¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras A, por y todas aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 3 palabras.
Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.
- Su club era el salón de un amigo y pariente, al cual iban casi todas las noches Don Manuel Cantero, Don Cirilo Álvarez y Don Joaquín Aguirre, y algunas Don Pascual Madoz.
- Mas era tan discreta y delicada, que no se atrevía a elogiarle delante de sus amigas, sospechando que todas las demás señoras habían de tener celos de ella.
- Los domingos, mi mamá tenía que ponerme la corbata y encasquetarme el sombrero, porque todas las prendas del día de fiesta parecían querer escapárseme del cuerpo.
- Pero de lo que más provecho sacó la casa fue del ramo de capotes y uniformes para el Ejército y la Milicia Nacional, no siendo tampoco despreciable el beneficio que obtuvo del artículo para capas, el abrigo propiamente español que resiste a todas las modas de vestir, como el garbanzo resiste a todas las modas de comer.
- Otras tenían los pisos en declive, y en todas ellas oíase hasta el respirar de los vecinos.
- Lo más que se le permitía era poner sobre el tablero de ajedrez que estaba en la vitrina de la ventana enrejada (entonces no había escaparates), todas las piezas de un juego, no de los más finos, a un lado las blancas, a otro las encarnadas.
- En todas ellas se leía.
- Entonces pasaron por las manos de Barbarita todas las preciosidades que en su niñez le parecían juguetes y que le habían producido fiebre.
- Los esposos salían a paseo juntos todas las tardes.
- Y que no le disputara esta gloria Juana Trujillo, madre de Baldomero, la cual había muerto el año anterior, porque Asunción probaría ante todas las cancillerías celestiales que a ella se le había ocurrido la sublime idea antes que a su prima.
- En todas las fechas que recuerdan algo dichoso para la familia, se hacen recíprocamente sus regalitos, y para colmo de felicidad, ambos disfrutan de una salud espléndida.
- Todas las noches del año le obligaba a rezar el rosario con los dependientes de la casa.
- Mientras estudió la segunda enseñanza en el colegio de Masarnau, donde estaba a media pensión, su mamá le repasaba las lecciones todas las noches, se las metía en el cerebro a puñados y a empujones, como se mete la lana en un cojín.
- Ved por dónde aquella señora se convirtió en sibila, intérprete de toda la ciencia humana, pues le descifraba al niño los puntos oscuros que en los libros había, y aclaraba todas sus dudas, allá como Dios le daba a entender.
- Pero en lo que no hubo variación fue en aquel piadoso atavismo de hacerles rezar el rosario todas las noches.
- También se dejó sentir aquí, como en todas partes, el efecto de otro fenómeno comercial, hijo del progreso.
- Era, por añadidura, la época en que la clase media entraba de lleno en el ejercicio de sus funciones, apandando todos los empleos creados por el nuevo sistema político y administrativo, comprando a plazos todas las fincas que habían sido de la Iglesia, constituyéndose en propietaria del suelo y en usufructuaria del presupuesto, absorbiendo en fin los despojos del absolutismo y del clero, y fundando el imperio de la levita.
- Este Madrid, que entonces era futuro, se le representó con visiones de camisas limpias en todas las clases, de mujeres ya acostumbradas a mudarse todos los días, y de señores que eran la misma pulcritud.
- Vi Aquella gran mujer, Isabel Cordero de Arnaiz, dotada de todas las agudezas del traficante y de todas las triquiñuelas económicas del ama de gobierno, fue agraciada además por el Cielo con una fecundidad prodigiosa.
- ¿Y cómo casarlas bien a todas?
- Pero la fecunda esposa no las tenía todas consigo.
- Pero en lo que mayormente sobresalían todas era en el arte de arreglar sus propios perendengues.
- El llamado Estupiñá debía de ser indispensable en todas las tertulias de tiendas, porque cuando no iba a la de Arnaiz, todo se volvía preguntar.
- Estupiñá tenía un vicio hereditario y crónico, contra el cual eran impotentes todas las demás energías de su alma.
- A todas las conocía, y se enteraba de lo que iban a vender y de cuanto ocurriera en la familia de cada una de ellas.
- Estupiñá abría todas las mañanas, barría y regaba la acera, se ponía los manguitos verdes y se sentaba detrás del mostrador a leer el Diario de Avisos.
- A todas estas el cajón del dinero no se abría ni una sola vez, y a la vara de medir, sumida en plácida quietud, le faltaba poco para reverdecer y echar flores como la vara de San José.
- Todas las puertas se le franqueaban, y en todas partes le ponían buena cara por su honradez, sus buenas maneras y principalmente por aquella bendita labia que Dios le había dado.
- En todas las penas y alegrías de la casa era siempre el partícipe más sincero.
- El ser todas de piedra, desde la Cava hasta las bohardillas, da a las escaleras de aquellas casas un aspecto lúgubre y monumental, como de castillo de leyendas, y Estupiñá no podía olvidar esta circunstancia que le hacía interesante en cierto modo, pues no es lo mismo subir a su casa por una escalera como las del Escorial, que subir por viles peldaños de palo, como cada hijo de vecino.
- Jaulones enormes había por todas partes, llenos de pollos y gallos, los cuales asomaban la cabeza roja por entre las cañas, sedientos y fatigados, para respirar un poco de aire, y aun allí los infelices presos se daban de picotazos por aquello de si tú sacaste más pico que yo.
- Su ciencia era su fe religiosa, y ni para rezar necesitaba breviarios ni florilogios, pues todas las oraciones las sabía de memoria.
- Y todas las denuncias eran como estas, bobadas, subterfugios, evasivas.
- Barbarita quería mucho a todas sus sobrinas.
- Hasta que ciertas tenacidades de carácter que en la niñez eran un defecto, agradábanle cuando Jacinta fue mujer porque no es bueno que las hembras sean todas miel, y conviene que guarden una reserva de energía para ciertas ocasiones difíciles.
- La educación del hombre de nuestros días no puede ser completa si este no trata con toda clase de gente, si no echa un vistazo a todas las situaciones posibles de la vida, si no toma el tiento a las pasiones todas.
- Agradabilísimo día pasaron, viendo el risueño país que a sus ojos se desenvolvía, el caudaloso Ebro, las marismas de su delta, y por fin, la maravilla de la región valenciana, la cual se anunció con grupos de algarrobos, que de todas partes parecían acudir bailando al encuentro del tren.
- Y por todas partes flores, arbustos tiernos.
- Allí esperaron el tren de Andalucía, tomaron chocolate, y vuelta a rodar por otra zona manchega, la más ilustre de todas, la Argamasillesca.
- También le gustaba a Jacinta ver que todas las mujeres, aun las viejas que piden limosna, llevan su flor en la cabeza.
- Una tarde fueron a comer a un bodegón de Triana, porque decía Juanito que era preciso conocer todo de cerca y codearse con aquel originalísimo pueblo, artista nato, poeta que parece pintar lo que habla, y que recibió del Cielo el don de una filosofía muy socorrida, que consiste en tomar todas las cosas por el lado humorístico, y así la vida, una vez convertida en broma, se hace más llevadera.
- Todas mis faltas las veo claras esta noche.
- Sí, todas las papas que yo le decía, se las tragaba.
- Déjame que me prosterne ante ti y ponga a tus pies todas mis culpas para que las perdones.
- Hay momentos en la vida de los pueblos, digo, en la vida de los hombres, en que uno debiera tener mil bocas para con todas ellas a la vez.
- Y después, cuando el despejo de su cerebro le hacía dueño de todas sus triquiñuelas de hombre leído y mundano, no volvió a salir de sus labios ni un solo vocablo soez, ni una sola espontaneidad de aquellas que existían dentro de él, como existen los trapos de colorines en algún rincón de la casa del que ha sido cómico, aunque sólo lo haya sido de afición.
- Largo rato charlaron, mezclando las discusiones con los cariños discretos (por que en Sevilla entró gente en el coche y no había que pensar en la besadera ), y cuando vino la noche sobre España, cuyo radio iban recorriendo, se durmieron allá por Despeñaperros, soñaron con lo mucho que se querían, y despertaron al fin en Alcázar con la idea placentera de llegar pronto a Madrid, de ver a la familia, de contar todas las peripecias del viaje (menos la escenita de la noche aquella) y de repartir los regalos.
- Los de Santa Cruz, como familia respetabilísima y rica, estaban muy bien relacionados y tenían amigos en todas las esferas, desde la más alta a la más baja.
- Es curioso observar cómo nuestra edad, por otros conceptos infeliz, nos presenta una dichosa confusión de todas las clases, mejor dicho, la concordia y reconciliación de todas ellas.
- Insensiblemente, con la ayuda de la burocracia, de la pobreza y de la educación académica que todos los españoles reciben, se han ido compenetrando las clases todas, y sus miembros se introducen de una en otra, tejiendo una red espesa que amarra y solidifica la masa nacional.
- Sólo se puede intentar tal empresa con la ayuda de Estupiñá, que sabe al dedillo la historia de todas las familias comerciales de Madrid, y todos los enlaces que se han hecho en medio siglo.
- Sus amistades verdaderas, como los parentescos reconocidos, no eran en gran número, aunque sí abarcaban un círculo muy extenso, en el cual se entremezclaban todas las jerarquías.
- Allí tenía número sobrado de habitaciones, todas en un solo andar desde el salón a la cocina.
- Quien no recibiera a todas horas el hálito tenderil de la calle de Postas, y no escuchara por Navidad los zambombazos y panderetazos de la plazuela de Santa Cruz.
- Todas las demás lo estaban con colgadura de papel, de un arte dudoso, dominando los grises y tórtola con oro.
- La de Pacheco, que tenía buenas despachaderas, no se quedaba callada, y respondía con donaire a todas las bromas sin enojarse nunca.
- Había entre los dos una rivalidad tácita, que se manifestaba en la emulación para lanzar observaciones sintéticas sobre todas las cosas.
- En todas las ocasiones, el desprenderse de una cantidad fuerte le costaba siempre algún trabajo, al contrario de los dadivosos que cuando dan parece que se les quita un peso de encima.
- Poníase Barbarita de parte del desterrado príncipe, y como el sentimiento tiene tanta parte en la suerte de los pueblos, todas las mujeres apoyaban al príncipe y le defendían con argumentos sacados del corazón.
- Pero desgraciadamente la obra, como de Wagner, era muy larga, música excelente según Juan y todas las personas de gusto, pero que a ella no le hacía maldita gracia.
- Ya sé que estas cosas a nadie le importan más que a mí, al esposo ultrajado, al hombre que sabe poner su honor por encima de todas las cosas.
- Gesticulaba en medio de la habitación, iba de un lado para otro, parábase delante de los esposos sin ninguna muestra de respeto, daba rápidas vueltas sobre un tacón y tenía todas las trazas de un hombre completamente irresponsable de lo que dice y hace.
- La culebra que se le había enroscado dentro, desde el pecho al cerebro, le comía todos los pensamientos y las sensaciones todas, y casi le estorbaba la vida exterior.
- Ya me las pagarás todas juntas.
- Jacinta veía las piezas de tela desenvueltas en ondas a lo largo de todas las paredes, percales azules, rojos y verdes, tendidos de puerta en puerta, y su mareada vista le exageraba las curvas de aquellas rúbricas de trapo.
- De todas las puertas abiertas y de las ventanillas salían voces o de disputa, o de algazara festiva.
- Todas las luteras están paradas, señora.
- Todas las vecinas reconocieron la necesidad de lavarle.
- Guardaría, pues, su tesoro, y se valdría de todas las trazas de su ingenio para defenderlo de las miradas y de las uñas de Nicanora.
- Andando, andando, le entró de improviso un celo tan vehemente por la instrucción pública, que le faltó poco para caerse de espaldas ante los estólidos letreros que veía por todas partes.
- También se puede asegurar, sin temor de que ningún dato histórico pruebe lo contrario, que Platón no era valiente, y que, a pesar de tanta baladronada, su reputación de braveza empezaba a decaer como todas las glorias de fundamento inseguro.
- De todas las flaquezas humanas, la primera que apunta en el niño, anunciando el hombre, es la presunción.
- Temerosa de que se enfriara, apuró todas las razones para sosegarle, y viendo que no podía ser, quitose la bata y se metió con él en la cama, dispuesta a pasar la noche abrigándole por fuerza como a los niños, y arrullándole para que se durmiera.
- Apenas llegaron a los corredores del primer patio, viéronse rodeadas por pelotones de mujeres y chicos, y para evitar piques y celos, Jacinta tuvo que poner algo en todas las manos.
- Vio a muchas subir con el jarro de leche de almendras, que les dieran en el café de los Naranjeros, y de casi todas las cocinas salía tufo de fritangas y el campaneo de los almireces.
- Pero al fin se dejó llevar, seducido con la promesa de que le iban a comprar un nacimiento y muchas cosas buenas para que se las comiera todas.
- Es el vivo retrato afirmó la otra, queriendo cerrar la puerta, con una opinión absoluta, a todas las dudas que pudieran surgir.
- Veinticinco personas había en la mesa, siendo de notar que el conjunto de los convidados ofrecía perfecto muestrario de todas las clases sociales.
- Entró Benigna, que venía de misa, y corroboró todas aquellas denuncias, aunque con tono indulgente.
- Veréis qué pronto aprende él todas las cosas.
- Era como un perrillo que prontamente distingue a su amo entre todas las personas que le rodean, y se adhiere a él y le mima y acaricia.
- Jacinta les hubiera echado, abriendo todas las ventanas y sacudiéndoles con una servilleta, como se hace con las moscas.
- ¡Ah, las mujeres!, todas ellas tienen una novela en la cabeza, y cuando lo que imaginan no aparece en la vida, que es lo más común, sacan su composicioncita.
- A todas esas.
- A todas estas, fuera de las Cortes se estaba preparando la máquina para echarles la zancadilla.
- Ansiedad en todas las caras.
- Y la pobre Jacinta, a todas estas, descrismándose por averiguar qué demonches de antojo o manía embargaba el ánimo de su inteligente esposo.
- Halló caras conocidas y amigas, caras desconocidas y repugnantes, y a todas pidió noticias, buscando remedio al tifus de curiosidad que le consumía.
- Cinco veces la echó de su casa y otras tantas volvió a admitirla, después de pagarle todas sus trampas.
- Todas sus ganancias se le iban por entre los dedos, frecuentando mucho los cafés en sus ratos de descanso, convidando sin tasa a los amigos y dándose la mejor vida posible en las poblaciones que visitaba.
- Como ya iba aprendiendo el oficio, se administraba el yoduro de potasio en todas las formas posibles, y andaba siempre con un canuto en la boca aspirando brea, demonios o no sé qué.
- Apuntó Maximiliano, que habría deseado que todas las hembras lo fueran.
- Porque su loco entusiasmo le impulsaba a la salvación social y moral de su ídolo, y a poner en esta obra grandiosa todas las energías que alborotaban su alma.
- ¡Y qué horrorizado se quedaba oyendo contar lo mal que se portó el seductor de aquella hermosura! El honradísimo aprendiz de farmacéutico no comprendía que pudieran existir hombres tan malos, y las penas todas del infierno parecíanle pocas para castigarles.
- Primeramente tuvo un cajón de casquería en la plaza, y después puso tienda de quincalla iba a todas las ferias con un sin fin de arcas llenas de baratijas, y armaba tiendas.
- Una mañana, mientras ella dormía, le empeñó todas sus alhajas, para jugar.
- Sin embargo, no las tenía todas consigo, porque como se dan casos de que salga fallido lo que el corazón anuncia, pasaba el pobre chico horas de verdadera angustia, y a solas en su casa, se metía en unos cálculos muy hondos para averiguar el estado de los sentimientos de su querida.
- Todas las mañanas la tenía media hora haciendo palotes.
- En poco tiempo le enseñó todas las fórmulas que se usan en una visita de cumplido, cómo se saluda al entrar y al despedirse, cómo se ofrece la casa y otras muchas particularidades del trato fino.
- Entrábale una embriaguez de amor que le hacía ver todas las cosas teñidas de optimismo.
- La chiquilla, después que le dijo todas aquellas injurias, se puso a repasar una media, en la cual tenía metida la mano izquierda como en un guante.
- En cuanto a las peinadoras, todas son unas grandes alcahuetas, y en la casa donde entran no puede haber paz.
- Entrole Papitos el chocolate, y, la verdad, no pudo pasarlo, porque se le había puesto en el epigastrio la tirantez angustiosa, síntoma infalible de todas las situaciones apuradas, lo mismo por causa de exámenes que por otro temor o sobresalto cualquiera.
- ¡Estarse una matando toda la vida prosiguió ella, para sacar adelante al dichoso sobrinito, sortearle las enfermedades a fuerza de mimos y cuidados, darle una carrera quitándome yo el pan de la boca, hacer por él lo que no todas las madres hacen por sus hijos para que al fin!
- Si no discurriera tanto como discurro, calentándome los sesos a todas horas y empleando en mil menudencias estas entendederas que Dios me ha dado, ¿qué habría sido de ti, ingratuelo?
- En todas sus aflicciones se consolaba con la dulce memoria de su felicidad matrimonial, pues Jáuregui había sido el mejor de los hombres y el número uno de los maridos.
- El éxito y las ganancias engolosinaron a doña Lupe, que adquirió gradual y rápidamente todas las cualidades del perfecto usurero, y echó el medio pecho de algodón, haciéndose insensible, implacable y dura cuando de la cobranza puntual de sus créditos se trataba.
- Pero no las tenía todas consigo.
- Alzar los hombros, sacudir la ceniza del cigarro con el dedo meñique, y decir que ahí se las den todas.
- Lárgate de aquí, sinvergüenza, o te quito todas las muelas de una bofetada.
- Maximiliano, que al principiar el réspice, estaba anonadado, se rehízo de súbito, y todas las fuerzas de su espíritu se pronunciaron con varonil arranque.
- ¡Quién sabe se dijo, lo que pasará después de estar allí tratando con las monjas, rezando y viendo a todas horas la custodia! De seguro me volveré otra sin sentirlo.
- También ella prefería las propiedades de campo a todas las demás clases de riqueza.
- Por fin llegó el instante de la despedida, que Fortunata deseaba con ansia y temía, considerándose incapaz de decir con claridad y sosiego todas aquellas fórmulas últimas y el ofrecimiento de la casa.
- Hablando luego de que la metían en las Micaelas, todas las presentes elogiaron esta resolución, y doña Lupe se encastilló más en su vanidad, diciendo que había sido idea suya y condición que puso para transigir, que después de una larga cuarentena religiosa podía ser admitida en la familia, pues las cosas no se podían llevar a punto de lanza, y eso de tronar con Maximiliano y cerrarle la puerta, muy pronto se dice.
