Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra acordaba

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra acordaba en el contexto de una oración.

Término acordaba: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "acordaba" aquí tienes una selección de 57 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra acordaba para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No me acordaba.
  • Bien se acordaba.
  • Ya no me acordaba.
  • Es verdad, no me acordaba.
  • Se acordaba del guante morado.
  • Ya nadie se acordaba de aquello.
  • Pensé que no se acordaba de mí.
  • Pero se acordaba y mucho Ana misma.
  • Estaba afligido, y me acordaba de ti.
  • Me acordaba de lo que decía Yurrumendi.
  • Nadie se acordaba de la modista italiana.
  • No se acordaba de periódicos ni de libros.
  • Pero me acordaba de una manera vaga, remota.
  • Pero al mes ya no se acordaba de don Álvaro.
  • No me acordaba de que es hoy día de Inocentes.
  • Yo me acordaba de él y de cuando venía a casa.
  • Se acordaba de haberle visto en mangas de camisa.
  • Mentiría si dijera que no me acordaba de Dolorcitas.
  • Se acordaba del sol de invierno de la tarde anterior.
  • Pero ya nadie se acordaba por allí de tales cuentos.
  • ¡besugo, besugo! ¿Por qué se acordaba él del besugo?
  • Muchas veces se acordaba de lo que decía Fermín Ibarra.
  • Del doctor, de su segundo marido, no se acordaba para nada.
  • Ya nadie se acordaba de los sepultados por la mañana en el mar.
  • Ni para bien ni para mal se acordaba don Fermín de tales preguntas.
  • ¿Creerás que se acordaba de cumplir las promesas que me había hecho?
  • Fortunata no se acordaba del nombre, pero era una que estaba bañándose.
  • No la esperaba, ni se acordaba para nada en aquel momento del pobre Maxi.
  • En sus ratos de alegría delirante, Fortunata se acordaba mucho de Estupiñá.
  • Y en Barcelona me acordaba de ti y te mandaba besos por el aire, y en Zaragoza.
  • Y mi amo muy risueño todas las veces que se le acordaba aquella mi cosideración.
  • Se acordaba de las dudas de los filósofos y los ensueños de los teólogos y le daban lástima.
  • No se acordaba del abuelo, no, ni del trabucazo que lo había tumbado como él tumbaba las perdices.
  • Anoche nos dio malos ratos, porque llamaba a su Pae Pepe y se acordaba de la pocilga en que ha vivido.
  • Le había dicho que su riego era á las cinco (se acordaba muy bien), y ahora afirmaba que á las dos.
  • De los de allá, de aquellos que le habían abandonado sin lágrimas ni desconsuelo, nunca se acordaba.
  • Se acordaba de la prueba de fuerza muscular en que el canónigo le había vencido delante de Ana misma.
  • Pues con el sueñecito que he echado perdí la situación, chica, y al despertar, no me acordaba de que habías quedado ahí.
  • Ella, que hacía tantos años no se acordaba para nada de Melchor Peña, sentíalo vagar en torno como un espíritu guardián de su honrada viudez.
  • Yo, acaso, comencé a representar un pedazo de la comedia de San Alejo, que me acordaba de cuando muchacho, y representélo de suerte que les di codicia.
  • Mesía y su adversario estaban en mangas de camisa (se acordaba Frígilis como si hubiese sido el día anterior), estaban en mangas de camisa, sable en mano.
  • Corrían en torno del gran montón de brasas, saltaban por todos los lados, y en el furor del movimiento que les dominaba, ninguno de los dos se acordaba del otro.
  • Se acordaba de su Jáuregui y de las cosas oportunas y sapientísimas que este decía sobre todo desgraciado que se metía con curas, pues era lo mismo que acostarse con niños.
  • Apenas si se acordaba del pobre Morrut, y sintió el orgullo del propietario cuando en el puente y en el camino volviéronse algunos de la huerta á examinar el blanco caballejo.
  • Pero ¡cuán lejanos estaban aquellos tiempos! ¿Quién se acordaba ya de Meléndez Valdés, ni de las Églogas y Canciones por un Pastor de Bílbilis, o sea don Cayetano Ripamilán?
  • Yo me acordaba de las fantasías de Yurrumendi acerca de la sima que hay en aquel sitio en el mar, y me veía bajando al insondable abismo con una velocidad de veinticinco millas por minuto.
  • Ya no se acordaba de que aquel era hombre, y se hubiera sentado sin miedo, sobre sus rodillas, como había oído decir que hacen las señoras con los caballeros en los tranvías de Nueva York.
  • Pero creía que, en rigor, de lo que se acordaba no era de las palabras mismas, sino de posterior recuerdo en que la niña había animado y puesto en forma de novela los sucesos de aquella noche.
  • No se acordaba la Regenta ahora de aquello del hermano mayor del alma, ni de la leña que ella, sin mala intención, sin asomo de coquetería, había arrojado al fuego de que ahora se avergonzaba.
  • Según se amortiguaba el recuerdo de aquella desgracia, la gente parecía arrepentirse de su impulso de ternura, y se acordaba otra vez de la catástrofe del tío Barret y la llegada de los intrusos.
  • El mundo se olvidó de semejante absurdo, y cuando la niña llegó a los catorce años ya nadie se acordaba de la grosera y cruel impostura, a no ser el aya, su hombre, que seguía esperando, y las tías de Vetusta.
  • Cuando las congojas la anegaban en mares de tristeza, que parecían sin orillas, cuando se sentía como aislada del mundo, abandonada sin remedio, ya no llamaba a Quintanar, aunque era el único ser vivo de quien entonces se acordaba.
  • Mientras estaba lavándose, desnudo de la cintura arriba, don Fermín se acordaba de sus proezas en el juego de bolos, allá en la aldea, cuando aprovechaba vacaciones del seminario para ser medio salvaje corriendo por breñas y vericuetos.
  • Poco a poco se fue adaptando a su nuevo domicilio, y cuando la sorprende de nuevo nuestro relato, sentada junto a la ventana y recapacitando, con la mano dentro de la media, en una fecha que debe caer allá por Marzo del 75, ya no se acordaba de la vivienda de Chamberí en que la conocimos.
  • No cerré los ojos con toda la noche, considerando mi desgracia, que no fue dar en el tejado sino en las manos del escribano, y cuando me acordaba de lo de las ganzúas y las hojas que había escrito en la causa, echaba de ver que no hay cosa que tanto crezca como culpa en poder de escribano.
  • Las niñas hablaban entre sí, haciéndose preguntas sobre sus trajes o lo que habían hecho durante el día anterior, y nadie se acordaba del matrimonio Cuadros, que permanecía en el sofá como clavado, mirándose los pies y sin saber cómo salir de allí, por no molestar a los que hablaban.
  • Cuando era niña, pero ya confesaba, siempre que el libro de examen decía pase la memoria por los lugares que ha recorrido, se acordaba sin querer de la barca de Trébol, de aquel gran pecado que había cometido, sin saberlo ella, la noche que pasó dentro de la barca con aquel Germán, su amigo.