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Frases que tengan las palabras: sin y verguenza

Si necesitas ejemplos de frases donde aparezcan los términos sin y verguenza aquí tienes una lista de oraciones.

Frases con: sin y verguenza

¿Necesitas buscar frases que contengan las palabras sin y verguenza aquí tienes ejemplos de oraciones con estas 2 palabras.

Estas son todas las frases que tienen TODAS las palabras que has indicado.

  • Aunque Barbarita era desenfadada en el pensar, pronta en el responder, y sabía sacudirse una mosca que le molestase, en caso tan grave se quedó algo mortecina y tuvo vergüenza de decir a su mamá que no quería maldita cosa al chico de Santa Cruz.
  • No le causaba vergüenza el decirle al otro que le idolatraba, así, así, clarito.
  • ¡Qué poca vergüenza! Empezamos a hablar.
  • Me daba vergüenza de revelarte ciertas cosas.
  • Me daba vergüenza de volver a pedirles.
  • He perdido la vergüenza.
  • Esto es una pillería, esto es una vergüenza.
  • No los mando, porque me da vergüenza de que salgan a la calle con tanto pingajo.
  • Hallábase en lo más entretenido de aquella crítica literaria, tan propia de su oficio, cuando vio que hacia él iban tres individuos de calzón ajustado, botas de caña, chaqueta corta, gorra, el pelo echadito palante, caras de poca vergüenza.
  • Y él tan serio, con las mejillas encendidas por la vergüenza infantil, que tan fácilmente se resuelve en descaro.
  • ¡y qué mona estaba con su vergüenza! ¿Te acuerdas de aquel palmito descolorido con cabos negros?
  • No dejó de tocar a ninguna puerta tras de la cual pudieran esconderse la vergüenza perdida o la perdición vergonzosa.
  • ¿Qué buscas tú aquí, chiquilla sin vergüenza?
  • ¿No te da vergüenza de andar con la ropa llena de agujeros, y en vez de ponerte a coser te da por atusarte las crines?
  • ¡qué vergüenza voy a pasar! Porque de seguro me preguntará cosas como cuando una se va a confesar.
  • La Samaritana se puso colorada, porque le daba vergüenza de decir que hacía lo menos diez o doce años que no se había confesado.
  • Contó ella lo de Juanito Santa Cruz, pasando no poca vergüenza, y dando a conocer la triste historia incoherente.
  • Se le conocía en seguida que no hablaba como las personas finas, y que tenía miedo y vergüenza de decir disparates.
  • Pronunciar mal una palabra no es vergüenza para nadie, y la que no ha recibido una educación esmerada no tiene la culpa de ello.
  • Mejor tuviera vergüenza de ponerse la teta de trapo para que crea la gente que tiene las dos de verdad, como las tienen todas y como las tendré yo el día de mañana.
  • Era aquella sensación primera de miedo y vergüenza de que se siente poseído el escolar cuando le ponen delante de sus compañeros, que han de ser pronto sus amigos, pero que al verle entrar le dirigen miradas de hostilidad y burla.
  • Porque después, ni fin ni principio ni nada más que vergüenza y miseria.
  • Más quiero morirme de pena que de vergüenza.
  • Me dio vergüenza de decirle que sí, porque habría sido preciso añadir que sólo con la manera de entrar te declaras culpable.
  • Pero delante de mí no hay un judío sin vergüenza que se atreva a hablar mal de la Virgen.
  • Rubín estaba furioso, y sostenía que el Gobierno no tenía vergüenza si no fusilaba en el acto.
  • En una palabra, niña mía, que lo aparentemente deshonroso puede no serlo, y que la realidad, en vez de arrojar vergüenza sobre el sujeto, lo que hace es enaltecerlo y quizás honrarle.
  • ¡Qué vergüenza.
  • Siguió hacia la Puerta del Sol, dándose cuenta de aquel miedo intensísimo que había sentido y preguntándose si en él había también algo de vergüenza.
  • No te dé vergüenza de comer bien, y puesto que lo hay, aplícate todo lo que puedas, que día vendrá.
  • No tienen vergüenza si me perdonan.