- Nicolás, que estaba presente, no habría permitido tampoco zalamerías de amor ni besuqueo, y ayudaba a recoger y agrupar todas las cosas que habían de llevarse, añadiendo observaciones tan prácticas como esta.
- Mejor tuviera vergüenza de ponerse la teta de trapo para que crea la gente que tiene las dos de verdad, como las tienen todas y como las tendré yo el día de mañana.
- Todas las mañanas antes de ir a clase, hacía Rubín esta excursión al campo de sus ilusiones.
- La Superiora volvía las gafas a todas partes buscando algo que reprender.
- Cuando si yo quisiera, de tres bofetadas las tumbaba a todas patas arriba.
- Era ya un fenómeno familiar, y los domingos, cuando cesaba, la falta de aquella música era para todas las habitantes de la casa la mejor apreciación de día de fiesta.
- Eran todas niñas de cinco a diez o doce años, que vivían aparte ocupando las habitaciones de la fachada.
- Cautivábale sin duda su franqueza y aquella prontitud de su entendimiento para encontrar razones que explicaran todas las cosas.
- Cuando una está encerrada entre tanta cosa de religión, misa va y misa viene, sermón por arriba y sermón por abajo, mirando siempre a la custodia, respirando tufo de monjas, vengan luces y tira de incensario, paice que le salen a una de entre sí todas las cosas malas o buenas que ha pasado en el mundo, como las hormigas salen del agujero cuando se pone el Sol, y la religión lo que hace es refrescarle a una la entendedera y ponerle el corazón más tierno.
- Y tenían por cierto que la posesión de aquellos principios daba a sus alumnas increíble fuerza para hacer frente a todas las dudas.
- En esto hay que contar con la índole, con el esqueleto espiritual, con esa forma interna y perdurable de la persona, que suele sobreponerse a todas las transfiguraciones epidérmicas producidas por la enseñanza.
- También decía que se debe amar a Dios sobre todas las cosas y que Dios es hermosismo en sí y tal como el alma le ve.
- Pero no lo decían, porque el egoísmo les hacía considerar que si se enracimaban allí todas las mujeres, el escaso fresco del agua se repartiría más y tocarían a menos.
- Todas las recogidas miraban al disco, que se había movido solemnemente, dando dos vueltas y parándose otra vez.
- Belén se había puesto a charlar por lo bajo con una monja llamada Sor Facunda, que era la marisabidilla de la casa, muy leída y escribida, bondadosa e inocente hasta no más, directora de todas las funciones extraordinarias, camarera de la Virgen y de todas las imágenes que tenían alguna ropa que ponerse, muy querida de las Filomenas y aún más de las Josefinas, y persona tan candorosa, que cuanto le decían, sobre todo si era bueno, se lo creía como el Evangelio.
- Todas se lavaban la cara y las manos, riñendo por el agua, cuestionando sobre si tú me quitaste la toalla o si esa es mi agua.
- ¡Estamos todas horripiladas!
- Asomáronse las madres al barandal del corredor que sobre el patio caía, y vieron aparecer a Mauricia, descalza, las melenas sueltas, la mirada ardiente y extraviada, y todas las apariencias, en fin, de una loca.
- ¡Son todas unas judías pasteleras.
- Se le franquearon todas las puertas, abriéndolas de par en par y resguardándose tras las hojas de ellas, como se abren las puertas del toril para que salga la fiera a la plaza.
- Lo que yo te decía, chica, lo mismo fue enterarse de que estabas en las Micaelas haciéndote la católica, que se le encendió el celo, y todas las tardes pasaba por allí en su featón.
- Anímese, señora, para que haga un regalo a su sobrina, el día de mañana, que así sea el escomienzo de todas las felicidades.
- Como era tan idealista, quería hacer el papel de novio con todas las reglas recomendadas por el uso, y aunque se vio solo en el comedor con su amada, tratábala con aquellos miramientos que impone el pudor más exquisito.
- Había que emplear una ficción moral como tributo a la moral misma y en prueba de la importancia que debemos dar a la forma en todas nuestras acciones.
- Ella no las tenía todas consigo, y llamó a Patria.
- Es preciso que te levantes ahora mismo y vayas a ver a todas las personas que puedan interesarse por tu hermano, que bien ganado se tiene el achuchón, ¡pero qué le hemos de hacer!
- ¡ah, buena pieza! Ahora me las pagarás todas juntas.
- El rechazo de su alma ante este fenómeno le secó en un instante todas las lágrimas.
- A la madrugada despertó después de un profundísimo y reparador sueño, y entonces le dio por llorar, haciendo cálculos, representándose con gran poder de la mente escenas probables, y condoliéndose de no poder ver a su amante a todas horas.
- Le guardo todas las consideraciones que ella se merece, porque.
- De este modo devastaba el infeliz su alma, arrancando todo lo bueno, noble y hermoso para ofrecérselo a la ingrata, como quien tala un jardín para ofrecer en un solo ramo todas las flores posibles.
- Como ignoraba cuál era la que servía de abrigo a los adúlteros, resolvió vigilarlas todas.
- ¡Y a todas estas la otra sin parecer! Por fin, a eso de las nueve y media, cuando el médico se fue, sintió doña Lupe un rebullicio, luego cuchicheos en el pasillo.
- Se las dejo todas.
- Todas las enamoradas lo son porque se les seca el entendimiento.
- FIN DE LA PARTE SEGUNDA Parte tercera I Costumbres turcas i Juan Pablo Rubín no podía vivir sin pasarse la mitad de las horas del día o casi todas ellas en el café.
- A Melchor de Relimpio y a Leopoldo Montes, personas todas muy dadas a la política, y que hablaban del país como de cosa propia.
- Rubín descollaba por suponerse que todo lo sabía y que se anticipaba a los sucesos viéndolos venir, y por último, Feijoo era profundamente escéptico, y tomaba a broma todas las cosas de la política.
- Señores, yo les juro que he examinado una por una todas las cifras, y créanmelo, parece mentira que ese buñuelo haya salido de las oficinas de Hacienda.
- Pues yo murmuraba una voz que parecía salida de una botella, voz correspondiente a una cara escuálida y cadavérica, en la cual estaban impresas todas las tristezas de la Administración española, sólo pido dos meses, dos meses más de activo para poderme jubilar por Ultramar.
- Habían corrido mucho mundo, y estaban sin licencias, ladrando de hambre, echados de todas las iglesias y sin encontrar amparo en parte alguna.
- Un agente de Bolsa riquísimo que, con el Pater, llevaba diez años de concurrir todas las noches a aquel mismo sitio, un bajo de ópera retirado, un funcionario de poco sueldo y el dueño de un acreditado molino de chocolate.
- La mejor de las leyes la que las anula todas, y el único gobierno serio el que tiene por misión no gobernar nada, dejando que las energías sociales se manifiesten como les da la gana.
- Pero se acordó de que noches antes su marido y ella se habían reído mucho de esta frase, observándola repetida en todas las comedias de intriga.
- Pero creyendo que su dignidad le ordenaba seguir muy colérica, dijo todas las palabras necesarias para mostrarlo, por ejemplo.
- Figúrate que te encuentras delante de aquella infeliz mujer, que te pide socorro, una defensa contra la miseria y la deshonra, y al verla delante, tú te reconoces autor de todas sus desdichas, porque tú la perdiste, porque de ti le vienen todos sus males.
- Si todas fueran como ella, apenas habría escándalos en el mundo, y los matrimonios vivirían en paz, y tendríamos muchísima moralidad.
- ¡Qué diferente de Sofía la Ferrolana, que, cuando Pepito Trastamara la trajo del primer viaje a París, era una verdadera Dubarry españolizada! Para todas las artes se necesitan facultades de asimilación, y esta marmotona que me ha caído a mí es siempre igual a sí misma.
- En suma, que ella tendría todas las cualidades que quisiera.
- Estamos pateando todas las leyes divinas y humanas.
- Lo que Fortunata había pensado era que el amor salva todas las irregularidades, mejor dicho, que el amor lo hace todo regular, que rectifica las leyes, derogando las que se le oponen.
- Yo dejo tamañitas a todas.
- Diéranle a ella un buen clavel, un nardo, una rosa de la tierra, y en fin, todas aquellas flores que ilusionan el sentido en cuanto uno se acerca a ellas.
- Ii Pues lo que es hoy sí que no me quedo con esto dentro del cuerpo pensó mi hombre al otro día, entrando en la sala, hecho un sol de limpio y despidiendo, como todas las mañanas al salir de su casa, un fuerte olor a colonia.
- En los primeros días tuvo horas de melancolía intensísima, en las cuales su conciencia, confabulada con la memoria, le representaba de un modo vivo todas las maldades que cometiera en su vida, singularmente la de casarse y ser adúltera con pocas horas de diferencia.
- Luego venía la contraria, o sea el sentimiento de su inculpabilidad, como una reversión mecánica del estado anterior, y todas las somnolencias y aprensiones místicas huían de su mente.
- Se pasaba entonces dos o tres días en completa tranquilidad, sin rezar más que los Padrenuestros que por rutina le salían de entre dientes todas las mañanas.
- Al fin de la calle del Águila también desmerece mucho el vecindario, pues en la explanada de Gilimón, inundada de sol a todas las horas del día, suelen verse cuadros dignos del Potro de Córdoba y del Albaicín de Granada.
- Pero de todas estas sesiones salía al fin con impresiones de tristeza, y pensaba así.
- Si hubiera caído antes en mis manos, si yo la hubiera cogido antes, todas esas ignominias se habrían evitado.
- De todas maneras, ya tengo poca cuerda, chulita de mi alma, y tengo que pensar mucho en ti, que la tienes todavía para rato, pues ahora estás en la flor de tus años y en lo mejor de tu hermosura.
- Lo que se me ha ocurrido para asegurarla contra incendios, es decir, contra los rasgos de todas clases, quizás no le guste.
- Le preguntó Don Evaristo, que casi todas las noches le hacía la misma pregunta, no por fiscalizar sus actos, sino porque de aquella interrogación salía casi siempre una plática agradable.
- Como que a todas las visitas iba la prójima con mantón y pañuelo a la cabeza.
- Apréndete de memoria mis palabras, y repítelas todas las mañanas a renglón seguido del Padre nuestro.
- Pero de todas las mejoras de ropa que publicaban en los círculos políticos y en las calles de Madrid el cambio de instituciones, ninguna tan digna de pasar a la historia como el estreno de levita de paño fino que transformó a don Basilio Andrés de la Caña a los seis días de colocado.
- Después de oír, acerca de su salud, todas las vulgaridades hipocráticas con que el sano trastea al enfermo, como aquello de es nervioso.
- Juan Pablo no era de estos, y se ponía gustoso, con respecto a su generoso inglés, en ese estado de subordinación moral, propio del insolvente a quien se le dan todas las largas que él quiere tomarse.
- Se llega a este estado padeciendo, después de pasar por todas las angustias de la cólera, por los pinchazos que le da a uno el amor propio y por mil amarguras.
- Todas estas rutinas del pensamiento y de la acción fueron perturbadas por la mudanza de casa, que se efectuó en Diciembre del 74, y no hay que decir cuán gran sacrificio fue para doña Lupe este cambio.
- Harto sabía, además, que no todas habían nacido en doradas cunas, y que la finura es lo que constituye la verdadera aristocracia en estos tiempos liberales.
- ¡Vaya con lo que me decía anoche! Tía de mi alma, a fuerza de pensar y padecer, he llegado a desprenderme de todas las pasiones, y a no sentir en mí ni odio ni venganza.
- Todas las noches la misma canción.
- Ponle todas las tajadas, y se las embaulará sin enterarse de si está buena o mala.
- Pues que aquí tenéis ocasión de deciros todas las perrerías que queráis o de daros todas las explicaciones que juzguéis convenientes.
- Pero cuando le dijo a Mauricia que se marchara, esta no quiso, y empezó a poner de oro y azul a doña Guillermina, hallándose esta presente, y a todas las señoras de las Juntas católicas, diciendo que eran unas tales y unas cuales.
- En esto oyeron pasos, y miraron todas a la puerta.
- Los ejemplos que usted da, señora, hacen que todas las demás seamos mejores de lo que seríamos si usted no existiera.
- Yo, de todas maneras, se los había perdonado.
- Es preciso que estéis todas muy decentes.
- Pero no las tenía todas consigo y estaba como bajo la presión de un gran temor.
- Todas las demás, lloriqueando, la felicitaban con ruidosos aspavientos, y por fin la misma santa hubo de mandar que cesaran aquellas manifestaciones de regocijo, porque la enferma se afectaba mucho, y podría resultarle algún retroceso peligroso.
- Todas las que presenciaron la indirecta que les echó la señora, la celebraron mucho, diciéndole doña Lupe al pasar a la sala.
- Si estuviéramos como usted, entre personas decentes, y bien casaditas con el hombre que nos gusta, y teniendo todas las necesidades satisfechas, seríamos lo mismo.
- Que los granujas de la vecindad habían pegado fuego a un montón de paja que en mitad del patio había, y después robaron al maestro Curtis todas las eneas que pudieron, y encendiéndolas por un cabo empezaron a jugar al Viático, el cual juego consistía en formarse de dos en dos, llevando los juncos a guisa de velas, y en marchar lentamente echando latines al son de la campanilla que uno de ellos imitaba y de la marcha real de cornetas que tocaban todos.
- ¡qué gusto me da verte! De todas las personas que veo aquí, la que me gusta más eres tú.
- Pues lo que yo sé es que no lo hacen todas.
- Pero sé cumplir en todas las circunstancias y no hacer un mal papel.
- Todas tenemos nuestro ángel en el cuerpo.
- El pensamiento, recorriendo todas las caras del tema, iba de las cosas más sutiles a las más triviales.
- Todas sus coyunturas funcionaban con trabajo, cual si estuvieran mohosas, y el pelo se le había hecho tan ralo, que su cabeza ofrecía una de esas calvas sin dignidad que suelen verse en jóvenes de poca y mala sangre.
- ¡Pero qué me importarán a mí todas estas cosas! pensaba Fortunata, que ya no podía sostener más tiempo el papel, ni sabía de dónde sacar los monosílabos y las sonrisas.
- Desde entonces pudo observar que por las mañanas se repetía en Maxi la misma excitación, y la terquedad de que todas las personas de la familia se confabulaban contra él para atormentarle.
- Yo soy muy clara en todas mis cosas.
- Yo no creo que haya nadie malo, malo de todas veras.
- Hacer esto bastaría para que todas las culpas de usted fueran lavadas.
- Había llegado el momento de que se llevaran el cuerpo de Mauricia, y este acto tristísimo se conoció en los gemidos y sollozos de todas las mujeres que en la casa mortuoria estaban.
- A los diez minutos de haber salido el cuerpo, entró Severiana con los ojos hinchados, y abrió todas las puertas, ventanas y balcones para que se ventilara la casa.
- Eres la pesadilla de todas las familias y cuando te ven entrar, no lo dudes, aunque te pongan buena cara, ¡te echan de dientes adentro cada maldición.
- De todas suertes, ya la sermonearé bien para que le reciba a cajas destempladas, si él intentara.
- Mucho la cohibía el temor de no saber usar términos en consonancia con los que emplearía la confesora, pues en todas las ocasiones difíciles recobraba su popular rudeza, y se le iban de la memoria las pocas enseñanzas de lenguaje y modales que había recibido en su corta y accidentada vida de señora.
- La otra, que siendo cifra de todas las debilidades humanas, parecía más fuerte que la gran doctora y santa, se permitió sonreír oyéndola.
- Te andan dentro de ellos todas las auroras de la gloria celestial y todas las llamas del Infierno.
- Vivía de sí mismo, y todas sus ideas y sentimientos procedían de la elaboración interior.
- ¡Dios mío! ¿De qué le vale a uno el poner su honor por encima de todas las cosas?
- El pobre minino paga todas las culpas.
- La que me las va a pagar todas juntas es esa indecente de Papitos gritó él, dando algunos pasos hacia la cocina.
- Que por todas partes se le tienden asechanzas a su honor.
- En la familia de Rubín nada ocurría de particular, pues Maxi no empeoraba, aunque todas las mañanas tenía su excitación correspondiente, más o menos aparatosa.
- Todas las personas relacionadas con la familia de Rubín sabían la historia de la mujer de Maxi, y el dramático papel que desempeñaba en ella el señorito de Santa Cruz.
- Ahí tienes, ahí tienes el motivo de todas tus desgracias al no contar para nada con las personas que deben guiarte.
- Y hace cuatro todas las semanas.
- Desde entonces iba todas las semanas, y su sobrina la socorría, unas veces con dinero, otras con comida sobrante o alguna prenda de vestir.
- Ya Dios las había hecho a todas iguales.
- Para poderlas perdonar a todas.
- O divina, han desaparecido todas las mujeres que hay en el mundo, casadas, solteras y viudas.
- No me acuerdo dijo el misántropo con todas las apariencias de un estúpido.
- No desear lo que no se puede tener, y hacer vida ramplona, sin empeñarse en que todas las cosas se desquicien para acomodarse a su gusto y satisfacción.
- Sí, cásese, y verá cómo se le pasan todas las murrias, tendrá niños.
- Todas mis aventuras han sido el deseo corriendo detrás del fastidio.
- Veía a su abuelito, Don Antonio Moreno, que todavía usaba chorreras, corbatín de suela y casaca a todas las horas del día.
- Y oiré todas las misas que quieras, y rezaré contigo.
- Si siguiera en Madrid, me haría amigo de todas ellas.
- Ni te conviene el andar siempre de viaje, como una carta con el sobre mal puesto, que recorre todas las estafetas del mundo.
- Adoptado un partido se dijo, lo mejor será que no la vea más en carne y hueso, porque lo que es en idea, viéndola estoy a todas horas.
- Con todas sus bromas, si te rascan, aparece el creyente.
- Y cuando te sientas con alguna novedad en tu alma, y te encuentres de la noche a la mañana con todas esas máculas ateas bien curadas, dirás ¡milagro, milagro! y no hay tal milagro, sino que tienes el padre alcalde, como se suele decir.
- Era tan grande su susceptibilidad nerviosa, que todas las impresiones que recibía eran intensísimas, y el gusto o pena que de ellas emanaban, le revolvían lo más hondo de sus entrañas.
- Mi mujer, entiéndelo bien, está muy por encima de todas las calumnias.
- Por la noche, doña Casta se empeñaba en que todas habían de comer bellota, de la provisión que trajo.
