Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra abre

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra abre en el contexto de una oración.

Término abre: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "abre" aquí tienes una selección de 49 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra abre para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Abre la boca.
  • Jacinta, abre.
  • 7 Se abre el tribunal.
  • Nena, nena negra, abre.
  • Ya llega, abre su puerta.
  • El chiquillo abre los ojos.
  • Toma, abre la boquita, nena.
  • Parece que se me abre la cabeza.
  • ¡Ay qué pico me abre este hijo!
  • Pablos, abre el ojo que asan carne.
  • La cañada se abre en amplio collado.
  • Una puerta se abre, torna a cerrarse.
  • Tú, Nelet, marcha delante y abre paso.
  • Abre los ojos y le busca con las miradas.
  • Donde una puerta se cierra, otra se abre.
  • Se abre a la vista una espaciosa llanura.
  • Al fondo se abre una puertecilla diminuta.
  • El barranco se abre y forma una amena cañada.
  • Ante la casa se abre una alameda de almendros.
  • Cierra sus flores de día y las abre de noche.
  • Se abre un balcón con estrépito de cristales.
  • El que lo abre calla y se pone un poco pálido.
  • En el bajo se abre una ancha puerta achaparrada.
  • Si al fin ha de abrir mañana, ¿por qué no abre esta noche?
  • Azorín los pasa, los repasa, los acaricia, los abre al azar.
  • Una rambla abre su ancho cauce entre el camposanto y el pueblo.
  • Delante de la iglesia se abre una plazoleta plantada de acacias.
  • En el fondo se abre la recia puerta de nogal que franquea el despacho.
  • Esta condenada Papitos es la que abre la puerta, y yo la voy a reventar.
  • Es la lisonja llave maestra, que abre a todas voluntades en tales pueblos.
  • Lo mejor es no hablarlas mucho de eso, que se les abre demasiado los ojos.
  • En la tercera pared en la que se abre la puerta de la alcoba hay tres cuadros.
  • ¡Esta planta está enamorada del sol! Cuando el sol sale, ella abre sus hojas.
  • Mas, pues Dios lo ha hecho mejor y pasan adelante, abre, abre, y ve por de comer.
  • La cintura de piedra del pueblo viejo se abre en unos sitios por puertas ojivales.
  • Y de pronto el maestro se agita nervioso, abre anchos los ojos y grita con angustia.
  • Yo me detengo un momento ante la puerta cerrada, y él saca una llave de la faja y abre.
  • Y de pronto don Víctor ¡oh pasmo! cesa de acariciarse sus patillas, abre la boca y exclama.
  • A la izquierda, conforme se entra en la casa, cerca de la puerta de la calle, se abre otra puerta chica.
  • Del mar de los Sargazos, en donde se navega por tierra, por verdadera tierra, que se abre para dejar pasar un buque.
  • Su boca se fue desellando poquito a poco hasta que rompió, como un erizo de castaña que madura y se abre, dejando ver el sazonado fruto.
  • En el Santuario de la Virgen del Camino se maneja mucha plata el día que se abre el tesoro de la Virgen, en presencia de la Autoridad civil.
  • A la derecha, en el fondo del despacho, se abre una espaciosa alcoba, y frente a la puerta de entrada una gran reja movediza que da paso a un patio.
  • Tras de esa puerta que abre hacia lo arbitrario una filosofía basada en la utilidad, en la comodidad o en la eficacia, entran todas las locuras humanas.
  • Luego, de tarde en tarde, una vieja, vestida de negro, arrugada, seca, pajiza, abre una puerta claveteada con amplios chatones enmohecidos, cruza el umbral, desaparece.
  • Vuelve luego otra vez el silencio, y a las doce, allá enfrente se abre una ventana y un instante después comienzan a sonar las notas sonoras y claras de un bombardino.
  • Un día el dependiente cogió un hacha que tenían en la casa de préstamos para hacer astillas con que encender el brasero, y abalanzándose sobre don Martín, empezó a golpes con él, y por poco no le abre la cabeza.
  • Pero si vencen y me hacen diputado a mi señor don Pedro, y éste vuela para Madrí, y allí pide cuartos por otro lado, que sí pedirá, y abre el ojo para ver las picardías de su mayordomo, y no se vuelve a acordar de la moza ni del chiquillo.
  • Y lo que más es de notar es que nunca nos enamoramos sino de pane lucrando, que veda la orden damas melindrosas, por lindas que sean, y así, siempre andamos en recuesta con una bodegonera por la comida, con la huéspeda por la posada, con la que abre los cuellos por los que trae el hombre.