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Ejemplos de oraciones con la palabra allen

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra allen en el contexto de una oración.

Término allen: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "allen" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra allen para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Soy yo, Allen.
  • Allen no quería.
  • Allen le dijo que se callara.
  • Escápese usted me dijo Allen.
  • Allen pasó poco tiempo preso.
  • ¡Patricio Allen! exclamé yo.
  • Allen estaba dispuesto a callar.
  • Nos asociamos Ugarte, Allen y yo.
  • Ugarte y Allen hicieron lo mismo.
  • Allen se hizo amigo de los pastores.
  • Allen y Ugarte no querían hablarse.
  • Mi mejor amigo en el barco era Allen.
  • Allen se defendía por ser irlandés.
  • Allen se vistió a la moda del país.
  • Allen estaba indignado contra Ugarte.
  • Allen encontró unas lapas y nos llamó.
  • Este irlandés se llamaba Patricio Allen.
  • Ya sabe ella dónde va dijo Allen, convencido.
  • Aquí, a un lado, las tengo me contestó Allen.
  • Y Allen, que había comprendido todo, exclamó.
  • Allen, desencajado, pálido de rabia, exclamó.
  • Le di la traducción a Allen, quien me preguntó.
  • Allen era un buen muchacho, pero muy poco marino.
  • Allen vio de pronto el bote en una punta próxima.
  • Yo hubiese preferido ir con Allen y dejar a Ugarte.
  • Allen, tan pronto decía que sí como decía que no.
  • Decidimos que Allen entrara a comprar un poco de pan.
  • Allen nos oía, suponiendo la mala acción de Ugarte.
  • El quería que nos fuéramos los dos, dejando a Allen.
  • En cambio, Allen había pensado en abandonar a Ugarte.
  • Allen volvió en seguida, diciendo que no había nadie.
  • Patricio Allen era una de tantas víctimas de la suerte.
  • En la puerta de la tapia me esperaba Allen con el caballo.
  • Allí se encontraba Allen, el viejo hortelano de Bisusalde.
  • Ilustración Volví al barco y esperé a que llegara Allen.
  • Ugarte traía la leña, yo hacía el fuego y Allen guisaba.
  • Pero, por lo que dijo Allen al día siguiente, me lo expliqué.
  • Conseguimos que nos diera de cenar, por la insistencia de Allen.
  • Varias veces quise enseñar matemáticas a Allen, pero no quería.
  • Me despedí de él continuó diciendo Allen y vine corriendo aquí.
  • Frótese usted me dijo, en voz baja, Allen dándome un trozo de sebo.
  • Por lo que me contaba Ana, Allen se encontraba en situación favorable.
  • Llegamos a la arruinada fortaleza, y Allen exigió que le dejaran solo.
  • Allen no sabía, no tenía certificados, y los skippers no le aceptaban.
  • Allen se había hecho amigo de la criada y de las gentes de la vecindad.
  • El primer día, por la tarde, comenzaron las reyertas entre Ugarte y Allen.
  • Allen se despidió de mí, y pocos días más tarde desapareció del pueblo.
  • Salió a la puerta una criada vieja, y Allen le dijo que éramos náufragos.
  • VII EL ODIO ESTALLA Avisé a Allen y a Ugarte que nos teníamos que marchar.
  • Ugarte y Allen se habían tendido en sus camastros, pero estaban despiertos.
  • Unos días después, Allen se presentó en mi casa con una pretensión extraña.
  • Allen, que era un católico fanático, me recomendó varias veces que no la leyera.
  • Toda la gente de la taberna había presenciado el hecho, y estaba de parte de Allen.
  • Yo estaba deseando llegar a un lugar cualquiera en donde se separaran Ugarte y Allen.
  • Temía que, al volver, me iba a encontrar a Uguarte y a Allen luchando a brazo partido.
  • ¡Que por un canalla miserable tengamos que andar así! murmuraba Allen, entre dientes.
  • Les escribía constantemente a ella y a Allen, y a éste le enviaba parte de mi sueldo.
  • Allen llegó a casa de su hermana y contó la historia del tesoro del capitán Zaldumbide.
  • Los dos renegados y los moros nos llevaron a Smiles, Allen y a mí prisioneros a su aduar.
  • Allen se acercó al muro, se puso de espaldas a él y sacó un pequeño anteojo de bolsillo.
  • Para no tener relación el uno con el otro, Ugarte me hablaba en castellano y Allen en inglés.
  • IX EL DEVOCIONARIO DE ALLEN La enfermedad de mi tío Aguirre seguía aproximándose al desenlace.
  • Allen corrió por la toldilla y vino al poco rato, deslizándose con nuestras sandalias de madera.
  • Allen era un hombre afectivo, tenía un gran cariño por la familia y sufría al verla en la miseria.
  • Por la noche, y esquivando las miradas de la gente, llegamos a la finca en donde había estado Allen.
