Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra admirablemente

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra admirablemente en el contexto de una oración.

Término admirablemente: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "admirablemente" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra admirablemente para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Admirablemente, señora.
  • Por la mañana había cumplido admirablemente.
  • Con mi lógica me las arreglo admirablemente y me río del mundo.
  • Discurro admirablemente, y se lo voy a probar a usted ahora mismo.
  • Olmedo era muy abandonado y le caía admirablemente el Ulmus sylvestris.
  • ¿Es un joven admirablemente formado o un viejo enclenque y lleno de úlceras?
  • Si gano con esto un par de horas, me pueden servir admirablemente para escaparme.
  • Un grandioso mecanismo de imperfecciones, admirablemente equilibradas y combinadas.
  • Fortunata tenía una despensa admirablemente provista, y en ropa y trapos gastaba muy poco.
  • Pero tenía su espíritu admirablemente dispuesto para recibir toda sutileza que se le quisiera echar.
  • En aquella aldea se encontraba admirablemente, con una serenidad y una alegría desconocidas para él.
  • Mi familia, Ballester y todas las personas a quienes conozco fuera de casa, bordaban admirablemente su papel.
  • Había estado admirablemente hecho, según Don Baldomero, y el ejército había salvado una vez más a la desgraciada nación española.
  • Estas antipatías de gente maleante ¿no están admirablemente representadas en ese antagonismo irreductible del bacilo de pus azul con la bacteridia carbuncosa?
  • Doña Lupe tenía una falda de diario con muchos y grandes remiendos admirablemente puestos, delantal azul de cuadros, toquilla oscura envolviendo el arrogante busto, pañuelo negro en la cabeza, mitones colorados y borceguíes de fieltro gruesos y blandos, tan blandos que sus pasos eran como los de un gato.
  • Por fin, Santa Cruz, tratando de rehacer su destrozado amor propio, negó unas cosas, y otras, las más amargas, las endulzó y confitó admirablemente, para que pasaran, terminando por afirmar que el chico era suyo y muy suyo, y que por tal lo reconocía y aceptaba, con propósitos de quererle como si le hubiera tenido de su adorada y legítima esposa.
  • Después, cuando entraron Ido, Refugio y otras personas, estuvo muy comunicativo, discurriendo admirablemente sobre todo lo que se trató, que fue la insurrección de Cuba, el alza de la carne, lo que se debe hacer para escoger un bonito número en la lotería, la frecuencia con que se tiraba gente por el Viaducto de la calle de Segovia, el tranvía nuevo que se iba a poner y otras menudencias.
  • Otro, hizo la observación de que sus ojos eran ardientes ascuas, imagen del dominio común de todos los novelistas por él conocidos, una noche hasta llegó a pensar, revolviéndose en su menguada cama de dependiente, que la hija de don Manuel estaría admirablemente formada, a juzgar por su exterior escultural otra frase cien veces leída, y el resultado de estas y otras observaciones fue confesarse a sí mismo que era esclavo de Manolita y la amaría hasta la muerte.
  • Y Máximo Juncal, que aunque gran apologista de los artificios higiénicos lo era también de las milagrosas virtudes de la naturaleza, hallaba alguna dificultad en conciliar ambos extremos, y salía del paso apelando a su lectura más reciente, El origen de las especies, por Darwin, y aplicando ciertas leyes de adaptación al medio, herencia, etcétera, que le permitían afirmar que el método del ama, si no hacía reventar como un triquitraque a la criatura, la fortalecería admirablemente.