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Ejemplos de oraciones con la palabra afirmaba

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra afirmaba en el contexto de una oración.

Término afirmaba: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "afirmaba" aquí tienes una selección de 20 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra afirmaba para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Lo afirmaba con tristes movimientos de cabeza.
  • Andrés afirmaba que tal estado de injusticia podía cambiar.
  • Andresito se afirmaba cada vez más en la realidad de su visión.
  • Ya afirmaba la culpabilidad de la mona del Padre Eterno, ya la negaba.
  • Frígilis mientras don Pompeyo afirmaba estas cosas, le miraba sonriendo con benevolencia.
  • Afirmaba don Pedro que se gastaban al año bastantes ferrados de centeno y mijo en el corral.
  • Andrés afirmaba que toda aquella gente era una sucia morralla, indigna de simpatía y de piedad.
  • Doña Lupe, por cortesía, afirmaba que era una barbaridad que no le hubieran dado a él la lectoral.
  • Le había dicho que su riego era á las cinco (se acordaba muy bien), y ahora afirmaba que á las dos.
  • Pero de cintura arriba mostrábase el señorío, la dignidad del sacerdote de la instrucción, como él afirmaba.
  • Así como mi abuela afirmaba la aristocracia de la marinería, el señor Cepeda afirmaba la aristocracia del escritorio.
  • Una herramienta de fino temple y corte sutilísimo, que, según afirmaba Barret, podía partir en el aire un papel de fumar.
  • No en balde se afirmaba que Vetusta se distinguía por su acendrado patriotismo, su religiosidad y su afición a los juegos prohibidos.
  • Según subían por la falda de la loma que era como primer escalón para la colina, el terreno se afirmaba, la hierba aclaraba su color y menguaba.
  • El aya afirmaba en todas partes, entre interjecciones aspiradas, que la educación de aquella señorita de cuatro años exigía cuidados muy especiales.
  • Aplastaba un caracol, cortaba un vástago importuno, afirmaba un rodrigón y seguía adelante, arrastrando los zapatos blancos sobre la arena húmeda de los senderos.
  • De aquellas discusiones, que buscaba y provocaba todos los días, afirmaba él que salía su espíritu, llamémosle así, lleno de amargura (y no era verdad, el remordimiento se lo decía), lleno de amargura porque en Vetusta nadie pensaba.
  • Se extrañaban de que un hombre como él, religioso, honrado y sin otro defecto que robar algo en el peso, permitiera que su criado acompañase á la hija del enemigo de la huerta, de un hombre malo, del cual se afirmaba que había estado en presidio.
  • Además, un novio no se presenta a cada instante, y aunque existe el inconveniente de que ella era hija de un doctor famoso según afirmaba la mamá, y los padres de Andresito eran unos ordinarios también según doña Manuela, confiaba que, con el tiempo, la brillante posición que se proponía conquistar el chico lo allanaría todo.
  • Si alguna persona devota le reprochaba la inconveniencia de sus palabras, el cura cambiaba de voz y de gesto, y con una marcada hipocresía, tomando un tonillo de falsa unción, que no cuadraba bien con su cara morena y con la expresión de sus ojos negros y atrevidos, afirmaba que la religión nada tenía que ver con los vicios de sus indignos sacerdotes.