Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra ahínco

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra ahínco en el contexto de una oración.

Término ahínco: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ahínco" aquí tienes una selección de 13 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ahínco para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Le miré con tanto ahínco que se secó el pastel como un aojado.
  • No habiendo encontrado el tesoro, nos buscarían con más ahinco.
  • Juan Evaristo volvió a callar, pegándose al pezón con salvaje ahínco.
  • Entonces se detuvo, volvió a mirar con ahínco, dio un paso dentro de la capilla.
  • Ii Después que se reconocieron, callaron un rato, trabajando las dos con igual ahínco.
  • Con verdadero ahínco, Maximiliano seguía torneando en su cabeza las ideas de la noche anterior.
  • Ella no le hacía por ahora el menor caso, pero él la perseguía y la asediaba cada vez con más ahinco.
  • Por esta razón trabajaban con tanto ahínco en las bombas noche y día, permitiéndonos descansar algún rato.
  • Con más ahínco se negó a firmar los documentos que Frígilis le presentó, cuando se propuso pedir la viudedad que correspondía a la Regenta.
  • Volvía a escape a la redacción, anhelante, había que trabajar con ahínco, podía morirse aquel señor y la poesía quedar sin el último pergeño.
  • La energía de Paula se ejercitaba en calmar aquel oleaje de pasiones brutales, y con más ahínco en obligar al que rompía algo a pagarlo y a buen precio.
  • Barret, animado por la posesión de un nuevo rocín joven y brioso, volvió con más ahinco á su trabajo, á matarse sobre aquellos terruños, que parecían crecer según disminuían sus fuerzas, envolviéndolo como un sudario rojo.
  • El madrugar era uno de los mejores medios de disciplina y educación empleados por las madres, y el velar a altas horas de la noche una mala costumbre que combatían con ahínco, como cosa igualmente nociva para el alma y para el cuerpo.