Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra agustín

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra agustín en el contexto de una oración.

Término agustín: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "agustín" aquí tienes una selección de 26 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra agustín para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Pensaba en San Agustín.
  • Confesiones de San Agustín.
  • I | | A | | | | | | | |Agustín.
  • Es el San Agustín dijo Marcial.
  • ¿Qué hacía allí San Agustín?
  • Sabes más que San Agustín, hija.
  • El capellán no era un San Agustín pensaba Anita.
  • Pero San Agustín era una de las pocas excepciones.
  • El San Agustín se ha ido a pique contestó Don Alonso.
  • El San Fernando, el Argonauta, el San Agustín y la fragata Sabina.
  • ¡mira que te marchas con Pelagio! Yo a San Agustín me agarro, y no lo suelto.
  • Y lloró sobre las Confesiones de San Agustín, como sobre el seno de una madre.
  • Afortunadamente, en la isla de San Agustín pudimos hacer la aguada y seguir delante.
  • No, porque San Agustín no bebería sidra ni refutaría tan mal argumentos como los de su padre.
  • Todo aquello de haber llorado de amor leyendo a San Agustín y a San Juan de la Cruz no valía nada.
  • ¡Su padre era maniqueo! Buenos ponía a los maniqueos San Agustín, que también había creído errores así.
  • No era con Jesús con quien iba a vivir, sino con hermanas más parecidas de fijo a sus tías que a San Agustín y a Santa Teresa.
  • Sabía que San Agustín había sido un pagano libertino, a quien habían convertido voces del cielo por influencia de las lágrimas de su madre Santa Mónica.
  • La devoción de la Virgen entró con más fuerza que la de San Agustín y la de Chateaubriand en el corazón de aquella niña que se estaba convirtiendo en mujer.
  • Según allí me dijeron, además del Trinidad, se habían ido a pique el Argonauta, de 92, mandado por Don Antonio Pareja, y el San Agustín, de 80, mandado por Don Felipe Cajigal.
  • Acudió de repente a su memoria aquella tarde de la lectura de San Agustín en la glorieta de su huerto, en Loreto, cuando era niña, y creyó oír voces sobrenaturales que estallaban en su cerebro.
  • El San Agustín y el Herós se sostenían todavía, y el Rayo y el Neptuno, pertenecientes a la vanguardia, que habían venido a auxiliarnos, intentaron en vano salvarnos de los navíos enemigos que nos asediaban.
  • Sólo con recordar la dulzura de San Agustín al reconciliarse en su cátedra con un amigo que asistió a oírle, del cual vivía separado, sentía Ana inefable ternura que le hacía amar al universo entero en aquel obispo.
  • No estaba en Vetusta, no podía estar en aquel pobre rincón la realidad del sueño, el héroe del poema, que primero se había llamado Germán, después San Agustín, obispo de Hiponax, después Chateaubriand y después con cien nombres, todo grandeza, esplendor, dulzura delicada, rara y escogida.
  • (En aquel momento se figuraba la Regenta como una Babilonia aquella Vetusta que le pareciera siempre tan pequeña, tan monótona y triste.) Ella que había leído a San Agustín ¿no recordaba que el santo Obispo gustaba de la música religiosa, no por el deleite de los sentidos, sino porque elevaba el alma?
  • El Agustín, el Herós y el Leandro se batían lejos de nosotros, en posición algo desahogada, mientras el Trinidad, lo mismo que el navío almirante, sin poder disponer de sus movimientos, cogidos en terrible escaramuza por el genio del gran Nelson, luchaban heroicamente, no ya buscando una victoria imposible, sino movidos por el afán de perecer con honra.