- ¡Ay, Cristo, qué remordimiento tan grande! Iré con este peso a todas partes, y no podré ni respirar.
- ¡Morir, acabar de penar, desprenderse de todas estas miserias, de tantos dolores y de toda la inmundicia terrenal! ¿Hay nada que pueda compararse a este bien supremo?
- Este hombre me quiere matar y hace todas estas comedias para vengarse en mí y asesinarme a lo bóbilis bóbilis.
- Por cierto que la señora se conceptuaba infeliz entre todas las señoras y damas de la tierra, por las muchas pesadumbres que sobre su alma tenía.
- Todas las crías de la hermosa menina de doña Paca se conservaban, al menos mientras les duraba el donaire de la infancia gatesca.
- Era menester blanquear la cocina, tapar con yeso algunos agujeros y enormes grietas que por todas partes había, empapelar el gabinete, que iba a ser su alcoba, y pintar las puertas.
- Todas las mañanas iba Juan Pablo a buscar a su hermano, y unas veces engañado, otras casi a la fuerza, le llevaba a San Felipe Neri, y allí le arreaba una ducha escocesa capaz de resucitar a un muerto.
- Pero como saltase en la conversación algo que de cerca o de lejos se relacionara con ella, se le veía caer en sombrías meditaciones y en un mutismo tétrico del cual Juan Pablo, con todas su retóricas, no le podía sacar.
- Todas las líneas horizontales de la arquitectura y el herraje de los balcones perfilados con purísimas líneas de nieve.
- Porque yo me intereso vivamente por usted en todas las circunstancias, en todas absolutamente.
- Lo que fulminó en mi cabeza como un resplandor siniestro del delirio, ahora clarea como luz cenital que ilumina todas las cosas.
- Lo que hacía el excelente muchacho era reír con la mayor buena fe todas las gracias que allí se decían, hasta las más zafias y groseras, aunque sin participar mucho de la estrepitosa alegría de aquella gente.
- Maxi parecía contento, y hubiera vuelto a empezar todas las operaciones por puro entretenimiento.
- Hacía muchísimo tiempo que doña Lupe no había visto al chico tan despejado, con tanto reposo en el espíritu y el ánimo tan dispuesto a la alegría, señales todas de reparación indudable.
- Mi familia, Ballester y todas las personas a quienes conozco fuera de casa, bordaban admirablemente su papel.
- Pero siendo lo que refirió el sobrino un prodigio de capacidad intelectual, la señora no las tenía todas consigo respecto al estado de aquella cabeza.
- Dichos cadáveres, horriblemente destrozados, eran la propiedad, todas las clases de propiedad posibles, el Estado, la Iglesia y cuantas instituciones se derivan de estos dos principios, Matrimonio, Ejército, Crédito público, etc.
- Ahora las vas a pagar todas juntas.
- Un dato tomado de la existencia positiva me ha quitado todas las dudas.
- ¡El encargado de hacer respetar todas las leyes, faltando a las más elementales!
- Todas sus ideas son ideas de benevolencia y tolerancia.
- No me fío, no me fío (meditaba, demostrando en el tono que no las tenía todas consigo).
- Pero que todas las chinitas que le echaba para que subiese habían sido como si no.
- Pero ella no las tenía todas consigo, y le miró como quien se dispone a una defensa enérgica.
- Más te asombrarías si pudieras leer en mi pensamiento, y comprender esta elevación con que yo miro todas las cosas, la calma con que te veo a ti, la indiferencia con que veo a tu hijo.
- He pasado por todas las crisis de la ira, de la rabia y de la locura.
- Por eso yo corto por lo sano, y todas mis matemáticas se reducen a decir.
- Buenos días dijo la Rubín, deteniéndose un instante y recorriendo con mirada fugaz todas las caras que delante tenía.
- Todas las ofícialas corrieron espantadas al auxilio de su jefe.
- Y me encontré entonces con la novedad de un gran talento, perdóneme usted la inmodestia, con una gran aptitud para juzgar de todas las cosas.
- Y cuando volví a la vida, porque volver a la vida fue aquello, encontreme como el que sube a un monte muy alto, muy alto, y ve todas las cosas de golpe, reducidas a mínimo tamaño.
- No las tiene usted todas consigo.
- Todas deberíamos hacer lo mismo.
- Todas se reían.
- También quiere ponerse en competencia con el Creador del mundo y de todas las cosas.
- ¡Jacinta faltar! Estas pecadoras empedernidas creen que todas son como ellas.
- De Torquemada, faro luminoso que le marcaba el puerto en todas las borrascas de la vida.
- Todas sus ideas sufrieron trastornos más o menos febriles, las imágenes se disfrazaron, cual si fuesen a las máscaras, tomando cara y apariencia de lo que no eran, y la única sensación dominante con alguna claridad en aquel desorden fue la de estar inmóvil y rígida, con los movimientos involuntarios suspendidos y los voluntarios desobedientes al deseo.
- La había tomado yo tanto cariño, que a todas horas la tenía en el pensamiento.
- Todas mis penas me están saliendo por los ojos.
- Diez años de abandono habían endurecido la tierra, haciendo brotar de sus olvidadas entrañas todas las plantas parásitas, todos los abrojos que Dios ha criado para castigo del labrador.
- Que no se turbase la santa alegría de aquella vivienda, animada á todas horas por las risas y las canciones de las cuatro hermanas, cuya edad sólo se diferenciaba de un año.
- Todas las tardes, envuelto en una vieja capa, que llevaba hasta en primavera, con aspecto sórdido de mendigo, y acompañado de las maldiciones y gestos hostiles que dejaba á su espalda, iba por las sendas visitando á los colonos.
- Era la tenacidad del avaro que desea estar en contacto á todas horas con sus propiedades, la pegajosidad del usurero que siempre tiene cuentas pendientes que arreglar.
- Quiso él solo cultivar todas las tierras.
- Y aquella montera de paja, tan alta, tan esbelta, con las dos crucecitas en sus extremos, la había levantado él de nuevo, en sustitución de la antigua, que hacía agua por todas partes.
- ¡Ahora las pagaría todas juntas la tierra ingrata causa de sus desdichas! Horas enteras duró la devastación.
- Pimentó fué puesto en libertad, y de todas las barracas salió un suspiro de triunfo y satisfacción.
- Y Dios premió su laboriosidad enviándole cada año un hijo, hermosas criaturas que parecían nacer con dientes, según la prisa que se daban en abandonar el pecho maternal para pedir pan á todas horas.
- Vigilaba á todas horas, permanecía siempre junto al rocín delantero, evitando los baches profundos y los malos pasos.
- Siempre verdes, con las entrañas incansables engendrando una cosecha tras otra, circulando el agua roja á todas horas como vivificante sangre por las innumerables acequias y regadoras que surcaban su superficie como una complicada red de venas y arterias.
- La puerta nueva y pintada de azul, parecía madre de todas las ventanillas, que asomaban por los huecos de las paredes sus cuadradas caras del mismo color.
- El pozo, después de una semana de descensos y penosos acarreos, quedó limpio de todas las piedras y la basura con que la pillería huertana lo había atiborrado durante diez años, y otra vez su agua limpia y fresca volvió á subir en musgoso pozal, con alegres chirridos de la garrucha, que parecía reirse de las gentes del contorno con una estridente carcajada de vieja maliciosa.
- Desde el día siguiente, Roseta formaría parte del rosario de muchachas que, despertando con la aurora, iban por todas las sendas con la falda ondeante y la cestita al brazo camino de la ciudad, para hilar el sedoso capullo entre sus gruesos dedos de hijas de la huerta.
- Miraba con ojos de rabia todas las caras conocidas y burlonas que se agolpaban en la verja.
- ¡Cómo le odiaba la gente! La vega entera alzábase ante él á todas horas, ceñuda y amenazante.
- ¡Bebe, bebe, pobrecita! Y hundían sus pies en el barro, yendo encorvados de un lado á otro del campo, para ver si el agua llegaba á todas partes.
- Pasaban los grupos de airosas hilanderas con un paso igual, moviendo garbosamente el brazo derecho, que cortaba el aire como un remo, y chillando todas á coro cada vez que algún mocetón las saludaba desde los campos vecinos con palabras amorosas.
- En el camino huía de todas ellas como de un tropel de furias, y únicamente sentíase tranquila al verse dentro de la fábrica, un caserón antiguo cerca del Mercado, cuya fachada, pintada al fresco en el siglo XVIII, todavía conservaba entre desconchaduras y grietas ciertos grupos de piernas de color rosa y caras de perfil bronceado, restos de medallones y pinturas mitológicas.
- Reina de los moros, como forzosamente han de serlo todas en los cuentos del campo.
- Más de treinta muchachas agolpábanse con sus cántaros, deseosas todas ellas de ser las primeras en llenar, pero sin prisa de irse.
- Todas hablaban á un tiempo.
- 14 preguntó con una voz temblona que hizo reir á todas las de la fuente.
- Sin acuerdo previo, como si los odios de sus familias, las frases y maldiciones oídas en sus barracas surgiesen en ellas de golpe, todas cayeron á un tiempo sobre la hija de Batiste.
- Salieron todas corriendo en diversas direcciones, con los cántaros en la cabeza, y al poco rato no se veía en las cercanías de la fuente de la Reina mas que á la pobre Roseta, con el pelo suelto, las faldas desgarradas, la cara sucia de polvo y sangre, caminando llorosa hacia su casa.
- Todas las vecinas lo sabían.
- Todas las tardes, apenas don Joaquín perdía de vista el grupo, empezaban las hostilidades.
- El chiquitín cada vez peor, temblando de fiebre en los brazos de su madre, que lloraba á todas horas, y visitado dos veces al día por el médico.
- Al pobre Batiste, tan severo y amenazador, lo que más le dolía de todas sus desgracias era el desconsuelo de la pobre muchacha, falta de apetito, amarillenta, ojerosa, haciendo esfuerzos por mostrarse indiferente, sin dormir apenas, lo que no impedía que todas las mañanas marchase puntualmente á la fábrica, con una vaguedad en las pupilas reveladora de que su pensamiento rodaba lejos, de que estaba soñando por dentro á todas horas.
- Pero Batiste á todas sus lamentaciones contestaba siempre lo mismo.
- El mal llegando á él de todas partes, surgiendo de los caminos, de las casas, de los cañares, aprovechando todas las ocasiones para herir á los suyos.
- Batistet ponía mal gesto á todas aquellas tías que tantas veces se burlaron de él cuando pasaba ante sus barracas, y acabó por refugiarse en la cuadra, para no perder de vista al pobre caballo y continuar curándole con arreglo á las instrucciones del veterinario, llamado en la noche anterior.
- Y con un instinto de ser superior nacido para el mando y que sabe imponer la obediencia, comenzó á dar órdenes á todas las mujeres, que rivalizaban por servir á la familia antes odiada.
- Todas las perrerías de él y los demás vecinos sólo habían servido para quitar la vida á un pobre chicuelo.
- Dentro, mujeres y más mujeres estrujándose en torno á la cama, abrumando á la madre con su charla, hablando algunas de los hijos que babían perdido, instaladas otras en los rincones como en su propia casa, repitiendo todas las murmuraciones de la vecindad.
- Encima tendió una colcha de almidonadas randas, y puso sobre ella el pequeño ataúd traído de Valencia, una monada, que admiraban todas las vecinas.
- Sus flechas de oro deslizábanse entre el follaje, toldo de verdura bajo el cual cobijaba la vega sus rumorosas acequias y sus húmedos surcos, como temerosa del calor que hacía germinar la vida por todas partes.
- En todas las casas se observaba rigurosamente la fiesta del domingo, y como había cosecha reciente y no poco dinero, nadie pensaba en contravenir el precepto.
- La noticia, esparciéndose por la vega, hacía venir como en procesión á todas las gentes de una legua á la redonda.
- Desde allí hasta el techo todas las paredes estaban dedicadas al sublime arte de la pintura, pues Copa, aunque parecía hombre burdo, atento únicamente á que por la noche estuviese lleno el cajón de su mostrador, era un verdadero Mecenas.
- No le gustaba, pero un hombre debe probar todas las cosas, y volvió á animarse con las mismas reflexiones que le habían llevado hasta la taberna.
- Se iniciaba el escándalo de todas las noches de domingo.
- Que fuese agarrada al arado con todas sus arrobas de carne, y las dos chicas de los lacitos uncidas y tirando de él, y entonces sería su legítima dueña.
- Estaban lejos, y no obstante adivinaba su nombre sonando en todas las bocas.
- A todas partes, menos allí.
- En el lado opuesto la Lonja de la Seda, acariciada por el sol de invierno y luciendo sobre el fondo azul del cielo todas las esplendideces de su fachada ojival.
- Las portadas que rasgan el robusto paredón, con sus entradas de embudo, compuestas de atrevidos arcos ojivales, entre los que corretean en interminable procesión grotescas figurillas de hombres y animales en todas las posiciones estrambóticas que pudo discurrir la extraviada imaginación de los artistas medievales.
- ¡Qué tiempos tan dichosos los transcurridos siendo ella dueña de la tienda de Las Tres Rosas ! Si el dinero es la felicidad, nunca había tenido tanta como en los últimos años que pasó entre mantas e indianas, sedas y percalinas, arrullada a todas horas por el estrépito del Mercado y viendo por las mañanas, al levantarse, el pardalót de San Juan.
- ¡Valiente compra! ¿Y eso es para todas las Pascuas?
- Eterno tema alrededor del cual giran todas las conversaciones de una tienda.
- Todas las bocacalles vomitaban gentío dentro de la plaza, en la que el crepúsculo sembraba a miles los puntos luminosos.
- Pero si en todas las tiendas recibían una negativa y era desechada la oferta del criadico, entonces se realizaba la leyenda inhumana, de cuya veracidad dudaban muchos.
- Ir a Valencia era seguir el camino de la riqueza, y el nombre de la ciudad figuraba en todas las conversaciones de los pobres matrimonios aragoneses durante las noches de nieve, junto a los humeantes leños, sonando en sus oídos como el de un paraíso donde las onzas y los duros rodaban por las calles, bastando agacharse para cogerlos.
- Todas las tardes, al anochecer, reuníanse allí los amigos de don Eugenio, la mitad de los cuales vestían sotana y pertenecían al clero de San Juan.
- Sus padres habían muerto, pero ya se encargaron de recordarle la patria y todas sus miserias el enjambre de primos, hermanos y sobrinos que cayeron sobre él tan pronto como circuló por el lugar la nueva de que hacía fortuna y tenía una tienda en el Mercado.
- Había leído más de veinte veces Los tres mosqueteros, y el fruto que sacó de esta lectura fue que los aprendices se burlasen de él viéndolo un día en el almacén, envuelto en un guiñapo colorado, con un rabo de escoba en la cadera y contoneándose como si fuese el mismo D Artagnan con todas sus jactancias de espadachín.
- Junto a la imaginación exaltada del dependiente debía existir una enorme cantidad de sentido práctico capaz de sofocar todas las fantasías y caprichos, y a esto se debió, sin duda, que Melchor se reprimiera en sus románticas extravagancias, y en adelante, aunque sin abandonar la lectura de novelas, se dedicara con más asiduidad a sus quehaceres.
- que hacía llorar a todas las muchachas de la época, o aquello otro punteado y expresivo que comenzaba.
- Por fin, Manolita supo que Melchor la amaba gracias a una carta de éste, en la cual, conforme al patrón de todas las declaraciones, comparaba su corazón con el Vesubio, y comenzando con las consabidas frases.
- Es como todas las mujeres, que en trapos y cintajos derrocharían el Potosí si lo tuvieran en la mano.
- Oíase llamar torpe a todas horas porque en las visitas cerraba la boca, o si la abría era para soltar ingenuidades y franquezas que recordaban su origen.
- Tenemos caras de muertas, se decían todas las mañanas al mirarse al espejo, y martirizaban su fresca y jugosa piel con los polvos cargados de plomo, el bermellón que teñía levemente las mejillas y los lóbulos de las orejas.
- Si yo fuera rico, todas las mañanas haría una muerte así.
- Iba siempre a todas partes con la cesta al brazo.
- Y en este tono seguía la tía Quica la relación de todas sus desdichas de familia.
- Todas las tardes pasaba horas enteras visitando las obras del Ensanche, las reformas que el Municipio emprendía en los caminos vecinales.
- Figuraba en todas las almonedas como comprador de fuerza, y si algún corredor le proponía la adquisición de alhajas antiguas o muebles raros siempre, se entiende, con considerable ventaja, aceptaba sin vacilación, pues no era dinero lo que faltaba en el enorme secrétaire del siglo pasado, que ocupaba todo un paño de su alcoba, mostrando el menudo mosaico de sus tres filas de cajoncitos.
- Este chico! murmuró la señora, sin conmoverse gran cosa por el cariño extremado que Juanito le demostraba en todas ocasiones.
- Y yo fui tan tonto, que perdí el tiempo y hasta algún dinero para poner a flote tu fortuna, que hacía agua por todas partes como un barco viejo.
- Rafaelito habíase disfrazado de clown, y con otros de su calaña ocupaba un carro de mudanzas, sobre cuya cubierta hacían diabluras y saludaban con palabras groseras a todas las muchachas que estaban a tiro de sus voces aflautadas.
- Dios sabe cuántas proposiciones habría perdido la niña por culpa de aquel hombre, que gozaba todas las intimidades de un novio, sin decidirse nunca a serlo.
- La idea de que ésta podía decir la verdad a sus parroquianas, todas señoras distinguidas, horrorizaba a la viuda, a pesar de que no tenía la menor amistad con ellas.
- El gran tenor y sus triunfos figuraban en todas las conversaciones, y al fin, el pobre muchacho cayó en la tentación, no de oír el Otello de Verdi, sino de ver el bicho raro que abriendo la boca se tragaba cinco mil francos de una sentada.
- Y el pobre muchacho, siguiendo la corriente de la lógica, pensaba con horror si todas las señoras que allí estaban cargadas de flores y joyas, exhibiendo sus sonrisas de mujer feliz, habrían tenido que pedir prestado como su madre.
- Y acostumbrada al lenguaje de las madres sin ventura, de las mártires del amor, de todas aquellas señoras pálidas, ojerosas y vestidas de blanco que saludaba en las obras favoritas, hablaba en la intimidad con cierto sabor sentimental de novela por entregas.
- De repente, una, por hacer algo, corría a la sala, y todas la seguían con alegre taconeo, riendo, formando parejas, hasta que al poco rato iniciábase la fuga en sentido opuesto, y el gracioso trotecillo las devolvía otra vez al espectáculo de la plaza.
