¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras no, puedo y sin aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 3 palabras.
Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.
- ¿Qué puedo yo ocultar a esta mona golosa?
- Y nada, hija de mi alma, fue el maldito capricho por aquella hembra popular, no sé qué de entusiasmo artístico, una demencia ocasional que no puedo explicar.
- Trato de figurarme cómo eras y no lo puedo conseguir.
- Quererte yo y ser tú como a ti mismo te pintas son dos cosas que no puedo juntar.
- Pero ya no puedo más.
- Es que la conciencia se me ha subido aquí al cuello, a la cabeza, y me pesa tanto, que no puedo guardar bien el equilibrio.
- Es que no me puedo descuidar.
- Como la cabeza se me va, no puedo hacerme cargo de nada.
- Yo no puedo aguantar esto.
- Un año después de lo que ahora se narra estaba ya aquel planeta errante, puedo dar fe de ello, en su sitio cósmico.
- Yo no le puedo dar a usted ningún destino.
- Ahora no me puedo entretener contigo.
- No puedo expresar lo que es aquello.
- Lo que sí puedo asegurarte es que ya no hay más.
- ¿Crees que yo puedo dormir en esta ansiedad?
- No le puedo ver.
- Yo no puedo.
- No puedo apartar de mi pensamiento.
- No puedo consentir que caiga en la miseria y en la abyección, siendo, como soy, responsable.
- Y para que lo sepa usted de una vez, yo no cedo ni puedo ceder, porque sigo en esto el impulso de mi conciencia, y contra la conciencia no valen pamplinas, ni ese cúmulo, ese cúmulo, sí señora, de.
- , no lo puedo remediar.
- Aún no puedo decir lo que nos tocará a cada hermano.
- Yo no puedo consentir que una pindonga de esas te coja y te engañé para timarte tu nombre honrado, como otros timan el reloj.
- Hijo, yo tengo un gran compromiso y no te puedo aguardar.
- No puedo obedecer a usted.
- Yo no puedo hablar, y me aturullo y me turbo sólo de que mi tía me mire.
- Yo no salgo, no puedo salir.
- La quise desde el momento en que la vi, y no puedo dejar de quererla, sino dejando de vivir.
- Puedo llegar a quererle con el trato.
- Él la dirigirá a usted espiritualmente, puesto que yo no puedo hacerlo porque tengo que volverme a Toledo.
- ¿Piensa que no me puedo pasar.
- No puedo asegurártelo.
- No puedo pronunciar ciertas palabras.
- Eso no lo puedo decir.
- Aunque me proponga no tener entrañas, no lo puedo conseguir.
- Hijas de mi alma, Yo no puedo alterar mis obras ni hacer mangas y capirotes de mis propias leyes.
- Me parece mentira dijo él, que te tengo aquí, cogida otra vez con lazo, fierecita mía, y que puedo pedirte perdón por todo el mal que te he hecho.
- Porque lo que es acariciarle, no puedo, se me resiste, no está en mi natural.
- No lo puedo remediar.
- Ello está entre mí y no puedo vencerlo.
- Mire usted que no puedo más.
- Yo no puedo admitir.
- No aguanto más, no puedo aguantar más era lo único que ella decía con angustioso hipo, mojándole a él la cara y las manos con tanta y tanta lágrima.
- Y lo que es ahora, te aborreceré de veras, porque yo no puedo querer a quien no me quiere.
- Yo no puedo parecerme a este y el otro y el de más allá, que viven en la anarquía, señalados de todo el mundo.
- En fin, que no puedo ya más, y hoy mismo se acaba esta irregularidad.
- Sólo que no puedo visitarte más.
- No puedo abandonarla así.
- ¿Puedo verla?
- Soy así, no lo puedo remediar.
- No tengo nada que hacer, vivo de mis rentas, soy solo en el mundo, me doy buena vida y puedo dársela a quien me acomoda.
- Que no puedo más.
- Yo, poco puedo durar.
- No puedo detenerme.
