Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "apuros" aquí tienes una selección de 36 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra apuros para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Se pasan apuros.
- Nuevos y más terribles apuros.
- ¿Quién la salvaba en los apuros?
- Con que firmes por mí, salgo de apuros.
- Ya no tenía dinero para salir de apuros.
- Sobre todo, no cuentes conmigo en los apuros.
- Como perdía en el juego con frecuencia, tenía muchos apuros.
- ¡Todo sea por Dios! Él también tenía apuros y hacía sacrificios.
- Después se han pasado tristezas y apuros, ¿quién no los ha tenido?
- Ya no eran las deudas y los apuros pecuniarios las amarguras de la vida.
- Que nadie se diese cuenta en la casa de los apuros y tristezas del padre.
- Los primos, que me sacaban de tantos apuros, ya habían hecho los imposibles.
- La misma quinta estaba hipotecada y su valor no podía sacar a nadie de apuros.
- Era el único individuo de la tertulia que no tenía trampas ni apuros de dinero.
- Sin comprender que vale más pasar apuros que no quedar sepultado entre las olas.
- Había tenido su época de apuros, como él sabía muy bien, y conocía el valor de un duro.
- Ya que en la familia se habían suavizado antiguas asperezas, a ella tenía que acudir en sus apuros.
- Y el tal cambio consistía en haberse negado Juanito varias veces a darla dinero para salir de pequeños apuros.
- Decididamente, no quería pedir préstamos a una gente inferior, que la trataría con desdeñosa confianza al conocer sus apuros.
- Has perdido tu respetabilidad de mujer y ahora te hallas en los mismos apuros de antes, pues ese imbécil de Cuadros es hombre al agua.
- ¡Y que no pasaba flojos apuros la pobre para salir airosa en aquel papel inmenso! A Barbarita le hacía ordinariamente sus confidencias.
- ¿Pues qué, creen ustedes que el señor marqués tiene sus grandes yeserías de Vallecas para ver estos apuros míos y no acudir a ellos?
- ¡Ay, Dios! ¡Cuánto cuesta criar a los hijos y sostener el rango de una familia! Tú, hijo mío, sólo tú puedes sacar a tu madre de apuros.
- A pesar de la prohibición de don Víctor, vino el retroceso, recayó la enferma, y se volvió a los sustos, a los apuros, a las noches en vela.
- Sería un mal hijo si correspondía con el desdén al cariñazo maternal que le mostraba la buena señora tan pronto como se veía en apuros de dinero.
- Pero a una derrochadora, que sólo se acuerda de su hermano en los apuros, y cuando tiene cuatro cuartos desprecia sus consejos, a ésa no le doy ni esto.
- Los primeros años de esta vida pasó la señora grandes apuros, porque los réditos, aun con ser tan crecidos, no le bastaban al sostenimiento de su casa.
- Desde entonces su cuñada de usted ha vivido apartada del bullicio, llorando sus faltas y comiéndose los ahorros que tenía, hasta que han venido los apuros.
- Pero muy poco para consuelo de los propios males, para remediar las angustias del egoísmo asustado, de los apuros del momento que nacían de la soledad y la pobreza.
- Lo que doña Manuela callaba eran las sospechas vehementes de que su amiga explotaba sus apuros, guardándose los picos de las cantidades facilitadas por los prestamistas.
- Pensaba en que la situación imponía disimulo, y que la amistad del matrimonio Cuadros le era muy necesaria para salvarla en sus apuros de señora en decadencia, acosada por las deudas.
- Pero había que quedar con dignidad, sostener la honra de la casa, ahora que las niñas iban siendo casaderas, y esto, ¡ay, Juanito mío! esto exigía grandes apuros y no menores sacrificios.
- Aquel ascetismo y aquel ver a Dios en sí fueron nada más que obra fugaz de la tristeza, o quizás de las circunstancias, y existían en su mente como esas lecciones, pegadas con saliva, que los estudiantes aprenden en los apuros del examen.
- ¡Y pensar que en casa se pasaban tantos apuros para sostener aquel lujo! ¡Quién lo diría viéndolas tan elegantes y risueñas, especialmente la mamá, que lucía brillantes en pecho, orejas y manos, y que antes quería pasar hambre que deshacerse de ellos.
- Porque las dos, aunque su mamá, por no entristecerlas, las ocultaba el estado de la casa, tenían pleno conocimiento de los apuros de la familia y estaban seguras de la imposibilidad de reemplazar el viejo pero brioso caballo por otro que valiese tanto como él.
- ¡Y qué bien sabe hacerlo el muy ladrón! Se confiesa a menudo, entrega cantidades en las sacristías, diciendo que las ha cobrado de más por un error y quiere sean para los pobres, y hasta se murmura si es él ese ramoso sujeto que, con el incógnito de Un cualquiera, envía dinero a la Junta de Instrucción Obrera cuando ésta sufre apuros.