Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra asilo

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra asilo en el contexto de una oración.

Término asilo: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "asilo" aquí tienes una selección de 43 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra asilo para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Mi asilo.
  • El asilo es mío.
  • ¿Un asilo de ancianos?
  • ¡A sus casas o al Asilo.
  • Necesitaba del mundo, un asilo.
  • ¿Cómo llevas las obras de tu asilo?
  • Tuve que darle mil noticias del asilo, explicarle todo.
  • Y es tan listo y tan travieso que tiene alborotado todo el asilo.
  • No había más remedio que tomar por asilo el caserón de los Ozores.
  • Me invitó a ir a visitar su asilo, mejor dicho, nos invitó a las dos.
  • Y si quiere usted verla furiosa, háblele de obras que no sean las del asilo.
  • V Despidiose Guillermina a la puerta de la casa, para ir al asilo, y él subió.
  • ¿Con qué creen ustedes que he comprado yo el gran lavabo que tenemos en el asilo?
  • Mira que estoy huérfana, y yo y los huerfanitos de tu asilo estamos llorando por ti.
  • La santurrona les está embaucando con las fantasmagorías del asilo que va a edificar.
  • Y entonces gastaré un millón, dos millones, seis millones, en construir un asilo benéfico.
  • Pero, al fin, el hambre, la desnudez en que me hallaba y la falta de asilo, me obligaron a ir.
  • Para no suspender estos auxilios y seguir sosteniendo el asilo era forzoso buscar nuevos recursos.
  • Mamá le dio dos, y le falta un pico para poder pagar mañana el trimestre del alquiler del asilo.
  • Estoy loca con este asilo pastelero, y no hago más que pedir, pedir, pedir al Verbo y a la Verba.
  • Yo imperturbable, le hablé de mi asilo y le dije que esperaba algún auxilio de su real munificencia.
  • Con que ya ven ustedes cómo así, a lo tonto a lo tonto, ha venido sobre mi asilo el pan de cada día.
  • Doña Lupe creyó que no la reconocería, pues sólo se habían hablado una vez en la función del Asilo.
  • La señora ha hipotecado ambas fincas para acabar el asilo, y por eso verá usted que este va echando chispas.
  • De tanto verla pasar por la calle de Raimundo Lulio, camino del asilo de la de Alburquerque, llegó a imaginar que la trataba.
  • Siempre que había función pública en la capilla del asilo, iba doña Lupe, deseosa de introducirse y de hacer migas con la santa.
  • Ver, al huir de una fuerza mayor, cómo aparece, entre el verde de las heredades, el campanario de la aldea donde se tiene el asilo.
  • A nada de esto atendía Fortunata, por tener el pensamiento enteramente ocupado con aquella idea de visitar el asilo de doña Guillermina.
  • Allí hemos visto levantarse el asilo de Guillermina Pacheco, la mujer constante y extraordinaria, y allí también la casa de las Micaelas.
  • Más que reunir dinero para el asilo, preocupaba a la dama el ver resuelto según su deseo lo que ella y su marido habían tratado la noche anterior.
  • ¡Cuándo querrá Dios que acabes tu dichoso asilo, a ver si descansa el género humano! Mira, no sabes lo antipática que te haces con tus petitorios.
  • Por consiguiente prosiguió el respetable señor tomándole a su nuera las dos manos, ese caballerito que compraste será puesto en el asilo de Guillermina.
  • La hija de Carraspique, sor Teresa, agonizaba en el inmundo asilo de las Salesas, en la celda que era, según Somoza, un inodoro, por no decir todo lo contrario.
  • Resolviose la cuestión del Pituso conforme a lo dispuesto por don Baldomero, y la propia Guillermina se lo llenó una mañanita a su asilo, donde quedó instalado.
  • Algunas amigas suyas aseguraron que estaba loca, porque demencia era pensar en la fundación de un asilo para huerfanitos, y mayor locura dotarle de recursos permanentes.
  • Levanta de nueva planta un buen edificio, un asilo para este o el otro fin, por ejemplo, un gran manicomio en que se recoja y cuide a los pobrecitos que han perdido la razón.
  • Tan temprano, y ya había andado aquella mujer medio mundo, oído tres misas y visitado el asilo viejo y el que estaba en construcción, despachando de paso algunas diligencias.
  • Probablemente, según dijo la criada, no regresaría hasta la noche porque había tenido que ir por tercera vez a la estación de las Pulgas, a la obra y al asilo de la calle de Alburquerque.
  • Ya había hecho dos visitas al asilo de la calle de Alburquerque y acompañado una vez a Guillermina en sus excursiones a las miserables zahúrdas donde viven los pobres de la Inclusa y Hospital.
  • Y fue al día siguiente doña Lupe, vestida con los trapitos de cristianar, porque antes había ido a la gran función del asilo de doña Guillermina, por invitación de esta, de lo que estaba muy satisfecha.
  • Pero la infatigable iniciadora no desmayaba, y el asilo fue hecho, sosteniéndose en los tres primeros años de su difícil existencia con parte de la renta que le quedaba a Guillermina y con los donativos de sus parientes ricos.
  • La única distracción de doña Lupe en sus horas solitarias era ver quién entraba en el taller de coches inmediato o en la imprenta de enfrente, y si pasaba o no doña Guillermina Pacheco en dirección del asilo de la calle de Alburquerque.
  • Sólo le había hablado una o dos veces en las funciones del asilo, así como por entrometimiento y oficiosidad, y cuando en dichas fiestas veíala rodeada de damas de la grandeza y de señoronas ricas, que tenían el coche a la puerta, doña Lupe habría dado el único pecho que poseía por meter las narices entre aquella gente, codearse con ellas y mangonear en los petitorios.