- Rústicos gañanes que, enfundados en un uniforme mal cortado, faja de general y ros vistoso con pompón de rabo de gallo, andaban con cierta dificultad como si los pies, acostumbrados a alpargatas en el resto de la semana, protestasen al verse oprimidos en botitos de gomas, mientras el sudor de su cuerpo sano y vigoroso rezumaba por todas las costuras de la guerrera.
- Mostraban un ansia furiosa para exprimir todas sus habilidades.
- Y así pasaba la pareja por todas las etapas que la maldita timidez de Juanito iba marcando, sin llegar a decidirse.
- Le parecía extremadamente corta, y la pequeña puerta por donde desaparecía Tónica todas las noches estaba ya a la vista.
- Con movimientos de cabeza asentía a todas las afirmaciones de su madre.
- Las fincas todas hipotecadas, y si las vendía, no llegaría su importe a la mitad de las deudas.
- Sus amores con Tónica, aquella luna de miel ideal, el afán de acompañarla a todas partes, hablando de su porvenir, le tenían tan distraído, que si no olvidó sus promesas, fue difiriendo su cumplimiento siempre para el día siguiente.
- Y aunque todas las piezas estaban abarrotadas, la casa sonaba a hueco, y la soledad despertaba esos ecos misteriosos de las grandes viviendas abandonadas.
- Centenares de obreros los pisaban todas las mañanas, y por allí descendían, recién salidos del telar, los floreados damascos, los brillantes rasos, la seda listada, todas las magnificencias de una industria oriental que daba a Valencia fama y prosperidad.
- Y los convidados de doña Manuela entraron en la casa, confundiéndose unas familias con otras, saludándose las mujeres con un tiroteo de besos y elogiando todas las cualidades de la posesión que la viuda de Pajares tenía en Burjasot.
- A pesar de su aspecto de decoración de ópera, que tanto entusiasmaba a doña Manuela, el tal chalet no pasaba de ser una casa de vecindad, enclavado como estaba entre otras construcciones de la misma clase, todas frágiles y pretenciosas, con sus jardincillos como sábanas, y sobre la verja, en letras doradas, los campanudos títulos de Villa Teresa, Villa María, etcétera, según fuese el nombre de la propietaria.
- Los hotelitos había que llamarlos así, para no disgustar a doña Manuela, ocupando la suave pendiente de una colina yerma, eran un magnífico mirador, desde el cual se abarcaba la vega con todas sus esplendideces.
- Primero, las notas aisladas e incoherentes de la introducción eran las manchas verdes de los cercanos jardincillos, las rojas aglomeraciones de tejados, las blancas paredes, todas las pinceladas de color sueltas y sin armonizar por hallarse próximas.
- Y aquella luz que derramaba polvo de oro por todas partes, aquel cielo empapado de sol, aquella diafanidad vibrante en el espacio, ¿no era el propio himno a Venus, la canción impúdica y sublime del trovador de Turingia ensalzando la gloria del placer y de la terrena vida?
- Rafael y Roberto sacaban a bailar, una tras otra, a todas las señoritas, y el señor Cuadros, ¡oh asombro! entró de refuerzo.
- Ya podía hablar con él a todas horas, sin miedo al ridículo de una intimidad falta de garantía.
- Pero allí estaba el amo para remediarlo todo, y por mucho que se despilfarrase, los cobros de diferencias a fin de mes eran tan exorbitantes, que empujaban vertiginosamente aquel barco falto de dirección y haciendo agua por todas partes.
- Para censurarla había que ser consecuente y hablar mal también del ferrocarril, del teléfono y de todas las conquistas del progreso.
- Podía esperar sentado a que todas las personas honradas se coligasen, según él decía, para acabar con los negocios bursátiles.
- Mostrábase meticuloso y exigiendo en materias de vestir, y hablaba de la posibilidad de poseer una yegua alazana y pasear por la Alameda, siguiendo el carruaje de su novia, para lo cual se estaba preparando todas las tardes en el picadero.
- Don Eugenio, saludaba al paso aquellas caras que veía todas las tardes, sin interrumpir por esto la conversación.
- Y reía al decir esto con una risa misericordiosa, como si se sintiera elevado por encima de todas las miserias.
- Pero le bastaba lanzar una mirada a sus botas de charol y a la corbata, siempre de colores vivos, para darse por satisfecho de todas las molestias que le causaba su transformación.
- Y si no, ¿cómo era que todas las primaveras las había pasado sin percibir siquiera aquel perfume de azahar que exhalaban los paseos y ahora le enloquecía, enardeciendo su sangre y arrojando su pensamiento en la vaguedad de un oleaje de perfumes?
- Acostumbradas todas ellas a la vida común con las flores, tratábanlas con confianza ruda y desdeñosa.
- Y la democrática masa de flores rojas y vulgares extendíase por todas partes, asaltaba las mesas, como un pueblo en revolución, tumultuoso y desbordado, cubierto de encarnados gorros.
- ¡Oh, qué bien se sentía caminando junto a la mujer amada, rozándola el codo a la menor disigualdad del terreno, aspirando el perfume indefinible de Tónica, distinto de todas las esencias de este mundo! Olvidábase de todo, de su familia, de su porvenir, de la pobre Micaela, que iba a sus espaldas rumiando altramuces, y su atención reconcentrábase en los ojos negros, que a cada momento reproducían un rincón del paisaje.
- Tónica era un espíritu práctico, que, en medio de sus escapes de pasión, no olvidaba el porvenir con todas sus miserias y monotonías.
- Para Rafaelito y las hermanas, todas las alianzas eran medianas.
- Pero Teresa, aunque daba por muy acertadas todas las palabras de su amiga, asustábase ante la suposición de tener que reñir al marido por su conducta.
- Y cerraban el desfile las heroínas bíblicas, las mujeres fuertes del Antiguo Testamento, que salvaban al pueblo de Dios cortando cabezas o perforando sienes con un clavo, representadas todas ellas por mancebos barbilampiños, embadurnadas las mejillas con albayalde y bermellón y vestidos con trajes de odaliscas.
- Todas las extraordinarias visiones del soñador de Patmos, cuantas alucionaciones había consignado el evangelista Juan en su Apocalipsis, pasaban ante el gentío, sin que es Le, después de contemplarlas tantos años, adivinase su significación.
- Caía de los balcones una lluvia de pétalos de rosa, volaba el talco como nube de vidrio molido, estallaban luces de colores en todas las esquinas, y entre el perfume del incienso, el agudo reclamo de las cornetas, la grave lamentación de la música, la melancólica salmodia de los sacerdotes y el infantil balbuceo de las campanillas de plata, avanzaba el palio abrumado por la lluvia de flores, iluminado por el resplandor de incendio de las bengalas.
- Los hombres iban en busca de sus sombreros y las señoras besuqueábanse al despedirse, murmurando todas el mismo saludo.
- Fueron desfilando todas las familias, y al fin quedaron solas las de Pajares, que esperaban a Juanito o Rafael para que las acompañase a casa.
- Las tres llevaban dentro de sí, como implacable enemigo, su propio pensamiento, que las hacía ver la burla y la lástima en todas partes, y hasta creyeron algunas veces que personas conocidas fingían distracción por no saludarlas.
- El amor había ahogado entonces todas las preocupaciones.
- Ya sabe usted que todas sus cosas me interesan como mis propios negocios.
- Te han perdido las malas compañías, esa atmósfera de mentira en que vives, los ejemplos de tu derrochadora madre y los consejos del majadero de tu principal, que se cree un oráculo en los negocios porque gana el dinero a ciegas por una burla caprichosa de la suerte, y algún día las pagará todas juntas, dándome el gusto de poder reír al verle sin camisa.
- Además, sus ganancias eran un motivo de esperanza para la viuda, que aunque veía satisfechas todas sus necesidades en el presente, no dejaba de sentirse preocupada por el porvenir.
- Y como si la ciudad acabase de sufrir una invasión, tropezábase en todas partes con gentes de la huerta y de los pueblos.
- El gentío presentaba igual aspecto en todas las calles, como si la ciudad entera se hubiese vestido con arreglo al mismo patrón.
- Sombreros cordobeses de blanco fieltro o marineras de paja, cazadoras de color claro, corbatas rojas, y en todas las bocas un cigarro de a palmo.
- Y para todas hubo, hasta para la mamá, que respiraba ruidosamente y enrojecía, satisfecha del triunfo.
- A lo que van todas.
- El mismo banquero confesaba que esta vez se había equivocado, aunque no por ello dejaba de sonreír, asegurando que lo mismo que había ocurrido una alza contra todas sus previsiones, podía sobrevenir una baja, pues no todos los tiempos son iguales.
- Pero quien más sufría era el señor Cuadros, que de un golpe veía desaparecer todas las ganancias de su vida de bolsista.
- Sintió una bola extraña que se le atascaba en la garganta, y en un instante pasaron por su imaginación, como relámpagos lívidos, todas las escenas de novela que había leído, con sus terribles descubrimientos y sorpresas aplastantes.
- Sin darse cuenta de ello, se vio junto al cortinaje que cubría la puertecilla por donde entraba doña Manuela todas las noches a la hora de acostarse.
- ¿No podía tener una madre como lo son todas?
- Llevaba abiertos los ojos, miraba a todas partes, y nada veía.
- Olvidó repentinamente todas las precauciones de su carácter económico, y dejó el puñado de pesetas que llevaba en el chaleco en aquellas manecitas, que, asombradas y faltas de costumbre, no sabían cómo oprimir la lluvia de plata.
- El azufre colábase por todas las gargantas, llevando al fondo de los estómagos su sabor insufrible.
- Contemplaba a Juanito con igual expresión que cuando era hijo único y gozaba de todas sus caricias.
- Pero la muerte despertará en ti los instintos de madre, pensarás en él a todas horas, le verás en sueños, y la sospecha de que tu hijo pudo conocerte tal como eres amargará tu existencia.
- El nombre de don Antonio Cuadros estaba en todas las bocas.
- En las puertas de todas las tiendas aparecían las cabezas curiosas de los dependientes, con la misma expresión que si presenciasen el último acto de un drama.
- Los que en tropel salieron de todas las tiendas aún pudieron presenciar la agonía del último veterano del Mercado.
- Solíamos contar a don Alonso cómo al sentarse en la mesa nos decía males de la gula (no habiéndola él conocido en su vida), y reíase mucho cuando le contábamos que en el mandamiento de No matarás, metía perdices y capones, gallinas y todas las cosas que no quería darnos, y, por el consiguiente, la hambre, pues parecía que tenía por pecado el matarla, y aun el herirla, según regateaba el comer.
- Sacó todas cuantas había y en su lugar puso piedras, palos y lo que halló, y encima dos o tres yesones y un tarazón de teja.
- Y apenas la descubrí, cuando con una maroma me asentaron un azote con hijos en todas las espaldas.
- Que hice todas las diligencias posibles.
- En todas las imágines decía que rezaba cada noche por sus bienhechores.
- Contaba ciento y tantos santos abogados suyos, y en verdad que había menester todas estas ayudas para desquitarse de lo que pecaba.
- Sólo que eran todas cosas para beber.
- Es la lisonja llave maestra, que abre a todas voluntades en tales pueblos.
- Lo primero ha de saber que en la Corte hay siempre el más necio y el más sabio, más rico y más pobre, y los extremos de todas las cosas.
- Y aunque, comiendo tan poco y bebiendo tan mal no se puede cumplir con tantas, por su tanda todas están contentas.
- Yo les ofrecía en prendas los cien escudos, y dijéronme su casa, y con intento de estafarme en más se fiaron de mí y preguntáronme mi posada, diciendo que no podía entrar paje en la suya a todas horas, por ser gente principal.
- Todas estas trazas de hurtar y modos extraordinarios conocí, por espacio de un mes, en ellos.
- El diablo, que es agudo en todo, ordenó que venida la noche, yo deseoso de gozar la ocasión, me subí al corredor, y por pasar desde él al tejado que había de ser, vánseme los pies y doy en el de un vecino escribano tan desatinado golpe, que quebré todas las tejas y quedaron estampadas en las costillas.
- Temblaron todas, por lo que yo me había hecho nigromántico con ellas.
- Yo entendí la letra y dije que mi voluntad era y sería de servirlas con mi poco posible en todas partes.
- Era de una nave, de lo que son todas, que venía destrozada y sin provisión.
- Oílas todas, que por esto llaman a los enamorados de monjas solenes enamorados, por lo que tienen de vísperas, y tienen también que nunca salen de vísperas del contento, porque no se les llega el día jamás.
- Al fin, yo llamaba ya señora a la abadesa, padre al vicario y hermano al sacristán, cosas todas que con el tiempo y el curso alcanza un desesperado.
- Saber más de que las Bautistas todas enronquecieron adrede, y sacaron tales voces, que en vez de cantar la misa la gimieron, no se lavaron las caras y se vistieron de viejo.
- Dejo de referir otras muchas flores, porque a decirlas todas me tuvieran más por ramillete que por hombre.
- Súpome bien y mejor que todas esta vida.
- Para la gente baja, a quien se podía hablar de tú, chulos, mozas de partido, jugadores, guardaba don Pedro todas sus simpatías.
- Todas esas historias del casino del pueblo, de la novia y de las calaveradas en el lugarón de la Mancha o de Extremadura, les parecían cosas plebeyas, buenas para gente de calidad inferior.
- Fueron los dos todas las noches.
- Todas estas fórmulas matemáticas y su desarrollo no eran más que vulgaridades disfrazadas con un aparato científico, adornadas por conceptos retóricos que la papanatería de profesores y alumnos tomaba como visiones de profeta.
- La decoración de su cuarto consistía en una serie de botellas vacías, colocadas por todas partes.
- Una de ellas era la de Julio, que se burlaba de todas las ideas exageradas, como decía él.
- Desde los administradores de la Diputación provincial hasta una sociedad de internos que vendía la quinina del hospital en las boticas de la calle de Atocha, había seguramente todas las formas de la filtración.
- No voy a tener más remedio que lanzarme a la calle a decir misa en todas partes y tragarme todos los días catorce hostias.
- A esta rubia guapa, que se llamaba Estrella, la distinguían casi todas las vecinas con un odio furioso.
- Un tío antipático, que cree que todas las mujeres están enamoradas de él.
- Sin duda supo lo que eran la mujer y el hombre en una época en que su instinto nada le decía, y esto le había producido una mezcla de indiferencia y de repulsión por todas las cosas del amor.
- En la calle y en todas partes.
- Todas estas canciones populares las cantaba con muchísima gracia.
- Decía a todas horas que había tenido muchas desgracias de familia y pérdidas de fortuna.
- ¿Qué consecuencias puede sacarse de todas estas vidas?
- Así se encuentran en el hombre todas las formas de la explotación y de la lucha.
- Ahí están todas las especies de aspergilos que viven sobre las substancias en descomposición.
- Todas las casas suyas estaban alquiladas menos una de un pueblecito inmediato a Valencia.
- De todas sus plantaciones lo único que nació fueron los ajos.
- Todas las habitaciones presentaban el mismo aspecto silencioso, algo moruno, de luz velada.
- El cimborrio de la catedral, aéreo y delicado, y luego aquí y allá una serie de torrecillas, casi todas cubiertas con tejas azules y blancas que brillaban con centelleantes reflejos.
- Pero la vida es estúpida, sin emociones, sin accidentes, al menos aquí, y creo que en todas partes y el pensamiento se llena de terrores como compensación a la esterilidad emocional de la existencia.
- él vió que todas las maravillas descritas por los filósofos eran fantasías, espejismos.
- El acuerdo de todas las inteligencias en una misma cosa, es lo que llamamos verdad.
- Fuera de los axiomas lógicos y matemáticos, en los cuales no se puede suponer que no haya unanimidad, en lo demás todas las verdades tienen como condición el ser unánimes.
- Hoy todas esas pequeñas supercherías del pragmatismo y de las ideas fuerzas.
- Don Quijote vive más que todas las personas cuerdas que le rodean, vive más y con más intensidad que los otros.
- Pero ese agnosticismo, para todas las cosas que no se conocen científicamente, es absurdo porque es antibiológico.
- Tras de esa puerta que abre hacia lo arbitrario una filosofía basada en la utilidad, en la comodidad o en la eficacia, entran todas las locuras humanas.
- En todas partes y en todas épocas los conductores de hombres son prometedores de paraísos.
- También creía que por su cargo tenía un derecho a cobrar una especie de contribución por todas las enfermedades de Alcolea.
- El caso de la chica del molinero se comentó mucho en todas partes e hizo suponer que Andrés era un médico conocedor de procedimientos modernos.
- Andrés podía estudiar en Alcolea todas aquellas manifestaciones del árbol de la vida, y de la vida áspera manchega.
- Esta agua no la beberá usted en todas partes, es de la fuente del Maillo.
- Creyó, como Schopenhauer, que el que lea con atención Los Nueve Libros de Herodoto, tiene todas las combinaciones posibles de crímenes, destronamientos, heroísmos e injusticias, bondades y maldades que puede suministrar la historia.
- Para él no había burlas, todas resbalaban por su coraza de impasibilidad.
- Todas las opiniones de Andrés acerca de la guerra estaban condensadas en este cantar de la vieja criada.
- En todas partes no se hablaba más que de la posibilidad del éxito o del fracaso.
- En todas partes, el hombre, en su estado natural, es un canalla, idiota y egoísta.
- Yo creo que la civilización le debe más al egoísmo que a todas las religiones y utopías filantrópicas.
- El hace que se ponga trajes exagerados, la lleva a todas partes.
- A mí me parece una mujer cerebral, sin fuerza orgánica y sin sensualidad, para quien todas las impresiones son puramente intelectuales.
- De todas.
- Cuando hay una visita del médico o de la autoridad, a todas las mujeres no matriculadas las esconden en el piso tercero de la otra casa.
- Luego todas estas amas de prostíbulo siguió diciendo Andrés, tienen la tendencia de martirizar a las pupilas.
- Todas responden a nombres falsos.
- ¿Vivirán poco todas ellas?
- Todas estas mujeres tienen una mortalidad terrible.
- Mientras la celestina se conserva agarrada a la vida, todas esas carnes blancas, todos esos cerebros débiles y sin tensión van cayendo al pudridero.
- Lo único grande, fuerte, terrible, es que a todas estas mujeres les queda una idea de la honra como algo formidable suspendido sobre sus cabezas.
- Quitando estas horas de paz y de tranquilidad, todas las demás eran para Andrés de disgusto y de molestia.
- La madre de Lulú comenzó a frecuentar la casa, y como tenía mala voluntad para Andrés, envenenaba todas las cuestiones.
