Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ardían" aquí tienes una selección de 15 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ardían para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Ardían en deseos de verse en la sin par Sevilla.
- Ella le tomó las manos entre las suyas, que ardían.
- Todos ardían en el santo entusiasmo de la maledicencia.
- En la chimenea ardían los bosques seculares de los dominios del Marqués.
- Cuando se calentó el hornillo de la roca, ardían lo mismo las hierbas secas que las verdes.
- Los monigotes, firmes y en pie, ardían como grandes antorchas con un inquieto plumaje de llamas.
- Al llegar a este punto de sus recuerdos la Regenta sintió que se sofocaba, sus mejillas ardían.
- Si quería huir de ella, se la recordaba sin cesar el dolor de sus pies, que ardían, como abrasados de vergüenza.
- El temor de pronunciar palabras malas parecía haberse desvanecido en ella, porque escupió de sus labios algunas que ardían.
- Estaba el Magistral como si don Víctor le hubiera sorprendido allí, en su despacho, robándole los candeleros de plata en que ardían las velas.
- Parecíale que aquella habitación donde reinaba tan imponente silencio, donde ardían tan altas y graves las luces, era el mismo templo en que no hacía dos horas aún se había puesto de hinojos.
- ¡Si levantase la cabeza tal día como hoy tu madre que en gloria esté! Ardían en el tocador de la estancia dos velas puestas en candeleros no menos empinados y majestuosos que los candelabros del refresco.
- En aquellos ojos vagos, de ancha pupila y córnea húmeda, cercados de azulada ojera, vio Julián encenderse y fulgurar tras las negras pestañas una luz horrible, donde ardían la certeza, el asombro y el espanto.
- Y las lenguas de manso y dulce fuego de los dos cirios que ardían a un lado y otro del cadáver, haciendo brillar su frente, tan blanca como la cera de ellos, parecían, vibrando al compás del rezo, acompañar en sus oraciones a las dos hermanas.
- Y cansado por tantos esfuerzos y sorpresas, don Fermín dejó caer la cabeza sobre el sobado reps azul del testero y en aquel rincón obscuro del coche, ocultando el rostro en las manos que ardían, lloró como un niño, sin vergüenza de aquellas lágrimas de que él solo sabría.