Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra aldeas

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra aldeas en el contexto de una oración.

Término aldeas: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "aldeas" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra aldeas para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¿Reparto yo dinero por las aldeas al treinta por ciento?
  • Allá en las aldeas decía se traga todo, hasta el mayor disparate.
  • Y en 1575 existían en sus dominios las aldeas de Laserna, con 15 o 16 casas.
  • Los que venían de las aldeas y pueblos de pesca, traían hambre de cuentos y chismes.
  • Recordaba las aldeas por lo que había comido, o mejor dicho, por lo que había ayunado.
  • La política, si tal nombre merece el enredijo de intrigas y miserias que en las aldeas lo recibe.
  • Tú que eres de esas aldeas, y conoces todo eso, ¿no sabes por dónde podremos ir sin que encontremos a nadie?
  • Recordaba Mesía que muchas veces (especialmente con motivo de las elecciones en las aldeas) había él dicho, v.
  • Tenía grandes amistades personales en las aldeas, y repartía abrazos por el distrito en muchas leguas a la redonda.
  • Aquel garrote, la sencilla americana y el hongo flexible de anchas alas eran la garantía de su popularidad en las aldeas.
  • Los soldados de fila, como se llamaban ellos, se apaleaban allá en las aldeas, y los jefes se entendían, eran uña y carne.
  • Estas cruces bárbaras, con estrellas y corazones grabados en negro, dan un carácter sombrío y trágico a las aldeas vascas.
  • ¡Y qué alegrías! ¡Qué triunfos! Entrar en las aldeas a caballo, la boina sobre los ojos, el sable al cinto, mientras las campanas tocan en la iglesia.
  • Y como sus aventuras eran todas rurales, salía el buen Vegallana a desafiar los elementos, recorriendo las aldeas, entre lodo, hielo y nieve en su coche de camino.
  • Cuando iba a las aldeas acompañando al Obispo en su visita, siempre había de emprender, a pie o a caballo, como se pudiera, una excursión a lo más empingorotado.
  • Aunque parezca mentira, este es uno de los rasgos característicos de la ignorancia española, más en las ciudades que en las aldeas, y más en las mujeres que en los hombres.
  • Forzoso es reconocer, no obstante, que en la época de la revolución, la exaltación política, la fe en las teorías llevada al fanatismo, lograba infiltrarse doquiera, saneando con ráfagas de huracán el mefítico ambiente de las intrigas cuotidianas en las aldeas.
  • Los abonados de esta otra bolsa eran Ronzal, Foja, Páez (que además tenía palco para su hija), Bedoya, un escribano famoso por su lujuria que le costaba mucho dinero, por su arte para descubrir vírgenes en las aldeas y por sus buenas relaciones con todas las Celestinas del pueblo.
  • Y unas veces a pie, otras en coche, se emprendía la marcha, se recorría aquellas aldeas pintorescas, se oían aquellos cánticos, monótonos, pero siempre agradables, dulces y melancólicos de la danza indígena, y se volvía al obscurecer, comiendo avellanas y cantando, entre labriegos y campesinas retozonas, confundidos señores y colonos en una mezcla que enternecía a don Víctor, el cual decía.