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Ejemplos de oraciones con la palabra acequias

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra acequias en el contexto de una oración.

Término acequias: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "acequias" aquí tienes una selección de 22 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra acequias para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Las siete acequias se encresparon.
  • Cuidado con robar fruta, hacer pedreas ó saltar acequias.
  • Las acequias y los charcos del camino parecían poblarse de peces de fuego.
  • ¡Querían perderle! Pero las siete acequias acogían estas interrupciones con furibundas miradas.
  • El borboteo de las acequias, el murmullo de los cañaverales, los ladridos de los mastines vigilantes.
  • En las acequias conmovíase la tersa lámina de cristal rojizo con chapuzones que hacían callar á las ranas.
  • El espacio se había limpiado de tenues neblinas, transpiración nocturna de los húmedos campos y las rumorosas acequias.
  • El cabrilleo de las temblonas aguas de las acequias, heridas por la luz, era el trino dulce y tímido de los violines melancólicos.
  • Esta huerta, siempre verde, cortada por acequias de agua turbia, con aquella vegetación jugosa y obscura, no le daba ganas de recorrerla.
  • Descubriéronse las siete acequias, quedando con las manos sobre las rodillas y la vista en el suelo, y el más viejo pronunció la frase de costumbre.
  • Ahora la vega parecía mucho más grande, infinita, y extendía hasta perderse de vista los grandes cuadros de tierra roja, cortados por sendas y acequias.
  • La fuente de la Reina era el orgullo de toda aquella parte de la huerta, condenada al agua de los pozos y al líquido bermejo y fangoso que corría por las acequias.
  • Los guardas de las acequias y los atandadores encargados de establecer el turno en el riego formulaban sus denuncias, y comparecían los querellados á defenderse con razones.
  • Lagartos verdes de lomo rugoso, enormes escarabajos con caparazón de metálicos reflejos, arañas de patas cortas y vellosas, hasta culebras, que se deslizaban á las acequias inmediatas.
  • Y los habitantes de la extensa vega cortada por el río nutridor, como una espina erizada de púas que eran sus canales, designaban á los jueces por el nombre de las acequias que representaban.
  • Zumbaban sobre las acequias las nubes de mosquitos casi invisibles, y en una alquería verde, bajo el añoso emparrado, agitábanse como una amalgama de colores faldas floreadas, pañuelos vistosos.
  • Sus flechas de oro deslizábanse entre el follaje, toldo de verdura bajo el cual cobijaba la vega sus rumorosas acequias y sus húmedos surcos, como temerosa del calor que hacía germinar la vida por todas partes.
  • Toda la huerta que tenía agravios que vengar estaba allí, gesticulante y ceñuda, hablando de sus derechos, impaciente por soltar ante los síndicos ó jueces de las siete acequias el interminable rosario de sus quejas.
  • Eran más de las doce, y las siete acequias empezaban á mostrarse cansadas de tanto derramar pródigamente el caudal de su justicia, cuando el alguacil llamó á gritos á Bautista Borrull, denunciado por infracción y desobediencia en el riego.
  • Siempre verdes, con las entrañas incansables engendrando una cosecha tras otra, circulando el agua roja á todas horas como vivificante sangre por las innumerables acequias y regadoras que surcaban su superficie como una complicada red de venas y arterias.
  • Bien se adivinaba viendo la turba de muchachos atrevidos y pegajosos que se iban colando en la barraca, y cansados de contemplar, hurgándose las narices, el cadáver de su compañero, salían á perseguirse por el camino inmediato ó á saltar las acequias.
  • La de la izquierda del río, la de las cuatro acequias, la que encierra la huerta de Ruzafa con sus caminos de frondoso follaje que van á extinguirse en los límites del lago de la Albufera, y la vega de la derecha del Turia, la poética, la de las fresas de Benimaclet, las chufas de Alboraya y los jardines siempre exuberantes de flores.