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Ejemplos de oraciones con la palabra asustado

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra asustado en el contexto de una oración.

Término asustado: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "asustado" aquí tienes una selección de 43 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra asustado para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Me has asustado.
  • Preguntó asustado Carraspique.
  • Ilustración Yo estaba asustado.
  • Él estuvo el primer mes asustado.
  • ¿Por qué está usted tan asustado?
  • Y Beltrand canta, no menos asustado.
  • Gritaba don Cayetano, asustado de veras.
  • No lo conocía él, pero se había asustado.
  • La presencia de Frígilis le había asustado.
  • (asustado, como quien despierta de un sueño).
  • Juanito estaba asustado por la seriedad de Tónica.
  • Frígilis estaba asustado del valor de aquel hombre.
  • Preguntó Ripamilán asustado, fingiendo temer por los demás.
  • Estaba como asustado y clavaba en la señora las estrellas de sus ojos.
  • Vaya, abreviemos dijo esta cogiendo al muchacho que estaba como asustado.
  • Pero su falda meneó algo en el suelo, porque don Víctor gritó asustado.
  • Y Batiste corrió á través del campo, asustado por el tono de voz de su mujer.
  • El animal se quedaba escondido, asustado, al ver entrar al médico con sus alumnos.
  • Don Víctor despertó asustado, gracias a un golpe que le dio en el hombro Frígilis.
  • El no haberme asustado tanto como él en la cueva del Izarra le parecía, sin duda, una gran superioridad.
  • Repitió exaltado don Víctor, que se había asustado un poco a sí mismo con aquellos versos fanfarrones.
  • Y á un chiquitín, el hijo pequeño de Batiste, asustado por el estrépito de la caña, se le fué el cuerpo.
  • En rigor él era su primer amor y los ataques brutales la hubieran asustado, le hubieran robado mil ilusiones.
  • Pidió luz asustado y vio a su amiga como muerta, supina, y sobre el embozo de la cama el pliego perfumado de Mesía.
  • Detúvose asustado, a la manera del ladrón que siente ruido, y se volvió a poner la mano sobre la cabeza, como invocando sus canas.
  • Como lleva la capa cerrada y él va tan encogido, mirando casi asustado a un lado y a otro, parece que va a realizar algo importante.
  • Y fue un motín general del alma, que hubiera asustado al Magistral de haberlo visto, lo que la Regenta sintió con deleite dentro de sí.
  • Iba el Magistral por el Boulevard adelante, saludando a diestro y siniestro, asustado con que se le ocurrieran a él estos pensamientos de bucólica religiosa.
  • Y él, un poco asustado, con una emoción como creía que la tendría entrando en la alcoba de un muerto, se retiraba, de puntillas, con un respeto supersticioso.
  • Pero muy poco para consuelo de los propios males, para remediar las angustias del egoísmo asustado, de los apuros del momento que nacían de la soledad y la pobreza.
  • No así Julián, que asustado por el hondo silencio que siguió al diálogo de Máximo y Sabel, interrogó indirectamente para saber qué encerraba la caja misteriosa.
  • Asustado por este movimiento, corrió Batiste hacia su barraca, encorvándose muchas veces para pasar inadvertido al amparo de los ribazos ó de los grandes montones de paja.
  • Por la mañana había despertado con fiebre, había llamado a su madre asustado y como no podía explicarle la causa de su mal había preferido fingirse sano, y levantarse y salir.
  • Presentábase a lo mejor con una rana atada por una pata, perneando en grotescas contorsiones, o llegaba ufanísimo con un ratón acabadito de nacer, tan chico y asustado, que daba lástima.
  • Cuando corría hacia la barraca, asustado por los gritos de su madre, había visto venir por el camino un grupo de hombres, gente alegre que reía y cantaba, regresando sin duda de la taberna.
  • Y mientras tanto, el causante de toda la zambra, Batiste, permanecía inmóvil, con los brazos caídos, empuñando todavía el taburete con manchas de sangre, asustado de lo que acababa de hacer.
  • 9 ¡Cuatro sueldos de multa! Batiste, dándose cuenta de su situación, calló asustado por haber incurrido en multa, mientras sonaban al otro lado de la verja las risas y los aullidos de alegría de sus contrarios.
  • , mire usted lo que tiene ahí a sus pies! ¡Debajo de una bota! Julián levantó el pie muy asustado, y el marqués se bajó recogiendo del suelo un libro delgadísimo, encuadernado en badana verde, del cual pendía rodado sello de plomo.
  • Aquel plan, que no tenía preparado, que era sólo una idea vaga que había desechado mil veces por temeraria, había sido un atrevimiento de la pasión, que podía haber asustado a la Regenta y hacerla sospechar de la intención de su confesor.
  • La ceguera de la cólera y la penumbra crepuscular no le permitieron distinguir si era hombre ó mujer, pero vio cómo de un salto se metía dentro y cerraba la puerta de golpe, asustado por aquella aparición próxima á echarse la escopeta á la cara.
  • Pero el asesino vagó como un loco por la huerta, huyendo de las gentes, tendiéndose detrás de los ribazos, agazapándose bajo los puentecillos, escapando á través de los campos, asustado por el ladrido de los perros, hasta que al día siguiente lo sorprendió la Guardia civil durmiendo en un pajar.
  • De pronto la criatura, incitada por el tasajo que sobrenadaba en la cubeta de la perra Chula, tendió la mano para cogerlo, y la perra, torciendo la cabeza, lanzó una feroz dentellada, que por fortuna sólo alcanzó la manga del chico, obligándole a refugiarse más que de prisa, asustado y lloriqueando, entre las sayas de la moza, ya ocupada en servir caldo a los racionales.
  • Aquel rebaño sucio, miserable y asustado, con la palidez del hambre en las carnes y la locura del terror en los ojos, era la piratería del Mercado, los parias que estaban fuera de la ley, los que no podían pagar al Municipio la licencia para la venta, y al distinguir a lo lejos la levita azul y la gorra dorada del alguacil, avisábanse con gritos instintivos, como los rebaños al presentir el peligro, y emprendían furiosa carrera, empujando a los transeúntes, deslizándose entre sus piernas, cayendo para levantarse inmediatamente, abriendo agujeros en la masa humana que obstruía la plaza.