Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra amable

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra amable en el contexto de una oración.

Término amable: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "amable" aquí tienes una selección de 47 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra amable para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Sea amable.
  • Es muy amable.
  • Es lo más amable.
  • Si eres tan amable.
  • Es usted muy amable.
  • Ha estado muy amable.
  • Te has portado, has sido amable.
  • Machín estuvo con ella muy amable.
  • La expresión dura, falsamente amable.
  • Ya no había en su vida nada sonriente, nada amable.
  • ¡Qué poco amable es este señor! dijo abrazándole.
  • Es un hombre culto, amable, simpático, gana para vivir.
  • Es para mí como un recuerdo amable de los días infantiles.
  • Éste tenía aspecto de militar, de hombre amable y bien educado.
  • ¿Qué hierba ha pisado usted, don Andrés, para estar tan amable?
  • ¡Y pensar que aquel hombre había sido inteligente, amable! Y ahora.
  • Le dijo Fortunata acercándose y poniendo una cara fingidamente amable.
  • No, no te escapes dijo el domador con una sonrisa que quería ser amable.
  • Es gente amable, y tienen una casa bastante grande para que haya libertad.
  • Yo estuve hablando con doña Hortensia, que se mostró muy amable conmigo.
  • La mamá mostrábase con él amable y cariñosa como jamás la había visto.
  • Desde este cementerio se ve un valle extensísimo, un paisaje amable y pastoril.
  • Era tan discreto, tan sagaz como su madre y más amable, más suave en el trato.
  • ¡Qué monísima es la criatura! exclamó la fundadora con amable ironía y gracejo.
  • La señora dijo él queriendo ser amable, va a tomar un vasito de cerveza con limón.
  • Quería aparecer amable, y para esto la hacía ofrecimientos que resultaban sarcasmos.
  • Glocester, al verle tan alegre y decidor, amable con amigos y enemigos ocultos se dijo.
  • Como si nada hubiera dicho don Víctor, con cara amable y voz dulce y suplicante advirtió.
  • Si usted fuese tan amable que me acompañara, aquellos buenos párrocos se creerían honrados infinitamente.
  • Cualquier punto que se tocara bastaba para hacer brotar la hostilidad, no se cambiaba entre ellos una palabra amable.
  • Si usted fuera tan amable que consintiera en oírme esta tarde un momento, mucho se lo agradecería su hija espiritual y affma.
  • Pasaba y repasaba la Plaza Nueva, y algunas veces veía detrás de los cristales, en la Rinconada, a la de Quintanar, que le saludaba amable y tranquila.
  • Dios era no menos amable como Padre de las criaturas, como Director de la gran fábrica de la inmensa arquitectura, que en la pura contemplación de su Idea.
  • Le saludó amable, bulliciosa, y volvió con Obdulia, con Visita y con Edelmira a correr por la huerta, seguidas de Paco, Joaquín, don Álvaro y don Víctor.
  • Y si Obdulia y Bermúdez hubieran estado menos preocupados con el Renacimiento, hubiesen notado el ceño y la sequedad de la antes amable y cortés señora de pueblo.
  • Y concluidas las misas, se iban por la calle Mayor adelante en busca de emociones puras, inocentes, logradas con la oficiosidad amable del uno y el dinero copioso de la otra.
  • Para que el diablo haga a esa señora caer en cama, tomarle miedo a la muerte, y de amable, sensible y condescendiente (que era el primer paso), convertirse en arisca, timorata, mística.
  • Indudablemente, éste es el señor amable, éste es el señor voluble, éste es el señor ardoroso que recitaba versos aquel día, allá en mi niñez, en una sala húmeda con una sillería de reps verde.
  • Pero su digestión de esquimal harto no le permitía indignarse, y escuchó con expresión amable a su hermana, que, inclinada sobre él, apoyándose en su misma butaca, le hablaba mimosamente, como si fuese una niña.
  • Pero en aquel punto respiraba con tal desahogo por haber encontrado una solución, que sus manos temblaban, deshaciendo con alegre presteza el embutido de calcetines y ropa blanca y dando amable libertad al canal y manteo.
  • Mas con gran sorpresa de todos, oyó la indicación del modo más sereno y amable, diciendo que él tenía sus creencias, pero que al mismo tiempo gustaba de cumplir toda obligación consagrada por el asentimiento del mayor número.
  • En cuanto llegaba un forastero de alguna importancia a Vetusta, se buscaba por un lado o por otro una recomendación para que Bermúdez fuese tan amable que le acompañara a ver las antigüedades de la catedral y otras de la Encimada.
  • En cuanto Ana volvió en sí, pidiendo mil perdones por haber turbado la fiesta, don Víctor, de muy mal humor, ya sin miedo, la llenó el cuerpo de pieles, la embozó, se despidió de la amable compañía y con la del Banco se llevó a la Regenta a la cama.
  • Se casó Zapico, y al día siguiente de la boda, doña Paula, que le miraba de soslayo, con un gesto de desconfianza, tal vez algo arrepentida de haber estirado mucho la cuerda observó que el novio estaba muy contento, muy amable con ella, y hecho un almíbar con su mujer.
  • Estos pensamientos la llevaban a veces tan lejos que la imagen de don Álvaro volvía a presentarse brindando con la protesta, con aquella amable, brillante, dulcísima protesta de los sentidos poetizados, que había clavado en su corazón con puñaladas de los ojos el elegante dandy la tarde memorable de Todos los Santos.
  • Amparito se sintió tan entusiasmada, que hasta envió una sonrisa amable al cafetín de enfrente, donde el padre de tal obra despachaba cepitas tras el mostrador, mientras su mujer, lavada y peinada como en días de gran fiesta, con los robustos brazos arremangados y delantal blanco, estaba en la puerta sentada ante un fogón, con el barreño de la masa al lado, arrojando en la laguna de aceite hirviente las agujereadas pellas, que se doraban al instante, entre infernal chisporroteo.
  • ¡Oh, gallardas arboladuras, velas blancas, fragatas airosas con su proa levantada y su mascarón en el tajamar! ¡Redondas urcas, veleros bergantines! ¡Qué pena me da el pensar que vais a desaparecer! ¡Amable sirena, que te levantabas sobre las olas azules para mirarnos con tus ojos verdes, ya no te verán más! ¡Oh, días de calma! ¡Oh, momentos de indolencia! ¡Cuántas horas no habré pasado en la hamaca contemplando el mar, claro o tempestuoso, verde o azul, rojo en el crepúsculo, plateado a luz de la luna y lleno de misterio bajo el cielo cuajado de estrellas! III TENGO QUE HABLAR DE MÍ MISMO Tengo que hablar de mí mismo.