  • La muchacha sentía vergüenza de verse tan observada, y no sabía cómo ponerse, ni qué dengues hacer con los labios al llevarse a ellos la cucharilla con leche merengada.
  • Esto pensaba la mujer de Maxi, que sintió deseos de huir, y luego vergüenza y miedo de hacerlo.
  • Entiéndete ahora, húndete, y cúbrete de vergüenza y date a los demonios.
  • Es que tiene vergüenza de poner en mis manos dinero adquirido por tales medios.
  • Le da vergüenza de decírmelo.
  • No tiene vergüenza, ni tampoco sentido común.
  • A usted pensaba yo decírselo, pero no me determiné por la vergüenza que me daba.
  • Fortunata estaba algo cohibida, pues a pesar de la convicción de que hacía gala con respecto a ciertas legitimidades, le daba vergüenza de no poder disimular ya su estado ante un amigo de la familia de Rubín.
  • Luego, es una sociedad que no tiene vergüenza.
  • Así lo hizo con más orgullo que vergüenza, y apartó las sábanas, dejando ver la carita sonrosada y los puños cerrados del tierno niño.
  • Encadenando ideas, se daba a pensar en el gusto que tendría de ver a doña Guillermina, presumiendo al mismo tiempo que si la viera había de sentir mucha vergüenza.
  • El hijo de la casa, y esta es una entrometida, fea, tiñosa y sin vergüenza que me la tiene que pagar, me la tiene que pagar.
  • ¿Pues no tiene la poca vergüenza de creer que tendrá hijos?
  • ¡Hija de unos padres tan honrados! ¡Qué vergüenza, Señor!
  • Hasta que, molestado por la dura mirada de los dueños, que adivinaban su estado, sintió una vaga impresión de vergüenza y salió sin saludar, andando con paso inseguro.
  • Curas y alcaldes pusiéronse en movimiento para evitar tal vergüenza.
  • Teresa abrazó á su hija, que, olvidando el peligro, estremecíase de vergüenza al verse en camisa en medio de la huerta, y se sentaba en un ribazo, apelotonándose con la preocupación del pudor, apoyando la barba en las rodillas y tirando del blanco lienzo para que le cubriera los pies.
  • Era una vergüenza para los vecinos de la plaza no levantar en ella una falla que compitiese con las muchas que se estaban arreglando en varios puntos de la ciudad, y la proposición del cafetinero fue acogida con entusiasmo por toda la gente de los pisos bajos.
  • No puedo sufrir tanta vergüenza.
  • Y la pobre mujer ruborizábase, mostrando en su cara nacida y lustrosa de monja enclaustrada la misma expresión de vergüenza que si fuese ella la autora de la carta.
  • ¡Ay, Señor, qué vergüenza! ¡Y ese hombre tan satisfecho y tan tranquilo, sin acordarse de que tiene mujer y un hijo y que su nombre es muy respetado en la plaza.
  • Pero ahora se trataba de una explotación deshonrosa, de una venta que sólo el suponerla le producía vergüenza y rubor.
  • Únicamente en los hombres había que buscar la vergüenza.
  • Era la vergüenza, que hacía arder en su interior un fuego de infierno, que enrojecía su rostro y aceleraba la circulación de su sangre.
  • Creyó que todos le miraban, que los transeúntes ladeaban el cuerpo para evitar su roce, y anduvo apresuradamente, como si sintiera tras sus pasos el espectro de su vergüenza que le perseguía.
  • Tal vez algún día, con más vergüenza que aquellas infelices, tendría que tender la mano a las gentes, sintiendo calor en el rostro y en el estómago el cruel arañazo del hambre.
  • Tanto pudo conmigo la vergüenza.
  • ¡Quién dirá lo que yo sentía, lo uno con la vergüenza, descoyuntado un dedo y a peligro de que me diesen garrote! Al fin, de miedo de que me le diesen, que ya me tenían los cordeles en los muslos, hice que había vuelto, y por presto que lo hice, como los bellacos iban con malicia, ya me habían hecho dos dedos de señal en cada pierna.