- Ante todas cosas que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca.
- Para esto le hacía burlas endiabladas, de las cuales contaré algunas, aunque no todas a mi salvo.
- Él traía el pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo que por la boca se cerraba con una argolla de hierro y su candado y su llave, y al meter de todas las cosas y sacallas, era con tan gran vigilancia y tanto por contadero, que no bastaba hombre en todo el mundo hacerle menos una migaja.
- Y con esto y con el gran miedo que tenía, y con la brevedad del tiempo, la negra longaniza aún no había hecho asiento en el estómago, y lo más principal, con el destiento de la cumplidísima nariz medio cuasi ahogándome, todas estas cosas se juntaron y fueron causa que el hecho y golosina se manifestase y lo suyo fuese devuelto a su dueño.
- Toma, y vuélvela luego, y no hagáis sino golosinar, como si debajo della estuvieran todas las conservas de Valencia, con no haber en la dicha cámara, como dije, maldita la otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo, las cuales él tenía tan bien por cuenta, que si por malos de mis pecados me desmandara a más de mi tasa, me costara caro.
- El diablo del enjalma maldita la cosa tenía dentro de sí, que puesto sobre el cañizo todas las cañas se señalaban y parecían a lo proprio entrecuesto de flaquísimo puerco.
- Y mi amo muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi cosideración.
- Señor Dios, a quien ninguna cosa es escondida, antes todas manifiestas, y a quien nada es imposible, antes todo posible, tú sabes la verdad y cuán injustamente yo soy afrentado.
- Y hecho su sermón y despedido desde el púlpito, ya que se quería abajar, llamó al escribano y a mí, que iba cargado con unas alforjas, e hízonos llegar al primer escalón, y tomó al alguacil las que en las manos llevaba y las que no tenía en las alforjas, púsolas junto a sus pies, y tornóse a poner en el púlpito con cara alegre y arrojar desde allí de diez en diez y de veinte en veinte de sus bulas hacia todas partes, diciendo.
- Hame sucedido tan bien, yo le he usado tan fácilmente, que casi todas las cosas al oficio tocantes pasan por mi mano.
- Los domingos y fiestas casi todas las comíamos en su casa.
- Otro cuadro iluminado que gozaba gran estimación en la casa, era uno que tenía en medio la Rosa de los Vientos, y a los lados, todas las banderas, gallardetes y matrículas del mundo.
- Yo aprendí a leer y a escribir con todas estas narraciones y aventuras de la familia.
- Pero, entre todas aquellas historias, la más extraordinaria, la más absurda, dentro de su realidad, era la de Lope de Aguirre, el loco, llamado también Lope de Aguirre, el traidor.
- Yo miraba por todas partes, a pesar de que el viejo Irizar me exhortaba a que estuviera con más devoción.
- Todas las mujeres, con sus capuchones negros, cruzaron por delante de nosotros, en procesión, hacia casa de la abuela, y tras ellas fueron saliendo los señores, con su sombrero de copa, y los marineros y la gente pescadora, con los trajes de paño y las manos metidas en los bolsillos del pantalón.
- Pero él se opuso con todas sus fuerzas.
- Y la más célebre de todas era la de Joshe Ramón, conocida por el Guezurrechape de Cay luce, o sea, en castellano, el Mentidero del muelle largo.
- Pero Yurrumendi aseguraba que esta hoguera la hacían todas las noches las almas de los marineros del célebre pirata Kidd, que guardan allí un inmenso tesoro escondido.
- Un agujero negro, socavado en la muralla, donde vendía alquitrán, sebo, barricas, clavos, maderas embreadas, redes y anzuelos de todas clases.
- En la cueva de Caracas solían estar a todas horas, de tertulia, un borracho, que se llamaba Joshepe Tiñacu, y un tipo mediotonto, de blusa azul y de gorro rojo, que vigilaba las lanchas, apodado Shacu.
- Pero cuando pasábamos por delante del agujero de Caracas, Shacu se adelantaba y se ponía a gritar con todas sus fuerzas.
- Realmente no sé si estaba enamorado, pero sí que pensaba en Dolorcitas a todas horas, con una mezcla de angustia y de cólera.
- Había por todas partes olor a aceite frito y humo de castañas asadas.
- Yo, movido por el interés de averiguar el paradero de mi tío Juan, registré los armarios de la abuela y leí todas las cartas y papeles viejos.
- Ahí siguen todas esas viejas casas bien agarradas al suelo, con sus negros paredones y sus tejados llenos de pedruscos.
- Por todas partes, en las paredes negruzcas, en las escaleras de piedra de algunas casas, en las tapias de los jardines, salen hierbas carnosas y relucientes, con florecillas azules y rojas.
- Oigo, riendo, las riñas en vascuence de las mujeres a los chicos, porque todas estas mujeres de mar tratan a la prole a fuerza de chillidos, como si imitaran a las gaviotas, y cambio algunas palabras con los pescadores.
- Como son casi todas hijas y mujeres de marinos, el vivir mucho tiempo solas les ha dado decisión y energía, y las ha acostumbrado a no obedecer a nadie.
- Uno o dos meses después de llegar yo a Lúzaro, en la relojería se comenzó a hablar a todas horas de las minas de hierro que se estaban explotando en Izarte, y del embarcadero que se iba a construir en un extremo de la playa de las Animas.
- El agua está allí como desesperada, verde de cólera, sin un momento de reposo, y lanza contra las rocas todas sus furias, todas sus espumas.
- En las forjas del espíritu se funden todas las substancias.
- Hay que unir todas las letras señaladas me dijo el viejo.
- En el rancho del sollado reñían a todas horas unos contra otros.
- Un chino rubio que se dedicaba a cazar todas las ratas del barco y a comérselas.
- Su único amigo era un gato negro, Belzebuth, con el que andaba por todas partes llevándolo en el hombro.
- Allí había agentes de todas las nacionalidades, sobre todo americanos y portugueses.
- Hay que reconocer, en honor de la bella Francia, que los negreros franceses debieron dejar atrás a los demás en el arte de desollar negros, porque incrustaron en el lenguaje de las colonias el nombre del látigo francés, lo impusieron, y a todas partes donde había negros llevaron triunfante el fouet.
- Por fuera lo fregábamos todas las semanas, y cuando recalábamos en alguna bahía conocida por el capitán, lo primero que hacíamos era raspar los fondos para quitarles algas, hierbas y escaramujos que, principalmente en los mares tropicales, se adhieren en tal cantidad que dejan los fondos como una selva.
- Todas las precauciones eran pocas para poder huir rápidamente, en caso de ser perseguidos.
- Como el viaje se había hecho sin riesgo, lo volvimos a repetir, y llenamos todas las botellas y depósitos que encontramos.
- El capitán mandó retirar todas las botellas y barriles, y prohibió al cocinero que sacara licores sin su consentimiento.
- Doce hombres treparon con ímpetu por los palos para largar todas las velas y arrastraderas.
- Nosotros largamos todas las velas y tiramos los cañones al mar, para aligerarnos de carga.
- LIBRO QUINTO JUAN MACHIN, EL MINERO I MALA NOTICIA Todas las preocupaciones que me servían para olvidarme un poco de mis inquietudes amorosas fueron pronto desechadas al recibir una carta de Genoveva, la hija de Urbistondo.
- No las tenía todas conmigo.
- El recibimiento que me hizo Mary borró todas mis inquietudes.
- III UNA NOCHE EN FRAYBURU Aunque la veía por las tardes, solía pasar todas las noches por delante de su casa.
- El viento venía en ráfagas violentas, haciendo un ruido como si se hubieran desencadenado todas las furias del Averno.
- Todas las mujeres y chicos nos contemplaban con ansia.
- Yo conozco a todas las familias de los caseríos.
- Lo reclamaba con todas sus fuerzas.
- Entre los cuarenta tripulantes que íbamos en El Dragón, los había de todas clases.
- Todas aquellas lomas y montículos del río, formados de arena, probablemente cambiarían de posición y de forma al impulso del viento del Sahara.
- Ilustración Por todas partes, alrededor, dominaba igual color neutro, triste.
- Sentía dolores en todas las articulaciones y una gran postración.
- La mala alimentación, la humedad, el frío, todas las molestias naturales en una cárcel de aquel género, le tenían fuera de sí, y sus protestas no le servían más que para estar encadenado y en el calabozo.
- Los primeros meses, Allen y yo nos dedicamos a estudiar sistemáticamente todas las formas y posibilidades de fugarse.
- Mi novia, sus hermanos, la familia entera no veía más que millones por todas partes.
- Para él, Urbia era la reunión de todas las bellezas, el compendio de todos los intereses y magnificencias.
- Nadie se ocupaba de él, no compartía con los demás chicos la escuela y huroneaba por todas partes.
- ¡Viejo cochino! ¡Cobarde! Marqués contestaba a los insultos con un ladrido suave, que parecía una quejumbrosa protesta, movía la cola como un péndulo y se ponía a andar en zig zag, olfateando por todas partes.
- Cuando iba a la escuela con su carita sonrosada, un traje gris y una boina roja en la cabeza rubia, todas las mujeres del pueblo la acariciaban, las demás chicas querían siempre andar con ella y decían que, a pesar de su posición privilegiada, no era nada orgullosa.
- Al volver hacia casa todas juntas, veían cómo en el cielo comenzaban a brillar las estrellas y escuchaban a los sapos, que lanzaban su misteriosa nota de flauta en el silencio del crepúsculo.
- Y el señor Soraberri miraba a todas partes, como espantado, con sus grandes ojos turbios, y decía.
- Martín presenció todas estas maniobras con una curiosidad creciente, hubiera dado cualquier cosa por entrar, pero no tenía dinero.
- Capistun, como buen republicano, afirmó que la guerra en todas partes era una barbaridad.
- A todas estas preguntas contestaba Cacochipi, alias Cracasch, diciendo que no le pasaba nada, pero suspiraba como si le ocurrieran todas esas calamidades al mismo tiempo.
- Para no llevar la lista de todas las personas a quien tenían que ver y estar consultando a cada paso lo que podía comprometerles, Bautista, que tenía magnífica memoria, se la aprendió de corrido.
- Como estas todas eran para Estella, las encerró en un sobre y escribió.
- Siguiéndole a todas partes como amigo y asesor, iba un antiguo criado suyo que se llamaba Asensio, pero a quien se le conocía por estos dos motes.
- ¿A seguirme a todas partes?
- A todas partes.
- La aventura de su llegada a Logroño con un una señorita y una monja había corrido por todas partes.
- Por más que Martín y Bautista preguntaron en todas las casas, no encontraron a Catalina.
- Con la proclamación de Sagunto, la desconfianza cundió por todas partes.
- Los ambiciosos de los pueblos veían que todas las clases ricas se inclinaban a favor de la monarquía liberal.
- Antes de llegar a Urbia, a un lado y a otro, se veían casas de campo derrumbadas, fachadas con las ventanas tapiadas y rellenas de paja, árboles con las ramas rotas, zanjas y parapetos por todas partes.
- Todas hieren, la última acaba.
- Y no necesito decir que entre todas estas naciones o islas España era la mejorcita, por lo cual los ingleses, unos a modo de salteadores de caminos, querían cogérsela para sí.
- ¡Ah!, si todos hicieran lo que yo digo, ¡qué pronto las pagaría todas juntas ese caballerito que trae tan revuelto al mundo! Mi amo miró sonriendo una mala estampa clavada en la pared, y que, torpemente iluminada por ignoto artista, representaba al Emperador Napoleón, caballero en un corcel verde, con el célebre redingote embadurnado de bermellón.
- Era Doña Francisca una señora excelente, ejemplar, de noble origen, devota y temerosa de Dios, como todas las hembras de aquel tiempo.
- Por éstas y otras razones, Doña Francisca pedía al cielo en sus diarias oraciones el aniquilamiento de todas las escuadras europeas.
- En tanto, el héroe se consumía tristemente en Vejer viendo sus laureles apolillados y roídos de, y meditaba y discurría a todas horas sobre un tema importante, es decir.
- Figúrense ustedes, señores míos, un hombre viejo, más bien alto que bajo, con una pierna de palo, el brazo izquierdo cortado a cercén más abajo del codo, un ojo menos, la cara garabateada por multitud de chirlos en todas direcciones y con desorden trazados por armas enemigas de diferentes clases, con la tez morena y curtida como la de todos los marinos viejos, con una voz ronca, hueca y perezosa que no se parecía a la de ningún habitante racional de tierra firme, y podrán formarse idea de este personaje, cuyo recuerdo me hace deplorar la sequedad de mi paleta, pues a fe que merece ser pintado por un diestro retratista.
- Observando la mayor parte de las voces usadas por los navegantes, se ve que son simplemente corruptelas de las palabras más comunes, adaptadas a su temperamento arrebatado y enérgico, siempre propenso a abreviar todas las funciones de la vida, y especialmente el lenguaje.
- Mas acontece con frecuencia que los hechos muy remotos, correspondientes a nuestra infancia, permanecen grabados en la imaginación con mayor fijeza que los presenciados en edad madura, y cuando predomina sobre todas las facultades la razón.
- Como niños ambos, aunque de distinta condición, pronto nos tratamos con la confianza propia de la edad, y mi mayor dicha consistía en jugar con ella, sufriendo todas sus impertinencias, que eran muchas, pues en nuestros juegos nunca se confundían las clases.
- ¡Y a todas éstas, ni una sonrisa, ni un salto, ni una monada, ni una veloz carrera, ni un poco de olé, ni esconderse de mí para que la buscara, ni fingirse enfadada para reírse después, ni una disputilla, ni siquiera un pescozón con su blanda manecita! ¡Terribles crisis de la existencia! ¡Ella se había convertido en mujer, y yo continuaba siendo niño! No necesito decir que se acabaron los retozos y los juegos.
- Llegada la hora de rezar el rosario, acto solemne que se verificaba en el comedor con asistencia de todos los de la casa, mi amo, que otras veces solía dormirse, murmurando perezosamente los Pater noster, lo cual le valía algunas reprimendas, estuvo aquella noche muy despabilado y rezó con verdadero empeño, haciendo que su voz se oyera entre todas las demás.
- Pues sépase que estaba muy triste, porque el señor de Malespina no había parecido aquel día, ni escrito carta alguna, siendo inútiles todas mis pesquisas para hallarle en la plaza.
- No pudo seguir, porque Doña Francisca, que sentía desbordarse el vaso de su enojo, apostrofó a todas las Potencias terrestres.
- Pero es fácil presumir que habría todas las ternezas imaginables por una y otra parte.
- A todas éstas habían concluido de comer.
- Corría por las calles con gran ansiedad, como si en un minuto quisiera verlas todas.
- En todas las ciudades populosas, y especialmente en Cádiz, que era entonces la más culta, había muchas personas desocupadas que eran depositarias de las noticias de Madrid y París, y las llevaban y traían diligentes vehículos, enorgulleciéndose con una misión que les daba gran importancia.
- Creados por una época positivista, y adecuados a la ciencia náutico militar de estos tiempos, que mediante el vapor ha anulado las maniobras, fiando el éxito del combate al poder y empuje de los navíos, los barcos de hoy son simples máquinas de guerra, mientras los de aquel tiempo eran el guerrero mismo, armado de todas armas de ataque y defensa, pero confiando principalmente en su destreza y valor.
- Con los primeros hacía yo mejores migas que con los segundos, y asistía a todas las conferencias de Marcial.
- Todas las conferencias terminaban en un solo punto, el próximo combate.
- Manejaban otros las brazas, prontos a la voz del contramaestre, y todas las voces del navío, antes mudas, llenaban el aire con espantosa algarabía.
- A pesar del distinto temple moral de aquellos hombres, creo que en los solemnes momentos que precedieron al primer cañonazo, la idea de Dios estaba en todas las cabezas.
- Y todas estas ideas y sensaciones llevaron finalmente mi espíritu hasta Dios, a quien dirigí una oración que no era Padre nuestro ni Ave María, sino algo nuevo que a mí se me ocurrió entonces.
- El entusiasmo de los primeros momentos se había apagado en mí, y mi corazón se llenó de un terror que me paralizaba, ahogando todas las funciones de mi espíritu, excepto la curiosidad.
- Ello es que los casacones acudían a todas partes y no perdían movimiento alguno.
- Ya las ha pagado todas juntas.
- Yo les aseguro a ustedes, y no dudo en decir esto, aunque sea en elogio mío, que le perdoné con toda mi alma y que elevé el pensamiento a Dios, pidiéndole que le perdonara todas sus culpas.
- ¿Por qué estos hombres no han de ser amigos en todas las ocasiones de la vida como lo son en las de peligro?
- Esto de que las islas han de querer quitarse unas a otras algún pedazo de tierra, lo echa todo a perder, y sin duda en todas ellas debe de haber hombres muy malos, que son los que arman las guerras para su provecho particular, bien porque son ambiciosos y quieren mandar, bien porque son avaros y anhelan ser ricos.
- Su presencia produjo en mi espíritu sensaciones muy raras, y he de confesarlas todas, aunque alguna de ellas me haga poco favor.
- Hallándose el Príncipe de Asturias con todas las jarcias cortadas, sin palos, acribillado a balazos, y habiendo caído herido el general Gravina y su mayor general Escaño, resolvieron abandonar la lucha, porque toda resistencia era insensata y la batalla estaba perdida.
- Mas al fin, todas estas glorias se desvanecieron.
- Las peripecias todas del terrible día 21 se renovaron a mis ojos.
- A todas éstas se venía la noche encima con malísimo aspecto.
- Ya sabe usted que viraba mal, y que todas las maniobras se hacían en él muy difícilmente.
- En vano se ejecutaron todas las maniobras necesarias para poner la proa hacia el interior de la bahía.
- Grité con todas mis fuerzas.
- Yo no puedo estar en todas partes.
- Las casas de labranza y algunas quintas de recreo, blancas todas, esparcidas por sierra y valle reflejaban la luz como espejos.
- En la provincia, cuya capital era Vetusta, abundaban por todas partes montes de los que se pierden entre nubes.
- Mientras los demás le tenían por sabio teólogo, filósofo y jurisconsulto, él estimaba sobre todas su ciencia de Vetusta.
- Casi todas las calles de la Encimada eran estrechas, tortuosas, húmedas, sin sol.
- Galerías de cristales robando a los edificios por todas partes la esbeltez que podía suponérseles.
- Todas las personas pudientes creen y practican, como se dice ahora.
- Creía, o por lo menos propalaba todas las injurias con que se quería derribar al Provisor, y le envidiaba por lo que pudiera haber de cierto en el fondo de tantas calumnias.
