Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "atendía" aquí tienes una selección de 18 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.
En cada una de las frases aparece resaltada la palabra atendía para que la puedas detectar fácilmente.
Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.
- Fortunata atendía con toda su alma.
- Atendía a muchos y variados trabajos.
- Don Pedro atendía a satisfacer sus menores deseos.
- Sí replicó Fortunata que atendía con toda su alma.
- Seria y solícita, la novia atendía y servía a todo el mundo.
- Ya no le pagaba los trimestres del entresuelo, ni atendía a sus locos gastos.
- Mas atendía con ansia a todo lo que pudiera ser síntoma de esperanzas de sucesión.
- Atendía a suministrar las cosas indispensables para el perenne festín, pero huía de él.
- Esto es, atendía con gran esmero y diligencia a la hacienda y a los quehaceres domésticos.
- Mandola acostar, y entretanto, pasó el farmacéutico a la sala, haciendo que atendía al juego de las damas.
- La santa no atendía más que al pequeñuelo, observando si la ansiedad con que mamaba iba acompañada de satisfacción.
- A todo atendía, todo lo disponía, y la metralla y las balas corrían sobre su cabeza, sin que ni una sola vez se inmutara.
- A medida que la chiquilla atendía más, Perucho se ingeniaba en traerle juguetes inventados por él, que la divertían infinito.
- A nada de esto atendía Fortunata, por tener el pensamiento enteramente ocupado con aquella idea de visitar el asilo de doña Guillermina.
- Era el Pituso, que asomando por entre el ciego grande y el chico, atendía con toda su alma a la música, puesta una mano en la cintura y la otra en la boca.
- Cuando Maxi iba, su cuñada le hacía sentar a su lado, y le mimaba y atendía mucho, con sentimientos compasivos y de protección familiar, permitiéndose también tutearle y darle consejos higiénicos.
- Doña Manuela atendía con interés las palabras de los compradores y no volvió la cabeza para ver quién abría la puertecilla de la garita a la que pomposamente llamaban despacho y saltaba velozmente el mostrador.
- Después acercaba el vaso, poniendo a la derecha, a la discreta distancia a que se pone el tintero para escribir, el platillo del azúcar, y luego atendía a la operación de verter en el vaso la leche y el café, poniendo mucho cuidado en que las proporciones de ambos líquidos fueran convenientes y en que el vaso se llenara sin rebosar.