Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra anita

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra anita en el contexto de una oración.

Término anita: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "anita" aquí tienes una selección de 100 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra anita para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • ¡Anita, Anita.
  • Anita no le oía.
  • Anita no es feliz.
  • Anita era virtuosa.
  • Estaba fresca Anita.
  • Créalo usted, Anita.
  • ¿Cómo estás, Anita?
  • Oh, no, eso no, Anita.
  • En esto pensaba Anita.
  • No estaba allí Anita.
  • Anita no tenía amigas.
  • Anita pagó por los dos.
  • Anita no podía sufrirlas.
  • Anita sentía seca la boca.
  • El balcón era el de Anita.
  • ¡Silencio! Silencio, Anita.
  • Anita leyó toda esta carta.
  • Pero a solas se decía Anita.
  • También él pensaba en Anita.
  • Anita contestaba con sonrisas.
  • Pero Anita no pensaba en esto.
  • M., Anita Ozores de Quintanar.
  • Anita, Anita gritó Visitación.
  • Así era la enfermedad de Anita.
  • Que el cambio de Anita se debe a.
  • Anita no había podido sospechar.
  • Eso es Anita en mi querida Vetusta.
  • El dativo que se suplía era Anita.
  • Preguntó con voz temblorosa Anita.
  • Es natural, Anita, es naturalísimo.
  • Anita me engaña, es una infame sí.
  • Dios nos libre, Anita, Dios nos libre.
  • Alvarito no había dicho nunca a Anita.
  • Y sobre todo Anita era de carne y hueso.
  • Será usted la Regenta de Vetusta, Anita.
  • ¿Comería en casa de la Marquesa, Anita?
  • La dulzura parecía una aureola de Anita.
  • El perro había pasado por encima de Anita.
  • Pero el contacto es un peligro, sí, Anita.
  • El Marqués creía en la santidad de Anita.
  • Vamos, Anita, por Dios, sea usted razonable.
  • Pero tampoco era aquello lo que quería Anita.
  • Estaba entre los libros prohibidos para Anita.
  • Decía que Anita es una mujer de primer orden.
  • ¿No confesaba Anita que le agradaba don Víctor?
  • ¡Y por Dios, Anita, que no se te ocurra negarte.
  • Con la tila y el azahar Anita acabó de serenarse.
  • El capellán no era un San Agustín pensaba Anita.
  • Sí, Anita, sí, yo era un hombre ¿no lo sabías?
  • Ya no veía Anita la estúpida existencia de antes.
  • Que Anita se nos hace santa, si Dios no lo remedia.
  • No se paraba a pensar lo que podía necesitar Anita.
  • Anita no dejó a Víctor tan pronto como él quisiera.
  • Oye, Anita dijo con voz meliflua la perfecta cocinera.
  • Dígalo si no lo que a él le pasaba con Anita Ozores.
  • Traerlos cerca estando allí Anita sería una crueldad.
  • No me gustan, aunque demuestran gran habilidad en Anita.
  • Pero ni siquiera se atrevió a proponer a Anita su idea.
  • Ya arrepentido de haber cedido al ruego tácito de Anita.
  • Verdad era que su Anita era feliz por razones más altas.
  • Anita lloraba sobre la almohada, después saltaba del lecho.
  • Anita, en la postdata de su última carta decía al confesor.
  • Anita no recordaba haber soñado aquella noche con don Álvaro.
  • Déjeme usted hablar a mí, Anita, y verá como nos entendemos.
  • Entonces apretó un poco la mano de Anita que la retiró asustada.
  • Pero cada día era mayor la repugnancia de Anita a pisar la calle.
  • Además, Anita no se atrevía a confesar aquello con el Magistral.
  • Anita encontraba la vida de Vetusta más tolerable que en invierno.
  • Las señoritas nobles no envidiaban mucho a Anita, porque era pobre.
  • Anita no entendía y el hombre, el señor del aya, reía a carcajadas.
  • Has de saber, Anita mía, que yo tengo para ti un novio, paisano mío.
  • Era necesario que Anita frecuentase en adelante las fiestas del culto.
  • ¡Qué colorada está Anita! le decía Paco a Visitación por lo bajo.
  • En suma, Anita ya sabe usted que ha escrito versos es un poco romántica.
  • Dio un paso atrás Anita, decidiendo no entrar en el teatro de su marido.
  • Oh sí, estuve loca seguía Anita espantada todavía estuve loca una hora.
  • El mal tiempo se llevó la resignación tranquila, perezosa de Anita Ozores.
  • ¡Qué mujer esta Anita! Era limpia, no se podía negar, limpia como el armiño.
  • Y comparando proceder con proceder, Anita encontraba abominable el del clérigo.
  • La Mitología llegó a conocerla Anita como en su infancia la historia de Israel.
  • Anita iba a transformarse en mujer cuando parecía muy lejos aún de esta crisis.
  • Esto lo dijo el médico de la aristocracia, don Robustiano, que asistía a Anita.
  • Desde que Anita había vuelto a engañarle don Fermín no gozaba hora de sosiego.
  • ¡Qué escándalo! doña Camila cogió a Anita por la garganta y por poco la ahoga.
  • Pudo Anita dormir en adelante la mañana, sin que nadie interrumpiera esta delicia.
  • Y el gran mundo echaba por los dedos la cuenta de lo que le habría quedado a Anita.
  • Anita, ahora ya tiene usted bastante salud para empezar a darse tormento a sí misma.
  • Ni gana, tía dijo Anita sin poder contenerse, pesándole en seguida de haberlo dicho.
  • Y seguía filosofando para venir a parar en que Anita era la mejor muchacha de Vetusta.
  • ¡Guarden ceremonia! La aristocracia, la primera, opinó que Anita hacía una boda loca.
  • Paco jamás había dicho una palabra de amor a su amiga Anita, y esta le estimaba mucho.
  • Esto no lo supo Anita hasta que, ya convaleciente, se quejó un día de aquella soledad.
  • El confesor de Anita, Ripamilán, oyó la proposición de la joven como quien oye llover.
  • El Arcipreste, el célebre don Cayetano, ha rogado a Anita que cambie de confesor, porque.
  • El elemento masculino notó mucho antes que el femenino la extraordinaria belleza de Anita.
  • La Marquesa, sin malicia, como ella hacía las cosas, llamó a su lado a Anita para decirla.
  • Maravillas y primores de la cocina casera comió Anita en cuanto el estómago pudo tolerarlas.
  • Además, pensaba Anita, fuera orgullo aspirar ahora a la visión de la Divinidad directamente.
  • Si Anita se descuidaba, pensaban las herederas, podía verse comprometida sin ninguna utilidad.
  • El hombre que besaba al aya cogió a Anita por un brazo y se lo apretó hasta arrancarle sangre.