, y Barbarita ha visto siempre en su esposo el hombre más completo y digno de ser amado que en el mundo existe.
  • , a no ser lo que era, una matrona respetabilísima con toda la sal de Dios en su corazón, habría visto acudir los hombres como acuden las moscas a una de esas frutas que, por lo muy maduras, principian a arrugarse, y les chorrea por la corteza todo el azúcar.
  • Sabía coger las disciplinas cuando era menester, y sabía ser indulgente a tiempo.
  • Las galeras aceleradas iban trayendo a Madrid cada día con más presteza las novedades parisienses, y se apuntaba la invasión lenta y tiránica de los medios colores, que pretenden ser signo de cultura.
  • La aristocracia los cedía con desdén a la clase media, y esta, que también quería ser aristócrata, entregábalos al pueblo, último y fiel adepto de los matices vivos.
  • Poco a poco iba cayendo el chal de los hombros de las mujeres hermosas, porque la sociedad se empeñaba en parecer grave, y para ser grave nada mejor que envolverse en tintas de tristeza.
  • Ayún y Senquá dejaron de ser nuestros mejores amigos, y se hicieron amigos de los ingleses.
  • La más marcada era la de las novedades, la de la influencia de la fabricación francesa y belga, en virtud de aquella ley de los grises del Norte, invadiendo, conquistando y anulando nuestro ser colorista y romancesco.
  • Pues apechuguemos con las novedades dijo Isabel a su marido, observando aquel furor de modas que le entraba a esta sociedad y el afán que todos los madrileños sentían de ser elegantes con seriedad.
  • Por fin el paleto se disponía a ser señor de verdad.
  • Complemento de este negocio en blanco, fueron la damasquería gruesa, los cutíes para colchones y la mantelería de Courtray que vino a ser especialidad de la casa, como lo decía un rótulo añadido al letrero antiguo de la tienda.
  • Varón o hembra, estos regalos debieran ser para ti.
  • Sin ser vieja lo parecía.
  • El llamado Estupiñá debía de ser indispensable en todas las tertulias de tiendas, porque cuando no iba a la de Arnaiz, todo se volvía preguntar.
  • Ajusticiar a Merino, nada menos que sobre el propio patíbulo, por ser él hermano de la Paz y Caridad.
  • Pertenecía, pues, Estupiñá a aquella raza de tenderos, de la cual quedan aún muy pocos ejemplares, cuyo papel en el mundo comercial parece ser la atenuación de los males causados por los excesos de la oferta impertinente, y disuadir al consumidor de la malsana inclinación a gastar el dinero.
  • Por aquello de ser hombre no lloraba.
  • Pasada aquella hora, desaparecía de su rostro rossiniano la seriedad tétrica que en la iglesia tenía, y volvía a ser el hombre afable, locuaz y ameno de las tertulias de tienda.
  • El ser todas de piedra, desde la Cava hasta las bohardillas, da a las escaleras de aquellas casas un aspecto lúgubre y monumental, como de castillo de leyendas, y Estupiñá no podía olvidar esta circunstancia que le hacía interesante en cierto modo, pues no es lo mismo subir a su casa por una escalera como las del Escorial, que subir por viles peldaños de palo, como cada hijo de vecino.
  • Y aunque todo ello era inexplicable llegó un momento en que Barbarita dejó de ser curiosa, y no le importaba nada ignorar los desvaríos de su hijo con tal que se reformase.
  • Es la verdad, yo tengo que cuidar de todo, lo mismo de pegarte el botón que se te ha caído, que de elegirte la que ha de ser compañera de toda tu vida, la que te ha de mimar cuando yo me muera.
  • Pero sabía triunfar del amaneramiento con el arte, y cualquier perifollo anunciaba en ella una mujer que, si lo quería, estaba llamada a ser elegantísima.
  • Por su talle delicado y su figura y cara porcelanescas, revelaba ser una de esas hermosuras a quienes la Naturaleza concede poco tiempo de esplendor, y que se ajan pronto, en cuanto les toca la primera pena de la vida o la maternidad.
  • Porque hay que tener en cuenta que el Delfín, por su fortuna, por sus prendas, por su talento, era considerado como un ser bajado del cielo.
  • Y este presentimiento, por ser de cosa mala, vino a cumplirse al cabo, porque la alegría inquieta fue como una combustión oculta que devoró la poca vida que allí quedaba.
  • Dijo Don Baldomero con muy buen juicio que pues era costumbre que se largaran los novios, acabadita de recibir la bendición, a correrla por esos mundos, no comprendía fuese de rigor el paseo por Francia o por Italia, habiendo en España tantos lugares dignos de ser vistos.
  • Y a la tal preguntita, que había venido a ser tan frecuente como el pestañear, el que estaba de turno contestaba Chí, dando a esta sílaba un tonillo de pronunciación infantil.
  • Con los mutuos cariños crecía la confianza, que empieza por ser inocente y va adquiriendo poco a poco la libertad de indagar y el valor de las revelaciones.
  • La educación del hombre de nuestros días no puede ser completa si este no trata con toda clase de gente, si no echa un vistazo a todas las situaciones posibles de la vida, si no toma el tiento a las pasiones todas.
  • No quería el Delfín ser muy explícito, y contaba a grandes rasgos, suavizando asperezas y pasando como sobre ascuas por los pasajes de peligro.
  • Ella había heredado la aplicación de la palabreja, que ya le disgustaba por ser como desecho de una pasión anterior, un vestido o alhaja ensuciados por el uso.
  • Y expresó su disgusto dándole al pícaro de Juanito una bofetada, que para ser de mujer y en broma resonó bastante.
  • Murmuró Jacinta ruborizada, porque en verdad, aquel rincón de Zaragoza podía ser todo lo solitario que se quisiese, pero no era una alcoba.
  • Creo que me volví otro de lo que era y de lo que volví a ser.
  • Quererte yo y ser tú como a ti mismo te pintas son dos cosas que no puedo juntar.
  • Más que tontería debe de ser aburrimiento.
  • Vale más ser mujer mala que máquina buena.
  • Juanito, que aprovechaba las ocasiones de ser sabio sentimental, se pasmó más de lo conveniente de la aparición de aquel letrero.
  • Digo que no puede ser.
  • Mas atendía con ansia a todo lo que pudiera ser síntoma de esperanzas de sucesión.
  • No hay más diferencias que las esenciales, las que se fundan en la buena o mala educación, en ser tonto o discreto, en las desigualdades del espíritu, eternas como los atributos del espíritu mismo.
  • La otra determinación positiva de clases, el dinero, está fundada en principios económicos tan inmutables como las leyes físicas, y querer impedirla viene a ser lo mismo que intentar beberse la mar.
  • Las amistades y parentescos de las familias de Santa Cruz y Arnaiz pueden ser ejemplo de aquel feliz revoltijo de las clases sociales.
  • Estas llegaron a ser para ella invisibles, como lo es para todos los seres el fundamental medio de nuestra vida, la atmósfera.
  • Y el lamento era tan penetrante, tan afilado y agudo, que más que voz de un ser viviente parecía el sonido de la prima de un violín herida tenuemente en lo más alto de la escala.
  • Y deben ser de la gata de la librería de ahí enfrente, que parió anoche y no los puede criar todos.
  • Ello había de ser género de confianza, talmente moro.
  • Los de Santa Cruz no transigían con los chocolates industriales, y el que tomaban había de ser hecho a brazo.
  • No se reconocía con bastante paciencia para encerrarse y estar todo el santo día bostezando el gori gori, ni para ser soldado en los valientes escuadrones de Hermanas de la Caridad.
  • Tal había de ser su empaque en todo el resto de sus días.
  • Mi sobrino Manolo, que solía ser mi paño de lágrimas, estaba en Londres.
  • Veremos si al fin me salgo con la mía, que es un grano de anís, nada menos que levantarles un edificio de nueva planta, un verdadero palacio con la holgura y la distribución convenientes, todo muy propio, con departamento de esto, departamento de lo otro, de modo que me quepan allí doscientos o trescientos huérfanos, y puedan vivir bien y educarse y ser buenos cristianos.
  • Los apartamientos de su marido y el desconsuelo de no ser madre.
  • Por Dios, hijo decía Don Baldomero con inocencia, si eso no puede ser y sacaba a relucir los jamases de Prim.
  • La impresión que estos letargos dejan suele ser más honda que la que nos queda de muchos fenómenos externos y apreciados por los sentidos.
  • Comprendo que lo mejor debe caerle a él por ser de la familia.
  • No podía ser otra cosa.
  • Pero si lo revelado podía ser una papa, también podía no serlo, y he aquí concluida la reacción de alivio.
  • Ahora le da porque todo ha de ser obvio.
  • Quería que todos los granujas se retiraran y ser ella sola la que guiase a las dos damas hasta arriba.
  • Tenían todos ellos la cara y las manos llenas de chafarrinones negros, hechos con algo que debía de ser betún o barniz japonés del más fuerte.
  • Una muchacha, que debía de ser Rosita, contaba los pliegos ya enlutados y formaba los cuadernillos.
  • Jacinta no sabía a quién compadecer más, si a Nicanora por ser como era, o a su marido por creerla Venus cuando se electrizaba.
  • Quiere ser torero y nos trae crucificados.
  • La lengua que sacaba, por tener la creencia de que todo negrito, para ser tal negrito, debe estirar la lengua todo lo más posible, parecía una hoja de rosa.
  • Está concluida la obra de fábrica y ahora están armando una chimenea muy larga, porque va a ser sierra mecánica.
  • Pero al acostarse volvió Ido a ser atormentado por sus temores, y no tuvo más remedio que estar toda la noche hecho un ovillo, con las manos cruzadas en la cintura, porque si en una de las revueltas que ambos daban sobre los accidentados jergones la mano de su mujer llegaba a tocar el duro, se lo quitaba, tan fijo como tres y dos son cinco.
  • Bebía vaso tras vaso sin que su cabeza se afectase, por ser muy resistente.
  • Ido tardó mucho tiempo en apoyar esto, por ser quien era.
  • No hay ser humano, por despreciable que parezca, que no pueda ser eminencia en algo, y aquel buscón sin suerte, después de medio siglo de equivocaciones, ha venido a ser, por su hermosísimo talante, el gran modelo de la pintura histórica contemporánea.
  • Lo más particular fue que si cuando la fisonomía del Pituso estaba embadurnada creyó Jacinta advertir en ella un gran parecido con Juanito Santa Cruz, al mirarla en su natural ser, aunque no efectivamente limpia, el parecido se había desvanecido.
  • Te voy a traer unas botas muy bonitas le dijo la que quería ser madre adoptiva, echándole las palabras con un beso en su oído sucio.
  • Socórrale la señora, por ser de la casta que es.
  • Podría ser.
  • Empezaba a ser descarado.
  • Izquierdo, que aunque se tenía por caballería, preciábase de ser caballero, salió a despedirlas a la puerta de la calle, con el pequeño en brazos.
  • Pues tiene que ser de las caballerizas repoblicanas.
  • Ya estaba seguro de que le volvería tarumba con sus tiologías porque aquella señora debía de ser muy nea, y él, la verdad, no sabía tratar con neos.
  • Tijeretas han de ser.
  • Hay que ser indulgente con la miseria, y otorgarle un poquitín de licencia para el mal.
  • Español había de ser.
  • ¿Qué mejor descanso podía apetecer que lo que le ofrecía aquella tía, que debía de ser sobrina de la Virgen Santísima?
  • Porque ya empezaba a ser viejo y no estaba para muchas bromas.
  • Ya tenía la boca abierta para soltar un conforme más grande que la casa de que debía ser portero, cuando el amor propio, que era su mayor enemigo, se le amotinó, y la fanfarronería cultivada en su mente armole una gritería espantosa.
  • Quisiera, pero no pué ser, no pué ser.
  • Podrá ser, y podrá no ser.
  • La Providencia no había andado en aquello muy lista que digamos, porque ellos no necesitaban de la lotería para nada, y aun parecía que les estorbaba un premio que, en buena lógica, debía de ser para los infelices que juegan por mejorar de fortuna.
  • Lo primero debió ser hablar del caso a tu marido.
  • Aquello podría ser muy bien una niñería.
  • Ni una palabra referente a quién pudiera ser la mamá ni menos el papá de tal muñeco.
  • Temerosa de que se enfriara, apuró todas las razones para sosegarle, y viendo que no podía ser, quitose la bata y se metió con él en la cama, dispuesta a pasar la noche abrigándole por fuerza como a los niños, y arrullándole para que se durmiera.
  • Eso no puede ser.
  • ¡Qué gusto ser bebé ! murmuró el Delfín, ¡sentirse en los brazos de la mamá, recibir el calor de su aliento y.
  • Buena falta le hace dijo Guillermina, y de los de acebuche, que escuecen bien, para enseñarle a no ser mañoso.
  • Podrá ser.
  • No me fío yo de un parecido que puede ser ilusorio, y mientras Juan no me saque de dudas seguiré creyendo que a donde debe ir tu Pituso es a la Inclusa.
  • El comercio antiguo, sin duda, las tradiciones de la calle de Postas, el contrabando, quizás la religión de nuestros mayores, por ser hombre tan sinceramente piadoso.
  • Ya irá aprendiendo a ser fino.
  • La primitiva idea de que ese niño es mi hijo debió ser suya.
  • Ahí tienes lo que las personas sacan de ser demasiado buenas.
  • ¡Que es ilusión! ¿Cómo ha de ser ilusión?
  • Y que tiene que ser un gran pillete.
  • , y nuestras acciones no pueden ser basadas en el criterio angelical.
  • ¡Qué había de ser sino alguna barbaridad de Juanín! Así lo comprendió Benigna, corriendo alarmada al comedor, de donde el temeroso estrépito venía.
  • Aquí hemos hablado mucho de esto, y la verdad, él podría ser auténtico.
  • No puede una vivir sin tener algún ser pequeñito a quien adorar.
  • Como nos empeñemos todos en ser perfectos, no nos podremos aguantar unos a otros, y habría que andar a bofetadas.
  • XI Final, que viene a ser principio i Quien manda, manda.
  • Se la llevó Dios en 1867, y al año siguiente pasó a mejor vida el pobre Nicolás Rubín, de una rotura de varisis, no dejando a sus hijos más herencia que la detestable reputación doméstica y comercial, y un pasivo enorme que difícilmente pudo ser pagado con las existencias de la tienda.
  • Podía ser calumnia, podía no serlo.
  • Había tomado el gusto a la carne de nómina, y ya no podía ser más que empleado o pretendiente.
  • Empezó Maximiliano sus estudios el 69, y su hermano y su tía le ponderaban lo bonita que era la Farmacia y lo mucho que con ella se ganaba, por ser muy caros los medicamentos y muy baratas las primeras materias.
  • En estas excursiones podía muy bien emplear dos horas sin cansarse, y desde que se daba cuerda y cogía impulso, el cerebro se le iba calentando, calentando hasta llegar a una presión altísima en que el joven errante se figuraba estar persiguiendo aventuras y ser muy otro de lo que era.
  • El que antes era como una ostra había venido a ser algo como un poeta.
  • Verdaderamente decía él, ¿por qué ha de ser una cosa más real que la otra?
  • ¿Por qué no ha de ser sueño lo del día y vida efectiva lo de la noche?
  • Pues a él se le antojó ser perdido, como otros son masones o caballeros cruzados, por el prurito de desempeñar papeles y de tener una significación.
  • Todo se reduce a echar muchas babas, y luego ya viene el hombre con otras ideas y otra manera de ser.
  • ¿Qué ha de ser, hombre?
  • Si llega a ser perro me muerde.
  • Cuando veía una mujer que pudiera ser ella, acortaba el paso por no aproximarse demasiado, pues acercándose mucho no eran tan misteriosos los encantos del seguimiento.
  • Se habían burlado tanto de ella, que lo que estaba viendo no podía ser sino una nueva burla.
  • Cuando quieres que te respete, no puede ser.
  • Permaneció un rato sentado en una silla junto a la cama, con las dos huchas sobre esta, acariciando suavemente la que iba a ser víctima.
  • También podía ser error la diferencia que después del crimen notaba.
  • Mucho debe de ser, pero mucho calculaba.
  • No dejó entrever a Maximiliano sus sospechas sobre la procedencia del dinero, que, viniera de donde viniese, no podía ser mal recibido, y poco a poco se fue tranquilizando al ver que el apreciable muchacho hacía alarde de poseer ideas económicas enteramente contrarias a las de sus predecesores.
  • Repetidas veces sacó Maximiliano a relucir el caso de la deshonra de ella, por ser muy importante este punto en el plan de regeneración.
  • El velo tenía que ser muy denso porque la franqueza de Fortunata arrojaba luz vivísima sobre los sucesos referidos, y su pintoresco lenguaje los hacía reverberar.
  • Si la Providencia no tenía en cuenta estas circunstancias, ¿de qué le valía a uno portarse bien y ser un modelo de orden y buena fe?
  • Tenía que ser así, o todo lo que se habla de la Providencia es patraña.
  • Ella por ser ordinaria y de sentimientos innobles, incapaz de apetecer la honradez como estado permanente.
  • él por ser muy atropellado, muy hablador, muy amigo de contar cuentos sucios y de decir palabras indecentes.
  • Su cuerpo no necesitaba corsé para ser esbeltísimo.
  • Otras veces le parecía mujer de la Biblia, la Betsabée aquella del baño, la Rebeca o la Samaritana, señoras que había visto en una obra ilustrada, y que, con ser tan barbianas, todavía se quedaban dos dedos más abajo de la sana hermosura y de la gallardía de su amiga.
  • Has de ser mía ante Dios y los hombres.
  • ¿No quieres ser honrada?
  • Ser honrada, ser casada, señora de Tal.
  • Debía de ser muy rica, pero muy rica, porque él veía que Torquemada le llevaba resmas de billetes.
  • Este solía ser el periodo culminante de la disputa, que concluía dándole la señora a su sirviente una gran bofetada y rompiendo la otra a llorar.
  • No le arredraba el miedo de ser vencido, porque su amor y su misión le darían seguramente coraje.
  • Un marido que tiene menor fuerza que la mujer no es, no puede ser marido.
  • Tu comportamiento decidirá de su suerte afirmó él, y como tu comportamiento ha de ser bueno, porque tu alma tiene todos los resortes del bien, estamos al cabo de la calle.
  • Levantose, encendió su lumbre, bajó a la compra, y de tienda en tienda pensaba que Maximiliano podía dar un estirón, echar más pecho y más carnes, ser más hombre, en una palabra, y curarse de aquel maldito romadizo crónico que le obligaba a estarse sonando constantemente.
  • Deseaba hablar bien y ser persona fina y decente.
  • Pero veía las cosas por el lente de sus ideas propias, y para él todo era como debía ser y no como era.
  • Porque Rubín podía ser un tonto.
  • Pero como su ama se levantaba antes que ella, no podía ser.
  • ¿Qué habías tú de ser hombre, qué habías de ser.
  • Venía el delincuente con las manos en los bolsillos y una gorrita escocesa en la cabeza, las botas nuevas y la ropa de dentro de casa, tan mustio y abatido que era preciso ser de bronce para no compadecerle.
  • El autor debía de ser una especialidad en las muestras de casas de vacas y de burras de leche.
  • Por ser aquel día domingo, llevaba casi limpio el cuello de la camisa, pero la capa era el número dos, con las vueltas aceitosas y los ribetes deshilachados.
  • Sus botas, por ser domingo, estaban aquel día embetunadas y eran tan chillonas que se oían desde una legua.
  • En política hizo gran papel Don Pedro por ser uno de los corifeos de la Milicia Nacional, y era tan sensato, que la única vez que se sublevó lo hizo al grito mágico de ¡Viva Isabel II! Falleció aquel bendito, y doña Lupe se hubiera muerto también si el dolor matara.
  • Dígame una cosa, ¿el querer ser honrada no es lo mismo que serlo?
  • ¿Cómo ha de ser lo mismo querer ser una cosa que serlo?
  • Y si tenía la tal inclinaciones honradas, y buen síntoma de honradez era el ser tan económica, ¿quién cargaba con la responsabilidad de atajarla en el camino de la reforma?
  • Los primeros años de esta vida pasó la señora grandes apuros, porque los réditos, aun con ser tan crecidos, no le bastaban al sostenimiento de su casa.
  • Cuando vinieron los años bonancibles y el capitalito de la viuda ascendió a dos mil duros, iniciose un periodo de buena suerte que debía de ser pronto increíble prosperidad.
  • Poco a poco fue transmitiendo su manera de ser, de obrar y sentir a su compinche, como se pasa la imagen de un papel a otro por medio del calco o el estarcido.
  • Las alhajas, vestidos de señora, encajes y mantones de Manila que pasaban a ser suyos, tras largo cautiverio, vendíalos por conducto de una corredora llamada Mauricia la Dura.
  • Ahora va a ser la gorda.
  • El chocolate había de ser con canela, hecho con leche, por supuesto, y en ración de dos onzas.
  • Esto no podía ser, y por fin le entraba aquella desazón epiléptica, aquel maldito hormigueo por todo el cuerpo.
  • Pues podrán ser.
  • Pero no puede ser.
  • Déjese usted de que pueda o no pueda ser.
  • Pero no puede ser.
  • Pero hay esa afición tranquila, que puede ser principio de una amistad constante, de ese afecto puro, honesto y reposado que hace la felicidad de los matrimonios.
  • Conseguido esto, amará usted al que ha de ser su marido, y lo amará con ilusión espiritual, no de los sentidos.
  • Si pasado un plazo prudencial, me resulta usted en tal disposición de espíritu que yo la crea digna de ser mi hermana política, podría quizás llegar a serlo.
  • Bien pudiera ser que allí se cerrase por completo la herida de su corazón.
  • La misma imaginación, a quien el maestro había puesto que no había por donde cogerla, fue la que le encendió fuegos de entusiasmo en su alma, infundiéndole el orgullo de ser otra mujer distinta de lo que era.
  • Comprimiéndose con dos dedos de la mano la ceja izquierda, habló a Fortunata de lo buenas que debían de ser aquellas madres Micaelas, de lo bonito que sería el convento, y de las preciosas y utilísimas cosas que allí aprendería, soltando como por ensalmo la cáscara amarga y trocándose en señora, sí, en señora tan decente, que habría otras lo mismo, pero más no.
  • Creía ella que los curas de mucho saber y virtud debían de conocerse en el poco uso que hacían del agua y jabón, y también en que su alimento no podía ser sino yerbas cocidas y sin sal.
  • Ello debía de ser lo contrario de muebles.
  • Las mujeres casadas no deben ser muy hermosas dijo la señora promulgando la frase con acento de convicción profunda.
  • Aquel día se mostró más satisfecho, llegando a asegurar que su catecúmena comprendía bien las cosas de religión, y que en lo moral parecía ser de buena madera, con lo que llegó a su colmo la curiosidad de la viuda y ya no le fue posible sostener por más tiempo el papel desdeñoso que representaba.
  • Si no puede ser, si es mucha mujer para medio hombre.
  • Hablando luego de que la metían en las Micaelas, todas las presentes elogiaron esta resolución, y doña Lupe se encastilló más en su vanidad, diciendo que había sido idea suya y condición que puso para transigir, que después de una larga cuarentena religiosa podía ser admitida en la familia, pues las cosas no se podían llevar a punto de lanza, y eso de tronar con Maximiliano y cerrarle la puerta, muy pronto se dice.
  • Todo lo que debe pasar, pasa decía, y todo lo que debe ser, es.
  • La pobrecilla no tenía su inteligencia cultivada para comprender ciertas cosas, y a fuer de pecadora, convenía conservarla durante algún tiempo sujeta a observación, en aquel orden de ideas relativamente bajo, que viene a ser algo como sanitarismo moral o policía religiosa.
  • Tanta piedad podía llegar a ser una desgracia para él, porque si Fortunata se entusiasmaba mucho con la religión y se volvía santa de veras, y no quería más cuentas con el mundo, sino quedarse allí encerradita adorando la custodia durante todo el resto de sus días.
  • Pues una embarazada fuera de cuenta, que ya no puede dar un paso, y yo parezco el marido que pronto va a ser padre.
  • ¡ah!, entonces sí que no se volvía a descolgar con invitados, porque es Alejandro en puño y no le gusta ser rumboso sino con dinero ajeno.
  • El padre Pintado, a pesar de ser tan proceroso, no era hombre de mucho comer y amenizó la reunión contando otra vez.
  • Era aquella sensación primera de miedo y vergüenza de que se siente poseído el escolar cuando le ponen delante de sus compañeros, que han de ser pronto sus amigos, pero que al verle entrar le dirigen miradas de hostilidad y burla.
  • Mauricia la Dura representaba treinta años o poco más, y su rostro era conocido de todo el que entendiese algo de iconografía histórica, pues era el mismo, exactamente el mismo de Napoleón Bonaparte antes de ser Primer Cónsul.
  • Si una se pone a ser verbigracia honrada, los muy peines no pasan por eso, y si una se mete mucho a rezar y a confesar y comulgar, se les encienden más a ellos las querencias, y se pirran por nosotras desde que nos convertimos por lo eclesiástico.
  • No puede ser.
  • El periodo prodrómico solía ser una cuestión con cualquier recogida por el chocolate del desayuno, o por si al salir le tropezaron y la otra lo hizo con mala intención.
  • Estaban tan hechas a ser tratadas de aquel modo y habían domado fieras tan espantables, que ya las injurias no les hacían efecto.
  • Fuertemente asida con ambas manos a los hierros, la cara pegada a estos, alargando la boca para ser mejor oída, decía con voz plañidera.
  • Hiriendo los guijarros con aquel pie duro que debía ser como la pata de una silla.
  • Pues los hijos deben ser para los ricos y no para los pobres, que no los pueden mantener.
  • El danzante de Juan no merecía tal joya, por ser muy dado a picos pardos.
  • Era un deseo ardentísimo de parecerse a Jacinta, de ser como ella, de tener su aire, su aquel de dulzura y señorío.
  • De modo que si le propusieran a la prójima, en aquel momento, transmigrar al cuerpo de otra persona, sin vacilar y a ojos cerrados habría dicho que quería ser Jacinta.
  • Sus pecados no debían de ser muchos, pues era muy joven.
  • No había pertenecido al teatro más que de una manera indirecta, por ser doncella de una actriz famosa, y en el teatro tuvo también su perdición.
  • Hasta para ser mismamente honrada te conviene.
