Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "ataque" aquí tienes una selección de 64 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra ataque para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Ataque muy fuerte.
- Fuertecillo es el ataque.
- Temía otra vez el ataque.
- ¿Tendrá usted un ataque?
- Estoy viendo que le da el ataque.
- Temía el ataque, estaba muy nerviosa.
- A la Regenta le había dado el ataque.
- El ataque se presenta con otros síntomas.
- Ayer amagó el ataque, te pusiste nerviosilla.
- Está conjurado el ataque, verás como no sigue.
- Estaba acostumbrado al ataque de su querida esposa.
- Estuve tres días en cama con un amago de ataque cerebral.
- La tos que le entró parecía anunciar un ataque de hemoptisis.
- Pero no quería brusquer según pensaba él en francés un ataque.
- Debí dar el ataque personal una noche que la encontré a obscuras.
- Empezó entonces este el ataque, y Guimarán no pudo resistir más.
- ¡quién diablos iba ahora a arriesgar un ataque personal y pedestre !
- Subieron, de puntillas, dispuestos a intentar un ataque contra el enemigo.
- Sir Wilkins no tenía por costumbre huir, y aguardaba el ataque de los piratas.
- Pero la fuerza del ataque había pasado, y pronto vendría la completa serenidad.
- Y se fueron acercando escalonados por secciones, como cuando se va a dar un ataque.
- Durante la convalecencia de aquel ataque, no permitió que Fortunata fuese a verle.
- Muchas el buen éxito de la constancia, de la astucia y de la rapidez en el ataque.
- No obstante, se decía a sí mismo, animándose al ataque, mi mujer ya no va para santa.
- No recobró el conocimiento después del ataque, no dijo esta boca es mía, ni se quejó.
- No dijo nada, y siguió protegiendo a su hijo, en actitud de defenderle al primer ataque.
- Pero la obedecía a medias, mirándola con malicia, y suspendiendo su movimiento de ataque.
- Cierta mañana, encontrándose las tres, Caridad, Manuela y Rosa, comenzó ésta el ataque.
- Era el ataque, aunque no estaba segura de que viniese con todo el aparato nervioso de costumbre.
- La Pitusa no expresaba nada, por lo cual su fervorosa amiga volvía al ataque con más brío y pasión.
- Casi el ruido más alegre de su instrumento era cuando le faltaba una nota, y parecía tener un ataque de asma.
- Todos jurábamos como demonios y pedíamos a Dios que nos pusiera un cañón en cada dedo para contestar al ataque.
- Castelar se fue con dos amigos por la calle del Florín, y retirose a su casa, donde tuvo un fuerte ataque de bilis.
- Tal vez Pimentó, advertido como atandador, rondaba por las inmediaciones, indignado por el insolente ataque á la ley.
- ¡Oh, qué herida tan singular!, pero a los tres días estaba sano, mandando la artillería en el ataque de Bellegarde.
- En aquel segundo ataque desesperado que dio Juan Pablo a su tía, salió de la casa el pobre hombre más muerto que vivo.
- Pero, ¡ay, Alvarín! ¡si la pudieras ver en su cuarto, sobre todo cuando le da un ataque de esos que la hacen retorcerse!
- Acometida de violentísimo ataque cerebral, falleció aquella misma noche, rodeada de su marido y de sus consternados y amantes hijos.
- Ya sabía que el cansancio de los viajes consecutivos le producía el ataque, y que este se pasaba en la noche mas no por esto lo llevaba con paciencia.
- Los lazos de afecto que unían a Fortunata con Mauricia eran muy extraños, porque a la primera le inspiraba terror su amiga cuando estaba en el ataque.
- El primer día de diciembre Celestina se propuso, de acuerdo con don Custodio, dar el último ataque para conseguir que su padre admitiera los Sacramentos.
- Formó parte de la expedición que salió de Cartagena contra Argel en 1775, y también se halló en el ataque de Gibraltar por el Duque de Crillon en 1782.
- Sin saberlo, el Marquesito le hacía daño cada vez que le hablaba de tal asunto y le proponía planes de ataque y medios para entrar en la plaza por sorpresa.
- A veces el ataque es muy ligero, y otras se pone tan encalabrinado que sólo de pasar por delante del Matadero le baila el párpado y empieza a decir disparates.
- A la segunda intentona, que fue un ataque brutal, sin arte, de hombre casto que se vuelve loco de lujuria en un momento, Paula dio por respuesta un brinco, una patada.
- Pero sobrevenía un ataque nervioso, sentía la congoja de la soledad, de la frialdad ambiente, del abandono sordo y mudo, y entonces las imágenes místicas no acudían.
