Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra anuncia

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra anuncia en el contexto de una oración.

Término anuncia: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "anuncia" aquí tienes una selección de 55 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra anuncia para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Decía doña Anuncia.
  • Doña Anuncia quedó deslumbrada.
  • Doña Anuncia se volvía loca de ira.
  • ¿Qué me anuncia ese fúnebre lamento.
  • Doña Anuncia ofreció la casa a don Víctor.
  • Vamos, que el corazoncito me anuncia secretaría.
  • ¿No ven ustedes que el barómetro anuncia mal tiempo?
  • Era muy amigo de doña Anuncia y la ayudaba a regatear.
  • Doña Anuncia había tenido sus motivos para no engordar.
  • Doña Anuncia se puso en pie al lado de la chimenea pseudo feudal.
  • Doña Anuncia veía la mano de Dios que castiga sin palo ni piedra.
  • Pero doña Anuncia se aburría en Loreto, donde no había sociedad.
  • Que es lo principal dijo doña Anuncia, como quien recita el decálogo.
  • No se casarían con ella, había dicho doña Anuncia, porque era pobre.
  • Doña Anuncia y don Cayetano encontraron a la joven en peligro de muerte.
  • Porque si doña Anuncia sabía algo, impondría al novio sin más examen.
  • Doña Anuncia decía palabras que la hubieran escandalizado en labios ajenos.
  • Por el usted y la ironía comprendió Ana que doña Anuncia se había disgustado.
  • Para tales materias prefería las advertencias de doña Anuncia al propio criterio.
  • El bello ideal de doña Anuncia había sido siempre un viaje a Venecia con un amante.
  • Se hizo presentar en casa de las Ozores y pidió a doña Anuncia la mano de la sobrina.
  • Al ser mujercita, cuando tuvo aquella fiebre y fuimos a buscarla su tía doña Anuncia y yo.
  • Entonces doña Anuncia, la hermana mayor, escribió a don Carlos, porque el caso era apurado.
  • Pero el médico añadía unos detalles que doña Anuncia no vacilaba en calificar de groseros.
  • Don Cayetano podía oírlo todo, pero doña Anuncia hubiera preferido metáforas y perífrasis.
  • Doña Anuncia no cocinaba, pero iba a la compra con la criada y traía lo mejor de lo más barato.
  • En el gran mundo de Vetusta decía doña Anuncia es preciso un ten con ten muy difícil de aprender.
  • Como supongo prosiguió doña Anuncia que ya no te acordarás siquiera de aquella locura del monjío.
  • Mientras la joven estuvo entre la vida y la muerte, doña Anuncia encontró irreprochable su conducta.
  • Pero doña Anuncia no necesitó más para dar rienda suelta al basilisco que llevaba dentro de sus entrañas.
  • ¡Qué riqueza de datos! ¡Qué empirismo tan provisto de documentos! Doña Anuncia tenía la boca llena de agua.
  • Después doña Anuncia se encerró en el comedor con doña Águeda, y terminada la conferencia compareció Anita.
  • Doña Anuncia pudo apreciar mejor la grandeza de su buena obra cuando vio que Ana estaba en la calle o poco menos.
  • Eso de la gana te lo guardas para ti exclamó doña Anuncia, puesta en pie otra vez, y dejando caer el Werther al suelo.
  • Gran consuelo recibieron doña Anuncia y doña Águeda al saber por el médico esta resolución de la nobleza vetustense.
  • Preguntó doña Anuncia, que se había quedado en el comedor, junto a la gran chimenea, leyendo el folletín de Las Novedades.
  • Otra cosa muy distinta dijo doña Anuncia, comprendiendo que a ella, por mayor en edad, le tocaba seguir explicando el ten con ten.
  • Después algazara rabiosa que se pierde en el espacio, haciendo lugar a un terrible silencio que anuncia la vergüenza de la derrota.
  • Aunque algo se habían relajado las costumbres y ya no era un círculo tan estrecho como en tiempo de doña Anuncia y doña Águeda (q.
