Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "apacible" aquí tienes una selección de 14 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra apacible para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Satisfacción interior y apacible le llenaba el alma.
- Toma tu ropa, tus botas le dijo en voz baja y en tono apacible.
- En tales casos era cuando la virtud le mostraba su rostro apacible y seductor.
- En verdad, señor, que lo tengo por más apacible caminar que el del coche, porque aunque V.
- Pero sí le tenía respeto, y el cariño apacible a que era acreedor por su hidalgo comportamiento.
- III Despertó Julián cuando entraba de lleno en la habitación un sol de otoño dorado y apacible.
- Por oriente se levantaba una loma que daba abrigo al apacible retiro formado por la naturaleza en torno del manantial.
- Hasta el efecto de la noticia se borra pronto, y una especie de insensibilidad apacible va cauterizando el espíritu de Julián.
- ¿Ves esa cara dulce, apacible, que sólo tiene algo de pasión en los ojos, y esa, como a la sombra debajo de las pestañas, contenida.
- Allí pasan revista en una conversación discreta y apacible a las cosas del día, unas veces, y otras evocan recuerdos de la juventud pasada.
- Fortunata notó en la cara apacible de la fundadora cierta severidad estudiada, y para romper aquel hielo, dijo lo siguiente, cuya oportunidad podría dudarse.
- Pero a pesar de estas profanaciones artísticas, la iglesita estaba muy mona, como diría Manolita, apacible, misteriosa y relativamente fresca, inundada de la fragancia de las flores naturales.
- Y por todas partes, sobre las albardillas, en los rincones de los patios, cabe a misteriosas ventanas, surgiendo de la oleada de casuchas que se alza, se deprime, ondula entre el ábside de los Irlandeses y el Seminario lejano, destaca la apacible copa de un árbol.
- Crespo, satisfecho, tranquilo, apacible, en voz baja, como respetando el primer sueño del campo, su ídolo, dejaba caer sus palabras como un rocío en el alma de Ana, que entonces comprendía aquella adoración tranquila, aquel culto poético, nada romántico, que consagraba Frígilis a la naturaleza, sin llamarla así, por supuesto.