- Aunque la he tratado poco puedo asegurar que tiene buen fondo.
- Pero yo, antes que todo, veo lo práctico, lo posible, y no puedo aconsejar a nadie que se deje morir ni que se suicide.
- Ya me puedo morir tranquilo, puesto que he sabido arrancarle al demonio de la tontería el alma que ya tenía entre sus uñas.
- Conque más no puedo hacer.
- Ya no puedo más.
- Si no le puedo ver.
- Pero no la puedo imitar.
- No puedo trabajar.
- De tan sublimes que son no las puedo expresar.
- En cuanto muevo un brazo decía con terror, me aumentan de tal modo las palpitaciones que no puedo respirar.
- Hija mía dijo a su sobrina secreteándose, yo no puedo ver estas cosas fúnebres.
- Yo no lo puedo remediar.
- Yo, yo, yo se lo he dado, y se lo puedo volver a dar.
- Y no los tendrá ya, porque está probado, y por lo que hace a que yo los puedo tener, también muy probado está.
- Y no me la puedo arrancar.
- No puedo, no puedo.
- Pero no lo puedo remediar.
- No lo puedo explicar.
- Lo que yo extraño, tía, lo que yo no puedo explicarme dijo clavando en ella sus ojos que relampagueaban, es que usted consienta esto y lo encubra y me quiera matar, porque sépalo usted, para mí el honor es primero que la vida.
- No puedo ver tanta tontería (exaltándose más a cada frase y llegando hasta la cólera).
- No puedo ver que un cristiano se queme las cejas por averiguar cosas de las cuales ha de sacar lo que el negro del sermón.
- A mí me gusta remontarme a los orígenes, me gusta buscar el por qué, y francamente, cuando miro ese por qué, no puedo menos que lamentar la equivocación de que usted viene padeciendo desde tiempos remotos.
- Sí, no puedo menos de deplorar prosiguió el regente inflándose, que usted sea tan consecuente con personas que no lo merecen.
- No puedo resistir más esta vida de perros decía.
- Ya no la puedo sufrir.
- Me lo puedo creer.
- Tampoco me había pasado nunca lo que me pasa ahora, cortarme, sentir que quiero ser atrevido y no puedo.
- Pero no puedo ver nada.
- Eso es decirme que soy un trasto, que yo no puedo ser honrada aunque quiera.
- No puedo.
- Y yo no puedo vivir así, Dios mío.
- No puedo asegurártelo.
- ¿Pero qué demonios es esto de la virtud, que por más vueltas que le doy no puedo hacerme con ella y meterla en mí?
- El inglés entonces, con un terror que no puedo pintarte, nos dijo.
- ¡Ay, qué paso, hija! Yo tenía un miedo que no te puedo ponderar.
- No puedo pintarte el horror que me causó lo que vi.
- Pero no lo puedo remediar.
- Yo tengo que decirle a alguien que me muero de pena, que no puedo vivir.
- ¡Ay!, no puedo, no puedo.
- Puedo morirme de un momento a otro, y tu dinero corre peligro de extraviarse.
- De modo que yo me puedo volver a casar.
- Yo no puedo vivir entre tanta suciedad.
- Ya, ya me entra, y no lo puedo remediar.
- No lo puedo remediar, la iniciativa me alborota todo el espíritu, y reviento si no le doy salida.
- ¿No comprendes que no me puedo presentar en mi capital de provincia con una mujer que no es mi mujer?
- Yo puedo, yo puedo.
- No me puedo contener.
- No la puedo apartar de mi pensamiento.
- Si puedo.
- No la puedo ver.
- Aquí donde usted me ve, amigo Ballester, yo también puedo ser ángel, poniéndome a ello.
- Por eso no puedo tirar mucho de la cuerda, y esta noche no vendré.
- ¡Si están dando las doce! Sea la hora que quiera, saldré, no me puedo contener.
- Ahora, veremos si puedo echar mi nombre.
- Es mío, y yo lo puedo dar a quien quiera.