  • Allen encontró uno de estos enganchadores y se vendió por unos cuantos chelines, que dio a su madre.
  • Pero, sin duda, en vista de la insistencia de Allen, dijo que podríamos ponernos a arreglar el jardín.
  • Como éramos la parte más tranquila de la tripulación, se hizo amigo nuestro un irlandés, Patricio Allen.
  • Allen se concertó con ella, y un día, con gran asombro por mi parte, les vi a los dos venir hacia mi casa.
  • Como me había dicho Allen, el caballo sabía el camino y tuve que refrenarlo para que no partiera al galope.
  • Allen sabía que en Liverpool, como en todos los grandes puertos, había enganchadores, comerciantes de hombres.
  • Allen pidió al master madera para hacer dos cajas, una para él y otra para mí, para guardar nuestros efectos.
  • Al día siguiente Mary fué a instalarse al faro, y Allen, el criado viejo, marchó a vivir a la venta de Izarte.
  • Allen y yo expusimos deseos de ingresar en la logia, y después de hacer nuestras pruebas, pasamos a ser hermanos.
  • El cocinero supuso que Allen tenía la indicación exacta de dónde se encontraba el tesoro, y mandó registrarle.
  • Les di la indicación, traducida del devocionario de Allen, y se fueron, después de darme las gracias efusivamente.
  • Los primeros meses, Allen y yo nos dedicamos a estudiar sistemáticamente todas las formas y posibilidades de fugarse.
  • Encontrándome solo, sin la compañía de Allen y de Ugarte, me sentía más enérgico y con mayor miedo de ser preso.
  • Entonces quiso pactar con él y convinieron en que, si Allen encontraba los cofres enterrados, se hicieran dos partes.
  • Por lo que dijo Allen, teníamos que encontrar entre aquellas paredes un muro en donde estuviera esculpido un elefante.
  • Pasada la lista, nos desnudamos Allen, Ugarte y yo, e hicimos líos con la ropa y los envolvimos en la tela impermeable.
  • Allen iría a la aldea próxima con los cuatro o cinco chelines que nos quedaban para ver si podía agenciarse víveres.
  • Cuando me encontré con Allen sobre cubierta, los dos vestidos de pontoneros, nos miramos atentamente y nos dimos la mano.
  • Allen comenzó a contar en irlandés una narración arreglada a su gusto, que tenía aprendida de nuestro fingido naufragio.
  • Cuando ella murió me decidí a dejar Francia y a volver a Lúzaro con mi hija y con Allen, que no quería separarse de mí.
  • Inmediatamente escribí a Ana Sandow contándole lo ocurrido después de salir de su casa e interesándole por el pobre Allen.
  • Cuando les hice observar esto, Ugarte y Allen se sacaron la chaqueta y con la punta de la lima quitaron los infamantes números.
  • Los días siguientes, la compañía de Allen, que tanto exasperaba a Ugarte, siguió librándonos de una porción de conflictos.
  • Sólo oyendo a Allen se sentía uno desgraciado, como si el mar, el viento, la soledad y la niebla se echaran sobre uno y lo acogotaran.
  • Al día siguiente de llegar, Allen, Ugarte y yo comenzamos a descubrir las avenidas del jardín y a arrancarles la hierba y a enarenarlas.
  • El señor Smiles traspasó su establecimiento, yo abandoné mi empleo, y, en compañía de Allen, los tres bien armadas, fuimos a Las Palmas.
  • Ugarte, Nissen, el timonel, Old Sam, el contramaestre, el irlandés Allen, que quiso venir conmigo por amistad, y otros prisioneros franceses.
  • Por gusto, hubiéramos comenzado a marchar inmediatamente, pero nos retenía la esperanza de encontrar el bote visto el día anterior por Allen.
  • Allen ató la cuerda en uno de los barrotes de la barandilla, y al otro extremo las tablas que nos tenían que servir para atravesar los pantanos.
  • Por la mañana, raspamos el nombre del barco, que se llamaba Betty, y le bautizamos con el de Rosa, de la matrícula de Bangor, el pueblo de Allen.
  • Estábamos Smiles y yo mirándole con ansia, cuando vimos que dos hombres blancos se arrastraban por detrás de un muro a observar lo que hacía Allen.
  • Al día siguiente yo le dije a Allen que advirtiera al capitán Sandow que, para corresponder de alguna manera a su hospitalidad, trabajaríamos en su casa.
  • Ilustración Por lo que dijo Allen, los dos blancos eran, uno, Ryp Timmermans, el cocinero de El Dragón, y el otro, un marinero holandés llamado van Stein.
  • El hombre de Bisusalde a quien llamaban el capitán era un marino inglés, que vivía con su hija, muchacha de catorce o quince años, y un criado, llamado Allen.
  • No se desconfió de la petición, y Allen hizo seis tablas delgadas, aunque bastante resistentes, que guardaba con autorización de un vigilante en la toldilla de popa.