Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ah" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ah para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Ah ya.
- Ah, sí.
- ¡Ah! ya.
- ¡Ah! Sr.
- ¡Ah! ya.
- ¡Ah! Sí.
- Dijo ¡ah!
- ¡Ah!, no.
- ¡Ah!, no.
- Ah, claro.
- Ah, vamos.
- Ah, vamos.
- ¡Ah! oye.
- ¡Ah!, sí.
- ¡Ah!, sí.
- ¡Ah!, sí.
- ¡Ah!, sí.
- ¡Ah! dijo.
- ¡Ah!, sola.
- ¡Ah, llaman!
- ¡Ah! Shanti.
- ¡Ah!, bueno.
- ¡Ah!, eso no.
- ¡Ah, ladrón!
- ¡Ah!, maldita.
- ¡Ah!, tunantes.
- ¡Ah!, la llave.
- ¡Ah! ¡era eso.
- ¡Ah! ¿Es cojo?
- ¡Ah! Santa Cruz.
- ¡Ah!, corriente.
- ¡Ah!, era usté.
- ¡Ah!, ¿no sabe?
- ¡Ah!, esa mujer.
- ¡Ah! Bien, bien.
- ¡Ah! Sagunto, ya.
- ¡Ah!, para locos.
- ¡Ah!, no señora.
- ¡Ah, qué cabeza.
- ¡Ah!, ¡el Bierzo!
- ¡Ah!, ya entiendo.
- ¡Ah!, otro botón.
- ¡Ah!, uso interno.
- ¡Ah!, ¿era usted?
- ¡Ah!, el hatchiss.
- ¡Ah!, no, señora.
- ¡Ah!, me olvidaba.
- ¡Ah! Aquí están.
- ¡Ah! ¿Y es guapa?
- Ah, son ellos, sí.
- ¡Ah!, por fin sale.
- ¡Ah!, siento pasos.
- ¡Ah!, que no entre.
- ¡Ah! ¡Esa Manuela.
- ¡Ah!, pobre hombre.
- ¡Ah!, sí, al duque.
- ¡Ah! ¿Y doña Lupe?
- ¡Ah!, ya me acuerdo.
- ¡Ah!, no me conoces.
- ¡Ah!, ya te conozco.
- ¡Ah!, descuide usted.
- ¡Ah!, gracias a Dios.
- ¡Ah!, eres tú, Maxi.
- Ah, sería utilísima.
- ¡Ah! ¿don Saturnino?
- ¡Ah, señor Provisor!
- ¡Ah!, el portamonedas.
- ¡Ah!, es Don Evaristo.
- ¡Ah!, no, eso tampoco.
- ¡Ah!, le conozco bien.
- ¡Ah!, no quiere usted.
- ¡Ah! dije yo para mí.
- ¡Ah! ¡José Izquierdo!
- ¡Ah! ¿Es que te duele?
- ¡Ah!, sí, la levantan.
- ¡Ah!, de buena escapó.
- ¡Ah!, ¡gracias a Dios.
- Ah, es un mal necesario.
- ¡Ah! perdone la señora.
- ¡Ah!, una cosa muy mala.
- ¡Ah! Estaban entendidos.
- ¡Ah! ¡Segunda Izquierdo!
- ¡Ah!, yo le conozco bien.
- ¡Ah!, la Caña lo sabrá.
- ¡Ah! ¿Eres tú, Juanito.
- Ah, sí, la que se murió.
- ¡Ah!, ya lo tengo pensado.
- ¡Ah, claro! repuso Ibarra.
- ¡ah!, esto es muy difícil.
- ¡Ah! Segismundo, paciencia.
- ¡Ah!, ¿esta noche ha sido?
- ¡Ah, cómo me has engañado!
- ¡Ah, qué tiempos aquéllos.
- Ah, vamos, es usted francés.
- ¡Ah!, sí recordó Fortunata.
- ¡Ah!, las señas son mortales.
- ¡Ah!, me olvidaba de lo mejor.
- ¡Ah, señor capitán!, decía.
- ¡Ah! ¿Pero tú eres de aquí?
- ¡Ah! ¡Si viviera mi Jáuregui!