  • Declaréle cómo había muerto tan honradamente como el más estirado, cómo le trincharon y le hicieron moneda, cómo me había escrito mi señor tío, el verdugo, de esto y de la prisioncilla de mama, que a él, como a quien sabía quién yo soy, me pude descubrir sin vergüenza.
  • Afligíme tanto con ver que no podía nombrar cosa a que él no hubiese hecho algún disparate, que cuando vi que llegábamos a Madrid, no cabía de contento, entendiendo que de vergüenza callaría.
  • Penséme morir de vergüenza.
  • Yo, que vi cuán honrada gente era la que hablaba mi tío, confieso que me puse colorado, de suerte que no pude disimular la vergüenza.
  • Dios bendijo la limpieza, y alzándola para sorberla, por llevarla a la boca, se la puso en el carrillo, y volcándola, se asó en caldo y se puso todo de arriba abajo que era vergüenza.
  • En que trata los sucesos de la cárcel, hasta salir la vieja azotada, los compañeros a la vergüenza y él en fiado.
  • Sacábanlos a la vergüenza y cada uno, de puro roto, llevaba la suya de fuera.
  • No se ha visto en tanta vergüenza ningún azotado.
  • Se levantó de la silla confuso, lleno de vergüenza.
  • Este poco apego a defender los intereses de la clase les parecía a doña Leonarda y a Niní una verdadera vergüenza.
  • Es una vergüenza.
  • Pero como sintieron dél que estaba bien enternecido, no se les hizo de vergüenza pedirle de almorzar con el acostumbrado pago.
  • No quería que, si me llegaban a ahorcar, el apellido de mi padre saliera a la vergüenza pública.
  • Me daba vergüenza.
  • Respecto de mí, siento un poco de vergüenza al decir que soy feliz, muy feliz.
  • Era una vergüenza.
  • Pero quiero poner punto en esta parte de mi historia, pues hoy recuerdo con vergüenza tan grande envilecimiento, y doy gracias a Dios de que me librara pronto de él llevándome por más noble camino.
  • Después algazara rabiosa que se pierde en el espacio, haciendo lugar a un terrible silencio que anuncia la vergüenza de la derrota.
  • No me atrevía a pedir un pedazo de pan por temor de parecer importuno, y al mismo tiempo, sin vergüenza lo confieso, dirigía mi escrutadora observación a todos los sitios donde colegía que podían existir provisiones de boca.
  • Ellos solos descansaban a bordo del Trinidad, y todo les era ajeno, fatigas y penas, la vergüenza de la derrota y los padecimientos físicos.
  • Con vergüenza lo confieso.
  • Aquella voz alegre me produjo una sensación indefinible, una sensación no sé si de miedo o de vergüenza.
  • Era el rojo que brota en las mejillas al calor de palabras de amor o de vergüenza que se pronuncian cerca de ellas, palabras que parecen imanes que atraen el hierro de la sangre.
  • Hacía más de una hora que no oía palabra de cuanto hablaba aquel charlatán, sin vergüenza, libertino.
  • Y como todos daban a entender que su aventura de la barca de Trébol había sido una vergüenza, su ignorancia dio por cierto su pecado.
  • Pero de cuantos podrían recordarle aquella vergüenza, sólo veía ella al señor Iriarte, el hombre del aya, que visitaba a don Carlos y miraba a la niña con ojos de cosechero que se prepara a recoger los frutos.
  • Era su única aventura, después de la vergüenza de la barca de Trébol.
  • Si aquella vergüenza.
  • La conversación tardó en volver al pecado de Ana, a la vergüenza de que les hablaba la carta de doña Camila.
  • Tarsila, Obdulia, Visitación, otro pimpollo que se escapaba por el balcón en compañía de su novio, la misma marquesa de Vegallana, sus hijas, sus sobrinas de la aldea, todo Vetusta, la de clase inclusive, salía allí a la vergüenza, en aquella venganza solitaria de las dos señoritas incasables de Ozores.
  • Ana se moría de vergüenza.
  • Me da vergüenza, ¿qué quieres?