  • Hasta para ser honrada repitió Fortunata, echando todo el peso de su cuerpo sobre las manos, para estrujar el rollo de tela como si lo amasara.
  • Yo, una vez que me case, honrada tengo que ser.
  • Con ser poco, es más de lo que te mereces.
  • Ya salen con que ha de ser bonito, ya con que ha de ser Fulano y si no, no.
  • ¡Para hombres bonitos está el tiempo! Con que resignarse, hijas mías, que por ser cabras no ha de abandonaros vuestro pastor.
  • Era tan insolente el tal, que después de ser día claro se paseaba por la celda muy tranquilo y miraba a Sor Marcela con sus ojuelos negros y pillines.
  • Ello podría ser ilusión, pero los ojos de Mauricia parecían dos ascuas.
  • Se le oía un cierto rechinar de dientes y algún monosílabo gutural que lo mismo pudiera ser signo de risa que de cólera.
  • ¡Cómo brillaban los rayos de oro que circundan el viril, y qué misteriosa y plácida majestad la de la hostia purísima, guardada tras el cristal, blanca, divina y con todo el aquel de persona, sin ser más que una sustancia de delicado pan! Con increíble arrogancia Mauricia descendía, sin sentir peso alguno.
  • ¿No decías que no podía ser?
  • Pues pudo ser, ¡qué peine!
  • Pero Sor Facunda y las de su cotarro iban por la escalera abajo diciendo que el hecho podía ser falso, y podía también no serlo.
  • Y que el ser Mauricia muy pecadora no significaba nada, porque de otras muchísimo más perversas se había valido Dios para sus fines.
  • Ello podrá ser cosa física.
  • Aquel llorar continuo, ¿qué puede ser sino arrepentimiento?
  • Indicó la Superiora, haciendo alarde de ser mujer para el caso.
  • Maxi entraría seguramente de segundo, con el tiempo llegaría a ser primero, y por fin amo del establecimiento.
  • Como no tenía nada de gazmoño, la confesión concluyó por ser un diálogo de amigos.
  • Durante aquellos dos días, hallábase la joven muy cohibida delante de la que iba a ser su tía, porque esta no bajaba del trípode ni cesaba en sus correcciones.
  • Doña Lupe le mostró uno por uno los muebles, haciéndole notar lo buenos que eran, y que su colocación, dispuesta por ella, no podía ser más acertada.
  • Señal de que vas a ser dichosa.
  • Vaya, ponte a ser honrada, que de menos nos hizo Dios.
  • Si quieres ser honrada, serlo, hija.
  • Siempre y cuando quieras ser honrada, serlo.
  • Más difícil es ser honrada en un pueblo chico que en estas ciudades grandes donde hay mucho personal, porque en los pueblos se aburre una.
  • El temor de parecer ordinaria era causa de que las palabras se detuvieran en sus labios en el momento de ser pronunciadas.
  • Tomola Maxi y al poco rato se quedaba dormido con la boca abierta, haciendo una mueca que lo mismo podía ser de dolor que de ironía.
  • Podría ser ilusión suya.
  • La sirviente clavaba en la señora sus ojos de gato, y su irónica sonrisa podría ser lo mismo el único aspecto cómico de la escena que el más terrible y dramático.
  • ¡Ah!, ya parece que se retira el ladrón, pues ladrón debe de ser.
  • Semejante vida no podía ser para ella, porque estaba fuera de su centro natural, Había nacido para menestrala.
  • Figurábase ser una muñeca viva, con la cual jugaba una entidad invisible, desconocida, y a la cual no sabía dar nombre.
  • Había de ser señorito rico, para que me engañara y no se pudiera casar conmigo.
  • Quiero ser como antes, como cuando tú me echaste el lazo y me cogiste.
  • En el mismo instante alzó la frente, y con satánica convicción, que tenía cierta hermosura por ser convicción y por ser satánica, se dejó decir estas arrogantes palabras.
  • Pues la manía era que Juanito no debía ser rico.
  • Para que las cosas fueran en regla, debía ser pobre, y entonces ella trabajaría como una negra para mantenerle.
  • ¡Quién sabe lo que resultará de aquí, y si las cosas se volverán algún día lo que deben ser! Y si te hablo con franqueza, a veces dudo que yo sea mala.
  • Querer a quien se quiere no puede ser cosa mala.
  • No me preguntes, porque para explicártelo, tendría que ser sabia como tú, y yo no sé jota, ni aprendo nada, aunque doña Lupe y las monjas, frota que frota, me hayan sacado algún lustre.
  • El niño ese debe de ser el de Nicolasa, la entenada del tío Pepe.
  • A mí me parece que tu mujer debía de querer a ese nene por creerlo tuyo y aborrecerlo por ser de otra madre.
  • Hallábase dispuesto, él que ya era bueno, a ser santo, y hacía estudio de lo que a su mujer le era grato en el orden del sentimiento para realizarlo como pudiera.
  • Pues él se buscaría una coyuntura de ser heroico.
  • Es que para ser celoso se necesitan buenos pulmones.
  • ¿Y tú no me dijiste que irías también y que querías ser paleta?
  • Dijo Maxi en un tono que no pudo ser tan lúgubre como él deseaba, pues el arma empezó a causarle miedo, a causa de que en su vida había tenido en las manos un chisme de tal clase.
  • Después de guardarlo con llave en un baúl lleno de cosas viejas, volvió al lado de su marido, que se había quedado absorto, midiendo sin duda con azorado pensamiento la enorme distancia que en su ser había entre los arranques de la voluntad y la ineficacia de su desmayada acción.
  • Pero no podía ser.
  • ¿Pero esto podría ser?
  • Estoy destinada a ser la víctima de estos tres idiotas.
  • Es usted indigna de ser nuestra hermana.
  • Tijeretas han de ser.
  • El español es el ser más charlatán que existe sobre la tierra, y cuando no tiene asunto de conversación, habla de sí mismo.
  • Confiese usted que la noticia que nos ha traído podría ser una sandez.
  • El móvil de esto no era simplemente el amor al saber, sino un maligno deseo de tener argumentos con qué apabullar a los curas de la mesa próxima, que sólo por ser curas, aunque sueltos, le eran antipáticos, pues odiaba a la clase entera desde aquella trastada que los sotanas le hicieron en el Norte.
  • El local se quedaba medio a oscuras, no volviendo a ser bien alumbrado hasta las doce, hora en que venían a cenar los bolsistas.
  • El mismo Don Evaristo Feijoo le siguió de mal humor, diciéndole con desabrimiento que no le gustaban los cafés de piano, y que el género y la sociedad no debían ser de lo mejor en aquellas alturas.
  • Pero no puede ser.
  • Cómo ha de ser.
  • Tengo que ser alfonsino.
  • Pero se equivocó, porque el Delfín, que tenía en el cuerpo el demonio malo de la variedad, cansábase de ser bueno y fiel, y tornaba a dejarse mover de la fuerza centrífuga.
  • Quedó, como he dicho, tan desarmada Jacinta, que no podía ser más.
  • Es la mayor desgracia ser así, tan simplona.
  • Ya vería ella qué marido tenía, qué ser superior, qué persona tan extraordinaria.
  • Después de andar de mano en mano, este la coge, este la suelta, la casan con un hombre que no es hombre, con un hombre que no puede ser marido de nadie.
  • Buscarle un marido, no podía ser.
  • El esposo se hizo repetir la pregunta, sin otro objeto que retrasar la respuesta, que debía ser muy pensada.
  • Aquí tienes otra cosa que me anonada, que me obliga a ser indulgente.
  • En las Micaelas no puede ser, a cuento de que allí la tuvieron que echar por escandalosa.
  • ¿Qué ha de ser sino nervioso.
  • Le dije que no me hacía falta su dinero para nada, y que tendría miedo de tomarlo en mis manos, por ser dinero de Satanás.
  • Si, como dices, es una persona formal, podría ser que te conviniera cultivar su amistad.
  • Ninguna de estas casadas ricas lo es ni lo puede ser.
  • Fortunata vio primero a una de pelo blanco, después a Jacinta, después a una pollita que debía de ser su hermana.
  • Pensando en quién podría ser, estuvo un ratito como lela mirando a la persona que enfrente tenía.
  • Quiero ser honrada.
  • Lo que no veo tan claro es que para ser honrada sea preciso no comer.
  • Es mi ser natural.
  • Pero podría ser el remedio peor que la enfermedad, y al fin tendría usted que llorar para que me marchase.
  • ¡Cómo ha de ser!
  • Yo quiero ser honrada afirmó la joven con la mayor seriedad del mundo, atormentando más la punta del delantal.
  • Yo quiero ser honrada a carta cabal, honrada, honrada.
  • ¡Qué más quisiéramos sino que usted pudiera ser tan honrada y pura como el sol! Pero tarde piache, como dijo el pájaro cuando se lo estaban comiendo.
  • Quiero ser honrada repitió Fortunata sin mirarle, como los niños mimosos que insisten en decir la cosa fea por que les reprenden.
  • Y bien podría ser que hubiera usted descubierto la cuadratura del círculo.
  • También se me ocurre que dentro de mi proposición puede usted ser todo lo honrada que quiera.
  • Bien sabía él que no podía ser de otro modo, a menos que aquella mujer estuviese loca.
  • Yo te enseñaré a ser práctica, y cuando pruebes el ser práctica, te ha de parecer mentira que hayas hecho en tu vida tantísimas tonterías contrarias a la ley de la realidad.
  • En los primeros días tuvo horas de melancolía intensísima, en las cuales su conciencia, confabulada con la memoria, le representaba de un modo vivo todas las maldades que cometiera en su vida, singularmente la de casarse y ser adúltera con pocas horas de diferencia.
  • Entre creerse un monstruo de maldad o un ser inocente y desgraciado, mediaban a veces el lapso de tiempo más breve o el accidente más sencillo.
  • Pero que si la buscaba otra vez, ya sabría ella resistir y darle con toda la fuerza de su honradez en los hocicos, para que no volviera a ser pillo.
  • Aquí tienes lo que yo te quería enseñar, ser persona práctica.
  • Lo mismo hacía Fortunata, cuando le tocaba a ella ser narradora, incitada por su protector a mostrar algún capítulo de la historia de su vida, que en corto tiempo ofrecía lances dignos de ser contados y aun escritos.
  • La aborrezco y me agrada mirarla, quiere decirse, que me gustaría parecerme a ella, ser como ella, y que se me cambiara todo mi ser natural hasta volverme tal y como ella es.
  • Pronto iba a ser de noche, y como Feijoo tenía horror a la oscuridad, su amiga encendió luz, que puso en la mesa de camilla, y cerró después las maderas.
  • El ademán de llevarse las manos a la cintura en toda ocasión volvió a ser dominante en ella, y el hablar arrastrado, dejoso y prolongando ciertas vocales, reverdeció en su boca, como reverdece el idioma nativo en la de aquel que vuelve a la patria tras larga ausencia.
  • La exigencia de la especie que pide un nuevo ser, y este nuevo ser reclama de sus probables padres que le den vida.
  • Don Evaristo, que tan práctico quería ser en la vida social, debía de serlo más en la doméstica, y, conforme a sus ideas, lo primero que tiene que hacer el hombre en este valle de inquietudes es buscarse un buen agujero donde morar, y labrar en él un perfecto molde de su carácter.
  • ¡Volver con su marido! ¡Ser otra vez la señora de Rubín! Si un mes antes le hubieran hablado de tal cosa, se habría echado a reír.
  • ¿Llegaría aquello a ser posible y hasta conveniente?
  • ¿Qué iba a ser de ella, privada de la dirección y consejo de tan excelente hombre?
  • Podrá no ser simpático.
  • Podrá no ser un Adonis.
  • Mas no por esto desistió de llevar adelante un plan que había llegado a ser casi una manía, absorbiendo todos sus pensamientos.
  • Demasiado sabía que un hombre de quien se han recibido tales favores hay que creerle siempre todo lo que dice, y que se contrae con él la obligación tácita de ser de su opinión en cualquier disputa, y de ponerse serio cuando él recomienda la seriedad.
  • Y en actitud cohibida, echando los ojos fuera del casco, le habló de algo que debía ser los maldecidos dos meses.
  • Preguntó Maximiliano con presunción de médico novel o de boticario incipiente, que unos y otros se desviven por ser útiles a la humanidad.
  • Pero ustedes estaban hablando de algo que debía de ser interesante dijo Feijoo.
  • Evita al propio tiempo la ociosidad, y verás cómo lo que te parece tan difícil te ha de ser muy fácil.
  • Pero en fin, ¿puede ser o no?
  • Podrá ser.
  • Jáuregui le apreciaba mucho, y me decía que no tenía más contra que ser muy mujeriego.
  • ¿Y por qué no ha de ser verdad todo eso del arrepentimiento?
  • Su situación no debe ser muy desahogada.
  • Yo no la perdono, no puede ser.
  • ¡Dios que haces posible lo imposible! En la sala estaba Fortunata, en pie, lívida como los que van a ser ajusticiados.
  • Hechos que los sabios presienten, que los expertos vaticinan sin poder decir en qué se fundan, y que llegan a ser efectivos sin que se sepa cómo, pues aunque se les sienta venir, no se ve el disimulado mecanismo que los trae.
  • No era ni podía ser el hombre por quien la mujer da su vida, encontrando espiritual goce en este sacrificio.
  • Era simplemente un ser cuya conservación y bienestar deseaba.
  • Aprecio mucho a Mauricia, que a no ser por el maldito vicio, sería una buena mujer, trabajadora, fiel.
  • Fortunata pensaba en la simpatía inexplicable que aquella mujer le había inspirado siempre, a pesar de ser tan loca y tan mala.
  • Frente a la ventana y formando ángulo recto con la cama habían puesto la mesa, que debía ser altar, y en ella estaba de rodillas Juan Antonio, el marido de Severiana, fijando en la pared todos los clavos que creía necesarios para suspender la decoración proyectada.
  • Pero la Dura tenía todo su ser embargado por la ardentísima ansiedad física que experimentaba, y sus ojos de águila se fijaron en Severiana que escanciaba en un vaso algo del contenido de una botella.
  • Entonces sí demostró que en el fondo de su ser existían instintos y sentimientos maternales.
  • Eran algo antiguo y profundo, sedimentado en su alma, su tradicional desgracia, el despecho combinado con un vago deseo de ser buena, sin poderlo conseguir.
  • Bien podría ser que me muriera pronto.
  • Como hija del pueblo, no quería ser menos que la señora de la grandeza en aquellos bajísimos menesteres.
  • ¡Si es lo que a mí me gusta, ser obrera, mujer de un trabajador honradote que me quiera.
  • Pero me gustan tanto los niños, que tengo verdadera manía por ellos, y los ajenos me parece que deberían ser míos.
  • Declaró Fortunata, que no quería ser menos que su rival en aquello de la manía materna.
  • ¡Y ángel me soy! Pues para que lo sepa, también yo, si me da la gana de ser ángel, lo seré, y más que usted, mucho más.
  • En aquella meditación, lo que descollaba, después de vueltas mil, era un vivo deseo de ser no sólo igual, sino superior a la otra.
  • Dice Ballester que tome mucho hierro, pero mucho hierro, y que esto es falta de glóbulos en la sangre, y así debe de ser.
  • Resulta que cuando se encuentran dudan si hablarse o no, y al fin no se hablan, porque ninguna se decide a ser la primera.
  • Más cercano y claro era el parentesco de Casta con Moreno Isla, el cual, a pesar de ser Moreno rico, mantenía cierta comunicación de familia con aquella Moreno pobre, visitándola alguna vez.
  • Otro punto oscuro quería consultarle, y era que sentía deseos vivísimos de parecerse a aquella mujer, y ser, si no mejor, lo mismo que ella.
  • Ella, entonces, daría pruebas de ser tan ángel como otra cualquiera, y tendría alma, paciencia, valor y estómago para todo.
  • No se me ofenda si digo tan opuestas por sus antecedentes, por su manera de ser.
  • El deseo de ser creída resplandecía de tal modo en sus ojos, que Guillermina no pudo menos de ver asomada en ellos la conciencia.
  • Pero eso mismo le da a usted motivo para dejar de ser mala, como dice, y adquirir méritos inmensos.
  • Esta idea, a pesar de ser tan alta, fue muy inteligible para Fortunata, a quien se acercó Guillermina, y echándole el brazo por los hombros, la apretó suavemente contra sí.
  • ¡Pobre Mauricia! dijo Fortunata a Guillermina, secándose el llanto a toda prisa, pues no le parecía bien ser ella la que más llorase.
  • ¿Pero no podría ser que Mauricia, arrepentida y bien confesada y absuelta, se hubiera trocado, al morir, en criatura sana y pura, tan pura como la misma santa fundadora.
  • Entró Guillermina en su casa a las nueve y media de aquel día que debía de ser memorable.
  • Debe de ser Jacinta.
  • Pero esa palabra no debe de ser tan de fiar como la de Manolo.
  • Podrá ser.
  • Yo me llegué a creer que podría ser buena y honrada.
  • ¿Por qué he de ser yo tan mala como parece?
  • ¡Jesús! Que así debe ser, que así está dispuesto añadió la señora de Rubín, volviendo a exaltarse y a tomar la expresión del anarquista que arroja la bomba explosiva para hacer saltar a los poderes de la tierra.
  • Quedose atónita la anarquista oyéndole decir estas palabras con un acento que parecía ser de otro mundo.
  • No parecía ser quien era, ni debía de tener conciencia de lo que hacía.
  • Dentro hay un enano, un monstruo, vestido con balandrán rojo y turbante, alimaña de transición que se ha quedado a la mitad del camino darwinista por donde los orangutanes vinieron a ser hombres.
  • Ella se empina sobre las puntas de los pies para verle y ser vista.
  • Completó su pensamiento, amenazando con el puño cerrado a un ser invisible.
  • Como yo lo descubra va a ser sonada.
  • A ratos Fortunata se inclinaba hacia atrás, como deseando no ser vista de los transeúntes.
  • ¡Tenía que ser, tenía que ser! dijo ella inclinando su cabeza sobre el hombre de él.
  • Olimpia era la menor de las hijas de Samaniego, y hubiera causado gran admiración en la época en que era de moda ser tísico, o al menos parecerlo.
  • Al poco rato entró Aurora, la mayor de las Samaniegas, que era muy distinta de su hermana, pelinegra, bien parecida sin ser una hermosura, de esas que a un color anémico unen cierta robustez fofa y lozanía de carnes incoloras.
  • Ahora no puede ser.
  • Era hombre que tenía que contenerse mucho para no ser galante y aun atrevido con cualquier mujer en cuya presencia estuviese.
  • Esta mujer quiere ser el Papa pensaba, y con tal que la hagan Papa, se aviene a todo.
  • Puede ser.
  • En cuanto vio llegar a su marido, fue a ver qué se le ofrecía, pues algo desusado debía de ser.
  • Tú me ayudarás prosiguió Maxi con ráfagas de inspiración religiosa en sus ojos encandilados, tú me ayudarás a propagar esta gran doctrina, resultado de tantas cavilaciones, y que no habría llegado a ser completamente mía sin el auxilio del Cielo.
  • Parece mentira que un hombre que podría ser el más feliz del mundo, casado con esta perla de Oriente y sobrino de esta tía, que es otra perla, se devane los sesos por cosas que no le importan.
  • Doña Casta no estaba tranquila el día en que no iba a meter las narices en la tienda y taller, para traerle luego el cuento a doña Lupe de los encargos que había, y de lo que se estaba haciendo para la Casa Real y otras que sin ser reales tienen mucho dinero.
  • Pero bien podría ser.
  • ¡pero hay tantas cosas que parece que no pueden ser y luego son! Antes de que partieran, me pareció a mí, por ciertas cosas que vi y oí, que al buen hombre le gustaba demasiado Jacinta.
  • Hay una escena en que todos se desmayan, porque sale uno muy malo, que resulta ser un hombre dedicado a la ciencia, el cual dice con la mayor frescura que él no cree en Dios aunque le fusilen.
  • ¡Vive Dios que pudo ser!
  • Algo de esto debía de ser, pues Fortunata se metió en su alcoba, resistiéndose a tomar alimento.
  • El ligero ruido estridente que hace el papel al ser desdoblado, ruido que se acrecía con el silencio de la noche, molestaba a Fortunata atrayendo su atención.
  • Pero si quieres que yo te quiera, ha de ser con condición de que no me traigas acá venenos.
  • Toda la hiel no ha de ser para mí.
  • Pues a esta monstruosidad la llamaba Ballester doña Desdémona, por ser o haber sido Quevedo muy celoso, y con este mote la designaré, aunque su verdadero nombre era doña Petra.
  • Pues este primo Moreno, aunque pariente lejano, y más lejano por ser rico y nosotras pobres, nos visitaba alguna vez.
  • ¡ah! por ser valiente, ¡por empeñarse en salir en una descubierta! Era un hombre tan patriota, que por salvar a su querida Francia, habría dado él cien vidas que tuviera.
  • A no ser que venga el cruzamiento con alguna casta del Norte, trayendo aquí madres sajonas.
  • Puede ser.
  • Tienes desórdenes en la circulación, los cuales podrán ser muy graves si no cambias de vida.
  • Es lástima que teniendo todos los medios de ser feliz no lo sea.
  • No, señor mío, hay que ponerse en fila y ser como los demás.
  • Me comprometo a ser madrina del primero.
  • Y hasta madre me comprometo a ser si me le dan.
  • Me contento con ser madrina del primer Morenito que nazca, y le diré a mi marido que me lleve a Londres para el bautizo.
  • Tampoco me había pasado nunca lo que me pasa ahora, cortarme, sentir que quiero ser atrevido y no puedo.
  • ¿Qué habré hecho yo para ser tan desgraciado?
  • Hubo un instante en que la alucinación de Moreno llegó a ser tan efectiva, que se incorporó, y cogiendo un libro que en la próxima silla estaba.
  • Bien podría ser.
  • No puede ser.
  • Pero en fin, saque o no saque, es una felicidad ser así.
  • Hazte chiquito para ser grande.
  • No hay peor calamidad que ser amigo de coleccionistas.
  • Ser desgraciado y no volver los ojos a Dios es lo último que me quedaba que ver.
  • Podría ser.
  • Y la jota esparcía por todo su ser tristeza infinita, pero que al propio tiempo era tristeza consoladora, bálsamo que se extendía suavemente untado por una mano celestial.
  • ¿por qué no había de ser así?
  • Hay que tener calma, y tomar las cosas como vienen, y no ligar todo nuestro ser a una sola persona.
  • No se resistía a tomar el alimento ni las medicinas, sometiéndose silenciosamente a cuanto se le mandaba, como si lo dominante, en aquella fase del proceso encefálico, fuera la anulación de la voluntad, el no ser nada para llegar a serlo todo.
  • ¡Ojalá pudiera yo entregarle los míos! Y ahora, cuando tú me traes esos absurdos cuentos, me veo tan por bajo de ella, que no puede ser más.
  • Eso es decirme que soy un trasto, que yo no puedo ser honrada aunque quiera.
  • Podrá ser mentira.
  • Podrá ser equivocación.
  • Debe ser por Marzo pensó Fortunata.
  • Mátate tú, si quieres, que yo tengo que vivir para criarlo, ¡y voy a ser tan feliz con él.
  • Va a ser el consuelo de mi vida.
  • Su primer impulso fue negarse a ser administradora y apoderada de semejante persona.
  • Yo debo de ser muy bruta pensó, alejándose, porque me gusta más esta música de los pianitos de la calle que la pieza que toca Olimpia, y que dicen que es cosa tan buena.
  • Pero sintiéndose molesta por las preguntas impertinentes de las amigas de su tía, subió al cuarto que debía de ser su albergue.
  • Era menester blanquear la cocina, tapar con yeso algunos agujeros y enormes grietas que por todas partes había, empapelar el gabinete, que iba a ser su alcoba, y pintar las puertas.
  • Lo que hay es que me había entrado en aquellos días una idea de lo más estrafalario que te puedas imaginar, una idea que debía de ser criada aquí en el seno cerebral donde fermenta eso que llaman celos.
  • ¡Qué ha de ser amiga de usted.
  • Qué ha de ser! replicó Estupiñá con sarcasmo.
  • Debe de ser lo que le corresponde a usted por réditos de algún dinero.
  • En todo rigor de lógica no puede ser doña Casta, porque la señora de Samaniego no gusta de tales papeles.
  • En todo rigor de lógica tiene que ser Torquemada.
  • Primero se hablaba de política, después de que la guerra se acabaría a fuerza de dinero, y como la política y las guerras vienen a ser las fibras con que se teje la Historia, hablose de la Revolución francesa, época funesta en que, según el cobrador municipal, habían sido guillotinadas muchas almas.
  • Mas el compañero de Platón, persona enteramente desconocida para Maxi, debía de ser uno de los sujetos más eruditos que en aquel local se habían visto nunca, y cuando rompió a hablar, se ganó la atención del auditorio.
  • Muchos creen que el ser liberal consiste en pegar gritos, insultar a los curas, no trabajar, pedir aboliciones y decir que mueran las autoridades.
  • Debe de ser alta la escalera.
  • Agregó en alta voz, volviendo hacia Maxi su cara de caimán, en la cual la sonrisa venía a ser como una expresión de ferocidad.
  • De nada le vale a usted ser honrado, si la maldad de los demás le obliga a hacer una barbaridad.
  • Pues no me acuse usted si oye que he cometido un crimen (hablándole al oído), porque los que tenemos la desgracia de ser esposos de una adúltera.
  • Su obesidad no le impedía ser ágil y diligentísima en aquella faena.
  • Determinose en él con poderosa fuerza el rencor de otros tiempos, aquel rencor concentrado y sutil que era como un virus ponzoñoso, tan pronto manifiesto como latente, y que al derramarse por todo su ser, producía tantos y tan distintos fenómenos cerebrales.
  • V El interés con que doña Lupe esperaba noticias de la pájara mala y de si sacaba bien o mal el pollo, no podrá ser comprendido sin tener en cuenta las grandes ideas que en aquellos días despuntaban en el caletre de la insigne señora.
  • Esto se llama ser filósofo en toda la extensión de la palabra, y elevarse sobre las miserias humanas dijo la viuda con emoción verdadera o falsa.
  • Va usted a ser gobernador de una provincia de tercera clase.
  • Toda la gente que próxima estaba, mirábale con cierta expresión de asombro y respeto, como se mira a quien es, ha sido o va a ser algo en el mundo.
  • Esto no puede ser.
