Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra ahogaba

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra ahogaba en el contexto de una oración.

Término ahogaba: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ahogaba" aquí tienes una selección de 26 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ahogaba para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Me ahogaba.
  • Se ahogaba.
  • Se ahogaba.
  • Se ahogaba.
  • Se ahogaba.
  • Se ahogaba.
  • Se ahogaba al hablar.
  • Se ahogaba en el balcón.
  • Se ahogaba con los trajes de paseo.
  • Don Fermín se ahogaba de placer, de orgullo.
  • Se ahogaba en aquel recinto cerrado y estrecho.
  • De lo que estaba convencida era de que en Vetusta se ahogaba.
  • No, no, no murmuró luego entre sollozos tales que parecía que se ahogaba.
  • Sentía una ansiedad que le ahogaba, un furor que le ponía los pelos de punta.
  • La voz se ahogaba en mi garganta y no tenía valor para decir la fatal noticia.
  • Retorciendo en su corazón la cuerda con que a sí propia se ahogaba, se decía.
  • Dijo don Fermín, que se ahogaba, y que no podía separar la lengua del cielo de la boca.
  • Martín se ahogaba en aquel antro, y sin tomar el postre, se levantó de la mesa para marcharse.
  • Se ahogaba en las calles tortuosas, con sus paredes que parecían aproximarse para cerrarle la marcha.
  • El vaho ardoroso de los pucheros donde se ahogaba el capullo subíasele á la cabeza, escaldándole los ojos.
  • (se ahogaba al llegar a esta parte de su pensamiento) si es verdad que los hijos que no le nacen en mí le nacen en otra.
  • Debía de ser demasiado grande, demasiado hermoso para estar tan cerca de aquella miserable vida que la ahogaba, entre las necedades y pequeñeces que la rodeaban.
  • Su cólera, quebrantada al fin por tan horrible tensión, empezó á desvanecerse, y Batiste, repitiendo su rosario de insultos, sintió de pronto que su voz se ahogaba hasta convertirse en un gemido.
  • La robusta virgen de aldea parecía un carbón encendido, y mientras don Juan, de rodillas ante doña Inés, le preguntaba si no era verdad que en aquella apartada orilla se respiraba mejor, ella se ahogaba y tragaba saliva, sintiendo el pataleo de su primo y oyéndole, cerca de la oreja, palabras que parecían chispas de fragua.
  • Empujábanla hacia dentro las horribles torturas físicas que habían sacudido sus nervios, la fiebre devoradora que trastornó su cerebro al invadir su pecho la ola de la leche inútil, el desconsuelo de no poder ofrecer a su niña aquel licor que la ahogaba, la extenuación de su ser del cual la vida huía gota a gota sin que atajarla fuese posible.
  • ¡Cuántas veces en el púlpito, ceñido al robusto y airoso cuerpo el roquete, cándido y rizado, bajo la señoril muceta, viendo allá abajo, en el rostro de todos los fieles la admiración y el encanto, había tenido que suspender el vuelo de su elocuencia, porque le ahogaba el placer, y le cortaba la voz en la garganta! Mientras el auditorio aguardaba en silencio, respirando apenas, a que la emoción religiosa permitiera al orador continuar, él oía como en éxtasis de autolatría el chisporroteo de los cirios y de las lámparas.