Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra aturdida

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra aturdida en el contexto de una oración.

Término aturdida: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "aturdida" aquí tienes una selección de 18 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra aturdida para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • Tónica mostrábase aturdida por la declaración.
  • Encontrola como aturdida, sin saber lo que le pasaba.
  • No, no, yo no sabía nada replicó Fortunata enteramente aturdida.
  • Maximiliano le dio muchos abrazos y besos, y ella estaba como aturdida.
  • El profesor dice que soy demasiado aturdida, y me ha declarado incapaz.
  • Doña Manuela, a pesar de su ánimo varonil, estaba aturdida por el asombro.
  • Aquellas campanadas fijaron en la cabeza aturdida de Quintanar la triste realidad.
  • Así, así replicó Jacinta muy triste, un poco aturdida por las paradojas de su marido.
  • Era la toquilla de la casa, la señorita aturdida que aprende de todo sin saber hacer nada.
  • Obdulia meditaba poco lo que decía, hablaba siempre aturdida, por máquina, pensando en otra cosa.
  • No se puede saber si fueron espontaneidad aturdida o bien reflexión deliberada estas palabras suyas.
  • Las criadas robaban arriba, en las mismas narices de doña Teresa, aturdida por tan radicales cambios.
  • Un sin fin de ideas se le metió en la cabeza, y estuvo aturdida largo rato, sin saber con cuál de ellas quedarse.
  • Seguía siendo aturdida, tenía fama de golosa y de gorrona según la expresión que se usaba en Vetusta como en todas partes pero nada más.
  • Sólo que todo aquello ¡qué le importaba a él que era un compromisario! La digna esposa de Infanzón también estaba cansada, aburrida, despeada, pero no aturdida.
  • Y después de esta molesta expansión, que dejó aturdida a la niña e hizo torcer el gesto a doña Manuela, dejóse caer de golpe en una silla, que crujió tristemente bajo las gigantescas posaderas.
  • ¡No sea usted malo! ¡No sea usted tan material! responde ella, turbándose como una niña aturdida que sospecha haber sido indiscreta, y clava en el mancebo los ojos risueños, arrugaditos, que Visitación cree que echan chispas.
  • Aún estaba aturdida, casi espantada por aquella voz que oyera dentro de sí, cuando llegó al pasaje en donde el santo refiere que paseándose él también por un jardín oyó una voz que le decía Tole, lege y que corrió al texto sagrado y leyó un versículo de la Biblia.