- A lo largo de todas las paredes estaba la cajonería, de castaño, donde se guardaba ropas y objetos del culto.
- Al borde llegaba todas las noches, y solía ser una puerta desvencijada, sucia y negra en las sombras de algún callejón inmundo.
- Y por vanidad o por fe creía en su regeneración todas las mañanas aquel devoto del Corazón de Jesús.
- De todas maneras, figurándose con la abundante y poética fantasía que Dios le había dado, los rigodones en que había lucido garbo y talle, solía, en petit comité según decía terciar el manteo, colocar la teja debajo del brazo, levantar un poco la sotana y bailar unos solos muy pespunteados y conceptuosos, llenos de piruetas, genuflexiones y hasta trenzados.
- La cual siempre había sido hija de confesión de don Cayetano, pero este, que de algunos años a esta parte sólo confesaba a algunas pocas personas, señoras casi todas, de alta categoría, escogidísimos amigos y amigas, al cabo se había cansado también de esta leve carga, pesada para sus años.
- ¡Este vejete chocho y mal educado me las ha de pagar todas juntas!
- Yo respeto todas las opiniones.
- Cuando el señor don Víctor Quintanar era Regente de Vetusta, el Magistral le visitaba en todas las solemnidades en que exigían este acto de cortesía las costumbres del pueblo.
- Después de abandonar todas las prendas que no habían de acompañarla en el lecho, quedó sobre la piel de tigre, hundiendo los pies desnudos, pequeños y rollizos en la espesura de las manchas pardas.
- Una mujer seca, delgada, fría, ceremoniosa, la obligaba a acostarse todas las noches antes de tener sueño.
- Todas las noches antes de dormir se daba un atracón de honra a la antigua, como él decía.
- De todas maneras, era simpático.
- El aya afirmaba en todas partes, entre interjecciones aspiradas, que la educación de aquella señorita de cuatro años exigía cuidados muy especiales.
- De todas suertes, doña Camila se rodeó de precauciones pedagógicas y preparó a la infancia de Ana Ozores un verdadero gimnasio de moralidad inglesa.
- Todas las palomas con manchas negras en la cabeza podían ser una madre, según la lógica poética de Anita.
- Creyó en una gran injusticia que era la ley del mundo, porque Dios quería, tuvo miedo de lo que los hombres opinaban de todas las acciones, y contradiciendo poderosos instintos de su naturaleza, vivió en perpetua escuela de disimulo, contuvo los impulsos de espontánea alegría.
- Vean ustedes, yo entrego a mi hija esos grabados que representan el arte antiguo, con todas las bellezas del desnudo que en vano querríamos imitar los modernos.
- Se hablaba muy mal de Chateaubriand por aquel tiempo en todas partes.
- Verdad era que de algún tiempo a aquella parte su pensamiento, sin que ella quisiese, buscaba y encontraba secretas relaciones entre las cosas, y por todas sentía un cariño melancólico que acababa por ser una jaqueca aguda.
- No sólo se trata de echar sobre sí la enorme carga de mantener, y creo que hasta vestir y calzar, a una persona que las sobrevivirá, según todas las probabilidades, carga que es de por vida o vitalicia por consiguiente.
- Representa una alianza nefasta en que la sangre, a todas luces azul, de los Ozores, se mezcló en mal hora con sangre plebeya.
- Asistían a todas las novenas, a todos los sermones, a todas las cofradías, y a todas las tertulias de buen tono.
- Esta era la ocupación a que daban más importancia entre todas las de su atareada existencia.
- De todas suertes ella padecía mucho.
- Los colocaba en parajes deliciosos y pintorescos y acababan todas las aventuras en batallas o en escenas de amor.
- Al despertar todas las mañanas se sorprendía Anita con una sonrisa en el alma y una plácida pereza en el cuerpo.
- Al principio se le había figurado que ella, con un poco de arte, hubiera podido conquistar a cualquiera de aquellos nobles ricos que se divertían con todas y se casaban con la de mayor dote.
- ¡Quién hubiera dicho a doña Anuncia que aquel novio soñado, que ya empezaba a tardar, pasaba todos los días cerca de ellas, en el Espolón, el Paseo de invierno, o en la carretera de Madrid, orlada de altos álamos que se juntaban a lo lejos! Ana había notado que todas las tardes se encontraban con don Tomás Crespo, el íntimo de la casa, y un caballero que se la comía con los ojos.
- La única persona con quien ella se atrevía a hablar algo de lo que le pasaba por dentro era don Tomás Crespo, libre, decía él, de todas las preocupaciones, inclusive la de no tenerlas, que era de las más tontas.
- Ni nuestra miseria, a duras penas disimulada delante del mundo, nos ha impedido rodearte de todas las comodidades apetecibles.
- Había momentos en que la sombra de la señorita de Ozores tenía tres cabezas en la pared y tres o cuatro en el techo, y se diría que de todas ellas salían gritos y alaridos, según lo que vociferaba doña Anuncia sola.
- Tanto que aquellos desaparecían casi todas las noches y los grabados de mérito eran cuidadosamente arrancados.
- Cármenes, que en los certámenes de Vetusta se llevaba todas las rosas naturales, no podía conseguir que sus versos tuvieran cabida en las prensas madrileñas.
- Pero el cuarto del crimen era el lugar donde se reunían todos los oficios, todas las edades, todas las ideas, todos los gustos, todos los temperamentos.
- Se llamaba Joaquín Orgaz y se timaba con todas las niñas casaderas de la población, lo cual quiere decir que las miraba con insistencia y tenía el gusto de ser mirado por ellas.
- Yo soy muy inglés en todas mis cosas decía con énfasis sobre todo en las botas.
- Y así, de una en otra, jugándose la vida en todas ellas, convirtió el peón en reina, y ganó el juego el enérgico diputado provincial de Pernueces.
- ¡Ni Mesía ni San Mesía me asustan a mí! y yo lo que digo, lo digo cara a cara y a la faz del mundo, surbicesorbi (a la ciudad y al mundo en el latín ronzalesco.) No parece sino que don Alvarito se come los niños crudos, y que todas las mujeres se le.
- En todas partes le veía enfrente, pero vencedor.
- Y en cuanto a sus relaciones con los Páez, yo que soy amigo de corazón de don Manuel, y conozco a su hija desde que era así media vara protesto contra todas esas calumniosas especies.
- Esa, fue a la catedral con Obdulia, las acompañó el arqueólogo, y en la capilla de las reliquias, en los sótanos, en la bóveda, en todas partes creo que se daban unos.
- Contestó muy fino en una esquela perfumada, como todas las suyas, que parecen de cocotte de sacristía.
- Pero, aunque se lo ocultase a sí mismo, no las tenía todas consigo.
- Tenía todo el orgullo y todas las preocupaciones de sus compañeros en nobleza vetustense, pero afectaba una llaneza que era el encanto de las almas sencillas.
- Ella no había sido ni mala ni buena, sino como todas las que no son completamente malas, pero tenía la virtud de la más amplia tolerancia.
- Todas eran conjeturas.
- Seguía siendo aturdida, tenía fama de golosa y de gorrona según la expresión que se usaba en Vetusta como en todas partes pero nada más.
- Ella, sin embargo, negaba a cada uno de sus amantes todas sus relaciones anteriores, menos las de Mesía.
- A todas horas, de día y de noche, en alguna parte de la provincia se estaban preparando las provisiones de la mesa de Vegallana.
- El ajuar de la cocina abundante, rico, ostentoso, despedía rayos desde todas las paredes, sobre el hogar, sobre mesas y arcones.
- Él amaba a la mujer, a todas las mujeres, pero no creía en sus facultades culinarias.
- De Joaquinito Orgaz, el flamenco que andará buscándote por todas partes.
- Pero la hermosura la molestaba como a todas, y la virtud la volvía loca.
- Pues bien, este, procurar que Ana fuese al fin y al cabo como todas.
- Amar no es para todas las edades.
- Y describía minuciosamente, con los pormenores que ella podía explicar a un hombre que había sido su amante y era su camarada, todas las turgencias de Ana, su perfección plástica, los encantos velados, como decía Cármenes en el Lábaro.
- Cuando ella le había dicho que en la adolescencia había tenido antojos místicos, y que después sus tías y todas las amigas de Vetusta le habían hecho despreciar aquella vanidad piadosa ¿qué había contestado el Magistral?
- Pues así todas las artes, así la contemplación de la naturaleza, la lectura de las obras históricas, y de las filosóficas, siendo puras, podían elevar el alma y ponerla en el diapasón de la santidad al unísono de la virtud.
- De todas maneras, la virtud y la piedad eran cosas bien diferentes de lo que le habían enseñado sus tías y la devoción vulgar (así la llamó para sus adentros) que había aprendido como una rutina.
- Aquel perfume de harapo lo respiraban muchas mujeres hermosas, unas fuertes, esbeltas, otras delicadas, dulces, pero todas mal vestidas, mal lavadas las más, mal peinadas algunas.
- Yo soy más pobre que todas estas.
- Describía todas las aberraciones de la lubricidad femenil en lo antiguo, en la Edad media y en los tiempos modernos.
- Eso creo yo solía afirmar Ronzal la mujer es así urbicesorbi (en todas partes, en el latín de Trabuco.) Además, don Álvaro era profundamente materialista y esto no lo confesaba a nadie.
- Ya no veía más que átomos, y su buena figura era un feliz conjunto de moléculas en forma de gancho para prender a todas las mujeres bonitas que se le pusieran delante.
- Si aquel verle en todas partes sería casualidad.
- Pero de todas maneras era una aventura estúpida.
- ¿Por qué no había de hacer lo que todas las demás?
- Los eucaliptus de Frígilis inclinando leve y majestuosamente su copa, se acercaban unos a otros, cuchicheando, como diciéndose discretamente lo que pensaban de aquella loca, de aquella mujer sin madre, sin hijos, sin amor, que había jurado fidelidad eterna a un hombre que prefería un buen macho de perdiz a todas las caricias conyugales.
- Los árboles seguían hablándose al oído, murmurando con todas las hojas.
- Sí, todas estas sandeces le diría con la elocuencia que ya se le ocurriría a su debido tiempo.
- Iremos a todas partes y, si me apuras, le mando a Paco o al mismísimo Mesía, el Tenorio, el simpático Tenorio, que te enamoren.
- A la tertulia de la Marquesa cada cinco o seis días, al Espolón todas las tardes que haga bueno.
- Y esto no es un programa de gobierno, sino que se cumplirá en todas sus partes.
- Que, contra las leyes divinas y humanas, el Magistral es comerciante, es el dueño, el verdadero dueño de La Cruz Roja, el bazar de artículos de iglesia, al que por fas o por nefas todos los curas de todas las parroquias del obispado han de venir velis nolis a comprar lo que necesitan y lo que no necesitan.
- Conocía el interior de todas las casas importantes y de todas las almas que podían servirle para algo.
- De todas suertes, eran dos almas que se amaban en Jesús, a través de gran distancia.
- Si vendemos cera, si vendemos aras, si tú hiciste cambiar las de todas las parroquias del Obispado para que te compraran a ti las nuevas.
- Por un acto de fe, aquella señora había despreciado todas las injurias con que sus enemigos le perseguían a él, no había creído nada de aquello y se había acercado a su confesonario a pedirle luz en las tinieblas de su conciencia, a pedirle un hilo salvador en los abismos que se abrían a cada paso de la vida.
- En el despacho reparó el sofá de reps azul, las butacas, las correctas filas de libros amontonados sobre sillas y tablas por todas partes.
- Todas habían hecho su primera confesión con don Fermín.
- Miró a todos los rincones, a todas las puertas, y con la mano delante de la boca, dijo.
- ¿A que mi señor don Fermín no aconseja a ningún padre que tenga cuatro hijas como cuatro soles, que las haga monjas una por una a todas, como si fueran los carneros de Panurgo?
- ¿No ve usted, señor mío, que yo las he visto nacer a todas ellas, que las he visto crecer, que he seguido paso a paso todas las vicisitudes de su existencia?
- En casa se rezan todas las horas canónicas.
- Y el espíritu se lo inundaba de luz y de una alegría que no podían obscurecer ni turbar todas las desdichas del mundo, al menos las que él había padecido.
- Las más de estas eran mujeres honradas que no habían sido adúlteras, que no habían hecho más que tontear, como todas.
- Cuando Camoirán llegó a Vetusta, se vio acosado por el bello sexo de todas las clases.
- Todas querían al Obispo por padre espiritual.
- Hablaba mucho y a todas les decía casi lo mismo.
- Había una mesa en cada esquina, y alrededor de todas curas y legos que hablaban, gesticulaban, iban y venían, insistían en pedir algo con temor de un desaire.
- De todas suertes, los días de Paquito Vegallana no solían celebrarlos con gaudeamus, ni él estaba invitado ni.
- Todas las señoras menos una, alta, gruesa y vestida con hábito del Carmen (una señora que parecía un fraile) sostenían que tiene más mérito la buena casada del siglo que la esposa de Jesús.
- Pero ya las pagaría todas juntas.
- Algo sucio iba todo, pero ya tranquila la conciencia, salía a caza de noticias, de chismes, de terrones de azúcar y de recomendaciones la señora del Banco que estaba en todas partes y siempre en activo servicio.
- Visitación lo aprobó en todas sus partes y juntos se fueron al tocador de Ana, que deprisa y como ocultándose, cerraba en aquel instante la carta que poco después don Fermín leía delante de su madre.
- Los marqueses de Vegallana sabían tratar a sus convidados con todas las reglas de la etiqueta empalagosa de la aristocracia provinciana.
- De todas suertes él no pecaba en casa ni siquiera dentro del casco de la población.
- Un rincón del bosque, una dama que monta a la inglesa, y un jinete que le va a los alcances dispuesto, según todas las señas, a besarle una mano en cuanto pueda cogerla.
- Ella se lo agradecía y se lo pagaba siendo su abogado más elocuente en todas partes.
- Siempre estaban juntos unos y otros, en el teatro, en paseo, en todas partes, y la Regenta comía en casa del Marqués muy a menudo.
- Don Robustiano Somoza, que ante todo era higienista público, gritaba en todas partes.
- Lo que se puede bien llamar juventud dorada del clero de la capital, tan envidiada por sus colegas de la montaña, que según ellos mismos se embrutecían a ojos vistas, la juventud dorada acudía sin falta todas las tardes de otoño y de invierno que hacía bueno al Espolón.
- Yo no comprendo que pueda ser cosa inocente e inofensiva que un sacerdote tropiece con los codos de todas las señoritas majas del pueblo.
- Sin embargo, las que había bastaron para comentar con abundancia de escolios y notas el hecho extraordinario de apearse el Magistral de la carretela de los Vegallana donde todas con sus propios ojos cada cual le acababan de ver al lado de la Regenta.
- De todas maneras, había sido una necedad, y tal vez una grosería, haber desairado a aquellas señoras.
- Se trataba del zurriágame la melunga, juego popular al alcance de todas las fortunas.
- Si ella es como todas.
- De todas maneras, le era antipática.
- Que esto no tiene nada que ver con todas esas otras calumnias de antaño.
- Todos los días, todas las noches había en la taberna pendencias, brillaban las navajas, volaban por el aire los bancos.
- El muchacho resistió todas las pruebas a que los PP.
- Y recordó una a una todas las veces que le había sonreído.
- Le tenía agarrado, como ella decía, por todas partes y por eso le dejaba figurar como dueño del comercio, sin miedo de una traición.
- Sí señor ¡que nos oigan los sordos, señor Magistral! usted ha hecho renovar las aras de todas las iglesias del obispado.
- Todas estas locuras las pensaba, sin querer, con mucha formalidad.
- Todas aquellas necedades ensartadas en lugares comunes.
- Ana ponía todas las fuerzas de su voluntad en demostrar a Don Álvaro que no le temía.
- Lo que no sabía don Álvaro, aunque por ciertos síntomas favorables lo presumiese a veces su vanidad, era que la Regenta soñaba casi todas las noches con él.
- Y aquel día pudo ser, merced a esto, la conferencia tan ideal y delicada en la forma como todas las anteriores.
- A veces los telones y bastidores se hacían los remolones o precipitaban su caída, y en una ocasión, el buen Diego Marsilla, atado a un árbol codo con codo se encontró de repente en el camarín de doña Isabel de Segura, con lo que el drama se hizo inverosímil a todas luces.
- En lo que están casi todos de acuerdo es en que la zarzuela es superior al verso, y la estadística demuestra que todas las compañías de verso truenan en Vetusta y se disuelven.
- Unos se hacen vecinos y se dedican a coristas endémicos para todas las óperas y zarzuelas que haya que cantar, y otros consiguen un beneficio en que ellos pasan a primeros papeles y, ayudados por varios jóvenes aficionados de la población representan alguna obra de empeño, ganan diez o doce duros y se van a otra provincia a tronar otra vez.
- Pero además hacía algunas semanas que se hablaba mucho de la Regenta, se comentaba su cambio de confesor, que por cierto coincidía con el afán del señor Quintanar, de llevar a su mujer a todas partes.
- ¡La Regenta, bah! la Regenta será como todas.
- Las reticencias de la Fandiño eran todavía recibidas con desconfianza, en casi todas partes.
- Desde la aparición de don Álvaro en la plaza, el humor de Ana había cambiado, pasando de la aridez y el hastío negro y frío, a una región de luz y calor que bañaban y penetraban todas las cosas.
- De todas partes quería sacar provecho don Frutos, y prueba de ello es que decía, por ejemplo.
- A pesar de Don Frutos y sus altercados de crítica dramática, la bolsa de Don Álvaro, que así se llamaba en todas partes, era la más distinguida, la que más atraía las miradas de las mamás y de las niñas y también las de los pollos vetustenses que no podían aspirar a la honra de ser abonados en aquel rincón aristocrático, elegante, donde se reunían los hombres de mundo (en Vetusta el mundo se andaba pronto) presididos por el jefe del partido liberal dinástico.
- Los abonados de esta otra bolsa eran Ronzal, Foja, Páez (que además tenía palco para su hija), Bedoya, un escribano famoso por su lujuria que le costaba mucho dinero, por su arte para descubrir vírgenes en las aldeas y por sus buenas relaciones con todas las Celestinas del pueblo.
- El juez de primera instancia, que se dividía a sí mismo en dos entidades, 1.º el juez, incorruptible, intratable, puerco espín sin pizca de educación, y 2.º el hombre de sociedad, perseguidor de casadas de mala fama, consuelo de todas las que lloraban desengaños de amores desgraciados.