- El Padre Nones va a venir, y él le dará a usted consuelos que yo no puedo darle.
- Tenía para mí esa mujer un poder sugestivo que no puedo explicarle.
- Pero aquí dentro está la idea, y mi mayor desconsuelo es que no puedo ya, por causa de la muerte, probarme que es verdadera.
- No puedo quejarme de los hijos.
- No puedo, Manolita.
- La verdad es que yo quisiera tocarlo todo en seguida, y al ver que no puedo y que he de fastidiarme mucho con ejercicios y escalas, me enfurezco y me entran ganas de dar puñetazos al piano.
- Pero ahora continuó en tono más dulce, ya que no puedo ser pianista, me dedico al canto.
- Pues entonces, puedo pedirlas a mi principal.
- ¿Qué menos puedo pedir?
- Me han llamado tramposa porque no puedo pagar.
- No puedo sufrir tanta vergüenza.
- No puedo.
- Nada puedo, ¿lo entiendes.
- Que yo no puedo sufrir esta clase de vida.
- Después de tantísimos años de probidad comercial, de prosperidad lenta pero segura, no puedo conformarme con esta vida de agitación y sobresalto que noto en torno mío, ni menos ver con tranquilidad una ganancia inmoral y estrepitosa.
- Yo no puedo, yo no debo meterme en los negocios de Antonio.
- Lo que hay, muchacho, es que, por lo mismo que les quiero tanto, me preocupa su suerte y no puedo ver con tranquilidad cómo Antonio se mete de cabeza en tan peligrosas aventuras.
- ¿Y puedo yo estar tranquilo.
- Di, muchacho, ¿puedo yo consentir esto?
- Yo no puedo callar.
- Veo el sol, que es lo único que puedo ver.
- Yo no afirmo nada, soy como todos y puedo equivocarme.
- La portera me la enseñó estando en su balconcito, con una bata muy lujosa, que bien puedo decir que me la ha robado a mí.
- Me has salido igual a todos los de tu familia, y no puedo quererte.
- Yo no puedo seguir aquí.
- , no lo puedo decir sin lágrimas (lloraba como un niño el buen viejo, acordándose de las que le habían batanado las costillas).
- De vuestra madre, aunque está viva agora, casi os puedo decir lo mismo, porque está presa en la Inquisición de Toledo, porque desenterraba los muertos sin ser murmuradora.
- No puedo negar que sentí mucho la nueva afrenta, pero holguéme en parte (tanto pueden los vicios en los padres, que consuela de sus desgracias, por grandes que sean, a los hijos).
- Y no lo pienso poner en ejecución si primero el Rey no me da una encomienda, que la puedo tener muy bien, y tengo una ejecutoria muy honrada.
- De eso me puedo alabar yo dijo mi buen tío entre cuantos manejan la zurriaga, que al que se me encomienda hago lo que debo.
- No aguarda a sus criados, yo no puedo socorrerle, porque vengo también atacado únicamente.
- Yo, como montón de tierra, te lo puedo decir.
- Yo no puedo vivir así.
- Desde un punto de vista puramente científico, yo no puedo aceptar esa teoría de la duplicidad de la función vital.
- Toma este pedazo de pan duro, al que no le puedo hincar el diente, y a cambio convídame a cenar todos los días en el mejor hotel.
- Yo busco como puedo ese dinero.
- Porque yo no puedo esperar aquí.
- ¿Usted cree que me puedo casar?
- De manera que con verdad puedo decir nacido en el río.
- Yo oro ni plata no te lo puedo dar, mas avisos para vivir muchos te mostraré.
- Según él, no puedo dejar a mis paisanos en la orfandad en que se hallan.
- Hoy no puedo soportar a la gente que juega con las caderas y con el vocablo.
- Dígale usted a su madre que me diga lo que tengo que pagar al año por la casa, y si puedo me quedaré en ella.
- Si puedo servir a usted en algo, dígamelo usted advertí a mi prima.
- Hombre, yo no puedo, no tengo medios.
