Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra acorde

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra acorde en el contexto de una oración.

Término acorde: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "acorde" aquí tienes una selección de 17 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra acorde para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Me acordé de Cádiz, de Vejer.
  • Me acordé al entrar en la casa.
  • Anoche me acordé, ¿cuándo creerás?
  • Pero ella no contestaba de una manera completamente acorde.
  • Medio siglo después me acordé de Don José María Malespina, y dije.
  • Y visto por mí que de tal persona no podía venir sino bien y favor, acordé de lo hacer.
  • Después he visto la estatua de Agripina en el Museo del Capitolio, en Roma, y me acordé de ella.
  • Esta mañana me acordé de lo mismo cuando pasaban rechinando las carretillas cargadas de equipajes.
  • Hace un rato, verás ¡qué cosa tan extraña! Me acordé de un pobre que me pidió limosna esta mañana.
  • Me acordé de Marcial, y creo que las primeras palabras articuladas por mis labios fueron para preguntar por él.
  • Me acordé de todos los españoles, a quienes consideraba asomados a una gran azotea, contemplándonos con ansiedad.
  • Entonces me acordé del recurso que el atalayero solía emplear para comunicarse con los pescadores a gran distancia.
  • En aquel momento no me acordé de que había sido un gran criminal, ni menos de las crueldades que usó conmigo durante mi infortunada niñez.
  • Al pasar por delante de la Maestranza y al ver de cerca la muralla, me acordé de mis paseos con Dolorcitas y de mi época de estudiante en San Fernando.
  • Yo, en aquel momento, me acordé de que el patrón de la goleta alquilada en Canarias se había comprometido a acercarse a la desembocadura del río todos los meses en el plenilunio.
  • Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acordé en el suelo del jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío, entrábame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca, comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera ponía que maldita la gota se perdía.
  • Como en la orquesta salta el pasaje fundamental de atril en atril para ser repetido por todos los instrumentos en los más diversos tonos, aquel verde eterno jugueteaba en la sinfonía del paisaje, subía o bajaba con diversa intensidad, se hundía en las aguas tembloroso y vago como los gemidos de los instrumentos de cuerda, tendíase sobre los campos voluptuoso y dulzón como los arrullos de los instrumentos de madera, se extendía azulándose sobre el mar con la prolongación indefinida de un acorde arrastrado del metal, y así como el vibrante ronquido de los timbales matiza los pasajes más interesantes de una obra, el sol, arrojando a puñados su luz, matizaba el panorama, haciendo resaltar unas partes con la brillantez del oro y envolviendo otras en dulce penumbra.