- Casados en secreto, recorrían después todas las provincias, y para ayuda del presupuesto conyugal la enamorada joven, que era hija de padres ricos, se decidió a pisar las tablas.
- De todas suertes, ¡qué cuarto acto tan poético! El Guadalquivir allá abajo.
- Debe usted confesar entre todas, y además algunos días en que no se sabe que me siento.
- Sí, tiene usted cien veces razón decía ella yo necesito una palabra de amistad y de consejo muchos días que siento ese desabrimiento que me arranca todas las ideas buenas y sólo me deja la tristeza y la desesperación.
- Fácilmente tomaba todas las formas y fácilmente las cambiaba por otras nuevas.
- Y como sus aventuras eran todas rurales, salía el buen Vegallana a desafiar los elementos, recorriendo las aldeas, entre lodo, hielo y nieve en su coche de camino.
- Los que tenían el privilegio envidiable y envidiado de penetrar en aquella estufa perfumada, bendecían los chubascos que daban pretexto para asistir todas las noches al gabinete de doña Rufina.
- Este fervor religioso de Vetusta comenzaba con la Novena de las Ánimas, poco popular, y la muy concurrida del Corazón de Jesús, no cesando hasta que se celebraba la más famosa de todas, la de los Dolores, y la poco menos favorecida de la Madre del Amor Hermoso, en el florido Mayo, esta última.
- Allí estaban cubiertos de glorioso polvo sobre la mesa del despacho diabólicos artefactos de acero y madera, esperando en posturas interinas a que don Víctor emprendiese el estudio serio de las matemáticas, de todas las matemáticas, que tenía aplazado por culpa de la compañía dramática de Perales.
- Aquel anhelo villano era una pasión cada día más fuerte, era de un saborcillo agridulce y picante que prefería ya a todas las dulzuras de la confitería.
- De todas maneras, parecía un símbolo de la devoción doméstica de doña Petronila.
- Todas estas incomodidades se aglomeraron en la imaginación de don Víctor, que escupió bilis repetidas veces, y se levantó lleno de lástima de sí mismo.
- Esperaba con afán la visita del médico, primero para hacerse decir veinte veces que Ana iba mejor, mucho mejor, y además, para gozar con la conversación alegre, ajena a todas las enfermedades del mundo, que seguía a la parte facultativa de la visita.
- Escopetas, pistolas y trabucos de todas épocas y tamaños llenaban las paredes y los rincones.
- Mas resuelta a huir de los extremos, a ser como todo el mundo, insistió en seguir a las demás beatas en todos sus pasos, y aunque sin gusto, entró en todas las cofradías, fue hija y hermana, según se quiso, de cuantas juntas piadosas lo solicitaron.
- Menos ser como todas esas ! Y a los pocos días cayó enferma.
- Él daba ejemplo de ateísmo por todas partes, pero nadie le seguía.
- Y ahí me las den todas.
- Pero de todas suertes su ateísmo quedaba en pie.
- Perdió aquel refugio de sus horas desocupadas que eran muchas, y anduvo como alma en pena vagando de café en café hasta que al cabo de algunos años tropezó con don Santos Barinaga en el Restaurant y café de la Paz, donde todas las noches el enemigo implacable del Magistral se preparaba a mal morir bebiendo un cognac con honores de espíritu de vino.
- A todas las manchas de las paredes, a todas las sombras de los faroles les contaba, gruñendo, la historia de su ruina, y no había piedra de aquel camino, que no supiese la escandalosa leyenda de la fortuna del Magistral.
- El dueño del establecimiento se quejó a la autoridad, creció el escándalo, los enemigos del Magistral atizaron la discordia, en todas partes se gritaba.
- El Chato iba y venía, espiaba en todas partes, y dos o tres veces al día entraba en casa del Provisor a dar parte de las murmuraciones a su jefe, a doña Paula, que le pagaba bien.
- Al dueño de la Cruz Roja se le prohibió oír los golpes que descargaba en la puerta todas las noches el borracho de don Santos.
- Y mirando a las damas que iban y venían, unas elegantes, lujosas, otras enlutadas o con hábito humilde, todas deseando a su modo agradar, todas procurándolo, Mesía imaginaba secretos hilos invisibles que iban de faldas a faldas, de la sotana a la basquiña, del cura a la hembra.
- Una hora después en el comedor del Casino que ocupaba una crujía del segundo piso, no lejos de la sala de juego, se sentaban a la mesa presidida por don Pompeyo Guimarán, don Álvaro Mesía, enfrente del protagonista, y en agradable confusión después, sin pensar en preferencias de sitio, Paco Vegallana, Orgaz padre e hijo, Foja, don Frutos Redondo (que acudía a todas las cenas fuesen del partido religioso o político que fuesen), el capitán Bedoya, el coronel Fulgosio, desterrado por republicano, famoso por sus malas pulgas y buena espada, un tal Juanito Reseco, que escribía en los periódicos de Madrid y venía a Vetusta, su patria, a darse tono de vez en cuando, y además un banquero y varios jóvenes de la bolsa de Mesía, trasnochadores abonados del Casino.
- Y siguió brindando por todas las excelencias naturales que él echaba de menos en su miserable cuerpo de anémico incurable.
- Y pasaban por su memoria y por su imaginación recuerdos de noches de amor, no todas claras ni todas poéticas, pero muchas, muchas noches de amor.
- En el rostro del seductor, en sus ademanes, en las sonrisas, en la voz, se reflejaban, por virtud del recuerdo, la bondad suave, el aire bonachón y entrañable, la franqueza sencilla, noble, familiar, la habilidad casera, todas las artes y cualidades que hacían vencer a Mesía en lides tales.
- Pronto se llegaría a poner en manos del Obispo las pruebas de aquellas prevaricaciones de todas clases de que se acusaba a don Fermín de Pas.
- La vida, de todas maneras, es bien triste.
- Mire usted, prefiero el invierno con todas sus borrascas y su agua eterna.
- Ella también iba a renacer, iba a resucitar, ¡pero a qué mundo tan diferente! ¡Cuán otra vida iba a ser de la que había sido! se preparaba a sí misma una vida de sacrificios, pero sin intermitencias de malos pensamientos y de rebelión sorda y rencorosa, una vida de buenas obras, de amor a todas las criaturas, y por consiguiente a su marido, amor en Dios y por Dios.
- Prefería pasear por el tablado, haciendo eses, inclinando el cuerpo con ondulaciones de palmera, acercándose de vez en cuando a los bancos llenos de alegría para azotar una mejilla con suave palmada, o decir al oído de un angelito con faldas un secreto que excita la curiosidad de todas y origina siempre una broma de las que sabe preparar don Fermín de modo que acaben en lección moral o religiosa.
- Y detrás de estas las señoritas que frisaban con los quince, flor y nata de la hermosura vetustense algunas de ellas, casi todas iniciadas en los misterios legendarios del amor de devaneo, muchas próximas a la transformación natural que revela el sexo, y dos o tres, pequeñas, pálidas y recias, mujeres ya, disfrazadas de niñas, con ojos pensadores cargados de malicia disimulada.
- De todas suertes, lo que le pasaba probaba que aún era joven, que no era por necesidad disfrazada de idealismo por lo que se juraba ser platónico, siempre platónico, o por lo menos indefinidamente, en sus relaciones con la fiel y querida amiga.
- De todas suertes la elección era una honra para ellos, aunque lo negase el sarraceno de Tomás.
- Aunque tanto quería a su confesor, Ana muchas horas le olvidaba por completo como a todas las cosas del mundo.
- Ana recordaba la vida de unos mosquitos muy pequeños que crecían todas las mañanas a la orilla del río, volaban desde la ribera sobre las aguas, y en medio de ellas morían y eran pasto de unos peces que contaban todos los días con aquel alimento.
- Pues así era el vivir para todas las criaturas, un rayo de sol que se cruza, para volver a la sombra de que se vino.
- De todas maneras, él estaría alerta.
- Al principio sólo notó que su mujer se hacía más comunicativa, cariñosa a todas horas, como antes lo era después de los ataques nerviosos y en ausencias o enfermedades.
- Ya no se trataba de si Cristo había redimido a todas las Humanidades repartidas por los planetas, de una sola vez, o yendo de estrella en estrella a sufrir en todas muerte de cruz.
- Aquella felicidad que saboreaba De Pas como un gastrónomo los bocados, aquella libertad, aquella pereza moral que el verano hacía más voluptuosa para su cuerpo robusto, los sueños vagos de amor sin nombre, la deliciosa realidad de ver a la Regenta a todas horas y mirarse en sus ojos y oírla dulcísimas palabras de una amistad misteriosa, casi mística, hacían desear a don Fermín que el sol se detuviera otra vez, que el tiempo no pasara.
- Y así todas las mañanas.
- Creyó al principio que su pasión noble, sublime, le levantaría cien codos sobre todas aquellas miserias, pero el oleaje de la falsa indignación pública salpicaba su alma, llegaba tan arriba como su deliquio sin nombre.
- En vano pensaba esto, porque agudos remordimientos le pinchaban cada vez que Ana, solícita, dulce y sonriente le pedía con las manos en cruz que se cuidara, que no entregase todas sus horas al trabajo y a la penitencia.
- Desechaba aquellos pensamientos con todas sus fuerzas, pero volvían.
- La luz cenicienta penetraba por todas las rendijas como un polvo pegajoso y sucio.
- La lluvia empezó a caer perpendicular, pero en gotas mayores, los paraguas retumbaban con estrépito lúgubre y chorreaban por todas sus varillas.
- Y de todas maneras, eso de que le han de enterrar a uno de fijo, sin escape, en ese estercolero.
- Amor a todos los hombres y a todas las criaturas.
- La obscuridad del templo, los excesos de la colación clásica, la falta de respeto que el pueblo creía tradicional en la misa del gallo, hacían necesarias todas estas precauciones.
- Como la religión es igual para todos, allí se mezclaban todas las clases, edades y condiciones.
- Se tosía mucho y no todas las toses eran ingenuas.
- Yo respeto todas las religiones, aunque no profeso ninguna.
- ¡Un hijo, un hijo hubiera puesto fin a tanta angustia, en todas aquellas luchas de su espíritu ocioso, que buscaba fuera del centro natural de la vida, fuera del hogar, pábulo para el afán de amor, objeto para la sed de sacrificios!
- Daba la casualidad de que casi todas las niñas nobles de Vetusta eran flacas.
- Ana se sentó al lado de la marquesa de Vegallana, única persona que le era simpática entre todas las del corro.
- Todas las puertas del salón estaban atestadas de socios.
- De todas maneras estaba bien don Álvaro.
- En todas partes parecía hermoso, dominaba a todos con su arrogante figura.
- Todas las damas le felicitaron por su energía para cerrar aquello con llave y por el buen gusto de la mesa.
- El rostro de la dama al decir Mesía aquello y otras cosas por el estilo, todas de novela perfumada, le dejó ver al gallo vetustense que el Magistral no era dueño del corazón de Anita.
- Una idea con todas sus palabras había sonado dentro de ella, cerca de los oídos.
- Cuando volvió a su memoria se encontró con que no era don Fermín un malvado, sino un desgraciado, pero de todas suertes le parecía absurdo enamorarse siendo canónigo.
- En todas las combinaciones del amor romántico había dado la imaginación de Ana muchas veces, menos en aquélla.
- De todas suertes Ana comenzó a trabajar en casa con afán.
- A los ocho días comprendió que aquello era una hipocresía mayor que todas.
- La cama era inútil hacérsela con esmero porque de todas maneras había de descomponerla él, sacudir las almohadas y poner el embozo a su gusto.
- ¡Era su padre quien decía todas estas herejías!
- El mal es el mal de todas suertes.
- Además de todas estas aprensiones sacrílegas, tentación malsana del espíritu enfermo, causa de tanta lucha, sentía el tormento de la distracción.
- Las melodías del órgano que hacían recordar en un solo momento todas las emociones dulces y calientes de la piedad antigua, de la fe inmaculada, mezcla de arrullo maternal y de esperanza mística.
- La lluvia, el aburrimiento, la piedad, la costumbre, trajeron su contingente respectivo al templo que estaba todas las tardes de bote en bote.
- Todas las hijas de Guimarán salieron al encuentro del Provisor, cuyo rostro relucía con una palidez que parecía sobrenatural.
- Pero de todas suertes.
- No importaba que Mourelo gritase en todas partes.
- Pero sin incurrir en un fanatismo que pugnaba con todas sus convicciones de hombre de ciencia, como tenía dicho, podía admitir y admitía, aleccionado por la experiencia, que lo psíquico influye en lo físico y viceversa, y que la conversión repentina de don Pompeyo podría haber determinado una variación en el curso natural de su enfermedad.
- Y todas aquellas señoras, en el gabinete de la Marquesa reunidas, escuchaban pasmadas lo que solemnemente decía el gran Constantino, doña Petronila Rianzares, que había recaudado veinte duros en la mesa de petitorio de San Isidro.
- Había recordado, como por inspiración, que ella había visto en Zaragoza a una mujer vestida de Nazareno, caminar descalza detrás de la urna de cristal que encerraba la imagen supina del Señor, y sin pensarlo más, había resuelto, se había jurado a sí misma caminar así, a la vista del pueblo entero, por todas las calles de Vetusta detrás de Jesús muerto, cerca de aquel Magistral que padecía también muerte de cruz, calumniado, despreciado por todos.
- ¿No iba a estar en ridículo aquel marido que tenía que ver a su esposa descalza, vestida de morado, pisando el lodo de todas las calles de la Encimada, dándose en espectáculo a la malicia, a la envidia, a todos los pecados capitales, que contemplarían desde aceras y balcones aquel cuadro vivo que ella iba a representar?
- Todas las almas, más o menos ruines, se asomaron a los ojos.
- Me siento capaz de leer a Maudsley y a Luys, con todas sus figuras de sesos y demás interioridades, sin asco ni miedo.
- Perdón por todas las faltas.
- De todas suertes, Ana ya no le tenía lástima.
- Ana todas las mañanas, por la fresca recorría la huerta y sacudía las ramas cargadas de cerezas acompañada de don Víctor, Pepe el casero y Petra.
- Que si estaba allí Mesía, como era casi seguro, todas las ventajas eran del petimetre.
- Cesaron todas las conversaciones, todos se pusieron en pie.
- De rama a rama, de tronco a tronco, en todas direcciones subían y bajaban hilos de araña que se le metían por ojos y boca al ex regente, que escupía y se sacudía las telas sutilísimas con asco y rabia.
- En casa de Chinto estaban todas las señoritas, que no se habían mojado apenas.
- Allá en el Vivero los convidados habían puesto a mal tiempo buena cara, y mientras en el palacio viejo los curas rurales, el Marqués, y algunos otros señores de Vetusta jugaban al tresillo a primera hora y más tarde al monte, que llamaba el clero del campo la santina, en la casa nueva todas las damas y los caballeros que habían querido correr por los prados en la romería, procuraban divertirse como podían y se bailaba, se tocaba el piano, se cantaba y se jugaba al escondite por toda la casa.
- Mi salud, pensaba, exige que yo sea como todas.
- Seré como todas.
- El cual, aquella misma mañana en el pozo lleno de yerba, antes en el patio de la iglesia, por las callejas, cuando venían detrás del tambor y de la gaita, en el bosque, después en el carro de Pepe, donde venían juntos, casi sentada ella encima de él, sin poder remediarlo, más tarde en el salón, en todas partes y en todo el día le había estado dejando ver que la adoraba, pero no se lo había dicho, por respeto.
- ¡qué sabía ella! pero aquello era una delicia mucho más fuerte que todas las del misticismo.
- A casi todas asistieron los Marqueses y sus amigos.
- Ana sabía mucho de estos recuerdos mitológicos y pronto había dejado de ver el pobre aparato escénico del teatro de Vetusta y las bailarinas prosaicas y no todas bien formadas, para trasladarse a la imaginada región de Oriente donde su fantasía, a medias ilustrada, veía bosques misteriosos, carreras frenéticas de las bacantes enloquecidas por la música estridente y por las libaciones de perpetua orgía, al aire libre.
- Don Víctor se contentó con pintar de un blanco gris discreto, como él decía, todas aquellas cornisas, volutas, acantos, escocias y hojarasca.
- ¡Pobre Ana, qué sabía ella de todas estas complicaciones!
- Todas las noches pasaba unas cuantas horas, la honra y tal vez la vida del amo, pendiente de un hilo que tenía ella, Petra, en la mano, y si ella quería, si a ella se le antojaba, ¡zas! todo se aplastaba de repente.
- Pero además gozaba de otra venganza más suculenta que todas estas la endiablada moza.
- Petra sabía lo bien que colocaba doña Paula a todas las que eran por algún tiempo doncellas en su casa.
- Cierto es que el Provisor le prometió para muy pronto la plaza de Teresina, con todas las ventajas que su amiga disfrutaba e iba a disfrutar.
- Pero de todas suertes a ella se la había engañado.
- La cuestión era entrar todas las noches en la habitación de la Regenta por el balcón.
- Casi todas las mañanas Quintanar y Crespo llegaban al Parque a la misma hora.
- Su mujer, la Regenta, que era su mujer, su legítima mujer, no ante Dios, no ante los hombres, ante ellos dos, ante él sobre todo, ante su amor, ante su voluntad de hierro, ante todas las ternuras de su alma, la Regenta, su hermana del alma, su mujer, su esposa, su humilde esposa.
- Gozaba voluptuosa delicia viendo padecer al canónigo, pero quería más, quería continuar su obra, que la mandasen clavar en el alma de su ama, de la orgullosa señorona, todas aquellas agujas que acababa de hundir en las carnes del clérigo loco.
- La desgracia al herirle de repente le desteñía, como un chubasco, todas las canas del espíritu.
- ¡Soy un tal, soy un tal! y se lo decía a sí mismo con todas sus letras, y tan alto que le parecía imposible que no le oyeran todos los presentes.
- Todas las butacas estaban llenas de cuervos que abrían el pico mucho y retorcían el pescuezo con ondulaciones de culebra.
- Y todas las ciudades, y todos los agujeros donde el hombre, esa hormiga, fabricaba su albergue, ¿qué eran comparados con los bosques vírgenes, los desiertos, las cordilleras, los vastos mares?
- Y las leyes de honor, las preocupaciones de la vida social todas, ¿qué eran al lado de las grandes y fijas y naturales leyes a que obedecían los astros en el cielo, las olas en el mar, el fuego bajo la tierra, la savia circulando por las plantas?
- Arregla, decía el sabio asceta, arregla y ordena todas las cosas según tu modo de ver y según tu voluntad, y verás que siempre tienes algo que padecer de grado o por fuerza.