- Creía con fe inquebrantable que ya su único recurso sería la ocasión dificilísima, casi imposible, de un ataque brusco, bárbaro, coincidiendo con otro cuarto de hora.
- Consagráronle a la carrera naval, y desde su juventud, siendo guardia marina, se distinguió honrosamente en el ataque que los ingleses dirigieron contra la Habana en 1748.
- Cuando él comenzaba a preparar la escena de la declaración, a la que había de seguir de cerca la del ataque personal, cuando la próxima primavera prometía eficaz ayuda.
- No veía bien los dedos, el pulso latía con violencia, en los párpados le estallaban estrellitas, como chispas de fuegos artificiales, sí, sí, estaba mala, iba a darle el ataque.
- Bien lo había conocido don Álvaro, y aunque el rival no le parecía temible, era muy ridículo coincidir con tamaño personaje en la fecha de las operaciones y en el sistema de ataque.
- En ausencia de Ana y de don Víctor, detrás de la puerta, en los pasillos, donde podía, don Álvaro comenzó el ataque de Petra que se rindió mucho más pronto de lo que él esperaba.
- Mas cuando puso en él la atención sintió un miedo parecido al del ataque nervioso más violento, pero mezclado con un placer material tan intenso, que no lo recordaba igual en su vida.
- Apenas se inclinó hacia ella, pudo a pesar de su poca experiencia y ninguna malicia convencerse de que el supuesto ataque no era sino bellaquería grandísima y sinvergüenza calificada.
- ¡Cómo se ríe cuando está en el ataque! Tiene los ojos llenos de lágrimas, y en la boca unos pliegues tentadores, y dentro de la remonísima garganta suenan unos ruidos, unos ayes, unas quejas subterráneas.
- Mientras había escrito, casi por máquina, una defensa, calamo currente, de la Infalibilidad, con destino a cierta Revista Católica que leían católicos convencidos nada más, había estado madurando su plan de ataque.
- Don Álvaro, después de su conversación con Ana, la había hecho retirarse y se había quedado solo en el comedor para dar el ataque a Petra y proponerle, entre caricias, de que cada día le pesaba más, el cambio de amos.
- Y él mismo notaba que su rostro perdía la lozana apariencia que había recobrado en aquellos meses de buena vida, de ejercicio y abstinencia que él, prudentemente, había observado antes de dar el ataque decisivo a la fortaleza de la Regenta.
- Para llegar a su camarote era necesario pasar por nuestra cámara, en donde dormíamos gentes de su confianza, y luego seguir por un pasillo en zig zags, forrado de hierro, con agujeros pequeños y redondos para disparar por ellos en caso de ataque.
- Además pensaba don Álvaro, el día que yo me atreva, por tener ya preparado el terreno, a intentar un ataque franco, personal (era la palabra técnica en su arte de conquistador), no ha de ser en el campo, aunque parece que es el lugar más a propósito.
- Don Álvaro estaba pasmado, y si no supiera ya por experiencia que aquella fortaleza tenía muchos órdenes de murallas, y que al día siguiente podría encontrarse con que era lo más inexpugnable lo que ahora se le antojaba brecha, hubiese creído llegada la ocasión de dar el ataque personal, como llamaba al más brutal y ejecutivo.
- Creados por una época positivista, y adecuados a la ciencia náutico militar de estos tiempos, que mediante el vapor ha anulado las maniobras, fiando el éxito del combate al poder y empuje de los navíos, los barcos de hoy son simples máquinas de guerra, mientras los de aquel tiempo eran el guerrero mismo, armado de todas armas de ataque y defensa, pero confiando principalmente en su destreza y valor.
- ¡Pícaro duque, que te quiere quitar esa recondenada prenda tuya! Desprendido de las manos de su mujer, que como tenazas le sujetaban, Ido volvió a sus mímicas, y Nicanora, sabiendo que no había más medio de aplacarle que dar rienda suelta a su insana manía para que el ataque pasara más pronto, le puso en la mano un palillo de tambor que allí habían dejado los chicos, y empujándole por la espalda.
- Me hice cargo de un pacto establecido entre tantos seres para ayudarse y sostenerse contra un ataque de fuera, y comprendí que por todos habían sido hechos aquellos barcos para defender la patria, es decir, el terreno en que ponían sus plantas, el surco regado con su sudor, la casa donde vivían sus ancianos padres, el huerto donde jugaban sus hijos, la colonia descubierta y conquistada por sus ascendientes, el puerto donde amarraban su embarcación fatigada del largo viaje.