  • ¡Vergüenza le daba confesárselo a sí propio! ¡Dos años hacía que ella debía creerle enamorado de sus prendas! Sí, dos años llevaba de prudente sigiloso culto externo, casi siempre mudo, sin más elocuencia que la de los ojos, ciertas idas y venidas y determinadas actitudes ora de tristeza, ora de impaciencia, tal vez de desesperación.
  • Y ¡mayor vergüenza todavía! otros dos años había empleado en merecer el poeta Trifón Cármenes, enamorado líricamente de la Regenta.
  • Ana estaba roja de vergüenza y de ira.
  • Le parecía una vergüenza y una degradación ridícula todo aquello.
  • ¡Y si no hubiese más que los ojos! ¡Pero aquella voz! ¡Aquella voz transformada por la emoción religiosa, por el pudor de la castidad que se desnuda sin remordimiento, pero no sin vergüenza ante un confesonario!
  • Salió también Peláez y De Pas, entonces a solas con su pensamiento, dejó que le subiera al rostro la sangre amontonada por la vergüenza.
  • Empezaron las despedidas, y los que se iban disimulaban el despecho, cierta vergüenza.
  • Ciego de vergüenza y de ira.
  • Sudaba más de vergüenza que de cansancio.
  • El elegante se creía a la vergüenza en la picota, y de un brinco, que procuró que fuese gracioso, se puso en tierra.
  • ¡mil locuras! lo cierto era que le estaba dando vergüenza en aquel momento llevar traje largo y aquella sotana que él otras veces ostentaba con majestuoso talante.
  • Si no fuera por vergüenza hubiera echado a correr por la cuesta arriba.
  • Vergüenza da decirlo.
  • Por estas consideraciones, que le estaban dando vergüenza, que le parecían ridículas al cabo, don Álvaro resistió el vehemente deseo de pisar un pie a la Regenta o tocarle la pierna con sus rodillas.
  • Por la primera vez sintió Ana la vergüenza de su imprudente conducta.
  • ¡Ay de usted si desmaya porque ve que para Teresa son pecados muchos actos que usted creía dignos de elogio! Pasará usted la vergüenza de ver que era vanidad muy grande creerse buena mucho antes de serlo, tomar por voces de Dios voces que la Santa llama del diablo.
  • Pero don Víctor comprendió que el cómico en España no vive de su honrado trabajo si no se entrega a la vergüenza de servir al público el arte en las compañías de comediantes de oficio.
  • Desde la noche de Todos los Santos, Mesía, vergüenza le daba confesárselo a sí mismo, no había adelantado un paso.
  • Visitación sentía ahora una vergüenza retrospectiva.
  • Si no fuese por vergüenza.
  • Es que ya no tiene vergüenza.
  • Apretaba con el cuerpo del vestido tempranos frutos naturales, como si fueran una vergüenza.
  • Se ponía enferma de vergüenza.
  • Se le figuraba que dentro de ella se había roto algo, la virtud, la fe, la vergüenza.
  • La conciencia había visto, como a la luz de un fogonazo, horrores de vergüenza, de castigo, el espejo de la propia miseria, el reflejo del cieno triste que se lleva en el alma.
  • Ana sintió asco, vergüenza y corrió a buscar la puerta.
  • La vergüenza y algo de cólera encendían el rostro de Ana.
  • Y cansado por tantos esfuerzos y sorpresas, don Fermín dejó caer la cabeza sobre el sobado reps azul del testero y en aquel rincón obscuro del coche, ocultando el rostro en las manos que ardían, lloró como un niño, sin vergüenza de aquellas lágrimas de que él solo sabría.
  • Estoy seguro de que Ana está muerta de vergüenza a estas horas.
  • No sabía por qué, pero pensaba que después de aquel paseo a la vergüenza ya no había honor en su casa.
  • Allí iba la tonta, la literata, Jorge Sandio, la mística, la fatua, la loca, la loca sin vergüenza.
  • Yo creo que va muerta de vergüenza dijo al oído de la Marquesa, Visita.
  • Además sentía vergüenza.
  • Si quería huir de ella, se la recordaba sin cesar el dolor de sus pies, que ardían, como abrasados de vergüenza.
  • Y asustada de su desfachatez pensó todo el día en la aventura, sin vergüenza.
