Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "águeda" aquí tienes una selección de 40 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra águeda para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Entró doña Águeda.
- Doña Águeda sonrió.
- Doña Águeda lo rompió diciendo.
- Doña Águeda era muy buena cocinera.
- Incalificable repitió doña Águeda.
- De ninguna manera apoyó doña Águeda.
- Doña Águeda misma estaba horrorizada.
- Sí, hija mía interrumpió doña Águeda.
- Verdad es que aquella Águeda tiene unas manos.
- Doña Águeda, Carlos y las criadas salieron al jardín.
- Ya está ese diablo ahí en la muralla decía doña Águeda.
- Para doña Águeda la belleza de Ana era uno de los mejores embutidos.
- Y suspiró otra vez doña Águeda, acordándose del rollo que había sido.
- Pero salía por un ojo de la cara el guisar como el Europeo, según doña Águeda.
- Por lo demás, ni tu tía Águeda ni yo manifestamos nunca afición al matrimonio.
- Recordaba también las palabras de envidia, las miradas de curiosidad de doña Águeda (q.
- En casa de Visita faltaban los moldes de cierto flan invención de la difunta doña Águeda Ozores.
- La familia de los Ohandos se componía de la madre, doña Águeda, y de sus hijos Carlos y Catalina.
- En ese caso interrumpió doña Águeda como no querrás quedarte sola en el mundo el día que nosotras faltemos.
- Después doña Anuncia se encerró en el comedor con doña Águeda, y terminada la conferencia compareció Anita.
- Carlos de Ohando el hijo mayor de doña Águeda, era un muchacho cerril, obscuro, tímido y de pasiones violentas.
- Con el motivo de ver a su hermana, Martín fué varias veces a casa de Ohando y habló con Catalina y doña Águeda.
- En Urbia se ignoraba su paradero, se decía que doña Águeda había muerto, pero no se hallaba confirmada la noticia.
- Don Carlos tuvo dos hermanas, Anunciación y Águeda, que con su padre habitaron mucho tiempo el caserón de sus mayores.
- Gran consuelo recibieron doña Anuncia y doña Águeda al saber por el médico esta resolución de la nobleza vetustense.
- Doña Águeda agradecía este triunfo como Fidias pudiera haber agradecido la admiración que el mundo tributó a su Minerva.
- Si doña Águeda lo notaba iba a despedir a la Ignacia, con lo cual el escándalo dejaría a la muchacha en una mala situación.
- No, por de pronto sigue ahí, es lo mejor, y dentro de unos días Bautista irá a ver a doña Águeda y a decirla que se casa contigo.
- Aunque algo se habían relajado las costumbres y ya no era un círculo tan estrecho como en tiempo de doña Anuncia y doña Águeda (q.
- Catalina seguía hablándole de tú y doña Águeda manifestaba por él afecto y simpatía, expresados en un sin fin de advertencias y de consejos.
- Doña Águeda y después su hermana trataron con gran espacio el asunto de la cotización probable de aquella hermosura que consideraban obra suya.
- Las miradas de doña Águeda, algo más gruesa, más joven y más bondadosa que su hermana, iban cargadas de estas preguntas cuando se clavaban en Anita al darle un caldo.
- Doña Águeda con unos ojos dulzones, inútilmente grandes, que nadie había querido para sí, miraba extasiada a la convaleciente que iba engordando a ojos vistas, según las de Ozores.
- Poco después, Bautista Urbide se presentó en casa de Ohando, habló a doña Águeda, se celebró la boda, y Bautista y la Ignacia fueron a vivir a Zaro, un pueblecillo del país vasco francés.
- Pero aunque se quisiera apencar apencar decía doña Águeda en el seno de la confianza, con algún abogadote, ninguno de aquellos bobalicones se atrevería a enamorar a una Ozores, aunque se muriese por ella.
- Doña Águeda, mujer débil, fanática y entermiza, de muy poco carácter, estaba dominada constantemente en las cuestiones de la casa por alguna criada antigua y en las cuestiones espirituales por el confesor.
- Con el atentado, la hostilidad entre Carlos y Catalina, ya existente, se acentuó de tal manera, que doña Águeda, para evitar agrias disputas, envió de nuevo a Carlos a Oñate y ella se dedicó a vigilar a su hija.
- Volvemos a Vetusta, casi pasando por encima de la ley, y nos coge el luto de tu pobre tía Águeda que se fue a juntar con la otra, y con ese pretexto te encierras en este caserón y no hay quien te saque al sol en un año.
- Doña Anuncia y doña Águeda habían quedado en el estrado, casi a obscuras, suspirando, rodeadas de algunos amigos y amigas, quizá los mismos que les dieran en otra ocasión aquel pésame por la muerte civil de don Carlos.
- Mientras la joven saboreaba aquellos manjares tributando un elogio a la cocinera a cada bocado, doña Águeda, satisfecha en lo más profundo de su vanidad, pasaba la mano pequeña y regordeta con dedos como chorizos llenos de sortijas, por el cabello ondeado entre rubio y castaño de la sobrinita de sus pecados, como ella decía.