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Ejemplos de oraciones con la palabra aseguraba

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra aseguraba en el contexto de una oración.

Término aseguraba: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "aseguraba" aquí tienes una selección de 47 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra aseguraba para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • El tiempo se aseguraba.
  • Así al menos lo aseguraba él.
  • Somoza aseguraba que moriría esta tarde.
  • Visita aseguraba que aquel corazoncito no tenía puerta.
  • Tenía usted razón cuando me lo aseguraba el año pasado.
  • Claro que por prudencia no aseguraba los primeros días nada.
  • Es una enfermedad que no tiene tratamiento específico aseguraba.
  • Ella estaba enamoradísima de él, según aseguraba el estudiante.
  • Ella negaba que fuera a casarse y aseguraba que no torcerían su voluntad.
  • Don Pedro aseguraba que una persona decente no podía ser más que conservador.
  • Don Basilio aseguraba que el mayorazguete no jugaba con toda la limpieza necesaria.
  • Pero Yurrumendi aseguraba que, aunque fuera de cien millas, no se encontraría el fondo.
  • Aseguraba que tenía un pie bonito y una pantorrilla mucho mejor de lo que podría esperarse.
  • Fortunata aseguraba que aquella costumbre suya no tenía mérito porque el trabajo le gustaba.
  • Yo le dije que le aseguraba de que me había persuadido a muy diferentes cosas de las que veía.
  • Bastante lo miraba, bastante se contenía para lo mucho que aseguraba sentir y sentiría de fijo.
  • El aya aseguraba que Anita necesitaba aquel palo seco junto a sí y estar atada a él fuertemente.
  • Lo aseguraba Paula, el mozo lo deseaba, y sobre todo la salud quebrantada del aprendiz de jesuita lo exigía.
  • Guillermina aseguraba que se necesita mucha fe para no acobardarse ante los espectáculos que la miseria ofrece.
  • La que tenía en sus gustos algo de muchacho y aseguraba muy formal que sentía placer en hacer rabiar a los hombres.
  • Estoy por decir aseguraba que después de Frígilis, Ripamilán y Vegallana, ya es don Álvaro el vecino a quien más aprecio.
  • (¡Cuán lejos estaban los tiempos belicosos en que aseguraba una elección a puntapiés!) Barbacana no se opuso a la hazaña.
  • Pero el triunfo en este caso aseguraba grandes adelantos en la carrera, y esto era lo principal en Mesía, el hombre político.
  • Otro piloto antiguo, también contertulio de la relojería, aseguraba que los arenales de Legorreta están formados por el viento.
  • Uno de los internos aseguraba haberle visto poniendo notas en unos libros en francés y en inglés acerca de psicopatías sexuales.
  • Aseguraba que no podía prescindir de ellos, así como de otras costumbres superiores a su clase, adquiridas cuando niña en casa de su madrina.
  • Soñaba con viajar por el Oriente, y aseguraba siempre que, de tener dinero, los primeros países que visitaría serían Egipto y el Asia Menor.
  • Aseguraba estar muy agradecida a Maximiliano por lo bien que se había portado con ella, y de aquella gratitud saldría, con el trato, el querer.
  • El de las monjas aseguraba que no, y que sacarla de allí, sola, separarla de sus queridas compañeras, de su vida regular, hubiera sido matarla.
  • Lo aseguraba él, que era persona competente en tal materia, por ser poeta y no inédito, pues sus triunfos había alcanzado en la Juventud Católica.
  • Villalonga, que era observador muy picaresco, aseguraba haber descubierto entre Aparisi y Casa Muñoz un antagonismo o competencia en la emisión de palabras escogidas.
  • Pero Yurrumendi aseguraba que esta hoguera la hacían todas las noches las almas de los marineros del célebre pirata Kidd, que guardan allí un inmenso tesoro escondido.
  • Decía que nada gustaba tanto a las nutrias como un periódico con buenas noticias, y aseguraba que si se dejaba un papel a la orilla del río, estos animales salen a leerlo.
  • Visitación, mientras sentada a los pies de la cama devoraba una buena ración de dulce de conserva, aseguraba con la boca llena que Somoza y la carabina de Ambrosio todo uno.
  • Según decía, él había salvado a todos los de la lancha, y aseguraba que si hubiera querido salvar sólo a su hijo, lo habría logrado a costa de la vida de todos los demás.
  • El bolsista, saboreando su dicha, aseguraba mentalmente que Dios es muy bueno, y no sabía ya qué desear, pues la seguridad de que en breve sería millonario teníala por indiscutible.
  • Lo cierto era que Fulgosio, el coronel, nunca había presenciado un duelo a pistola, aunque él aseguraba haber asistido a muchos, y Ronzal y Bedoya en su vida habían intervenido en semejantes negocios.
  • En efecto, aunque el jefe de Fomento aseguraba que todos los vetustenses eran unos chambones, no era esto más que un pretexto para subir al cuarto del crimen en busca de más pingües y rápidas ganancias.
  • Él aseguraba que no se moría de aquel arrechucho, que tenía siete vidas como los gatos, y que era muy posible que Dios le dejase tirar algún tiempo más para permitirle ver muchas y muy peregrinas cosas.
  • Aseguraba que tenía gran semejanza fisionómica con Pío IX, y algo había en él que recordaba al difunto Papa, a pesar de su capita azul sin esclavina y del bastoncillo muleta, que no soltaba ni aun en las visitas.
  • El mismo Yurrumendi aseguraba, según Zelayeta, que aquellas gradas estaban hechas para que las sirenas pudieran ver desde allá las carreras de los delfines, las luchas de los monstruos marinos que pululan en el inquieto imperio del mar.
  • Había llegado a decir que sería hipócrita si aseguraba que bastaba para colmar los anhelos que sentía el cariño suave, frío, prosaico, distraído de Quintanar, entregado a sus comedias, a sus colecciones, a su amigo Frígilis y a su escopeta.
  • ¡Las cosas que contaba aquel hombre! Martín y Bautista le instaron para que contara alguna historia de Fernando de Amezqueta, pero el campesino se resistía, porque aseguraba que oirle a él contar estas chuscadas no daba más que una pálida idea de las salidas de Fernando.
  • Y él, puesto ya en el camino de la suerte, aseguraba a su dependiente que antes de un año tendría millones, sí señor, millones no nominales ni de mentirijillas como los que compraba y vendía en la Bolsa, sino reales y efectivos, prontos a convertirse en fincas o en acciones.
  • Y don Saturnino Bermúdez, el arqueólogo y etnógrafo, que dividía a todos sus amigos en celtas, íberos y celtíberos, sin más que mirarles el ángulo facial y a lo sumo palparles el cráneo, aseguraba que a don Pompeyo le quedaba mucho de la gente lusitana, no precisamente en el cráneo, sino más bien en el abdomen.
  • ¿Cómo revelar la manía de la señorita Carmen, empeñada en casarse contra viento y marea de su padre, con un estudiantillo de medicina, un nadie, hijo de un herrador de pueblo (¡oh baldón para la preclara estirpe de los Pardos!), un loco de atar que la comprometía siguiéndola por todas partes a modo de perrito faldero, y de quien además se aseguraba que era un materialista, metido en sociedades secretas?
  • Con estos datos, Hurtado aseguraba que la mujer, en un estado alcohólico, evidenciado por el aguardiente encontrado en su estómago, y presa de manía suicida, había comenzado a herirse ella misma con la badila en la cabeza, lo que explicaba la superficialidad de las heridas, que apenas interesaban el cuero cabelludo, y después, en vista del resultado negativo para producirse la muerte, había abierto la ventana y se había tirado de cabeza a la calle.