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Ejemplos de oraciones con la palabra abandono

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra abandono en el contexto de una oración.

Término abandono: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "abandono" aquí tienes una selección de 69 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra abandono para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No, no le abandono.
  • Digo que no le abandono.
  • Se abandonó todo trabajo.
  • ¿Cómo lo ha de reclamar si lo abandonó?
  • Abandono la carrera y me dedico a labrador.
  • Por todas partes indicios de abandono y ruina.
  • En todo aquel día no abandonó la casa mortuoria.
  • El escaparate tenía un aspecto de vetustez y abandono.
  • Pues no, no le abandono, aunque lo mande quien lo mande.
  • No le culpo a mi padre del abandono en que me han tenido.
  • A poco de la guerra de África, abandonó el servicio activo.
  • Además su miseria, su abandono, la preocupaban más que todo.
  • Y en el caso concreto del abandono, hay también mucho que hablar.
  • Fíjate bien en aquel aire de abandono o de viveza según los casos.
  • Nunca había creído ella que tal abandono fuese materia de confesión.
  • Si abandonó el camino, fué por llegar antes á la barraca de Pimentó.
  • Aquel abandono y el andar con los chicos de la calle despabiló a Andrés.
  • En los comienzos de aquella vida, Maximiliano abandonó mucho sus estudios.
  • Que no se levantarían nunca de su postración por su incuria y su abandono.
  • O sientas esa cabeza o te abandono, y el demonio que se encargue de tu suerte.
  • Más que la muerte de su padre le dolía entonces su abandono, que la aterraba.
  • Menchaca abandonó a la muchacha de Puerto Real y comenzó a vigilar a su mujer.
  • Entonces era de ver la indignación con que tíos y hermanos acogían lo del abandono.
  • El pánico de su abandono, que fue el sentimiento que venció a todos, no lo curaba la fe.
  • Hay que imponérsele, combatirle el abandono, las lecturas y no consentir que se ensimisme.
  • Todo respiraba el mayor abandono, el frío y tristeza especial de las iglesias descuidadas.
  • El viejo recalcaba estas palabras, como si quisiera hacer responsable a alguien de su abandono.
  • ¿No se quejaba de que estaba sola, no había caído como desvanecida por la idea del abandono?
  • Su abandono le obligaba a formarse sus ideas espontáneamente y a templar la osadía con la prudencia.
  • Era un gemido, una voz de la naturaleza animal pidiendo auxilio y defensa contra el abandono y la muerte.
  • Y Mesía comprendía y sentía lo que estaba pasando por Ana, aquel abandono, aquella flojedad del ánimo.
  • Al decir esto, Aurora abandonó todo trabajo y se puso delante de su amiga en la actitud más complaciente.
  • Hubiese querido hablar con abandono y ligereza, saber hacer chistes y comparaciones y echármelas de Tenorio.
  • Cuando cambia el tiempo experimento la nostalgia de sentir la paz profunda del mar, de su abandono y soledad.
  • Cuando comenzaron a arder con gran estruendo los fuegos artificiales en un extremo de la feria, él no abandonó su asiento.
  • Además, tal vez les interesaba ver cómo ardía la miseria que diez años de abandono habían amontonado sobre los campos de Barret.
  • La muchacha, nada tímida, al ver su abandono, vendió las joyas que le había regalado el amante y se presentó con su hija en Cádiz.
  • Pero en los primeros meses surgieron tales desavenencias con el socio, que Juan Pablo abandonó la pesca y se dedicó a viajante de comercio.
  • Dirigía la casa despóticamente, con una mezcla de chinchorrería y de abandono, de despotismo y de arbitrariedad, que a Andrés le sacaba de quicio.
  • Dejando que su hermano se arreglara como pudiese con los demás tratadistas de derecho público, abandonó el café con ánimo de irse derechito a su casa.
  • Yo observé el abandono en que estaba Medio hombre, y me dirigí sofocado y llorando a algunos marineros, rogándoles que cargaran a Marcial para salvarle.
  • Cuando se durmió de veras, la centinela abandonó su puesto para correr al lado de Guillermina con quien tenía pendiente una interesantísima conferencia.
  • El otro sentimiento procedía del fondo de rectitud que lastraba aquella noble alma y le inspiraba una protesta contra el ultraje y despiadado abandono de la desconocida.
  • Pero sobrevenía un ataque nervioso, sentía la congoja de la soledad, de la frialdad ambiente, del abandono sordo y mudo, y entonces las imágenes místicas no acudían.
  • Dios, como decía ella, se le hacía migajas en el cerebro y entonces sentía un abandono ambiente y una flaqueza de la voluntad que la atormentaban y producían pánico.
  • La miseria del hogar, la abundancia de hijos, y sobre todo la cándida creencia de que en Valencia estaba la fortuna, justificaban en parte el cruel abandono de los hijos.
  • Se portó como persona honrada en la época peor, cuando, recién establecida la familia en la barraca, había que arar la tierra maldita, petrificada por diez años de abandono.
  • Jacinta no podía considerar de otro modo el hecho del abandono, aunque este significara el triunfo del amor legítimo sobre el criminal, y del matrimonio sobre el amancebamiento.
  • Sus principales batallas las daba en el Casino, donde pasaba media vida (después lo abandonó por motivos poderosos.) Los vetustenses eran, en general, poco aficionados a la teología.
