Palabras

Ejemplos de oraciones con la palabra aya

Lista de frases en las cuales se puede ver cómo se usa la palabra aya en el contexto de una oración.

Término aya: Frases

Si quieres ver ejemplos de uso de la palabra "aya" aquí tienes una selección de 27 frases y oraciones donde se puede ver su aplicación en un texto.

En cada una de las frases aparece resaltada la palabra aya para que la puedas detectar fácilmente.

Para evitar saturar nuestro sistema sólo se mostrarán un máximo de 100 frases por palabra.

  • No volvió a salir sin el aya.
  • ¡Eso! ¿Te acuerdas de la carta del aya?
  • El aya había procurado seducir a don Carlos.
  • Pero en el camino los halló un criado del aya.
  • Vivía con una señora que se llamaba aya y doña Camila.
  • A la mañana siguiente el aya hizo llamar al barquero de Trébol.
  • Pero delante del aya, de los criados y del hombre, lloraba de rabia.
  • Anita no entendía y el hombre, el señor del aya, reía a carcajadas.
  • Esto lo ignoraba don Carlos, que admitió el aya en calidad de católica liberal.
  • El hombre que besaba al aya cogió a Anita por un brazo y se lo apretó hasta arrancarle sangre.
  • En voz baja decía el aya que la madre de Anita tal vez antes que modista había sido bailarina.
  • El aya aseguraba que Anita necesitaba aquel palo seco junto a sí y estar atada a él fuertemente.
  • La calumnia con que el aya había querido manchar para siempre la pureza virginal de Anita se fue desvaneciendo.
  • Aquella turgencia y expansión de formas que al amante del aya le arrancaban chispas de los ojos, habían contenido su crecimiento.
  • Aquella señora aya tenía criados y criadas y un señor que venía de noche y le daba besos a doña Camila, que le pegaba y decía.
  • El aya afirmaba en todas partes, entre interjecciones aspiradas, que la educación de aquella señorita de cuatro años exigía cuidados muy especiales.
  • No supo contestar al cura y este declaró al aya que no servía la niña para el caso todavía, porque por ignorancia o por malicia, ocultaba sus pecadillos.
  • Ella le proponía el viaje, el marinero se reía, le decía que sí, la cogía en los brazos, pero el pícaro la llevaba a casa del aya y la volvían al encierro.
  • Desde aquel día el hombre la miraba con llamaradas en los ojos, y sonreía, y en cuanto salía de la habitación el aya le pedía besos a ella, pero nunca quiso dárselos.
  • Tomó un aya, una española inglesa que en nada se parecía a la de Cervantes, pues no tenía encantos morales, y de los corporales, si de alguno disponía, hacía mal uso.
  • La muchacha envidiaba a los dioses de Homero que vivían como ella había soñado que se debía vivir, al aire libre, con mucha luz, muchas aventuras y sin la férula de un aya semi inglesa.
  • A las nuevas haciendas de don Carlos se fueron Anita, el aya, los criados y tras ellos el hombre, como llamó siempre la niña al personaje que turbaba no pocas veces el sueño de su inocencia.
  • Pero poco a poco fue entrando en su espíritu una sospecha, aplicó sus potencias con intensidad increíble al enigma que tanta influencia tenía en su vida, que a tantas precauciones obligaba al aya.
  • El mundo se olvidó de semejante absurdo, y cuando la niña llegó a los catorce años ya nadie se acordaba de la grosera y cruel impostura, a no ser el aya, su hombre, que seguía esperando, y las tías de Vetusta.
  • Pero de cuantos podrían recordarle aquella vergüenza, sólo veía ella al señor Iriarte, el hombre del aya, que visitaba a don Carlos y miraba a la niña con ojos de cosechero que se prepara a recoger los frutos.
  • Aquellas confusiones, mezcla de malicia y de inocencia, en que la habían sumergido las calumnias del aya y los groseros comentarios del vulgo, la hicieron fría, desabrida, huraña para todo lo que fuese amor, según se lo figuraba.
  • Aconsejaron los médicos aires del campo y del mar para la niña y el aya escribió a don Carlos que un su amigo, Iriarte, el que le había recomendado a doña Camila, vendía en una provincia del Norte, limítrofe de Vetusta, una casa de campo en un pueblecillo pintoresco, puerto de mar y saludable a todos los vientos.