  • Convéncete de que no puede ser.
  • Y entró el tal con cara risueña y actitud oficiosa, como de persona que cree ser útil.
  • Si se casa, van a ser cuatro de familia.
  • Y aunque alentara, con respecto a la señora de Rubín, pretensiones amorosas a plazo largo, no dejaban por eso de ser puros y desinteresados sus actos de caridad, y habrían sido lo mismo aun en el caso de que su amiga espantara de fea y careciese de todo atractivo personal.
  • No obstante, algo había que no se atrevía a manifestar, por no tener la seguridad de ser bien comprendida.
  • No así el modelo, que se llenó el cuerpo de ron hasta que ya no podía más, sin que por eso se perturbase su sólida cabeza, que debía de ser un alambique.
  • No sé decir bien si soñé que ibas a ser madre, o si me inspiraron esta idea los celos que tenía.
  • No puede ser de otra manera.
  • Con ella reconstruí mi ser, que había pasado por tantos cataclismos.
  • ¡Un ser más en el mundo! Cuando él ha venido sus razones tendrá.
  • Nada, para mí está peor que antes pensaba la esposa, y esto que dice podrá ser cuerdo, pero yo no entiendo palotada.
  • Es tontería creer que las cosas son como nos las imaginamos y no como a ellas les da la gana de ser.
  • Estoy tan seguro de lo que afirmo, que no puede ser más.
  • Pero no puede ser.
  • Fortunata le bebía a ella las miradas, jactándose de adivinarle el pensamiento, el cual bien podía ser este.
  • Esta llegó a ser tan fuerte, que no pudiendo despertar a su tía dando con los nudillos en el tabique, tuvo al fin que levantarse en busca de agua.
  • Pero no puede ser.
  • Vamos, que por ser usted mujer, no le sacudo el polvo ahora mismo.
  • Mejor cuenta le tendría a usted, so bruja, no ser tapadera de las tunanterías de su niña.
  • Señora dijo el modelo con un gruñido, cuando el endivido tiene necesidad, no pue ser caballero y hace cualquiera cosa.
  • ¡Si no hay como ser así para que la respeten a una! Si no están allí las condenadas modistas, me paseo por encima de su corpacho como por esa sala.
  • ¿Es esto ser razonable?
  • ¿Es esto ser cuerdo.
  • La señora dijo él queriendo ser amable, va a tomar un vasito de cerveza con limón.
  • Y ahora la va a querer tanto agregó Maxi impasible y frío, la va a querer tanto, que los amantes de Teruel van a ser paja al lado de ellos.
  • No sabes lo que es ser querido.
  • Pero ha de ser con una condición.
  • ¡Qué felices vamos a ser!
  • Hemos de ser muy amigos.
  • Digo yo que se puede tener rabia a otra persona, desear que la maten, y sin embargo no ser una mala.
  • ¿Y podría ser mi amiga?
  • Pero Fortunata se las componía para volver a lo mismo, a que ella y la Delfina iban a ser uña y carne, y a que su conducta en lo sucesivo había de ser como de quien está en escuela de serafines.
  • Aquí donde usted me ve, amigo Ballester, yo también puedo ser ángel, poniéndome a ello.
  • Aunque todo podía conciliarse, me parece a mí, ser santa y querer a este hijo de Dios.
  • Si no lo hago, Dios mío, me va a ser imposible ser ángel, y no podré tener santidad.
  • Como no haga esto, tendré que volver a ser mala.
  • Esto no lo puede creer nadie, no puede ser, no puede ser, y primero creerán que el mundo se vuelve del revés, y que el día se hace noche, y el sol luna, y el agua fuego.
  • ¡Si hicieras caso de mí, ahora que vas a ser la reina del mundo.
  • ¡Vaya, pues no vas tú a ser ahora poco señora.
  • Pero al oír lo de que iban a ser marquesas, una ráfaga de jovialidad pasó por encima de la onda de tristeza, y la joven se echó a reír con la cara anegada en llanto.
  • Ni para qué queremos nosotras ser títulas.
  • También podía ser que sonaran y ella no los oyera.
  • Voy por el tintero y no tardó cinco minutos en volver, y al entrar de nuevo en la alcoba, vio que Fortunata se había incorporado en su cama con el chiquillo en brazos, y que después, entre ella y Encarnación, le ponían bien abrigadito en su cuna de mimbres, la cual venía a ser como un canasto.
  • Pero las palabras volvieron a ser ininteligibles, y en la cara le quedó una expresión de dicha inefable y reposada.
  • Vamos (con extraordinaria ternura), reconozca usted que semejante idea era un error diabólico a fuerza de ser tonto, y prométame que ha de renegar de ella y que no la olvidará cuando el amigo Nones la confiese.
  • Iba a ser mi querida.
  • Segunda y sus dos compañeras de plazuela amortajaron a la infeliz señora de Rubín, y en tanto el farmacéutico se ocupaba con incansable actividad en los preparativos del entierro, que debía de ser a la mañana siguiente.
  • Con la muerte de por medio, la una en la vida visible y la otra en la invisible, bien podría ser que las dos mujeres se miraran de orilla a orilla, con intención y deseos de darse un abrazo.
  • No ser nadie en presencia de su mujer, no encontrar allí aquel refugio a que periódicamente estaba acostumbrado, le ponía de malísimo talante.
  • A solas con él, la dama se entretenía fabricando en su atrevido pensamiento edificios de humo con torres de aire y cúpulas más frágiles aún, por ser de pura idea.
  • Recomponía las facciones de este, atribuyéndole las suyas propias, mezcladas y confundidas con las de un ser ideal, que bien podría tener la cara de Santa Cruz, pero cuyo corazón era seguramente el de Moreno.
  • ¡Ah!, el mundo entonces sería como debía ser, y no pasarían las muchas cosas malas que pasan.
  • La adoro, porque no tendríamos medio de sentir el amor de Dios, si Dios no nos lo diera a conocer figurando que sus atributos se transmiten a un ser de nuestra raza.
  • Pero al llegar, decía en alta voz como si hablara con un ser invisible.
  • Pero en casa debía ser un marido insufrible.
  • Había que trabajar y ser honrado.
  • Volvió á ser el hijo de la huerta, altivo, enérgico é intratable cuando cree que le asiste la razón.
  • ¡A ver quién era el guapo que le hacía salir de su barraca! Y siguió trabajando, aunque con recelo, mirando ansiosamente siempre que pasaba algún desconocido por los caminos inmediatos, como quien aguarda de un momento á otro ser atacado por una gavilla de bandidos.
  • Eso podría ser para los tramposos, para los que no han pagado nunca.
  • ¿Y todo aquello iba á ser propiedad de otro, porque sí, porque así lo querían los hombres?
  • Casi como un ser feliz.
  • Había que ser cauto y guardar la salida.
  • Los jueces guardaban las declaraciones de los testigos en su memoria y sentenciaban inmediatamente, con la tranquilidad del que sabe que sus decisiones han de ser cumplidas.
  • Este juicio tardío iba á ser interesante.
  • Aquel hombre que estaba junto á él, tal vez por ser nuevo en la huerta, creía que el reparto del agua era cosa de broma y que podía hacer su santísima voluntad.
  • ¡Morralón! ¡chodío! 11, sin añadir más á tales insultos, como si éstos sólo pudiesen ser aplicables al enemigo de la huerta.
  • Miró con cariño sus ojazos azules, su cara sonrosada cubierta por un vello rubio, y buscó en su memoria quién podía ser este mozo.
  • Junto á la puerta de la barraca estaba la esposa, rodeada de los pequeños, esperando impaciente, por ser ya pasada la hora de comer.
  • La vivificante sangre de la huerta iba lejos, para otros campos cuyos dueños no tenían la desgracia de ser odiados.
  • Cuando se casaran alguna vez habría de ser ya guardaría el dinero.
  • Debía ser la Virgen rodeada de ángeles.
  • Más de treinta muchachas agolpábanse con sus cántaros, deseosas todas ellas de ser las primeras en llenar, pero sin prisa de irse.
  • Morenilla, nerviosa, de nariz arremangada ó insolente, orgullosa de ser única en su casa y de que su padre no fuese arrendatario de nadie, pues los cuatro campos que trabajaba eran muy suyos.
  • Y las comadres de la huerta, sin perjuicio de olvidarse alguno que otro sábado de los dos cuartos de la escuela, respetaban como un ser superior á don Joaquín, reservándose un poco de burla para la casaquilla verde con faldones cuadrados que se endosaba los días de fiesta, cuando cantaba en el coro de la iglesia de Alboraya durante la misa mayor.
  • Cogidos los tres de la mano, procuraban andar á la zaga de los otros muchachos, que, por ser de las barracas inmediatas á la suya, sentían el mismo odio de sus padres contra Batiste y su familia, y no perdían ocasión de molestarles.
  • Muchachos cerriles que aspiraban á ser mancebos en las barberías de la ciudad hacían allí sus primeras armas.
  • Por ser para usted, que es un amigo dijo el gitano palmeándole en la espalda, por ser para usted, persona simpática que sabrá tratar bien á esta prenda.
  • Pos por ser tú, rebajaré poco.
  • ¡Pimentó! ¿quién otro podía ser?
  • Pepeta, la pobre bestia de trabajo, muerta para la maternidad y casada sin la esperanza de ser madre, perdió su calma á la vista de aquella cabecita de marfil orlada por la revuelta cabellera como un nimbo de oro.
  • Y con un instinto de ser superior nacido para el mando y que sabe imponer la obediencia, comenzó á dar órdenes á todas las mujeres, que rivalizaban por servir á la familia antes odiada.
  • Los dos hermanos pequeños contemplaban á Pascualet asombrados, con devoción, como un ser superior que iba á levantar el vuelo de un momento á otro.
  • Las muchachas disputábanse con tenacidad ser de las cuatro que habían de llevar al pobre albaet hasta el cementerio.
  • Había que ser razonable.
  • Los hijos podían ir por la vega sin ser hostilizados, y hasta Pimentó, cuando encontraba á Batiste, movía la cabeza amistosamente, rumiando algo que era como contestación á su saludo.
  • Por algo, según las historias, lloraban los moros al ser arrojados de allí.
  • Muchos fingían indignación ante la brutalidad de esta porfía, pero en el fondo de su ánimo escarabeajaba cierto orgullo por el hecho de ser tales hombres sus vecinos.
  • Pimentó, al ver á Batiste, masculló un ¡Hola! que pretendía ser un saludo, y volvió la vista á sus cartas.
  • Debía ser espléndida, sin miedo al gasto.
  • Temió, si huía, anticipar la agresión, ser detenido por el insulto.
  • ¡Ah, no, doña Manuela! Pimentó era exacto cumplidor de sus deberes, y como arrendatario debía visitar á su ama en Navidad y en San Juan, para demostrarle que si no pagaba no por eso dejaba de ser su humilde servidor.
  • ¡Cristo! Porque ya no estaban abandonadas é incultas las tierras de Barret, aquel espantajo de desolación, que aterraba á los amos y les hacía ser dulces y transigentes.
  • Los demás seguían inmóviles, puestos á la defensiva, capaz cada uno de despedazar al vecino sin saber por qué, pero no queriendo ser el primero en la agresión.
  • Tiros de noche podían ser una señal de incendio, de ladrones, ¡quién sabe de qué!
  • En la obscuridad del estudi y todavía despierto, vió surgir una figura pálida, indeterminada, que poco á poco fué tomando contorno y colores, hasta ser Pimentó tal como le había visto en los últimos días, con la cabeza entrapajada y su gesto amenazante de terco vengativo.
  • Debía ser la boca del infierno.
  • Había pasado en ella una parte de su juventud, y cuando de tarde en tarde iba al Mercado por ser víspera de festividad en que se encendían todos los hornillos de su cocina, experimentaba la impresión del que tras un largo viaje por países extraños vuelve a su verdadera patria.
  • Únicamente los que tienen millones pueden ser rumbosos.
  • Era Juanito quien la hablaba, su hijo mayor, un muchacho nacido en la misma tienda, que seguía agarrado a ella sin servir para nada, como decía su madre, y sin querer ser otra cosa que comerciante.
  • Don Antonio sacaba a luz todo un arsenal de afirmaciones que, a fuerza de repetidas, habían pasado a ser lugares comunes.
  • Talento le sobra para ser sabio.
  • Y nunca faltaba un comerciante generoso que, por ser de la tierra y recordando los principios de su carrera, tomase bajo su protección al abandonado y lo metiese en su casa, aunque no le faltase criadico.
  • Aprendiz siempre hambriento, dependiente después en una época en que los mayores sueldos eran de cincuenta pesos anuales, a fuerza de economías miserables consiguió emanciparse, y con ayuda de sus antiguos amos, que veían en él un legítimo aragonés capaz de convertir las piedras en dinero, fundó Las Tres Rosas, tiendecilla exigua que en diez años se agrandó hasta ser el establecimiento de ropas más popular de la plaza del Mercado.
  • Con esto, el mísero zagalillo de las montañas de Teruel se convirtió en un aprendiz listo, aseado y trabajador, que, según las profecías de los dependientes viejos, llegaría a ser algo.
  • Los tirones de oreja y los palos con la vara de medir lo habían puesto erguido, borrando en su cuerpo la tendencia a cargarse de espaldas y a ser patiabierto, propio de todos los de su tierra.
  • Y además, como tenía su soldada anual, aunque corta, ya no vestía los desechos de don Eugenio y se hacía al año dos trajes, operación que antes de ser emprendida era objeto de serías y profundas meditaciones.
  • De joven había sido novicio en una orden religiosa, pero ahorcó los hábitos el año 8 para batirse contra el francés, sacrificio que no le libró de ser conocido con el apodo de el Fraile entre los comerciantes y las gentes de su industria.
  • Te cobraré el treinta por ser tú.
  • Pero aunque en ello entrase en gran parte la exagerada malevolencia de sus enemigos, lo cierto era que don Manuel, con el producto de sus doscientos telares siempre en actividad y los caritativos auxilios que prestaba desde el Banco de San Juan, iba formándose una fortuna, cuya cifra, por ser desconocida, rodeaba a su poseedor de cierto prestigio misterioso.
  • Rafael Pajares venía a ser en la casa el punto vulnerable del huraño Fraile.
  • Ser dueño de la voluntad de aquella mujer y corresponder a su afecto con infidelidades era un pecado imperdonable a los ojos del pobre Melchor, que amaba a Manolita en silencio, siempre en perpetua batalla interna, tan pronto dispuesto a declarar su pasión como arrepentido de su audacia.
  • Con Manolita hay que ser rígido y no permitirla que toque un ochavo.
  • Cierto que, a pesar de ser buenos los tiempos, adelantaba poco a causa de las prodigalidades de su mujer.
  • ¡pobrecilla! él la disculpaba, recordando su juventud monótona y aburrida al lado del tacaño padre, y además, decíase a sí mismo que alguna compensación había de merecer el resignarse a ser tendera una joven que podía aspirar a una posición más brillante.
  • Tenía en su vida motivos de sobra para ser feliz, pero a pesar de esto, dos cosas la entristecían.
  • Todo se realizó tal como lo dispuso doña Manuela, y ésta, a los pocos días, recordaba como un sueño la estancia de seis años en la tienda del Mercado, y se consideraba feliz pudiendo pasear en berlina por la Alameda y teniendo un lacayo a sus órdenes para enviar recaditos a las nuevas amigas, esposas de magistrados y militares, señoras a las cuales, por ser rica, trataba con aire protector.
  • ¡Pobre don Melchor! ¡Cuan caro le costaba ser esposo de una mujer hermosa y rica! Aburríase con el trato de unas personas a las que no podía entender, su esposa sólo le hablaba para proporcionarle nuevos tormentos, y únicamente se sentía feliz cuando, puesto de veinticinco alfileres, huía de casa, buscando en el Mercado a sus antiguos amigos.
  • La supeditación amorosa de doña Manuela le hacía ser dueño absoluto de la casa, y no tardó en hacer sentir su tiranía.
  • Tienes, a lo sumo, veinte mil duros, más ocho mil que pertenecen a Juanito, por ser la herencia de su padre.
  • Gorjeaban alegremente, como pájaros que despiertan, pero sus trinos no podían ser más vulgares.
  • Hubieran resultado insignificantes a no ser por los ojos, unos verdaderos ojos valencianos que les comía gran parte de la cara, rasgados, luminosos, sin fondo, con curiosidad insolente algunas veces, lánguidos otras, y cercados por la ojera tenue y azul, aureola de pasión.
  • Linda cabeza de bebé, boca graciosa, hoyuelos en la barba y las mejillas, un puñado de rizos sobre la frente y ojos que en vez de mirar parecían sonreír a todo, revelando el inmenso contento de ser joven y que la llamasen bonita.
  • La que se escapaba a cada instante del salón, para ir a la cocina a charlar con las criadas, gozando en ser su amanuense, sólo por intercalar en las cartas al novio soldado terribles barbaridades, con las que estaba riéndose toda una semana.
  • Amparo pensaba que, por ser la más pequeña y la más débil, tenía que contentarse con el sobrante de la otra, y Concha retocaba su moño nerviosamente, murmuraba y daba furiosas pataditas, mirando de soslayo, sin poder copiar el perfil gracioso del peinado de aquella muñeca.
  • Y así hubiese seguido desarrollando este capítulo de consejos, a no ser porque un campanillazo le cortó la palabra.
  • Y así seguía el tendero del Mercado, ensartando sus frases rebuscadas ante la admiración ingenua de su esposa, que veía en él un ser superior.
  • Pero ahora continuó en tono más dulce, ya que no puedo ser pianista, me dedico al canto.
  • Era un ser insignificante y de aspecto pretencioso.
  • Era un ser doble, que flotaba entre la decencia y el encanallamiento.
  • Y éstas mirábanle como un ser extraordinario, como un Don Juan irresistible, recordando ciertas historias de cantadoras flamencas que, por sus desdenes, se habían tragado cajas de fósforos, y de hermosas carniceras que abandonaban al marido para seguir a un mozo tan adorable.
  • Era la ceremonia anual, el acto de dar los aguinaldos a los criados, por ser el día de la señora.
  • Cuando murió tu segundo marido me prometiste ser un modelo de economía y prudencia.
  • Pero tú no podías acostumbrarte a ser señora de muchos escalones, como dices en tu jerga.
  • Lo aseguraba él, que era persona competente en tal materia, por ser poeta y no inédito, pues sus triunfos había alcanzado en la Juventud Católica.
  • Todos muy señores míos, pero que los oía mentar por vez primera, a excepción de Ausias March, por ser su nombre el de la calle donde ella tenía su modista.
  • Necesitaba, para no aborrecer la vida, que ella se decidiese a ser su musa, su inspiración.
  • Y el lindo bebé, aunque por costumbre seguía riendo, sentíase muy satisfecha en su interior de ser musa de alguien, honor que jamás alcanzaría su hermana Concha.
  • La mamá era siempre para él un ídolo, un ser superior, y los hermanos, al verlos tan elegantes, le hacían recordar la época en que él, pequeño, pero avispado por el desvío maternal, les servía de niñera cuidadosa, llevándolos en sus brazos y sufriendo con sublime abnegación sus infantiles caprichos.
  • ¡Alguna vez había de ser calavera! Y empujado por la muchedumbre, asaltó las alturas, el paraíso de fuego, donde, acoplándose cada espectador entre las rodillas del vecino inmediato, formaba el público un mosaico apretado y sólido.
  • Iba con frecuencia a Las Tres Rosas, por ser los géneros baratos, y Juanito, insensiblemente, recogiendo hoy una palabra y uniéndola con otra tres días después, se enteró de quién era.
  • Por un lado, la mamá con sus sofoquinas y pellizcos, ordenándole que rompiese las relaciones con el hijo de Cuadros, por ser una proporción desventajosa y denigrante para la familia.
  • No estaba mal aquello, para ser obra de gente tan ordinaria como el cafetinero y sus cofrades.
  • Ante todo, las creencias y el ser poeta.
  • ¡Buena suerte y que saliese pronto de cuidado! Y los dos viejos, que sólo necesitaban unas cuantas copas para ser dueños de la falla, de la plaza y del mundo entero, metiéronse en el cafetín a continuar la obra.
  • él quería ser empleado de los que están a la fresca y fuman.
  • Andresito pensaba que si alguno de aquellos rayos baratos le pillaba en su sitio, no le dejaría ganas en una temporada de ser frailecito blanco y llorar los desdenes de su hermosa.
  • Hacíase el encontradizo y le desesperaba la dificultad de su lengua tímida, que parecía rebelarse, no queriendo ser conductora de sus pensamientos.
  • Prefiero ser pecadora y cuidar de mi pobre amiga.
  • ¿Y quién ha de ser el valiente?
  • Y cambió con tal arte el curso de la conversación, que a Juanito se le quedó en el cuerpo lo que quería decir, y antes llegaron a la pobre escalerilla de la calle de Gracia, que pudo manifestar su valor para ser esposo de Tónica y encargarse de la pobre ciega.
  • Bastábale para ser feliz y considerarse dueño de Tónica oír su voz, trémula por la emoción que le causaba un paseo tan íntimo.
  • En cuanto llegasen a la próxima esquina, interrumpía a la joven, aun a riesgo de ser descortés.
  • No pensaba dejar de ser comerciante.
  • Su porvenir consistía en ser dueño de una tienda.
  • ¿y qué mejor que casarse con una mujer hacendosa, aleccionada en la escuela del trabajo y la economía, y que supiera ser ama de su casa?
  • Pero eso de casarse para ser la víctima resignada y humilde sobre la cual cayeran los desprecios de la familia, estaba fuera del límite de su paciencia.
  • El profundo silencio turbábanlo de vez en cuando los tercetos de ciegos que, agarrados del brazo y golpeando el suelo con sus garrotes para orientarse, iban por el arroyo sin miedo a ser atropellados, prorrumpiendo en lamentaciones poéticas que, en tono quejumbroso, relataban la pasión y muerte del Redentor.
  • Aquí trabajaban los velluters, aquella gente que por su tonillo docto era el prototipo de la pedantería, pero que resultaba respetable por ser la fiel guardadora de las costumbres tradicionales, la sostenedora de ese carácter valenciano, sobrio, alegre y dicharachero, que casi ha desaparecido.
  • Con hombres así no había miedo a ser robado, y la confianza entre amos y obreros era completa.
  • Y el viejo, con el bigote un tanto erizado y los mongólicos ojos echando chispas, se movía y braceaba furioso, como si arrojara su indignación a la cara de un ser invisible.
  • Para ser comerciante necesitas familia.
  • Mira, hijo mío, quince mil pesetas justas no han de ser.
  • A pesar de su aspecto de decoración de ópera, que tanto entusiasmaba a doña Manuela, el tal chalet no pasaba de ser una casa de vecindad, enclavado como estaba entre otras construcciones de la misma clase, todas frágiles y pretenciosas, con sus jardincillos como sábanas, y sobre la verja, en letras doradas, los campanudos títulos de Villa Teresa, Villa María, etcétera, según fuese el nombre de la propietaria.
  • La esplendidez del paisaje tenía como embobados a los convidados de doña Manuela, a pesar de ser todos ellos gente poco susceptible de entusiasmarse ante cosas que no fuesen útiles.
  • Como en la orquesta salta el pasaje fundamental de atril en atril para ser repetido por todos los instrumentos en los más diversos tonos, aquel verde eterno jugueteaba en la sinfonía del paisaje, subía o bajaba con diversa intensidad, se hundía en las aguas tembloroso y vago como los gemidos de los instrumentos de cuerda, tendíase sobre los campos voluptuoso y dulzón como los arrullos de los instrumentos de madera, se extendía azulándose sobre el mar con la prolongación indefinida de un acorde arrastrado del metal, y así como el vibrante ronquido de los timbales matiza los pasajes más interesantes de una obra, el sol, arrojando a puñados su luz, matizaba el panorama, haciendo resaltar unas partes con la brillantez del oro y envolviendo otras en dulce penumbra.
  • Y lanzándose en pleno cielo, aclarándose en un azul blanquecino, marchaba velozmente hacia el final, se extinguía en el horizonte pálido y vago como el último quejido de los violines, que se prolonga mientras queda una pulgada de arco, y adelgazándose hasta ser un hilillo tenue, una imperceptible vibración, no puede adivinarse en qué instante deja realmente de sonar.
  • Pero te advierto que nuestro noviazgo no ha de ser cosa de tapujo.
  • Aquello debía ser hereditario.
  • Y él, que hasta entonces había vivido tranquilo e indiferente, amarrado a la noria de la dependencia, sin pensar en el porvenir, sentíase ambicioso, soñaba con una gran posición comercial, que compartiría con Tónica, y miraba la tienda de Las Tres Rosas con el mismo cariño del heredero ante una cosa que espera ha de ser suya.
  • Para censurarla había que ser consecuente y hablar mal también del ferrocarril, del teléfono y de todas las conquistas del progreso.
  • Y Juanito, a no ser por su deseo de verse dueño de Las Tres Rosas, hubiese vendido el huerto, poniendo toda su fortuna en manos de don Ramón.
  • ¡Ay, mi pobre tienda! Tiemblo al pensar que puede ser deshonrada para siempre.
  • Yo veo claro, y por eso chillo hasta ser impertinente.
  • Los mocosos ya no se conforman con ser aprendices y quieren pasar a amos.
  • Antonio se avergüenza de ser comerciante, y va por las tardes a la Alameda en un cochecillo ridículo, guiando como si fuese un cochero.
  • Ahora, el amor por un lado y por otro la primavera, parecían incubar en él un nuevo ser, y de la ruda cáscara del antiguo dependiente, con la inteligencia muerta y la voluntad atrofiada, surgía un hombre nuevo, en el cual despertábase el mismo romanticismo de su padre cuando era joven.
  • El dependiente era para ella un ser de casta superior.
  • Y sin embargo, su conversación no podía ser más vulgar.
  • Juanito había oído hablar la noche anterior de cierto plan de esparcimiento matutino, como principio de fiesta, por ser los días de Amparito.
  • ¡Afortunado mortal! Desde entonces, su nombre pareció llenar la habitación, y las dos mujeres le aposentaron en su memoria, imaginándolo como un ser poderoso, todo bondad, que peloteaba los millones y se divertía haciendo ricos a los pobres.
  • Hubiera querido ser hombre, para hacer una barbaridad.