- Yo aun no lo puedo ser, y como no lo puedo ser, al enviarte esta dote a ti, hermana mía, para que puedas vivir con tu marido, pienso que ésta es mi venganza, la venganza del abandonado, la venganza del sarnoso contra el sano, la venganza del miserable con el descendiente de la familia considerado y mimado.
- Al mismo tiempo que la conocí leí la obra del novelista escocés, y no puedo pensar en mi querida muerta sin recordar la figura literaria del gran escritor.
- No puedo.
- No puedo gemía la señora.
- No puedo andar más.
- La verdad es que, si no quieren firmar, no puedo obligarles, y si me dan un recibo y luego se les ocurre quitármelo, con prenderme están al cabo de la calle.
- Yo no sé como serán los vascongados, pero lo que le puedo decir a usted es que lo que usted o cualquiera de estos señores haga, lo hago yo por debajo de la pierna.
- Puedo hacer una crónica admirable dijo.
- Pero la misma vida que no puedo emplear se me queda dentro y se me pudre.
- Yo, en esta parte, no puedo adornar mi libro con sonoros apellidos.
- No puedo recordar a sin espanto, y por algunos incidentes sueltos que conservo en la memoria, colijo que aquel hombre debió de haber cometido un crimen en la época a que me refiero.
- Recuerdo haber visto entrar en casa unas mujeres, cuyos nombres y condición no puedo decir.
- Cercano al sepulcro, y considerándome el más inútil de los hombres, ¡aún haces brotar lágrimas de mis ojos, amor santo de la patria! En cambio yo aún puedo consagrarte una palabra, maldiciendo al ruin escéptico que te niega, y al filósofo corrompido que te confunde con los intereses de un día.
- Yo no puedo faltar a ese combate.
- No puedo decir si su aspecto hacía reír o imponía respeto.
- Sus movimientos no sé si más o menos ligeros, pero ciertamente distintos, aunque no podía entonces ni puedo ahora apreciar en qué consistía la diferencia.
- VIII No puedo describir el entusiasmo que despertó en mi alma la vuelta a.
- Sus palabras hicieron en mí grande impresión, pues con ser niño, yo prestaba gran interés a aquellos sucesos, y después, leyendo en la historia lo mismo de que fui testigo, he auxiliado mi memoria con datos auténticos, y puedo narrar con bastante exactitud.
- Continuó la charla más vivamente, porque se nos unieron unas damas vestidas por el mismo estilo, y entre todos se armó tan ruidosa algazara de galanterías, frases y sutilezas, mezcladas con algún verso insulso, que no puedo recordarlas.
- No puedo más.
- Y también puedo asegurar que si no fue invento de mi fantasía, entonces trastornada, resonó en el combés una voz que decía.
- Para contar cómo me salvé, no puedo fundarme sino en recuerdos muy vagos, semejantes a las imágenes de un sueño, pues sin duda el terror me quitó el conocimiento.
- No acabó aquella travesía sin hacer, conforme a mi costumbre, algunas reflexiones, que bien puedo aventurarme a llamar filosóficas.
- La mayor parte de la oficialidad se halla herida, y aquí puedo prestar algunos servicios.
- No puedo pintar a ustedes mi ansiedad.
- Pues allí todo fue extraordinario, y puedo dar fe de ello, que la presencié desde el Introito hasta el Ite misa est.
- No puedo.
- Yo no puedo estar en todas partes.
- Lo que sí puedo asegurar es que una resolución súbita me arrancó de la puerta, y salí del jardín corriendo, como un ladrón que teme ser descubierto.
- En el retablo de la Capilla mayor han admirado y gustado con delicia los arranques geniales, sí, geniales puedo decir, del cincel de un Grijalte.
- Si mi mujer supiera que sólo puedo disponer de dos horas y media de descanso, me dejaría volver a la cama.
- Como particular puedo procurar la salvación del país por los medios más adecuados.
- Saber en qué puedo yo servir a ustedes a quien tanto debo.
- Oye, Paca, ¿sabes que no puedo dormir?
