Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra acordó

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra acordó en el contexto de una oración.

Término acordó: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "acordó" aquí tienes una selección de 36 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra acordó para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Y se acordó del Magistral.
  • Se acordó de su cita con la Regenta.
  • Después don Fermín se acordó de su madre.
  • Se acordó de que no había conocido a su madre.
  • Enjugando sus lágrimas, se acordó de Maxi, de su boda.
  • Y en el acto se acordó de las amonestaciones de Feijoo.
  • Se acordó de cierto asesino de los cuentos de Edgar Poe.
  • Fortunata se acordó otra vez de su amigo y maestro Feijoo.
  • Llovía un poco y ni siquiera se acordó de abrir su paraguas.
  • Al siguiente por la mañana se acordó que se batieran a pistola.
  • ¡Buenas noches, tórtola mía! Y se acordó de las que tenía en la pajarera.
  • La dama se acordó del Arcipreste, que tenía el don de parecerse a los pájaros.
  • Se acordó de sus negocios, de su vida, y sin pérdida de tiempo se fué a Francia.
  • Se acordó juntarse a cenar una vez al mes y hacer gran propaganda contra el Magistral.
  • Entonces le ocurrió un lance desagradable del cual se acordó y avergonzó toda su vida.
  • ¿Quién creería que Jacinta se acordó de Fortunata al oír pregonar las bocas de la Isla ?
  • Se acordó de que Ripamilán le había hablado varias veces de un pozo seco que había en el Vivero.
  • Al llegar aquí se acordó el infeliz esposo que Ana, meses antes, le proponía un viaje a La Almunia.
  • Aquella noche se acordó en la tertulia acoger a la hija de don Carlos como una Ozores, descendiente de la mejor nobleza.
  • El capitán nombró a Nissen teniente piloto, aunque acordó que siguiera de timonel hasta encontrar alguien que lo sustituyera.
  • El Magistral al recordar este pasaje del discurso del Arcipreste se acordó también de que él se había puesto como una amapola.
  • Al encontrarse vestido, se acordó, y tratándose mentalmente de marmota y leño, pensó si ya estaría en el mundo el nuevo Moscoso.
  • En las nieblas que envolvían su pensamiento, la infeliz joven, al oír aquello del rasgo, se acordó de Feijoo y de sus prohibiciones.
  • Estaba dado al diablo con aquello y, pensando qué hacer, se acordó de convidar al pueblo, para otro día de mañana despedir la bula.
  • VII La boda y la luna de miel i Por fin se acordó que Fortunata saldría del convento para casarse en la segunda quincena de Setiembre.
  • Ya pensaba en la jaqueca que le iba a dar al administrador, cuando se acordó (su gozo en un pozo) de que el administrador era Estupiñá.
  • Acordó de hacer un banquete, ansí por no lo poder llevar como por contentarme, que aquel día me había dado muchos rodillazos y golpes.
  • Pero se acordó de que noches antes su marido y ella se habían reído mucho de esta frase, observándola repetida en todas las comedias de intriga.
  • Se acordó del inglés que tenía un carmen junto a la Alhambra, el que se enamoró de ella y le regaló la piel del tigre cazado en la India por sus criados.
  • Pero a poco de estar allí, entró Ballester diciendo que se había levantado un airote muy fuerte y amenazaba tormenta, por lo que unánimemente se acordó no salir.
  • También se acordó de cuando su hermana y él (aquella misma hermana viuda que allí vivía), iban a la casa del abuelito, en la Concepción Jerónima, cogidos de la mano.
  • Allá van los buenos días le dijeron los chulos alegremente, y a Ido se le puso la carne como la de las gallinas, porque se acordó del duro y temió que se lo garfiñaran si entraba en parola con ellos.
  • Se acordó de la patada que había recibido él pero el licenciado había sido terco, y había vuelto a requebrarla, y a prometerla casarse en cuanto sacaran el estanquillo que le tenían prometido los del Gobierno.
  • De Pas se acordó de su madre, de los Jesuitas, de Barinaga, de Glocester, de Mesía, de Foja, del Obispo, y aunque con repugnancia se decidió a sacar todo el partido posible de aquella conversión que se le venía a las manos.
  • Llegó a quejarse don Tomás de que sus ladridos no siempre despertaban al amo ni a la doncella, de que se le hacía esperar mucho tiempo, y para evitar reyertas y plantones, se acordó que Crespo y Quintanar acudiesen al parque a la misma hora sin necesidad de ladrar a nadie.
  • ¡decía tan bien aquel violín las cosas raras que estaba sintiendo él! De repente se acordó de sus treinta y cinco años, de la vida estéril que había tenido, fecunda sólo en sobresaltos y remordimientos, cada vez menos punzantes, pero más soporíferos para el espíritu.