  • Don Fermín estaba rojo de vergüenza, lo sentía él.
  • Por fortuna don Víctor, según observó también De Pas, no estaba para atender a la vergüenza de los demás, pensaba en la suya.
  • También Quintanar tenía, además de vergüenza, celos.
  • Conocían en la cara de gloria del Tenorio que esperaba el triunfo, que tal vez lo estaba tocando, y comprendían que el pudor, la vergüenza, mejor dicho, exigía un silencio absoluto respecto del caso.
  • ¡qué vergüenza! para comprarla como espía.
  • Yo no quiero ayudar con mi silencio a la vergüenza del amo.
  • Y por fin el Magistral ofreció a la moza asegurar su suerte, colmar su ambición, y ella poner ante los ojos de Quintanar su vergüenza de modo tan evidente, tan palpable que aquel señor, si corría sangre de hombre por su cuerpo, tuviese que castigar a los traidores como tenían bien merecido.
  • ¿Qué iba a hacer Petra para poner a la vista del estúpido Quintanar aquella vergüenza?
  • Cada cual veía su venganza, no el crimen del otro ni la vergüenza del pacto.
  • Sin querer, pensaba en esto con claridad, mientras las ideas que se referían a su desgracia, a su deshonra, a su vergüenza, se mostraban reacias, huían, se confundían y se negaban a ordenarse en forma de raciocinio.
  • No sentía celos, no sentía en aquel momento la vergüenza de la deshonra, no pensaba ya en el mundo, en el ridículo que sobre él caería.
  • Sí, todo esto había querido hacer don Víctor que se sintió morir de vergüenza y de cólera contra los infames adúlteros y contra sí mismo, en cuanto notó que el tren se movía y le alejaba del lugar del crimen, de su deshonra y de su venganza necesaria.
  • Aquella caza en que ellos representaban un papel secundario, les parecía una vergüenza.
  • Don Fermín, mientras el otro se entregaba a los arranques mímicos de su dolor, de su vergüenza, habló largo y tendido del asunto.
  • Sin tener fe ni dejar de tenerla, acostumbrada ya a no pensar en aquellas grandes cosas que la volvían loca, Anita Ozores volvió a las prácticas religiosas, jurándose a sí misma no dejarse vencer ya jamás por aquel misticismo falso que era su vergüenza.
  • Cúbrase usted, mujer murmuró con voz sofocada por la vergüenza.
  • Si aguanta uno por respetos humanos esos dichos, acaso pensarán que ya tiene medio perdida la vergüenza para los hechos.
  • ¿No la ha visto usted todo el día, allá en Naya, bailoteando como una descosida, sin vergüenza?
  • Encogióse de hombros el señorito, calculando que acaso Primitivo se proponía ocultar en el soto la vergüenza de su derrota.
  • Las mejillas, un poco más redondeadas, seguían tiñéndose del carmín de la vergüenza por el menor motivo.
  • Sentía cierta vergüenza de su sotana, que le inutilizaba para prestar el menor servicio en tan apretado trance.
  • Dábale vergüenza ceder a la tentación.
  • Le daba vergüenza referir lo de la noche en vela, el desmayo, la fuerte impresión moral y física sufrida con tal motivo.
  • Que se escapa! Comprendió entonces el alucinado capellán lo que ocurría, con no poca vergüenza y confusión suya.
  • No se lo digo a Juncal por vergüenza.
  • ¡Y luego nos llamarán a nosotros hipócritas! ¡Miren ustedes qué recato, qué decoro y qué vergüenza les ha entrado a los incircuncisos de Cebre! (en boca del arcipreste, incircunciso era tremenda injuria).
  • Es siquiera una mala vergüenza que esos pillos nos tengan aquí sitiados.
  • Vergüenza.
  • Porque como es hombre de vergüenza y de palabra, acabará por cobrar cariño a aquella con la que se ha comprometido ya.
  • El pobre mozo inclinó la frente arrebolada de vergüenza.
  • Parece como que tuviera vergüenza hasta de presentarse.
  • Bueno, tú, Cari, cállate y no nos vengas ahora con vergüenza.