- Hasta que lo resuelva no puedo dormir.
- No, ahora no puedo.
- Su alma es noble, y sólo porque en este sitio yo no puedo tributar elogios al penitente, me abstengo de señalar dónde está el oro y dónde está el lodo.
- Yo no puedo recibir la comunión así.
- Yo, Somoza, no puedo esperar nada bueno.
- Como usted comprende, yo no puedo opinar en este punto.
- Pues hoy no puedo ir.
- Hoy no puedo.
- ¿De modo que puedo irme?
- ¿Está corriente, puedo llevármela ahora?
- De modo, ¿que yo no puedo ser vicario general?
- No puedo faltar, sería un desaire.
- ¡Oh! debía acudir antes para impedirlo, pero ahora no puedo, aún no tengo autoridad para tanto.
- No puedo consentir que usted siga escandalizando.
- Pues lo mismo y mucho más puedo decir de la pistola.
- No puedo prescindir de mi carácter de juez, sin faltar a mi deber en aquel sitio.
- Si lo digo como yo puedo hablar.
- No puedo detenerme.
- ¡Oh no, no! ¡yo no puedo ser buena! yo no sé ser buena.
- No puedo perdonar las flaquezas del prójimo, o si las perdono, no puedo tolerarlas.
- No, señor, no puedo.
- Mire usted, amigo mío, a usted puedo decírselo.
- Oh, no, no se dijo, mientras se desnudaba yo no puedo seguir así.
- Ahora, por lo que a mí toca, señores, debo declarar que no puedo romper un voto solemne, un juramento.
- Yo no puedo jurar.
- Además, puedo prometer por mi honor.
- Ya puedo pisar sin desdoro aquel pavimento.
- ¡Bravo!¡bravo! Y si por alguien se ha creído que yo puedo fraternizar con el escándalo, aunarme con la desfachatez y adherirme a la orgía, protesto indignado, que a muy otra cosa he venido aquí.
- Yo no puedo bañarme y el médico me ha dicho que el aire del mar más podría hacerme daño que provecho por ahora.
- En el mío mi esposo merecía más de lo que yo le daba, pero advertida por el sabio poeta y por usted, ya voy poniendo más esmero en cuidar a mi Quintanar y en quererle como usted sabe que puedo.
- Ya puedo, ya puedo salir, vivir, sacrificarme por el prójimo.
- Puedo asegurar a usted que yo no pienso más que en la otra mitad de mí mismo, que es la que traigo aquí, la que vive en la paz dulce de la fe, acompañada de almas nobles, santas, como la de una señora.
- Puedo llevar el cuerpo a confesar.
- ¿qué puedo?
- A don Fermín le quiero con el alma, a pesar de su amor, que acaso él no puede vencer como yo no puedo vencer la influencia de Mesía sobre mis sentidos.
- ¡Si yo me arrojara sobre este hombre y como puedo, como estoy seguro de poder, le arrastrara por el suelo, y le pisara la cabeza y las entrañas!
- No puedo ser más larga.
- Puedo reír, llorar, cantar, hablar con Dios, con los pájaros, con la sangre sana y fresca que siento correr dentro de mí.
- Y muy pocas, tal vez ninguna puedo decir que haya sido mía, lo que se llama mía.
- Y si puedo, aquí mismo.
- Remediarlo no puedo, pero puedo salir de aquella casa.
- Señor, yo ¿qué puedo hacer por él?
- Porque sus ojos se clavaban en los míos y me llamaban hermano mayor del alma al compás de sus labios que también lo decían sonriendo, mato porque debo, mato porque puedo, porque soy fuerte, porque soy hombre.
- Y arrojar yo la máscara, y la ropa negra, y ser quien soy, lejos de aquí donde no lo puedo ser.
- Pues mira, a tu amante puedo deshacerle de un golpe.
- Yo no puedo asesinar con un puñal a ese infame.
- Si puedo.
- Ahora ya puedo hablar más claro.
- Es que, de veras, no me puedo contener cuando me pega la risa.