  • Diez años de abandono habían endurecido la tierra, haciendo brotar de sus olvidadas entrañas todas las plantas parásitas, todos los abrojos que Dios ha criado para castigo del labrador.
  • Deseosa de llegar antes, abandonó á la vaca y al ternerillo, y las dos bestias siguieron su marcha tranquilamente, como quien no se preocupa de las cosas ajenas y tiene el establo seguro.
  • Picados los palos mayor y de mesana, se le abandonó, y la única esperanza consistía en poderlo fondear cerca de la costa, para lo cual se prepararon las áncoras, reforzando las amarras.
  • En esto ha venido a parar el grandioso canto eclesiástico, por el abandono de los que mandan en estas cosas y la latitud con que se vienen permitiendo novedades en el severo culto católico.
  • Había una capilla vieja en el mayor abandono, unas salas viejas y desmanteladas, una biblioteca vieja llena de libros húmedos y tres o cuatro criados tan viejos y arruinados como toda la casa.
  • Metido en tan peligroso empeño, hasta abandonó sus campos, pasando los días en los senderos de la huerta con pretexto de cazar, pero en realidad para exhibir su escopeta y su gesto de pocos amigos.
  • VIII LA MUERTE DE VILLASÚS CON pretexto de estar enfermo, Andrés abandonó el empleo, y por influencia de Julio Aracil le hicieron médico de La Esperanza, Sociedad para la asistencia facultativa de gente pobre.
  • ¡Hubiera querido veros como yo, para que supierais lo que es sufrir! Y siempre que podía asegurar una docena de veces que nada debía a nadie y comparar su abandono con el de un perro, quedaba tranquilo y satisfecho.
  • Ya ejecutaba con indecible monería ese movimiento cautivador entre todos los de los niños pequeños, de tender no sólo los brazos, sino el cuerpo entero, con abandono absoluto, hacia la persona que les es simpática.
  • Lo que le valía el continuo acarreo de pellejos hinchados de vino ó de aceite perdíase en manos de chalanes y constructores de carros, hasta que llegó el momento en que, viendo próxima su ruina, abandonó el oficio.
  • De calles estrechas, cubiertas de hierba hierba alegre en el campo, allí símbolo de abandono, lamidas sin cesar por las goteras de los tejados, de monótono y eterno ruido acompasado al salpicar los guijarros puntiagudos!
  • El pobre Malespina había sido transportado al Santa Ana desde el Nepomuceno, navío apresado también, donde era tal el número de heridos, que fue preciso, según dijo, repartirlos para que no perecieran todos de abandono.
  • ¡Dios sabe lo que pasó en aquellos momentos ante sus ojos, fijos, sin luz y desmesuradamente abiertos como los de un ciego! De pronto, doña Manuela abandonó su asiento al ver a su hijo vacilar, llevándose las manos al pecho y retroceder como si buscase apoyo.
  • No usaba peluca, y sus abundantes cabellos rubios, no martirizados por las tenazas del peluquero para tomar la forma de ala de pichón, se recogían con cierto abandono en una gran coleta, y estaban inundados de polvos con menos arte del que la presunción propia de la época exigía.
  • Cuando, ya cerca de la noche, mientras subían cuestas que el ganado tomaba al paso, el nuevo Presidente de Sala le preguntaba si era él por su ventura el primer hombre a quien había querido, Ana inclinaba la cabeza y decía con una melancolía que le sonaba al marido a voluptuoso abandono.
  • ¡Tengo una liga rota! Y así continuaba el diálogo de exclamaciones sueltas, lamentos y protestas, mientras las dos jóvenes, en chambra y enaguas, mostrando a cada abandono rosadas desnudeces, iban de un lado a otro, como aturdidas por el ambiente cálido y pesado de la habitación cerrada.
  • Era una casualidad, pura casualidad la presencia de aquel libro místico coincidiendo con los pensamientos de abandono que la entristecían, y despertando ideas de piedad, con fuerte impulso, con calor del alma, serias, profundas, no impuestas, sino como reveladas y acogidas al punto con abrazos del deseo.
  • Ana, a quien tanto molestaba aquel abandono en los momentos de debilidad en que los nervios exaltados la mortificaban con tristeza y desconsuelo, cuando estaba serena, sobre todo después de dormir algunas horas o de tomar alimento con gusto, llegaba a sentir un placer sutil, casi voluptuoso en aquella soledad.
  • Renovó su mobiliario, abandonó las modistas anónimas, y en su afán de no andar a pie, si no tuvo berlina y tronco como en sus buenos tiempos, compró una galera elegante y ligerita y tomó como cochero a Nelet, el hijo de la nodriza de Amparo, un bárbaro de la, huerta, a quien puso por condición no tutear a la señorita menor y olvidarse de que era su hermano de leche.
  • Obstruido por el limo, el estanque parecía charca fangosa, acrecentando el aspecto de descuido y abandono de la huerta, donde los que ayer fueron cenadores y bancos rústicos se habían convertido en rincones poblados de maleza, y los tablares de hortaliza en sembrados de maíz, a cuya orilla, como tenaz reminiscencia del pasado, crecían libres, espinosos y altísimos, algunos rosales de variedad selecta, que iban a besar con sus ramas más altas la copa del ciruelo o peral que tenían enfrente.