  • ¡Ah, si ella tuviera una persona que se interesase por su suerte y la de la casa, qué gran favor le haría encargándose de sermonear a aquel hombre que, a pesar de sus bigotazos y sus palabras campanudas, se dejaba engañar como un niño! ¡Qué obra tan caritativa lograr que aquel hombre alejado de los afectos de la familia volviese a ser buen padre y buen marido! Y Teresa miraba ansiosamente a su altiva amiga al formular tales deseos.
  • Ella se encargaba de ser esa persona que, velando por la moral de la familia, devolviese el marido infiel a los brazos de la esposa resignada.
  • No hay que ser tan escrupulosas dijo doña Manuela.
  • Y cuando salgas de ella a altas horas de la noche en sucio carro para ser conducido adonde te explotarán por última vez, convirtiendo tu piel en zapatos, tus huesos en botones y tu carne en abono fertilizante, por la puerta entreabierta entrará la pobreza, la desesperación de una miseria disimulada, y quién sabe si la deshonra, eterna compañera de los que se aferran tenazmente a las alturas de donde les arrojan.
  • Pero a pesar de ser tan numerosas las amistades, no encontraba, repasando su memoria, un solo nombre.
  • ¿Iba a ser él más cobarde que aquellas dos mujeres?
  • Cuadros, a pesar de su fortuna, no dejaba de ser el antiguo dependiente, el marido de la criada Teresa, un pobre diablo al que ella había tratado siempre con desprecio.
  • Y doña Manuela, embriagándose con la energía de su resolución, pensaba en la miseria como en una cosa desconocida, pero que iba pareciéndole grata por ser la salvación de su honor.
  • ¡Valiente cosa le importaba Las Tres Rosas ! Ya no quería ser dueño de la tienda.
  • Las primeras ganancias, adquiridas con dulce facilidad, le habían cegado y sólo pensaba en ser millonario, en esclavizar la fortuna, riéndose ahora de aquellos tiempos en que soñaba con Tónica la existencia monótona y tranquila de rutinarios burgueses, amasando ochavo tras ochavo un capital para pasar tranquilamente la vejez.
  • Y además, en sus cálculos de comerciante, siempre había figurado la esperanza de ser el heredero de don Juan.
  • A ver y ser vistas, a lucirse un rato a cambio de palidecer de emoción y lanzar angustioso grito cuando la cornuda cabeza bufa en la misma espalda del torero fugitivo.
  • Todos parecían cansados y caminaban con cierta lentitud y ensimismamiento, como el que acaba de ser víctima de un engaño o ve defraudadas sus ilusiones.
  • Pero esto mismo le animaba y le hacía ser más tenaz en sus propósitos.
  • ¡Cállate! Como eres un tonto, crees que todos los jóvenes han de ser iguales a ti.
  • Lo único que pudo recordar fue que el instinto de precaución le dominaba aún, y que al bajar la escalera lo hizo de puntillas, evitando roces, como si fuera un delincuente y temiera ser descubierto.
  • Permaneció mucho tiempo mirando fijamente aquellos colosos de argamasa, hasta que por fin se dio cuenta de que algunos chicuelos del barrio formaban círculo en torno de él, contemplándolo con curiosidad, tomándole, sin duda, por uno de esos viajeros que para el vulgo han de ser forzosamente ingleses.
  • El silencio para siempre, la amarga satisfacción del no ser, la grandiosa monotonía de la eternidad libre de toda alteración.
  • Sentía deseos de pedir a Dios que hiciese un milagro, que le convirtiese en uno de aquellos niños, destinados a ser bestias de carga para el bienestar de sus semejantes, pero que al menos tenían una madre que los amaba sin distinguirlos y no se vendía a pesar de su miseria.
  • Debían ser cigarreras que volvían de la fábrica.
  • Únicamente tienes sobre mí la inmensa ventaja de ser joven y carecer de mujer e hijos.
  • Cuadros lanzó una carcajada, que, en fuerza de querer ser irónica, resultaba espeluznante.
  • En sus oídos sonaban estas palabras como si acabasen de ser pronunciadas, y veía aún el gesto de repugnancia con que las había acompañado.
  • Te estorbaba el chico, por ser hijo de quien es.
  • ¡Qué aspecto el de Las Tres Rosas ! Parecía la tienda un ser animado que acogía la desgracia con un gesto de resignado dolor.
  • Sintiólo mucho mi madre, por ser tal que robaba a todos las voluntades.
  • Hijo, esto de ser ladrón no es arte mecánica sino liberal.
  • Escribí a mi casa que yo no había menester más ir a la escuela porque, aunque no sabía bien escribir, para mi intento de ser caballero lo que se requería era escribir mal, y que así, desde luego renunciaba la escuela por no darles gasto y su casa para ahorrarlos de pesadumbre.
  • Cada zapato podía ser tumba de un filisteo.
  • El desventurado atajóse, y la vieja, en vez de echársela dentro, disparósela por entre la camisa y el espinazo y diole con ella en el cogote, y vino a servir por defuera de guarnición la que dentro había de ser aforro.
  • Pesia diez, la Iglesia ha de ser la primera.
  • Llegáronse todos, y abriéndola, vio ser de alcorzas.
  • Murió el pobre mozo, enterrámosle muy pobremente por ser forastero, y quedamos todos asombrados.
  • Ni sé si lo hizo porque le comenzásemos a tener respeto o por ser natural suyo de ellos, que no es mucho que tenga mala condición quien no tiene buena ley.
  • Fuime a casa, que apenas acerté, y fue ventura el ser de mañana, pues sólo topé dos o tres muchachos, que debían de ser bien inclinados porque no me tiraron más de cuatro o seis trapajos y luego me dejaron.
  • Debían de ser las doce cuando el uno de ellos me despertó a puros gritos, diciendo.
  • De puro considerar en él, vine a resolverme de ser bellaco con los bellacos, y más, si pudiese, que todos.
  • Md., que bien se le puede sufrir el ser bellaquillo por la fidelidad.
  • Ello mucho debió de ser, pero no debía obligar a restitución, porque el ama confesaba y comulgaba de ocho a ocho días y nunca la vi rastro de imaginación de volver nada ni hacer escrúpulo, con ser, como digo, una santa.
  • Ésta ha de ser ruin conmigo, pues lo es con su amo, decía yo entre mí.
  • Señalóse cuál había de ser, y fuimos juntos, yo delante, y en columbrando la justicia, lleguéme con otro de los criados de casa, muy alborotado, y dije.
  • Y por no ser largo, dejo de contar cómo hacía monte la plaza del pueblo, pues de cajones de tundidores y plateros y mesas de fruteras (que nunca se me olvidará la afrenta de cuando fui rey de gallos) sustentaba la chimenea de casa todo el año.
  • Hijo Pablos (que por el mucho amor que me tenía me llamaba así), las ocupaciones grandes de esta plaza en que me tiene ocupado Su Majestad no me han dado lugar a hacer esto, que si algo tiene malo el servir al Rey es el trabajo, aunque se desquita con esta negra honrilla de ser sus criados.
  • De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo mismo, porque está presa en la Inquisición de Toledo, porque desenterraba los muertos sin ser murmuradora.
  • Vuestro tío soy, y lo que tengo ha de ser para vos.
  • ¿Qué cosa puede ser le dije yo que, conviniendo tanto, sea imposible y no se pueda hacer?
  • Hacerse puede, que ser imposible es otra cosa.
  • Esos gavilanes habían de ser más largos, para reparar los tajos que se forman sobre el centro de las estocadas.
  • U ese libro enseña a ser pestes a los hombres u le compuso algún doctor.
  • Ésta había de ser cuchillada y éste tajo.
  • Y decía que luego se la quería ir a enseñar al Rey, por ser en favor de los católicos.
  • Ítem, advirtiendo que después que dejaron de ser moros (aunque todavía conservan algunas reliquias) se han metido a pastores, por lo cual andan los ganados flacos de beber sus lágrimas, chamuscados con sus ánimas encendidas, y tan embebecidos en su música que no pacen, mandamos que dejen el tal oficio, señalando ermitas a los amigos de soledad.
  • Y a los demás, por ser oficio alegre y de pullas, que se acomoden en mozos de mulas.
  • ¡Miren qué bien le estaría a un hombre lampiño como yo la ermita! ¡O a un hombre vinajeroso y sacristando ser mozo de mulas! Ea, señor, que son grandes pesadumbres esas.
  • Comenzó a sacar cañones de hoja de lata y a enseñarme papeles, que debían de ser de otro a quien había tomado el nombre.
  • Yo confieso que pensé ser su lechuza y bebérsele, pero ansí le sucedan todos sus intentos al turco.
  • Levantóse, tratamos largo en mis cosas, y tuve harto trabajo por ser hombre tan borracho y rústico.
  • Md., vengo a decir que cobré y embolsé mi dinero, el cual mi tío no había bebido ni gastado, que fue harto para ser hombre de tan poca razón, porque pensaba que yo me graduaría con este, y que estudiando, podría ser cardenal, que como estaba en su mano hacerlos, no lo tenía por dificultoso.
  • Yo pretendo ser uno de mi linaje, que dos es imposible, si no vengo a sus manos, y trinchándome, como hace a otros.
  • Y aclaróseme tanto en materia de ser pobre, que me confesó, a media legua que anduvimos, que si no le hacía merced de dejarle subir en el borrico un rato no le era posible pasar adelante, por ir cansado de caminar con las bragas en los puños.
  • Pero ya, señor licenciado, sin pan y carne no se sustenta buena sangre, y por la misericordia de Dios, todos la tienen colorada y no puede ser hijo de algo el que no tiene nada.
  • ¿Es posible que no he de ser yo poderoso para que barra esa moza?
  • El nabo por ser nabo, el tocino por ser tocino, y todo por lo que es.
  • Yo le pregunté que por qué no se los ponía y dijo que por ser entrambos de una mano, que era treta para tener guantes.
  • Y así, empecé mi jornada, saliendo de casa con los otros, aunque por ser nuevo me dieron, para empezar la estafa, como a misacantano, por padrino el mismo que me trujo y convirtió.
  • Pasamos adelante y, en una esquina, por ser de mañana, tomamos dos tajadas de alcotín y agua ardiente, de una picarona que nos lo dio de gracia, después de dar el bienvenido a mi adestrador.
  • Iba yo fiando en mis escudillos aunque me remordía la conciencia el ser contra la orden comer a su costa quien vive de tripas horras en el mundo.
  • Eso me pesa a mí replicó, y si no fuera por ser tarde, y voy con prisa a comer, me detuviera más, porque me aguarda una hermana casada y su marido.
  • Pareciólas irse, por ser ya tarde, y así me pidieron licencia, advirtiéndome con el secreto que había de ir el paje.
  • Yo les ofrecía en prendas los cien escudos, y dijéronme su casa, y con intento de estafarme en más se fiaron de mí y preguntáronme mi posada, diciendo que no podía entrar paje en la suya a todas horas, por ser gente principal.
  • ¡Miren el todo trapos, como muñeca de niños, más triste que pastelería en Cuaresma, con más agujeros que una flauta y más remiendos que una pía y más manchas que un jaspe y más puntos que un libro de música (decía un estudiantón de estos de la capacha, gorronazo), que hay hombre en la sopa del bendito santo que puede ser obispo o otra cualquier dignidad, y se afrenta un don Peluche de comer! ¡Graduado estoy de bachiller en artes por Sigüenza!
  • Mas sacóle de la puja don Lorenzo del Pedroso, el cual entró con una capa muy buena, la cual había trocado en una mesa de trucos a la suya, que no se la cubriera pelo al que la llevó, por ser desbarbada.
  • Pensaron aquella mañana ser almorzados de ellos.
  • Dijo, después de haber pescado la mosca, que en nosotros está todo el juego, y que si uno da en no ser hombre de bien puede hacer mucho mal.
  • ¿Qué ha de ser, si el bellaco ladrón de Almendros el aposentador, me ha dicho, teniendo palabras con él sobre el arrendamiento, que vos nos sois limpia?
  • Preciábase de manos y por enseñarlas siempre despabilaba las velas, partía la comida en la mesa, en la iglesia siempre tenía puestas las manos, por las calles iba enseñando siempre cuál casa era de uno y cuál de otro, en el estrado, de contino tenía un alfiler que prender en el tocado, si se jugaba a algún juego era siempre el de pizpirigaña, por ser cosa de mostrar manos.
  • Recibiéronme con la mayor alegría del mundo, diciendo que para qué les tenía escondido el ser señor de Valcerrado y Villorete.
  • El diablo, que es agudo en todo, ordenó que venida la noche, yo deseoso de gozar la ocasión, me subí al corredor, y por pasar desde él al tejado que había de ser, vánseme los pies y doy en el de un vecino escribano tan desatinado golpe, que quebré todas las tejas y quedaron estampadas en las costillas.
  • ¡Voto a Dios que esto no se puede hacer conmigo y que a no ser Vs.
  • ¡Ay, señor, y cómo le quiero bien! No se case sino con su gusto y mujer de casta, que le prometo que con ser yo no muy rica, no he querido casar mi sobrina, con haberle salido ricos casamientos, por no ser de calidad.
  • Debe de ser herida y en él fue un palo que le dieron entrando a hurtar unas gallinas.
  • Sahuméme con paja y afeitéme de tercianas, con una color de cera amarilla, y mi hábito de fraile, unos antojos y mi barba, que por ser atusada no desayudaba.
  • Yo no sé si fue la fuerza de la verdad de ser yo el mismo pícaro que sospechaba don Diego, o si fue la sospecha del caballo del letrado, u qué se fue, que don Diego se puso a inquerir quién era y de qué vivía, y me espiaba.
  • Y por mis entenado y difuntos, y así yo haya buen acabamiento, que aun lo que me debes de la posada no te lo pidiera agora, a no haberlo menester para unas candelicas y hierbas (que trataba en botes, sin ser boticaria, y si la untaban las manos, se untaba y salía de noche por la puerta del humo).
  • Yo que vi que había acabado la plática y sermón en pedirme, que, con ser su tema, acabó en él y no comenzó, como todos hacen, no me espanté de la visita, que no me la había hecho otra vez mientras había sido su huésped, si no fue un día que me vino a dar satisfacciones de que había oído que me habían dicho no sé qué de hechizos y que la quisieron prender y escondió la calle.
  • A esta mujer ¿por qué orden la podremos hablar, para gastar con su merced unos veinte escudos, que me ha parecido bien por ser hermosa?
  • Atrevíme a una comedia y porque no escapase de ser divina cosa la hice de Nuestra Señora del Rosario.
  • Estaba viento en popa con estas cosas, rico y próspero, y tal, que casi aspiraba ya a ser autor.
  • Fuéronse, y yo, que entendí salir de mala vida con no ser farsante, si no lo ha V.
  • Fuime a las vistas, y allá, con ser una plazuela bien grande, era menester enviar a tomar lugar a las doce, como para comedia nueva.
  • La cantidad de estudiantes y la impaciencia que demostraban por entrar en el aula se explicaba fácilmente por ser aquél, primer día de curso y del comienzo de la carrera.
  • Yo suplico a los que están al lado de ese asno, que rebuzna con tal perfección que se alejen de él, porque sus coces deben ser mortales de necesidad.
  • Tan estúpido es ser monárquico como republicano.
  • La tendencia general era hacer creer que lo grande de España podía ser pequeño fuera de ella y al contrario, por una especie de mala fe internacional.
  • Su preparación para la ciencia no podía ser más desdichada.
  • Su manera de ser se revelaba de una manera insólita e inesperada.
  • Don Pedro aseguraba que una persona decente no podía ser más que conservador.
  • En su teoría del dinero equivalente a mérito, llevada a la práctica, desheredado tenía que ser sinónimo de miserable.
  • La sospecha de que un obrero pretendiese considerarse como una persona, o de que una mujer quisiera ser independiente le ofendía como un insulto.
  • No se les veía bien la cara, porque el anteojo, además de ser de poco alcance, no era acromático y daba una gran irisación a todos los objetos.
  • Sin ser inteligente, sentía tal curiosidad por el funcionamiento de los órganos, que si podía se llevaba a casa la mano o el brazo de un muerto, para disecarlos a su gusto.
  • Dada su tendencia práctica, era un poco paradójica esta resistencia suya a ser protegido.
  • Sus ascendientes debieron ser comerciantes de esclavos en algún pueblo del Mediterráneo.
  • De ser cierta la clasificación de Iturrioz, Montaner también tenía más del tipo semita que del ibérico.
  • Al decir Andrés que la vida, según Letamendi, es una función indeterminada entre la energía individual y el cosmos, y que esta función no puede ser más que suma, resta, multiplicación y división, y que no pudiendo ser suma, ni resta, ni división, tiene que ser multiplicación, uno de los amigos de Sañudo se echó a reir.
  • Pero le pareció demasiado esfuerzo para su cerebro y dejó Kant para más adelante, y siguió leyendo a Schopenhauer, que tenía para él el atractivo de ser un consejero chusco y divertido.
  • Ser inteligente constituía una desgracia, y sólo la felicidad podía venir de la inconsciencia y de la locura.
  • Para un hombre excitado e inquieto como Andrés, el espectáculo tenía que ser deprimente.
  • Claro que toda reforma en un sentido humanitario tenía que ser colectiva y realizarse por un procedimiento político, y a Julio no le era muy difícil convencer a su amigo de lo turbio de la política.
  • Primero tenían que ser libretistas.
  • El nuevo interno no llevaba el camino de ser un clínico.
  • Le hubiera gustado creer, a pesar de no ser religioso, por romanticismo, que las hermanas de la Caridad eran angelicales.
  • ¡Es tan lógico, tan natural en el hombre huir del dolor, de la enfermedad, de la tristeza! Y, sin embargo, para él, el sufrimiento, la pena, la suciedad, debían de ser cosas atrayentes.
  • Andrés había pasado a ser interno como él.
  • ¡Hombre! ¿Cuándo va a ser eso?
  • De manera que si tú quieres ser de la cuadrilla, ya estás apoquinando.
  • Unas las pobres, para divertirse, y otra las ricas, para casarse con alguna de ellas por su dinero, a ser posible.
  • Un cocinero de Cádiz, muy afamado, a las mujeres las compara con el guisado, y esos otros en que las mujeres entran en quinta, o tienen que ser marineras, el de la ¿Niña qué?
  • Pero no debe ser nada bueno.
  • El Botánico le gustaba más a Lulú por ser más popular y estar cerca de su casa, y por aquel olor acre que daban los viejos mirtos de las avenidas.
  • Esta desigualdad orgánica se reflejaba en su manera de ser espiritual y material.
  • ¿Qué va a ser esta niña?
  • Se veía que estaba sondeando a ver si se podía atrever a echárselas de valiente, porque aquellos señoritos lo mismo podían ser dos panolis que dos puntos bragados que le hartasen de mojicones.
  • Debía ser verdaderamente desagradable verle en la tienda en medio de sus ataúdes.
  • Victorio, el sobrino del prestamista, prometía ser un gerifalte como el tío, aunque de otra escuela.
  • Supón, en el ejemplo de antes, que la hiena, en vez de ser muerta por el hombre, mata al hombre, que el árbol cae sobre él y le aplasta, que la araña le hace una picadura venenosa.
  • Aquello podía no ser nada.
  • Como el niño era linfático, algo propenso a catarros, consideraron conveniente llevarlo a un país templado, a orillas del Mediterráneo a ser posible.
  • Es que ese espacio y ese tiempo y ese principio de causalidad no existen fuera de nosotros tal como nosotros los vemos, que pueden ser distintos, que pueden no existir.
  • Pueden ser también las leyes de la Naturaleza exterior a nosotros, pero no lo podemos afirmar.
  • Fuera de los axiomas lógicos y matemáticos, en los cuales no se puede suponer que no haya unanimidad, en lo demás todas las verdades tienen como condición el ser unánimes.
  • Puede ser una verdad relativa.
  • Todo podría ser verdad.
  • La filosofía nos quiere dar la hipótesis racional de cómo puede ser este mamuth.
  • Claro que estos puentes no pueden ser más que hipótesis, teorías, aproximaciones a la verdad.
  • Hay la esperanza de que la verdad, aun la que hoy es inútil, pueda ser útil mañana replicó Andrés.
  • En cambio el hombre de ciencia que estudia la naturaleza es un ser vulgar y grosero.
  • Estas imágenes, desprovistas de lo contingente, dejan un símbolo, un esquema, que debe ser la idea.
  • La verdad puede ser un arma de combate.
  • La fe religiosa para un católico, además de ser verdad, es útil.
  • Para un irreligioso puede ser falsa y útil, y para otro irreligioso puede ser falsa e inútil.
  • Se puede ser un gran artista.
  • Un gran poeta, se puede ser hasta un matemático y un científico y no comprender en el fondo nada.
  • Pero alguna vez tenemos que dejar de ser niños, alguna vez tenemos que mirar a nuestro alrededor con serenidad.
  • Creyendo en algo más útil y grande que ser un loro, creo que hay que afirmar con fuerza.
  • Si usted es extranjero y no quiere vivir aquí, váyase usted a su país pronto, y sin hablar, porque si no, se expone usted a que le echen por la ventanilla, y voy a ser yo.
  • El día se preparaba a ser ardoroso.
  • El riojano no se las echaba de franco ni de bruto, y el andaluz no pretendía ser gracioso.
  • El mozo se quedó estupefacto, y a los pocos días le dijo que no podía ser.
  • Yo quisiera dijo Andrés un cuarto en el piso bajo y a poder ser, grande.
  • Que padecía un reumatismo, pues podían ser hasta veinte visitas.
  • Andrés estaba convencido de que en la mayoría de los casos una terapéutica muy activa no podía ser beneficiosa más que en manos de un buen clínico, y para ser un buen clínico era indispensable, además de facultades especiales, una gran práctica.
  • Hay una frase de un escritor francés que quiere ser trágica y es enormemente cómica.
  • Desde hace treinta años no se siente placer en ser francés.
  • Desde que ha venido este médico, no se siente placer en ser rico.
  • ¿Por qué incomodarse, si todo está determinado, si es fatal, si no puede ser de otra manera?
  • Que defraudar a la comunidad, no podía ser tanto como robar a una persona.
  • Lo menos malo que puede ser es una colección de retóricos y de charlatanes.
  • Solamente el marido podría llegar a saber su manera de ser y de sentir.
  • ¡Un hombre que quería ser de ciencia y se incomodaba porque las cosas no eran como él hubiese deseado! Era absurdo.
  • No había árboles, el clima era duro, la gente tenía que ser dura también.
  • Usted, Hurtado, quiere demostrar que se puede no tener religión y ser más bueno que los religiosos.
  • Puede ser.
  • Y puede no ser.
  • Pero para ser egoísta hay que saber.
  • Intentar andar entre los hombres, en ser superior, como tú has querido hacer en Alcolea, es absurdo.
  • Yo no he intentado presentarme como ser superior replicó Andrés con viveza.
  • Se necesita ser un pobre diablo o tener alma de perro para encontrar mala la libertad.
  • ¿Que el hombre no puede ser independiente como una estrella de otra?
  • ¡Aunque para lo que me sirve el ser médico!
  • ¿Es que voy a ser un Otelo?
  • La irritación le hacía ser en sus palabras violento y brutal.
  • Todos aquellos desharrapados que debían ser bohemios, amigos de Villasús, habían hecho horrores con el cadáver.
  • La desesperación de este bohemio le pareció a Hurtado demasiado alambicada para ser sincera, y dejando a toda esta turba de desharrapados en la guardilla, salió de la casa.
  • Si pudiera ser, ¿por qué no?
  • Ella y él eran cómplices de chiquillos enfermizos y tristes, que vivían entre harapos, y aquel idiota venía a pedirme dinero creyendo que era un mérito ser padre de su abundante y repulsiva prole.
  • No, no debe ser lícito engendrar seres que vivan en el dolor.
  • La fecundidad no puede ser un ideal social.
  • Es decir, que nuestra moral acaba por ser inmoral.
  • Su pesimismo le hacía pensar que la calma no iba a ser duradera.
  • Andrés, de ser un hombre lleno de talento y un poco ideático, había pasado a ser su hombre.
  • No podía ser aquello un parto normal.
  • Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido, pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite.
  • Porque si así no fuese, muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo, y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que vean y lean sus obras, y si hay de qué, se las alaben.
  • Que confesando yo no ser más santo que mis vecinos, desta nonada, que en este grosero estilo escribo, no me pesará que hayan parte y se huelguen con ello todos los que en ella algún gusto hallaren, y vean que vive un hombre con tantas fortunas, peligros y adversidades.
  • Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo se viese, determinó arrimarse a los buenos por ser uno dellos, y vínose a vivir a la ciudad, y alquiló una casilla, y metióse a guisar de comer a ciertos estudiantes, y lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del Comendador de la Magdalena, de manera que fue frecuentando las caballerizas.
  • Y allí, padeciendo mil importunidades, se acabó de criar mi hermanico hasta que supo andar, y a mí hasta ser buen mozuelo, que iba a los huéspedes por vino y candelas y por lo demás que me mandaban.
  • Procura ser bueno, y Dios te guíe.
  • Yo simplemente llegué, creyendo ser ansí.
  • Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía.
  • Espantábase, maldecía, daba al diablo el jarro y el vino, no sabiendo qué podía ser.
  • Cuando salimos de Salamanca, su motivo fue venir a tierra de Toledo, porque decía ser la gente más rica, aunque no muy limosnera.
  • Mas por no ser prolijo dejo de contar muchas cosas, así graciosas como de notar, que con este mi primer amo me acaecieron, y quiero decir el despidiente y con él acabar.
  • Púsome el demonio el aparejo delante los ojos, el cual, como suelen decir, hace al ladrón, y fue que había cabe el fuego un nabo pequeño, larguillo y ruinoso, y tal que, por no ser para la olla, debió ser echado allí.
  • Y como al presente nadie estuviese sino él y yo solos, como me vi con apetito goloso, habiéndome puesto dentro el sabroso olor de la longaniza, del cual solamente sabía que había de gozar, no mirando qué me podría suceder, pospuesto todo el temor por cumplir con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saqué la longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el asador, el cual mi amo, dándome el dinero para el vino, tomó y comenzó a dar vueltas al fuego, queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos había escapado.
  • Que con sólo apretar los dientes se me quedaran en casa, y con ser de aquel malvado, por ventura lo retuviera mejor mi estómago que retuvo la longaniza, y no pareciendo ellas pudiera negar la demanda.
  • Yo te digo dijo que si un hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tú.
  • Escapé del trueno y di en el relámpago, porque era el ciego para con éste un Alejandro Magno, con ser la mesma avaricia, como he contado.
  • Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber, y por esto yo no me desmando como otros.
  • Mas él, como viniese a comer y abriese el arca, vio el mal pesar, y sin dubda creyó ser ratones los que el daño habían hecho, porque estaba muy al propio contrahecho de como ellos lo suelen hacer.
  • ¡Qué ha de ser! dijo él.
  • Pusímonos a comer, y quiso Dios que aun en esto me fue bien, que me cupo más pan que la laceria que me solía dar, porque rayó con un cuchillo todo lo que pensó ser ratonado, diciendo.
  • Abro con mi desaprovechada llave, sin esperanza de sacar provecho, y vi los dos o tres panes comenzados, los que mi amo creyó ser ratonados, y dellos todavía saqué alguna laceria, tocándolos muy ligeramente, a uso de esgremidor diestro.
  • Y como la antiquísima arca, por ser de tantos años, la hallase sin fuerza y corazón, antes muy blanda y carcomida, luego se me rindió, y consintió en su costado por mi remedio un buen agujero.
  • Porque si casa había de haber en el reino justamente de ellos privilegiada, aquélla de razón había de ser, porque no suelen morar donde no hay qué comer.
  • Como hallase el pan ratonado y el queso comido y no cayese el ratón que lo comía, dábase al diablo, preguntaba a los vecinos qué podría ser comer el queso y sacarlo de la ratonera, y no caer ni quedar dentro el ratón, y hallar caída la trampilla del gato.
  • Acordaron los vecinos no ser el ratón el que este daño hacía, porque no fuera menos de haber caído alguna vez.
  • En vuestra casa yo me acuerdo que solía andar una culebra, y ésta debe ser sin dubda.
  • Y dende en adelante no dormía tan a sueño suelto, que cualquier gusano de la madera que de noche sonase, pensaba ser la culebra que le roía el arca.
  • Quisieron mis hados, o por mejor decir mis pecados, que una noche que estaba durmiendo, la llave se me puso en la boca, que abierta debía tener, de tal manera y postura, que el aire y resoplo que yo durmiendo echaba salía por lo hueco de la llave, que de cañuto era, y silbaba, según mi desastre quiso, muy recio, de tal manera que el sobresaltado de mi amo lo oyó y creyó sin duda ser el silbo de la culebra.
  • Levantóse muy paso con su garrote en la mano, y al tiento y sonido de la culebra se llegó a mí con mucha quietud, por no ser sentido de la culebra.
  • Espantado el matador de culebras qué podría ser aquella llave, miróla, sacándomela del todo de la boca, y vio lo que era, porque en las guardas nada de la suya diferenciaba.
  • Y seguíle, dando gracias a Dios por lo que le oí, y también que me parecía, según su hábito y continente, ser el que yo había menester.
  • Bien consideré que debía ser hombre, mi nuevo amo, que se proveía en junto, y que ya la comida estaría a punto tal y como yo la deseaba y aun la había menester.
  • Con todo eso, yo le satisfice de mi persona lo mejor que mentir supe, diciendo mis bienes y callando lo demás, porque me parecía no ser para en cámara.
  • Esto hecho, estuvo ansí un poco, y yo luego vi mala señal, por ser ya casi las dos y no le ver más aliento de comer que a un muerto.
  • Y súbese por la calle arriba con tan gentil semblante y continente, que quien no le conociera pensara ser muy cercano pariente al conde de Arcos, o a lo menos camarero que le daba de vestir.
  • Ellas, que debían ser bien instituídas, como le sintieron la enfermedad, dejáronle para el que era.
  • Yo, que estaba comiendo ciertos tronchos de berzas, con los cuales me desayuné, con mucha diligencia, como mozo nuevo, sin ser visto de mi amo, torné a casa, de la cual pensé barrer alguna parte, que era bien menester, mas no hallé con qué.
  • Desque vi ser las dos y no venía y la hambre me aquejaba, cierro mi puerta y pongo la llave do mandó, y tórnome a mi menester.
  • Debe ser de mal suelo, que hay casas desdichadas y de mal pie, que a los que viven en ellas pegan la desdicha.
  • Ésta debe de ser sin dubda de ellas.
  • Finalmente, yo deseaba aquel pecador ayudase a su trabajo del mío, y se desayunase como el día antes hizo, pues había mejor aparejo, por ser mejor la vianda y menos mi hambre.
  • Arriméme a la pared por darles lugar, y desque el cuerpo pasó, venían luego a par del lecho una que debía ser mujer del difunto, cargada de luto, y con ella otras muchas mujeres.
  • Porque desde el primer día que con él asenté, le conocí ser estranjero, por el poco conocimiento y trato que con los naturales della tenía.
  • Porque un día que habíamos comido razonablemente y estaba algo contento, contóme su hacienda y díjome ser de Castilla la Vieja, y que había dejado su tierra no más de por no quitar el bonete a un caballero su vecino.
  • Ser muy diligente en su persona en dicho y hecho.
  • Decirle bien de lo que bien le estuviese y, por el contrario, ser malicioso, mofador, malsinar a los de casa y a los de fuera.
  • Y helos do vuelven luego con ellos, y toman la llave, y llámanme, y llaman testigos, y abren la puerta, y entran a embargar la hacienda de mi amo hasta ser pagados de su deuda.
  • Y el alguacil y el escribano piden al hombre y a la mujer sus derechos, sobre lo cual tuvieron gran contienda y ruido, porque ellos alegaron no ser obligados a pagar, pues no había de qué ni se hacía el embargo.
  • Así, como he contado, me dejó mi pobre tercero amo, do acabé de conocer mi ruin dicha, pues, señalándose todo lo que podría contra mí, hacía mis negocios tan al revés, que los amos, que suelen ser dejados de los mozos, en mí no fuese ansí, mas que mi amo me dejase y huyese de mí.
  • Como el pueblo las vio ansí arrojar, como cosa que se daba de balde y ser venida de la mano de Dios, tomaban a más tomar, aun para los niños de la cuna y para todos sus defuntos, contando desde los hijos hasta el menor criado que tenían, contándolos por los dedos.
  • Subióse al pie del altar y de allí decía cosas maravillosas, diciendo que por la poca caridad que había en ellos había Dios permitido aquel milagro y que aquella cruz había de ser llevada a la santa iglesia mayor de su Obispado.
  • Porque, allende de ser buena hija y diligente, servicial, tengo en mi señor acipreste todo favor y ayuda.
  • Aunque de verdad siempre pienso que el diablo me lo trae a la memoria por hacerme malcasado, y no le aprovecha porque, allende de no ser ella mujer que se pague destas burlas, mi señor me ha prometido lo que pienso cumplirá.
  • Entonces mi mujer echó juramentos sobre sí, que yo pensé la casa se hundiera con nosotros, y después tomóse a llorar y a echar maldiciones sobre quien comigo la había casado, en tal manera que quisiera ser muerto antes que se me hobiera soltado aquella palabra de la boca.
  • Hoy, a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado.
  • Ni nuestros amores, ni nuestras aventuras, ni nuestros pensamientos tienen bastante interés para ser comunicados a los demás, a no ser que se exageren y se transformen.
  • Podría ser.
  • Lo inaudito para mis panegiristas o para mis detractores sería si oyeran que con frecuencia me lamento de mi manera de ser.
  • Debe ser grande el asombro de esos hombres discretos, previsores y sensatos, al ver a muchos que, sin preocuparse gran cosa por las revueltas del camino, van llevados en alas de la suerte por iguales derroteros que ellos, y que tienen, ¡los insensatos!, además de la satisfacción de conseguir un fin, cuando lo consiguen, el placer de mirar a un lado y a otro de su ruta y de ver cómo sale el sol y se pone el sol, y cómo brotan las estrellas en el cielo de las noches serenas.
  • Un marino era un ser para quien la moral ofrecía otros aspectos que para los demás mortales.
  • Muchas veces me he figurado ser únicamente dos pupilas, algo como un espejo o una cámara obscura para reflejar la Naturaleza.
  • Por mis informes debía ser un tipo parecido a mí, con el mismo fondo de pereza y de tedio marineros.
  • Otra causa de enemistad de doña Celestina para su yerno, provenía de ser mi abuela paterna hija de un quincallero suizo, establecido en Elguea.
  • Para ella, la familia de los Aguirres constituía lo más selecto de la raza, y la profesión de marino, por ser la más frecuente entre los de su estirpe, era aristocrática y distinguida por excelencia.
  • Su abuelo, el suizo, debía ser un dolicocéfalo rubio, un germano puro sin mezcla de celta ni de hombre alpino.
  • Me hubiera gustado ser hijo de pescador, para corretear por las escolleras y jugar en los lanchones y gabarras.
  • Recuerdo que al escribir esto, que me dictaba mi tía, le hice varias preguntas acerca de la vida y de las costumbres de los piratas, y, a pesar de que ella trataba de exagerar la odiosidad de los caballeros de la fortuna, a mí me parecía que aquello de ser pirata y de abordar a los barcos y quitarles sus tesoros y guardarlos en una isla desierta debía tener grandes encantos.
  • Lope de Aguirre debía ser de una de estas casas.
  • En cambio, si no les daba nada, le acusaban de ser una vieja bruja.
  • Pero, hombre, ¿por qué no quieres ser concejal?
  • Este gigante debía ser hermano, o por lo menos primo, de otro, no se sabe si tan grande, pero sí con los ojos rojos, que en época de mayor candidez y de mayor temor de Dios aparecía en Donosti, entre las rocas de la Zurriola, con un pez en la mano, y a quien se le preguntaba.
  • Si queríamos ser marinos de altura, teníamos que estudiar, y, para nosotros, el ser pilotos de derrota constituía una gran superioridad.
  • Debemos ser parientes dijo ella.
  • Con don Ciriaco el señor Cepeda estuvo muy atento, y hasta pretendió ser ocurrente.
  • Por ejemplo, ir siempre tarde a comer para demostrar que los muchos trabajos no le permitían ser puntual.
  • A Dolorcitas la trataba secamente, no por ser su hijastra y no su hija, sino porque consideraba que ése era su papel de hombre de negocios.
  • Aquel solemne y majestuoso idiota creía que, para ser marido y padre a la inglesa, tenía que mostrarse frío con su mujer y su hija.
  • Debían ser algo como el juego de un oso con dos monitas.
  • Dolorcitas, a pesar de ser hija de vascongados, era tan aguda y tan redicha como una gaditana.
  • Ilustración IV LA PALMERA Y EL PINO Algunas veces he oído referirse a una poesía de un poeta alemán, creo que de Enrique Heine, en donde un pino del Norte suspira por ser una palmera del trópico.
  • Me parece que una persona que ve en las palabras, no su significado, sino su sonido, está muy cerca de ser un idiota.
  • Entonces hubiera querido ser tan discreto, tan conceptuoso y tan alambicado como todos mis conocimientos.
  • Me pareció que quizá no había bebido bastante para ser todo lo insolente y procaz que quería, y me senté en la mesa de una taberna, en la acera, en una calle en donde hay tal profusión de colmados y de peluquerías, que no parece sino que aquella gente se ha de pasar la vida entre el plato de pescado frito y la tenacilla para rizarse el pelo.
  • Debía de ser un matón.
  • Quizá es lo natural en el hombre ser un poco canalla, y en la mujer un poco cruel.
  • La seguridad en mí mismo me hizo ser temerario.
  • No puede ser.
  • Podría ser una persona del mismo nombre.
  • Muy raro tenía que ser.
  • El primer día, al volver a su casa, quiso ser fino.
  • El que por las trazas debía de ser liberal, mucho más aún de lo que se mostraba en público, era el boticario Garmendia.
  • El boticario decía, por ejemplo, que había conocido algún protestante o judío, buena persona, y añadía que era para él muy extraño y muy triste que un hombre que profesaba una religión falsa pudiera ser mejor que muchos católicos.
  • Es una lástima les dijo una vez Garmendia que los vascongados, a pesar de ser tan religiosos, sean tan borrachos.
  • El mar bramaba en la playa y la resaca debía de ser furiosa.
  • No puede ser.
  • Me pareció ser una excelente amiga para Mary y que la tenía mucho afecto.
  • Me preguntó allí, confidencialmente, cómo estaba el padre de Mary, y al decirle que no andaba bien y que no sabía qué iba a ser de aquella muchacha, me dijo.
  • El faro podría ser un buen recurso para Mary, al menos al principio.
  • Ilustración III EL CAPITÁN ZALDUMBIDE El ser vasco en aquel buque constituía gran ventaja.
  • Antes de ser negrero, el Viejo, según decían, había hecho naufragar varios barcos asegurados, llegando hasta exponer su vida.
  • Chim había sido, según decía, capitán de uno de esos barcos piratas que llaman paraos, en Borneo, y cuando estaba a punto de ser colgado logró escaparse.
  • No tenía más defecto que el de ser ladrón.
  • Al revés, había negro que, salido de la prisión, al verse en el barco con cierta libertad y sin ser golpeado, consideraba al capitán como a un bienhechor.
  • Todas las precauciones eran pocas para poder huir rápidamente, en caso de ser perseguidos.
  • Con un cargamento tan ligero subimos hacia el norte con los alisios, teniendo que echar varias veces algunos viejos negros al mar para regalo de los tiburones, y, al pasar cerca de la isla de la Ascensión, estuvimos a pique de ser cazados por un crucero inglés.
  • Foques, petifoques, toda vela utilizable iba a ser aprovechada.
  • Debía de ser hombre muy tímido.
  • Yo le advertí alegremente que no se trataba de hacer una buena boda, sino de ser feliz.
  • Según parece, hay algunas que no tienen inconveniente en ser anfibias.
  • El juez me interrogó por si sospechaba quién podía ser el secuestrador, pero yo declaré que no tenía ningún indicio.
  • Muy bien puede ser.
  • La votación suele ser absolutamente secreta.
  • Nuestro bote dió un salto al ser arrastrado por la goleta y comenzó a hundir la proa en el agua.
  • No he podido ser otra cosa.
  • No todo el mundo puede ser sano, ni todo el mundo puede ser bueno.
  • Yo aun no lo puedo ser, y como no lo puedo ser, al enviarte esta dote a ti, hermana mía, para que puedas vivir con tu marido, pienso que ésta es mi venganza, la venganza del abandonado, la venganza del sarnoso contra el sano, la venganza del miserable con el descendiente de la familia considerado y mimado.
  • Si eso no puede ser repuso doña Celestina.
  • Mi madre me inculcó la idea de que mi posición me obligaba a ser más rígido que los demás.
  • Estos praos o paraos suelen ser, generalmente, lanchas afiladas que navegan a vela y a remo, y llevan varios hombres armados con fusiles.
  • En nuestro país no suele ser ningún desdoro el que una muchacha entre a servir en una casa del pueblo.
  • No puede ser repliqué.
  • Las dos condiciones para desempeñar el cargo eran ser un buen piloto y hablar vasco.
  • El pirata está fuera del derecho de gentes, y la ley inglesa le condena a ser colgado por el cuello, hasta que sobrevenga la muerte.
  • El no haber resistido y el quedar los hechos obscuros nos salvó de ser ahorcados.
  • Allen y yo expusimos deseos de ingresar en la logia, y después de hacer nuestras pruebas, pasamos a ser hermanos.
  • Desde la altura adonde habíamos subido se veían dos pueblecillos, uno que debía ser una aldea de pescadores, y el otro un pueblo de tierra adentro, rodeado de campos de labranza.
  • Allen se defendía por ser irlandés.
  • Encontrándome solo, sin la compañía de Allen y de Ugarte, me sentía más enérgico y con mayor miedo de ser preso.
  • El ser el muerto un aventurero extranjero, y él una persona del país, le favorecía también mucho.
  • A veces me preocupa la idea de si alguno de mis hijos tendrá inclinación por ser marino o aventurero.
  • Ya en Lúzaro nadie quiere ser marino.
  • ¡Oh, gallardas arboladuras! ¡Velas blancas, muy blancas! ¡Fragatas airosas, con su proa levantada y su mascarón en el tajamar! ¡Redondas urcas, veleros bergantines! ¡Qué pena me da el pensar que vais a desaparecer, que ya no os volveré a ver más! Sí, yo me alegro de que mis hijos no quieran ser marinos.
  • En este caserío nació y pasó los primeros años de su infancia Martín Zalacaín de Urbia, el que, más tarde, había de ser llamado Zalacaín el Aventurero.
  • Le explicó la manera de acogotar una gallina sin que alborotase, le mostró la manera de coger los higos y las ciruelas de las huertas sin peligro de ser visto, y le enseñó a conocer las setas buenas de las venenosas por el color de la hierba en donde se crían.
  • ¡Arrayua! Así hay que ser decía Tellagorri.
  • Cualquier cosa llegaba a ser graciosa en boca de aquel viejo truhán.
  • Catalina, en vez de ser obscura y cerril como su hermano Carlos, era pizpireta, sonriente, alegre y muy bonita.
  • La especialidad de don Fermín era la de ser distraído.
  • ¿Quién ha de ser?
  • No, no te escapes dijo el domador con una sonrisa que quería ser amable.
  • Se jactaba de ser un poco bárbaro y vestía un tanto majo, con la elegancia garbosa de los antiguos postillones.
  • La lucha principal iba a ser entre los dos delanteros, entre Zalacaín y el Cacho.
  • Su naturaleza, violenta y orgullosa, no podía soportar la humillación de ser vencido.
  • Los propios interesados aseguran ser instinto o talento, sus enemigos dicen casualidad, suerte, y esto es más probable que lo otro, porque hay hombres excelentemente dispuestos para la vida, inteligentes, enérgicos, fuertes y que sin embargo, no hacen más que detenerse y tropezar en todo.
  • Para los negocios y para la guerra el hombre necesita ser frío.
  • ¡Qué emociones debían de ser aquéllas! Y Bautista y Martín soñaban con el placer de atacar y de huir, de bailar en las fiestas de los pueblos y de robar en los Ayuntamientos, de acechar y de escapar por los senderos húmedos y dormir en una borda sobre una cama de hierba seca.
  • Eso es ser enemigo de la Humanidad.
  • A Belcha (el negrito) le llamaban así por ser pequeño y moreno.
  • Zalacaín, a pesar de ser templado, sintió un ligero estremecimiento en todo el cuerpo, pero se irguió y entró sonriente en el cuarto.
  • Como el tal Cacochipi constituía un misterio, Martín preguntó a Dantchari, el Estudiante, si por ser tolosano sabía la historia de su conterráneo y amigo, y el exseminarista dijo.
  • Su madre le preparó ropa limpia y le advirtió que tuviera cuidado con lo que decía y que fuera prudente, pues la colocación podía ser un modus vivendi para él.
  • Cracasch prometió ser prudentísimo.
  • Eso debe ser dijo Martín.
  • A pesar de esta imposibilidad, estuvieron las dos a punto de ser emplumadas o apaleadas por la gente del Cura.
  • Tenía la doble bestialidad de ser fanático y de ser carlista.
  • Unos se reprochaban a otros el ser cobardes, granujas y ladrones.
  • ¡Qué va a ser! Es un tipo vulgar sin ninguna condición.
  • El llevar en su bolsillo su fortuna, le hacía ser más asustadizo que una liebre.
  • La puerta, además de ser fuerte, se cerraba por fuera con llave y cerrojo.
  • No debe de ser nada.
  • Debía de ser Viana.
  • Suponían los de la venta que la monja habría vuelto a Logroño, a no ser que intentara entrar en la ciudad sitiada, tomando en caballería el camino de Lanciego por Oyón y Venaspre.
  • ¿Qué quiere usted ser?
  • Martín sentía como un remordimiento al pensar que aquellos alegres muchachos iban a ser fusilados dentro de unos momentos.
  • Debía de ser furiosa a juzgar por el ruido de fusilería.
  • Y en tanto nosotros bailábamos de regocijo en la costa, al estruendo de la artillería, figurándonos ser las naciones a que correspondían aquellos barcos, y creyendo que en el mundo de los hombres y de las cosas grandes, las naciones bailarían lo mismo presenciando la victoria de sus queridas escuadras.
  • El único ser que compensaba la miseria de mi existencia con un desinteresado afecto, era mi madre.
  • Su amor por mí debía de ser muy grande.
  • De todos modos, la cosa va a ser sonada.
  • Figúrense ustedes, señores míos, un hombre viejo, más bien alto que bajo, con una pierna de palo, el brazo izquierdo cortado a cercén más abajo del codo, un ojo menos, la cara garabateada por multitud de chirlos en todas direcciones y con desorden trazados por armas enemigas de diferentes clases, con la tez morena y curtida como la de todos los marinos viejos, con una voz ronca, hueca y perezosa que no se parecía a la de ningún habitante racional de tierra firme, y podrán formarse idea de este personaje, cuyo recuerdo me hace deplorar la sequedad de mi paleta, pues a fe que merece ser pintado por un diestro retratista.
  • Qué ha de ser añadió Medio hombre.
  • Su posición no podía ser mejor apuntó mi amo.
  • Esto sí que se llama ser inglés.
  • Cuando somos niños, y un nuevo ser viene al mundo en nuestra casa, las personas mayores nos dicen que le han traído de Francia, de París o de Inglaterra.
  • Cuando se trocaban los papeles, cuando ella era la perseguidora y a mí me correspondía el ser cogido, se duplicaban las inocentes y puras delicias de aquel juego sublime, y el paraje más obscuro y feo, donde yo, encogido y palpitante, esperaba la impresión de sus brazos ansiosos de estrecharme, era para mí un verdadero paraíso.
  • Mi amita no tuvo de alegría más que el tiempo necesario para comprender que el motivo de visita tan inesperada no podía ser lisonjero.
  • Quisimos ser neutrales, pues aquel convenio a nada obligaba en la segunda guerra.
  • Cargué la maleta, y en un santiamén Don Alonso, Marcial y yo salimos por la puerta del corral para no ser vistos.
  • Pero mi amo era tolerante, y no me castigaba nunca, quizás porque tenía la conciencia de ser tan niño como yo.
  • Habíamos ido a residir en casa de la prima de mi amo, la cual era una señora, a quien el lector me permitirá describir con alguna prolijidad, por ser tipo que lo merece.
  • Más que guerrero, aparentaba ser hombre de estudio, y su frente, que sin duda encerraba altos y delicados pensamientos, no parecía la más propia para arrostrar los horrores de una batalla.
  • El uniforme del héroe demostraba, sin ser viejo ni raído, algunos años de honroso servicio.
  • Su amo le ha dicho cosas muy duras, y la noticia de que va a ser relevado le induce a cometer las mayores locuras, esperando reconquistar en un día su perdida reputación por la victoria o por la muerte.
  • Sus palabras hicieron en mí grande impresión, pues con ser niño, yo prestaba gran interés a aquellos sucesos, y después, leyendo en la historia lo mismo de que fui testigo, he auxiliado mi memoria con datos auténticos, y puedo narrar con bastante exactitud.
  • A los dos días de estar allí noté un fenómeno que me disgustó sobremanera, y fue que la prima de mi amo comenzó a prendarse de mí, es decir, que me encontró pintiparado para ser su paje.
  • Advirtiendo el indiscreto estupor con que yo contemplaba la habilidad del maestro, verdadero arquitecto de las cabezas, Doña Flora se rió mucho, y me dijo que en vez de pensar en ir a la escuadra, debía quedarme con ella para ser su paje.
  • Añadió que debía aprender a peinarla, y que con el oficio de maestro peluquero podía ganarme la vida y ser un verdadero personaje.
  • No me sedujeron tales proposiciones, y le dije con cierta rudeza que más quería ser soldado que peluquero.
  • ¿El Señorito va a ser tan buey que se nos presente a sotavento?
  • De poco servía ya mi escaso auxilio, pues ni aun se trasladaban los heridos a la bodega, por ser muchos, y las piezas exigían el servicio de cuantos conservaban un poco de fuerza.
  • Entre éstos vi a Marcial, que se multiplicaba gritando y moviéndose conforme a su poca agilidad, y era a la vez contramaestre, marinero, artillero, carpintero y cuanto había que ser en tan terribles instantes.
  • Entrada la noche, y hallándome transido de frío, abandoné la cubierta, donde apenas podía tenerme, y corría además el peligro de ser arrebatado por un golpe de mar, y me retiré a la cámara.
  • La sangre que corría por mis venas era su sangre, y esa voz interna que nos incita a ser benévolos con las faltas de los nuestros, no podía permanecer callada después de la escena que pasó ante mis ojos.
  • De todos modos, la idea de ser llevados a Gibraltar como prisioneros era terrible, si no para mí, para los hombres pundonorosos y obstinados como mi amo, cuyos padecimientos morales debieron de ser inauditos aquel día.
  • Iriartea y Cisneros recibieron aquella noticia con calma y serenidad, demostrando que no hallaban gran diferencia entre morir en la casa propia o ser prisioneros en la extraña.
  • Y habiendo instado a mi amo para que entrase también en ellos, éste se negó resueltamente, diciendo que deseaba ser el último en abandonar el Trinidad.
  • ¿Por qué estos hombres no han de ser amigos en todas las ocasiones de la vida como lo son en las de peligro?
  • Esto de que las islas han de querer quitarse unas a otras algún pedazo de tierra, lo echa todo a perder, y sin duda en todas ellas debe de haber hombres muy malos, que son los que arman las guerras para su provecho particular, bien porque son ambiciosos y quieren mandar, bien porque son avaros y anhelan ser ricos.
  • En un instante también supe acallarla, acorralándola en el fondo de mi ser.
  • ¡Pobre amita mía! ¡Cuán grande había de ser su angustia en aquellos momentos! Mi corazón concluía siempre por llenarse de bondad.
  • El plazo no podía menos de ser desgraciadamente muy corto, porque Churruca se moría a toda prisa, y cuantos le asistíamos nos asombrábamos de que alentara todavía un cuerpo en tal estado.
  • Durante el sueño, que debió de ser largo y no tranquilo, antes bien agitado por las imágenes y pesadillas propias de la excitación de mi cerebro, sentía el estruendo de los cañonazos, las voces de la batalla, el ruido de las agitadas olas.
  • Pero en el punto en que concluyó aquella hazaña, comenzó a verse claro el peligro en que nos encontrábamos, pues el Santa Ana debía ser remolcado hasta Cádiz, a causa del mal estado de su casco.
  • Me dispuse a obedecer, intenté persuadir a mi amo de que él también debía transbordarse al Rayo por ser más seguro.
  • Aún puede ser que si el viento nos es favorable, rescatemos mañana un par de navíos.