- , no puedo permanecer en una casa donde, según la voz pública, vive un cristiano en concubinato.
- A Primitivo le puedo yo dar tres docenas de puntapiés, si se me hinchan las narices, sin que el juez me venga a empapelar.
- Yo no puedo añadió con cierta melancolía prestarle a la señorita otro auxilio.
- Ya lo conozco, pero no lo puedo remediar, por más que hago.
- ¡Hombre, si es cierta esa maldad que no puedo convencerme, que se me atraganta, aún sería poco para el traidor el castigo de Judas! Pero usted, santo, ¿por qué no le atajó?
- No aguardo, no puedo aguardar más.
- Acudo a usted, porque no puedo confiarme a nadie más.
- Yo les puedo asegurar a ustedes que en lo que toca a lo que yo he conocido algo, que es el teatro, no hay ahora actores como aquéllos.
- Ni tomo más alimento que jícaras de caldo y leche y alguna pequeña galleta, ni duermo más que algunos minutos, y estoy tan débil, que hace veintiséis días que no he puesto los pies en la calle, porque no puedo andar.
- Después de acostarme y levantarme veinte veces, da la una de la madrugada y no puedo estar en la cama ni fuera de ella.
- Pero ¡ay! que no puedo ya.
- No puedo tomar caldo ni leche, y, sin embargo, mi estómago está bueno.
- Pero no funciona porque no le puedo dar alimento.
- Como mi debilidad es tan grande, apenas puedo tenerme de pie.
- A pasear por la sala y a escribir, para ver si puedo apartar de mí los tristes pensamientos que me devoran.
- Puedo decir que he tenido tanto éxito en los asuntos por mí tratados, que no he perdido ni un solo pleito.
- Yo no puedo soportar más este dolor que me abruma y no me deja reposar un momento.
- Y no puedo creer que aquí remate todo, que la substancia sea única, que la causa primera sea inminente.
- Indudablemente ha concluido, yo puedo ser un genio, pero he de reconocer que aquí, en este pueblo, no estoy solo.
- Él, al menos, puedo afirmar que no piensa en nada cuando saborea estos limoncillos.
- Pero yo puedo asegurar que es algo extraordinario.
- Pero yo puedo asegurar que el fajo de cuartillas que emborrono todos los días, lo emborrono por conquistarla.
- Yo no puedo leerlos todos.
- Y, por eso, yo rehuyo cuanto puedo el escribir acerca de los libros que tengo sobre la mesa y digo que todos son admirables, aunque no los haya leído.
- No puedo.
- Ni de eso puedo juzgar sin conocerle.
- Pero yo no puedo buscarlos.
- ¡Pero, mujer! Anda, ven, sosténme, que apenas puedo tenerme en pie.
- Por de pronto ya no puedo criar este niño.
- Yo no te he dicho eso, Rosa, y ahora, en este momento, no puedo, ni por piedad, mentir.
- No puedo casarme.
- Yo no puedo ocupar en su cama el sitio que ocupó mi hermana.
- ¡Pues, no, padre, no, no y no! Yo no puedo ser remedio contra nada.
- No la puedo echar, Gertrudis, no la puedo echar.
- No la puedo echar, Gertrudis, no la puedo echar y el hombre rompió a llorar.
- No la puedo echar y volvió a abatirse.
- Yo soy médico, le digo, y no sólo no tuve hijos de mi mujer, que era viuda, y perdimos el que ella me trajo al matrimonio, ¡aún le lloro al pobrecillo!, sino que sé, sé positivamente, sé con toda seguridad, que no he de tener nunca hijos propios, que no puedo tenerlos.
- ¡No puedo, padre, no puedo! Que ellos, que mis hijos porque son mis hijos, mis verdaderos hijos que ellos no lo sepan, que no lo sepan, padre, que no lo adivinen.
- No me los he mirado nunca de cerca ni puedo vérmelos desde dentro, pero puede ser.
- Y además sabe que no soy celosa, que no lo seré, que no puedo serlo.