Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "amenaza" aquí tienes una selección de 19 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra amenaza para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Y no fue vana su amenaza.
- La amenaza hizo su efecto.
- Me parecía una amenaza ridícula.
- Juan meneó la cabeza en señal de amenaza.
- Aquel momento de silencio pareció una larga amenaza.
- Añadió Mauricia haciendo un gesto de burlesca amenaza.
- La esgrimía como si fuera una pistola, con amenaza homicida.
- La amenaza del maldito pájaro que todo lo veía y todo lo contaba.
- El mar nos sonríe, nos acaricia, nos amenaza, nos aplasta caprichosamente.
- ¡Dichosas dos libras! Aquella multa era una amenaza para el calzado de sus hijos.
- Le ordenaban con amenaza de muerte que abandonase sus tierras, que eran como la carne de su cuerpo.
- Esta amenaza de doña Camila no pasó de amenaza, pero Ana no sentía salir de Loreto, ir donde quiera.
- Entonces el agua se lamenta de los desdenes de la sal, le reprocha su inconstancia, la amenaza con olvidarla.
- Es muy posible, probable que la pobre chica no sospeche nada, que su atrevimiento no sea más que una amenaza al amo.
- ¡Mal te haga Dios y lo que has comido, lacerado decía yo, que tal amenaza has hecho a mis tripas! Echó la bendición, y dijo.
- La misteriosa amenaza pareció infundir temor en las primas, que se limitaron por entonces a inofensivas travesuras, a algún plumerazo más o menos.
- Temía que hubiese descubierto sus amores con Mesía y que aquella soberbia, aquel desafío constante de sus miradas, de sus sonrisas y de sus gestos fuese amenaza de revelar a don Víctor su secreto.
- Debajo de peñón sombrío, que como torre inclinada amenaza caer sobre la corriente, y hace más obscura la obscuridad del río en el remanso, acechaba el paso del salmón, empuñando un haz de paja encendida, cuya llama se refleja en las ondas como estela de fuego.
- Y los gorriones, los pardillos y las calandrias, que huían de los chicos como del demonio cuando los veían en cuadrilla por los senderos, posábanse con la mayor confianza en los árboles inmediatos, y hasta se paseaban con sus saltadoras patitas frente á la puerta de la escuela, riéndose con escandalosos gorjeos de sus fieros enemigos al verlos enjaulados, bajo la amenaza de la caña, condenados á mirarlos de reojo, sin poder moverse y repitiendo un canto tan fastidioso y feo.