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Ejemplos de oraciones con la palabra agonía

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra agonía en el contexto de una oración.

Término agonía: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "agonía" aquí tienes una selección de 29 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra agonía para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Esta es la agonía.
  • La agonía de la muerte.
  • Es la agonía de la muerte.
  • Esto es a agonía dice una vieja.
  • Entró luego en una agonía dulce.
  • Y luego en la agonía le ha gritado.
  • Mi compañero de agonía estaba muerto.
  • Pero lo cierto era que estaba ya en la agonía.
  • Su agonía se prolongó hasta el caer de la tarde.
  • Era una angustia intolerable, una agonía sin término.
  • El niño estaba en la agonía, y a eso de las diez de la noche murió.
  • La misma mujer, en la agonía, había repetido el nombre del marido indicando quién era su matador.
  • Aquella delicada criatura, tan sencilla, tan ingenua, murió en mis brazos después de lenta agonía.
  • Los que en tropel salieron de todas las tiendas aún pudieron presenciar la agonía del último veterano del Mercado.
  • Los recuerdos lejanos bullían en el cerebro, como preparándose a bailar la danza macabra del delirio de la agonía.
  • Batistet y los pequeños empezaron á llorar y Teresa continuó los alaridos como si su esposo se hallase en la agonía.
  • Churruca, en el paroxismo de su agonía, mandaba clavar la bandera, y que no se rindiera el navío mientras él viviese.
  • decía Nelet entre dientes, sintiendo que cada espasmo de la larga agonía de su Brillante era una verdadera puñalada para él.
  • Me parece que les veo expresar el dolor de la herida, o exhalar noblemente el gemido de la muerte, como el gladiador que no olvida el decoro de la agonía.
  • Y Gertrudis, dejando que su hermana se adormeciese en la cuna de una agonía lenta, no hacía sino agitarse en busca de un seno próvido para su sobrinito.
  • Y tan grande era su turbación, que hasta le pareció más ruidoso aquel estertor de agonía, como si el moribundo contestase afirmativamente con su fatigoso ronquido.
  • Y los pobres animales en vano protestaban con tiernos balidos, pues no los oía el pastor, ocupado en relatar con fruición la agonía del último francés matado por él.
  • Las llamas iban extinguiéndose, la plaza estaba cada vez más obscura y los chiquillos desertaban en grupos, bucando otras fallas que no hubiesen llegado al período de la agonía.
  • Todos callábamos, y los más fijaban una triste mirada en el sitio donde se suponía que nuestros compañeros abandonados luchaban en aquel instante con la muerte en espantosa agonía.
  • CAPÍTULO III DE ALGUNOS HOMBRES DECIDIDOS QUE FORMABAN LA PARTIDA DEL CURA Concluída la paliza, Luschía dió la orden de marcha, y los quince o veinte hombres tomaron hacia Oyarzun, por el camino que pasa por la Cuesta de la Agonía.
  • El infeliz joven, poco avezado a los azares del juego, e incapaz de ocultar las terribles impresiones de la ruina, sintió ganas de llorar en plena Bolsa, ante los corredores y los alcistas, que sonreían con un gozo feroz viendo la agonía de sus contrincantes.
  • Esto causó cierta impresión en el viejo, y mientras las niñas, de pie junto a la cama, contemplaban con el ceño fruncido y los labios apretados la agonía del pobre enfermo, don Juan dijo a su hermana en voz muy baja y titubeando como si se arrepintiera de su debilidad.
  • Las dos hermanas, inclinadas y recogiéndose las faldas entre las piernas para evitar rozamientos con el suelo grasoso, contemplaban atentamente el degüello, contaban las convulsiones de la agonía y seguían las últimas gotas de sangre desde que asomaban a la herida, erizada de pelos coagulados, hasta que caían en una cazuela.
  • Y como debió sentir el huelgo, a uso de buen podenco, por mejor satisfacerse de la verdad, y con la gran agonía que llevaba, asiéndome con las manos, abríame la boca más de su derecho y desatentadamente metía la nariz, la cual él tenía luenga y afilada, y a aquella sazón con el enojo se habían augmentado un palmo, con el pico de la cual me llegó a la gulilla.