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Ejemplos de oraciones con la palabra aristocrático

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra aristocrático en el contexto de una oración.

Término aristocrático: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "aristocrático" aquí tienes una selección de 11 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra aristocrático para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Aquel silencio era el que llamaba solemne y aristocrático don Saturnino.
  • La Venancia conocía toda la vida íntima del mundo aristocrático de su época.
  • La verdad era que el tipo aristocrático no se perdía, pese a la chusma que no quiere clases.
  • A pesar de su título aristocrático, Marqués, no simpatizaba ni con el clero ni con la nobleza.
  • Comparado con el segundo, el primero tenía algo de aristocrático y podría pasar por albergue de familias distinguidas.
  • Don Evaristo vivía, desde que obtuvo el retiro, en el segundo piso de un caserón aristocrático de la calle de Don Pedro.
  • Refugiábanse en el círculo aristocrático, donde también entraban, por especial privilegio, Visitación y Obdulia, pariente de nobles.
  • En todos los puertos de mar, constituídos casi siempre por una población advenediza y aventurera, se forma un espíritu aristocrático endiablado.
  • En el círculo aristocrático de Vetusta, a que pertenecían naturalmente las señoritas de Ozores, no se hablaba más que de la abnegación de estas santas mujeres.
  • Era costumbre inveterada que aquel círculo aristocrático (como le llamaba el Alerta, a cuyos redactores no se convidaba nunca, porque se empeñaban en asistir de jaquet ) diese baile, pero jamás de trajes, el lunes de Carnaval.
  • A pesar de Don Frutos y sus altercados de crítica dramática, la bolsa de Don Álvaro, que así se llamaba en todas partes, era la más distinguida, la que más atraía las miradas de las mamás y de las niñas y también las de los pollos vetustenses que no podían aspirar a la honra de ser abonados en aquel rincón aristocrático, elegante, donde se reunían los hombres de mundo (en Vetusta el mundo se andaba pronto) presididos por el jefe del partido liberal dinástico.