- De todas suertes, las comedias de capa y espada mentían como bellacas.
- Y acostarse tan sereno como todas las noches.
- Por la memoria excitada del Magistral pasaron todas las estaciones de aquel día de Pasión.
- Otras tantas carcajadas de la suerte que se le reía desde todas partes.
- Por que me han robado a mi mujer, porque me ha engañado mi mujer, porque yo había respetado el cuerpo de esa infame para conservar su alma, y ella, prostituta como todas las mujeres, me roba el alma porque no le he tomado también el cuerpo.
- Por un cacho de carne fofa, relamida por todas las mujeres malas del pueblo.
- Besas la carne de la orgía, los labios que pasaron por todas las pústulas del adulterio, por todas las heridas del estupro, por.
- Y don Fermín rasgó también esta carta, y en mil pedazos más que todas las otras.
- Estaba atado por todas partes.
- Don Álvaro, si don Víctor no había descubierto nada o si no sabía que don Víctor le había descubierto, volvería otra vez, como todas las noches acaso.
- Y don Fermín se despojó del chaquetón pardo, dejó el sombrero de anchas alas, desciñó el cinto negro, guardó todas estas prendas, más el cuchillo, en el armario y se vistió la sotana y el manteo, como una armadura.
- De todas maneras, pronto sabrá de mi venganza y se podrá enterar de todo.
- Se retiró sin acercarse a su marido, que no la buscó tampoco para darle el beso en la frente con que solían despedirse todas las noches.
- Pero aún después de enterado, Redondo, que sudaba ya de tanto discutir y gritar, vociferó diciendo, que de todas maneras, al que le desafiase, él le rompía el alma.
- Por más que Crespo encargó el secreto más absoluto a todas las personas que tuvieron que intervenir en el triste negocio, no se sabe cómo, aunque se sospecha que por culpa de Ronzal, pronto corrió por Vetusta el rumor de lo cierto.
- ¡y otras! Hablaban mal de Ana Ozores todas las mujeres de Vetusta, y hasta la envidiaban y despellejaban muchos hombres con alma como la de aquellas mujeres.
- Todas somos iguales.
- De todas maneras ¡qué malvados eran todos aquellos vetustenses que ella había despreciado siempre, hasta cuando la adulaban y mimaban!
- De todas maneras, eso de vivir bajo el mismo techo que cobija a la viuda infiel de su mejor amigo es.
- Por más que el jinete trataba de sofrenarlo agarrándose con todas sus fuerzas a la única rienda de cordel y susurrando palabritas calmantes y mansas, el peludo rocín seguía empeñándose en bajar la cuesta a un trote cochinero que descuadernaba los intestinos, cuando no a trancos desigualísimos de loco galope.
- Amén de estas reliquias, entre las vigas pendían pálidas telarañas, y por todas partes descansaba tranquilamente el polvo, enseñoreado allí desde tiempo inmemorial.
- IV Y el capellán lidió con ellos a brazo partido, sin tregua, tres o cuatro horas todas las mañanas.
- Tres o cuatro ejecutorias, todas con su colgante de plomo, quedaron apartadas, envueltas en paños limpios.
- De suerte que polillas, gusanos y arañas, acosadas en todas partes, hallaron refugio a la sombra del risueño Arouet y su enemigo el sentimental Juan Jacobo, que también dormía allí sosegadamente desde los años de 1816.
- Un día que tío y sobrino se deportaban, según costumbre, a cuatro o seis leguas de distancia de los Pazos, habiéndose llevado consigo al criado y al mozo de cuadra, a las cuatro de la tarde y estando abiertas todas las puertas del caserón solariego, se presentó en él una gavilla de veinte hombres enmascarados o tiznados de carbón, que maniató y amordazó a la criada, hizo echarse boca abajo a fray Venancio, y apoderándose de doña Micaela, le intimó que enseñase el escondrijo de las onzas.
- Gracias a todas estas vicisitudes, socaliñas y pellizcos, la casa de Ulloa, a pesar de poseer dos o tres decentes núcleos de renta, estaba enmarañada y desangrada.
- Labor inútil, pues olfateando por todas partes abusos y desórdenes, no conseguía nunca, por su carencia de malicia y de gramática parda, poner el dedo sobre ellos y remediarlos.
- Se acorazaba, se defendía contra la ciencia de todas las maneras imaginables, pateando, gruñendo, escondiendo la cara, escurriéndose, al menor descuido del profesor, para ocultarse en cualquier rincón o volverse al tibio abrigo del establo.
- Y todas, empezando por cuchichear bajito, acababan por charlotear como urracas.
- Por ser nuevo en el país y haber rehusado siempre quedarse a comer en las fiestas, era blanco de todas las miradas.
- ¡Y cómo se burlaría la guisandera si por arte de magia apareciese allí un cocinero francés empeñado en redactar un menú, en reducirse a cuatro o seis principios, en alternar los fuertes con los ligeros y en conceder honroso puesto a la legumbre! ¡Legumbres a mí!, diría el ama del cura de Cebre, riéndose con toda su alma y todas sus caderas también.
- Citaré autoridades, todas las que se me pidan.
- Hízosele muy cortés recibimiento, y los que no pudieron agasajarle a él agasajaron a la Chula y al Turco, que iban apoyando la cabeza en todas las rodillas, lamiendo aquí un plato y zampándose un bizcocho allá.
- Su padre tiene amenazadas a todas las mozas de que a la que entre aquí en marchándose su hija, le mete él una perdigonada en los lomos.
- ¿Piensa usted que no sueño todas las noches con un chiquillo que se me parezca, que no sea hijo de una bribona, que continúe el nombre de la casa.
- Pero la tercera, la menos linda de todas, frisando al parecer en los veinte años, murmuró.
- ¡Qué borregas! ¡Marías Remilgos! A ver cómo abrazáis todas al primo, inmediatamente.
- La proximidad de la fiesta del Corpus animaba un tanto la soñolienta ciudad universitaria, y todas las tardes había lucido paseo bajo los árboles de la Alameda.
- ¿Cómo revelar la manía de la señorita Carmen, empeñada en casarse contra viento y marea de su padre, con un estudiantillo de medicina, un nadie, hijo de un herrador de pueblo (¡oh baldón para la preclara estirpe de los Pardos!), un loco de atar que la comprometía siguiéndola por todas partes a modo de perrito faldero, y de quien además se aseguraba que era un materialista, metido en sociedades secretas?
- ¿Las considera usted a todas unas señoritas intachables.
- Lleno de recelo, mira hacia todas partes, teme que le roben en las tiendas, no se fía de nadie, no acierta a conciliar el sueño en la posada, no sea que mientras duerme le birlen el bolso.
- A todas horas reían fraternalmente con el primo y una ráfaga de alegría juvenil trocaba la vetusta casa en alborotada pajarera.
- ¡Oh y qué marejada hubo en casa de la Lage por espacio de una quincena! Entrevistas con el padre, cuchicheos de las hermanas entre sí, trasnochadas y madrugonas, batir de puertas, lloreras escondidas que denunciaban ojos como puños, trastornos en las horas de comer, conferencias con amigos sesudos, curiosidades de dueña oficiosa que apaga el ruido de su pisar para sorprender algo al abrigo de una cortina, todas las dramáticas menudencias que acompañan a un grave suceso doméstico.
- He encontrado en los Pazos, hace un año, el vicio, el escándalo, la grosería y todas las malas pasiones.
- Créame usted, tío, en todas partes hay bobalicones que se maman el dedo.
- Por todas partes indicios de abandono y ruina.
- Ramonciño Limioso contaría a la sazón poco más de veintiséis años, pero ya sus bigotes, sus cejas, su cabello y sus facciones todas tenían una gravedad melancólica y dignidad algún tanto burlesca para quien por primera vez lo veía.
- Olvidando sus acostumbradas correrías por montes y riscos, la sacaba todas las tardes, sin faltar una, a dar paseítos higiénicos, que crecían gradualmente.
- ¡Y al fin, por todas partes la tiranía, el privilegio, el feudalismo! Porque, vamos a ver, ¿qué es esto sino reproducir los ominosos tiempos de la gleba y las iniquidades de la servidumbre?
- Un sacerdote puede hacer todas las cosas malas del mundo.
- Marchóse, dejando al médico sorprendido de encontrar un cura que rehuía entrar en políticas discusiones, que por aquellos días reemplazaban a las teológicas en todas las sobremesas patronales, y celebró su misa con gran atención y minuciosidad en las ceremonias.
- Fue una lid obligarle a poner los zapatos a diario, porque todas sus congéneres los reservan para las fiestas repicadas.
- Le inquietaba ver que Sabel recibía otra vez su antigua corte de sultana favorita, y que la Sabia y su progenie, con todas las parleras comadres y astrosos mendigos de la parroquia, pululaban allí, huyendo a escape cuando él se acercaba, llevando en el seno o bajo el mandil bultos sospechosos.
- Perucho ya no se ocultaba, antes se le encontraba por todas partes enredado en los pies, y, en suma, las cosas iban tornando al ser y estado que tuvieron antes.
- Mientras sostenía este monólogo, iba sacando de un cajón de la cómoda prendas de ropa blanca, a fin de hacer su equipaje, pues como todas las personas irresolutas, solía precipitarse en los primeros momentos y adoptar medidas que le ayudaban a engañarse a sí propio.
- ¡Pues qué sucedería si después, cuando la vieja barajó los naipes y, repartiéndolos en cuatro montones, empezó a interpretar su sentido fatídico, pudiese él oír distintamente todas las palabras que salían del antro espantable de su boca! Había allí concordancias de la sota de bastos con el ocho de copas, que anunciaban nada menos que amores secretos de mucha duración.
- Lai !, la queja lenta y larga de todas las canciones populares en Galicia.
- Otras, al contrario, les veo la cara con todas sus facciones, la boca muy abierta y haciendo muecas.
- Será una tontería, ¡ya sé que lo será!, pero no me atrevo a salir de mi habitación, yo que antes revolvía todos los rincones y andaba por todas partes.
- Quiero entrar antes, para que vea usted si comprendo perfectamente que todas son necedades.
- Las narraba cada día con mayor seriedad, convicción y tono ingenuo, y a todas las chanzas respondía invocando a Dios y a los santos de la corte celestial en apoyo de sus aseveraciones estrambóticas.
- Por fin se lanzó entre las urces, y al punto mismo se oyó un revoloteo, y el bando salió en todas direcciones.
- Nucha le ofrecía de vez en cuando golosinas y calderilla, y el rapaz, como suele suceder a las fieras domesticadas, contrajo excesiva familiaridad y apego, y costaba trabajo echarle de allí, encontrándosele por todas partes, donde menos se pensaba, a manera de gatito pequeño viciado en el mimo y la compañía.
- La niña, en el tibio bienestar del baño, sonreía, y Perucho, sosteniéndola por los sobacos, hablándola con tierna algarabía de diminutivos cariñosos, la columpiaba en el líquido transparente, le abría los muslos para que recibiese en todas partes la frescura del agua, imitando con religioso esmero lo que había visto practicar a Nucha.
- La señorita le asió de los hombros, del pelo, de todas partes, y empujándole cruelmente, desnudo como estaba, le persiguió por el salón hasta expulsarle a empellones.
- El que toca la gaita en las fiestas de Naya y en todas partes.
- Por todas partes cubre el manto de la política intereses egoístas y bastardos, apostasías y vilezas.
- Sus agudísimas facultades intelectuales estaban todas en ejercicio.
- En todas direcciones huían los despavoridos borrachos, chillando como si los cargase un regimiento de caballería a galope.
- Y después de haberlo contemplado despacio, parecíale sentir en los hombros una pesadumbre abrumadora y dulcísima a la vez, y una calma honda, como si se encontrase calculaba él para sí sepultado en el fondo del mar, y el agua le rodease por todas partes, sin ahogarle.
- Dispón y ordena todas las cosas según tu querer, y no hallarás sino que has de padecer algo, o de grado o por fuerza.
- Apretaba el Tuerto contra su pecho corto y ancho trabuco, y, después de girar hacia todas partes el único lucero de su fea cara, de aguzar el oído, de olfatear, por decirlo así, el aire, arrimóse al murallón, medio arrodillándose tras de un seto de zarzas y brezo que lo guarnecía.
- Cruzó setos, saltó hondonadas y zanjas, no comprendió por dónde ni cómo, pero el caso es que, arañado, ensangrentado, sudoroso, jadeante, se encontró en los Pazos, y maquinalmente volvió al punto de partida, la capilla, donde entró, enteramente olvidado de los cuatro cuartos, primer móvil de sus aventuras todas.
- Y en medio de la confusión de su tierno cerebro, de los terrores que se reunían para apocarlo, una idea, superior a todas, se levantó triunfante.
- La impresión es de melancolía y humedad, el atrio herboso está a todas horas, aun a las meridianas, muy salpicado y como empapado de rocío.
- Y por todas partes, sobre las albardillas, en los rincones de los patios, cabe a misteriosas ventanas, surgiendo de la oleada de casuchas que se alza, se deprime, ondula entre el ábside de los Irlandeses y el Seminario lejano, destaca la apacible copa de un árbol.
- Y todas cantan con una algarabía de ritmos sonorosos.
- No le faltaba razón a Linneo, porque no hay entre todas las plantas otras más humildes, más laboriosas, y, sobre todo, más resignadas.
- Todas las plantas han de ser regadas, según la buena horticultura, por la mañana o por la tarde.
- ¡Oh, como es error vano fatigarse por ver los resplandores de un ardiente tirano, que impío roba a las flores el lustre, el aliento y los colores! Todas las plantas tienen, en suma, sus veleidades, sus odios, sus amores.
- Y entre todas las arañas hay un orden que más que ningún otro profesa en el reino animal esta novísima filosofía que ahora nos obsesiona a los hombres.
- King, como todas las arañas, ama la noche.
- Pero a la mañana siguiente, todas, sean las que fueren, aparecerán muertas.
- Se han abierto todas las puertas.
- Señor, Señor dice la vieja, ¿por qué pones ante mí la muerte a todas horas?
- Todas las pequeñas contrariedades que ha ido sufriendo durante diez años vienen ahora a condensarse en una catástrofe grande.
- Nos sacaron varias, pero entre todas nos gustaron dos de ellas.
- Por eso, mientras por una parte no lee el Diccionario filosófico ni el Emilio, por otra no deja de venir todas las tardes a charlar un rato con este clérigo.
- Mejor es que le parezcan bien todas las escenas y hasta las tres obras enteras.
- Y en el siguiente de 1860 gané las asignaturas del Doctorado en la Universidad de Madrid, habiendo estudiado privadamente en Valencia, por conceder la ley en aquellos tiempos este privilegio a los que hubiesen obtenido todas o casi todas las notas de sobresaliente durante la carrera de leyes, en cuyo caso me encontraba yo.
- Y en todas las calles, en todas las casas, en todos los rincones suena el afanoso y sonoro tac tac del martillo sobre la horma.
- Replicó en el mismo tono el de la barba negra, y tal escándalo promovieron entre los tres, que las gentes de la vecindad, que eran todas muy pobres, acudieron a la casa del enfermo y los arrojaron de ella.
- Y en un rincón, ensimismado, encogido, triste, muy triste, callado siempre, un viejo que viene invariablemente todas las tardes, se acaricia con un gesto automático sus claras patillas blancas.
- Por todas partes, todos los días, que las ideas consoladoras se disgregan, se pierden, huyen de las Universidades y las Academias, desertan de los libros y de los periódicos, se refugian ¡único refugio! en las almas de los labriegos y de las mujeres sencillas.
- Por todas partes, a pesar de todo, contra todo, estas ideas se van infiltrando.
- Yo amo, sobre todas las cosas, el agua.
- Todas estas ideas han pasado rápidamente por el cerebro un poco hueco de Orsi.
- Otro de los cargos, querido maestro, que los viejos hacen a las nuevas generaciones es su volubilidad, su mariposeo a través de todas las ideas.
- Los viejos, hombres de una sola idea, no pueden comprender que se vivan todas las ideas.
- ¡Sí precisamente no tener una idea fija es tenerlas todas, es gustarlas todas, es amarlas todas! Y como la vida no es una sola cosa, sino que son varias, y, a veces muy contradictorias, sólo éste es el eficaz medio de percibirla en todos sus matices y cambiantes, y sólo ésta es la regla crítica infalible para juzgar y estimar a los hombres.
- Luego juzga preciso comprobar si su elogio se ajusta en todas sus partes a la realidad, y torna a servirse.
- Yo creo que lo más cuerdo es remontarse sobre todas estas miserables cosas que exasperan a la Humanidad.
- Él estrecha todas las manos, acoge todas las demandas, contesta con una sonrisa todos los enfados.
- Las respuestas varían, pero todas son curiosas.
- ¡No, no! Un hombre que borrajea en los periódicos ha de tener siempre lista su opinión sobre todas las cosas.
- Todas las noches le doy cuerda a mi relojito antes de acostarme.
- Yo me siento conmovido y estoy a punto de sollozar cuando pienso en todas estas cosas.
- IV Este es un viejo que va todas las tardes al Congreso.
- Hace veinte años que viene todas las tardes, con el mismo sombrero en que pone.
- Otro perro fino, negro, luciente el de esta mañana y de todas las horas asoma su agudo hocico por la puerta y luego se cuela con pasito mesurado.
- ¿Cómo va ella a cultivarlas todas?
- En todas partes, en todos los momentos, en lo grande y en lo pequeño, las diferencias entre los españoles del Centro y los de las costas saltan a la vista.
- Todas las prensas son de hierro.
- Todas las cosechas del pueblo se muelen en una almazara de una sola viga.
- Otra vez, después de este breve descanso, he de volver a ser hombre de todas horas, como decía Gracián.
- Es que ha llegado una estudiantina, y están todas las fondas ocupadas.
- Y a todas horas, por todas las calles, van y vienen viejos, con sus caperuzas y zahones, montados en asnos con cántaros.
- Y mientras voy pienso todas estas cosas y me dedico un aplauso por mis dotes de lógico y filósofo.
- Es preciso ser el eterno hombre de todas horas, en perpetua renovación, siempre nuevo, siempre culto, siempre ameno.
- Si todas fueran como tú, chiquilla, lo creería así, pero.
- Tienen hogar, verdadero hogar, con padre y madre, y es un hogar limpio, castísimo, por todos cuyos rincones pueden andar a todas horas, un hogar donde nunca hay que cerrarles puerta alguna, un hogar sin misterios.
- Siento que el corazón no quiere ya marchar, a pesar de todas las inyecciones.
- Te rezaré, madre, todas las noches antes de acostarme.