  • Ya sabrá que si no es por usía no se represa el Santa Ana, y sabrá también que puede ser que a lo mejor nos traiga a Cádiz dos docenas de navíos.
  • ¿Cómo puede ser que con música y baile se curen las heridas?
  • Pues sepa usted que aquí traigo en la cabeza un proyecto grandioso, y tal que si algún día llega a ser realidad, no volverán a ocurrir desastres como éste del 21.
  • Y aunque no tenía puesto en el buque, ni estaba de servicio, por ser de los recogidos, fue a ayudar a sus compañeros, bastante atareados con el creciente temporal.
  • Parece mentira que las extravagancias ideadas por un loco o un embustero lleguen a ser realidades maravillosas con el transcurso del tiempo.
  • Por mala que fuera la suerte del Santa Ana, que habíamos abandonado, no podía ser peor que la nuestra.
  • Casi toda la popa estaba hundida, y los estallidos de los baos y de las cuadernas medio podridas anunciaban que bien pronto aquella mole iba a dejar de ser un barco.
  • El sentimiento y la caridad desaparecen ante el instinto de conservación que domina el ser por completo, asimilándole a veces a una fiera.
  • El último resto del Rayo iba a ser tragado por las olas.
  • El hombre debe ser hombre, y ahora es cuando se conoce quién tiene alma y quién no la tiene.
  • Contó que, habiendo zozobrado la lancha, él tuvo que optar entre la salvación de su hijo y la de todos los demás, decidiéndose por esto último, en razón de ser más generoso y humanitario.
  • Acostumbrándome a la idea de que tan admirable conjunto de gracias no podía ni debía ser para mí, llegué a tranquilizarme, porque la resignación, renunciando a toda esperanza, es un consuelo parecido a la muerte, y por eso es un gran consuelo.
  • Llegué a la mañana siguiente, me acerqué a la casa, entré en el jardín, puse el pie en el primer escalón de la puerta y allí me detuve, porque mis pensamientos absorbían todo mi ser y necesitaba estar inmóvil para meditar mejor.
  • Lo que sí puedo asegurar es que una resolución súbita me arrancó de la puerta, y salí del jardín corriendo, como un ladrón que teme ser descubierto.
  • Y desde aquel día, ¡cuántas cosas me han pasado dignas de ser referidas! Mi destino, que ya me había llevado a Trafalgar, llevome después a otros escenarios gloriosos o menguados, pero todos dignos de memoria.
  • Si Bismarck fuera canónigo y dinidad (creía que lo era el Magistral) en vez de ser delantero, con un mote sacao de las cajas de cerillas, se daría más tono que un zagal.
  • Pues chico, no sabes lo que te pescas, porque decía el beneficiao que en la iglesia hay que ser humilde, como si dijéramos, rebajarse con la gente, vamos achantarse, y aguantar una bofetá si a mano viene.
  • Un Perú en miniatura, del cual pretende ser el Pizarro espiritual.
  • Debía de ser una doncella de servicio, una costurera, o cosa así, pensó el Magistral.
  • Porque además del primer anticuario de la provincia, creía ser y esto era verdad el hombre más fino y cortés de España.
  • Este joven sentimental y amante del saber se cansó de devorar en silencio aquel amor único y procuró ser veleidoso, aturdirse, y esto último poco trabajo le costaba, porque nunca se vio hombre más aturdido que él en cuanto una mujer quería marearle con una o dos miradas.
  • Al borde llegaba todas las noches, y solía ser una puerta desvencijada, sucia y negra en las sombras de algún callejón inmundo.
  • ¡Ah, cuánta felicidad había en estas victorias de la virtud! ¡Qué clara y evidente se le presentaba entonces la idea de una Providencia! ¡Algo así debía de ser el éxtasis de los místicos! Y don Saturno apretando el paso volvía a su casa ebrio de idealismo, mojando los embozos de la capa con las lágrimas que le hacía llorar aquel baño de idealidad, como él decía para sus adentros.
  • Mezclado al de la cera y del incienso le sabía a gloria al anticuario, cuyo ideal era juntar así los olores místicos y los eróticos, mediante una armonía o componenda, que creía él debía de ser en otro mundo mejor la recompensa de los que en la tierra habían sabido resistir toda clase de tentaciones.
  • Aquella coraza estaba apretada contra algún armazón (no podía ser menos) que figuraba formas de una mujer exageradamente dotada por la naturaleza de los atributos de su sexo.
  • Hubieran sido parte a despertar de su sueño de siglos a los reyes allí sepultados, a ser cierto lo que el arqueólogo dijo respecto del descanso eterno de tan respetables señores.
  • Como el interlocutor solía ser más alto, para verle la cara Ripamilán torcía la cabeza y miraba con un ojo solo, como también hacen las aves de corral con frecuencia.
  • Sentía desde su juventud, imperiosa necesidad de ser galante con las damas, frecuentar su trato y hacerlas objeto de madrigales tan inocentes en la intención, cuanto llenos de picardía y pimienta en el concepto.
  • Díganme, si no, ¿de dónde se sacan que puede ser buena crianza el coger a una señorita por la cintura y apretarla contra el pecho?
  • Y no era de estos días el ser don Cayetano muy honesto en el orden aludido, sino que toda la vida había sido un boquirroto en tal materia, pero nada más que un boquirroto.
  • Pero con usted no tengo inconveniente en ser explícito y franco, acaso por la primera vez en mi vida.
  • Si le traían a cuento el capítulo de las aventuras amorosas, que no pasaban de ser rumores anónimos, sin fundamento que hiciera prueba, el Arcipreste sonreía al negar, dando a entender que aquello era posible, pero importaba menos.
  • Tenía que hacerle ciertas preguntas que, no tratándose del Arcipreste, podrían ser peligrosas.
  • En cuanto a la advenediza tuvo que perdonar y contentarse con ser.
  • Puede ser contestó don Custodio, subrayando las palabras, para darse por enterado de la intención del otro.
  • ¿Era que con una delicadeza y un buen gusto cristiano y no común en las damas de Vetusta, quería confundirse con la plebe, confesar de incógnito, ser una de tantas?
  • El poco seso de estas, y otras damas, les hacía ser irreverentes, groseras, sí, groseras, con el sacramento y en general con todo el culto.
  • Además, como en materia de confesión los buenos clérigos son muy reservados, Ripamilán, que sabía tratar en serio los asuntos serios, nunca había hablado al Magistral de lo que podía ser la Regenta, juzgada desde el tribunal sagrado.
  • Amaba y creía ser amado.
  • Debía de ser un terranova.
  • Aquellos recuerdos de la niñez huyeron, pero la cólera que despertaron, a pesar de ser tan lejana, no se desvaneció con ellos.
  • Don Víctor observó que la muchacha no había reparado el desorden de su traje, que no era traje, pues se componía de la camisa, un pañuelo de lana, corto, echado sobre los hombros y una falda que, mal atada al cuerpo, dejaba adivinar los encantos de la doncella, dado que fueran encantos, que don Víctor no entraba en tales averiguaciones, por más que sin querer aventuró, para sus adentros, la hipótesis de que las carnes debían de ser muy blancas, toda vez que la chica era rubia azafranada.
  • Allí hubo ciertos murmullos de desaprobación, y don Víctor se alejó por no ser indiscreto.
  • Pero en todo lo demás había de ser, dado el caso, no menos rigoroso que tales y otros caballeros parecidos de aquella España de mejores días.
  • Pero juro a Dios que llegado el caso, mis atrocidades serían dignas de ser puestas en décimas calderonianas.
  • Cuando trabajaba como aficionado, había comprendido en los numerosos duelos que tuvo en escena la necesidad de la esgrima, y con tal calor lo tomó, y tal disposición natural tenía, que llegó a ser poco menos que un maestro.
  • Si al principio, por ser tan niña, no había sacado ninguna enseñanza de aquella injusta persecución de la calumnia, más adelante, gracias a ella, aprendió a guardar las apariencias.
  • Sin ser beata, las más ardientes fanáticas la consideraban buena católica.
  • Y pensando en convertir en carámbano a don Álvaro Mesía, mientras él se obstinaba en ser de fuego, se quedó dormida dulcemente.
  • El primogénito del segundón quiso tener una carrera, ser algo más que heredero de algunas caserías, unos cuantos foros y un palacio achacoso de goteras.
  • Era, en fin, una hipocritona de las que saben que a los hombres no les gustan las mujeres beatas, pero tampoco descreídas, sino, así un término medio, que los hombres mismos no saben cómo ha de ser.
  • La hipocresía de doña Camila llegaba hasta el punto de tenerla en el temperamento, pues siendo su aspecto el de una estatua anafrodita, el de un ser sin sexo, su pasión principal era la lujuria, satisfecha a la inglesa.
  • Todas las palomas con manchas negras en la cabeza podían ser una madre, según la lógica poética de Anita.
  • Unos decían que bien podía ser, y se citaban multitud de ejemplos de precocidad semejante.
  • El mundo se olvidó de semejante absurdo, y cuando la niña llegó a los catorce años ya nadie se acordaba de la grosera y cruel impostura, a no ser el aya, su hombre, que seguía esperando, y las tías de Vetusta.
  • A pesar de que Ozores pedía a grito pelado la emancipación de la mujer y aplaudía cada vez que en París una dama le quemaba la cara con vitriolo a su amante, en el fondo de su conciencia tenía a la hembra por un ser inferior, como un buen animal doméstico.
  • La pobreza en Madrid tiene que ser o resignada o cursi.
  • Los seis meses de aldea los pasaba mucho mejor, aun con ser aquel lugar el de su antiguo cautiverio y el de la aventura de la barca, y la calumnia subsiguiente.
  • Cuando don Carlos decidió vivir en Loreto todo el año, para hacer economías, Ana le besó en los ojos y en la boca y fue por un día entero la niña expansiva y alegre que había empezado a brotar antes de ser trasplantada al invernadero pedagógico de doña Camila.
  • Esta amada podrá ser la Iglesia, pero.
  • Verdad era que de algún tiempo a aquella parte su pensamiento, sin que ella quisiese, buscaba y encontraba secretas relaciones entre las cosas, y por todas sentía un cariño melancólico que acababa por ser una jaqueca aguda.
  • ¿qué iba a ser de ella?
  • ¡Él, que había renegado de la fe de los Ozores! Por no ser víctima de una mixtificación.
  • Aquella sumisión absoluta podía ser efecto de la enfermedad.
  • Que con tal de ser en adelante como ellas, se olvidaba lo pasado, fuese como fuese.
  • Y yo creo que la chica, si se repone, va a ser guapa.
  • Comenzaba este componer constante, este imaginar sin tregua por ser agradable entretenimiento y además halagaba su vanidad.
  • Y que va a ser guapa.
  • Debía de ser demasiado grande, demasiado hermoso para estar tan cerca de aquella miserable vida que la ahogaba, entre las necedades y pequeñeces que la rodeaban.
  • No había manera decorosa de salir de allí a no ser el matrimonio o el convento.
  • Para ser literata, además, se necesitaba mucho talento.
  • Se juró a sí misma no ser la literata, aquel ente híbrido y abominable de que se hablaba en Vetusta como de los monstruos asquerosos y horribles.
  • Don Víctor aceptó aquella manera de ser pretendiente.
  • Ana renunció poco a poco a la idea de ser monja.
  • Venía dispuesto a edificar el mejor chalet de Vetusta, a tener los mejores coches de Vetusta, a ser diputado por Vetusta y a casarse con la mujer más guapa de Vetusta.
  • Ha llegado un momento que puede ser decisivo en tu existencia.
  • Venía a pedir la mano de Ana, a quien creía no ser indiferente.
  • Daba aquel paso antes de lo que pensaba, porque acababa de ser ascendido.
  • Tal vez, aunque no era seguro, ni mucho menos, entre aquellos hombres que la admiraban de lejos, devorándola con los ojos, habría alguno digno de ser querido.
  • La calma renacía pronto y volvía aquello a ser un templo jamás profanado por ríos de sangre.
  • El socio, que había de ser nuevo necesariamente para andar en tales pretensiones, podía entretenerse mientras tanto mirando el mapa de Rusia y Turquía y el Padre nuestro en grabados, que adornaban las paredes de aquel centro de instrucción y recreo.
  • Pocas veces había tantos lectores, a no ser a la hora del correo.
  • La fórmula solía ser esta.
  • Pero como hubiera tenido el honor años atrás de ser elegido presidente de un Ateneo de infantería, y vístose en la necesidad de estudiar y pronunciar un discurso, se encontró con gran sorpresa excelente orador en su opinión y la de los jefes, y de una en otra vino a parar en hombre de letras, hasta el punto de jurarse solemnemente y con la energía que tan bien sienta en los defensores de la patria, ser un erudito.
  • Poco a poco llegó a ser miembro, ya correspondiente, ya de número, de muchas sociedades científicas, artísticas y literarias.
  • De esta clase de biografías de personas que pudieron ser importantes, estaban las fuentes en libros como aquellos que había en el cajón inferior del estante del Casino.
  • En cuanto a las infames que comerciaban con su cuerpo, como decía Cármenes escribiendo de incógnito los fondos del Lábaro, ¿cómo no habían de ser maltratadas, si diariamente se publicaban excitaciones de este género en la prensa local?
  • Venía a ser un jugador de la orden de los descalzos.
  • Después que Bedoya salía del Casino, pasando sin ser visto de los porteros, que dormían suavemente, no quedaban allí más socios que ocho o diez trasnochadores jurados.
  • Ninguno se permitía jamás aventurar un aserto que no pudiera ser admitido por unanimidad.
  • Se elogiaba, sin gran entusiasmo, a los ciudadanos que sabían ser comedidos, corteses e incapaces de exagerar cosa alguna.
  • Empezaba entonces el llamado género flamenco a ser de buen tono en ciertos barrios del arte y en algunas sociedades.
  • Se llamaba Joaquín Orgaz y se timaba con todas las niñas casaderas de la población, lo cual quiere decir que las miraba con insistencia y tenía el gusto de ser mirado por ellas.
  • ¡La Regenta! ¿Dejaría de ser de carne y hueso?
  • Murió el ganadero, Pepe Ronzal dejó de ser el Estudiante, vendió tierras, se trasladó a la capital y empezó a ser hombre político, no se sabe a punto fijo cómo ni por qué.
  • Ello fue que de una mesa de colegio electoral pasó a ser del Ayuntamiento, y de concejal pasó a diputado provincial por Pernueces.
  • Si nunca pudo sacudir de sí la prístina ignorancia, en el andar, y en el vestir y hasta en el saludar, fue consiguiendo paulatinos progresos, y se necesitaba ser un poco antiguo en Vetusta para recordar todo lo agreste que aquel hombre había sido.
  • No puede ser.
  • ¿Cómo que no puede ser?
  • Se había dicho allí con más o menos prudencia, que el señor Magistral iba a ser en adelante el confesor de la señora doña Ana de Ozores de Quintanar, porque esta ilustre y virtuosísima dama, huyendo de las asechanzas de un galán, que no era el señor Ronzal.
  • Debe de ser el diccionario de Autoridades.
  • Ni el ser heredero del título más envidiable de Vetusta, ni su buena figura, ni su partido con las mujeres, envanecían a Paco tanto como su intimidad con don Álvaro.
  • Él estaba destinado a cierta heredera tan escuálida como virtuosa, y había puesto por condición, para comprometer su mano, que le dejaran muchos años de libertad en la que se prepararía a ser un buen marido.
  • ¿Debo preferir tomarla vieja y ser libre más tiempo para disfrutar de otras lozanías?
  • Prefería seguir preparándose para ser un buen esposo.
  • Y Paco, por ser quien era el otro, los tomaba de buen grado.
  • Puede ser que esté ella en mi casa.
  • No puede ser.
  • Esto debe de ser la vejez.
  • Supongamos que Ana consentía en hablar con don Álvaro a solas, ¿dónde podía ser?
  • Había de ser en el salón amarillo, en el célebre salón amarillo.
  • Un hombre hermoso, como él lo era sin duda, con tales ideas tenía que ser irresistible.
  • A no ser que abundasen las ocasiones de los ataques bruscos con seguridad del secreto.
  • Nada podía saber la Regenta de cierto y el amor y la constancia del discreto adorador debían de ser para ella cosa poco menos que segura.
  • Y que perdonase don Víctor Quintanar, incapaz de ser escéptico, frío y prosaico por fuera, romántico y dulzón por dentro.
  • Mentía cuando quería deslumbrar al auditorio, pero podía ser exacto, asombrosamente exacto si se le antojaba.
  • El de Emma no volvió a ser habitado, pero se entraba en él cuando hacía falta.
  • Sin embargo, los maldicientes procuraban ser presentados en aquella casa donde había tantas aventuras.
  • Aprende primero a ser cauto y después.
  • El Marqués tenía la vanidad de ser anticuario por su dinero.
  • Todo esto, por supuesto, se decía nada más entre hombres, y habían de ser discretos.
  • ¡Indudablemente Vegallana sabía ser un gran señor!, pensaba suspirando Visita, que soñaba muerta de envidia con aquella despensa, exposición permanente de lo más apetecible que cría la provincia.
  • Su política tenía que ser diferente.
  • El mundo no debía ser así.
  • A no ser que ahora se lo cuente todo al Magistral.
  • Iba tomando cierta confianza al verse sola con su ama, en medio de los prados, por caminos de mala fama, solitarios, que sabían de ella tantas cosas dignas de ser calladas.
  • ¿Sería algo nuevo, algo digno de ser amado aquello que el Magistral le había prometido?
  • ¿que todo el río va a venir arrastrando monedas de cinco duros con la carita del rey y que todo va a ser para usted?
  • A no ser su matrimonio, nada había sacado de aquellas confesiones.
  • El mancebo ha de ser incansable, para eso está allí.
  • En el paseo de la noche, que viene a ser subrepticio, a lo menos así lo llama don Saturnino, hay además el atractivo que le presta la fantasía.
  • Solía ser después de cenar fuerte.
  • Pero nadie querrá ser en el amor lo que es el asafétida en los olores.
  • Él no tenía fe alguna, ni bendita la falta, a no ser cuando le entraba el miedo de la muerte.
  • Cuando caía enfermo y se encontraba en la fonda solo, abandonado de todo cariño verdadero, entonces sentía sinceramente, a pesar de haber corrido tanto, no ser un cristiano sincero.
  • ¡Pero si no podía ser!
  • Pero ser querida ¿por qué no?
  • Y en aquel presidio de castidad no le quedaba ni el consuelo de ser tenida por mártir y heroína.
  • Ana, casi delirante, veía su destino en aquellas apariencias nocturnas del cielo, y la luna era ella, y la nube la vejez, la vejez terrible, sin esperanza de ser amada.
  • Déjame, déjame por Dios ser así.
  • Él viste bien, eso sí, con elegancia, hasta con lujo, pero conserva mucho tiempo la ropa, la cuida, la cepilla bien, y esta partida del presupuesto viene a ser insignificante.
  • Usted no puede ser juez ni testigo en este proceso.
  • Ni la edad, ni el ser aragonés, le dan a usted derecho para desvergonzarse.
  • ¡seor ciruelo! Déjese usted de insultos y explique por qué he de ser yo enemigo personal del Provisor.
  • Usted podrá ser un viejecito verde, pero no es un.
  • Al ser mujercita, cuando tuvo aquella fiebre y fuimos a buscarla su tía doña Anuncia y yo.
  • ¿Todo había de ser disimular, aborrecer, dominar, conquistar, engañar?
  • ¡Todo aquello estaba lejos! No le parecía ser el mismo.
  • ¡Mejor! así debía ser.
  • La Iglesia proclama la humildad y es humilde como ser abstracto, colectivo, en la jerarquía, para contener la impaciencia de la ambición que espera desde abajo.
  • Pero nosotros, los que hemos de ascender por nuestro mérito apostólico, no podemos ser impacientes, tenemos que esperar en una actitud digna de sumisión y respeto.
  • ¡Tenía tantas cosas en la cabeza! Sus olvidos eran dentro de casa, porque fuera se jactaba de ser el más fiel guardador de cuanto la Sinodal exigía, y daba frecuentes lecciones al mismo maestro de ceremonias.
  • Mientras estaba lavándose, desnudo de la cintura arriba, don Fermín se acordaba de sus proezas en el juego de bolos, allá en la aldea, cuando aprovechaba vacaciones del seminario para ser medio salvaje corriendo por breñas y vericuetos.
  • En cuanto se abrochó el alzacuello, el Magistral volvió a ser la imagen de la mansedumbre cristiana, fuerte, pero espiritual, humilde.
  • ¿Te acuerdas de lo que me dio que hacer aquella miserable calumnia por ser tú noble y confiadote?
  • Yo no soy digno de ser su confidente, su director espiritual.
  • ¿No merecía él ser el primero de la diócesis?
  • ¿No le parece a usted que puede ser el señor Escosura, ese Torquemada pour rire, el que ha traído a esta casa tanta desgracia?
  • Tales miasmas no podían ser saludables.
  • Eso debía de ser.
  • No basta ser bueno decía para gobernar una diócesis.
  • ¿Quiere usted ser el Obispo de Los miserables, un Obispo de libro prohibido?
  • Si así debe ser.
  • Si así debe ser.
  • En aquellos momentos los vetustenses tomaban en serio lo de ser todos hermanos.
  • Pero esta idea pasó como un relámpago, se olvidó de sí, y no quedó en la Iglesia nadie que comprendiera y sintiera la elocuencia del apóstol, a no ser algún niño de imaginación fuerte y fresca que por vez primera oía la descripción de la escena del Calvario.
  • Y De Pas volvía a ser quien era, se erguía, doblaba las puntas de acero y tornaba a descargar citas sobre los abrumados vetustenses, que salían de allí con jaqueca y diciendo.
  • ¡Sus días deben de ser de cuarenta y ocho horas!
  • Ser bueno es entenderla.
  • Se ponía en el confesonario al ser de día.
  • Don Carlos Peláez, notario eclesiástico que desempeñaba otros dos o tres cargos en Palacio, no todos compatibles, se jactaba de ser una de las personas más influyentes en la curia eclesiástica y aun en el ánimo del señor Provisor.
  • Libre por ser un loco.
  • De modo, ¿que yo no puedo ser vicario general?
  • ¡Majaderos! Y milagro será que no vengan también con lo de ser natural de la diócesis.
  • Glocester debe de ser el corresponsal de ese papelucho.
  • Al cabo llegó Páez a ser el más ferviente partidario de la religión de sus mayores.
  • Indudablemente, decía, la Metrópoli debe ser religiosa.
  • A los dieciocho años se le ocurrió que quería ser desgraciada, como las heroínas de sus novelas, y acabó por inventar un tormento muy romántico y muy divertido.
  • Llegó a ser para Olvido una religión el traje.
  • Aquella proporción debía ser el premio de algún servicio muy grande que se le hiciera a él, no sabía cuándo ni en qué necesidad fuerte.
  • De Pas nunca dejaba de ser el Magistral.
  • Pero demostraba, sin más que moverse, sonreír o mirar, que el prebendado, sin dejar de serio, podía ser hombre de sociedad como cualquiera.
  • ¡Los tres solos! decía Olvido dejando de ser sorbete por un momento.
  • Ya tenía pretexto para volver a ser formal.
  • Comprendió de repente que acababa de ser desbancado.
  • ¡Nada, nada! Don Víctor estaba dispuesto a ser inflexible.
  • Le era muy simpático, y aunque se trataban poco, cada vez que se hablaban estrechaban los lazos de una amistad incipiente que amenazaba ser íntima y duradera.
  • Don Álvaro tenía para Quintanar el raro mérito de no ser terco.
  • ¡Oh, ha de ser un hombre!
  • No podía haber pecado ni cosa parecida en reconocer que todo aquello era agradable, parecía bien y debía ser así.
  • El Provisor no sospechaba que don Álvaro pudiera ser el enemigo tentador de la Regenta.
  • Si no le quería bien, era por considerar peligrosa para la propia la influencia del otro en Vetusta, y porque sabía que sin ser adversario declarado y boquirroto de la Iglesia, no la estimaba.
  • ¿De modo que esta tarde ya no puede ser?
  • (Eran sus frases) los placeres del mundo pueden ser, para un alma firme y bien alimentada, pasatiempo inocente, hasta soso, insignificante.
  • Procuraba marearle con sus perfumes, con sus miradas de telón rápido y con cuantos recursos conocía y podían ser empleados contra semejante hombre y en tales circunstancias.
  • él, De Pas, no debía presenciar aquellas escenas, que sin ser precisamente escandalosas.
  • Ella daría la victoria al que la merecía, al ángel bueno, que era un poco menos alto, que no tenía bigote (que siempre parecía bien), pero que era gallardo, apuesto a su modo, como se puede ser debajo de una sotana.
  • Y sobre todo, aquellos dos hombres mirándose así por ella, reclamando cada cual con distinto fin la victoria, la conquista de su voluntad, eran algo que rompía la monotonía de la vida vetustense, algo que interesaba, que podía ser dramático, que ya empezaba a serlo.
  • Y además, si no fuera por don Víctor, el Magistral no tendría por qué defenderla, ni aquella lucha entre dos hombres distinguidos que comenzaba aquella tarde tendría razón de ser.
  • Aquel canónigo, que tal vez era un poco rival suyo, le daba aquella leccioncita de gimnasia, que muy bien podía ser una saludable advertencia.
  • Y no tenía el Espolón más adorno, ni atractivo, a no ser el sol, que, como lo hubiera toda la tarde, calentaba aquella muralla triste.
  • Yo no comprendo que pueda ser cosa inocente e inofensiva que un sacerdote tropiece con los codos de todas las señoritas majas del pueblo.
  • No estaba el suyo para escenas fuertes, le horrorizaba la idea de una filípica embozada, como solían ser las de su madre, de un discurso de moral utilitaria.
  • Ana volvería, era natural, en la carretela, y al pasar junto a un farol podría verla, sin ser visto, o por lo menos sin ser conocido.
  • ¡Qué ha de ser! ¡No hay más cera! Te rompo.
  • Pues alguna vez puede ser que la hayas visto.
  • Deben de ser dos, pensó el Magistral, que cada vez que veía al animalucho encima sentía un poco de frío en las raíces del pelo.
  • ¡Deben de ser ellos! ¡qué tarde! dijo en voz alta, acercándose a la cuneta de la carretera, a la sombra de un farol de los del paseo.
  • La carretela iba a pasar junto al Magistral, que se apretó a la columna de hierro, para no ser visto.
