Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra adentro

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra adentro en el contexto de una oración.

Término adentro: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "adentro" aquí tienes una selección de 47 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra adentro para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Nosotros, adentro.
  • ¿Quién va adentro?
  • No repares, y adentro.
  • Víctor, adentro, adentro.
  • Busque más adentro, más abajo.
  • Que cada cual barría para adentro.
  • Palabra fea, vuélvete para adentro.
  • Vaya, adentro, y mañana como un guante.
  • Vamos, ¡adentro! dijo Martín al demandadero.
  • Me metí más adentro y les dije cuatro frescas.
  • De adentro contestó ella de una manera achulada.
  • ¡Más adentro! ¡Más cerca de la presa, Martín! le decía.
  • Metióme adentro, y estaban dos rufianes con unas mujercillas.
  • ¡Qué tonto es usted! replicó Olimpia, y se metió para adentro.
  • Se lo contaré todo, todo, lo de dentro, lo de más adentro también.
  • Sólo allí, de aquella puerta para adentro, se descubrían las trastadas.
  • Y sobre todo, ¿por qué este accidente sin importancia le llegaba tan adentro?
  • Abstraerse, renunciar a todo, anular por completo la vida exterior, y vivir sólo para adentro.
  • En la punta de aquella tenía la verdad, y por instantes dudó si soltarla o meterla para adentro.
  • Diez kilómetros más adentro, en Maqueda que también he visitado, la rutina es señora absoluta.
  • Mi madre se entró adentro y mi padre fue a rapar a uno (así lo dijo él) no sé si la barba o la bolsa.
  • Después que apuró el platillo de la compota, volvió Aurora para adentro, y trajo unas yemas en un papel.
  • En aquellos instantes sus ideas parecían converger hacia adentro, y la fuerza de la ideación le impulsaba a callar.
  • En este momento, alguien metió el cañón de la pistola por un ventanillo que tenía la puerta, y disparó un tiro adentro.
  • A los chicos nos parecía una pretensión ridicula el que don Hilario quisiera dar importancia a las cosas de tierra adentro.
  • Pero ella se calló, echando para adentro, con las primeras cucharadas, aquel fárrago amargo que se le quería salir del corazón.
  • VI Las Micaelas por dentro i Cuando las dos madres aquellas, la bizca y la seca, la llevaron adentro, Fortunata estaba muy conmovida.
  • Barbarita II y su hermana tenían delante a Moreno, que en los primeros momentos de aquella situación, decía de dientes para adentro.
  • Casi todos los años, en cierta época, se internaban tierra adentro y hacían una expedición de un par de meses para robar negros susús.
  • Por tal motivo estuvo muy inquieta, y a cada instante se asomaba y volvía para adentro, tratando de que su marido se pusiese en otra parte.
  • Luego, cuando el pequeño Tommy venía con un sombrero de copa hasta las orejas y la nariz pintada de encarnado, andando con los piernas para adentro.
  • De la reja para adentro, el piso estaba cubierto de hule, y a los costados de lo que bien podremos llamar nave había dos filas de sillas reclinatorios.
  • Eres la pesadilla de todas las familias y cuando te ven entrar, no lo dudes, aunque te pongan buena cara, ¡te echan de dientes adentro cada maldición.
  • Unos pasos más adentro, en su borde, había un tronco de árbol, lo que me dió la impresión de que esta cornisa era un camino que llevaba a alguna parte.
  • Pero estas cosas estaban muy adentro, en cavernas más hondas que el fondo de la mar, y no llegara a ella la sonda de Jacinta ni con todo el plomo del mundo.
  • Entonces, por los huecos de la rejilla, de fuera adentro, penetraron estas palabras adelgazadas por la voz, cual si hubieran de pasar por un tamiz finísimo.
  • Fue un rato para adentro a tomarse la colación o golosina que su madre le guardaba siempre, y volvió con un platito en una mano y una cucharilla en la otra.
  • Y volverse adentro, hasta otra media hora, en que volver a salir, también cansado, también indeciso, a escudriñar la monotonía del cielo y la soledad de la calle.
  • Y un poco más adentro, como un tesoro difícil de guardar, estaba en pequeños sacos la aristocracia del casquijo, las bellotas dulzonas, atrayendo las miradas de los golosos.
  • Desde la altura adonde habíamos subido se veían dos pueblecillos, uno que debía ser una aldea de pescadores, y el otro un pueblo de tierra adentro, rodeado de campos de labranza.
  • ¡Quién tal pensara de una mujer que hacía la vida referida! A las voces del alguacil y a mis quejas, el amigo, que era un frutero que estaba en el aposento de adentro, dio a correr.
  • ¿Y la gente que vive aquí, será feliz o será tan desgraciada como los aldeanos de tierra adentro, que nunca han tenido que ver con el Gran Turco ni con la capitana de Don Juan de Austria?
  • Barbarita era administradora general de puertas adentro, y su marido mismo, después que religiosamente le entregaba el dinero, no tenía que pensar en nada de la casa, como no fuese en los viajes de verano.
  • Pero allá adentro, en regiones de su espíritu en que él entraba rara vez, veía vagamente algo mejor que el ordinario galanteo, algo más serio que los apetitos carnales satisfechos y la vanidad contenta.
  • ¡Adentro, adentro! Y ayudada por otras mujeres, Teresa y su hija fueron metidas casi á viva fuerza en el estudi, revolviéndose desgreñadas, rojos los ojos por el llanto, el pecho palpitante á impulsos de una protesta dolorosa, que ya no gemía, sino aullaba.
  • En los rojizos surcos saltaban las alondras con la alegría de vivir un día más, y los traviesos gorriones, posándose en las ventanas todavía cerradas, picoteaban las maderas, diciendo á los de adentro con su chillido de vagabundos acostumbrados á vivir de gorra.
  • Mientras Estupiñá admiraba, de mostrador adentro, las grandes novedades de aquel Museo universal de comestibles, dando su opinión pericial sobre todo, probando ya una galleta de almendra y coco, que parecía talmente mazapán de Toledo, ya apreciando por el olor la superioridad del té o de las especias, la dama se tomaba por su cuenta a uno de los dependientes, que era un Samaniego, y.