  • Lo demás, lo que se refería a la esbeltez, lo había hecho la raza, decía doña Anuncia, que se picaba de esbelta, porque era delgada.
  • Al cumplirse el novenario de la encerrona, que algo tenía de arresto, doña Anuncia se presentó tranquila, digna, severa a leer la sentencia.
  • Frígilis había advertido a don Víctor, al ponerle la cruz al pecho, que a doña Anuncia la enamoraban los discursos que no entendía y las condecoraciones.
  • Por entonces no daba al rostro este defecto apariencias de vejez, sino expresión de prudencia de la que toca en cobarde hipocresía y anuncia frío y calculador egoísmo.
  • Exclamó doña Anuncia, invitando a su sobrina con el tono áspero de aquel monosílabo a que no profiriese censura de ningún género contra la tertulia de su predilección.
  • Alguno se propasase a mayores, lo que se llama mayores, sobre todo, tomándolo en serio y obsequiándote (palabra de la juventud de doña Anuncia), obsequiándote en regla, entonces no te fíes.
  • Cuando doña Anuncia topó en la mesilla de noche de Ana con un cuaderno de versos, un tintero y una pluma, manifestó igual asombro que si hubiera visto un rewólver, una baraja o una botella de aguardiente.
  • Pero, sin pensarlo, daba una intención lúbrica y cínica a su mirada, como una meretriz de calleja, que anuncia su triste comercio con los ojos, sin que la policía pueda reivindicar los derechos de la moral pública.
  • Había momentos en que la sombra de la señorita de Ozores tenía tres cabezas en la pared y tres o cuatro en el techo, y se diría que de todas ellas salían gritos y alaridos, según lo que vociferaba doña Anuncia sola.
  • Doña Anuncia y doña Águeda habían quedado en el estrado, casi a obscuras, suspirando, rodeadas de algunos amigos y amigas, quizá los mismos que les dieran en otra ocasión aquel pésame por la muerte civil de don Carlos.
  • Petra discurría perfectamente en estas materias, porque leía folletines, la colección de Las Novedades, que dejara en un desván doña Anuncia, y sabía quién desafía a quién, llegado el caso de descubrirse los amores de una señora casada.
  • Quince días había vivido sola en poder de criados aquella pobre niña, huérfana y enferma, pues doña Anuncia no se decidió a emprender el viaje de las veinte horas hasta que se le pidió esta obra de caridad en nombre de su sobrina moribunda.
  • Aunque la explicación de este equilibrio o ten con ten era un poco embarazosa, y más para una señorita que oficialmente debía ignorarlo todo, y en este caso estaba doña Anuncia, convinieron las hermanas en que era indispensable dar instrucciones a la chica.
  • Sin embargo, no las tenía todas consigo, porque como se dan casos de que salga fallido lo que el corazón anuncia, pasaba el pobre chico horas de verdadera angustia, y a solas en su casa, se metía en unos cálculos muy hondos para averiguar el estado de los sentimientos de su querida.
  • ¡Quién hubiera dicho a doña Anuncia que aquel novio soñado, que ya empezaba a tardar, pasaba todos los días cerca de ellas, en el Espolón, el Paseo de invierno, o en la carretera de Madrid, orlada de altos álamos que se juntaban a lo lejos! Ana había notado que todas las tardes se encontraban con don Tomás Crespo, el íntimo de la casa, y un caballero que se la comía con los ojos.
  • Aquí de tus promesas, mata, quema, vocifera, anuncia al mundo tu venganza, despídete de la tranquilidad para siempre, busca energía en el fondo del sueño, de los bostezos arranca los apóstrofes del honor ultrajado, representa tu papel, ahora te toca a ti, ahora no es Perales quien trabaja, eres tú, no es Calderón quien inventa casos de honor, es la vida, es tu pícara suerte, es el mundo miserable que te parecía tan alegre, hecho para divertirse y recitar versos.