  • Y ahora había de empezar a ser.
  • Lo mismo podía ser Obdulia que la Regenta.
  • ¡Es decir, la Regenta no podía ser.
  • De Pas estaba seguro de no ser visto, en completa obscuridad, en un portal de enfrente.
  • A pesar de estas reflexiones que no podían ser más racionales, no estaba tranquilo.
  • Le había abierto ella misma, sin preguntar quién era, segura de que tenía que ser él.
  • Era inútil mentir, además de ser vergonzoso.
  • Las alas tenían que ser de oro.
  • Pero podía ser ama como la señora Rita.
  • Y una noche, reparando al cenar que Paula era mal formada, angulosa, sintió una lascivia de salvaje, irresistible, ciega, excitada por aquellos ángulos de carne y hueso, por aquellas caderas desairadas, por aquellas piernas largas, fuertes, que debían de ser como las de un hombre.
  • La manía de dar al fiado llegó a ser un vicio, una pasión del manirroto licenciado.
  • Pastor y vaquero ha de ser, como su abuelo y como su padre, gritaba el licenciado cada vez que la madre hablaba de mandar al niño a aprender latín con el cura de Matalerejo.
  • Llevaba aquellos papeles inútiles y el hijo que había de ser clérigo.
  • Tú a estudiar, tú vas a ser cura y no debes ver sangre.
  • Estos ataques de la lujuria animal solían ser a las altas horas de la noche, cuando el enamorado salvaje se eternizaba sobre su banco, para esperar la soledad.
  • El de ella, también, pues estaba segura de que llegaría a ser una señora.
  • Él, aunque viviera con su madre querida, no tenía hogar, hogar suyo, y eso debía ser la dicha suprema de las almas serias, de las almas que pretendían merecer el nombre de grandes.
  • ¡ladrones! Barinaga hablaba con el letrero de la tienda, pero el Magistral sintió brasas en las mejillas, y antes que pudiera notar su presencia el vecino, se retiró del balcón y sin el menor ruido, poco a poco, entornó las vidrieras hasta no dejar más que un intersticio por donde ver y oír sin ser visto.
  • O el cielo o el suelo, todo no puede ser.
  • Y de repente recordó que ella también había escrito versos, y pensó que podían ser muy malos también.
  • Aunque en la primer ocasión oportuna Don Álvaro se había hecho ofrecer por el mismo Quintanar el caserón de los Ozores, y ya había aventurado algunas visitas, comprendió que por entonces no debía ser aquel el teatro de sus tentativas, y donde se insinuaba era en el Espolón, con miradas y otros artificios de poco resultado, o en casa de Vegallana y en las excursiones al Vivero con más audacia, aunque no mucha, pero con escasa fortuna.
  • Que a él había de venir a parar aquello, tarde o temprano, pero temía que iba a ser tarde.
  • Además pensaba don Álvaro, el día que yo me atreva, por tener ya preparado el terreno, a intentar un ataque franco, personal (era la palabra técnica en su arte de conquistador), no ha de ser en el campo, aunque parece que es el lugar más a propósito.
  • Y aquel día pudo ser, merced a esto, la conferencia tan ideal y delicada en la forma como todas las anteriores.
  • Verdad era que la idea de ser objeto de los ensueños que confesaba la Regenta, le halagaba.
  • Además, quería que su interés por doña Ana ocupase en su alma el lugar privilegiado de aquellos otros anhelos de volar más alto, de ser obispo, jefe de la iglesia española, vicario de Cristo tal vez.
  • La aridez del alma de que ella se había quejado a Don Fermín, y que este, citando a San Alfonso Ligorio, le había demostrado ser debilidad común, y hasta de los santos, y general duelo de los místicos.
  • Y capaz de hacerlo como lo decía debía de ser, porque tenía mucho talento y muchas cosas que explicar.
  • Las más distinguidas señoritas, que en el Espolón y el Paseo Grande lucían todo el año vestidos de colores alegres, blancos, rojos, azules, no llevaban al coliseo de la Plaza del Pan más que gris y negro y matices infinitos del castaño, a no ser en los días de gran etiqueta.
  • Se reparten por palcos y plateas donde, apenas recatados, fuman, ríen, alborotan, interrumpen la representación, por ser todo esto de muy buen tono y fiel imitación de lo que muchos de ellos han visto en algunos teatros de Madrid.
  • Pero su temperamento frío, su poco trato, su orgullo de mujer intachable, le hacen ser menos expansiva y por eso nadie se atreve a murmurar.
  • De aquello que don Víctor llamaba los nervios, asesorado por el doctor don Robustiano Somoza, y que era el fondo de su ser, lo más suyo, lo que ella era, en suma, de aquello no tenía que darle cuenta.
  • A pesar de Don Frutos y sus altercados de crítica dramática, la bolsa de Don Álvaro, que así se llamaba en todas partes, era la más distinguida, la que más atraía las miradas de las mamás y de las niñas y también las de los pollos vetustenses que no podían aspirar a la honra de ser abonados en aquel rincón aristocrático, elegante, donde se reunían los hombres de mundo (en Vetusta el mundo se andaba pronto) presididos por el jefe del partido liberal dinástico.
  • Trabuco se propuso redoblar su atención, observar mucho y ser una tumba, callar como un muerto.
  • Imitaba a quien Perales la había mandado imitar, pero en algunas ocasiones se atrevía a ser original y hacía excelentes papeles de virgen amante.
  • Además el rostro del buen mozo, sobre ser correcto, tenía una expresión espiritual y melancólica, que era puramente de apariencia.
  • Además, siempre que se le ofrecía, aprovechaba la ocasión de estrechar su amistad con el simpático aragonés que había de ser su víctima, andando el tiempo, o poco había de poder él.
  • De parte del señor Magistral debe de ser, porque lo ha traído Teresina la doncella de doña Paula.
  • El deber social, por ser tal deber, no puede oponerse al deber religioso.
  • La religión para aquella señora nunca podría ser el terror.
  • Esto no lo sabrá nadie, porque no han de ser tan miserables que nos sigan los pasos.
  • Ejemplo de esto pueden ser, sin salir de España, el célebre Arcipreste de Hita, Tirso de Molina y otros muchos.
  • Serán los nervios, como dice Quintanar, o lo que se quiera, pero yo estaba llena de un tedio horroroso, que debía ser un gran pecado.
  • Pero así y todo, hay peligro que raya en pecado, por ser peligro.
  • Es ser beata.
  • Hay que ser beata, es decir, no hay que contentarse con llamarse religiosa, cristiana, y vivir como un pagano, creyendo esas vulgaridades de que lo esencial es el fondo, que las menudencias del culto y de la disciplina quedan para los espíritus pequeños y comineros.
  • Pero tenía miedo de ser vista y retrocedía hasta el patio, desde donde no podía oír más que un murmullo, no palabras.
  • ¿cuántas monjas había habido que no habían pasado de ser mujeres vulgares?
  • La vida de una monja puede caer en la rutina también, ser poco meritoria a los ojos de Dios, y nada útil para satisfacer las ansias de un alma ardiente.
  • Volverán a ser para usted las que ya parecían vulgaridades de villancicos, grandes poemas, manantial de ternura, y llorará pensando en el Niño Dios.
  • Si nos proponemos llegar a ser una Santa Teresa, ¡adiós todo! se ve la infinita distancia y no emprendemos el camino.
  • ¡Caramba! debe de ser muy tarde.
  • Petra subió y se presentó en el tocador de doña Ana sin ser llamada.
  • A no ser que haya canónigas también.
  • Se salía al ser de día, en el tren correo, se llegaba a Roca Tajada una hora después, y a las diez de la noche entraban en Vetusta silenciosos, cargados de ramilletes de pluma y como sopa en vino.
  • Si le hubiese sido lícito representar comedias, quizás no hubiera hecho otra cosa en la vida, pero como le estaba prohibido por el decoro y otra porción de serias consideraciones, procuraba buscar otros caminos a la comezón de ser algo más que una rueda del poder judicial, complicada máquina.
  • Este sistema de la cuerda floja retrasaba el triunfo, pero le permitía a él presentarse a los ojos de Ana más simpático, hablando el lenguaje de aquella vaguedad romántica que ella creía religiosidad sincera, y no pasaba de ser una idolatría disimulada, según don Fermín.
  • Y cada vez que se le ponía delante echaba a rodar los proyectos de vida piadosa que Ana poco a poco iba acumulando en su cerebro, dispuesta a ser, en cuanto mejorase el tiempo, una beata en el sentido en que el Magistral lo había solicitado.
  • ¡Oh no, no! ¡yo no puedo ser buena! yo no sé ser buena.
  • Era poco ser jefe de un partido, que nunca era poder, en una capital de segundo orden.
  • Había visto a la Regenta en el parque pasear, leyendo un libro que debía de ser la historia de Santa Juana Francisca, que él mismo le había regalado.
  • Yo no sé lo que debo ya a tu madre, Fermín, ¿debe de ser un dineral?
  • Ser un tramposo de la caridad.
  • No sé ser buena.
  • Yo quiero volver a ser una niña, empezar mi educación, ser algo de una vez, seguir siempre un impulso, no ir y venir como ahora.
  • Mucho tiempo hacía que Anita no había tenido uno de aquellos impulsos cariñosos de que solía ser objeto don Víctor, pero aquel día, a la tarde, sobre todo al obscurecer, lloró ocultando el rostro, pensando en el esposo ausente.
  • Mañana al ser de día, ¿entiendes?
  • La botica, los jaropes que él aborrecía, el miedo a equivocar las dosis, el pavor que le inspiraban las medicinas verdosas, creyendo que podían ser veneno (para don Víctor el veneno, a pesar de sus estudios físico químicos, siempre era verde o amarillo), las equivocaciones y torpezas de las criadas, las horas de hastío y silencio al pie del lecho de la enferma, las inquietudes naturales, el estar pendiente de las palabras de Somoza, el hablar con todos los que quisieran enterarse de la misma cosa, de los grados de la enfermedad.
  • Llegó a ser para él tan divertido como hacer pórticos ojivales de marquetería, el preparar menjurjes y pintarle el cuerpo a su mujer con yodo.
  • Cuando las congojas la anegaban en mares de tristeza, que parecían sin orillas, cuando se sentía como aislada del mundo, abandonada sin remedio, ya no llamaba a Quintanar, aunque era el único ser vivo de quien entonces se acordaba.
  • Una tarde de color de plomo, más triste por ser de primavera y parecer de invierno, la Regenta, incorporada en el lecho, entre murallas de almohadas, sola, obscuro ya el fondo de la alcoba, donde tomaban posturas trágicas abrigos de ella y unos pantalones que don Víctor dejara allí.
  • El médico volvió a ser un oráculo, los pormenores de alcoba negocios arduos, el reloj un dictador lacónico.
  • El amor que respeta la honra, la pasión que se alimenta de ver y respirar el ambiente que rodea al ser amado.
  • Que con ser poco tal calor era la más viva hoguera a que ella se había arrimado en su vida.
  • Este nuevo sentido de que tenía conciencia Ana en estas expediciones a los ventorrillos altos de Vistalegre, camino de Corfín, le inundaba de visiones el cerebro y la sumía en dulce inercia en que hasta el imaginar acababa por ser una fatiga.
  • Y Mesía resignado, firme en su propósito de ser prudente mientras fuera necesario, se emparejaba con don Víctor, que tal vez se permitía cantar a su modo el spirto gentil o la casta diva.
  • Pero no, usted desconfía de mí, no me cree digno de su dirección espiritual, y para satisfacer esas ansias de amor ideal que siente, tal vez ya busca en el mundo quien la comprenda y pueda ser su confidente.
  • Mas resuelta a huir de los extremos, a ser como todo el mundo, insistió en seguir a las demás beatas en todos sus pasos, y aunque sin gusto, entró en todas las cofradías, fue hija y hermana, según se quiso, de cuantas juntas piadosas lo solicitaron.
  • Menos ser como todas esas ! Y a los pocos días cayó enferma.
  • ¡Esta sí que era resolución firme! Iba a ser buena, buena, de Dios, sólo de Dios.
  • En cuanto la dejaban sola, y eran largas sus soledades, los ojos se agarraban a las páginas místicas de la Santa de Ávila, y a no ser lágrimas de ternura ya nada turbaba aquel coloquio de dos almas a través de tres siglos.
  • Él calló una temporada, pero luego volvió a la carga, incansable en aquella propaganda, que, en el fondo de su corazón, deseaba infructuosa, por el gusto de ser el único ejemplar de la, para él, preciosa especie del ateo.
  • Es como tiene que ser.
  • Miren ustedes, decía Ronzal, que todavía no era sabio, yo creo todo lo que cree y confiesa la Iglesia, pero la verdad, eso de que el cielo ha de ser una contemplación eterna de la Divinidad.
  • Ello venía a ser que en muriéndonos íbamos a otra estrella, y de allí a otra, a pasar otra vez las de Caín, y ganarnos la vida.
  • Entablaron amistad que llegó a ser íntima.
  • Paco el Marquesito, que como buen aristócrata se creía obligado a ser religioso en la forma por lo menos, se opuso al principio a los proyectos de Foja y Orgaz, pero considerando que su amigo, su ídolo Mesía deseaba tener allí al otro para que le ayudara a desacreditar al Provisor, y considerando que iban a divertirse de veras en el gaudeamus de la noche, falló que debía ayudar y ayudaba a los enemigos del Magistral y se agregó a la comisión que fue a buscar a don Pompeyo.
  • No le dejaron ser modesto.
  • Llegaba a ser el tertulio necesario, el paño de lágrimas, el consejero, el mejor ornamento de la casa.
  • Renunciar a una victoria que se consigue con los puños y sudando gotas como garbanzos, entre arañazos y coces, es ser un platónico del amor, un cursi.
  • Segura de no ser vencida por la fuerza, enamorada a su modo del señorito, sobre todo por su audacia, acostumbrada a tales devaneos mudos, gimnásticos, callaba, forcejeaba, mordía con deleite, magullaba con voluptuosidad bárbara, y encontraba placer de salvaje en el martirio de mis sentidos, que tocaban su presa, y se sentían dominados por ella.
  • Todo se concilia, o se resuelve la antinomia como dicen los filósofos cursis, considerando que el ser bípedo no es para todos.
  • Antes que usted naciera, estaba yo cansado de ser ateo, y si lo que usted se propone es insultar mis canas, y mi consecuencia.
  • (Frenéticos aplausos.) Juremos todos ser trompetas del escándalo, para que tanto sea, y a tales oídos llegue, que la ruina del enemigo común sea un hecho.
  • Para él venían a ser ideas inseparables el estío y aquel traje ligero.
  • Ella también iba a renacer, iba a resucitar, ¡pero a qué mundo tan diferente! ¡Cuán otra vida iba a ser de la que había sido! se preparaba a sí misma una vida de sacrificios, pero sin intermitencias de malos pensamientos y de rebelión sorda y rencorosa, una vida de buenas obras, de amor a todas las criaturas, y por consiguiente a su marido, amor en Dios y por Dios.
  • Y para decirlo todo, sepa que en mucho, en mucho, debo al afán de no ser ingrata esta voluntad firme de hacerme buena.
  • Sí, hermano mío, hermano muy querido, me complazco en llamárselo, aquí, ahora, segura del secreto, sin oídos profanos que entenderían las palabras con la impureza ruin que ellos llevarán dentro de sí, feliz yo mil veces que a la primera ocasión en que tuve idea de ser buena, hallé quien me ayudara a serlo.
  • El Magistral se alejó sin ser visto, pensando entonces en los años en que él también aprendía que la verdad en la cosa es la cosa misma.
  • Con miedo de ser visto.
  • Aquella mañana cumplió en el coro como el mejor, y sintió no ser hebdomadario para lucirse.
  • ¿Qué pájaro me habrá dicho a mí que doña Rufinita no quiere ser buena, y enreda en la iglesia y descompone el coro cuando canta?
  • De todas suertes, lo que le pasaba probaba que aún era joven, que no era por necesidad disfrazada de idealismo por lo que se juraba ser platónico, siempre platónico, o por lo menos indefinidamente, en sus relaciones con la fiel y querida amiga.
  • Una mujer deslumbrante de hermosura por alma y cuerpo, que en una hora de confesión le había hecho ver mundos nuevos, le llamaba ahora su hermano mayor querido, se entregaba a él, para ser guiada por las sendas y trochas del misticismo apasionado, poético.
  • Sabría ser místico, hasta donde hiciera falta, perderse en las nubes sin olvidar la tierra.
  • Si se remontaba demasiado, le olvidaría a él, que al fin era un ser finito.
  • De nada malo debía de ser.
  • ¡Oh! si no fuera porque ella quería tener contento al Magistral, no serviría más tiempo a la hipócrita que la utilizaba como correo secreto y no le daba una mala propina, ni le decía palabra de sus trapicheos ni le ponía una buena cara, a no ser aquella de beata bobalicona con que engañaba a todos.
  • Ana se propuso emplear su celo en ganar para Dios el alma de su don Víctor, que venía también a ser su padre.
  • Y bien, lo normal, lo constante, lo que debía ser ya siempre, era aquello.
  • Ana, al oír aquello, cerraba los ojos para contener el llanto, y se juraba en silencio consagrarse a procurar la felicidad de aquel hombre a quien tanto debía, que tan grande se le mostraba, que prefería vivir cerca de ella para guiarla en el camino de la virtud, a ser obispo, cardenal, pontífice.
  • ¡Y le calumniaban! ¡Y tenía enemigos! ¡Y había habido tiempo en que querían ponerle en ridículo, por que ella, Anita, seguía entregada a las vanidades del mundo, a pesar de ser hija de confesión de don Fermín! ¡Oh, ya verían, ya verían en adelante!
  • La Regenta debía de ser otra cosa.
  • Por una parte aquel dolor de atrición, aquel miedo a no salvarse a pesar de ser tan bueno, de no haber hecho mal a nadie.
  • Hablaban en el pórtico de la catedral mucho tiempo para despedirse, sin miedo de ser vistos.
  • Pero don Robustiano, ¿cómo puede ser eso?
  • No por ser desatinada la acusación de los necios era menos poderosa y temible.
  • ¿qué va a ser de mí?
  • Es horroroso, es horroroso, pensaba el Magistral, pasar plaza de santo a sus ojos, y ser un pobre cuerpo de barro que vive como el barro ha de vivir.
  • Oh, el ser bueno era además cuestión de talento.
  • Pero el que se burla con artificios de nuestro código mercantil y de las leyes de la Iglesia, comerciando a pesar de ser sacerdote.
  • Y aunque venía de paz y don Pompeyo se había propuesto ser muy prudente, en cuanto doña Petronila abrió el pico, el ateo extendió una mano y dijo interrumpiendo.
  • Cierto que no podía ser pródigo con su amigo, porque la propia familia tan numerosa tenía apenas lo necesario.
  • Esto tiene que ser una manifestación decía del ex alcalde a muchos correligionarios y otros enemigos del Magistral reunidos en la tienda, al pie del cadáver.
  • Esto tiene que ser una manifestación.
  • Sin que se supiera cómo, llegó a ser un lugar común, verdad evidente para Vetusta, que Barinaga había muerto como un perro por culpa del Magistral.
  • La cosa era bien clara, la religión no podía ser más sencilla, más evidente.
  • Qué ha de ser.
  • Sí, sí, él también era hombre, podía ser rival, ¿por qué no?
  • ¿Cómo puede ser eso?
  • ¿Por qué no ha de ser este año como los demás?
  • La pechera que lucía Ronzal no podía ser más brillante.
  • Debe de ser casada.
  • Así debiera ser siempre le decía a Saturnino que estaba decidido a emborracharse para no desentonar.
  • ¡Es mía! ¡ese Magistral debe de ser un cobarde! Es mía.
  • ¿Morir por ser yo traidora, si mentía, si me manchaba?
  • Sus inventos podían ser más o menos fantásticos, su mecánica idealista, pero hacía de una tabla lo que quería.
  • Ella no podría ser de ninguno.
  • La Regenta, si caía iba a ser exageradísima.
  • Tal vez porque el ser amada, fuera por quien fuera, no podía saberle mal aunque ella tuviese que desdeñar y hasta vituperar aquel amor.
  • Y ser verdad sin embargo todo lo que dice el dogma?
  • En esto pensaba a su modo la Regenta, y quería que aquella ola de piedad la arrastrase, quería ser molécula de aquella espuma, partícula de aquel polvo que una fuerza desconocida arrastraba por el desierto de la vida, camino de un ideal vagamente comprendido.
  • ¿No podía ser aprensión todo, no podía la vanidad haber visto visiones?
  • ¿Cómo ha de ser?
  • Debe de ser de ella, pensó doña Paula cuando vio el papel que presentó Teresina.
  • Pero ha de ser con ayuda del señor don Fermín.
  • Su conversión debía ser solemne, para escarmiento de pícaros y enseñanza saludable de los creyentes tibios.
  • Y además Barinaga sólo así podía ser conquistado.
  • A la mañana siguiente toda Vetusta edificada se preparaba a acompañar el Viático que por la tarde debía ser administrado al señor Guimarán.
  • ¿Quién había de ser?
  • Era preciso agarrarse a la piedad para conservar el honor, pero ¿no había otra manera de ser piadosa?
  • Ser hombre.
  • Los dos amigos se habían encerrado en la secretaría del Casino, a ruegos del ex regente, que quería ver, sin ser visto, lo que él llamaba la subida al Calvario de su dignidad.
  • Se puso de pies sobre la silla, siempre sin poder ser visto desde la calle, y reconoció a Celedonio con una cruz de plata entre los brazos.
  • Yo también pienso ir mañana al ser de día a Vetusta.
  • No puedo ser más larga.
  • ¡Qué ha de ser! Más ridículo sería abstenerme de escribir (ya que es ejercicio que me agrada y no me hace daño, tomado con medida), sólo porque si lo supiera el mundo me llamaría cursilona, literata.
  • Aquello había sido como lo de ser literata, una cosa ridícula, que acababa por parecérselo a ella misma.
  • Ha de ser bastante cómoda, amena, ofrecer un paisaje alegre, tener cerca agua corriente, yerba fresca, leche de vacas.
  • Los vetustenses que tienen la dicha de ser convidados a las excursiones del Vivero son los personajes de las escenas que aquí se representan.
  • El cochero debía de ser discípulo del caballo.
  • A la hora del café don Fermín no pudo resistir más, se escapó como pudo y volvió a la casa nueva, donde la algazara había llegado a ser estrépito de los diablos.
  • Eso debía de ser.
  • Y, sin embargo, ¡qué deliciosa podría ser una conferencia íntima con Obdulia o con Ana sobre la verde alfombra ! El Magistral tuvo que quedarse con Ripamilán, don Víctor, el gobernador, Benítez y otros señores graves.
  • Don Víctor, aturdido como solía, hablaba sin miedo de ser oído, sin ver al Magistral, que fingiendo leer un periódico y a ratos atender a Ripamilán, se esforzaba en no perder ni una palabra del diálogo del balcón.
  • Es ser más papista que el Papa.
  • Todo aquello, que había podido ser trágico, se había convertido en una aventura cómica, ridícula, y el remordimiento de lo grotesco empezó a pincharle el cerebro con botonazos de jaqueca.
  • No había, en suma, llegado a ser dueño de los encantos de su doncella, pero en aquellos primeros y últimos escarceos amorosos había podido adquirir la convicción de que la Regenta le había regalado a Petra unas ligas que el amante esposo le había regalado a ella.
  • Pero él no pedía más que lástima, y la dicha de que le dejaran hablar, de hacerse oír y de no ser tenido por un libertino vulgar, necio, que era lo que el vulgo estúpido había querido hacer de él.
  • Ella no pensó que esto podía ser agua del cielo.
  • Pocas veces las mujeres con quien me he atrevido a ser audaz, han tomado a mal mis demasías.
  • Don Víctor, en el seno de la amistad, seguro de que Mesía había de ser un pozo, le refirió las persecuciones de que había sido víctima, las provocaciones lascivas de Petra.
  • Ana, aunque Álvaro no se atrevía a ser muy explícito en este particular, comprendía lo que su amigo, nuevo hermano, quería decir y aprobaba su prudencia.
  • Mesía había convencido a la Regenta de que don Víctor, en rigor, venía a ser una cosa así.
  • La tarde iba a ser corta y la última.
  • Salió Álvaro sin ser visto, por lo menos sin que nadie pensara en si salía o no, y entró de nuevo en el caserón.
  • No podía ser.
  • No podía ser.
  • ¿No comprende usted que para Ana tendría que ser un golpe terrible cualquier revelación de esa.
  • ¡Qué asco! No eran celos, ¿cómo habían de ser celos?
  • Después del Presidente del Casino ningún ser de la tierra le parecía más digno de adoración que su dócil Ana, su Ana frenética de amor, como él había esperado siempre aun en los días de mayor apartamiento.
  • A la chica se le ocurrió ser, o fingirse, desinteresada, preferir los locos juegos del amor a las propinas, ofrecer sus servicios, con discretísimas medias palabras y buenas obras, a cambio de un cariño que Mesía no estaba en circunstancias de prodigar.
  • Ignoraba por ejemplo que Petra podía permitirse el lujo de servirle bien a él sin pensar en el interés, sin más pago que el del amor con que el gallo vetustense ya no podía ser manirroto.
  • Petra comprendía que la casa del Magistral era el camino más seguro para llegar a casarse y ser señora o poco menos.
  • ¿Cuándo había de ser esto?
  • Para lo que servía Petra era para vigilar, para evitar que don Álvaro pudiera ser sorprendido al entrar o al salir, y para darse tales trazas que doña Ana creyese que ella, la doncella, no había estado durante toda la noche en circunstancias de poder notar la presencia del amante.
  • El tren que los llevaba a las marismas y montes de Palomares salía este año un poco más tarde y no necesitaban levantarse antes del ser de día.
  • No cabía duda, ser prudente, coger el codiciado fruto, entrar en aquella canonjía, en casa del Magistral.
  • Pero entonces había que decírselo todo al Provisor, porque en saliendo de aquella casa ya no podía ser espía, ni ayudar al que la pagaba a abrir los ojos de aquel estúpido de don Víctor, que, como era natural, querría vengarse, castigar a los culpables.
  • ¿No quiere ser franco?
  • Vendrás a esta casa, Petra dijo la voz de caverna, con esfuerzos inútiles por ser dulce.
