Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra ardiendo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra ardiendo en el contexto de una oración.

Término ardiendo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ardiendo" aquí tienes una selección de 10 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ardiendo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Las velas seguían ardiendo, y el capellán volvió a arrodillarse.
  • Los que están tan ahogados como tú, se agarran a un clavo ardiendo.
  • Como ramilletes de fuego saltaban las aves, é intentaban volar ardiendo vivas.
  • La falla seguía ardiendo, con sus estallidos de leña vieja, que sonaban como tiros.
  • Los remilgos eran fingidos, pero el que se propasaba se exponía a salir con las mejillas ardiendo.
  • El baile animado, ardiendo de voluptuosidad fuerte y disimulada, era el cuadro propio para servir de fondo a la figura que ella, la pobre Ana, había visto tantas veces en sueños.
  • Belén y las damas cantoras entonaban inocentes romanzas, mientras duró el Manifiesto, en las cuales se decía que tenían el pecho ardiendo en llamas de amor y otras candideces por el estilo.
  • Tras él, arrastrándose cual un demonio ebrio y lanzando espantables gruñidos, salió otro espectro de fuego, el cerdo, que se desplomó en medio del campo, ardiendo como una antorcha de grasa.
  • Súpose más tarde que había ido a Inglaterra a comprar fusiles, que hizo un alijo cerca de Guetaria, que vino disfrazado a Madrid y pasó a la Mancha y Andalucía en el verano del 73, cuando la Península, ardiendo por los cuatro costados, era una inmensa pira a la cual cada español había llevado su tea y el Gobierno soplaba.
  • El gaitero, vestido de pana azul, en actitud de cansancio, dejando desinflarse la gaita, cuyo punteiro caía sobre los rojos flecos del roncón, se limpiaba la frente sudorosa con un pañuelo de seda, y los reflejos de la paja ardiendo y de las luces que alumbraban la casa del cura permitían distinguir su cara guapota, de correctas facciones, realzada por arrogantes patillas castañas.