Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "adoración" aquí tienes una selección de 36 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra adoración para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Adoración.
- La puse por nombre Adoración.
- Adoración quería decir algo.
- En la compra replicó Adoración.
- Hacia ella fue corriendo Adoración.
- Adoración la miraba como en éxtasis.
- Estaba en el período de la adoración extática.
- Faltaba algo antes de que Adoración se despidiera.
- En esto llegó la tía y madre adoptiva de Adoración.
- Adoración rompió a llorar entre afligida y espantada.
- Ahí está esa niña preciosísima que llaman Adoración.
- Adoración se pegaba a doña Jacinta desde que la veía entrar.
- Preguntó luego Jacinta a Severiana, refiriéndose a la madre de Adoración.
- Adoración púsose como la grana, avergonzada de las perrerías que se contaban de ella.
- Adoración se frotó bien la cara y el cuerpo contra la cintura y falda de su protectora.
- Era Severiana, que dos veces por semana llevaba a Adoración a que la viese su protectora.
- Acostumbrada ella a la obediencia de la servidumbre, supeditado él por la adoración a su madre.
- ¿Qué cambio tan rápido era aquél, desde la adoración idolátrica a una repulsión instintiva?
- Hablose luego de Adoración, que se había cosido a las faldas de Jacinta, y Severiana empezó a referir.
- Eran un comentario que con los ojos ponía a la tontería o pueril gracia que Adoración acababa de decirle.
- No me olvidaré de ti, Adoración le dijo la señorita, que con esta frase parecía anunciar que no volvería pronto.
- Y en aquel silencio de la atención que esperaba, delirante, creía comprender y gustaba una adoración muda que subía a él.
- Ver partir a doña Jacinta era quedarse Adoración sin alma, y Severiana tenía que ponerse seria para hacerla entrar en razón.
- Llevaban plata menuda para repartir a los pobres, y algunas chucherías, entre ellas la sortija que la señorita había prometido a Adoración.
- Enterose luego de que los jueves y domingos había adoración del Sacramento, con larguísimas y entretenidas devociones, acompañadas de música.
- A pesar de su fanática adoración, el muchacho experimentó cierto sobresalto al enterarse de que se le pedía una firma por valor de tres mil pesetas.
- ¡Qué adoración tan constante la del pobre muchacho! Dos años estuvo lanzando tiernas miradas a la joven cada vez que por asuntos del comercio iba a casa del Fraile.
- Observó la de Rubín el trajecito azul de Adoración, sus botas, todo su decente atavío, y en aquella inspección fisgona que hizo, sus miradas y las de Jacinta se encontraron alguna vez.
- El doctor, viéndole siempre callado, contemplando a su madre con estúpida adoración, había declarado que el niño era tan bruto como su padre, y cuando más, podría servir para el comercio.
- Después del Presidente del Casino ningún ser de la tierra le parecía más digno de adoración que su dócil Ana, su Ana frenética de amor, como él había esperado siempre aun en los días de mayor apartamiento.
- La piedad colectiva, la devoción común, aquella elevación casi milagrosa de un pueblo entero prosaico, empequeñecido por la pobreza y la ignorancia, a las regiones de lo ideal, a la adoración de lo Absoluto por abstracción prodigiosa.
- Adoración iba detrás, cogida a la falda de Jacinta, como los pajes que llevan la cola de los reyes, y delante abriendo calle, como un batidor, la zancuda, que aquel día parecía tener las canillas más desarrolladas y las greñas más sueltas.
- Pero ningún habitante de aquellas regiones de miseria era tan feliz como Adoración, ni excitaba tanto la envidia entre las amigas, pues la rica alhaja que ceñía su dedo y que mostraba con el puño cerrado, era fina y de ley y había costado unos grandes dinerales.
- Crespo, satisfecho, tranquilo, apacible, en voz baja, como respetando el primer sueño del campo, su ídolo, dejaba caer sus palabras como un rocío en el alma de Ana, que entonces comprendía aquella adoración tranquila, aquel culto poético, nada romántico, que consagraba Frígilis a la naturaleza, sin llamarla así, por supuesto.
- Ya se atrevía algunas noches a hacerles tertulia hasta las diez, y como la presencia de Micaela daba a la conversación un tinte de seriedad, Juanito hablaba del comercio, de los triunfos de la Bolsa, de la buena fortuna de su principal, y sobre todo, de don Ramón Morte, su grande hombre, al que cada vez tributaba una adoración más vehemente.
- Aquellas paredes frías, aquella especie de descanso de los santos a las horas en que cesa la adoración, le recordaban por extrañas analogías que establecía el cerebro, enfermo acaso, le recordaban la fatiga de los reyes, la fatiga de los monstruos de ferias, la fatiga de cómicos, políticos, y cuantos seres tienen por destino darse en público espectáculo a la admiración material y boquiabierta de la necia multitud.