  • El sueño y la pereza le decían que parecía más temprano que otros días, que el despertador mentía como un deslenguado, que no debía de ser ni con mucho la hora que la esfera rezaba.
  • Debía de ser en efecto bastante más temprano de lo que decía el reloj.
  • Y con todo, debía de ser más temprano de lo que allí decía.
  • No podían ser las ocho, ni siquiera las siete, se lo decía el sueño que volvía, a pesar de las abluciones, y con más autoridad se lo decía la escasa luz del día.
  • El orto del sol hoy debe de ser a las siete y veinte, minuto arriba o abajo.
  • Cierto que la niebla espesísima y las nubes cenicientas y pesadas que cubren el cielo hacen la mañana muy obscura, pero no importa, el sol no ha salido todavía, es demasiada obscuridad esta, no deben de ser ni siquiera las siete.
  • Se le antojó que bien podían ser las ocho, se vistió deprisa, cogió el frasco del anís, bebió un trago según acostumbraba cuando salía de caza aquel enemigo mortal del chocolate, y echándose al hombro el saco de las provisiones, repleto de ricos fiambres, bajó a la huerta por la escalera del corredor pisando de puntillas, como siempre, por no turbar el silencio de la casa.
  • Aquella luz no podía ser la de las ocho, eran las siete menos cuarto, aquello era el crepúsculo matutino, ahora estaba seguro.
  • Pero él iba a ser un asesino, digno de disculpa, todo lo que se quiera, pero asesino.
  • La pereza de ser desgraciado, de padecer, unida a la pereza del cuerpo que pedía a gritos colchones y sábanas calientes, entumecían el ánimo de don Víctor que no quería moverse, ni sentir, ni pensar, ni vivir siquiera.
  • ¡Pero qué feos eran, qué horrorosos! ¿Cómo podía ser que tanto deleitasen aquellas traiciones, aquellas muertes, aquellos rencores en verso y en el teatro?
  • ¡Ay, Ana también va a ser bien infeliz!
  • ¡Venganza! ¡venganza! se dijo o soy un miserable, un ser digno de desprecio.
  • ¡Hola! parece que se ha madrugado dijo Crespo, que gustaba de ser siempre el primero.
  • Allá en los prados de las marismas, cuando se quedara solo en acecho, en todo aquel día triste que iba a ser tan largo, meditaría.
  • Cualquier cosa que hiciera ¡iba a ser tan grave!
  • Sabría ser más práctico.
  • ¿Dejará de ser adulterio el del hombre también, digan lo que quieran las leyes?
  • El ser humano lo más podrido de todo.
  • Pensaba Crespo que a Víctor no se le había ocurrido, como no se le ocurrieron otras tantas cosas, que aquella noche se repetiría la escena de la anterior, que debía de ser ya antigua costumbre.
  • Temía el escándalo, la novedad de ser un criminal descubierto.
  • Los mato a los dos porque olvidé lo que oí al médico de ella, olvidé que ubi irritatio ibi fluxus, olvidé ser con ella tan grosero como con otras, olvidé que su carne divina era carne humana.
  • Quería, allá en el fondo de mis entrañas, sin saberlo, como respiro sin pensar en ello, quería poseerte, llegar a enseñarte que el amor, nuestro amor, debía ser lo primero.
  • Y arrojar yo la máscara, y la ropa negra, y ser quien soy, lejos de aquí donde no lo puedo ser.
  • Cualquier atrocidad de las que se le ocurrían, que podía ser sublime en otro, en él se le antojaba, ante todo, grotesca, ridícula.
  • La idea de maníaco de que estaba vestido de máscara llegó a ser una obsesión intolerable.
  • Guardaré el cuchillo, mi espada tiene que ser la lengua.
  • Furioso ante la idea de que no había habido allí nada, ningún crimen cuyo autor debía ser él, según exigían las leyes del honor.
  • Era lo peor porque el Magistral, que conocía las exaltadas ideas de don Víctor respecto al honor, temía que obedeciendo a impulsos disculpables, pero no justos, y sordo a la voz de la religión, se arrojase a tomar venganza terrible, sobre todo de don Álvaro, cuyo crimen no podía ser más repugnante y digno de castigo.
  • Aquel ser vaporoso que se le aparecía de repente en silencio, pisando como un fantasma, lo quería él en aquel instante con amor de padre que teme por la vida de su hija, y lo temía al mismo tiempo como a cosa del otro mundo.
  • Foja se cansó de ser prudente y preguntó a Trabuco dándole un golpecito en el hombro.
  • La cuestión no es ser diestro, es tener valor.
  • Parece ser que Quintanar tuvo en sus manos la vida de Álvaro.
  • Parece ser que muy temprano don Víctor llamó a Frígilis y le obligó a buscar a Trabuco para ir juntos a desafiar al burlador.
  • Tendría que ser por una casualidad.
  • Valía apuntar en los intervalos de las palmadas que habían de ser muy breves.
  • No podía ser, no había tren hasta el día siguiente.
  • Todo era falso, frío, necio, en aquel papel escrito por un egoísta incapaz de amar de veras a los demás, y no menos inepto para saber ser digno en las circunstancias en que la suerte y sus crímenes le habían puesto.
  • Entonces se le figuraba que lo mejor de su alma se dormía, mientras quedaba en ella despierto el espíritu suficiente para ser tan mujer como tantas otras.
  • Por ser joven y de miembros delicados, y por no tener pelo de barba, pareciera un niño, a no desmentir la presunción sus trazas sacerdotales.
  • ¡Estamos frescos!, pensó el viajero, que si no acertaba a calcular lo que anda un can en una carrera, barruntaba que debe ser bastante para un caballo.
  • Adorámoste, Cristo, y bendecímoste, pues por tu Santísima Cruz redimiste al mundo, y de paso que rezaba, su mirada buscaba a lo lejos los Pazos de Ulloa, que debían ser aquel gran edificio cuadrilongo, con torres, allá en el fondo del valle.
  • Después de cruzar corredores sombríos, penetraron todos en una especie de sótano con piso terrizo y bóveda de piedra, que, a juzgar por las hileras de cubas adosadas a sus paredes, debía ser bodega.
  • Como si también los perros comprendiesen su derecho a ser atendidos antes que nadie, acudieron desde el rincón más oscuro, y olvidando el cansancio, exhalaban famélicos bostezos, meneando la cola y levantando el partido hocico.
  • El marqués se lo acercó a la boca, divirtiéndose un rato en quitárselo cuando ya el rapaz creía ser dueño de él.
  • A Julián le ayudaba en su triunfo, amén de la gracia de Dios que él solicitaba muy de veras, la endeblez de su temperamento linfático nervioso, puramente femenino, sin ardores ni rebeldías, propenso a la ternura, dulce y benigno como las propias malvas, pero no exento, en ocasiones, de esas energías súbitas que también se observan en la mujer, el ser que posee menos fuerza en estado normal, y más cantidad de ella desarrolla en las crisis convulsivas.
  • Todo eso de la casa de mi sobrino debe ser un desbarajuste.
  • La tarea, en apariencia fácil, no dejaba de ser enfadosa para el aseado presbítero.
  • Las arañas, columpiando su hidrópica panza sobre sus descomunales zancos, solían ser más listas y refugiarse prontísimamente en los rincones oscuros, a donde las guía misterioso instinto estratégico.
  • A no ser por semejante desgracia, acaso hubiera tenido carrera.
  • Tal vez la filosofía de Primitivo era que no hay hombre sin vicio, y no había de ser Julián la excepción.
  • Pero al poco rato, descorazonado por tanta mezquina contrariedad, desesperando de ser útil jamás a la casa de Ulloa, se enfrascaba nuevamente en sus páginas místicas.
  • Afeminaciones, afeminaciones, gruñía entre dientes, convencidísimo de que la virtud en el sacerdote, para ser de ley, ha de presentarse bronca, montuna y cerril.
  • Allí se reunían una tía y dos primas de don Eugenio a quienes por ser muchachas y frescas no quería el párroco tener consigo a diario en la rectoral.
  • Por ser nuevo en el país y haber rehusado siempre quedarse a comer en las fiestas, era blanco de todas las miradas.
  • Pero ya le pesaba, de su corta paciencia, y resolvía ser más sufrido en lo venidero.
  • Ser bueno es lo que importa.
  • No sólo estamos obligados a ser buenos, sino a parecerlo.
  • Sólo que en este pícaro mundo también se necesita ser cauto como la serpiente.
  • ¡Hay tantas señoritas buenas y honradas! A no ser por la oscuridad, vería Julián chispear los ojos del marqués de Ulloa.
  • ¡Cómo ha de ser! Dios nos lleva y trae según sus fines.
  • Don Pedro, a pesar de la urgencia alegada para apurar a Julián, aguardó dos minutos en la puerta, quizás con la ilusión recóndita de ser detenido por la muchacha.
  • Sin ser lo que se llama obeso, su humanidad se desbordaba por todos lados.
  • Un carácter masculino mezclado a los hechizos femeniles, un bozo que iba pasando a bigote, una prolongación del nacimiento del pelo sobre la oreja que, descendiendo a lo largo de la mandíbula, quería ser, más que suave patilla, atrevida barba.
  • ¿quién había de ser?
  • A pesar de conocer a Orense y haber estado en Santiago cuando niño, discurría y fantaseaba a su modo lo que debe ser una ciudad moderna.
  • Don Manuel Pardo le veía gustoso acercarse a sus hijas, por ser el señorito de la Formoseda de muy limpio solar montañés, y no despreciable caudal.
  • Las familias no podían ser mejores ni más para en una.
  • No hería su amor propio ser dominado por Primitivo y vendido groseramente por Sabel en su madriguera de los Pazos, pero sí que le torease en Compostela su artificiosa primilla.
  • La hembra destinada a llevar el nombre esclarecido de Moscoso y a perpetuarlo legítimamente había de ser limpia como un espejo.
  • Mas debía ser errónea tan maliciosa suposición, porque Rita aprovechó un segundo de suspensión de hostilidades para huir nuevamente, gritando.
  • No adornaban la mesa flores, a no ser las rosas de trapo de las tartas o ramilletes de piñonate.
  • Aparte de la manía de referir en las sobremesas y entre amigos de confianza mil anécdotas, no contrarias al pudor, pero sí a la serenidad del estómago de los oyentes, era don Manuel persona cortés y de buenas formas para presidir, verbigracia, un duelo, asistir a una junta en la Sociedad Económica de Amigos del País, llevar el estandarte en una procesión, ser llamado al despacho de un gobernador en consulta.
  • Este género de imposición y fiscalización, aunque tan disculpable, irritó a don Pedro, que según decía, no aguantaba ancas ni gustaba de ser manejado por nadie en el mundo.
  • Puede ser que aún tengamos más pesquis, y veamos lo que ustedes no ven.
  • El marquesado allí se había deshecho como la sal en el agua, merced a la malicia de un viejecillo, miembro del maldiciente triunvirato, a quien correspondía, por su acerada y prodigiosa memoria y años innumerables, el ramo de averiguación y esclarecimiento de añejos sucedidos, así como al más joven, que conocemos ya, tocaban las investigaciones de actualidad, viniendo a ser cronista el uno y analista el otro de la metrópoli.
  • ¿Y no puede también ser una Moscosita?
  • Tiene que ser un chiquillo, porque si no le retuerzo el pescuezo a lo que venga.
  • Andando el tiempo aquella gracia había de ser severidad, y a las oscuras trenzas sucederían las canas de plata, sin que en la pura frente imprimiese jamás una mancha el delito ni una arruga el remordimiento.
  • ¡Quiá! Vamos a ser muy amigotes tú y yo.
  • No ha de ser formal como los mayores.
  • Y entre el trigo y el estrado, sentadas en tallos (asientos de tronco de roble bruto, como los que usan los labriegos más pobres), dos viejas secas, pálidas, derechas, vestidas de hábito del Carmen, ¡hilaban! Jamás había creído la señora de Moscoso que vería hilar más que en las novelas o en los cuentos, a no ser a las aldeanas, y le produjo singular efecto el espectáculo de aquellas dos estatuas bizantinas, que tales parecían por su quietud y los rígidos pliegues de su ropa, manejando el huso y la rueca, y suspendiendo a un mismo tiempo la labor cuando ella entró.
  • Acongojóse el espíritu de Julián pensando en que el recato de Nucha iba a ser profanado, y su cuerpo puro tratado quizás como se trata a los cadáveres en la mesa de anatomía.
  • Por otra parte, Sabel, en realidad, no carecía de experiencia doméstica, ni dejaría de ser útil.
  • Corsé para volver angosto lo que debe ser vasto.
  • También el hidalgo rancio pensaba que la mujer debe ser principalmente muy apta para la propagación de la especie.
  • Empujábanla hacia dentro las horribles torturas físicas que habían sacudido sus nervios, la fiebre devoradora que trastornó su cerebro al invadir su pecho la ola de la leche inútil, el desconsuelo de no poder ofrecer a su niña aquel licor que la ahogaba, la extenuación de su ser del cual la vida huía gota a gota sin que atajarla fuese posible.
  • No obstante, las hembras de Castrodorna suelen ser tan honestas como selváticas.
  • Fue pensar en lo excusado convencerla de que la niña que criaba era un ser delicado y frágil, que no se podía traer mal envuelto en retales de bayeta grana, dentro de una banasta mullida de helechos, y dejarse a la sombra de un roble, a merced del viento, del sol y de la lluvia, como los recién nacidos del valle de Castrodorna.
  • Perucho ya no se ocultaba, antes se le encontraba por todas partes enredado en los pies, y, en suma, las cosas iban tornando al ser y estado que tuvieron antes.
  • Pero yo no tengo agallas, como dice muy bien el señorito, y ellos pueden y saben más que yo, a pesar de ser unos brutos.
  • Nada aconteció aquel día que lo diferenciase de los demás, pues allí la única variante solía ser el mayor o menor número de veces que mamaba la chiquitina, o la cantidad de pañales puestos a secar.
  • Merced a la situación de la escalera, dominaba Julián la mesa, trípode y ara del temeroso rito, y sin ser visto podía ver y entreoír algo.
  • Sino que, sin dejar de ser la misma, había mudado de forma.
  • Ya me carga de veras ser tan boba.
  • , habían de ser las once de la mañana, y puede que aún no las fuesen.
  • Entró un día en la punta de los pies, y sin ser sentido fue arrimándose a la cuna.
  • Iba la criatura saliendo de esa edad en que los niños parecen un lío de trapos, y sin perder la gracia y atractivo del ser indefenso y débil, tenía el encanto de la personalidad, de la soltura cada vez mayor de sus movimientos y conciencia de sus actos.
  • Cada uno de estos grandes progresos en el camino de la vida era sorpresa y placer inefable para Julián, confirmando su dedicación paternal al ser que le dispensaba el favor insigne de tirarle de la cadena del reloj, manosearle los botones del chaleco, ponerle como nuevo de baba y leche.
  • Pero, a no ser en uno de sus momentos de arrechucho puramente nervioso, no podía, no sabía, no acertaba a dar un paso, a adoptar una medida aunque ésta fuese tan fácil y hacedera como escribir cuatro renglones a don Manuel Pardo de la Lage, informándole de lo que ocurría a su hija.
  • El abad de Boán, nacido con más vocación de guerrillero que de misacantano, apretaba con júbilo la pistola, olfateaba el peligro, y, a ser caballo, hubiera relinchado de gozo.
  • El Tuerto empuñó una especie de tralla, que, manejada por diestra vigorosa, debía ser de terrible efecto.
  • Pues yo explicó el hidalgo, si supiese que habían de ser tan cobardes y echar a correr sin volvérsenos siquiera, a fe que no me tomo el trabajo de salir.
  • Puede ser grave.
  • Puede ser grave.
  • Sí que podía ser grave.
  • Pues no ha de ser así resolvía el capellán con esfuerzo.
  • Y ha de ser aquí, por fuerza.
  • ¡Cuánto daría por ser elocuente! Y no se le ocurría nada, nada.
  • Me propuse ser buena, quererle mucho, obedecerle, cuidar de mis hijos.
  • Atravesando la cocina, colóse en la habitación baja donde despachaba Primitivo, y empujando la puerta, le vio sentado ante una gran mesa antigua, sobre la cual se encrespaba un maremágnum de papelotes cubiertos de cifras engarrapatadas, de apuntes escritos con letra jorobada y escabrosa, por mano que no debía ser diestra ni aun en palotes.
  • ¡Renunciar! ¡A buena parte! Aquel mismo embrión de conciencia que en el fondo de su ser, donde todos tenemos escrita desde ab initio gran parte del Decálogo, le gritaba.
  • Estaba escrito que aquella mañana había de ser fecunda en extraordinarias sorpresas.
  • Aquel día, según indicios, debía ser el de la general matanza.
  • Se deslizó sin ser visto por la cocina, y subió la escalera a escape.
  • La edad viril le había enseñado y dado a conocer cuánto es el mérito y debe ser la corona del sacerdote puro.
  • ¿Y quién podía ser esa persona?
  • Allí se detuvo el insecto, y allí también Julián, con el corazón palpitante, con la vista nublada, y el espíritu, por vez primera después de largos años, trastornado y enteramente fuera de quicio, al choque de una conmoción tan honda y extraordinaria, que él mismo no hubiera podido explicarse cómo le invadía, avasallándole y sacándole de su natural ser y estado, rompiendo diques, saltando vallas, venciendo obstáculos, atropellando por todo, imponiéndose con la sobrehumana potencia de los sentimientos largo tiempo comprimidos y al fin dueños absolutos del alma porque rebosan de ella, porque la inundan y sumergen.
  • Y ¿puede nunca ser obra del azar ciego una finalidad, cualquiera que sea?
  • Otras, en cambio, vienen a ser lo que las clases productoras en las sociedades humanas.
  • Ello debe de ser, en parte al menos, obra de los hortelanos.
  • Lo cual significa que tanto la espinaca como el perejil no quieren ser trasplantados.
  • Todas las plantas han de ser regadas, según la buena horticultura, por la mañana o por la tarde.
  • Es que no quiere ser cogido entonces, cuando está verde, cuando es joven, cuando puede gozar aún de la alegría y del amor.
  • Pero con ser tan humilde, guarda esta hierba una ambición secreta y de tal magnitud, que casi se puede afirmar que es una monstruosidad.
  • La raza ha de ser fuerte, recia, audaz, incontrastable.
  • Porque el pianista ha tocado un concierto de Humel (ópera 83, hay que ser precisos).
  • Hay ya en la vida sensaciones delicadas que no pueden ser expresadas con los vocablos corrientes.
  • Azorín se ha ruborizado, pero ha convenido interiormente en que algo benévolo debe de ser cuando se apresta a oír la lectura que el viejo va a hacerle de tres zarzuelas suyas, cada una en un acto.
  • El arte, ¿puede nunca ser anticuado?
  • Azorín tiene, como no podía ser menos, su estética teatral, que algunos críticos han encontrado exagerada.
  • Sevilla tiene la gloria de ser la patria del mejor pintor de la Virgen.
  • Indudablemente ha concluido, yo puedo ser un genio, pero he de reconocer que aquí, en este pueblo, no estoy solo.
  • Y ante el burgués innoble, entre este vulgo ignaro, Orsi y Azorín ¡no podía ser de otro modo! se han reconocido como dos almas superiores, y han ido en compañía de Sarrió que también a su manera es un alma superior a tomar unas olorosas copas de ajenjo.
  • Y Azorín se acerca la copa a los labios y piensa que en la vida no hay nada grande ni pequeño, puesto que un grano de arena puede ser para un hombre sencillo una montaña.
  • Todo no puede ser uniforme, igual, gris.
  • Otros podrán no ser simpáticos, pero éste lo es.
  • Este hombre, además de ser obispo, es un poco sabio y un poco artista, y en los ratos que le dejan libre sus cuidados se asoma al río y va echando migajas a los patos.
  • Todo tiene su razón de ser en la vida.
  • Hay muy pocas mujeres elegantes, porque son muy pocas las que se resignan a ser sencillas.
  • Pero somos muy contados los que nos avenimos a ser naturales y claros.
  • Las mujeres que han llegado a ser duchas en elegancias, acaban por ser sencillas.
  • Los escritores que han leído y escrito mucho, acaban también por ser naturales.
  • ¿Qué cree usted preferible, ser amada sin amar o amar sin ser amada?
  • He amado sin ser amada, y ahora soy amada sin corresponder, bien a pesar mío.
  • Pudo ser feliz un momento y no quiso serlo.
  • Yo he leído en los diccionarios que autotelia significa cualidad de un ser que puede trazarse a sí mismo el fin de sus acciones.
  • Quedé en escribirte desde París, pero no puede ser, porque no he ido aún a París.
  • Para ser periodista político no se necesita más que tener mala intención.
  • La ingenuidad, la sencillez no pueden ser queridas.
  • Cuando queramos ser ingenuos, ya no lo somos.
  • A estas horas no podía ser ningún madrileño.
  • ¡Sería una aberración! Luego este hombre debía de ser un hombre de provincias.
  • En algunos puntos la lucha es empeñada, y los vetustos aparatos están a punto de ser derrotados por los nuevos.
  • Y el aceite extraído es tan ínfimo, que sólo puede ser vendido a las fábricas de jabones.
  • Otra vez, después de este breve descanso, he de volver a ser hombre de todas horas, como decía Gracián.
  • Otra puerta torna a ser aporreada formidablemente.
  • Parece ser que una simple decisión del gobierno acabará con él.
  • Un papel azul doblado y cerrado no puede ser más que un telegrama.
  • Y más valdrá, entre juzgar a los hombres y echar el peso de nuestro voto a una u otra banda, no echarlo a ninguna, y no juzgar a nadie ni ser juzgado.
  • Es preciso ser el eterno hombre de todas horas, en perpetua renovación, siempre nuevo, siempre culto, siempre ameno.
  • Sí, a ser tía.
  • Y así debe ser.
  • ¿Y no puede ser la tuya también?
  • No soy hombre, y la mujer tiene que esperar y ser elegida.
  • Y yo, la verdad, me gusta elegir, pero no ser elegida.
  • ¡Pues bien, sí, no tendrán madrastra! Y eso no puede ser sino casándote tú con mi Ramiro, y mira, no tengo celos, no.
  • ¡Si ha de ser de otra, que sea tuyo! Que sea tuyo.
  • Pero y esto sí que lo recordaba bien ahora pero para explicárselo había fraguado su teoría, y era que hay un amor aparente y conciente, de cabeza, que puede mostrarse muy grande y ser, sin embargo, infecundo, y otro sustancial y oculto, recatado aun al propio conocimiento de los mismos que lo alimentan, un amor del alma y el cuerpo enteros y justos, amor fecundo siempre.
  • Oración ha de ser el comer y el beber y el pasearse y el jugar y el leer y el escribir y el conversar y hasta el dormir, y rezo todo, y nuestra vida un continuo y mudo ¡hágase tu voluntad! y un incesante ¡venga a nos el tu reino! no ya pronunciados, mas ni aun pensados siquiera, sino vividos.
  • ¿Ya empiezas a ser bruto, a ser hombre?
  • No podía ser de otro modo.
  • Esto no puede ser así.
  • ¿Y no puede ser novia y hermana?
  • ¿Y qué es ser hermana?
  • ¿Ser hermana?
  • Ser hermana es.
  • Sí, me dijo que yo habría de llegar a ser la mujer de su hombre, su otra mujer se decía, pero no pudo querer eso, no, no pudo quererlo.
  • ¡de otra no! no se puede ser más que de una.
  • Sí, que vas a ser nuestra mamá cuando pasen unos meses.
  • Puede ser.
  • Puede ser.
  • Porque esta mujer había rehuído siempre ser dirigida, y menos por un hombre.
  • Si te hicieses monja solía decirle llegarías a ser otra Santa Teresa.
  • Sí, le ayudo y le sostengo a ser padre.
  • A ser padre.
  • A ser padre.
  • Es que esa fortaleza, hija mía, puede alguna vez ser dureza, ser crueldad.
  • Si tuviéramos hijos llegaría yo a ser, quieras o no, madrasta de los que me dejó mi hermana.
  • ¡Pues, no, padre, no, no y no! Yo no puedo ser remedio contra nada.
  • No puede ser, no puede ser.
  • Pero que des padre al que haya de ser tu nuevo hijo, y que le des madre también.
  • Esa hospiciana tiene derecho a ser madre, tiene ya el deber de serlo, tiene derecho a su hijo y al padre de su hijo.
  • Nadie le quitará de ser madre.
  • Eso no será ser madre.
  • Sigue asustada de ser tu mujer y ama de su casa.
  • No he de ser madrasta para él, yo que hago que no lo tengan los otros.
  • Puede ser, pero debes libertarla.
  • Bueno, pues la Naturaleza, la Virgen, la Gracia o lo que sea, hace que en estos casos la madre se defienda y resista hasta que dé a luz al nuevo ser.
  • Cada mujer puede ser un cielo.
  • Todo pudiera ser.
  • Y fué Gertrudis la que le obligó a casarse con aquélla, quien se plantó en firme en que había de ser la madre misma quien criara al hijo.
  • El biberón, ese artefacto industrial, llegó a ser para Gertrudis el símbolo y el instrumento de un rito religioso.
  • , sólo cinco y no más que cinco, ni uno menos, ni uno más, ¡qué bonito! ¡Y no puede ser de otro modo, tiene que ser así!, y al decirlo me mostraba los cinco modelos en cartulina blanca, blanquísima, que ella misma había construído, con sus santas manos, que eran prodigiosas para toda labor, y parecía como si acabase de descubrir por sí misma la ley de los cinco poliedros regulares.
  • Que no se encierre en su cuarto pensaba, que no esté nunca, a poder ser, solo.
  • Confesábase Gertrudis con el confesor de Ramirín, y era para, dirigiendo al director del muchacho en la dirección de éste, ser ella la que de veras le dirigiese.
  • ¡Eso no puede ser, padre! Y si Dios le llamase por ese camino.
  • ¡Y remordimiento no puede ser! ¿De qué.
  • Puede ser.
  • Puede ser.
  • No me los he mirado nunca de cerca ni puedo vérmelos desde dentro, pero puede ser.
  • Puede ser.
  • Algo así debe de ser el cielo.
  • Además, como todo ha de ser inútil.
  • Si pudiera ser.
  • ¡Ah, sí! Si pudiera ser yo saldría a cojerte y llevarte conmigo.
  • Manolita se preparaba a ser el posible lazo entre cuatro probables familias venideras.
  • Precisamente por ser secretos.